6 de març 2022

Breu història de la literatura catalana contemporània

La literatura catalana contemporània, per exigència del nacionalisme català, es divideix en dos grups.

Grup A) Literatura catalana escrita en llengua castellana.

Grup B) Literatura catalana escrita en llengua catalana.

A continuació els detallo els autors i les autores més rellevants de cada grup.

Grup A: Eduardo Mendoza, Juan Marsé, Ana María Matute, Francisco Casavella, Juan Eduardo Cirlot, Javier Pérez Andújar, Enrique Vila-Matas, Carmen Laforet, Roberto Bolaño (també present en la literatura xilena), Jaime Gil de Biedma, Juan Goytisolo, Javier Cercas, Jordi Soler, Cristina Fernández-Cubas, Terenci Moix, Maruja Torres, José Agustín Goytisolo, Arcadi Espada, Juan Perucho, Carlos Barral, Jordi Ledesma, Jordi Corominas, Empar Fernández, Aitor Romero, Jorge Carrión, Marta Rebón, Núria Amat.

Grup B: Pilar Rahola.

Los valores del deporte

Siempre me intrigó la existencia de unos supuestos "valores del deporte", algo que se acostumbra a escuchar entre quienes defienden la importancia de la educación física en el currículum educativo obligatorio. Alguna vez osé preguntar: ¿cuales son los valores del deporte? Y me miraron casi incrédulos ante una pregunta cuya respuesta les parecía tan evidente como si hubiese preguntado ¿porqué sale el sol cada mañana?.

Me respondieron: los valores del deporte son el esfuerzo, la cooperación, el trabajo en equipo, el ejercicio físico. Es decir, les repliqué yo: los valores del deporte están en la vida, en el trabajo de las cajeras del Mercadona, en una clase de matemáticas en la que al alumnado resuelve problemas en grupo, en los trabajadores que acuden a la fábrica, en una familia que afronta dificultades, en una orquesta, en un cuarteto de jazz, en el equipo médico que trabaja en urgencias, en la cuadrilla de currantes, en el grupo de GEOs que asaltan el chalé del narcotraficante, en el staff del rodaje de una película, en el grupo de jubilados que protestan por el maltrato de los bancos, e incluso en la pandilla de maleantes que atracan una gasolinera.

Por lo que no me queda otra conclusión racional: no hay unos valores exclusivos ni intrínsecos del deporte.

Port otra parte: en el deporte veo frustración, sexismo, burlas hacia el que no llega, hacia el torpe, un ansia desmesurada de ganar y un desprecio hacia el que no gana, grosería, racismo y xenofobia, insultos, codicia, violencia inútil, la ley del más fuerte. Habrá nobilísimos ejemplos de lo contrario, pero convendrán conmigo en que esas excepciones son anécdotas prescindibles.

Ayer me enteré de que el FCB Barcelona (osea el Barça) se plantea debatir con calma si renuncia al patrocinio de una empresa de apuestas deportivas rusa por lo de Ucrania: ¡es que nos dan 12 millones al año! lamentan los directivos, por lo visto con el agua al cuello en lo del dinerito. Claro. Es el dinerito y nada más lo que anima al fútbol "profesional" y, en este sentido, el Barça es más que un club, por supuesto: es un negocio en el que los valores son los que dictan los resultados al fin de cada ejercicio.

Les diré la verdad: en la vida hay montones de cosas aburridas, pero casi ninguna supera el tedio de un partido de fútbol en el que tras 90 minutos se han marcado uno o dos goles. O ninguno. Aunque fueran 12 por cada equipo, seguiría bostezando sin piedad alguna: no veo ningún valor ni nada relevante en llevar un balón de aquí para allá. Por no hablar de las ruedas de prensa de entrenadores y jugadores que ya no comento.

Creo que la cosa del fútbol vivirá el estallido de la burbuja mediática dentro de poco, y que esos supuestos "valores del deporte" se verán en entredicho. Eso llegará. Aunque por afirmar eso me siento como debió de sentirse Juan Goytisolo, décadas atrás, cuando profetizó que el fútbol en España perdería todo interés mediático y popular tras la muerte de Franco, ya que a Goytisolo le parecía que el fútbol era cosa de las autarquías, opio del pueblo, nacionalismo ramplón.

Quizás me equivoque. Dios mío, ten piedad de los idealistas y de los racionalistas.


