29 d’abr. 2022

PROCESO DE LATINIZACIÓN INSUFICIENTE

Observo el paisaje des de su periferia. Solo así se comprende el paisaje de la lengua catalana, des de uno de esos tristes barrios de bloques amarillentos y desconchados.

Tras la sentencia del 25% de castellano en los centros educativos de Cataluña vinieron los quejíos, las alusiones a la represión, los quiebros y requiebros, las declaraciones solemnes de desobediencia... todo eso que es en lo único que parece competente el gobierno catalán. 

Luego, lentamente, se presentaron proyectos piloto, documentos sibilinos y otras propuestas, como el rescate de la idea del anterior Consejero y que proponía un tratamiento "asimétrico" de las lenguas que podríamos resumir con un ejemplo: más castellano en las escuelas de Vic, más catalán en las de Badalona.

Sin embargo, la presencia de la insidiosa "Plataforma per la Llengua" sigue dando tumbos por ahí, nadie sabe muy bien como, más o menos infiltrada en ciertos organismos. O eso sospecho yo, viendo el tono y el estilo de algunos panfletos, pretendidamente serios y supuestamente oficiales que circulan por ahí. El asunto es que ahora los independentistas han mutado en guerreros de la lengua con la agresividad propia de aquellos almogávares que pueblan sus tórridas fantasías nacionales.

Pero pasan los días y las semanas y todo se diluye en eso, en extrañas encuestas para descubrir no solo el uso del catalán en patios, aulas y claustros de docentes, si no para averiguar también el conocimiento del catecismo inmersor. Me han preguntado ¿sabes qué debes responder a la frase de un alumno que te espeta que el catalán no sirve para nada, o que es muy difícil, o que no le interesa?

Me pregunto qué vendrá tras las encuestas y los sondeos, las formaciones de "grupos impulsores del catalán". La realidad sigue tan tozuda como siempre, y en esos barrios que les mencionaba se escucha poco o nada el catalán. La recesión es evidente y sus causas son muchas. No solo la importancia de las redes sociales y de la lengua castellana como lengua de adopción cada vez más generalizada. 

Uno puede vaticinar que el catalán está en proceso de latinización acelerado: pronto será una lengua de políticos y burócratas hasta que, por fin, esos mismos pasen a hablar una variante mestiza que, con los años, será una nueva lengua, un dialecto del castellano. Aunque esa latinización del catalán tendrá una gran diferencia con el latín de los romanos: no hay Séneca ni Cicerón ni Marco Aurelio en nuestra cultura, ni hemos fundado nada relevante. La humildad es un valor y el realismo un don.

Aunque les voy a decir algo: cuando yo era pequeño escuchaba a los pesimistas, a los ultranacionalistas y a los expertos en sociolingüística (las tres categorías eran compartidas por las mismas personas) proclamando que al idioma catalán le quedaban diez o veinte años de vida. Eso pasaba hace 40 años. 

22 d’abr. 2022

A VECES VEO CATALUÑAS MUERTAS

Nadie es capaz de contar cuantas Españas hay. A algunos, cuando se ponen a hacer cuentas, les salen muchas naciones dentro de España y, a otros, solo una. A mi, la verdad, esa manía cuantitativa nacional me interesa muy poco.

Pero les voy a contar algo. Me he puesto a rastrear las distintas Cataluñas y me han salido un montón. La rica, la pobre. La interior, la de la costa. La metropolitana, la rural. La profunda, la superficial. La auténtica, la ñorda. La catalanohablante, la bilingüe, la castellanohablante. La muy poblada, la muy despoblada. La de Sant Cugat y Puigcerdà, la del resto. La que vota nacionalista, la que vota españolista. La auténtica, la botiflera. La rica, la pobre: vuelvo al principio.

Trabajo en un barrio paradigma de la Cataluña pobre. En este barrio no solo las personas son pobres: la escuela y el instituto se caen a pedazos y nadie ha invertido en ellos. El Centro Cívico, cuyas paredes eran blancas, hoy son verdes de ese verdecillo de las humedades que tienden al marrón y luego al negro. Lo mismo le sucede al centro de atención primaria.

Llevo ya unos años en este barrio y el otro día, de repente, caí en la cuenta de algo: ni tan solo durante los peores años del procesismo aparecieron pintadas nacionalistas en las paredes. Jamás ni una bandera estrellada, nunca. Un extraño territorio vacunado, olvidado por el virus, invisible al tormento.

