Luego me pongo a ver eso de los blogs en catalán, que es brutal en número, estratosférico: ahí el más tonto tiene o mantiene -como antes a las queridas- un par de blogs. Me pongo a ello, a ver qué es lo que pasa, qué cuentan, qué tienen que decir sin poderlo evitar: ¿se estará moviendo algo por fin?. Y entonces me sorprendo de veras. A priori, diría que un blog es el instrumento ideal para hacer algunas cosas, especialmente para expresarse sin tapujos. No hay publicidad ni espónsores, ni filtros, ni vigilantes. No hay patrocinio de partidos políticos ni instituciones. Eso permite expresarse mediante la gamberrada, la provocación, el exabrupto, el sarcasmo. ¿Para qué quieres un medio nuevo y libre, si lo vas a usar para comportarte correcta y pulcramente como en el trabajo, en la cena familiar, la reunión de socios del Aplec o en el metro?
Leo al azar: alguien cuenta con pormenores sus quehaceres del domingo. Todo correcto, delicadamente provinciano y naïf, con alguna diminuta falta ortográfica y unas pinceladas patrióticas pero sin pasarse. Antes muerto que incorrecto, aunque eso no se lo lea ni su madre. Otro ha salido a pasear por el parque -para que se mee el perrito, digo yo- y se le ha ocurrido un bonito poema de invierno sobre la escarcha, los geranios muertos y las bufandas. Uno de Ponent se da ínfulas de filósofo y por lo tanto filosofa, pero se trata de una filosofía en zapatillas y pijama, no vaya a ser que se le joda una neurona. Otro (y ya no más) le saca la punta nacionalista a los éxitos de la cantera del Barça. Sin levantar la voz, invariablemente, como respondiendo a un imperativo nacional. O sea: ni ruido, ni nueces. Pero eso si: montones de letra, palabras y más palabras.
No he llegado a comprender nunca bien del todo el mundo, pero todavía menos el mundo en catalán. Yo creía que con el paso de los años uno se vuelve sabio y comprensivo, y por fin tolerante. Por lo menos con su tiempo y con los que tiene alrededor. Pero a medida que pasan los años veo como se esfuman mis esperanzas. A lo mejor será que mis genes charnegos se impusieron sobre los de aquí, que eso de ser mestizo nunca se sabe por donde te sale. A lo mejor tienen razón mis compadres y sólo se trata de que soy un amargado, un renegado, un botifler.
Visto desde aquí y ahora, uno no se puede explicar como triunfó en los años treinta la rebelión obrera de la CNT y la FAI. Ni como diablos encontró tantos seguidores Buenaventura Durruti entre esa gente que ahora prefieren al soprano repeinado para que guíe sus recortes públicos. Ni de donde sale el genio de Dalí, la rauxa de Francesc Trabal, los sarcasmos de Santiago Rusiñol, el arrebato furioso de Albert Pla (el único cantautor digno de mención). ¿Como pudieron crecer aquí el pornógrafo Conrad Son, Ocaña, Nazario, José María Fonollosa, Jaime Gil, los Goytisolos?
Y digo yo: en Cataluña le das un patadón a un pino y se te cae encima un montón de gente escribidora (ya sean plumas o teclados, porqué llegó antes la tecnología que la edad moderna), pero ¿para qué escriben? ¿Por qué será que no follan más o escuchan el murmullo del viento, que es más dulce que el ruidito de la letra?
DJ Lluísbosch featuring Arcadi Espada & Albert Boadella


