25 de set. 2022

LA POESÍA DE MARINA GARCÉS

Lo escribía el otro día mi amigo Pere, en un artículo sobre Edgar Morin y su libro "La mente bien ordenada". Y ese texto breve pero intenso me hizo pensar. No se le puede pedir nada más que eso a un texto: que te obligue a sentarte y a recapacitar. Gracias pues, Pere.

Vivimos en España, país que más allá de sus paellas, toros, siesta y guerras fratricidas, se conoce por sus cambios constantes en materia legislativa referida a la educación. Cada gobierno hace su propia ley educativa, que será reformada o derogada en el siguiente gobierno. Uno ha perdido la cuenta de las leyes, ordenanzas y normativas por las que ha transitado a lo largo de su vida como profesional de la docencia. Si les digo la verdad, me encuentro sumido en la perplejidad y el desconcierto y no soy capaz de aseverar si debo evaluar por competencias o por capacidades clave, si es más relevante el conocimiento que la competencia, si prevalece el esfuerzo o la resiliencia.

En medio del vendaval, doy con un libro de Marina Garcés, autora que siempre he leído y admirado en casi todo -que no es todo. Se trata de "Escuela de aprendices", libro publicado por Galaxia Gutenberg en 2020 y que tiene el aspecto de libro de madurez. Este es un libro honesto y pensado, al que se le agradece que sepa incluir una poesía a modo de epílogo: encontré algo mágico, bellamente antiguo y delicado en ese cierre en forma de poesía para un libro de filosofía. Más que poesía, Garcés regala una colección de aforismos que me remiten a algunos textos de Nietszche, autor que también usaba la poesía aforística. Recuerdo el caballo de Torino que abrazó el filósofo alemán mientras leo a Garcés.

Los debates sobre educación, a día de hoy, están dirigidos por periodistas, columnistas o políticos que jamás han puesto un pie en las aulas tras superar la educación obligatoria, o cuyo conocimiento de la educación pública es más bien escaso. Fíjense ustedes en un dato curioso: la mayoría de los políticos que legislan sobre la educación surgen de la educación privada, la misma a la que matriculan a sus hijos. Hay pocos pedagogos en el debate público de la educación. Dicho de otro modo: a mi me da igual si todo el mundo se siente entrenador de fútbol, pero me molesta que todo el mundo opine sobre educación. 

Del mismo modo que ningún tertuliano osa opinar sobre física cuántica o sobre bioquímica ¿por qué razones cualquier tertuliano opina sobre como, cuando y porque se debe enseñar en las aulas?

Se lo cuento del revés: este año, de nuevo, unos 30.000 alumnos de Formación profesional se han quedado sin plaza en los centros públicos catalanes. Sin embargo, el debate que nos transmiten los medios -y que por consiguiente está en boca de todos- trata del 25% de las clases en castellano, cuando eso es un tema menor, tergiversado y manipulado hasta el hartazgo.

Lo que nos cuenta Garcés es lo esencial y lo profundo, lo que de veras debería importar. El asunto del premio al esfuerzo del alumnado, por ejemplo (uno de los puntos fuertes del libro, a mi modo de ver), es un tema crucial sobre el que meditar a fondo.

Les dejo un verso del epílogo de "Escuela de aprendices", por si se les antoja meditar durante una tarde de domingo de otoño con nubes ociosas cruzando el cielo:

Cuando estudiar ha pasado a significar "sacarse un título", está claro que tenemos un verbo expropiado que reconquistar.

 

22 de set. 2022

¡NO QUIERO PAGAR IMPUESTOS!

El debate de los impuestos enmascara otro debate, que es el de centralización/descentralización, el viejo fantasmón español. Ahora mismo, quienes más hablan de la unidad de España son quienes más trabajan por su atomización. Y del revés: aquellos que parecían dispuestos a federalizar España, son justamente quienes defienden su unidad. Hay algo lúgubre y cínico en todo eso.

Dan un poco de vergüenza esos nuevos independentistas: Ayuso, Moreno y el de Murcia, de quien no consigo recordar su nombre. Todo el mundo sabe cual es la otra cara de la moneda de la bajada de impuestos: el empobrecimiento de los servicios públicos. Aunque no lo digan, lo sabemos de sobras. Hoy bajada de impuestos y mañana cerramos tres centros de atención primaria.

La historia de España no solo es cíclica: es tediosa. Damos un paso hacia adelante, dos hacia atrás. Dos hacia adelante, uno hacia atrás. Nos vemos atrapados en una ilusión con banderitas, monsergas, discursos y grandes palabras. Yo le voy a contar un historia muy pequeñita, que se limita al pie de una alumna de la ESO en un barrio pequeño, de un suburbio pequeño, en una ciudad pequeña.

Una alumna llega a las 8 y diez minutos. Le abro la puerta y le pregunto por ese retraso.

Ella lleva un zapato en el pie y el otro en la mano. Cojea. Le pregunto.

Cuando está sentada, me muestra el pie descalzo: la piel se ha levantado y la planta está roja de sangre. Me detengo un segundo ante esa sangre colorada en una piel tan morena, pero actúo enseguida con las primeras curas. Una vez ella está más calmada y el pie limpio y vendado, me fijo en esa zapatilla que que ha quedado tirada a un lado. No hace falta tener el ojo de un perito para descubrir que esta zapatilla ha andado muchos quilómetros, muchos más que aquellos para los que fue diseñada. El zapato está destrozado por todas partes, es viejo. Será un zapato de segunda o tercera mano (es decir: de segundo o tercer pie). Luego caigo en la cuenta de que el resto de su vestuario sigue el mismo patrón. Hay un drama pequeñito, de talla 38, ante mi. Miro sus ojos. No llora, no muestra dolor. Esta joven, que apenas habrá cumplido los 15, ya conoce el mundo.

En esos ojos queda un resquicio de ingenuidad y algo de la candidez que vemos en los ojos de 15 años. Pero a la vez me doy cuenta, con una punzada que me hiere en el pecho, que esa ingenuidad y esa candidez se están desprendiendo de su mirada, que se van a caer en cualquier momento y no habrá quien lo recoja del suelo. Ella me cuenta que en su casa hay una caja con zapatos, y que el primero que se levanta se pilla los mejores. Si te levantas tarde, te toca calzarte los peores. Y hoy le ha tocado a ella el peor par de zapatos de la caja porque las sábanas (si es que existe eso en su casa) se le han pegado al cuerpo.

Eso sucede en una ciudad de España en septiembre de 2022, con los fondos Next Generation derramándose por doquier, con bajadas de impuestos para favorecer a los más ricos, para atraer a empresas, para promover la creación de riqueza. Alguien podrá acusarme de sentimentalismo, de demagogia lírica.

Mis impuestos son los zapatos de esta niña. Por eso quiero pagar impuestos. Podría irme yo a la zapatería y comprarle unos buenos zapatos nuevos, claro está, y ganarme el cielo y el aplauso de mis semejantes, en el mundo y en Facebook. Pero mi acto sería otra vez aquella caridad de las mesas petitorias, y no quiero caridad ni mesas petitorias para Sami. 


18 de set. 2022

SILVIO, ISABEL, ALBERTO


Por fin pude ver "Silvio" en Filmin, la cinta de Paolo Sorrentino protagonizada por el magnífico Toni Servillo que, en realidad, se titula "Loro" en italiano (es decir: "Ellos"). Sorrentino es cruel y poético a la vez, simbolista e incluso ambiguo. Pero si este retrato salvaje de Silvio Berlusconi es preciso en algo, eso es en el perfil psicológico e ideológico de esa derecha populista y pueril que avanza sin freno, y generalmente al compás de los postulados de la extrema derecha más grotesca. 

A menudo citamos a Sarah Palin como la persona que inspiró el discurso de Trump, pero posiblemente olvidamos la versión testosterónica anterior, debida al inefable Silvio. Menos ideológico pero más demagógico y desvergonzado, Silvio veía la política como el complemento ideal de los negocios, y trató su cargo de primer ministro como si fuese otra de sus empresas. Lo hizo sin tapujos y, eso sí, nombrando a la "libertad" en cada frase. Su libertad, sobra decirlo, es la libertad que tiene el cliente cuando puede escoger entre una marca de papas fritas u otra. Aquí empieza y termina la libertad del ciudadano convertido en cliente: por lo demás, mano dura, control de la judicatura y leyes a medida. La democracia desapareció en Italia durante aquellos años.

Viendo la cinta de Sorrentino (filmada en 2018) uno descubre las similitudes con el panorama de la derecha española que encabeza Isabel y que Alberto no sabemos si tolera, soslaya o hace como que no va con él -pero no le molesta demasiado. Es muy probable que el conflicto Isabel-Alberto estalle dentro de poco, con consecuencias que caen en el terreno de la ciencia ficción. En este terreno, veo frágil a Alberto, hombre taciturno y algo torpe, de mirada neblinosa y gesto lento. Nada que ver con la arrogancia de Isabel, la mujer que arrasaría en Masterchef y en Eurovisión al mismo tiempo.

Hoy, 18 de septiembre, se ha celebrado en Barcelona la manifestación por la escuela bilingüe, a la que no se ha presentado Alberto: me pregunto que hubiese pasado si llega a presentarse Isabel. Por una parte: es bueno que el debate de la lengua en la educación sea algo cívico, un debate sobre educación y no sobre modelos de Estado, ya que esa contaminación no ayudará para nada a tener un diálogo sensato y centrado en evidencias científicas educativas, que es el lugar que requiere.

Quien si se ha presentado a la manifestación ha sido el inefable Abascal, señor cuya presencia me impide desfilar tras sus pasos y que sigue señalando el destino de los líderes del Partido Popular, parcos e incapaces de presentarse como una derecha democrática y homologable en el contexto europeo. El señor Abascal, como Puigdemont desde Waterloo, es de esa clase de políticos que apuestan por el "cuánto peor, mejor", la actitud del oportunista irresponsable que espera sacar tajada del río revuelto, confuso y crispado.

Cada vez resulta más difícil defender que hay que pagar impuestos (y cuántos más, mejor), defender lo público, lo democrático, los derechos civiles o la Constitución desde una perspectiva socialdemocrática, igualitaria y correctora de desigualdades: las promesas de bajada de impuestos son la trampa más dañina y peligrosa. Deberíamos haber aprendido algo.

Pero estamos en España. Es decir, en el bucle mortal de las dos Españas.


