31 d’oct. 2018

Albert Soler, Ramón de España e Isabel Coixet

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Leo que la cineasta Isabel Coixet ha propuesto que el catalán de este año sea Albert Soler, periodista del Diari de Girona, o bien Ramón de España, escritor, guionista y columnista de Crónica Global. Se trata de una ocurrencia, y la propuesta se debe al sentido del humor de Coixet: todo el mundo puede intuir el recorrido (en términos realistas) de la idea. Bienvenida sea, por lo tanto: no hay que perder el buen humor. Yo votaría por cualquiera de los dos, aunque quizás, en este país tan entusiasta del votismo, quizás pueda votarles a los dos. Por urnas no será: las urnas-tupperware chinas que se compraron para el referendum fake deben estar en algún almacén oficial, disponibles para grandes nuevas fiestas de la democracia a la catalana. Yo intuyo un nuevo mandato democrático. Digo yo que las urnas están en un almacén (el del departamentet de Cultureta?), pero... ¿y se las subastaron en las sedes de la ANC con el propósito muy loable de recoger un dinerillo para los presos y exiliados?

Soler y de España, así como Guillem Martínez en otro tono y también, en cierto modo, Javier Pérez Andújar, han sido lo mejor que nos habrá dejado ese desastre llamado "procés". Han sido (son) por lo menos, la baliza de aire fresco, el aire respirable que hemos podido respirar. Humor. A veces negro, a veces de brocha gorda, sí, pero humor sutil también y, sobretodo, la mirada del que no se cree nada, del sarcasmo, el bofetón de la chanza, el chascarrillo y la mofa: muchos hemos podido sobrellevar así la pesadilla mesiánica, nacionalista y populista de esos caudillitos llamados por el destino de la patria. El caso de Soler es espeluznante, ya que escribe des de Girona, la zona cero de la catástrofe.

Sigo a Soler y a de España con devoción, leo sus artículos puntualmente, los sigo con la fe del beato que espera el sermón impreso en la Hoja Parroquial de los domingos. Los sigo porque me han ofrecido algo que no esperaba, como el que dejó de creer en Cristo y de repente recibe una iluminación, esa cascada de luz que te cambia el día. Donde yo veía tragedia, ellos vieron comedia. Donde yo vi peligro, ellos vieron estupidez, donde vi amenazas, ellos ridículo.

Las mejores carcajadas de los últimos años se las debo a Albert Soler y Ramón de España. Mis vecinos pueden dar fe, ya que mis carcajadas se escuchan en toda la calle. Guillem Martínez y Pérez Andújar me hicieron sonreir, o reir. Pero nada como las carcajadas en la lectura de los dos candidatos a catalán del año que propone Coixet. Lo dijo Shakespeare: "nothing like the sun". Reirse de corazón es como mirar al sol: nada se le puede comparar.

El proceso ha tenido tantos instantes de ridiculez, de despropósito, de ingenuidad y de payasada que es casi imposible retenerlos todos. Imposible el inventario de charlotadas procesistas, de memeces patrióticas. Refiero los ultimísimos: la extraña danza de la bailarina en la presentación del Consell PER la República (una versión libre del aurresku pero con mantón de Manila comprado en Zara), la ratafía, el chaletazo de Waterloo. Soler y de España lo han tenido fácil ante esas situaciones. Así como con las alocuciones imitando a Cantinflas de los altos mandatarios. Pero también han sabido desvelar lo grotesco que había en los peores momentos, cuando nos temíamos lo más funesto. Las oscuras sesiones del Parlamento de los días 6 y 7 de septiembre de 2017, las fechas amargas del 27 de octubre del mismo año, etc. Ahí, ellos también supieron ver lo cómico, supieron desdramataizarlo con su humor irreverente, corrosivo y directo. Sin tapujos, sin pelos en la lengua.

