25 de set. 2022

LA POESÍA DE MARINA GARCÉS

Lo escribía el otro día mi amigo Pere, en un artículo sobre Edgar Morin y su libro "La mente bien ordenada". Y ese texto breve pero intenso me hizo pensar. No se le puede pedir nada más que eso a un texto: que te obligue a sentarte y a recapacitar. Gracias pues, Pere.

Vivimos en España, país que más allá de sus paellas, toros, siesta y guerras fratricidas, se conoce por sus cambios constantes en materia legislativa referida a la educación. Cada gobierno hace su propia ley educativa, que será reformada o derogada en el siguiente gobierno. Uno ha perdido la cuenta de las leyes, ordenanzas y normativas por las que ha transitado a lo largo de su vida como profesional de la docencia. Si les digo la verdad, me encuentro sumido en la perplejidad y el desconcierto y no soy capaz de aseverar si debo evaluar por competencias o por capacidades clave, si es más relevante el conocimiento que la competencia, si prevalece el esfuerzo o la resiliencia.

En medio del vendaval, doy con un libro de Marina Garcés, autora que siempre he leído y admirado en casi todo -que no es todo. Se trata de "Escuela de aprendices", libro publicado por Galaxia Gutenberg en 2020 y que tiene el aspecto de libro de madurez. Este es un libro honesto y pensado, al que se le agradece que sepa incluir una poesía a modo de epílogo: encontré algo mágico, bellamente antiguo y delicado en ese cierre en forma de poesía para un libro de filosofía. Más que poesía, Garcés regala una colección de aforismos que me remiten a algunos textos de Nietszche, autor que también usaba la poesía aforística. Recuerdo el caballo de Torino que abrazó el filósofo alemán mientras leo a Garcés.

Los debates sobre educación, a día de hoy, están dirigidos por periodistas, columnistas o políticos que jamás han puesto un pie en las aulas tras superar la educación obligatoria, o cuyo conocimiento de la educación pública es más bien escaso. Fíjense ustedes en un dato curioso: la mayoría de los políticos que legislan sobre la educación surgen de la educación privada, la misma a la que matriculan a sus hijos. Hay pocos pedagogos en el debate público de la educación. Dicho de otro modo: a mi me da igual si todo el mundo se siente entrenador de fútbol, pero me molesta que todo el mundo opine sobre educación. 

Del mismo modo que ningún tertuliano osa opinar sobre física cuántica o sobre bioquímica ¿por qué razones cualquier tertuliano opina sobre como, cuando y porque se debe enseñar en las aulas?

Se lo cuento del revés: este año, de nuevo, unos 30.000 alumnos de Formación profesional se han quedado sin plaza en los centros públicos catalanes. Sin embargo, el debate que nos transmiten los medios -y que por consiguiente está en boca de todos- trata del 25% de las clases en castellano, cuando eso es un tema menor, tergiversado y manipulado hasta el hartazgo.

Lo que nos cuenta Garcés es lo esencial y lo profundo, lo que de veras debería importar. El asunto del premio al esfuerzo del alumnado, por ejemplo (uno de los puntos fuertes del libro, a mi modo de ver), es un tema crucial sobre el que meditar a fondo.

Les dejo un verso del epílogo de "Escuela de aprendices", por si se les antoja meditar durante una tarde de domingo de otoño con nubes ociosas cruzando el cielo:

Cuando estudiar ha pasado a significar "sacarse un título", está claro que tenemos un verbo expropiado que reconquistar.

 

22 de set. 2022

¡NO QUIERO PAGAR IMPUESTOS!

El debate de los impuestos enmascara otro debate, que es el de centralización/descentralización, el viejo fantasmón español. Ahora mismo, quienes más hablan de la unidad de España son quienes más trabajan por su atomización. Y del revés: aquellos que parecían dispuestos a federalizar España, son justamente quienes defienden su unidad. Hay algo lúgubre y cínico en todo eso.

Dan un poco de vergüenza esos nuevos independentistas: Ayuso, Moreno y el de Murcia, de quien no consigo recordar su nombre. Todo el mundo sabe cual es la otra cara de la moneda de la bajada de impuestos: el empobrecimiento de los servicios públicos. Aunque no lo digan, lo sabemos de sobras. Hoy bajada de impuestos y mañana cerramos tres centros de atención primaria.

