21 de maig 2022

EL REY SIN MÉRITO

Agrio se le ha puesto el semblante a Felipe tras conocer lo de Juan Carlos en Galicia para participar en una carrera de barcos, eso que una clase social llama "regata". Por lo visto, el viejo que tuvo, retuvo. Y no encontró nada mejor para su regreso -quizás fugaz- que navegar en velero y demostrar así sus ganas de enmienda, su sensibilidad social y su nivel ético. Vuelvo un rato, pero solo para participar en un deporte de ricos.

Agrio tiene que estar el estómago de Felipe, a quien su padre le estropea su lento trabajo de intentar lavarle la cara a la Casa Real. ¡Qué pena no tener disponible a Shakespeare por aquí! Nadie en este país ha trabajado con más eficacia para el regreso de la república que Juan Carlos con su propio regreso.

Es común, entre quienes todavía le defienden, referir el viejo servicio a la patria (el único conocido) con la Transición y su papel en el 23-F. Recuerdo el personaje de Siddhartha en la novela de Hesse, quien empieza diciendo algo así: "Ahora veis a un hombre sabio y bueno, pero antes fui una mala persona". En el caso de Juan Carlos, podría empezar del revés: "ahora veis a un viejo malvado, pero tiempo atrás le hice un servicio a la patria".

Atribuirle el mérito de la Transición a Juan Carlos es una maniobra lamentable y malintencionada: Juan Carlos estuvo allí y obró con acierto, claro, pero porque estaba rodeado de personas brillantes y valientes que fueron capaces de llevar a España hacia el inicio de una democracia, camino en el que todavía estamos. Sin embargo, no hay ningún otro mérito en el hombre que ahora viene a subirse a un velero de competición. Juan Carlos es, a día de hoy, el espantajo de una España caducada, el reservorio de lo rancio y el símbolo de todo lo malo que contiene una monarquía. Es, además, un aguijón venenoso clavado en el cuerpo de la monarquía.

Cuando veo a ese viejo con su desfachatez marinera comprendo los valores republicanos mejor que nunca, quizás ese sea su mérito más destacable. Y pienso en el librito de Étienne de la Boétie, el magnífico "Discurso sobre la servidumbre voluntaria" cuando veo a quienes acuden a aplaudirle. Me resulta fascinante: hay una demostración consciente y voluntariamente pública de estupidez en acudir a aplaudir al monarca corrompido amigo de los indeseables: dime con quien andas...

Y de nuevo siento una inesperada empatía por Felipe, luchando contra lo inevitable y viendo al propio padre al servicio de lo inevitable con el solo propósito de divertirse un rato. Ahí está lo shakesperiano de la situación. Puede que Juan Carlos, que odia a su hijo porque no le ama como él cree que debería, se haya propuesto demostrarle que la falta de amor será vengada con una república.

En Francia llevaron a la guillotina a los sátrapas desalmados. En España, por lo visto más sutil y civilizada, la monarquía se hundirá sola en su propia podredumbre moral y en sus líos. Poco podía imaginarse Azaña, cuando lanzó su "¡Hasta la tercera!" que la tercera llegaría de la mano de un tal Juan Carlos.


19 de maig 2022

Un Ayuntamiento progresista, ecologista y feminista

El Ayuntamiento progresista, ecologista y feminista decidió hacer unas reformas en algunas calles, con la noble intención de "pacificar el tráfico" alrededor de algunos centros educativos. Planearon ajardinar zonas limítrofes con escuelas e institutos, peatonalizar las calles de acceso a los centros y mejorar el paisaje urbano. Todo eso es loable, por supuesto. Nadie se lo discute. Es una buena iniciativa.

El Ayuntamiento progresista, ecologista y feminista encargó el proyecto a una empresa (desconozco si pública o privada), que les presentó un plan de cuatro fases de desarrollo. Por los motivos que sean, el Ayuntamiento decidió empezar por la fase 3, la consistente en peatonalizar la calle del acceso al instituto. Tuvieron el detalle de presentarse en el centro (vía telemática) para contar los pasos de forma pormenorizada y con muchos detalles. La responsable política del proyecto contó una parte del plan, y en algún instante de su alocución se refirió a unos árboles (olmos) que están adyacentes a la verja del centro y que deben tener, según los entendidos, unos 30 años. Son altos y dan buena sombra, y forman parte del paisaje de un barrio triste, polvoriento y desvencijado.

Durante su intervención, me fijé en que la responsable política del proyecto usaba unos eufemismos técnicos tan raros como llamativos para nombrar la acción que se iba a acometer con dichos olmos. De modo que, al fin de su presentación, le pedí si podía precisar el destino de los olmos. Entonces admitió que los árboles serían cortados y arrancados de cuajo. Le pregunté si eso podría ser evitable, y me respondió que no, ya que:

-Esos árboles son viejos y no tienen valor.

Me quedé estupefacto. Y más cuando la señora política añadió algo así como que el coste de trasplantar los árboles era alto e injustificable. 

Me marché triste. No pude dejar de preguntarme por los criterios que llevan a cortar y tirar a la basura a un árbol por el hecho de "ser viejo y no tener valor".

Y luego me pregunté: si los árboles viejos y sin valor deben ser arrancados y tirados al vertedero, quizás a mi abuela le espera el mismo destino. Y luego también pensé: si el ayuntamiento progresista, ecologista y feminista trata así a los árboles, será quizás porqué "árbol" es palabra masculina y merece menos atención. Pero claro, me queda la duda. Si un ayuntamiento ecologista y feminista trata así a los árboles ¿tratará igualmente a las mujeres, en función de su valor de mercado o de su edad?



15 de maig 2022

Anacleto en el Pati dels Tarongers

Un juez se ha interesado por las visitas de un Anacleto ruso en el Palacete de la Generalitat, en el año de autos (2017, por supuesto). A raíz de las encuestas del juez, la prensa ha difundido algunos detalles de ese agente secreto, de nombre Sergei, invitado por nuestro Mortadelo local, un señor que se hace llamar Víctor Tarradellas, a quien un tal Sardà, amigo común le presentó. De Sardà se sabe poco. Se sabe que es un empresario que importa y exporta con Rudia, pero se desconocen sus empresas. Todo claro y transparente, tal como exige un guión de espías y triquiñuelas.

Cuenta este último (Tarradellas) que recibió una oferta del ruso consistente en mandar tropas y mucho dinerito contante y sonante (no en rublos, si no en dólares) para sufragar los primeros gastos de la república. También cuenta que al ruso se le subió la mosca a la oreja cuando se percató de que las autoridades catalanas no habían previsto absolutamente nada tras la declaración de la independencia y de que todo parecía ser, en efecto una chapuza. Parece que todo el mundo sabía de la chapuza enorme Todo el mundo menos los pobres ilusos independentistas que la creyeron. Tras lo cual, el Anacleto ruso se esfumó y nunca más se supo. 

A uno, que es muy visual, le da por imaginarse las escenas vividas en el Palau y termino soltando lágrimas. Y aunque ya sabemos que los espías de hoy no son como el hombre que surgió del frío, no llevan gabardina y no reciben llamadas en cabinas de teléfono bajo la lluvia en un puerto cochambroso, no lo puedo evitar. 

Es imaginable: Puigdemont agazapado tras una cortina observa la entrada del ruso por el Patio de los Naranjos pero no ve nada. Solo le parece intuir una sombra que se desliza bajo los arcos. Luego se encuentra una nota en papel amarillo, aparecida misteriosamente encima de su mesa presidencial. Alguien que firma con una "S" le cita en los lavabos del segundo piso. Allí, por fin, en el segundo retrete, se entrevista con el enviado de Putin. El ruso le pregunta:

-¿Con cuantas tropas cuenta usted para blindar fronteras y repeler al ejército español?

-Buenu, mire usted, tengo algunos mozos de escuadra libres de servicio.

Ante la ceja levantada del ruso, el presidente regional añade:

-Y tengo al pueblo catalán, dispuesto a todo. Y a un superviviente de Terra Lliure muy agresivo.

El aspecto improvisado y rural de todo lo que sucedió durante aquel año entre las bambalinas, con políticos jugando a héroes salvapatrias, conspiradores de pacotilla y bravuconadas varias nos permite intuir la calidad de la república prometida. Uno llega a la conclusión de que los políticos catalanes se olvidaron de sus funciones (gestionar lo público lo mejor posible y para el bien común) y dedicaron sus horas a jueguecitos patrióticos entre sombras, gintonics y declaraciones solemnes. Pero todo ello con un aire cutre. Solo así se comprende la visita del misterioso Sergei, recibido por las autoridades con la solemnidad debida al legítimo representante de la Gran Rusia.

A día de hoy, y con las andanzas de Putin en Ucrania, lo de Sergei adquiere un tinte macabro por detrás de lo cómico, que es insoslayable. Jamás sabremos nada de Sergei, ni de sus intenciones ni identidad, solo podemos afirmar que la Generalitat del 2017 fue un auténtico teatrillo de despropósitos y bodrios, cuyos detalles se van conociendo poco a poco, para pavor de la sufrida ciudadanía que corrió con los gastos.

Me sabe mal no haber aprovechado la ocasión para presentarme en el Palau como emisario de Corea del Norte, ofreciendo misiles Hwasong a buen precio. Previamente, me hubiese maquillado la cara de color amarillo, para aparentar un indudable coreano y teniendo en cuenta la predilección del gobierno local por ese color.

12 de maig 2022

POESÍA EN EL BALCÓN

Hasta hace un par de años, mi vecino más perseverante renovaba cada tres meses su bandera estrellada. Impasible el ademán. De satén, reluciente y cara al sol. Instaló un mástil de dos metros en su barandilla, atado y bien atado con sogas y cinta americana de plata. Ahora su bandera languidece y ya no se renueva. Poco a poco irá palideciendo su fuego: el amarillo será blanco marfil y el rojo, rosa sucio. Hay algo antropológico en el relicario del independentismo.