15 de set. 2022

ALIZZZ, UN CHARNEGO DE LA PERIFERIA

Alizzz es uno de los músicos catalanes más relevantes de los últimos años. Y no escribiré ningún "pero" tras esta afirmación, como quizás alguien podía anticipar.

Registrado en la partida de nacimiento como Cristian Quirante, el artista conocido como Alizzz ha llevado a cabo la producción musical de muchas piezas que habrán escuchado en los últimos años en todos los medios. Pero no se trata solo del éxito comercial -indudable- de Alizzz: este hombre consiguió que soslayara la posibilidad de escuchar "El Madrileño" de C.Tangana en Youtube y me gastara unos euritos en la compra su CD, el cual acostumbra a girar en mi casa. Y se lo digo de corazón: hay que escucharlo.

Pues bien: Alizzz nos acaba de sorprender con una pieza cantada en catalán, "Que pasa nen" y protagonizada por él mismo, promocionada con un vídeo en el que Cristian se pasea rumboso y flamante por Castelldefels, su población natal. La canción es una declaración en toda regla y constituye algo parecido a un himno, entre lo personal y lo colectivo.

En uno de los primeros versos, Alizzz se define como un "charnego de periferia".

Y ahí me detengo. Para contarles:

Hace casi una década, en uno de los momentos flamígeros del "procés", yo todavía me intercambiaba mensajes con conocidos de la línea independentista -luego me bloquearon todos. Le recriminé a una persona que el nacionalismo radical hubiese desempolvado la palabra "charnego" y el odio a los catalanes sin ocho apellidos ídem, y ella no tan solo me lo negó: afirmó que el nacionalista catalán jamás habla de "charnegos" y que lo mío era una bajeza moral: el independentismo es inclusivo, me dijo, el independentismo es integrador y blablablá. ¿Se lo pueden creer?

Por eso mismo está muy bien que Alizzz se defina como "charnego de periferia" en esta canción casi himno, y que lo cante en este catalán suyo, que es el acento catalán más común le pese a quien le pese. Ese es el catalán de mis alumnas y el único catalán real. Salvando algunas zonas de Vic y de Olot, por supuesto.

Si ustedes escuchan la canción de Alizzz que aquí les dejo enlazada, podrán descubrir que cada frase tiene su miga. Bajo una apariencia ligera, algo gamberra y provocadora, Alizzz suelta lo que muchos pensamos y aplaudimos. No es casualidad que le exija a la alcaldesa de Castelldefels -o Castefa, como quieran- que le ponga una escultura, y ahí está la mejor ironía de todas las que contiene su pieza. 

Si algún día esa comarca del Baix Llobregat será reconocida por alguien, será por las mujeres y los hombres como Alizzz, que consiguieron contarle al mundo que Cataluña es un territorio plural, mestizo y alegre. Y charnego. Como Rosalía o Estopa, que son del Baix Llobregat.

Tras ser la protagonista de las huelgas contra el franquismo de hace décadas, el Baix Llobregat vuelve a ser el verdadero centro de Cataluña. El ombligo catalán no está en las comarcas gerundenses más carlistas, y si acaso otro día hablamos de cultura y cultureta y de la decadencia de la burguesía o de la muerte de Pujol.

Alizz nos cuenta, metido dentro de su bólido, que Cataluña conseguirá salir de la tiniebla medieval y nacionalista más pronto que tarde. Mi Cataluña es la de Alizzz.

14 de set. 2022

LA ANC CONTRA LA DEMOCRACIA

Entre camisas azules y negras. Foto: El Periódico

Uno se levanta a veces optimista, y piensa que la pesadilla catalana de 2017 ya se pasó, y que vista con esa distancia de hoy más bien produce risa. Pero hay otros días en los que uno se despierta oscurecido y con el mal pie, y entonces regresa a los temores de aquellos meses nefastos. La realidad se mide por estados de ánimo

Así pues, tras ver las valoraciones de la manifestación de este 11 de septiembre, ya he vivido las dos emociones. Por un lado, el número de manifestantes es objetivamente bajo y, lo más sensato, sería soslayar el acto. Por el otro, hay quien considera que el número es alto pese a todo y que se debe volver a la carga. Aunque debilitados en número, de nuevo hay quien percute los tambores. Esos tambores me llegan, de madrugada, y hacen temblar los cristales del piso.

La ANC lidera esta opción, con el acompañamiento tibio del partido de Borràs y Turull, escindido en dos almas. La ANC insiste en anteponer la "voluntad del pueblo" (las personas que salen a la calle un día determinado) a cualquier ordenamiento legal y, por consiguiente, creen que esa voluntad debe imponerse y debe orientar al gobierno autonómico. Hablan de "desestabilizar al estado" en una demostración de irresponsabilidad escalofriante. Se ha comentado mucho la similitud de esta manifestación con la "Marcha sobre Roma" de Mussolini, ahora aumentada por haber desfilado con camisas negras -trasmutadas en camisetas. Aquella marcha italiana partía de los mismos presupuestos que ésta: los gobiernos deben obedecer a los manifestantes.

En el ánimo de Dolors Feliu, nueva presidenta de la ANC, está esa pulsión por violentar a la convivencia, a la ciudadanía y en última término la propia democracia: desestabilizar al estado. 

A mi, Pere Aragonès no me despierta mucha simpatía, pero le reconozco un valor importante. Es el primer presidente de los cuatro último que intenta no ser la noticia del día. Artur Más encendió el fuego en un acto de irresponsabilidad y en un error de cálculo enormes. Pero luego vinieron Puigdemont y Torra, adictos al titular bravucón y a la declaración diaria de soflamas tan inútiles como peligrosas. Aragonès, por lo tanto, ha entendido mucho mejor que los anteriores cual es el papel de un presidente autonómico más allá de que a él le guste o no ese rol, de que nos guste o no a los demás su figura.

Por eso es más triste todavía la actuación de la señora Feliu, empeñada en revivir una pesadilla que llevó odio, confusión y malestar. En su papel de nigromante indeseada, pretende levantar de nuevo al monstruo. El mismo monstruo que asoma por muchos países de Europa y cuyo último fin no es otro que derribar la democracia: la pulsión totalitaria disfrazada de oveja, trasvestida de víctima. De nuevo y como siempre.

11 de set. 2022

LA MUERTE ES JOVEN


No podré morir joven. Ya no puedo dejar un bello cadáver. Pero me acuerdo de los momentos difíciles de la adolescencia, y del instante de fulgor en el que se me ocurre la pregunta: ¿para qué vivir lo que me espera, viendo lo que veo en la vida de los adultos?. La adolescencia es eso, un destello lúcido de vida que atenta contra la vida. Escribí un cuento sobre eso y me llevaron al psicólogo. El psicólogo me contó otro cuento, distinto al mío y bienintencionado, pero debió de bastar: a día de hoy me acerco a los sesenta.

Justo en el día anterior a la muerte de la anciana reina, se publicaron los datos sobre suicidio juvenil en España. Se preveía un debate sobre la cuestión del suicidio adolescente, pero fue interrumpida la previsión cuando falleció Elisabeth, a sus noventa y tantos años. Hubo quien elogió ese reinado tan largo, cuando el único mérito de la señora es estrictamente biológico.

Las sociedades siempre han aceptado el sacrifico de su juventud como algo necesario: Francia y Alemania (entre otros países) quedaron diezmadas de jóvenes durante la primera guerra mundial. En la segunda, de nuevo Alemania y Rusia. Por no hablar de la sangría civil española: si ustedes leen los reportes de las agencias públicas para el recuento de fosas comunes en cunetas y cementerios, verán que -más allá del bando- son cuerpos que murieron en su primera juventud. No hay mejor documento que demuestre la estupidez de la guerra que visitar un cementerio europeo.

¿La patria exige parir mártires de una ilusión nacional o ideológica? Dicho de otro modo: esos niños que ahora juegan en el parque, y cuyo griterío alegre me llega por el balcón: ¿pueden ser ofrendados mañana en el altar de una obsesión de ancianos nacionalistas?

A día de hoy, en la Europa democrática no hay guerras y los jóvenes no se ven impelidos a verter su sangre en los campos yermos, como en un antiguo ritual griego de fertilidad. Pero los jóvenes mueren en sus casas, en las vías del tren de cercanías, en la soledad aulladora de un polígono industrial.

La sociedad prefiere conmemorar la muerte de una ancianita con una vida regalada antes que hablar de esos chicos y esas chicas que se quitan la vida cada día en nuestros barrios. Des de 2020 hasta hoy, el número de chicos suicidados se ha duplicado. El número de las chicas suicidas se ha triplicado: debe ser más difícil imaginar un futuro en femenino, aunque este sea un debate muy complejo.

En el curso pasado conocí dos intentos de suicidio en el centro educativo. Quizás tres. Todas eran mujeres muy jóvenes, de menos de 20 años. Estuve sentado en unos peldaños fríos y feos esperando a la ambulancia con una de ellas. Viví allí uno de los instantes que no se olvidan.

Cada vez que piso aquellos peldaños se me erizan los pelos del alma.

SEPTIEMBRE SOLEMNE (O RIDÍCULO)

Quienes conozcan un poco Cataluña sabrán que el mes de septiembre es el mes de las solemnidades en esta triste región: cada mes de septiembre se empeñan en ser nación histórica, con destino en lo universal.

En este desdichado 2022, por añadidura, la solemnidad se ha multiplicado: el día de la Comunidad Autónoma (o Diada, para aquellos a quienes guste más así, en femenino) se comparte con el mundo mediante una sobredosis televisiva de una reina de Inglaterra muerta cuyo cadáver transita de norte a sur la Pérfida Albión. Varios canales de televisión retransmiten todo el santo día uno de los infinitos actos de un sepelio británico que se prolongará en el tiempo de un modo medio sobrenatural, medio morboso, y que superará en pomposidad el entierro de la momia de Lenin.

(Nota: la señora Elisabet también digo yo que estará momificada, porque de otro modo y con estos calores no creo que llegue en demasiado buen estado de revista al evento final, previsto para dentro de una semana).