5 de març 2022

Tània contra el amor

El amor romántico perjudica seriamente la salud. O bien: el amor romántico atenta contra la autonomía, algo que vi escrito en una pintada de la calle y no fui capaz de descifrar: no soy Champolion. Siempre acepté que había una onda de pensamiento que detestaba las películas de Disney, quizás porque las películas de Disney eran su único referente cultural en el tema del amor romántico. Como si jamás hubiesen existido Shakespeare, Marguerite Duras, Sacher-Masoq (ucraniano, por cierto), Sade, Duras, Durrell, Albert Cohen, Barbey d'Aurevilly, Poe, Shelley. Y tantos otros y tantas otras.

Los enemigos del amor romántico ¿vieron "Hiroshima mon amour"? ¿Lo vieron sus defensores?

Pues bien: hay una consejera catalana que ha opinado sobre las maldades del amor romántico, y lo suprime de algún modo. La consejera no debe haber visto "Hiroshima mon amour", ni debe conocer el amour fou. ¿Follie d'amour? ¿Qué es eso?

La consejera debe obviar tres cuartas partes del arte y de la literatura y de la vida, pero para algo es consejera: para obviar por decreto regional. Me pregunto cual debe ser su alternativa al amor: quizás sea el matrimonio pactado entre progenitores del novio y de la novia, el matrimonio de conveniencia de la burguesía o de la aristocracia. Ahora mismo no recuerdo si Tània es de de ERC, de la CUP o de Junts XCat. Ni me importa. Sea del partido que sea, y de la Universidad que sea, y más allá de cuántos títulos académicos ostente, Tània no sabe nada de la vida ni ha pensado jamás en la vida. Tània está vivva y no sabe como. 

Tània niega el amor desde su cargo institucional, aunque sea un cargo regional. A Tània no le gusta el amor, lo desprecia y lo niega. Yo, Tània -lo mismo que tu- puede que seamos el fruto de un arrebato amoroso accidental, de un polvete en el párking de una discoteca a las tantas de la madrugada: puede que seamos el resultado de un impulso romántico pasajero, tan pasajero y efímero y romántico como la vida, como el universo.

Tània: no entiendo muy bien como un cargo público se permite decirle a la ciudadanía como se debe amar o cuales son los amores lícitos, los ilícitos, los correctos. La vida se abre camino entre fluídos y accidentes y más nos valdría legislar sobre lo que es en vez de prescribir lo que debería ser o lo que nos gaustaría que fuese. Si usted, Tània, nos admite que todo es una cuestión de educación ¿como explica que su gobierno regional destine tan poco dinero a la educación?

Hay una izquierda emocional que vive alejada de la realidad, y proclama cosas como su oposición al amor romántico. Quizás porqué no han leído nada ni han visto nada. Le invito a Tània a que se pasee unos días por el barrio de Campoamor, en donde campa el amor romántico entre la miseria y la falta de inversión, entre los gatos. Hay una izquierda emocional que le está labrando el camino a la ultraderecha: usted, Tània, será responsable del ascenso de la ultraderecha.

La educación es una cuestión de principios y de actitudes. De presupuestos. Si se trata de evitar violaciones -por supuesto que es así- ponga usted los medios para evitar las violaciones, eso sí es prioritario. Pero déjese de tonterías sobre el romanticismo.

2 de març 2022

EDMUNDO BAL

Llevo tiempo siguiendo los discursos del señor Edmundo Bal. En la inmensa mayoría de las veces, suscribo casi cada palabra que dice. No todas, eso no sería honesto. Pero debo decir que el señor Edmundo Bal ha estado francamente bien en su intervención del día 2 de marzo en el Congreso y me han entrado ganas de felicitarle en persona. Pocas veces se escuchan palabras sensatas dichas con pasión: esa es una combinación muy difícil en el foro del parlamento español.

El señor Bal parece disponer de una lucidez poco común, lucidez que es la del sentido común, la de la razón. Y demuestra que uno puede expresar lo racional con energía. Se me ha aparecido un político mítico, como de otros tiempos. Aunque no sabría decir de qué tiempos, ya que uno rastrea por la historia reciente y no encuentra momentos brillantes como este.

Puede que al señor Bal se le puedan cuestionar ciertas afirmaciones, pero uno debería esforzarse mucho si quiere discutirle: sus argumentos se sostienen, se parecen a los axiomas. Quizás las cosas sean tal como él las cuenta.