Sin embargo, aparecen a veces unas pequeñas pancartas con versículos. El que me gusta más es "Vam votar, Vam guanyar" (Votamos, Ganamos). Es escueto y lacónico, como la buena poesía. Y está bien que los vecinos compartamos su buen gusto por la literatura. Creo que el autor de ese poema sintético se llama "Som República", puesto que esas palabras aparecen al pie del texto. Digo yo que será el pseudónimo de una pluma de las letras universales que desconozco, ignorante de mi: nunca he sido mucho de poesías.

Lamento, eso sí, el aspecto ruinoso y ajado de ese balcón, el más majestuoso de la calle, el del vecino con la mejor finca. El descuido en esos colgajos harapientos afea mucho la mejor fachada de Amadeo de Savoya, que es nombre de la vía. Una pena. La colección de harapos le haría suponer a más de un transeúnte que allí vive un buhonero, quizás un pobre hombre muy aquejado del síndrome de Diógenes, como la vieja de los gatos de los Simpson.

El sol de ese verano que se avecina infligirá grandes daños a su colección de reliquias de unos tiempos en los que el vecino más afortunado de la calle soñaba con implementar una república maravillosa. Cuando llegue septiembre, incluso su bella poesía será un borrón ilegible estampado en un viejo pañuelo acartonado, incapaz de absorber más lágrimas por el país de las delicias que pudo haber sido y no fue.

Ese pedazo de tela vetusta, despojada de la poesía que lo adornaba, parecerá un estandarte caído de uno de los primeros círculos del infierno: el de los poetas nacionalistas.


10 de maig 2022

LÁGRIMAS POR LA PATRIA

"Post festum pestum", decían los antiguos latinos. Una expresión que se puede traducir por "después del jolgorio viene el crujir de dientes". Eso es lo que parece que sucede en el extraño aparato de colocación de cargos y carguitos llamado "Junts per Catalunya". 

La semana pasada vimos lágrimas de despedida en la señora Elsa Artadi, la upperdiagonal más exquisita de la política nacionalista de por acá. Esas lágrimas en las despedidas, tan frecuentes y cómicas en los deportistas, le enternecen el corazón a cualquiera. Los deportistas que se retiran suelen llorar cuando hay cámaras que les inmortalicen en el llanto: les habíamos visto siempre en actitudes viriles, agresivas y guerreras hasta que, llegado el momento del retiro, nos regalan su rostro humanizado por el brillo de la lágrima. La lágrima plateada en la mejilla del guerrero del deporte debe de impresionar más que en el rostro ajado del minero que se jubila.

Es raro que el señor Puigdemont anuncie que se retira de la carrera por presidir su extraño partido y es más raro todavía que la señora Artadi anuncie, entre sollozos, que ya no puede más en la política. Más de uno habrá pensado: ¿esas retiradas tendrán algo que ver con las escuchas telefónicas del CNI? Aunque eso del CNI suene un poco a Mortadelo y Filemón, agencia de información, lo cierto es que cabe hacerse la pregunta. Además de sus triquiñuelas independentistas ¿qué más debieron escuchar los agentes que escuchaban?

Lo que sí sabemos es que Junts x Catalunya es un nido de víboras. Y no ha terminado aquí, ya que el extraño pacto entre figuras del neoliberalismo de tercera fila como Turull (el extraño gemelo de Rull) y Borràs tiene muy mal aspecto y se vislumbra la tormenta. Y la tormenta estallará de lleno en cuanto haya elecciones y Junts x Cat descubra que sigue su caída: el partido que el sátrapa de General Mitre llevó al estrellato se hunde entre sopapos internos. Por no hablar de la más que probable condena a la señora Borràs, no por independentista si no por mangante -que quede bien claro.

Tras la más que probable inhabilitación de Borràs vendrás los bofetones, el crujir de dientes y las dentelladas. Y más lágrimas.

Lágrimas por la patria. Por supuesto.

4 de maig 2022

FATIMA NO ESTÁ

Sucedió tal como suceden los fenómenos naturales. Me encontré con Fátima, que andaba con un brillo de soledad y rabia en los ojos, cuando menos me lo esperaba. Nuestra relación siempre fue accidental y tensa. Por eso intuí que me hallaba ante un fenómeno extraordinario cuando me dijo: tengo que hablar contigo.

Y luego:

-Hace dos semanas cumplí los 18. Ayer me marché de casa. Hoy dormiré en casa de una amiga, luego ya veremos, igual en una casa de acogida del ayuntamiento.

Toda la sangre de la juventud está en esas palabras que suelta con seguridad, incluso con aplomo. Ha aprendido a no llorar. Quizás volverá a llorar más adelante, cuando pueda. Está toda la energía de las personas supervivientes en sus manos, que se mueven con nervio pero sin prisas. Jamás había visto a Fátima tan segura de si misma y de sus decisiones. El incendio está controlado, pero todavía llamea.

-Estoy harta, no puedo más. Mis padres se piensan que vivimos en Marruecos. Me dicen: fumar de es putas, salir con amigos es de putas. Mi madre me dice que no quiere una hija sucia y me escupe a la cara. Me dice: aquí no queremos españolas y tu pareces una española. Ahora hace un tiempo que no me pegan, pero antes me pegaban por nada, por cosas muy pequeñas. Ellos nacieron en Marruecos, pero yo he nacido aquí y soy de aquí.

Hay ocasiones en las que, como se pueden suponer, uno siente ganas de aplaudir al terminar de escuchar un relato. Pero la verdad es que yo me quedo unos segundos sin habla y no hay aplausos. Me doy cuenta de que necesito respirar, pensar, hacer conscientes la emociones. Podría hacerla recapacitar quizás, lo dudo, o podría recordarle que la vida será muy difícil a partir de ahora. Pero me callo: ¿qué derecho tengo a proyectarle mis miedos? ¿Acaso yo no hubiese hecho lo mismo?

Ella permanece callada por un momento. Breve. Miro su rostro, mucho más sereno que en ocasiones anteriores, cuando me desafiaba tras haberla liado en clase y haberse ganado una colección de partes por mal comportamiento. Fátima ha vivido en el infierno y, en realidad, celebro su insumisión, me alegra su rebeldía, su desfachatez, esa valentía casi inconsciente que solo existe a esa edad mítica. No recuerdo las ideas que se pasan por mi cerebro en ese instante. Hago cálculos, pienso en los servicios sociales, en los recursos públicos, en sus tiempos y su burocracia... Pero en mi corazón se levanta una alegría que estaba dormida. Fátima es el futuro de este país, y me alegro por el futuro y por el país.

No se crean ustedes nada cuando les cuenten que tenemos una juventud débil, enganchada a las pantallitas, ausente, despreocupada e irresponsable. No es cierto. No se crean ustedes nada cuando les vengan con las monsergas sobre la inmigración, sus índices y sus porcentajes y sus prejuicios, y mucho menos el rollo sobre el islamismo: las primeras en abandonar el Islam son ellas, hartas de una religión que solo les procura represión, velos, dolor y silencio. La boca de Fátima no fue concebida para estarse callada ante los designios de un profeta exhausto que vocifera en el desierto.

El mundo no cesa y se sigue edificando cada día, incluso en los barrios más desastrosos, en las casas más humildes, en los rincones más ocultos. Quizás es exactamente así: el mundo crece justamente ahí, y no en los palacetes ni en los chalés con piscina ni en los pisos de diseño. Como siempre.


3 de maig 2022

EL POLITÓLOGO


Uno a veces entra en el duermevela ante la pantalla. Debe ser cosa de la edad. Antes esa pantalla me mantenía en vilo, ahora me aburre y me ayuda a entrar en el paraíso de las sombras: hay ocasiones en las que incluso me duermo con Iker Jiménez.

Un personaje frecuente en la pantalla soporífera es el politólogo, especie que tiene las variantes diurna y nocturna. El diurno parece más joven, y aparece con el alba, y de vez en cuanto sorbe el líquido de una taza invariablemente opaca que podría contener café o ginebra (dicen que en las entrevistas a Vladimir Nabokov y a Marguerite Duras, sorbían efectivamente ginebra de su taza). El tertuliano nocturno nos inclina a sospechar que practica la estrategia Nabokov-Duras, puesto que divaga más y ofrece perogrulladas igual o peores que su pariente diurno pero con una languidez mórbida superior y va vestido con menos elegancia.

Con la cosa del "procés", los medios públicos catalanes se saciaron de tertulianos expertísimos en el asunto. Apareció uno que me parece bastante sorprendente, un tal Ramon Cotarelo, de currículum incierto y anécdotas algo vergonzosas, y de talante furibundo. Amén de vestuario y peinado muy dudosos. Creo que Cotarelo calibró mal las cosas y pensó que, del mismo modo que uno transita de político sin cargo a tertuliano, se podía transitar de tertuliano a político con cargo: el error de cálculo es evidente y por eso anda ahora el señor tan enfurruñado en tu twiter.

Los tertulianos tienen algo de pitonisa y de alcahueta, aunque con título de alguna universidad colgado con dos chinchetas. Pronostican, vaticinan, señalan los errores que cometen los demás y sobre todo, les juzgan. Es un pasatiempo tan divertido como inane y encima te pagan. Hay uno que dice ser filósofo, con un verbo antisistema de derechas duras que haría las delicias de Fernando Pessoa.

A mi me gustaría ser politólogo, que es una categoría algo más elevada que simple tertuliano de esos que tanto opinan sobre un crimen horrendo como sobre corrupción política, las subidas del Nilo, el incendio de Lisboa o la colonización de Marte.

Tanto es así que tengo preparada mi primera intervención en la TV pública (aunque no le haría ascos a la privada).

Diré que veo una simetría indiscutible entre Vox y Podemos: el uno es el reverso del otro y ambos un populismo simplón (por no hablar del estupendo papel de comadrona que le hizo el independentismo al parto de Vox). Los segundos intentan presentarse como universitarios, académicos e intelectuales y los primeros tabernarios, pueblerinos y cazurros. La complementariedad es asombrosa, les digo. Aunque hay algo que se debe destacar de Podemos: fueron algo torpes al sembrar, ya que es Vox quien ha pasado a cosechar: el discurso antisistema de Podemos dio su fruto más tarde, y se lo llevaron los de Santi -tal como le llama, con cariño y proximidad, Bertín Osborne. En realidad, la única aportación de Santi a la política es ese homoerotismo tan frecuentado por el fascismo desde sus principios italianos.