Lo solemne está a muy pocos centímetros de lo ridículo: lo he visto muchas veces. En un entierro al que tuve que asistir no hace muchos años, el empeño del señor cura por darle trascendencia al acto le llevó a cometer varios lapsus, de modo que el acto fúnebre terminó en carcajadas y con un sacerdote azorado. Algo sí sucede hoy entre Escocia e Inglaterra. El heredero de la corona británica, que lleva el nombre de un conocido coñac español, ya ha metido la pata un par de veces y ha generado centenares de chistes macabros. Es lo que tiene la solemnidad: cuanta más, mayor riesgo de ridículo.

Lo mismo para la Diada catalana. Unos políticos serios y solemnes (de nuevo, para variar) desfilan entre silbidos e insultos, huevos con pintura y pancartas faltonas. Los festejos de una patria medieval y neblinosa, tan legendaria como ahistórica, transcurren entre broncas que echan al traste cualquier atisbo de solemnidad. Los líderes más aguerridos se suman a la bravuconería incomprensible del señor Cotarelo, que se erige en representante de la antipolítica sin que nadie se lo haya pedido (más allá de una decena de tuiteros ociosos). 

Lo solemne no roza lo ridículo: quizás es la máxima expresión del ridículo. 

6 de set. 2022

¿DIOS ES DE DERECHAS?

Quizás sea más sensato preguntarse: ¿la gente de derechas es más de Dios? Cabe recordar la existencia de curas obreros (o más bien obreristas), de comunistas cristianos y de socialistas de misa, es cierto. Y, en el caso catalán, hay que precisar que el partido más católico es Esquerra republicana.

Pero lo cierto es que hay una comunión evidente entre el conservadurismo político y el religioso a lo largo de la historia. Hay países que lo llevan bastante bien, como Francia: laica en sus formas, muy cristiana en su población. Este verano vi, en un pueblecito de la Aquitania, una iglesia de pueblo abarrotada. El caso Español es el que nos hace sufrir, como siempre. Y no se trata ya de la guerra civil vista como una "cruzada", ni de esa "reconquista de don Pelayo": se trata de situaciones cotidianas.

Hace algunos años, siendo Ministro del Interior el señor Fernández Díaz, este se fue a un cónclave de ministros del ramo europeos y, cuenta su homólogo francés Bernard Cazenave que, en una pausa entre reuniones, el español le arrastró a un rincón y allí se sacó una estampita del bolsillo de la americana al tiempo que le espetaba:

-¿Conoce usted a esta señora?

La señora de la estampita no era otra que la Virgen de Lourdes. Cuenta Cazenave que se asustó un poco e intentó zafarse de aquel tipo raro, algo rijoso, con su diplomacia francesa aprendida en los estudios para político que siguen en Francia quienes optan a cargo público de interés.

El ministro Fernández es el mismo que contó que es regularmente asistido por un ángel custodio, de nombre Marcelo, que le asiste de forma regular incluso para facilitarle lugar en donde aparcar el coche. No niego que eso pueda ser cierto, y de ser así tendríamos una evidencia de la propensión de Dios hacia las personas de derechas: dedicar un empleado divino a tales menesteres supone una auténtica declaración de principios.

El señor Pujol, por seguir con pequeños políticos de derechas, afirma haber vivido varias revelaciones de corte metafísico, una de ellas la fundacional visión en no me acuerdo qué cima del Pirineo des de donde contempló Cataluña a sus pies y supo que era el elegido. Otro presiente, un tal Torra, se encerró en el monasterio de Montserrat para practicar una huelga de hambre en compañía de monjes, aunque tal sacrificio solo lo mantuvo des de la hora del almuerzo hasta la de la merienda.

Ahora ha sido un tal Feijóo quien ha revelado que todos sus éxitos se deben a que está asesorado de forma permanente por el Apóstol Santiago. Lo dijo sin rubor, y sabiendo muy bien quienes comprenderán y apreciarán tal asesoría. El Apóstol Santiago es el mismo a quien acude la señora Olona en un peregrinaje más bien breve y curioso, que expía en Galicia sus excesos en Andalucía. Quizás Olona también exije ser asesorada por el Santo Apóstol. 

Nota al margen: lo del Apóstol Santiago en Galicia es una leyenda medieval del siglo VIII. Si uno sabe un poco de historia recordará que Santiago no está sepultado allí.

El drama español siempre está ahí: una derecha incapaz de modernizarse y de entrar por fin en la ilustración, desempolvando blasones arcaicos y rancios crucifijos, quizás nostálgica de unos tiempos tenebrosos no muy lejanos. Esta derecha no está homologada para dirigir la política española del XXI y es urgente que se ponga al día. Tienen ejemplos muy válidos en Francia, en Inglaterra, en Alemania: no le estamos pidiendo peras al olmo. Si España se define en su Constitución como un estado aconfesional, deberían respetar este artículo y practicar algo muy fácil: la creencia religiosa es algo personal e íntimo y es importante que sea así.

Guárdense sus estampitas en casa, y recénle al apóstol en el mismo lugar. Pero, en público, mejor seguir las evidencias científicas y el método racional que tan buenos resultados nos da. De lo contrario, prepárense para permanecer en la caverna y las sacristías y, por consiguiente, en la oposición. No sería de extrañar ver alguna conversión a los adoradores de Chtulhu, un dios mucho más vengativo que el otro.


4 de set. 2022

TENGO MIEDO

Un huracán se ha formado en el Atlántico y avanza presto hacia España. Tiene nombre de mujer: Danielle, trasunto femenino del héroe bíblico que derrotó a un gigante. Las armas nucleares de Putin. Un invierno frío sin calefacción. La escalada sin freno de los precios, la escasez. La viruela del mono. El dengue llega a Europa. La sequía deja sin navegación los grandes ríos, y se han agotado los acuíferos de Málaga y Almería. La desertización avanza. La fauna marina se muere. No hay microchips. Los grandes pantanos están muertos, y la imagen más pavorosa es la silueta de la vieja iglesia emergida, como el aviso más funesto. Las piedras del hambre en el río Elba. La peor tormenta solar de la historia.

La sexta extinción ha empezado a caminar.

¿Cuándo empezó todo? Alguien me dice que des de la COVID-19 (siempre así, en aterradoras mayúsculas) eso es sin vivir de sustos. Pero otro le replica que empezó con los atentados del 11-S. Sin embargo, aquellos atentados eran una obra humana y las autoridades procedieron al exterminio de los culpables para tranquilizar al ciudadano. Lo de la COVID era un ser invisible, inhumano y cruel, un ser maligno que anda por el mundo des del principio de los tiempos. 

Sufrimos, entonces, el campo de entrenamiento para el miedo más grande y global de la historia: la humanidad confinada y fabricándose tapabocas en casa. Recuerdo las miradas de desconfianza en el supermercado: cualquier vecino era tu asesino en potencia.

Por fin me cuentan que el temor a la extinción es más viejo que el hambre: acuérdense de los milenarismos medievales, o de ese compendio de horrores que consta en el Antiguo Testamento. Y, en el nuevo, el Apocalipsis: lisérgico e incomprensible pero quizás por eso temible. Sodoma y Gomorra. El diluvio universal. Bueno, bueno, suelta otro: en los años sesenta todos pensábamos que JFK y NK (Nikita Kruschev) se liarían a bombazos atómicos y todos moriríamos achicharrados, pequeñas cucarachas abrasadas por culpa de unos científicos locos y unos políticos ególatras.

La última novela del grandioso Michel Holellebecq se titula "Aniquilación".

Hace unos años, tras la crisis financiera de 2008, nos dijeron que deberíamos aprender a convivir con la incertidumbre. Y a fe de Dios que lo hicimos. Ahora toca convivir con el terror. Así, la sociedad más rica, más opulenta, con más derechos civiles, más libertad y más democracia debe saber que nada es gratis y que la expiación pasa por vivir con miedo. Thomas Piketty augura revoluciones terribles, con más sangre y violencia que la francesa. El terror llama a tu puerta: la última compra hecha en Amazon es un libro de cuentos de miedo y desasosiego.

Siempre me gustó la literatura de terror y el cine de inquietud, quizás porque se que se trata de ficción, y traslado mi miedo a ese terreno.

Cuando se asusta tanto a la sociedad, siempre suele aparecer un salvador oportuno y oportunista que pasaba por ahí. Veo al pobre señor Feijóo esforzándose en presentar una imagen de buen gestor (o de discreto administrador de fincas). Su última ocurrencia, nada tranquilizadora: asegura que el apóstol Santiago le asesora des de hace un montón de años. Contra el miedo, respuestas metafísicas en el flanco derecho. También hay una pulsión de salvación en el independentismo catalán con sus soluciones tan mágicas como neoliberales. Y etc.

Ándense con cuidado, y vivan asustados de antemano. Cuando se vive bien se vive con miedo, forma parte del trato. Macron advierte del fin de la opulencia, aunque muchos no hayamos conocido a esa señora. Cuídense, también, de los que vienen a salvarles. ¿Miedo a la extinción? Bueno, al fin y al cabo, todos hemos nacido con el sello de la extinción en nuestros genes -me susurra el amigo el pesimista.


1 de set. 2022

MUCHO CATALÁN, POCA PASTA

De la cultura catalana se habla mucho, y quienes lo hacen nos llevarían a pensar que están dispuestos a dar la vida y los dineros por ella. Cuando se toca el asunto del catalán en la educación pública, el ruido llega hasta el cielo y los santos se acurrucan, temerosos, ante el estruendo. 

Pero la realidad es que los presupuestos se van a otras partes: la cultura catalana nunca ha interesado a unos políticos refractarios no ya a la cultura catalana si no a la cultura en general: es de sobras conocida la alergia que le provocaba la cultura al señor Pujol, quien pensaba que la cultura es un invento de comunistas. No se olviden: la señora Ayuso no se ha inventado nada y todo en ella parece un plagio de lo peor de los políticos nacionalistas de acá. Todo el discurso es cortina de humo, burda camama para ocultar la pereza unas veces y la mala fe otras. Hay un odio explícito a la intelectualidad, y a veces un postmoderno desprecio.

Aquí solo se promociona la cultureta, algo que ya contó maravillosamente nuestro añorado Terenci Moix.

Dicho de otro modo: mientras crece el ruido por el 25% de castellano en la educación pública, los que más se tiran de los pelos ante lo que consideran una agresión intolerable y blablablá llevan a sus hijos a escuelas privadas (cuando no de élite) en donde no se sigue el principio de la inmersión en catalán. El caso de la cultura es similar. El Departamento con menos presupuesto es, justamente (lo han adivinado), el de cultura: menos del 1% del presupuesto de la Generalitat. Cuando fue Consellera de la cosa cultural esa señora que ahora se agarra al silloncito en nombre de la patria y de la dignidad histórica, el presupuesto siguió intacto. El presupuesto para Educación en Cataluña está entre los más bajos de las 17 autonomías.