La historia de España no solo es cíclica: es tediosa. Damos un paso hacia adelante, dos hacia atrás. Dos hacia adelante, uno hacia atrás. Nos vemos atrapados en una ilusión con banderitas, monsergas, discursos y grandes palabras. Yo le voy a contar un historia muy pequeñita, que se limita al pie de una alumna de la ESO en un barrio pequeño, de un suburbio pequeño, en una ciudad pequeña.

Una alumna llega a las 8 y diez minutos. Le abro la puerta y le pregunto por ese retraso.

Ella lleva un zapato en el pie y el otro en la mano. Cojea. Le pregunto.

Cuando está sentada, me muestra el pie descalzo: la piel se ha levantado y la planta está roja de sangre. Me detengo un segundo ante esa sangre colorada en una piel tan morena, pero actúo enseguida con las primeras curas. Una vez ella está más calmada y el pie limpio y vendado, me fijo en esa zapatilla que que ha quedado tirada a un lado. No hace falta tener el ojo de un perito para descubrir que esta zapatilla ha andado muchos quilómetros, muchos más que aquellos para los que fue diseñada. El zapato está destrozado por todas partes, es viejo. Será un zapato de segunda o tercera mano (es decir: de segundo o tercer pie). Luego caigo en la cuenta de que el resto de su vestuario sigue el mismo patrón. Hay un drama pequeñito, de talla 38, ante mi. Miro sus ojos. No llora, no muestra dolor. Esta joven, que apenas habrá cumplido los 15, ya conoce el mundo.

En esos ojos queda un resquicio de ingenuidad y algo de la candidez que vemos en los ojos de 15 años. Pero a la vez me doy cuenta, con una punzada que me hiere en el pecho, que esa ingenuidad y esa candidez se están desprendiendo de su mirada, que se van a caer en cualquier momento y no habrá quien lo recoja del suelo. Ella me cuenta que en su casa hay una caja con zapatos, y que el primero que se levanta se pilla los mejores. Si te levantas tarde, te toca calzarte los peores. Y hoy le ha tocado a ella el peor par de zapatos de la caja porque las sábanas (si es que existe eso en su casa) se le han pegado al cuerpo.

Eso sucede en una ciudad de España en septiembre de 2022, con los fondos Next Generation derramándose por doquier, con bajadas de impuestos para favorecer a los más ricos, para atraer a empresas, para promover la creación de riqueza. Alguien podrá acusarme de sentimentalismo, de demagogia lírica.

Mis impuestos son los zapatos de esta niña. Por eso quiero pagar impuestos. Podría irme yo a la zapatería y comprarle unos buenos zapatos nuevos, claro está, y ganarme el cielo y el aplauso de mis semejantes, en el mundo y en Facebook. Pero mi acto sería otra vez aquella caridad de las mesas petitorias, y no quiero caridad ni mesas petitorias para Sami. 


18 de set. 2022

SILVIO, ISABEL, ALBERTO


Por fin pude ver "Silvio" en Filmin, la cinta de Paolo Sorrentino protagonizada por el magnífico Toni Servillo que, en realidad, se titula "Loro" en italiano (es decir: "Ellos"). Sorrentino es cruel y poético a la vez, simbolista e incluso ambiguo. Pero si este retrato salvaje de Silvio Berlusconi es preciso en algo, eso es en el perfil psicológico e ideológico de esa derecha populista y pueril que avanza sin freno, y generalmente al compás de los postulados de la extrema derecha más grotesca. 

A menudo citamos a Sarah Palin como la persona que inspiró el discurso de Trump, pero posiblemente olvidamos la versión testosterónica anterior, debida al inefable Silvio. Menos ideológico pero más demagógico y desvergonzado, Silvio veía la política como el complemento ideal de los negocios, y trató su cargo de primer ministro como si fuese otra de sus empresas. Lo hizo sin tapujos y, eso sí, nombrando a la "libertad" en cada frase. Su libertad, sobra decirlo, es la libertad que tiene el cliente cuando puede escoger entre una marca de papas fritas u otra. Aquí empieza y termina la libertad del ciudadano convertido en cliente: por lo demás, mano dura, control de la judicatura y leyes a medida. La democracia desapareció en Italia durante aquellos años.