¿Jamás ni una sola pintada? Les he mentido: a finales de marzo aparecieron unas inscripciones en pintura verde en la entrada del Instituto: "L'escola pública, en català". Lo firman "Arran" y el "Sindicat d'estudiants dels Països Catalans" (SEPC). El mensaje, por cierto, tiene su enjundia: exigen la pública en catalán pero se soslaya explícitamente a la escuela privada. ¡Vaya! 

Por fin se acordaron del barrio y vinieron a estampar sus consignas, que nadie se ha molestado en tachar, no por respeto si no por desprecio absoluto. Ni caso. Es relevante que se hayan acordado de los barrios más pobres para reivindicar la lengua catalana y, sin embargo, sus pintadas no se hayan fijado en nada más: ni la pobreza, ni las penurias, ni el mal estado de las instalaciones públicas. Nada de eso han visto y, por consiguiente, nada tienen que objetar.

Hay una Cataluña casi muerta en nuestro mapa. A esta parte del mapa catalán no vienen nunca los nacionalistas, y hacen bien en no venir: tenemos muchas cosas que contarles. Pero tampoco vienen los otros. Quizás estamos muertos.

21 d’abr. 2022

EL ESPÍA QUE SURGIÓ DE WHATSAPP

IDEAS PARA TERTULIANOS Y COLUMNISTAS

A nadie le sorprende mucho que el virus israelita y espía pudiese entrar siete u ocho veces en el teléfono del señor Torra cuando (hacía como que) presidía la Generalitat. Todos sabemos que no es un hombre muy largo. Aviso para hackers y estafadores en general: en Gerona hay una presa facilona (y perdón por el pareado).

Es muy probable que la señora Pilar Rahola esté rabiando por no constar en la lista de las personas espiadas por Pegasus: sin duda, esa omisión la lleva muy mal. Veremos a quien le echa las culpas. Es raro que la señora Rahola, tan amiga de la causa sionista, no haya sido objeto de su atención.

Ayer, una periodista entrevista al ex-diputado de ERC Joan Tardà para preguntarle por el asunto del espionaje y, a la mínima ocasión que se le presenta, el señor Tardà se arranca con insultos a los señoritos de Junts x Cat. Posiblemente, los espías que escuchaban las conversaciones de los políticos secesionistas llegarían a la conclusión de que, más que nada, eran un grupo de tipos que se insultaban entre sí.

Cualquier estado, por más europeo y democrático que sea, se defiende ante quienes pretenden socavar su integridad y saltarse su Constitución. Y cualquier estado lo hace con todos los medios disponibles, incluyendo al espionaje más o menos legal, más o menos ilegal: se trata de preservar un bien superior. Al fin y al cabo, a ninguno de los espiados les han atado a un somier ni les han punzado los pezones con electrodos para sonsacarles confesión alguna.

Creo que, para la mayoría de los espiados por el asunto secesionista, haber sido espiados por Pegasus será la única hazaña remarcable de sus vidas. Por fin tendrán algo que contar en sus memorias de tres páginas y media (siendo tres de ellas dedicadas al día de la Primera Comunión y a sus recuerdos como castellers, bastoners o monitores de esplai). Algo es algo.



20 d’abr. 2022

EL PROBLEMA ES EL FÚTBOL

Conozco pocas ocupaciones más aburridas que mirar una pantalla en la que 22 tipos en calzoncillos persiguen una pelota con el único propósito de darle puntapié. Dirías que es algo estúpido pero, por alguna razón desconocida, existen personas a quienes esa contemplación absurda les produce una enorme emoción y jolgorio en el alma. Y lo más grave no es eso: lo más grave es que a esa actividad se le destinen miles de horas en los medios audiovisuales, toneladas de papel en la prensa "deportiva", millones de presupuestos -no solo privados.

Que le presten atención y micrófonos a un entrenador zote, a un presidente de club con aspecto de rufián de barrio o de mafioso de un pueblo del Kazajstán, a un jugador zoquete (por más multimillonarios que sean) es algo que me tiene tan asombrado como molesto. Jamás comprenderé esas cosas, pero ahí están. En esa Cataluña tan severa y vigilante de las esencias, le perdonaron a un tal Messi (casi paradigma de la incapacidad verbal) que no dijese nunca ni una sola frase en catalán: a mi vecina de Jaén, 68 años 54 de los cuales en el tajo levantándose a las cinco de la mañana, le recriminan su idioma y la tratan de colona, cuando no de genocida cultural.  