Sin embargo... sin embargo tengo algo que decir sobre los artículos de Soler y de de España. No es un reproche, en realidad, es algo que les diría si los tuviese delante: el procés es ridículo, cómico, grotesco, mínimo y folklore puro. Y folklore del malo (aunque yo jamás haya visto folklore bueno, no discuto que pueda haberlo del bueno). Pero les diría algo: el "procés" nos ha traído malestar, estrés, insomnio, rupturas en la familia. El procés nos ha traído sufrimiento a muchos. No hablo de un sufrimiento filosófico, hablo de sufrimiento en la carne. Hablo de tensión, del malestar que produce callarse en ciertos momentos ante compañeros de trabajo, de la desazón de comprobar como familiares muy cercanos se alejan porqué osaste decir que no estabas por el procés. Esa gente nos ha traído malvivir, como si la vida misma no fuese lo bastante capaz de traernos malos ratos, malas cosas. Eso no se lo perdonaré. Podría emularles cuando dicen: "ni olvido ni perdón" (con toda las desfachatez de que son capaces, plagiando a los argentinos víctimas de una dictadura sanguinaria).

En cuanto se supo que Coixet promocionaba a esos candidatos para catalán del año, muchos conocidos míos respiraron aliviados y se echaron al monte de la ironía. Era su forma de homenajear a los propuestos por la cineasta. A mi mi encantó el que dijo "Eso no va de Albert Soler o Ramón de España, eso va de democracia". Fantástico. Los dos autores no tan solo nos hicieron sonreír en los peores instantes si no que nos dan buenas ideas: nos sugieren el camino a seguir para hacer frente a los indepes (a sus líderes, en realidad) con la mejor estrategia.

Aunque la propuesta de Coixet puede que no tenga recorrido en el mundo posible ni en el probable, la apoyaré y la promoveré. Durante los peores momentos del procesismo, cuando más pesimista y más triste me sentía, intenté refugiarme en Habermas y en Magris, pero su lectura solo me hundía más en la depresión y el desconcierto: ¿como puede ser que nos pase eso?. Me salvé gracias a Soler y de España, las cosas como sean: no me salvaron ni Habermas ni Magris. Si fuese por la ayuda de los grandes pensadores, tan elevada intelectualmente como ineficaz, hoy estaría ingresado en un sanatorio mental. En el mejor de los casos, en un balneario portugués. Me salvaron Soler y de España. Nada sería más alegre que verles nominados (y votados). Ya se que una flor en medio de las ruinas solo es una flor en medio de las ruinas. Pero ante tanta ruina, el valor de una flor es enorme. El valor de dos flores es inmesurable.

25 d’oct. 2018

Última hora: Cataluña es multilingüe

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El Consejero de Educación catalán, Josep Bargalló, ha dado el visto bueno a un documento que reflexiona sobre la situación de las lenguas en Cataluña y sugiere algunos cambios de enfoque en lo que respecta a su tratamiento en la educación. La verdad sea dicha: a uno (es decir, a mi) le sorprende que el documento aparezca ahora, en plena ola soberanista. O quizás no debería sorprenderme.

Se puede resumir así, con algo de ironía o con un poco de sarcasmo: la Generalitat ha descubierto que Cataluña es plurilingüe y que la escuela catalana no se había enterado.

Al consejero le ha caído una lluvia de insultos proverbial, procedentes de las filas secesionistas. Ya se sabe: el presidente Torra les pidió apretar, y ellos, obedientes, aprietan. He leído algunos de los insultos que circulan por el twiter contra Bargalló y me he entretenido en leer los nombres (los alias) de los tuiteros más agresivos. Les dejo dos: "Cigala Brava" (traducción directa de Picha brava), "JoSocCDR". Tan elevado es el voltaje de los insultos que me ido a leer el documento: se titula "El modelo lingüístico del sistema educativo en Cataluña. El aprendizaje y el uso de las lenguas en un contexto multilingüe y multicultural". No tiene muchas páginas. Hay tres de ellas de bibliografía, con alguna referencia mal citada, por cierto. Mucha literatura anglosajona sobre los contextos plurilingües.