Hablan y hablan e incluso gritan sobre el catalán, lo catalán, la cultureta. Pero debe salir gratis y cuando los músicos o los escritores piden ayudas económicas les responden que la subvención castra la creatividad y cosas por el estilo. La cultura, para el poder regional, siempre fue la cultureta: bellas tradiciones como los castellers (hicieron un museo de los Castellers en Valls cuyo presupuesto ascendió a... 6 millones de euros, aunque a día de hoy está cerrado, vacío y polvoriento).

Un ilustrado francés del XVIII lo dijo claro: no saben ustedes la cantidad de estupideces que nos hemos ahorrado por falta de presupuesto gubernamental.

Y hablando de Francia: comparen ustedes las políticas culturales y lingüísticas francesas, sin olvidarse de que no vale la excusa habitual: la Generalitat tiene plenas competencias en cultura y educación.

28 d’ag. 2022

LEJOS DE CATALUÑA

Se avecina otro 11 de septiembre y hay cierto revuelo en la sede de la ANC. Aunque mucho menos que en los septiembres precedentes. Este año la camiseta oficial del evento es negra. No parece el negro el color más indicado para desfilar bajo el sol, o quizás el independentismo, inconscientemente, se ha puesto de luto. Será un desfile fúnebre, de camisas negras.

Yo, como buen catalán, de nuevo me replanteo mi relación con Cataluña en las vísperas de la fecha. Y me descubro cada vez más lejos. Si hace unos años el "procés" me tenía de los nervios, a día de hoy ya solo me produce hastío y algo así como una mirada irónica, distante. 

Me doy cuenta de que jamás me sentí muy apegado a esa patria que, por más ilusoria que sea, sí lo es de mucha gente a mi alrededor. Aunque de pequeño intentaron inculcarme unos valores, virtudes y bendiciones de ser catalán, jamás me lo creí mucho. Recuerdo que ya en la primera adolescencia me preguntaba si era muy relevante haber nacido aquí o un poco más allá del mapa, y si acaso lo importante de veras no era haber nacido más arriba o más abajo en la escalera social. Jamás creí que Montserrat fuese la montaña más especial del mundo, ni la sardana la danza más bella. A día de hoy, por cierto, Montserrat me produce el escalofrío de las cosas que al final se revelan siniestras y estoy seguro de que, de haberla visto el señor Lovecraft, le hubiese inspirado un cuento de horror cósmico.

Cada día, pues, un poco más lejos de Cataluña... y eso sin moverme de aquí. Tras el procés, que terminó en desastre, lucha fratricida entre sus facciones y desolación, mi sentimiento empeoró: a veces me avergüenza saber que vivo entre personas que, sin dejar de ser vecinos normales, no titubearon en posicionarse el lado de la secesión de los ricos, la insolidaridad y el desprecio hacia las demás formas de ser catalán. Vergüenza de convivir entre vecinos que odian a otros vecinos y que escogieron la sumisión voluntaria a unos líderes egoistas y tramposos, arrebatados por un sueño supremacista.

Tras el procés, el balance personal: más de diez años sin ver Tv3, sin sintonizar Catalunya Ràdio. A día de hoy, soy incapaz de nombrar a dos grupos musicales catalanes de ahora. Practico el turismo siempre fuera de Cataluña: Maestrazgo, Huesca, Francia, Portugal, Galicia, Madrid. Incluso he optado por pequeñas elecciones personales bastante inocentes, como comprar la traducción al castellano de los libros que me interesan. Sobre este punto me gusta aclarar algo: comprar un libro (en cualquier versión) solo es un acto comercial, pero las cosas se torcieron cuando a alguien se le ocurrió decir que comprar la versión catalana era un acto patriótico. Fue esta afirmación la que me alejó. No quiero cometer ningún acto patriótico: el nacionalismo es el hijo y el argumento de la barbarie, el totalitarismo y la sinrazón.

Mi balance y mi opción son esas: que se puede vivir en Cataluña sin ejercer de catalán. Incluso sin indignarse ante los lacitos amarillos o las banderas estrelladas o las absurdas solemnidades de los políticos nacionalistas, tal como (mal)viví durante los años duros del procés. En aquellos años más difíciles, cada 11 de septiembre ponía quilómetros de distancia con Cataluña y me marchaba, por lo menos, a Aragón. Este año me quedo, indiferente y como ausente pero mucho más lejos, leyendo a Bolaño o a Vuillard.

Bueno, ya les dejo por ahora. Me voy a poner el CD del Tangana: "El Madrileño" es un disco buenísimo.

24 d’ag. 2022

GENIALITAT DE CATUNYA

Mañana de calor y calima en el cielo. En el coche, acudiendo a una reunión de trabajo inesperada en mitad de agosto. La radio habla de fútbol en todos los diales (por lo visto ayer hubo partidos), hasta que doy con la entrevista al Director General de la cosa del tráfico de la Generalitat de Cataluña (Servei Català de Trànsit). Le presto una atención mínima y tangencial, pero poco a poco me atrae el titubeo constante del señor Director general, una incomodidad que se traduce en silencios y pausas inadecuadas. 

El pobre hombre mide cada palabra que pronuncia (uno diría que mide, incluso, cada sílaba). La emisora es una emisora amiga del poder regional, de modo que todavía sorprende más esa inseguridad. Le preguntan por el atropello múltiple a un grupo de ciclistas, con el resultado de dos muertes. Como la respuesta le compromete poco, ahí todavía está ligero de verbo. Se cuida mucho, eso sí, de contar que es un problema de otra Dirección general y un asunto judicial, y que poco puede aportar. Aún así, se lía contando que existe una comisión mixta en la que intervienen varios departamentos y otras entidades (civiles, se supone) que tratan de la cosa de los ciclistas y de las "carreteras compartidas". 

-Me consta que esta comisión trabaja mucho y que pronto tendremos resultados.

-¿Trabaja mucho? -le insiste la periodista- ¿Cuánto?

-Bueno... mmm... la comisión me consta que se reúne por lo menos una vez al mes.

Cambio de tema: la periodista le pregunta ahora por la propuesta de las nuevas limitaciones de velocidad, y ahí el Director se siente más a gusto. Cuenta que se ha licitado ya la compra de tecnología inteligente para regular los límites de velocidad en algunos puntos de las carreteras.

-Si ya se ha licitado -increpa la periodista- ¿Nos puede decir cuáles serán esos puntos?

-Bueno... mmm... se ha licitado la tecnología. Los puntos en donde se instalará están por decidir.

-¿Pero nos puede decir entre qué puntos se está discutiendo?

-Bueno... mmm... en realidad será uno. Más adelante quizás dos. 

(Un uso curioso y muy osado del plural).

-Cambiando de asunto -la periodista percibe la incomodidad del entrevistado- ¿Tenemos ya cifras de muertes en las carreteras catalanas y sabemos cuántos atropellos a peatones y a ciclistas ha habido?

-Bueno... mmm... no tengo las cifras porque eso se está recalculando cada día, pero claro, todo depende de la titularidad de las carreteras. Algunas son de la Generalitat, pero otras de las Diputaciones, otras del Ministerio y también haylas de titularidad municipal...

La entrevista sigue un rato más, deslizándose hacia esa bruma de las pausas, los silencios, las dudas. Hacia esa bruma catalana. Aparco y me bajo del coche. La entrevista sigue y mientras me alejo de la radio creo que me alejo de Cataluña.

Ustedes me dirán que se trata de una anécdota jocosa y veraniega, aunque inane. Pero mucho me temo que esa anécdota es la que define a la Generalitat de Cataluña. La misma que nos dijo, en 2017, que tenían listas las "infraestructuras de estado" para acometer la independencia y ser un estado como Dinamarca por lo menos.


20 d’ag. 2022

QUE NADIE DESCANSE EN PAZ

Lo cuenta Thomas Ligotti en uno de sus cuentos terribles: "nos secuestraron de la no existencia para imponernos una condena de vida". La idea es una expresión del pesimismo extremo, una prolongación de Schopenhauer (el que afirma: lo mejor sería no haber nacido). Es pesimismo o humor macabro incluso, pero a la vez solo es literatura y uno puede quedarse tranquilo, si puede, cobijándose en este refugio provisional: eso es una ficción, la vida está bastante bien, los muertitos reposan, etc.

Jamás nos faltarán eufemismos: el propio "reposo" de los muertos ya es algo curioso, puesto que "reposar" es la acción de un ser vivo. Los latinos empezaron con la eufemística, con su "requiescat in pace", atribuyéndole a la muerte la posibilidad remota de la paz. Lo cual no deja de ser, también, algo de humor negro. Luego también está el eufemismo laico, muy en boga por estos tiempos: "que la tierra le sea leva". Otra vez se expresa un deseo, dando a entender que esa levedad o ese reposo podrían no serlo y por ese motivo se lo deseamos: no vaya a ser que...

Todo eso viene a cuento de mi costumbre de visitar los cementerios de las poblaciones a las que llego por primera vez. No es por morbosidad: uno aprende mucho en los camposantos y las inscripciones sugieren cantidad de historias, son pequeñas novelas sintetizadas. La mayoría de los cementerios están accesibles y uno franquea la puerta sin impedimentos. Los que están cerrados a cal y canto me producen un extraño escalofrío, ya que solo puede haber dos razones para el cerrojo: o bien tememos que los muertos salgan a molestar, o bien suponemos que hay vivos dispuestos a profanarlos, siempre y en todas partes.

Ahora, tras unos días en el sur de Francia (Pirineos atlánticos), recuerdo el cementerio de Mauléon, pueblo del Pays Basque que nos advierte de su filiación con la reiterada presencia del cuatrisquel, esa cruz celta y que a uno, si le pilla desinformado, le podría parecer un poco nazi. Allí usan el catrisquel para todo: para etiquetar su cerveza con pacharán, para decorar el escaparate de una tienda de alpargatas o para... si, lo han adivinado: como ornamento principal de las estelas funerarias. No vaya a ser que el muerto se olvide de que perteneció a una nación, como el vasallo al señor conde o el obrero al patrón.