Resulta más enigmático que alguien se sorprenda por el asunto de unas comisiones de muchos millones de euros, como estamos viendo esos días: ¿acaso alguien se sorprende del bajísimo nivel moral de esos individuos? ¡Vamos! 

Los valores del deporte, sueltan, a veces, sus defensores: es muy difícil descubrir algún valor remarcable en el mundo del deporte, que todavía esconde abusos de todo tipo y ya des de los lindos patios de las escuelas, presididos por la inevitable cancha de fútbol. Quien haya visto, por suerte o por desgracia, un partido de cuarta regional infantil sabrá de lo que hablo: el fervor tabernario trasladado al césped (generalmente artificial).

¿A santo de qué se rasgan las vestiduras quienes se escandalizan de las comisiones del tal Piqué y de un tal Rubiales? ¿Alguien pensó que eran ejemplares en algo? Y cuesta más comprender ese escándalo en un país cuyo anterior Jefe de Estado ha dedicado toda su vida a sacar enormes tajadas por sus comisiones: el Emérito ha sido un comisionista por encima de cualquier otra dedicación, incluso por encima de su amor a las mujeres rubias.

Rubiales, tipo de quien tenía el gusto de no saber de su existencia, es un hombrecito deplorable que se ha echado a llorar en una rueda de prensa: el llanto es algo muy común en los deportista televisados, y sorprende esa reivindicación de la llorera en hombretones que se han pasado décadas presentándose como muy machos per ¡ay! llega el instante en el que se quieren presentar tiernos y sensibles y muy dignos. 

El problema de ahora son las comisiones y los trapicheos con los sátrapas árabes, si. Pero el problema real es el fútbol.

A LES SENYORES I SENYORS DEL CONSELL DE LA REPÚBLICA

Senyores i senyors del Consell
per la República catalana,
M'adreço a vostès després de llegir
que vostès són el govern més legítim de Catalunya,
el més legítim de tots els governs
que es fan i es desfan a la nostra bella i vella terra,
i per això els escric en vers i en dolç llemosí.
He vist amb goig la seva bella estampa
sota el llimoner ardent
i els vull demanar ajut en els meus neguits:
no arribo a final de mes i necessito
una subvenció per al lloguer, i una beca
per a la filla que estudia un grau mitjà de perruqueria,
i ajuda psicològica per a la mateixa,
que arrossega grans problemes després del virus,
i també els demano, si és possible,
que li atorguin una plaça en un centre
sociosanitari a la meva mare,
que ha complert noranta-tres anys i no
ne'n puc tenir cura, perquè treballo onze hores al dia
comptant els caps de setmana fent la neteja d'un hotel d'Olot
i m'he de desplaçar a la feina
en el meu vehicle particular (la benzina està impossible!)
i, si no és demanar massa, els dic que m'urgeix
una roba d'abric perquè la primavera no arriba,
no arriba, i he hagut d'apagar la calefacció.
Sé que vostès, legitimíssims, seran sensibles
a les necessitats d'una catalana de tota la vida
i de la ceba, i resto,
humilment, a la seva disposició tot i que sé
que la pàtria no em fallarà mai
i vostès menys, si a Déu li plau.

17 d’abr. 2022

TRISTES NOTICIAS DE LA REPUBLIQUETA CATALANA



Tras un tiempo sin novedades que se puedan reseñar, de repente nos llega la foto de un supuesto gobierno catalán (¡y legítimo!) en Waterloo. Es una foto triste, en donde once personas sombrías se nos muestran hastiadas bajo un limonero más andaluz que catalán. Quienes posan a la sombra del limonero aparecen taciturnos, serios, deprimidos. Nadie esboza ni tan siquiera media sonrisa. La sombra de Schopenhauer se desliza sobre sus rostros ectoplasmáticos: vivir es un acto inútil y a la republiquilla más le valdría no haber nacido, nos murmuran esos rostros apesadumbrados.

Pero ahí están, erguidos cual estatuas de cera en un museo polvoriento. Tras unos segundos de esfuerzo, uno reconoce a unos pocos, a muy pocos. Algunos altos cargos, algún cargo mediano y muchos nadies. Hay un viejo cantautor, más bien mediocre, en un rincón oscuro. Viste ropajes más oscuros que la sombra que le envuelve, como en un cuadro barroco del barroco más español. Siempre hubo una gran dosis del barroco español en esa tragedia grotesca, a menudo ridícula, del independentismo catalán: si hay algo muy español en la España de los últimos años, eso es el independentismo catalán, con un deje granguiñolesco pero sin saberlo y mucho oropel plateresco.