La intervención de Edmundo Bal en el Congreso del día 2 de marzo se ha destacado entre las demás: tras el descalabro argumental del pobre señor Abascal, perdido en su laberinto populista y mentiroso, y tras la gris alocución de la señora Cuca Gamarra, con el tono de la señora que le regaña a la criada murciana. Y luego de escuchar el hilarante discursillo de la pobre Míriam Nogueras (hoy hablamos de Ucrania pero yo quiero hablar de Cataluña, que es lo nuestro) o el repetitivo mantra tedioso del señor Rufián interpretando al señor Rufián, parodia de sí mismo, demasiado visto ya, demasiado sobreactuado, quizás demasiado amortizado. Tras la previsible y dogmática intervención del señor Echenique, ensimismado y encantado de haberse conocido: el señor Bal aporta algo casi inaudito en ese escenario que, por desgracia, adquiere el aspecto de un circo ambulante aunque no se mueva de la puerta custodiada por dos leones. (¿Para cuándo una leona?).

En la historia de Ciudadanos, que pronto será historia -y para desgracia nuestra, tras sus múltiples errores en serie- han faltado muchos más Edmundos Bal. Quizás sea tarde, y eso confirmaría que la historia de España es una historia de tardanzas y de fracasos que debemos lamentar. Siempre se han echado de menos las voces como la del señor Bal: otro gallo le hubiese cantado a España con una docena de Edmundos. 

Es posible que a Edmundo Bal le tengan ya por un zombi, una curiosidad, un souvenir. La postal mandada des de la España que pudo ser y no fue (gracias a las infinitas torpezas del señor Rivera y la señora Arrimadas, ambos perdidos en sus laberintos egocéntricos). 

Por un instante, me he imaginado a una España gobernada por el PSOE en coalición con el señor Bal.


1 de març 2022

EL HÉROE Y EL MALETERO

El estallido de esa guerra rusa ha despertado el duende belicista y el ensueño del heroísmo en muchas personas. En algunas, de talante pueril, no me sorprende. Pero sí me asombra la cantidad de congéneres con aspiraciones heroicas que conviven entre nosotros y que se adhieren al lenguaje bélico.

¡Cuánto daño nos hizo Mel Gibson con su ridícula Braveheart!

Cuando en mi primera juventud, me creí e incluso aplaudí algunos filmes bélicos. Recuerdo unas cuantas cintas sobre la segunda guerra mundial en las que se pretendía presentar al soldado, al general y a los demás (siempre de un mismo bando) como tipos de moral recta y patriotismo incuestionable, dispuestos a dejar hasta la última gota de su sangre en el campo de batalla para mayor gloria de su país. Pero eso se me pasó pronto, puesto que también el cine se encarga de desmitificar el hecho bélico, y de presentar la guerra como lo único que es: aquello que muestra la peor cara del ser humano. En las guerras, como en su padre el nacionalismo, solo hay muerte y miseria.

En esa de guerra de hoy no faltan los catalanes aspirantes a héroe, aunque su heroísmo empieza y termina en Twitter: ninguno se apunta a las milicias de Kiev. Es pasmoso ver como se compara a Zelenski con Puigdemont cuando se parecen como un huevo a una castaña, pero que sepa el señor Borrell que no fue el primero: se le adelantó por unas horas el filósofo Bernat Dedéu, pensador tan audaz y profundo como activo en las redes, el ala más derecha y descarnada del patriotismo. Y da miedo ver las reacciones, tan airadas, de tantos compatriotas: los unos defendiendo al prófugo, los otros lamentando su nula valentía. Y todos ellos independentistas, solo que de distintas familias, de matices diversos. Siempre muy aguerridos en cualquier caso.

En la mente del ser humano, por lo visto, hay un impulso de héroe parecido al impulso de muerte que describió Freud, aunque Freud se olvidó de relacionar a la muerte con la patria. Lo malo de las guerras, tras la muerte y la miseria, es que desatan el ansia de heroísmo y el deseo de la bandera patria ensangrentada, lo más triste y lastimoso del ser humano.

Estoy contra la guerra y las patrias, contra las naciones y, por supuesto, contra los héroes patrios. Vayan en el maletero o se pongan chalecos antibalas, en ambos casos me dan mucha grima.