De modo que ni la tierra es leve ni hay reposo. Por no hablar de esos pobres muertos sobre los que se encaramó la señora Borràs para parecer más alta. En Francia, que como ustedes saben participó en las dos guerras mundiales y luego se las tuvo con los argelinos por codicia, todos los cementerios disponen de su tumba colectiva para los pobres soldados. En el de Mauléon hay una ristra de chavales de 20, 21 y 22 añitos depositados bajo la tierra "defendiendo el honor": esas tumbas, que encogen el corazón del más insensible, constituyen el mejor alegato contra las guerras y el nacionalismo que uno puede encontrarse.

Puestos a negarle el reposo a los difuntos, pido que todos los cementerios estén abiertos y que sean de visita obligada. Y, a poder ser, que todas esas personas que creen en el sacrificio de los jóvenes para mayor gloria de una patria, se detengan un instante a reflexionar ante las sepulturas de los soldaditos.


18 d’ag. 2022

LAURA O LA INFAMIA

En ciertos momentos del "procés", ustedes recordarán que hubo algunos líderes secesionistas exigiendo muertos por la patria. Era su estrategia más extrema, la definitiva para lograr su objetivo: si hay muertos, nos decían, podremos argumentar ante la opinión pública mundial que España es un país represor y malvado. Sin embargo, cosa paradójica, no apareció jamás ningún voluntario para morir en nombre de Cataluña. Los mismos líderes que exigían el sacrificio último eran los primeros en declararse exentos de tal acto sublime: alguien deberá guiar a la patria tras los muertos.

No hubo ejemplaridad de los líderes en la muerte patriótica.

Tan solo recuerdo a una señora que, el mismísimo día 1 de octubre del 17 declaró que la policía le había roto los dedos de la mano: solo unas falanginas se ofrecieron al holocausto.

La ausencia de muertos voluntarios tuvo un giro de guión: tras los terribles atentados del 17 de agosto de 2017, algunos creyeron haber encontrado a esos cadáveres catalanes, necesarios y útiles, que demostraban la brutalidad represora del estado, y se conjuraron para demostrar que el atentado lo había perpetrado el CNI, el comisario Villarejo o una encarnación carpetobetónica del Dr. No. Se montaron una asociación, en coordinación con la ANC y con aquellos misteriosos CDR de los cuales solo quedan los escombros. 

A cualquiera que rija más o menos bien, todo eso le parecerá una patraña trasnochada, algo grotesco salido de mentes tan retorcidas y paranoides como las de quienes defienden que la Tierra es plana. 

Solo hubo una autoridad que les dio pábulo: y esa autoridad no es otra que la señora Laura Borràs, hasta hace pocos días presidenta del parlamento regional y, en consecuencia, la segunda autoridad catalana. Una persona que debería representar al conjunto de la ciudadanía se apuntó al grupo de tres decenas de orates que pergeñaron la teoría conspiranoica. Es muy grave.

Usar a las víctimas de un atentado terrorista es algo ya viejo y cansado en nuestra pobre España. Lo hemos visto hasta la saciedad y el asco y estamos más que hartos, tristes y enojados con esta actitud infame. El abuso de las víctimas lo ha usado el PP hasta el infinito y más allá de nuestra paciencia, lo usa VOX sin ninguna vergüenza y, cuando no son esos, nos salen los del otro bando con sus homenajes y sus bailes regionales. Dejen a los muertos en la muerte, en el cementerio: la muerte no es el final -dice la canción- y todo parece indicar que no hay descanso alguno en la tumba. Ahí está la señora Borràs para confirmar que después de la muerte hay tribulación y patrias. Ni tan solo el bueno de Lovecraft pudo imaginar un horror semejante.

La infamia no consta en el derecho penal y por consiguiente no podemos llevar a la señora Borràs ante un tribunal por haber cometido esa infamia en las Ramblas barcelonesas. Pero deberíamos quedarnos, por lo menos, con la ilusión de pensar que cuando Laura se acuesta para dormir, esos muertitos de las Ramblas entran en su sueño y le murmuran que no va a poder dormir tranquila nunca más, y que incluso los delirios narcisistas tienen un límite.


EL REY SIN LA ESPADA

La espada, quizás legendaria, desfila a hombros de cuatro soldados. Media España se levanta a su paso, en señal de respeto. La otra media permanece sentada. Felipe es uno de los que no se levanta.

Una espada puede que solo sea una tosca herramienta de acero imaginada en las tinieblas del tiempo, pensada para matar e infundir temor: un símbolo del poder. Entonces, el mundo se dividía entre quienes blandían la espada y quienes debían resguardarse de ella. La espada es el símbolo de la realeza: ¿se acuerdan de Excalibur?

Que un rey no levante sus reales posaderas ante una espada resulta paradójico y podría ser incluso entrañable. Se trata de un rey que reniega de los símbolos, como olvidando que el rey solo es eso, un símbolo, tan viejo y tan triste como la espada antigua. Un rey es el recuerdo andante de los tiempos oscuros, de los tiempos de señores y vasallos, de altos palacios y miserables chabolas.

El acto de Felipe (la ausencia del acto) quizás solo sea una anécdota trivial y pasajera, hinchada por haberse producido en agosto. Tiene su pizca de gracia que un Borbón no participe en un levantamiento.

Lo que me ha sorprendido de veras es presenciar como las dos Españas se han manifestado enseguida, esas sí se han levantado, airadas y dispuestas al ataque. En ambos lados, poco argumentos y muy simplones: "el rey ha hecho bien, y lo se al ver quienes son los que le critican". Eso lo ha escrito una persona con responsabilidades políticas. Media España mira hacia la otra media, espera un poco y luego dice lo opuesto, y aprovecha para el insulto y el garrotazo. Esa es la esencia española. Si tu dices blanco, yo digo negro. Y así nos va.

Felipe, el hombre-rey que no se levanta ante un símbolo, es un tipo que hace grandes esfuerzos por mantenerse en su tembloroso trono, ante una Casa Real en descomposición, y se desgañita para enmendar la imagen de la monarquía que le dejó Juan Carlos el rijoso. Se esfuerza en presentarse como un rey transparente, austero, responsable, democrático. Y esos esfuerzos se agradecen. Es más: incluso yo, de convicción republicana, le he elogiado y defendido en determinados foros y en varios momentos.

Por eso me sorprende el error cometido en Colombia: entre símbolos deberían cuidarse un poco mejor, ya que viven el uno del otro. Puede que los colombianos cometieran un error de protocolo, y quizás podían haber ahorrado el desfile de la espada de Bolívar ante el último Borbón. Pero un rey solo vive de símbolos y de protocolos: sin ellos es un tipo más. Y debería saber que los invitados no ponen las normas de la fiesta.

Hay algo en el subconsciente de Felipe que desea la república y lo manifiesta en sus actos fallidos. Debe ser su forma real de matar al padre.

El debate entre defensores y detractores del rey es burdo y agrio. Las dos Españas incapaces de dialogar. Tienen mucha culpa de ellos nuestros políticos, instalados en la crispación y la irracionalidad. Ellos han renunciado a la pedagogía que debe ejercer un político. Si en España se prefiere el insulto, el mamporro y la gesticulación es, en gran parte, por ese déficit pedagógico que si se ha llevado a cabo en otros países del entorno. 

Yo solo vi a un hombrecito atrapado en una situación imposible: hiciese lo que hiciese, las dos Españas se atizarían durante un rato. Y puede que una república no resuelva el desencuentro, aunque Felipe haga lo posible por dar la bienvenida a la tercera.

8 d’ag. 2022

VARÓN, BLANCO, HETEROSEXUAL CISGÉNERO

Cuando Ernesto y la interseccionalidad desbarataron a la izquierda española

Antes de empezar el texto les cuento algo, para prevenirles: quien escribe es varón, blanco y heterosexual. Según la teoría de la interseccionalidad, soy un opresor y un privilegiado. Por consiguiente, no deben tener en cuenta mis opiniones.

Les copio lo que se cuenta en Wikipedia a propósito de la teoría de la interseccionalidad y luego les cuento a santo de qué viene esto:

"La interseccionalidad es un enfoque que subraya que el sexo, el género, la etnia, la clase o la orientación sexual están interrelacionadas. Explica, por ejemplo, cómo el racismo y el sexismo interactúan creando múltiples niveles de injusticia social, es decir, una doble discriminación. La experiencia interseccional es mayor que la suma del racismo y del sexismo o de la misoginia y el clasismo. La teoría sugiere y examina cómo varias categorías biológicas, sociales y culturales como el sexo, el género, la etnia, la clase, la discapacidad, la orientación sexual, la religión, la casta, la edad, la nacionalidad y otros ejes de identidad interaccionan en múltiples niveles." 

¿Como se han sentido con esta definición? Me temo que algo confusos. Pero no se preocupen: a día de hoy, esta teoría se cuenta en los estudios relacionados con lo social, ​de modo que la sociedad irá comprendiendo, poco a poco, todo ese galimatías.

Una vez alguien me dijo: el problema de las ciencias sociales es que se hayan puesto el nombre de "ciencias", algo que nos lleva a suponer que sus hipótesis son como las hipótesis de la física o de la química.

El asunto es ese: entre la teoría interseccional y el señor Ernesto Laclau me temo que se han cargado a la izquierda española (sin olvidarnos de otras partes del mundo). Descubrí al señor Laclau una tarde, escuchando un discurso de un entonces candidato Pablo Iglesias. Lo citó varias veces (era un discurso para entendidos, no para el pueblo). -Pablo, sobra decirlo, es de esa izquierda que lo hace todo para el pueblo pero sin el pueblo.

Eso es lo que me temo, como les decía: que entre interseccionalidad y Laclau (más todo el movimiento identitario nacionalistas) la izquierda española se ha quedado atrapada en un laberinto identitario.

Vamos al ejemplo: a un señor de un pueblo de Murcia le dicen que por el hecho de ser varón, blanco y heterosexual pertenece al grupo de los opresores (teoría interseccional). Y le añaden que ser pobre o estar en el paro no le quita de opresor. Pasado un tiempo, el señor de Murcia vota a VOX, que le viene con un discurso simple y zafio, pero capaz de atraparle. O votará a Feijóo (mejor que al PP), que también es simplón y zafio, pero que se presenta como un gestor de pueblo, aburrido y serio, y que no entiende de teorías raras. 