Tras el embite nacionalista, ganamos los partidarios de la democracia y de la libertad. Eso es indiscutible. Y aunque amenacen con volver a hacerlo, uno recuerda que lo único que hicieron fue el ridículo, así que, en realidad, lo pueden repetir cuando quieran.

Nadie comprende porque publicaron la foto del limonero en Semana Santa. Quizás para certificar, inconscientemente, el deseo de muerte que anida en todo nacionalismo, en cada delirio mesiánico. Su fotografía vale un imperio cuando se traslada al sepia: el imperio del olvido.

15 d’abr. 2022

POSTALES DE ESPAÑA, ABRIL 2022


Como para muchos niños pobres de ciudad y sin abuelos en el pueblo, mis vacaciones de la infancia no eran tiempos felices. Me aburría soberanamente, y me entretenía con quehaceres de bajo presupuesto: dibujar, escribir, releer. Ignoro la razón, pero las vacaciones de semana santa me resultaban las más tediosas. En la radio de aquellos tiempos abundaba la música religiosa, que es la banda sonora definitiva para el desasosiego. Recuerdo días grises, de lluvia, y el redoblar de tambores mortuorios en la enorme Telefunken del comedor.

Luego llegó la edad laboral y, por supuesto, empecé a vivir otro sentido de las vacaciones. Sin embargo, algo queda siempre, en un rinconcito de la mente. Hoy mismo, sin ir más lejos, experimento otra vez el tedio de estos días.

En el televisor, luego de las cosas de Ucrania, aparecen las procesiones, bailes de muertos y políticos presuntamente corruptos. El tiempo se detiene. Me he fijado en los dos "pillos" (por usar la nomenclatura del pobre Feijóo) y en el uso que le dieron a los dineros soplados al erario público: sorprende la vulgaridad extrema de los dos sujetos, a cual más zafio. Comprarse cinco coches de gama alta es lo que haría un desdichado sin alma, y eso es lo que han hecho. Hay algo herrumbroso en esa aristocracia española, algo viejo y cansado. Y luego están los gemidos del señor alcalde, algo pueril, explotando su imagen de fragilidad. 

Siguen las procesiones. Una no pudo salir por causas meteorológicas, y el reportero dio con un señor que lloraba por no haber podido sacar a la virgen de más de mil quilos de peso en madera tallada, ricos ropajes y alhajas. Me resulta difícil comprender la idolatría de la Semana Santa, ese lugar en el que la religión se encuentra con lo menos espiritual de si misma y que, por más que lo disfracen de tradición o de identidad local, representa lo rancio y lo insustancial, un extraño ritual de señoritos y beatas añejas, de concejales del PP y (intuyo que) también de Vox, gentes siempre atentas a la supuesta identidad católica, de señor obispo gordinflón e hipertenso, rodeado de monaguillos exsangues y ¡"Viva el Cautivo"!.

La imagen de las procesiones me dispara una sinapsis que me lleva a los cuentos de Lovecraft, y a sus adoradores de fetiches horrendos.

Y luego, el fútbol: para no desentonar con la semana del dolor, los fans del Barça gimen y lloriquean por haber perdido ante un equipo de tercera fila, en una manifestación -laica pero no tanto- del sacrificio. Es curioso lo mucho que se parece el fútbol a la religión cuando se la desnuda de cualquier atisbo espiritual. Creo que es tan imposible creer en Dios como en el Barça, a no ser que, de pequeño, te hayan dicho que solo tu Dios es el de veras y que el Barça es más que un club de fútbol. Por suerte o por desdicha, crecí en una familia agnóstica en ambos asuntos.

Así que, en ocasiones, vuelvo a vivir la semana santa como cuando fui niño, y hay momentos en los que deseo que se termine y suene el despertador y regrese a la vida ajetreada de cabreos y prisas, a una vida tan difícil y llena de dolor como en sus siniestras simulaciones religiosas o futboleras. 

13 d’abr. 2022

4 DÍAS EN MADRID

Hay que ir a Madrid. Y hay que estar en Madrid evitando la tentación de compararla con Barcelona, aunque a veces resulta divertido. ¿Banderas? Las justas. Solo las banderas oficiales en los sitios oficiales. Aunque alguna hay, claro, en algún balcón: nadie puede escapar por completo a la reacción.

