21 d’oct. 2022

NO PENSABA QUE LA VIDA FUESE ASÍ

Nasreen tiene dieciséis. El azar nos ha puesto de nuevo a ambos en el mismo sitio, pero en otra parte.

La conocí cuando ella tenía 8 y era una niña de segundo de primaria, alegre y algo alocada. Siempre estaba contenta y solo quería cantar y bailar. Entonces nos encontramos en un colegio en donde pasé algunos años de maestro. El barrio es muy pobre, de muros desconchados y ascensores añadidos por la parte de la calle, coches quemados, paro y trapicheos. A veces aparecía la policía, cerraban las salidas del barrio y organizaban una exhibición de fuerza y poder que duraba un par de horas, dos horas de miedo para el vecindario. Luego se largaban hasta dentro de dos meses, en que representaban su función otra vez.

Pasaron ocho años y coincidimos de nuevo. Durante este tiempo yo abandoné la primaria y pasé a la secundaria. Ahora nos encontramos en un Instituto de otro barrio, al otro lado de la misma ciudad, en la periferia opuesta. Los mismos bloques, los mismos ascensores, paro y trapicheo. Y luces azules de vez en cuando, para escenificar por un breve rato quien manda aquí.

Ahora Nasreen, sentada ante mi, me mira con sus ojos azabache y me dice esto, con un tono cansado y monótono:

-No pensaba que la vida fuese así.

Poco antes del confinamiento, su madre se sintió incapaz de mantener a las tres hijas. El padre las había abandonado y ella no dispone de recursos conocidos. Mandó a Nasreen con unos primos del Pakistán. Llegó la pandemia y Nasreen se vio encerrada con unos familiares lejanos. A los trece años, los primos vieron en ella a una mujer terminada y lista para el uso. Nasreen es menuda y la huella de la desnutrición y el desastre está en cada centímetro de su piel, y en esas cicatrices del antebrazo.

Miro sus ojos. Pero solo veo una sombra. No hay rastro alguno de la niña sonriente que cantaba y bailaba. La niña que cantaba y bailaba fue abolida. Quizás solo sea un recuerdo falso en mi mente.

A su regreso de Pakistán (ni ella misma sabe como consiguió salir de allí) terminó en manos de los Servicios Sociales, que le quitaron la custodia a su madre por dejación y la ingresaron en un centro de menores. A los pocos meses ella se fugó. Vagó por nadie se sabe qué lugares (ni ella misma lo sabe) hasta que regresó a casa de su madre, que simplemente le permite estar ahí. Ahora intenta reengancharse a los estudios. Mientras hablamos me fijo en su mochilita de estudiante colgada a la espalda: el instituto es el último asidero. La sombra que ha caído sobre sus ojos crece lenta y segura.

-No entiendo que es lo que he hecho mal, yo pensaba que lo hacía todo bien. Pero todo ha salido mal.

Nasreen piensa que ha fracasado. Todavía no sabe que es el mundo quien ha fracasado.

Luego, por la noche, cuando regreso a casa, su voz vuelve a mi como en un ensueño, y resuena dentro del coche que me lleva a través de las luces led de los semáforos, los escaparates, las pizzerías de donde parten motos cargadas de comida, los anuncios, las gasolineras con sus carteles informando del precio con dos o tres decimales, los patinetes con batería, señores que pasean perros, grupos de jóvenes a la búsqueda del viernes noche. La civilización. No pensaba que la vida fuese así.



1 comentari:

  1. Una de las cientos de historias reales que se dan no sólo en Cataluña, sino en el resto del país, el hecho diferencial es que te toca directamente, que no es poco, porque se de tu sensibilidad.
    La pregunta siguiente es: ¿podemos hacer algo a nivel personal?. Poco, sólo saber escuchar.
    Cierto que se podría digerir mejor si se viera que una parte de los impuestos iban destinados a que los S Sociales pusieran más personal a disposición de estos temas, pero no hay más cera que la que arde. El ejemplo está en Hospitalet , donde hacen falta al menos diez Educadores Sociales de calle y no se llega ni a la mitad, y te estoy hablando de barrios densamente masificados, La Florida, San José, Pubilla Casas, Gornal...
    Te diré que mi generación, voy cerca de los setenta, tampoco sabemos lo que hemos hecho mal. La gran mayoría se han petado trabajando más de doce horas diarias, en dos trabajos, con sueldos de mierda y trabajando los sábados, todo para que los que vinieran detrás tuvieran un futuro mejor, o al menos diferente al que habíamos tenido nosotros, a base de par de zapatos con agujeros en la suela, pero vemos que no, que ahora las revoluciones se hacen diferente, las hacen los de la Diagonal hacia arriba.
    En realidad siempre ha sido así, aunque antes con más disimulo.
    Jamás han importado aquellos que sólo pueden ofrecer mano de obra.
    Interesa el casch.
    Salut

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