Bueno, yo creo que con esta carta de presentación a politólogo, las televisiones me llaman enseguida. Pueden encontrar mi dirección de correo con facilidad. Nos vemos pronto en las pantallas, mejor de noche.

1 de maig 2022

SUSTOS Y TERROR EN CATALUÑA

Me permitirán una confesión: siempre me ha gustado el cine de terror y le he dedicado horas incontables. La mayoría de las veces me he llevado decepciones por el poco miedo sufrido, por la debilidad de sus argumentos o por la torpeza de sus actores y actrices. Quizás busco algo que me asuste más que la vida y no lo encuentro.

Hace muchos años, cuando yo todavía no tenía 30, un amigo que me dijo: la mejor película de terror que he visto es "El ladrón de bicicletas". He tardado años en comprender cuánta razón llevaba aquel amigo, unos veinte años mayor que yo.

Unas semanas atrás vinieron a avisarme: hay una alumna que se ha tomado 15 comprimidos de Rivotril. Llamé a la ambulancia y mientras la esperaba me senté al lado de la chica, en las inhóspitas escaleras de mármol falso y bajo la luz de un fluorescente que amarillea. Intenté mantenerla despierta con preguntas y ella me contó escenas inconexas y, con frases maltrechas, me contó algo sobre el horror de su vida. Tiene 17 años y ha vivido mucho más terror que el de la película más angustiosa que ustedes hayan visto, ya sea cualquier entrega de Viernes 13, de Alien o de Insidious.

Al rato vi el reflejo de las luces de la ambulancia tras los cristales y salimos a su encuentro. Vinieron el chófer y la técnica sanitaria, una chica con velo que habló con la alumna y en poco segundos conectó con ella: la chica con el velo mostró una empatía envidiable y una profesionalidad apabullante. Unos minutos más tarde nos íbamos hacia el hospital. Vi como las luces del vehículo iluminaban las fachadas, y eso era algo como del cine, para mi, ya que siempre había visto las luces de las ambulancias des del punto de vista opuesto.

Para simplificar, digamos que el suceso terminó bien. O por lo menos sin consecuencias graves. La chica pudo regresar a su casa (aunque nadie de su familia vino a buscarle) y a la semana siguiente asistió a sus clases casi como si nada. A veces la veo y nos cruzamos por el pasillo. Nos saludamos con un ademán o con la mirada. Le he pedido a su tutora que me informe de cualquier novedad y ella siempre me cuenta que todo va bien.

Durante el viaje en la ambulancia le pregunté si era la primera vez que intentaba matarse y ella me miró con un sonrisa torcida: ya van muchas veces, respondió. A esa chica no le gustan las películas de terror, me digo: le gustan las de amor y las de baile y esas cosas, las de superhéroes y aventuras románticas.

Esta chica, por cierto, es una de las alumnas que solo hablan en castellano, aunque habla un inglés sorprendente y fluido y, cuando se lo exigen, un catalán tan lucido como el de un diputado de ERC. O mejor. Y escribe sin faltas de ortografía. Es posible que las autoridades la acusen, muy pronto, de cometer genocidio cultural y de ser una colonizadora despiadada.

 

29 d’abr. 2022

PROCESO DE LATINIZACIÓN INSUFICIENTE

Observo el paisaje des de su periferia. Solo así se comprende el paisaje de la lengua catalana, des de uno de esos tristes barrios de bloques amarillentos y desconchados.

Tras la sentencia del 25% de castellano en los centros educativos de Cataluña vinieron los quejíos, las alusiones a la represión, los quiebros y requiebros, las declaraciones solemnes de desobediencia... todo eso que es en lo único que parece competente el gobierno catalán. 

Luego, lentamente, se presentaron proyectos piloto, documentos sibilinos y otras propuestas, como el rescate de la idea del anterior Consejero y que proponía un tratamiento "asimétrico" de las lenguas que podríamos resumir con un ejemplo: más castellano en las escuelas de Vic, más catalán en las de Badalona.

Sin embargo, la presencia de la insidiosa "Plataforma per la Llengua" sigue dando tumbos por ahí, nadie sabe muy bien como, más o menos infiltrada en ciertos organismos. O eso sospecho yo, viendo el tono y el estilo de algunos panfletos, pretendidamente serios y supuestamente oficiales que circulan por ahí. El asunto es que ahora los independentistas han mutado en guerreros de la lengua con la agresividad propia de aquellos almogávares que pueblan sus tórridas fantasías nacionales.

Pero pasan los días y las semanas y todo se diluye en eso, en extrañas encuestas para descubrir no solo el uso del catalán en patios, aulas y claustros de docentes, si no para averiguar también el conocimiento del catecismo inmersor. Me han preguntado ¿sabes qué debes responder a la frase de un alumno que te espeta que el catalán no sirve para nada, o que es muy difícil, o que no le interesa?

Me pregunto qué vendrá tras las encuestas y los sondeos, las formaciones de "grupos impulsores del catalán". La realidad sigue tan tozuda como siempre, y en esos barrios que les mencionaba se escucha poco o nada el catalán. La recesión es evidente y sus causas son muchas. No solo la importancia de las redes sociales y de la lengua castellana como lengua de adopción cada vez más generalizada. 

Uno puede vaticinar que el catalán está en proceso de latinización acelerado: pronto será una lengua de políticos y burócratas hasta que, por fin, esos mismos pasen a hablar una variante mestiza que, con los años, será una nueva lengua, un dialecto del castellano. Aunque esa latinización del catalán tendrá una gran diferencia con el latín de los romanos: no hay Séneca ni Cicerón ni Marco Aurelio en nuestra cultura, ni hemos fundado nada relevante. La humildad es un valor y el realismo un don.

Aunque les voy a decir algo: cuando yo era pequeño escuchaba a los pesimistas, a los ultranacionalistas y a los expertos en sociolingüística (las tres categorías eran compartidas por las mismas personas) proclamando que al idioma catalán le quedaban diez o veinte años de vida. Eso pasaba hace 40 años. 

22 d’abr. 2022

A VECES VEO CATALUÑAS MUERTAS

Nadie es capaz de contar cuantas Españas hay. A algunos, cuando se ponen a hacer cuentas, les salen muchas naciones dentro de España y, a otros, solo una. A mi, la verdad, esa manía cuantitativa nacional me interesa muy poco.

Pero les voy a contar algo. Me he puesto a rastrear las distintas Cataluñas y me han salido un montón. La rica, la pobre. La interior, la de la costa. La metropolitana, la rural. La profunda, la superficial. La auténtica, la ñorda. La catalanohablante, la bilingüe, la castellanohablante. La muy poblada, la muy despoblada. La de Sant Cugat y Puigcerdà, la del resto. La que vota nacionalista, la que vota españolista. La auténtica, la botiflera. La rica, la pobre: vuelvo al principio.

Trabajo en un barrio paradigma de la Cataluña pobre. En este barrio no solo las personas son pobres: la escuela y el instituto se caen a pedazos y nadie ha invertido en ellos. El Centro Cívico, cuyas paredes eran blancas, hoy son verdes de ese verdecillo de las humedades que tienden al marrón y luego al negro. Lo mismo le sucede al centro de atención primaria.

Llevo ya unos años en este barrio y el otro día, de repente, caí en la cuenta de algo: ni tan solo durante los peores años del procesismo aparecieron pintadas nacionalistas en las paredes. Jamás ni una bandera estrellada, nunca. Un extraño territorio vacunado, olvidado por el virus, invisible al tormento.

¿Jamás ni una sola pintada? Les he mentido: a finales de marzo aparecieron unas inscripciones en pintura verde en la entrada del Instituto: "L'escola pública, en català". Lo firman "Arran" y el "Sindicat d'estudiants dels Països Catalans" (SEPC). El mensaje, por cierto, tiene su enjundia: exigen la pública en catalán pero se soslaya explícitamente a la escuela privada. ¡Vaya! 

Por fin se acordaron del barrio y vinieron a estampar sus consignas, que nadie se ha molestado en tachar, no por respeto si no por desprecio absoluto. Ni caso. Es relevante que se hayan acordado de los barrios más pobres para reivindicar la lengua catalana y, sin embargo, sus pintadas no se hayan fijado en nada más: ni la pobreza, ni las penurias, ni el mal estado de las instalaciones públicas. Nada de eso han visto y, por consiguiente, nada tienen que objetar.

Hay una Cataluña casi muerta en nuestro mapa. A esta parte del mapa catalán no vienen nunca los nacionalistas, y hacen bien en no venir: tenemos muchas cosas que contarles. Pero tampoco vienen los otros. Quizás estamos muertos.

21 d’abr. 2022

EL ESPÍA QUE SURGIÓ DE WHATSAPP

IDEAS PARA TERTULIANOS Y COLUMNISTAS

A nadie le sorprende mucho que el virus israelita y espía pudiese entrar siete u ocho veces en el teléfono del señor Torra cuando (hacía como que) presidía la Generalitat. Todos sabemos que no es un hombre muy largo. Aviso para hackers y estafadores en general: en Gerona hay una presa facilona (y perdón por el pareado).

Es muy probable que la señora Pilar Rahola esté rabiando por no constar en la lista de las personas espiadas por Pegasus: sin duda, esa omisión la lleva muy mal. Veremos a quien le echa las culpas. Es raro que la señora Rahola, tan amiga de la causa sionista, no haya sido objeto de su atención.

Ayer, una periodista entrevista al ex-diputado de ERC Joan Tardà para preguntarle por el asunto del espionaje y, a la mínima ocasión que se le presenta, el señor Tardà se arranca con insultos a los señoritos de Junts x Cat. Posiblemente, los espías que escuchaban las conversaciones de los políticos secesionistas llegarían a la conclusión de que, más que nada, eran un grupo de tipos que se insultaban entre sí.