En los barrios uno descubre que, sin estar preocupada por su identidad, Madrid tiene una identidad poderosa y nítida que la emparenta con París, con Lisboa, con Roma. No se destruyeron los escaparates para sustituirlos por la fiebre del diseño, y los interiores de las tiendas conservan incluso el olor suave y a madera, el olor del tiempo y del cuidado. Algo terrible, emparentado con el deseo de modernidad, arrasó las tiendas de mi ciudad. Había un deseo de modernidad estúpida, debida al complejo de inferioridad, al horror ante la evidencia: somos provincianos.

Y luego están los parques, que no me pierdo nunca en ningún lugar. En los parques está la ciudad. Y Madrid cuida de sus parques, y miles de personas se sientan en el césped y bajo la sombrita de los castaños en flor. Hay gente mayor, familias, grupos de jóvenes de ese estilo que jamás fallece: el grupo con guitarra, y hay turistas, niños y niñas, hippies talluditos, hombres con sus ordenadores portátiles, con su periódico, parejas de mujeres que hablan durante horas, parejas de todas las condiciones afectivas y, de vez en cuando, el coche de protección civil.

En mi ciudad prohibieron pisar el césped, aunque nadie lo cuida mucho. Vi pocos perros y todos atados. Y pocos patinetes. Había larguísimas colas para entrar en los museos, larguísimas, y la mayoría de esas personas no eran turistas de otros países. Ante la sala del Guernica, en el reina Sofía, se agolpan un montón de personas y el silencio es absoluto. Hay más risas y más charlas frente al Jardín de las Delicias, en el Prado. En ese mismo museo, observo los rostros de los reyes Felipes retratados por Velázquez, un pintor que también fue genial al retratarlos tal como fueron, aunque le agradezco a Goya el desparpajo que tuvo al presentarles tal como los veía: una panda de lerdos engreídos en una España atrasada y miserable.

En la sala dedicada a la obra de Richard Serra, en el Reina Sofía, no hay nadie. ¿A nadie le interesa Serra? Llevo en la mochila el libro de Juan Tallón (Obra maestra, Anagrama, 2022) que cuenta los azarosos sucesos que vivió esta obra de 38 toneladas de acero, por lo cual esperaba más afluencia de curiosos como yo. Quizás acabo de cometer provincianismo.

En Madrid no es fácil encontrar una mesa libre al mediodía y no digamos ya por la noche. Hay precios para todos. Gran Vía arriba, uno se da cuenta de que el teatro tiene una presencia asombrosa, aunque por las callejuelas y las placitas del centro abundan los teatros pequeños, que proponen Mihura y Jardiel Poncela pero también Ibsen. La Filmoteca no es un edificio emblemático pero es muy acogedora: no tiene que demostrar nada, ni debe simular que a la cultura se le destina mucho presupuesto. El Jardín Botánico es un lugar tranquilo, muy bien cuidado. Me paseo ante los bonsáis que les donó Felipe González, recién regados y en perfecto estado. Hay un montón de cuidadores de las plantas trabajando en silencio y en paz.

Por supuesto que todo tiene un lado oscuro, y esa sombra no la ve el turista de cuatro días. Pero en varias ocasiones pienso que a muchos de esos catalanes que se sienten superiores, mejores, más europeos o más cultos que el resto de España les vendrían muy bien un par de días en Madrid.

8 d’abr. 2022

EL DOCTOR MABUSSE ARGIMÓN Y EL CASO DE LAS MASCARILLAS CATALANAS

Todo, en Cataluña, tiende al disparate. No solo es la única región del mundo que se proclamó independiente durante 8 segundos, si no que no aprendió nada de aquel ridículo espantoso. ¡8 segundos! Algunos prometen volver a hacerlo, quizás con la íntima convicción de llegar a los 16 segundos de independencia, tras los cuales volverá el inevitable crujir de dientes, el tembleque, el viaje en el maletero del coche, un chalecito en Bruselas, y etcétera.