7 d’ag. 2022

Virginie y Tralalá en Lourdes

Quizás no haya una ocasión mejor que el ardor del verano para sentarse a ver una película musical. Y conste que no me gustan los musicales, ni tan siquiera los comprendo: me resulta absurdo que alguien se arranque a cantar y a bailar en medio de una escena de amor, de dolor o de cualquier conflicto de cualquier clase. Aunque podría reconocer que la banda sonora de "West Side Story" es muy buena, la cinta me resulta ridícula. Y no digo nada de los grandes cásicos de Fred Astaire y sus amigos, que me parecen insoportables y grotescos. En esos musicales, la suspensión de la incredulidad va tan lejos que me siento incapaz de acompañarla. 

A lo largo de mi vida de cinéfilo (no demasiado contumaz, por comparación con mis conocidos cinéfilos contumaces de veras), solo he soportado "Los paraguas de Cherburgo", "Bailar en la oscuridad" y, por fin (ayer) "Tralala", cinta francesa rodada en París y en Lourdes. Aunque el 90% de la cinta transcurre en la localidad de los Altos Pirineos.

El protagonismo de Mathieu Amalrich ayuda mucho. Amalrich es el actor que ya nos ha sorprendido varias veces con unas interpretaciones (yo diría que) siempre brillantes. Pero había otros motivos de peso para ver la cinta en una noche de agosto a 29 grados. El motivo principal: ayer mismo se cumplía un año exacto de mi llegada a Lourdes, en donde pasé cuatro días. Las casualidades a veces desconciertan.

"Tralala" es una cinta sencilla y elegante y sin muchas pretensiones, factor que aumenta su belleza. Es delicada, irónica, sentimental sin lirismos. Habla de la pobreza, del apego y el desapego, de la soledad, del miedo a vivir, de la pérdida, de la maternidad y la paternidad. Bueno, y de varias cosas más que son, al fin, el meollo de la vida humana. Las escenas musicales están muy bien situadas y resultan creíbles, ya que el protagonista es un músico callejero que compone canciones constantemente, a partir de las ideas o las situaciones con las que se encuentra. Y nada que objetar a los compositores que han trabajado en esta banda sonora, que incluye a mi admirado Dominique Ané. 

Y luego está lo otro, lo más peliagudo: Tralalá se acerca al misterio y a lo maravilloso con una lectura ambigua, crítica, analítica. No es por casualidad que la cinta transcurra en Lourdes, ya que el asunto de Bernadette y la Virgen es recurrente, tratado con espejos múltiples que transitan de lo facilón y lo obvio a lo intangible. Hay una mística que quizás no sea nueva pero sí sorprende en 2022, en este tiempo postmoderno y descreído que, paradójicamente, convive con los miles de peregrinos que vi en Lourdes hace un año. Tal vez sea muy sencillo: el mundo sin esperanzas que solo habla del precio del gas también desea ver algo maravilloso y confía en que la vida sea algo más que temer la próxima factura.

¿Puede suceder algo que nos cambie la vida en un arrebato irracional? Puede. Eso es lo que plantea la cinta de Arnaud y Jean Marie Larrieu (que ya nos sorprendió, junto a Amalrich, con "Los últimos días del mundo", cinta descoranozadora donde las haya). Y si esto sucede ¿sabremos vivirlo?.

Alguien dirá que "Tralala" es naif, o que bebe de demasiadas cintas anteriores ("Voudou sauvé des eaux", "Le retour de Martin Guerre"), o que usa el psicoanálisis de un modo superficial e incluso pop. Pero yo le animo a verla y a pensar por ustedes mismos. Si se atreven, ya me contarán.



2 d’ag. 2022

OLENA Y VOLODIMIR EN VOGUE

Conozco el riesgo que conlleva escribir eso: me arriesgo a ser acusado de pro-ruso, de cómplice de una barbarie o de delitos peores. Pero no me resigno al silencio. Así que voy a intentar que estas palabras sean un poco mejores que el silencio.

Vogue es una revista que me pilla muy lejos y está más allá de la periferia de mis lecturas y de mis referentes, algo que no me impide captar la importancia de esa portada de la revista en la que aparecen Olena y Volodimir, tiernamente entrelazados y ella (aparentemente) sentada en el regazo del soldado Volodimir.

Todo está concienzudamente calculado en esta foto. Empezando por el azul del fondo, un azul de decorado trágicamente operístico. Y luego sus miradas: la de ella, dulce y algo triste. La de él, dura y determinada. Miren el brazo del soldado: las venas henchidas, agarrando el cuerpo de la mujer con fuerza. Ella es Ucrania, rubia y sensual. Él, su ejército, viril y valiente. Ambos han estudiado la posición de sus manos para mostrar el oro del anillo de desposados. Lo dice el poeta: el oro no ensucia las manos, porqué las manos que lucen oro ya estaban sucias anteriormente.

Des del principio me chocó el vestuario del antiguo cómico televisivo Zelensky: nada más empezar la guerra, ya apareció vestido con ropas militares o paramilitares, como si saliera de la trinchera para grabar unos vídeos y luego volver al barro, fusil en mano, a defender a la patria ultrajada.

Algo huele a chamusquina en esta guerra, y no es solo el humo de los incendios, el hedor de los cadáveres en las calles, la pólvora que explota. Algo se nos escapa a casi todos y a mi en especial. Hay algo que está mucho más allá de nuestra comprensión: la velocidad a la que que construyó el relato de quienes son los buenos y quienes los malos, sin lugar para la duda. Luego vino la cumbre de la OTAN, presentada como un evento magnífico, brillante en su ejecución impoluta, de la cual incluso se nos contaron los menús (elaborados por grandes chefs). Nos lo contaron muy bien: la OTAN tiene todo el derecho del mundo a defender a los países amenazados por potencias autárquicas, a expandirse y a afiliar a nuevos amigos. Todo es nombre de la democracia, que es el bien. La mayor parte de los países de la OTAN mantienen buenos negocios con las dictaduras asesinas árabes, pero eso no se nombra por ahora.

Putin y su Rusia nostálgica del imperio soviético me sientan tan bien como una patada en sálvase a la parte, pero igualmente me repito, en voz baja: aquí hay algo que no encaja, algo en lo que nos engañan. Y la portada de Vogue, sin saber contarlo muy bien, me reafirma en esta sospecha. Y se lo digo en serio: no creo en las conspiraciones ni tengo perfil paranoico. Creo más en la estupidez que en la conspiración: para conspirar se debe ser muy inteligente. Generalmente, a la historia de la humanidad le ha reportado más dolor la estupidez que cualquier conspiración.

Algo huele a timo en esta guerra, y la portada de Vogue me resulta casi como un bofetón, a mano abierta, que me intenta despertar: ahí lo tienes. Te están timando y encima se ríen de ti.

Se ríen de ti cuando te cuentan que todos los precios suben por culpa de Putin. ¿Acaso toda la gasolina y todo el cereal proviene de Ucrania? Dos días atrás nos contaban que todo procede de Asia, y que el colapso de los barcos y los estibadores en los puertos asiáticos producía un alza en los precios. De repente, el asunto se debe a la guerra de Putin.

Miren ustedes la foto de portada de Vogue y así me callo. Dicen que una foto vale más que mil palabras, así que les  ahorro mil palabras y me arrimo al silencio de la imágenes. Me dicen que el capitalismo ha entrado en una fase bélica, y que eso es algo que le sucede cíclicamente. Yo no entiendo de esas cosas pero, la verdad: siento algo de miedo y me asaltan las ganas de aplicarme el dicho clásico del "carpe diem", porque a veces eso me huele muy mal. No me gusta Putin, pero tampoco me gusta Zelensky y les dejo mi última incorrección: Ucrania no es una democracia homologable a los parámetros de la UE.

1 d’ag. 2022

MARGA Y SALVA (PUIG ANTICH)

En el Atlàntida Film Fest, festival de cine en parte on-line que se puede seguir en Filmin, se han presentado muy buenas historias de muchas partes del mundo. Una de ellas, sencilla e intimista es "Margalida", documental con alta carga emotiva que busca (y encuentra) a Margalida, la pareja sentimental de Salvador Puig Antich y que es conocida gracias a una canción de Joan Isaac, escrita en aquel tiempo terrible.

Aunque el sentimentalismo no es mi preferencia, se debe reconocer que "Margalida" cumple con lo que pretende y consigue introducir el humor, la crítica y la reflexión en un relato nostálgico pero sobrio. Margalida, la persona, es alguien que llevó como pudo la ejecución de su pareja y que siguió viviendo, a su manera, con sus propios recursos psicológicos y anímicos. Serena, situada en un indefinible punto entre la memoria y el olvido, con la herida para siempre pero, a la vez, llena del deseo de vida. Aunque la vida contenga paisajes muy vastos de tristeza y de dolor. 

Resulta difícil ponerse en su piel a pesar del buen trabajo del documental, e imaginarse siendo la pareja del último hombre ejecutado por Franco, el viejo sanguinario que, cuando ya era solo un pellejo moribundo, persistió en sus crímenes. Salvador Puig Antich, el último hombre ejecutado al garrote para vergüenza de la historia de España. 

Sin embargo... ¡ay, siempre los "sin embargo"! uno se da cuenta de ciertas cosas que, en el documental están presentes aunque no se insista en ellas. En primer lugar, por los motivos obvios, la figura de Puig Antich fue mitificada (resulta difícil evitarlo), pero esa mitificación siempre oculta, entre los brillos y la solemnidad, la realidad de un hombre que quizás hubiese preferido no ser eternizado a los 25 años. En el caso de Puig Antich, de verdad se lo digo, siempre he visto una manipulación algo burda y grosera, e incluso obscena. No es por casualidad que en 2006 (y no antes) se estrenase una película sobre su vida, con música de Lluís Llach: el "procés" se avecinaba y empezaba a circular el relato de la España represora y asesina. Y, sin embargo: Puig Antich era un activista anarquista a quien la cuestión nacionalista no le interesaba para nada.

Y luego está lo otro: en la reivindicación de Puig Antich hay curiosas paradojas. A saber: la burguesía catalana nacionalista no movió un solo dedo para librarle de la condena y es más: algunos de los que ahora lo usan para adornar el relato de la represión contra Cataluña (siempre indemostrado) sin duda se alegraron de la desaparición de un hombre incómodo para sus planes de futuro, ante la muerte inminente del dictador y la llegada de la transición, de la que esperaban sacar grandes beneficios (tal como sucedió).