Cualquier estado, por más europeo y democrático que sea, se defiende ante quienes pretenden socavar su integridad y saltarse su Constitución. Y cualquier estado lo hace con todos los medios disponibles, incluyendo al espionaje más o menos legal, más o menos ilegal: se trata de preservar un bien superior. Al fin y al cabo, a ninguno de los espiados les han atado a un somier ni les han punzado los pezones con electrodos para sonsacarles confesión alguna.

Creo que, para la mayoría de los espiados por el asunto secesionista, haber sido espiados por Pegasus será la única hazaña remarcable de sus vidas. Por fin tendrán algo que contar en sus memorias de tres páginas y media (siendo tres de ellas dedicadas al día de la Primera Comunión y a sus recuerdos como castellers, bastoners o monitores de esplai). Algo es algo.



20 d’abr. 2022

EL PROBLEMA ES EL FÚTBOL

Conozco pocas ocupaciones más aburridas que mirar una pantalla en la que 22 tipos en calzoncillos persiguen una pelota con el único propósito de darle puntapié. Dirías que es algo estúpido pero, por alguna razón desconocida, existen personas a quienes esa contemplación absurda les produce una enorme emoción y jolgorio en el alma. Y lo más grave no es eso: lo más grave es que a esa actividad se le destinen miles de horas en los medios audiovisuales, toneladas de papel en la prensa "deportiva", millones de presupuestos -no solo privados.

Que le presten atención y micrófonos a un entrenador zote, a un presidente de club con aspecto de rufián de barrio o de mafioso de un pueblo del Kazajstán, a un jugador zoquete (por más multimillonarios que sean) es algo que me tiene tan asombrado como molesto. Jamás comprenderé esas cosas, pero ahí están. En esa Cataluña tan severa y vigilante de las esencias, le perdonaron a un tal Messi (casi paradigma de la incapacidad verbal) que no dijese nunca ni una sola frase en catalán: a mi vecina de Jaén, 68 años 54 de los cuales en el tajo levantándose a las cinco de la mañana, le recriminan su idioma y la tratan de colona, cuando no de genocida cultural.  

Resulta más enigmático que alguien se sorprenda por el asunto de unas comisiones de muchos millones de euros, como estamos viendo esos días: ¿acaso alguien se sorprende del bajísimo nivel moral de esos individuos? ¡Vamos! 

Los valores del deporte, sueltan, a veces, sus defensores: es muy difícil descubrir algún valor remarcable en el mundo del deporte, que todavía esconde abusos de todo tipo y ya des de los lindos patios de las escuelas, presididos por la inevitable cancha de fútbol. Quien haya visto, por suerte o por desgracia, un partido de cuarta regional infantil sabrá de lo que hablo: el fervor tabernario trasladado al césped (generalmente artificial).

¿A santo de qué se rasgan las vestiduras quienes se escandalizan de las comisiones del tal Piqué y de un tal Rubiales? ¿Alguien pensó que eran ejemplares en algo? Y cuesta más comprender ese escándalo en un país cuyo anterior Jefe de Estado ha dedicado toda su vida a sacar enormes tajadas por sus comisiones: el Emérito ha sido un comisionista por encima de cualquier otra dedicación, incluso por encima de su amor a las mujeres rubias.

Rubiales, tipo de quien tenía el gusto de no saber de su existencia, es un hombrecito deplorable que se ha echado a llorar en una rueda de prensa: el llanto es algo muy común en los deportista televisados, y sorprende esa reivindicación de la llorera en hombretones que se han pasado décadas presentándose como muy machos per ¡ay! llega el instante en el que se quieren presentar tiernos y sensibles y muy dignos. 

El problema de ahora son las comisiones y los trapicheos con los sátrapas árabes, si. Pero el problema real es el fútbol.

A LES SENYORES I SENYORS DEL CONSELL DE LA REPÚBLICA

Senyores i senyors del Consell
per la República catalana,
M'adreço a vostès després de llegir
que vostès són el govern més legítim de Catalunya,
el més legítim de tots els governs
que es fan i es desfan a la nostra bella i vella terra,
i per això els escric en vers i en dolç llemosí.
He vist amb goig la seva bella estampa
sota el llimoner ardent
i els vull demanar ajut en els meus neguits:
no arribo a final de mes i necessito
una subvenció per al lloguer, i una beca
per a la filla que estudia un grau mitjà de perruqueria,
i ajuda psicològica per a la mateixa,
que arrossega grans problemes després del virus,
i també els demano, si és possible,
que li atorguin una plaça en un centre
sociosanitari a la meva mare,
que ha complert noranta-tres anys i no
ne'n puc tenir cura, perquè treballo onze hores al dia
comptant els caps de setmana fent la neteja d'un hotel d'Olot
i m'he de desplaçar a la feina
en el meu vehicle particular (la benzina està impossible!)
i, si no és demanar massa, els dic que m'urgeix
una roba d'abric perquè la primavera no arriba,
no arriba, i he hagut d'apagar la calefacció.
Sé que vostès, legitimíssims, seran sensibles
a les necessitats d'una catalana de tota la vida
i de la ceba, i resto,
humilment, a la seva disposició tot i que sé
que la pàtria no em fallarà mai
i vostès menys, si a Déu li plau.

17 d’abr. 2022

TRISTES NOTICIAS DE LA REPUBLIQUETA CATALANA



Tras un tiempo sin novedades que se puedan reseñar, de repente nos llega la foto de un supuesto gobierno catalán (¡y legítimo!) en Waterloo. Es una foto triste, en donde once personas sombrías se nos muestran hastiadas bajo un limonero más andaluz que catalán. Quienes posan a la sombra del limonero aparecen taciturnos, serios, deprimidos. Nadie esboza ni tan siquiera media sonrisa. La sombra de Schopenhauer se desliza sobre sus rostros ectoplasmáticos: vivir es un acto inútil y a la republiquilla más le valdría no haber nacido, nos murmuran esos rostros apesadumbrados.

Pero ahí están, erguidos cual estatuas de cera en un museo polvoriento. Tras unos segundos de esfuerzo, uno reconoce a unos pocos, a muy pocos. Algunos altos cargos, algún cargo mediano y muchos nadies. Hay un viejo cantautor, más bien mediocre, en un rincón oscuro. Viste ropajes más oscuros que la sombra que le envuelve, como en un cuadro barroco del barroco más español. Siempre hubo una gran dosis del barroco español en esa tragedia grotesca, a menudo ridícula, del independentismo catalán: si hay algo muy español en la España de los últimos años, eso es el independentismo catalán, con un deje granguiñolesco pero sin saberlo y mucho oropel plateresco.

Tras el embite nacionalista, ganamos los partidarios de la democracia y de la libertad. Eso es indiscutible. Y aunque amenacen con volver a hacerlo, uno recuerda que lo único que hicieron fue el ridículo, así que, en realidad, lo pueden repetir cuando quieran.

Nadie comprende porque publicaron la foto del limonero en Semana Santa. Quizás para certificar, inconscientemente, el deseo de muerte que anida en todo nacionalismo, en cada delirio mesiánico. Su fotografía vale un imperio cuando se traslada al sepia: el imperio del olvido.

15 d’abr. 2022

POSTALES DE ESPAÑA, ABRIL 2022


Como para muchos niños pobres de ciudad y sin abuelos en el pueblo, mis vacaciones de la infancia no eran tiempos felices. Me aburría soberanamente, y me entretenía con quehaceres de bajo presupuesto: dibujar, escribir, releer. Ignoro la razón, pero las vacaciones de semana santa me resultaban las más tediosas. En la radio de aquellos tiempos abundaba la música religiosa, que es la banda sonora definitiva para el desasosiego. Recuerdo días grises, de lluvia, y el redoblar de tambores mortuorios en la enorme Telefunken del comedor.

Luego llegó la edad laboral y, por supuesto, empecé a vivir otro sentido de las vacaciones. Sin embargo, algo queda siempre, en un rinconcito de la mente. Hoy mismo, sin ir más lejos, experimento otra vez el tedio de estos días.

En el televisor, luego de las cosas de Ucrania, aparecen las procesiones, bailes de muertos y políticos presuntamente corruptos. El tiempo se detiene. Me he fijado en los dos "pillos" (por usar la nomenclatura del pobre Feijóo) y en el uso que le dieron a los dineros soplados al erario público: sorprende la vulgaridad extrema de los dos sujetos, a cual más zafio. Comprarse cinco coches de gama alta es lo que haría un desdichado sin alma, y eso es lo que han hecho. Hay algo herrumbroso en esa aristocracia española, algo viejo y cansado. Y luego están los gemidos del señor alcalde, algo pueril, explotando su imagen de fragilidad. 

Siguen las procesiones. Una no pudo salir por causas meteorológicas, y el reportero dio con un señor que lloraba por no haber podido sacar a la virgen de más de mil quilos de peso en madera tallada, ricos ropajes y alhajas. Me resulta difícil comprender la idolatría de la Semana Santa, ese lugar en el que la religión se encuentra con lo menos espiritual de si misma y que, por más que lo disfracen de tradición o de identidad local, representa lo rancio y lo insustancial, un extraño ritual de señoritos y beatas añejas, de concejales del PP y (intuyo que) también de Vox, gentes siempre atentas a la supuesta identidad católica, de señor obispo gordinflón e hipertenso, rodeado de monaguillos exsangues y ¡"Viva el Cautivo"!.

La imagen de las procesiones me dispara una sinapsis que me lleva a los cuentos de Lovecraft, y a sus adoradores de fetiches horrendos.

Y luego, el fútbol: para no desentonar con la semana del dolor, los fans del Barça gimen y lloriquean por haber perdido ante un equipo de tercera fila, en una manifestación -laica pero no tanto- del sacrificio. Es curioso lo mucho que se parece el fútbol a la religión cuando se la desnuda de cualquier atisbo espiritual. Creo que es tan imposible creer en Dios como en el Barça, a no ser que, de pequeño, te hayan dicho que solo tu Dios es el de veras y que el Barça es más que un club de fútbol. Por suerte o por desdicha, crecí en una familia agnóstica en ambos asuntos.