Ahora, un tal Doktor Argimon ha proclamado a su modo la independencia en el asunto de las mascarillas, y se ha adelantado 24 horas al resto de España con su medida de eliminarlas de la vía pública y de las aulas. Lo ha proclamado sin mencionar la desobediencia, pero la desobediencia de niño listo estaba en sus frases. Cataluña es diferente, especial y más guay. Por eso mismo quita las mascarillas 24 horas antes que Madrid: a su manera, el Doktor Argimon grita "¡libertad!" antes que Díaz Ayuso, ahí es nada.

Si comparamos las 24 horas del Doktor Argimon con los 8 segundos de Forcadell&Puigdemont debemos concluir que el Doktor es un fenómeno: un simple Argimon logra multiplicar por diez mil la republiquilla de los anteriores.

Pero... ¡siempre hay un "pero"! Resulta que el Doktor Mabusse Argimon mandó una carta a las directoras de las escuelas y los institutos de Cataluña la misma tarde en la que por la mañana proclamó las 24 horas de ventaja respecto a España (o al Estado Español, según es costumbre por acá). ¿Qué les decía en esta carta Mabusse Argimon a las diectoras? Pues nada, es bien sencillo: el Doktor les cuenta que la medida catalan solo tiene carácter de "recomendación", ya que -les dice- aquí solo vale el Real Decreto que publicará el Gobierno de España el día 20. ¿Argimon es valiente? Si, por supuesto: valiente pero sin pasarse, valiente pero no imprudente, eso nunca. Argimon, como Cambray (el consejero de Educación) desobedece un poco, lo justo, solo para que parezca que desobedece.

Argimon, como Cambray, son esos capitanes valientes que proliferaban en las trincheras del Marne y que gritaban: ¡Cuando yo les dé la orden, salgan todos de la trinchera y avancen hacia el enemigo! Y ellos, los valientes capitanes, permanecían en la trinchera bien agazapados, no vaya a ser que me caiga un obús -o una citación del Constitucional.

5 d’abr. 2022

GUERNICA NO FUE BOMBARDEADA, DICE

Se debe recordar que la fotografía se inventó para retratar lo invisible al ojo humano. Eso explica que, entre las primeras fotografías de la historia, haya tanta abundancia de espectros, ectoplasmas, duendes, demonios y hadas. Con el devenir de los años, se fotografiaron platillos volantes y seres extraterrestres, sirenas, monstruos que viven en lagos, yetis, apariciones marianas.

El principio que inspiró a todas esas imágenes es el mismo: si se ha fotografiado es porque existe. O bien del revés: existe porque ha sido fotografiado. Es decir: lo que sale en la foto debe ser, forzosamente, real.

Pero pasaron los años, la fotografía se popularizó y hemos llegado a un día en el que todo el mundo lleva una cámara en el bolsillo y la mayor parte de las veces, en la mano. Siempre me ha sorprendido que ahora haya tan pocas fotos de espectros y de ovnis, cuando debería de haber miles a diario con tanto fotógrafo suelto y en todas las partes del mundo.

Ahora empezamos a vivir en el fenómeno opuesto: lo que se fotografía es invariablemente falso. Lo que antes era una prueba de veracidad, ahora lo es de falsedad. Ya nadie cree lo que aparece en una fotografía: demasiados filtros, demasiadas aplicaciones de retoque, de trucaje, de manipulación. Ya nadie cree: la fotografía exige una fe imposible, de la que ya no disponemos. Parece que nos hemos vuelto tozudamente racionales y exigimos pruebas indiscutibles, científicas, indudables. Y la fotografía ya no cumple ninguno de esos requisitos.

Vivimos inmersos en la duda cuando no en la negación, y uno solo cree lo que le complace de veras o lo que le reafirma. La fotografía debería de habernos devuelto al misterio, pero nos ha despojado para siempre de él, no porque haya mostrado la absoluta falta de misterio en el mundo si no porqué no es fiable nada.

Hoy he leído un medio que demuestra la falsedad de las fotografías hechas en la ciudad ucraniana de Bucha, y son muchos quienes se apuntan a negar la veracidad de esas fotos. Dicen: esas fotos pertenecen a otro tiempo y otro lugar, o bien afirman que los cadáveres "se mueven", son actores.

Décadas atrás, la filmación de un cadáver que se mueve hubiese supuesto un estupor general, rezos, programas radiofónicos y televisivos sobre esoterismo, magia negra y fantasía. Hoy, el cadáver móvil es objeto de burla, prueba de una mentira. Alguno llega a afirmar: no puedo darle crédito a la matanza de Ucrania porque no lo he visto con mis propios ojos ni estuve allí. Bienvenidos al fin de la última certeza: no puedo afirmar que la Luna exista, ya que no estuve en la Luna. Tampoco los dinosaurios existieron: no había hombres -¡ni mujeres!- allí para certificarlo, y esos esqueletos fósiles pueden ser un montaje de Photoshop, o un andamio de plástico.