Viendo la cinta de Sorrentino (filmada en 2018) uno descubre las similitudes con el panorama de la derecha española que encabeza Isabel y que Alberto no sabemos si tolera, soslaya o hace como que no va con él -pero no le molesta demasiado. Es muy probable que el conflicto Isabel-Alberto estalle dentro de poco, con consecuencias que caen en el terreno de la ciencia ficción. En este terreno, veo frágil a Alberto, hombre taciturno y algo torpe, de mirada neblinosa y gesto lento. Nada que ver con la arrogancia de Isabel, la mujer que arrasaría en Masterchef y en Eurovisión al mismo tiempo.

Hoy, 18 de septiembre, se ha celebrado en Barcelona la manifestación por la escuela bilingüe, a la que no se ha presentado Alberto: me pregunto que hubiese pasado si llega a presentarse Isabel. Por una parte: es bueno que el debate de la lengua en la educación sea algo cívico, un debate sobre educación y no sobre modelos de Estado, ya que esa contaminación no ayudará para nada a tener un diálogo sensato y centrado en evidencias científicas educativas, que es el lugar que requiere.

Quien si se ha presentado a la manifestación ha sido el inefable Abascal, señor cuya presencia me impide desfilar tras sus pasos y que sigue señalando el destino de los líderes del Partido Popular, parcos e incapaces de presentarse como una derecha democrática y homologable en el contexto europeo. El señor Abascal, como Puigdemont desde Waterloo, es de esa clase de políticos que apuestan por el "cuánto peor, mejor", la actitud del oportunista irresponsable que espera sacar tajada del río revuelto, confuso y crispado.

Cada vez resulta más difícil defender que hay que pagar impuestos (y cuántos más, mejor), defender lo público, lo democrático, los derechos civiles o la Constitución desde una perspectiva socialdemocrática, igualitaria y correctora de desigualdades: las promesas de bajada de impuestos son la trampa más dañina y peligrosa. Deberíamos haber aprendido algo.

Pero estamos en España. Es decir, en el bucle mortal de las dos Españas.


15 de set. 2022

ALIZZZ, UN CHARNEGO DE LA PERIFERIA

Alizzz es uno de los músicos catalanes más relevantes de los últimos años. Y no escribiré ningún "pero" tras esta afirmación, como quizás alguien podía anticipar.

Registrado en la partida de nacimiento como Cristian Quirante, el artista conocido como Alizzz ha llevado a cabo la producción musical de muchas piezas que habrán escuchado en los últimos años en todos los medios. Pero no se trata solo del éxito comercial -indudable- de Alizzz: este hombre consiguió que soslayara la posibilidad de escuchar "El Madrileño" de C.Tangana en Youtube y me gastara unos euritos en la compra su CD, el cual acostumbra a girar en mi casa. Y se lo digo de corazón: hay que escucharlo.

Pues bien: Alizzz nos acaba de sorprender con una pieza cantada en catalán, "Que pasa nen" y protagonizada por él mismo, promocionada con un vídeo en el que Cristian se pasea rumboso y flamante por Castelldefels, su población natal. La canción es una declaración en toda regla y constituye algo parecido a un himno, entre lo personal y lo colectivo.

En uno de los primeros versos, Alizzz se define como un "charnego de periferia".

Y ahí me detengo. Para contarles:

Hace casi una década, en uno de los momentos flamígeros del "procés", yo todavía me intercambiaba mensajes con conocidos de la línea independentista -luego me bloquearon todos. Le recriminé a una persona que el nacionalismo radical hubiese desempolvado la palabra "charnego" y el odio a los catalanes sin ocho apellidos ídem, y ella no tan solo me lo negó: afirmó que el nacionalista catalán jamás habla de "charnegos" y que lo mío era una bajeza moral: el independentismo es inclusivo, me dijo, el independentismo es integrador y blablablá. ¿Se lo pueden creer?

Por eso mismo está muy bien que Alizzz se defina como "charnego de periferia" en esta canción casi himno, y que lo cante en este catalán suyo, que es el acento catalán más común le pese a quien le pese. Ese es el catalán de mis alumnas y el único catalán real. Salvando algunas zonas de Vic y de Olot, por supuesto.