Así que, en ocasiones, vuelvo a vivir la semana santa como cuando fui niño, y hay momentos en los que deseo que se termine y suene el despertador y regrese a la vida ajetreada de cabreos y prisas, a una vida tan difícil y llena de dolor como en sus siniestras simulaciones religiosas o futboleras. 

13 d’abr. 2022

4 DÍAS EN MADRID

Hay que ir a Madrid. Y hay que estar en Madrid evitando la tentación de compararla con Barcelona, aunque a veces resulta divertido. ¿Banderas? Las justas. Solo las banderas oficiales en los sitios oficiales. Aunque alguna hay, claro, en algún balcón: nadie puede escapar por completo a la reacción.

En los barrios uno descubre que, sin estar preocupada por su identidad, Madrid tiene una identidad poderosa y nítida que la emparenta con París, con Lisboa, con Roma. No se destruyeron los escaparates para sustituirlos por la fiebre del diseño, y los interiores de las tiendas conservan incluso el olor suave y a madera, el olor del tiempo y del cuidado. Algo terrible, emparentado con el deseo de modernidad, arrasó las tiendas de mi ciudad. Había un deseo de modernidad estúpida, debida al complejo de inferioridad, al horror ante la evidencia: somos provincianos.

Y luego están los parques, que no me pierdo nunca en ningún lugar. En los parques está la ciudad. Y Madrid cuida de sus parques, y miles de personas se sientan en el césped y bajo la sombrita de los castaños en flor. Hay gente mayor, familias, grupos de jóvenes de ese estilo que jamás fallece: el grupo con guitarra, y hay turistas, niños y niñas, hippies talluditos, hombres con sus ordenadores portátiles, con su periódico, parejas de mujeres que hablan durante horas, parejas de todas las condiciones afectivas y, de vez en cuando, el coche de protección civil.

En mi ciudad prohibieron pisar el césped, aunque nadie lo cuida mucho. Vi pocos perros y todos atados. Y pocos patinetes. Había larguísimas colas para entrar en los museos, larguísimas, y la mayoría de esas personas no eran turistas de otros países. Ante la sala del Guernica, en el reina Sofía, se agolpan un montón de personas y el silencio es absoluto. Hay más risas y más charlas frente al Jardín de las Delicias, en el Prado. En ese mismo museo, observo los rostros de los reyes Felipes retratados por Velázquez, un pintor que también fue genial al retratarlos tal como fueron, aunque le agradezco a Goya el desparpajo que tuvo al presentarles tal como los veía: una panda de lerdos engreídos en una España atrasada y miserable.

En la sala dedicada a la obra de Richard Serra, en el Reina Sofía, no hay nadie. ¿A nadie le interesa Serra? Llevo en la mochila el libro de Juan Tallón (Obra maestra, Anagrama, 2022) que cuenta los azarosos sucesos que vivió esta obra de 38 toneladas de acero, por lo cual esperaba más afluencia de curiosos como yo. Quizás acabo de cometer provincianismo.

En Madrid no es fácil encontrar una mesa libre al mediodía y no digamos ya por la noche. Hay precios para todos. Gran Vía arriba, uno se da cuenta de que el teatro tiene una presencia asombrosa, aunque por las callejuelas y las placitas del centro abundan los teatros pequeños, que proponen Mihura y Jardiel Poncela pero también Ibsen. La Filmoteca no es un edificio emblemático pero es muy acogedora: no tiene que demostrar nada, ni debe simular que a la cultura se le destina mucho presupuesto. El Jardín Botánico es un lugar tranquilo, muy bien cuidado. Me paseo ante los bonsáis que les donó Felipe González, recién regados y en perfecto estado. Hay un montón de cuidadores de las plantas trabajando en silencio y en paz.

Por supuesto que todo tiene un lado oscuro, y esa sombra no la ve el turista de cuatro días. Pero en varias ocasiones pienso que a muchos de esos catalanes que se sienten superiores, mejores, más europeos o más cultos que el resto de España les vendrían muy bien un par de días en Madrid.

8 d’abr. 2022

EL DOCTOR MABUSSE ARGIMÓN Y EL CASO DE LAS MASCARILLAS CATALANAS

Todo, en Cataluña, tiende al disparate. No solo es la única región del mundo que se proclamó independiente durante 8 segundos, si no que no aprendió nada de aquel ridículo espantoso. ¡8 segundos! Algunos prometen volver a hacerlo, quizás con la íntima convicción de llegar a los 16 segundos de independencia, tras los cuales volverá el inevitable crujir de dientes, el tembleque, el viaje en el maletero del coche, un chalecito en Bruselas, y etcétera.

Ahora, un tal Doktor Argimon ha proclamado a su modo la independencia en el asunto de las mascarillas, y se ha adelantado 24 horas al resto de España con su medida de eliminarlas de la vía pública y de las aulas. Lo ha proclamado sin mencionar la desobediencia, pero la desobediencia de niño listo estaba en sus frases. Cataluña es diferente, especial y más guay. Por eso mismo quita las mascarillas 24 horas antes que Madrid: a su manera, el Doktor Argimon grita "¡libertad!" antes que Díaz Ayuso, ahí es nada.

Si comparamos las 24 horas del Doktor Argimon con los 8 segundos de Forcadell&Puigdemont debemos concluir que el Doktor es un fenómeno: un simple Argimon logra multiplicar por diez mil la republiquilla de los anteriores.

Pero... ¡siempre hay un "pero"! Resulta que el Doktor Mabusse Argimon mandó una carta a las directoras de las escuelas y los institutos de Cataluña la misma tarde en la que por la mañana proclamó las 24 horas de ventaja respecto a España (o al Estado Español, según es costumbre por acá). ¿Qué les decía en esta carta Mabusse Argimon a las diectoras? Pues nada, es bien sencillo: el Doktor les cuenta que la medida catalan solo tiene carácter de "recomendación", ya que -les dice- aquí solo vale el Real Decreto que publicará el Gobierno de España el día 20. ¿Argimon es valiente? Si, por supuesto: valiente pero sin pasarse, valiente pero no imprudente, eso nunca. Argimon, como Cambray (el consejero de Educación) desobedece un poco, lo justo, solo para que parezca que desobedece.

Argimon, como Cambray, son esos capitanes valientes que proliferaban en las trincheras del Marne y que gritaban: ¡Cuando yo les dé la orden, salgan todos de la trinchera y avancen hacia el enemigo! Y ellos, los valientes capitanes, permanecían en la trinchera bien agazapados, no vaya a ser que me caiga un obús -o una citación del Constitucional.

5 d’abr. 2022

GUERNICA NO FUE BOMBARDEADA, DICE

Se debe recordar que la fotografía se inventó para retratar lo invisible al ojo humano. Eso explica que, entre las primeras fotografías de la historia, haya tanta abundancia de espectros, ectoplasmas, duendes, demonios y hadas. Con el devenir de los años, se fotografiaron platillos volantes y seres extraterrestres, sirenas, monstruos que viven en lagos, yetis, apariciones marianas.

El principio que inspiró a todas esas imágenes es el mismo: si se ha fotografiado es porque existe. O bien del revés: existe porque ha sido fotografiado. Es decir: lo que sale en la foto debe ser, forzosamente, real.

Pero pasaron los años, la fotografía se popularizó y hemos llegado a un día en el que todo el mundo lleva una cámara en el bolsillo y la mayor parte de las veces, en la mano. Siempre me ha sorprendido que ahora haya tan pocas fotos de espectros y de ovnis, cuando debería de haber miles a diario con tanto fotógrafo suelto y en todas las partes del mundo.

Ahora empezamos a vivir en el fenómeno opuesto: lo que se fotografía es invariablemente falso. Lo que antes era una prueba de veracidad, ahora lo es de falsedad. Ya nadie cree lo que aparece en una fotografía: demasiados filtros, demasiadas aplicaciones de retoque, de trucaje, de manipulación. Ya nadie cree: la fotografía exige una fe imposible, de la que ya no disponemos. Parece que nos hemos vuelto tozudamente racionales y exigimos pruebas indiscutibles, científicas, indudables. Y la fotografía ya no cumple ninguno de esos requisitos.

Vivimos inmersos en la duda cuando no en la negación, y uno solo cree lo que le complace de veras o lo que le reafirma. La fotografía debería de habernos devuelto al misterio, pero nos ha despojado para siempre de él, no porque haya mostrado la absoluta falta de misterio en el mundo si no porqué no es fiable nada.

Hoy he leído un medio que demuestra la falsedad de las fotografías hechas en la ciudad ucraniana de Bucha, y son muchos quienes se apuntan a negar la veracidad de esas fotos. Dicen: esas fotos pertenecen a otro tiempo y otro lugar, o bien afirman que los cadáveres "se mueven", son actores.

Décadas atrás, la filmación de un cadáver que se mueve hubiese supuesto un estupor general, rezos, programas radiofónicos y televisivos sobre esoterismo, magia negra y fantasía. Hoy, el cadáver móvil es objeto de burla, prueba de una mentira. Alguno llega a afirmar: no puedo darle crédito a la matanza de Ucrania porque no lo he visto con mis propios ojos ni estuve allí. Bienvenidos al fin de la última certeza: no puedo afirmar que la Luna exista, ya que no estuve en la Luna. Tampoco los dinosaurios existieron: no había hombres -¡ni mujeres!- allí para certificarlo, y esos esqueletos fósiles pueden ser un montaje de Photoshop, o un andamio de plástico.

Quizás el bombardeo de Guernica no existió jamás, ni los campos de exterminio.

Sin duda, y mira como son las cosas, alguno de los que niegan la masacre en Ucrania, los campos nazis o el bombardeo de Guernica es el mismo que afirma, con vehemencia, la existencia de Jesucristo, de la nación catalana y de su fundador Wifredo, las gestas de Don Pelayo o las bondades de la lejía ingerida para combatir al coronavirus. De modo que: la negación de la fotografía no se debe a un exceso de racionalidad, ni es la racionalidad el signo de estos tiempos más bien infantiloides.