La historia del anarquismo catalán, a pesar de los libros, ensayos y documentales que lo cuentan, es un territorio de silencios, ausencias y olvido. Es la historia de un silencio en el que se compincharon la burguesía catalana y el franquismo más cruel. Esa burguesía que hoy simula ser revolucionaria y sitúa a los padres en Junts y a los hijos en la Cup para, entre ambos, enterrar para siempre el movimiento libertario catalán.

Hay un breve fragmento del documental en el que se nombra a los "anarquistas de salón", algo que uno corrige para precisar: "los anarquistas de carajillo". Yo todavía diría más: "los anarquistas de ratafía".

A veces me he preguntado: ¿que hubiese sucedido si Salvador se hubiese llamado Salvador García López?.

30 de jul. 2022

LAS PAREIDOLIAS METAFÍSICAS



Según la definición, la pareidolia es un fenómeno psicológico que consiste en reconocer patrones significativos —como caras o cuerpos— en estímulos vagos y aleatorios. En síntesis: algo muy humano que quizás compartimos con otros animales.

En algunos casos, la cosa se complica cuando el rostro que uno cree reconocer pertenece a Jesucristo o a la Virgen, y estos casos son frecuentes en España.

Desconozco si existe algo similar que nos permite reconocer como buenos a los de nuestra tribu. Me explico: han coincidido en el tiempo algunas imputaciones y sentencias referidas a políticos corruptos, y las reacciones me han llamado mucho la atención. Que el imputado/sentenciado se declare inocente y puro es natural e irrelevante, pero que en su entorno sean incapaces de ver lo más evidente ya sorprende un poco. Las pruebas reunidas contra la señora Borràs no permiten duda alguna, son múltiples y abrumadoras. E incluso bochornosas, cuando uno se toma la paciencia necesaria para leer los correos que la señora mandaba, con su manual del fraude escrito desde el sentimiento de impunidad más escalofriante.

Lo mismo sucede con la sentencia de los políticos andaluces. Y, sin embargo, en ambos casos se ha dado un curioso fenómeno que implica la distorsión cognitiva. Borràs habla de unos "diputados vestidos de jueces" en un tono solemne que bordea lo trascendente, y Sánchez de "pagar justos por pecadores", en un sorprendente sesgo religioso que no me esperaba de un hombre laico.

En ambos casos se apela a fenómenos raros o a hechos fantásticos.

No me sorprende nada, por consiguiente, que un columnista de La Vanguardia hable de Jordi Turull como de un Poncio Pilatos ante el caso Laura Borràs: ya llevamos tiempo instalados en el relato mágico, metafísico o religioso: lo pueden llamar como más les guste. 
 
Se debe añadir aquí una anécdota (significativa): cuando la señora Borràs salió del Parlamento regional tras ser suspendida de empleo y sueldo, la esperaban unas 200 señoras fans, que entre aplausos, vítores y exaltaciones, insultaron a las diputadas de ERC. Con especial ensañamiento para con la diputada Najat Driouech, que usa el velo en tanto que musulmana. A la señora Driouech la trataron, a gritos, de "mora de merda", en una nueva demostración de que Cataluña es, en efecto, tierra de acogida ejemplar. La religión, de nuevo, apareció en escena.

A veces creo que jamás salimos de las tinieblas medievales, con sus señores feudales, sus monjes y obispos, su temor de Dios, sus cruzadas y sus apariciones, milagros y monsergas, quema de brujas y demás atrocidades.

Sobre el funcionario público todo debería ser más sencillo y más claro: tanto si mete la mano para lucrarse, como si beneficia a los amiguetes o hace la vista gorda, hay que apartarle y castigarle. El respeto al dinero público debe ser esencial (o sagrado, si es usted creyente): es el dinero que ponemos todos en las arcas públicas cada vez que nos compramos una barra de pan, un chicle o un bote de garbanzos. En muchísimas ocasiones, hay un esfuerzo muy grande en esa tributación, y ese esfuerzo es más grande conforme más dificultades tiene el que contribuye.

Yo, que he votado casi siempre al PSOE, entiendo que los políticos andaluces deben pagar en función de lo que diga la ley, del mismo modo que las legiones de corruptos del PP, de Convergència o del partido que sean.

Y uno debe alegrarse cada vez que cae un corrupto, pues este es el tumor maligno de la democracia. Se debe ser racional, y dejarse de distorsiones cognitivas, religiones y demás pareidolias que nos hacen ver lo que no es, o ver bondad (y santidad) en donde solo hay codicia o estupidez. O ambas cosas a la vez.


27 de jul. 2022

UNA GENERACIÓN IRRESPONSABLE


La caída de Laura Borràs es una buena noticia para la política catalana: un pequeño paso hacia el fin de la crispación, la irracionalidad y el secuestro emocional. Aunque en Cataluña hay un hombre que está más feliz que nadie con esa caída: el señor Turull, a quien se le allana el camino del poder en su partido. Pero más allá de eso, lo que se percibe es que, en el final del catastrófico "procés", a una generación entera de políticos se los ha llevado la ventolera que ellos mismos levantaron con sus abanicos estrellados. Solo hay que mirar a la enésima transmutación de aquella Convergència que campaba a sus anchas en Cataluña, con sus caciquiles mayorías absolutas: aquel partido es hoy un yermo en donde solo se escucha el crujir de dientes.

Jordi Cuixart se ha largado a Suiza, de donde ha vuelto (un momentito) Anna Gabriel, solo para demostrar que la supuesta "terrible represión del Estado Español" no existía: con su ejemplo le ha quedado claro a todo el mundo que a nadie se le juzga por sus ideas. Poco o nada se sabe de los nombres más fulgurantes de aquellos años eufóricos. Quienes prometieron, juraron y levantaron sus voces hoy dormitan, procuran pasar inadvertidos o se dedican a sus negocios en silencio. Incluso la nueva presidenta de la ANC organiza una manifestación del 11 de septiembre de 2022 modesta y austera, en la que pide a los asistentes (que ya no deberán registrarse: ¿para qué?) que levanten bien las banderitas, para ocultar la escasez de personas. Solo le faltó pedir que cada manifestante lleve dos banderas.

Como víctima de una maldición eficaz, en Cataluña se repite esa capacidad inusitada por estropearlo todo en un calentón patriótico y banal, en una pataleta rellena de folklore y aspavientos ridículamente solemnes. Sin ninguna mejora que mostrar, solo se pueden exhibir pérdidas.

Tras el vendaval (en realidad, solo una molesta polvareda), Cataluña sale empobrecida en lo económico y seriamente perjudicada en la convivencia, aparte de haber mostrado su peor perfil: el de la insolidaridad y la antipatía.

Tras el desastre que se ha llevado a una generación de políticos, quienes hoy ocupan los lugares de la gestión son personas con escasa o nula experiencia en el servicio público: valga como ejemplo el currículum de Pere Aragonès, ascendido a "Molt Honorable" como en una comedia bufa llena de disparates, prisas, urgencias y quiebros inesperados. Así, quien debe dirigir lo público en un momento tan difícil podría muy bien ser el último de la clase.

Este es el fin y el saldo del procés: un balance lastimoso aderezado por alguna ocurrencia chabacana y previsible del hombrecito de Waterloo, perdido en su delirio con un pequeño coro (cada día más reducido) que le susurra al oído sus propias fantasías.

A algunos, como yo, la salida del procés nos parece el despertar de una mala siesta con pesadilla incluída que, de algún modo, se parece a las impresiones extrañas que nos dejaron los confinamientos: ¿realmente hemos vivido eso? La respuesta, sin embargo, es afirmativa: aquí están sus consecuencias. Y el difícil camino de la vuelta a la concordia, el diálogo y la razón.

Pero incluso para nosotros, quienes vivimos con cierta esperanza el fin del malestar, la vuelta a la normalidad nos resulta dificultosa. Para mi, creo que ya nunca más Cataluña será lo que fue antes de la acción de los irresponsables. Siempre viviremos con temor y desconfianza, y con ese insoslayable sentimiento de sospecha hacia lo que queda de unos líderes diezmados pero imprevisibles, y hacia una mitad de la ciudadanía dispuesta a fastidiar la vida de los demás.

24 de jul. 2022

LA CUP Y LA ADOLESCENCIA CRONIFICADA

Hace un tiempo, hablando con un profesor de filosofía, me hizo notar los rasgos adolescentes de muchos militantes de la CUP: estamos hablando de formas de hablar y de pensar, pero también de vestir y de conducta social. Este profesor les diagnosticó de "adolescentes cronificados": personas que, más allá de los 40, se mantienen, empecinados, en las actitudes de un adolescente.

A mi siempre me ha parecido más sano el adolescente rebelde, contra todo, anti-todo, el anarquista visceral. Creo que el adolescente rebelde está desarrollando su espíritu crítico y está ejecutando la función social que le corresponde. Y es el tiempo, y sobre todo la interacción con los adultos quien le irá puliendo, poco a poco, hasta hacerle una persona capaz de entenderse con las demás y capaz de razonar respetando las demás opciones. El mundo es muy mejorable, sin duda alguna, pero la mejora debe hacerse de acuerdo con el mayor número de conciudadanos y buscando el bien de la mayoría. O eso creo yo.

Puede que el sistema esté malito y necesite un meneo. Pero cuando pienso en el sistema también pienso en los ambulatorios, en la escuela pública, en los transportes públicos, en las becas, en las leyes del aborto, del matrimonio igualitario, de la eutanasia, en los servicios sociales.

Con esas ideas todavía reverberando en mi cabeza, me senté una tarde a tomar algo fresco en una terraza del centro. Al cabo de unos minutos apareció un enorme coche negro, reluciente y carísimo, y aparcó encima de la acera, con esa rotundidad indiscutible de los grandes coches caros. De él se bajaron una pareja de cuarentones ataviados con ropas negras estampadas de símbolos anarcoides. Él, ya bastante fondón y con alopecia, lucía una melenita hasta encima de los hombros, y en los brazos una pléyade de tatuajes que no me entretuve en descifrar. Anillo en la oreja. Se sentaron dos mesas más allá, hablando con voz fuerte y con expresiones contundentes, deseosos de ser escuchados por el resto de personas que estábamos en la misma terraza. Con una actitud displicente trasvestida de pedagógica, corrigieron al camarero chino hasta que ese repitió sus palabras en catalán.