Si ustedes escuchan la canción de Alizzz que aquí les dejo enlazada, podrán descubrir que cada frase tiene su miga. Bajo una apariencia ligera, algo gamberra y provocadora, Alizzz suelta lo que muchos pensamos y aplaudimos. No es casualidad que le exija a la alcaldesa de Castelldefels -o Castefa, como quieran- que le ponga una escultura, y ahí está la mejor ironía de todas las que contiene su pieza. 

Si algún día esa comarca del Baix Llobregat será reconocida por alguien, será por las mujeres y los hombres como Alizzz, que consiguieron contarle al mundo que Cataluña es un territorio plural, mestizo y alegre. Y charnego. Como Rosalía o Estopa, que son del Baix Llobregat.

Tras ser la protagonista de las huelgas contra el franquismo de hace décadas, el Baix Llobregat vuelve a ser el verdadero centro de Cataluña. El ombligo catalán no está en las comarcas gerundenses más carlistas, y si acaso otro día hablamos de cultura y cultureta y de la decadencia de la burguesía o de la muerte de Pujol.

Alizz nos cuenta, metido dentro de su bólido, que Cataluña conseguirá salir de la tiniebla medieval y nacionalista más pronto que tarde. Mi Cataluña es la de Alizzz.

14 de set. 2022

LA ANC CONTRA LA DEMOCRACIA

Entre camisas azules y negras. Foto: El Periódico

Uno se levanta a veces optimista, y piensa que la pesadilla catalana de 2017 ya se pasó, y que vista con esa distancia de hoy más bien produce risa. Pero hay otros días en los que uno se despierta oscurecido y con el mal pie, y entonces regresa a los temores de aquellos meses nefastos. La realidad se mide por estados de ánimo

Así pues, tras ver las valoraciones de la manifestación de este 11 de septiembre, ya he vivido las dos emociones. Por un lado, el número de manifestantes es objetivamente bajo y, lo más sensato, sería soslayar el acto. Por el otro, hay quien considera que el número es alto pese a todo y que se debe volver a la carga. Aunque debilitados en número, de nuevo hay quien percute los tambores. Esos tambores me llegan, de madrugada, y hacen temblar los cristales del piso.

La ANC lidera esta opción, con el acompañamiento tibio del partido de Borràs y Turull, escindido en dos almas. La ANC insiste en anteponer la "voluntad del pueblo" (las personas que salen a la calle un día determinado) a cualquier ordenamiento legal y, por consiguiente, creen que esa voluntad debe imponerse y debe orientar al gobierno autonómico. Hablan de "desestabilizar al estado" en una demostración de irresponsabilidad escalofriante. Se ha comentado mucho la similitud de esta manifestación con la "Marcha sobre Roma" de Mussolini, ahora aumentada por haber desfilado con camisas negras -trasmutadas en camisetas. Aquella marcha italiana partía de los mismos presupuestos que ésta: los gobiernos deben obedecer a los manifestantes.

En el ánimo de Dolors Feliu, nueva presidenta de la ANC, está esa pulsión por violentar a la convivencia, a la ciudadanía y en última término la propia democracia: desestabilizar al estado. 

A mi, Pere Aragonès no me despierta mucha simpatía, pero le reconozco un valor importante. Es el primer presidente de los cuatro último que intenta no ser la noticia del día. Artur Más encendió el fuego en un acto de irresponsabilidad y en un error de cálculo enormes. Pero luego vinieron Puigdemont y Torra, adictos al titular bravucón y a la declaración diaria de soflamas tan inútiles como peligrosas. Aragonès, por lo tanto, ha entendido mucho mejor que los anteriores cual es el papel de un presidente autonómico más allá de que a él le guste o no ese rol, de que nos guste o no a los demás su figura.

Por eso es más triste todavía la actuación de la señora Feliu, empeñada en revivir una pesadilla que llevó odio, confusión y malestar. En su papel de nigromante indeseada, pretende levantar de nuevo al monstruo. El mismo monstruo que asoma por muchos países de Europa y cuyo último fin no es otro que derribar la democracia: la pulsión totalitaria disfrazada de oveja, trasvestida de víctima. De nuevo y como siempre.