3 d’abr. 2022

ELS CATARRES O LA FI DE CATALUNYA

A en Pau Riba, el darrer artista rebel català, el va entrevistar un encara jove Àngel Casas fa molts anys. Casas li va preguntar què havia aportat en Pau a la cultura catalana i ell va respondre, amb indolència i un xiclet a la boca, que li havia aportat molt més que altres: jo he destruït la cultura catalana, va dir en Pau. Podia ser tan sols una boutade ribiana, però fou una boutade fabulosa i amb un significat profund.

Algun acadèmic català es va inventar que la cultura catalana havia passat un temps d'esplendor (medieval)  i després una decadència, de la qual en culpen, evidentment, Espanya: l'acadèmic català només volia argumentar el significat del concepte de la "renaixença", un etapa molt dubtosa. Potser caldria ser francs i admetre que la cultura catalana sempre ha estat en decadència, eufemisme que evita la inexistència o, tal vegada, la insignificància. Això ens sembla la cultura catalana: un fenomen provincià que se situa entre l'insignificant i l'inexistent. Dit d'una altra manera: sense Pérez Galdós no hagués existit mai Narcís Oller. I com aquest cas, tants d'altres. Qui odia Espanya s'odia a sí mateix.

Mai no sabrem si existí una cultura catalana en el sentit genuí, però més aviat sembla que no. Sembla que tot el català és un capítol espanyol, o de vegades una nota catalana al peu de la pàgina espanyola. Siguem honestos, que no és tan difícil.

Fa poc vaig preguntar a l'alumnat quins grups musicals catalans coneixien, i ben pocs van respondre noms que no fossin Rosalía, Estopa, Manolo García, Queralt Lahoz. Aquests pocs em van dir: "Els Catarres". Vaig haver de fer una recerca per conèixer l'obra musical dels Catarres i em vaig trobar una col·lecció de cançonetes irrisòries, entre l'infantilisme i el naïf, peces desproveïdes de qualsevol valor musical a tenir en compte, una colla de ximpleries gairebé indignes de ser escoltades a la festa major de Cabra del Camp a les tres de la matinada.

Per aquell mateix dia estava escoltant un artista belga, Stromae, un home que desborda creativitat, enginy, cultura musical i una exquisita sensibilitat social. A Bèlgica no parlen de la decadència ni de la renaixença belga: perquè no els cal. I per cert: Stromae no té cap cançó, que jo sàpiga, en flamenc. Ho dic per si de cas a l'homenet de Waterloo se li acut alguna de les seves imbecilitats nacionalistes o parafeixistes a les quals ens té habituats, per exorcisar l'oblit que el posseeix.

Alguna cosa no funciona a la Catalunya post procés, i que Els Catarres siguin el grup musical més reconegut a la regió n'és el símptoma. Símptoma que es replica en la literatura i en les arts en general, i que ens duria a concloure el que ja sabíem des de fa segles: que el nacionalisme ho destrueix tot.

1 d’abr. 2022

MIQUEL FUSTER. MUERTE DE UN DIBUJANTE


Hace exactamente 8 años conocí a Miquel Fuster, de profesión dibujante de comics e ilustrador. Le hice una entrevista, cámara en mano, una Panasonic SDR-S50 que me acompañó durante mucho tiempo y que, a día de hoy, todavía funciona. Por aquéllos días, Miquel llevaba ya un tiempo habitando un piso, tras 15 años durmiendo en la calle.
Ayer murió.
Murió en su cama, en su casa. Incluso para morir es necesaria una casa.

29 de març 2022

VELES E VENTS

Cuando Artur Mas vaticinó que en una Cataluña independiente las empresas internacionales se darían bofetones para venir a invertir, demostró unas cualidades realmente asombrosas como vidente.

Puesto que con tan solo el aviso de la independencia, las mayores empresas que ya estaban aquí empezaron a desfilar hacia otras geografías españolas y más amables. Nissan está cerrada, por no hablar de la Caixa, del Banco de Sabadell y de una lista de más de mil que se fueron para no volver. Y no solo eso: algunas empresas que sondean la posibilidad de instalarse en Cataluña optan por fin por otros lugares, como Volkswagen en Sagunto, por ejemplo. 

Ninguna autoridad ha opinado sobre el tema de Volkswagen: a lo sumo, algún político de tercera fila (y muy independentista) ha soltado que eso pasa por no disponer de un estado "propio", demostrando así una capacidad analítica casi tan asombrosa como la perspicacia clarividente de Arturito Mas.

Pero no pasa nada, y la autoestima del "poble" no debe decaer, y por eso nuestras autoridades nos traen la Copa América, que por lo visto es un concurso de barcos a vela muy interesante que nos dejará un chorro de millones. No sabemos a qué bolsillo irán esos millones, ya que me temo que no se van a repartir entre la ciudadanía ni revertirán en la mejora de ningún servicio público.

Este es el saldo: hemos perdido miles de puestos de trabajo para miles de personas pero hemos ganado un campeonato de vela. Más pobres, pero con regatas de pijos en la playa. Y eso nos lo ha anunciado el señor Roger Torrent, antaño presidente de un parlamento rebelde, soberano, majestuoso y solemne. Y hoy discreto buscador de premios de vela. La vela es, como todo el mundo sabe, un deporte popular al que suelen jugar los repartidores de Glovo cuando terminan su jornada laboral: en Cataluña todos atamos los perros con longanizas y todos tenemos un velero en el puerto deportivo. Cuando no dos.

Hoy asistí a un debate en el que alguien se lamentaba de la pérdida de inversión y de creación de puestos de trabajo y otro le respondía que lo de la Copa América devuelve la ilusión a una Cataluña ensimismada y decaída, que pierde puestos en el cómputo nacional de inversiones a toda marcha. El debate terminó cuando una tercera persona intervino: lo más grave y de lo que debemos hablar es de la reforma de la ley de inmersión lingüística... ¡a quién le importan los puestos de trabajo en Nissan o en Volkswagen!

Pues eso: bienvenidos a la Cataluña post independentista. Esa Cataluña en la que algún pazguato avisa de que "ho tornarem a fer". Ellos sabrán.

27 de març 2022

La patria de papel


Me veo a mi mismo desarraigado. No me gusta la cultura popular y las tradiciones me parecen rancias cuando no bochornosas, telúricas, aborrecibles. Jamás me identifiqué con ninguna tribu, así que pasé por varias aunque con algo de distanciamiento, siempre con una ceja arqueada. Me sentí catalán durante un tiempo, que fue breve y me duró menos que el tiempo en que me sentí fan de David Bowie. Cuando me dijeron que sentirse ciudadano del mundo ya no estaba de moda y que el internacionalismo ya no se llevaba, me quitaron mi último asidero.

Si me declaro constitucionalista (para evitar en anti- de antinacionalista) me tratan de facha, y cuando manifiesto mi preferencia por la socialdemocracia y el estado del bienestar, me llaman sanchista o podemita, adjetivos absurdos y reduccionistas, usados como un insulto tabernario. Cuando uno se sale del camino tribal queda a merced de cualquier temporal: eso debe explicar el éxito del pensamiento tribalista. 

Sin embargo, uno intenta construirse patrias. Aunque a veces sean islas habitadas por un solo Robinson, en donde a veces aparece un Viernes que luego se va. Quizás debería releer al viejo Defoe, leído a los 14 cuando no sabía nada del mundo más que lo que me contaban mis padres, que fueron  buenas personas pero solo personas al fin y al cabo, crecidos durante la tiniebla franquista, maltratados, sometidos a la postguerra, la miseria y la ignorancia que les tenía reservada el régimen. Es cierto: la patria familiar también fue breve y mis padres murieron hace muchos años. Quizás se mantiene un solo recuerdo claro y singular del hogar de la infancia, que era pobre y de alquiler: los miles de libros que había allí, y que ocupaban el pasillo, el comedor y penetraban en las alcobas.

Tardé mucho tiempo en comprender que mi única patria estuvo allí des del principio: era el papel de los anaqueles. Leí muchísimos libros sentado en la taza del váter, marca Roca. Esa pieza minúscula del váter pequeño, tal como era conocido en casa, me hizo comprender el eufemismo de "reservado": era mi trono, mi espacio, el pequeño planeta fuera del sistema solar y del sistema en general. Luego estaba el lavabo, que era grande y con bañera y bidé. Ahí, en el váter pequeño, leí a Pavese, a Shakespeare, a Camus, a Tagore y a Kipling, a Sarsanedas, a García Gual, a Norman Mailer. Mientras leía a Mailer, con los muslos desnudos, descubrí que me estaba creciendo pelo en ellos y que iba camino de convertirme en un homínido más. Aunque iba a ser un homínido lector. Sin darme cuenta, mientras afloraban los pelitos, entraba en mi única patria. Mi refugio para cretinos.

Leer no me ha hecho mejor: me ha hecho lector. Pero me ha dado un país, quizás imaginario. Pero no más imaginario que Cataluña. A veces pienso: igual ahora mismo hay tres mil personas más leyendo a Juan Tallón y eso no me calma y me siento igual de solo, pero hay algo compartido, que ya es algo. A lo mejor hay un pobre diablo leyendo "Obra maestra" bajo un puente, o en una mansión lujosa cerca de Madrid, o en un cortijo cordobés, o en una chabola de Montcada, o en un pisito aquejado de humedades y aluminosis del barrio de Campoamor. Mi patria de papel tiene más habitantes, sin duda, pienso, y no importa si no nos conocemos ni tenemos banderas ni logotipos. Lo importante es que esta patria no tiene territorio ni frontera, ni a nadie que queme contenedores de basura para reivindicarla, y uno puede adquirir la nacionalidad cuando quiera, o rechazarla cuando se harte. El destino de la carne es volverse triste: de unos años para acá, aquellos pelitos de los muslos han empezado a menguar y uno tiende a espiritualizarse aunque no sepa el significado del término "espíritu". 