(Aún sin saber mucho sobre el precio de esos cochazos, calculo que debería trabajar dos jornadas diarias durante dos vidas para poder comprarme este coche).

Tras dar un primer trago a sus bebidas (vino tinto del Penedès con limonada), el hombre de la melenilla sacó sus aparejos y se lió un porro. El olor de la marihuana fluyó por la terraza, navegando en espiral por el aire caliente y pegajoso de la tarde. Intenté abstraerme en mis cosas, pero me llegaban retazos de sus palabras. Decidí marcharme al cabo de poco rato, aunque no pude evitar lanzarles una mirada casi de soslayo en la que yo, ingenuamente, pretendía contarles mi opinión sobre sus modales: yo, infeliz de mi, soy de los que jamás me atrevo a aparcar encima de la acera mi pequeño coche barato de segunda mano.

La mirada que me devolvieron era explícita: hacemos lo que nos da la gana y nos reímos del sistema.

No se debe ser muy avispado para leer la ideología de esas personas. Forman parte de esa "izquierda radical" que en Cataluña se presenta bajo las siglas de la CUP y que, aunque con poca representación parlamentaria, se las han apañado (y muy bien) para imponer una cultura política y social, amalgama burdo de las reivindicaciones de muchas minorías cuya pretensión no es es ser respetadas (el respeto a las minorías es el verdadero signo de la democracia) si no por imponer sus cánones, cosa que ya no tiene nada de democrática. Pronto habrá que ser forzosamente animalista, vegano, LGTBIQ+ y etc, y quien no lo sea correrá el riesgo muy serio de ser acusado de protofascista, de totalitario o, simplemente, de ciudadano de segundo orden cuyas ideas no deben ser tenidas en consideración. Así, quienes sin ser animalistas ni veganos ni LGTBIQ+ defendimos sus derechos, nos veremos en la cuneta.

Y eso será así hasta que el péndulo oscile hacia el otro lado y la derecha extrema, con la extrema derecha del bracito, se hagan de nuevo con el poder en esta España eternamente partida. Entonces, cuando esto suceda, el hombre del coche negro y caro aparcado en la acera seguirá con su coche y sus porros y su casa con piscina. Y los del coche barato y de segunda mano pagaremos las consecuencias, tal como hemos venido haciendo durante las últimas generaciones. No se olviden: solo los ricos pueden permitirse ser antisistema. Para los demás, el sistema es nuestra protección ante los fuertes. El sistema es lo que, tras décadas de trabajo de la socialdemocracia europea, ha hecho de Europa el único lugar del mundo en el que se puede ser de clase media.

Cuando esto suceda (y quizás no falta mucho para el suceso), los socialdemócratas reflexionarán sobre sus alianzas (quizás solo tácticas y oportunistas, quizás incluso indispensable para sobrevivir en el corto plazo) con esa "izquierda radical" de los coches negros y caros, el porro y la supremacía intelectual.

22 de jul. 2022

LA CANDIDATA SOCIALISTA Y LOS YATES

Una señora, concejal del partido socialista (de una agrupación local del mismo y cuyo nombre no voy a mencionar) publicó una foto en su perfil de Facebook posando ante unos yates de lujo. Y uno, que sigue siendo socialdemócrata y votante de este partido malgré tout, le comentó en un mensaje público que quizás no era lo más adecuado sacarse una foto con ese fondo de ostentación grosera en tiempos de penurias.
Las respuestas no tardaron en llegar, y lo hicieron en tropel: ¡libertad de expresión!, me gritaron, "yo solo estaba paseando por allí", dijo ella misma; eres un gilipollas -dijo una voz, y otra aportó que tanta es la belleza de la señora que puede retratarse donde quiera. (Me pregunto con inquietud qué cosa sucedería si yo hubiese nombrado el físico de la candidata).
A estas alturas de mi vida, uno ya sabe (o debería saber) lo que son las "redes sociales", lo que se puede esperar de ellas y cual es su aportación al pensamiento o al debate racional. Nada que decir. Lo que me sorprende es que mi comentario solo cuestionaba si el fondo de yates de lujo era oportuno en una señora candidata a las próximas elecciones municipales por el partido socialista, ya que en esta ciudad de provincias no hay puertos ni yates y, además, el medio es el mensaje: no creo que tenga muchos votantes con un yate de esa envergadura amarrado en ningún puerto del mundo.
Uno puede sacarse la foto del perfil en donde más le guste, pero no debe olvidarse de que la elección del fondo cuenta algo: no cuenta lo mismo un bosque que una calle vulgar, un muro anónimo y desconchado que un cielo azul o que uno atormentado por nubes oscuras. La respuesta "estaba ahí y no hay nada más que decir" es muy débil y elude cualquier razonamiento en nombre de un azar incontrolable, tal como el héroe clásico se defiende aludiendo al destino que los dioses le tenían deparado.
Otro defensor de la libertad de la señora candidata me espetó: ¿qué le habrías dicho si se saca la foto ante una catedral gótica? Pues bien: no es lo mismo una catedral gótica que tres yates de multimillonarios, y no creo que sea necesario contar la diferencia.
A mi, como a muchos a quienes también les duele España, nos duele que las cosas anden por estos derroteros tan tristes y tan crispados, en donde se alude a la gilipollez de quien critica en vez de presentar algún argumento opuesto -que quizás lo hay, no lo puedo negar.
A los votantes socialistas no nos lo ponen nada fácil, de modo que nuestra insistencia pronto tendrá algo de empecinamiento quijotesco y nos planteará muchas dudas: ¿defenderán los derechos civiles como yo espero quienes no observan ninguna objeción a sacarse una foto ante tres yates de lujo? ¿Acaso no se da cuenta la señora candidata de lo que cuenta de si misma y de sus ideas con ese fondo pretendidamente accidental e involuntario?
Bueno, se lo contaré de otro modo: quizás no hace falta que los socialistas se saquen fotos ante la puerta de la fábrica (quizás ya no hay fábricas), pero la moraleja que saco va por otros caminos: creo que la naturaleza es muy sabia y retira del censo a las generaciones antiguas como la mía, una generación cargada de puñetas y quisquillosa, incapaz de aceptar a una socialista retratada ante tres yates de 20 millones de euros con el argumento de que "yo solo pasaba por allí, no es mi culpa".
A día de hoy, esa foto con los yates sigue siendo la del perfil de la señora candidata. Algo me dice que, en cuanto las elecciones municipales estén más cerca, esa imagen desaparecerá y si te he visto no me acuerdo. Por cosas como esta, que son casi banales y anecdóticas, a uno le vienen ganas de levantar la mirada al cielo y rogar: "Señor, llévame pronto". Ateos y agnósticos, socialistas y progresistas en general: lo tenemos mal.

21 de jul. 2022

PATRIA, CALOR Y SOLEDAD

Lo he contado otras veces: justo debajo de mi piso se instaló, hace unos pocos años, la sede local de la Asamblea Nacional Catalana. Es un antiguo garaje, construido con baldosas de varios tipos y colores, ensambladas sin ton ni son, arquitectura de aprovechamiento y saldo. En este barrio abundan las casitas de los años 60 y 70, de cuando algunos levantaron, con sus propias manos y la ayuda de un albañil amigo, una casita de dos plantas más bien modesta.

Tras muchos años cerrado, el dueño le alquiló su garaje a la ANC y des de entonces se reúnen, un par de veces al mes, hombres y mujeres de edad notoria y se sientan, durante largas tardes, a debatir. Hay largos periodos de tiempo en los que no se ve un alma. Ahora, sin embargo, ha habido algunos días de movimiento.

Entre los habituales hay un anciano ciego. Es un hombrecito cuya edad ya resulta metafísica, espiritualizado, leve como una hoja que el viento podría levantar. A veces le contemplo como sale del local y camina calle abajo, normalmente ayudado por alguna señora independentista. Pero en cuanto llegan a la esquina, ella le suelta y el hombre, entonces, avanza muy despacito, golpeando con el bastón, incapaz de descifrar algunos de los obstáculos que encuentra: ahora mismo, el andamio ante una fachada le proporciona un laberinto imposible en donde él, tan liviano, ejerce de Ariadna senecta y el sol de julio, de Minotauro. 

La contemplación del hombrecito ciego me emociona. Solo, calle abajo, con esos ojitos protegidos por un velo gris perla. Me olvido por un minuto del dolor que han provocado los independentistas y sus ansias antiliberales y antidemocráticas, de la crueldad de su acción fracturadora de la sociedad, de su egoísmo sin límites. Ese hombre no solo es incapaz de infligir ningún daño a nadie: también es una estampita de la fragilidad humana. Sabemos el final de la historia pero ignoramos el argumento de la obra, esa es la moraleja. ¡Quién le iba a decir que terminaría ciego, solo y trastabilleando por la calle! Y por lo tanto: ¿acaso yo mismo se algo de los capítulos que me quedan antes del final conocido?

Luego me pregunto: ¿qué le habrá empujado a unirse al grupo de nacionalistas? La soledad es la primera respuesta que obtengo. Aunque luego puedo crear otras hipótesis: ese hombre nació poco antes de la guerra y, muy probablemente, vivió los mejores años de su vida bajo un régimen de oscuridad y miedo, en una España tristísima y gris. Los mecanismos de la psique son retorcidos: quizás le gustaría participar en algún tipo de venganza, y someter a los demás a otro episodio totalitario. Pero quizás simplemente necesita escuchar voces, sentir el arrullo de la reunión, el bálsamo de la presencia humana, el calor del grupo. Hay un cuento de tristeza infinita en ese hombrecito sutilizado que dedicará los últimos esfuerzos de un cuerpo ya exhausto en favor de una patria ilusoria, proyección mental de vete a saber qué ausencias, dolores y sueños rotos.

Hace un par de días, viéndole azorado ante el choque su bastón contra el andamio, apoyé mi mano en su hombro y le pregunté si necesitaba ayuda.

-¡No! -respondió con su vocecita aflautada y sin aire -Yo solo.

Y entonces me di cuenta de la brutalidad acerada de su soledad, y percibí un destello peligroso en su mirada que no mira. Y, sin embargo, sentí todavía más pena. Por él, por mi, y por toda la humanidad. Y recordé la frase de Tolstoi demasiado citada, manoseada ya: siento amor por la humanidad, pero soy incapaz de amar a un hombre en concreto.