Quizás el bombardeo de Guernica no existió jamás, ni los campos de exterminio.

Sin duda, y mira como son las cosas, alguno de los que niegan la masacre en Ucrania, los campos nazis o el bombardeo de Guernica es el mismo que afirma, con vehemencia, la existencia de Jesucristo, de la nación catalana y de su fundador Wifredo, las gestas de Don Pelayo o las bondades de la lejía ingerida para combatir al coronavirus. De modo que: la negación de la fotografía no se debe a un exceso de racionalidad, ni es la racionalidad el signo de estos tiempos más bien infantiloides.

3 d’abr. 2022

ELS CATARRES O LA FI DE CATALUNYA

A en Pau Riba, el darrer artista rebel català, el va entrevistar un encara jove Àngel Casas fa molts anys. Casas li va preguntar què havia aportat en Pau a la cultura catalana i ell va respondre, amb indolència i un xiclet a la boca, que li havia aportat molt més que altres: jo he destruït la cultura catalana, va dir en Pau. Podia ser tan sols una boutade ribiana, però fou una boutade fabulosa i amb un significat profund.

Algun acadèmic català es va inventar que la cultura catalana havia passat un temps d'esplendor (medieval)  i després una decadència, de la qual en culpen, evidentment, Espanya: l'acadèmic català només volia argumentar el significat del concepte de la "renaixença", un etapa molt dubtosa. Potser caldria ser francs i admetre que la cultura catalana sempre ha estat en decadència, eufemisme que evita la inexistència o, tal vegada, la insignificància. Això ens sembla la cultura catalana: un fenomen provincià que se situa entre l'insignificant i l'inexistent. Dit d'una altra manera: sense Pérez Galdós no hagués existit mai Narcís Oller. I com aquest cas, tants d'altres. Qui odia Espanya s'odia a sí mateix.

Mai no sabrem si existí una cultura catalana en el sentit genuí, però més aviat sembla que no. Sembla que tot el català és un capítol espanyol, o de vegades una nota catalana al peu de la pàgina espanyola. Siguem honestos, que no és tan difícil.

Fa poc vaig preguntar a l'alumnat quins grups musicals catalans coneixien, i ben pocs van respondre noms que no fossin Rosalía, Estopa, Manolo García, Queralt Lahoz. Aquests pocs em van dir: "Els Catarres". Vaig haver de fer una recerca per conèixer l'obra musical dels Catarres i em vaig trobar una col·lecció de cançonetes irrisòries, entre l'infantilisme i el naïf, peces desproveïdes de qualsevol valor musical a tenir en compte, una colla de ximpleries gairebé indignes de ser escoltades a la festa major de Cabra del Camp a les tres de la matinada.

Per aquell mateix dia estava escoltant un artista belga, Stromae, un home que desborda creativitat, enginy, cultura musical i una exquisita sensibilitat social. A Bèlgica no parlen de la decadència ni de la renaixença belga: perquè no els cal. I per cert: Stromae no té cap cançó, que jo sàpiga, en flamenc. Ho dic per si de cas a l'homenet de Waterloo se li acut alguna de les seves imbecilitats nacionalistes o parafeixistes a les quals ens té habituats, per exorcisar l'oblit que el posseeix.

Alguna cosa no funciona a la Catalunya post procés, i que Els Catarres siguin el grup musical més reconegut a la regió n'és el símptoma. Símptoma que es replica en la literatura i en les arts en general, i que ens duria a concloure el que ja sabíem des de fa segles: que el nacionalisme ho destrueix tot.

1 d’abr. 2022

MIQUEL FUSTER. MUERTE DE UN DIBUJANTE


Hace exactamente 8 años conocí a Miquel Fuster, de profesión dibujante de comics e ilustrador. Le hice una entrevista, cámara en mano, una Panasonic SDR-S50 que me acompañó durante mucho tiempo y que, a día de hoy, todavía funciona. Por aquéllos días, Miquel llevaba ya un tiempo habitando un piso, tras 15 años durmiendo en la calle.
Ayer murió.
Murió en su cama, en su casa. Incluso para morir es necesaria una casa.