Me agarro a mi patria de papel que se marchita y se amarillea y permaneceré atado a ella y con gusto, como William Turner al mástil de un barco de vapor sin nombre conocido. Por amor al arte.

24 de març 2022

El búnker escolar catalán

En los 70 y los 80 aparecieron los Movimientos de Renovación Pedagógica en Cataluña, que abogaban por una reforma del enfoque y las metodologías en la escuela. Aquellos movimientos recogían ideas que llevaban décadas recorriendo Europa y que, algunas de ellas, procedían de la España republicana, que fue precursora mundial de la nueva pedagogía. Ahí estaban las ideas de Montessori o de Freinet, por citar solo a dos.

Una de las ideas principales de la renovación era permeabilizar los muros de la escuela en ambas direcciones: que la escuela salga a la calle y que calle entre en la escuela. Para entendernos: sacar al alumnado de entre las sórdidas paredes con crucifijo y retratos de espantajos, llevarlos a las plazas, los mercados, las fiestas populares y etc. Y, a la vez, meter a los ciudadanos en las aulas: charlas con jubilados, artistas, artesanos y etc.

Todo aquello ya pasó, y la escuela se hizo más burocrática, más formalista. A los viejos representantes de la renovación pedagógica les esperaba un destino bifurcado: los unos -los listos- ascendieron a los cargos educativos de la autonomía y medran por los despachos sin grandes ocupaciones. A los menos listos, que se quedaron en las aulas, empezaron a tratarles como a las tortugas de las Galápagos: con un cierto desdén hacia ese animalito simpático, antiguo y algo cochambroso.

A día de hoy, la escuela vuelve a fortificarse y a construir búnkeres. Quizás no haya crucifijos ni espantajos en sus muros, pero el blindaje ha vuelto a las andadas. Y pretenden blindar incluso los patios del recreo: no vaya a ser que la realidad entre por la puerta de la calle. La escuela catalana de hoy pretende reproducir, a su manera, el Show de Truman. Ya que en la calle se habla "demasiado" castellano, que solo se hable catalán en las aulas. O solo lo justo y necesario, o menos. 

El señor Bargalló pasó un par de años por la Consejería de Educación y nos dejó un documento a medio redactar, un proyecto de "bilingüismo asimétrico" o algo así, en el que, por primera vez en mucho tiempo, se intuía que la escuela y la calle no eran universos paralelos. Creo que ahora pretenden rescatar del polvo y el olvido aquel proyecto, algo aderezado. Se lo resumiré: si el objetivo de la educación es formar ciudadanos competentes también en lo lingüístico, y si admitimos que en Cataluña son lenguas oficiales el castellano y el catalán, se debería enseñar más castellano en Olot y más catalán en Hospitalet. La idea no parece mala, cuotas aparte. Es más: lo de las cuotas parece una chapuza (o chapucilla) destinada a crear más crispación, denuncias, manifestaciones y huelgas. Y poco más. Ponerle puertas al campo, limitar esas puertas a un 25% de los campos o pelearse por la lengua del alumnado en los patios es casi lo mismo que admitir que la Tierra es plana en un 25%, para molestar solo un poco a los que creen que la Tierra es redonda y contentar otro poquito a quienes la ven plana.

Mucho me temo que, de nuevo, se han cerrado los muros de las escuelas. Tras el desastre, los parches.

Alguien debería contar el daño que le hizo el "procés" al consenso lingüístico, ya difícil de aceptar para muchas familias y profesorado: la paz social y lingüística en Cataluña saltó por los aires tras el embite supremacista que agoniza, y el debate se despide ya de cualquier intento de razonamiento, de estudio científico sobre resultados objetivos. La realidad catalana tiene un problema: es real. Si fuese exclusivamente fantástica, todo iría bien.

La realidad es real y es bilingüe. Nuestras vidas son bilingües y eso las hace mejores. Y mejores que las vidas monolingües (como exige la CUP). Y ojalá fuesen trilingües

Estamos a la espera de estudios serios, científicos e imparciales. Es decir, estamos hartos de los informes de la Plataforma per la llengua, esa entidad que se proclama la ONG del catalán, como si el catalán no tuviese un gobierno que le mete millones y más millones a la noble causa: que los niños y las niñas jueguen en catalán en el patio y que, cuando se conecten a Instagram o a TikTok, solo se conecten en catalán. El show de Truman otra vez. O Matrix.cat.

Ha llegado el tiempo de volver a derribar esos muros bunkerizados: el futuro de la ciudadanía futura no debe de estar en manos de fanatismos, nacionalismos ni mucho menos de estrategias de partidos tan agónicos como ansiosos. 

21 de març 2022

Real Caruso, 3 - Club Pavarotti, 2

Me asomo a la ventana, intrigado. De repente se escuchan petardos y brillan los cohetes de colores bajo los nubarrones. ¿Una invasión extranjera? ¿Una subida de la presión linfática indepe? No. ¿Ha bajado el precio de la gasolina a la mitad? ¿Ha desaparecido el virus en todo el planeta? Tampoco. Entonces ¿que ha sucedido?

Resulta que un equipo de fútbol ha ganado un partido. Y de ello hablan las noticias y las redes. Que un equipo de fútbol gane un partido, en si, no se parece mucho a una noticia. Noticia sería que los jugadores, una vez en el campo, se hubiesen puesto a tocar el violín o a recitar versos de Baudelaire. Marcar goles, luego, no debería merecer la más mínima atención de la prensa, salvo para los seguidores del deporte (que disponen de varios canales especializados).

Estoy por escribirle una carta al director de RTVE. 

Le pediré que, por lo menos los canales públicos, le destinen la misma atención mediática a los cantantes de ópera en los informativos. Sería muy sencillo. Se trata de que, simplemente, cada día y en cada informativo (mañana, tarde y noche, de lunes a domingo) nos cuenten como ha ido el ensayo, las pruebas de vestuario, los desplazamientos y las posibles lesiones de los cantantes de ópera. O bien si se han discutido con el director de orquesta, o con el primer violín.

Se trata de hacerlo en un tono trascendente y épico, exagerando los problemas con dramatismo, resaltando los éxitos, abusando de adjetivos y adverbios: el ensayo de hoy ha sido muy endiabladamente intenso, a la salida del ensayo los fans enardecidos han vitoreado al cantante, que ayer cenó con sus amigos íntimos en un conocido restaurante del centro y luego salió pitando en su cochazo. 

Se pueden contar, de vez en cuando, ciertos chismorreos de los cantantes: se le ha visto en Menorca a bordo del yate de una amiga, se rumorea que este verano lo pasará en Malibú, se cuenta que la Ópera de París ha hecho una suculenta oferta para hacerse con sus servicios, aunque por lo visto hay sobre la mesa una oferta más importante de la Royal Opera House.

Los cantantes de ópera, a la vez, podrían hacer algún anuncio de TV de vez en cuando, aunque fuese de productos poco glamurosos: champú anticaspa, maquinillas de afeitar, desodorantes, postres lácteos o coches de categoría mediana, para evitar la ostentación. 

Tras la función del viernes, varios cantantes harán una rueda de prensa comentado los pormenores de la actuación. No deben esforzarse mucho. Basta con que digan: la ópera es así, unas veces sale bien y otras mal, la actuación de hoy no es la final de un concurso, la temporada es muy larga. Podrán comparecer ante los medios al lado de su manager, su profesor de canto o un compañero del reparto, haciendo unas bromas sencillas. 

Estoy completamente convencido de que, en menos de un año, miles de jóvenes se plantearán estudiar música y envidiarán, en silencio, a los nuevos ídolos mundiales. Los niños, de mayores, querrán ser Jonas Kaufmann. Las niñas, Renée Fleming. Incluso habrá peleas en el patio del colegio entre los partidarios de Montserrat Caballé contra los de Anna Netrebko, discrepando por si actuó mejor la una que la otra. Los profesores deberán intervenir para poner paz, y quizás citarán a las familias para contarles que su hijo Juanito, muy fan de la Callas, le propinó un puñetazo a Jaimito, que adora a Bocelli.

-¡Debemos observar los valores de la ópera: esfuerzo, trabajo en equipo, coordinación, solidaridad, estudio, voluntad de belleza! -amonestará la maestra.

Esa losa árida que es el centro de los patios de los colegios en donde se impone el fútbol se irá desocupando al poco tiempo, y el alumnado exigiría su reconversión en plateas y escenarios. En las puertas de los colegios aparecerán promociones de nuevas colecciones de cromos: "De Caruso a Jessye Norman. Todas las estrellas del firmamento". Habrá colas en las escuelas de música y los niños exigirán a sus padres que les lleven al Teatro Real. Se alquilarán decenas de autocares para asistir a la función de la Deutsche Oper Berlin, y se fletarán aviones para el Metropolitan Opera House.

En poco tiempo, a España no se la reconocerá. 

20 de març 2022

Ejercicio de traducción al catalán

Imagínese que un juez le imputa a usted por fraude y malversación y que, cuando le preguntan sus amigos: ¿de qué te acusan? usted les responde: me acusan de independentista. Parece un chiste sobre catalanes demasiado fácil, pero no lo crean. Eso es exactamente, lo que hace la señora Laura Borràs, que preside un parlamente autonómico para más señas. Me queda la duda: ¿se da cuenta, la señora, de que sus declaraciones son poco más o menos un chiste rancio sobre catalanes?

Lo pone demasiado fácil la señora ya que, siendo filóloga, se supone que sabrá traducir correctamente. Luego, ya lo tienen: "independentista", en catalán, se traduce por "fraudulento y malversador" en castellano. Algunos nos lo habíamos imaginado, pero hasta ahora jamás una autoridad de la lengua nos lo había contado así de claro.

En el sainete independentista, la señora Borràs siempre ha tenido un buen papel y nos ha dado muchas alegrías, pero esa última es, verdaderamente, un giro. Parece que la obra se acerca a los últimos compases, y el asunto de la imputación podría ser el auténtico anticlímax: los más aguerridos enemigos de la señora no somos los constitucionalistas catalanes, si no sus socios de gobierno regional, independentistas como ella y en realidad muy parecidos a ella, solo que con un deseo de poder enorme: los socios de ERC ya han mostrado su nula intención de defenderla, con las ganas que le tenían.

Quienes vean diferencias de táctica, de estrategia o de algo entre ambos partidos del gobierno van equivocados: son casi idénticos y su única diferencia es que ambos quieren el poder y, a ser posible, borrando al adversario del mapa. Lo que más les gustaría es borrarlos pero no sin antes humillarles. Ahí está el señor Rufián, con su verbo escaso pero afilado.

18 de març 2022

Madre Coraje en Kyiv/Kiev

Aprendí a escribir Kyiv en vez de Kiev para no cometer el pecado de la rusofilia, que es uno de los nuevos pecados: es muy triste cumplir años para ver como aumenta el número de causas para la perdición, sobre todo en tiempos de tolerancia y comprensión y aceptación de la diferencia. Paradojas del siglo XXI. Hoy no está bien visto escuchar a Tchaikovsky ni leer a Chéjov.

Y mientras aprendía lo malos que son los rusos, me encontré con un reportaje sobre una madre ucrania que escapa de la guerra con sus hijos, rumbo a la frontera polaca. En algún momento, en la tertulia televisiva tras el reportaje, alguien habla de la "madre coraje", expresión que he escuchado varias veces para referirse a madres valientes y que me ha llevado a pensar, invariablemente, en que nadie de entre los vivos debe de haber leído la Madre Coraje de Brecht. Si hubiesen leído la obra de Bertoldo, no la nombrarían en estas circunstancias.

La Madre Coraje de Brecht es una mujer que corre con un carromato y sus tres hijos, tras las huellas de una guerra, para negociar con los desgraciados y sacar buena tajada de ellos, y negocia con ambos bandos, poseída por una codicia infinita que le cuesta la vida a los tres retoños: la madre coraje es la madre que sacrifica a sus hijos en nombre del beneficio económico, en nombre de una falta de escrúpulos que te deja helado. 

A día de hoy, la ruta de la guerra está repleta de hombres y mujeres en busca de notoriedad solidaria, de periodistas a la caza del relato lacrimógeno, de la foto conmovedora, del reportaje angustiante. Mientrastanto, la UE impone sanciones a Rusia, y a la vez le sigue comprando el gas por valor de 700 millones de euros al día. No vaya a ser que con tanta contundencia moral nos pillemos un resfriado por falta de calefacción en la Europa de los altos valores y los pies fríos.

Por lo que parece (y así lo cuenta el inefable Gabriel Rufián), el señorito Puigdemont y su tenebroso abogado Boye también jugaron a la Madre Coraje en versión disminuida y catalana, pactando con los buenos y negociando con los malos: todo vale para conseguir el máximo beneficio. El siglo XXI no resulta nada agradable por el momento y, a diferencia del anterior, no dispone de unos felices años veinte como aquél. Nuestros años veinte son bastante penosos, y en ellos vuelve a asomarse el sálvese quien pueda que podría dejar en la ruina al estado del bienestar que tanto tiempo nos costó edificar.

El mundo de la democracia y la ilustración se desmorona lentamente y con seguridad mientras nos miramos, perplejos, la factura del gas entre aspavientos.

16 de març 2022

La abuelita quiere sangre joven

Poco antes de enmudecer por el desfiladero del silencio, a la abuelita le entró un capricho: ver correr sangre joven por las aceras. Las guerras, lo sabe todo el mundo, son aquellos lugares en los que jóvenes que no se conocen acuden a matarse para beneficio (y goce) de unos viejos ambiciosos. Eso es lo que nos cuenta la abuelita, acercándose a la lumbre para recalentar sus huesos dolidos, buscando entre las llamas un fulgor mágico que la reviva.

La abuelita se acerca al hogar y remueve los rescoldos mientras murmura:

-Lo nuestro exige el sacrificio, y me gustaría ver quien de vosotros está dispuesto a derramar su sangre joven por lo nuestro.

Nos quedamos perplejos: a la abuelita no se le conocían gestas ni heroicidades, y siempre sospechamos  que uno de sus trucos para llegar a tan elevada edad fue una estudiada cobardía: el miedo es la inteligencia del superviviente. A mi, los valientes y los héroes guerreros siempre me parecieron gentes de poca enjundia, suicidas disfrazados de arrogancia o simples mentecatos cegados por el discurso encendido de un orate. Un orate que suele llevar una bandera en la mano (y una calculadora oculta en el bolsillo). Por  sus actos, siempre pensé que la abuelita veía a los valientes como yo, puesto que, en cierta ocasión, la abuela se largó del país ante la posibilidad de un juicio.

Ahora, sin embargo, me froto los ojos para observar de nuevo a esa abuelita casi tierna pero macabra que exige el sacrificio máximo. No pide dinero, ni asistencia a actos, ni el incendio de las calles: ahora nos pide nuestra sangre. 

Lo pide porqué ya no está del todo en sus cabales, me murmura un amigo. Pide sangre y no sabe lo que pide, suelta otro. Quizás esté viendo la tele y esos chicos de Ucrania le han traído fantasías heroicas, esos hombres defendiendo la tierra frente a un ejército incontable. Quien lo sabe: quizás vio demasiadas veces El señor de los anillos o cualquier otra superchería por el estilo y se le afectó el espíritu, o rememoró antiguos sueños patrióticos vistos en tebeos clandestinos en su infancia. Ya saben: Serrallonga, los carlistas, el generalísimo Moragas y demás leyendas románticas escritas por señoritos emperifollados en sus salones forrados de terciopelo rojo y criada filipina.

La abuelita reclama la sangre de los jóvenes y para ello les miente y les dice que lo nuestro es lo primero, y lo nuestro es lo mío, una cosa vieja y ajada, el cortijo soñado.




15 de març 2022

Y Feijóo tampocóo

Apresurados por acallar el fandango en Casa Popular, se sacaron un líder nuevo de la chistera. Es decir, del hórreo. Un tipo serio, algo mayor -con algo de Just for Men-, enjuto y poco expresivo. Podría ser un imitador de Clint Eastwood en sus papeles de Harry. Sin embargo, dicen que pacificará el partido y no romperá más cristales. Veremos. El nuevo es uno de esos tipos contenidos que en cualquier momento pueden desmelenarse y te llevas una sorpresa mayúscula.

Hoy le escuché lanzando unos elogios desmesurados hacia la señora Díaz Ayuso, y tan desmesurados eran que a uno solo le cabe pensar que, o bien le estaba echando los tejos, o bien la teme más que al lobo. Quizás ambas cosas a la vez: el amor es complejo. Eso incluso me hizo gracia.

Lo que me hizo menos gracia fue una desafortunada alusión al Gobierno de España, al que acusó de "forrarse" con los impuestos. Como lo oyen. Luego le exigió que los baje. Claro. El viejo cuento de la derecha española: bajar impuestos. Decir eso no es lo propio del tipo serio que promete ser: si este señor es serio, su obligación es contar que ningún gobierno democrático se forra con los impuestos. Los impuestos, señorito Feijóo, sirven para mantener al estado del bienestar, sirven para mantener a España: sirven para pagar la sanidad, las pensiones, las escuelas, las universidades, las carreteras, las becas, los subsidios, las ayudas, las bibliotecas, las televisiones públicas, los semáforos, la policía, el ejército, la casa real, los barrenderos, el déficit de las autonomías y el teatro real. Quienes tenemos más de ocho años nos conocemos de sobras las maquinaciones económicas del Partido Popular, que se describen en tres pasos sencillitos:

1) Bajo los impuestos para que las gentes humildes dispongan de más dinero en el bolsillo

2) Declaro que no puedo mantener el estado del bienestar y

3) Privatizo unos cuantos servicios públicos, a poder ser para cederlos a unos amiguetes empresarios y muy buena gente. Y ante todo muy patriotas, por supuesto. Y sobretodo... ¡Viva España! que no se me olvide.

Empezar una carrera de candidato con mentiras tan gordas, tan aviesas y tan nefastas me ha demostrado que, tras Casado, Feijóo tampoco es la derecha racional, ilustrada y europea que necesita España. Además: hay algo balbuceante de nuevo en este señor, algo que nos recuerda al anterior. Acuérdense de que Casado un día era tolerante y el otro radical, un día demócrata y al otro autoritario, un día capaz de pensar en bien del estado y al siguiente amiguete de Abascal.

Pintan bastos en el PP: más de uno habrá caído en la cuenta de que las prisas no han sido buenas consejeras, y de que el gallego está tan atolondrado y tan despistado como lo estaba el castellano, ese que ahora está como ausente y gusta mucho más.

Al señor Feijóo se le debe dar un margen, por supuesto: está en plena metamorfosis y quizás es natural que se muestre errático y mentiroso. Ese señor hablaba de las señas de identidad gallegas y de la importancia de respetar las idiosincrasias de su país hace menos de cuatro días, y ahora loa a Madrid por ser la capital de la libertad. Vivir para ver. El deje nacionalista es preocupante, y más aún visto desde Cataluña, en donde llevamos décadas sufriendo a líderes tan mentirosos como nacionalistas. Hoy mismo, el señor Rufián (quizás futuro alcalde Santa Coloma de Gramanet) le ha lanzado un par de púas gordas al señorito Puigdemont, a quien ha acusado de jugar a James Bond por cuando se iba a buscar espías rusos para la causa catalana. Y Puigdemont (es decir, su entorno), le ha dado la del pulpo. Es decir: el nacionalismo es la guerra, incluso entre nacionalistas de la misma "nación".

Que se anden con cuidado los de la calle Génova de Madrid: el avispero sigue encendido. La parte sensata del partido debe de estar otra vez con el crujir de dientes. Acuérdense, en Génova, de que en Cataluña quisieron cambiar a Artur Mas de un día para el otro y, con las prisas, nombraron a Carles Puigdemont, que les parecía mucho más competente.