El documento es, a mi parecer, poco más que una reflexión y un tímido intento de repensar el tratamiento de las lengua en la educación obligatoria. Por primera vez no se habla de lengua única. Digo yo que lo que habrá enervado al hooliganismo serán un par de ideas:

  • en Cataluña hay zonas (área metropolitana de Barcelona, con más de 5 millones de habitantes -la precisión demográfica es mía) en donde la lengua mayoritaria es la castellana, y quizás se debería tratar como se tratan las lengua maternas en el mundo civilizado. Se entiende que se les debería prestar más y mejor atención, ya que el buen dominio de la lengua materna es importante en el desarrollo de la competencia comunicativa del alumno.
  • en Cataluña hay zonas en donde presencia social del castellano es muy baja (las comarcas del interior, con menos de 2 millones de personas), y quizás se debería reforzar el conocimiento de esta lengua.

Los indepes más furiosos han reaccionado muy mal, y han inferido que el consejero va a ampliar las horas de castellano y reducir las de catalán (cosa que el documento no menciona en ninguna parte).

Según mi parecer, el documento hace algo importante, aunque con timidez: rompe, por fin el tabú sobre el aprendizaje de las lenguas en Cataluña. Llevamos décadas escuchando que el modelo de la inmersión no se debe tocar porqué es "un modelo de éxito" cuando todo el mundo sabe que no lo es: los alumnos conocen el catalán, si, pero no lo usan porqué no es atractivo y no conecta con su vida, ni les sirve para vehicular sentimientos y emociones (creo que ahí está la clave del fracaso).

Pero de ningún modo el documento es normativo, ni establece nuevos currículums ni cambios en las horas de cada asignatura de lenguas.

Una de las críticas al documento procede de la ex-diputada de la Cup, Mireia Boya, que acusa a Bargalló de "asesinar" (sic) al "occitano" (sic otra vez). Boya confunde el aranés con el occitano, una lengua desaparecida, sin hablantes y sin producción literaria desde hace siglos. Señora Boya: por definición no se puede asesinar a un muerto. Quizás es trágico que el occitano esté muerto. Pero no más que lo esté, también, Voltaire. La realidad tiene eso, que muchas veces no es agradable ni bonita.

Me alegro del ataque de sensatez que se apunta en el documento, aunque lamento que no se concrete. Y me sorprende que eso suceda justamente ahora: ¿indica el enfríamiento procesista que se está proyectando desde una parte de los dirigentes? ¿O solo indica que la lucha entre ERC y el Pedecat es cada vaz más salvaje?. Vamos a ver. Uno de los tuits que insultan a Bargalló es de alguien que se autoproclama maestro de la educación primaria y le pide a Torra que destituya a Bargalló. Pero ya. Vamos a ver de que lado cae la pelota. Aunque ahora Bargalló ya sabe que es un botifler. Se lo están gritando los suyos. Estoy en la espera, ansiosa, de lo que digan los del Manifiesto Koiné.

23 d’oct. 2018

¡A por ellos y tu más! (del Diario de un unionista)

Independentistes pengen cartells de veïns unionistes

Vivir en Cataluña es un honor para algunos, para otros una desgracia cualquiera y para otros, como yo, tan relevante como disponer de dos orejas. Sin embargo, vivir en Cataluña nos depara instantes de perplejidad que, si uno se los toma con humor, vale la pena vivirlos. Voy a repasar algunos, los ultimísimos:

  • Se está descubriendo una deriva "soberanista" en las filas Comunes (la franquicia catalana de Podemos) que me llena de sonrisas. La izquierda más izquierda de todas las izquierdas disponibles en .Cat (que no son muchas) siente una atracción fatal por la cosa nacional. De nada les sirve que les hayan contado los filósofos que nacionalismo y socialismo son incompatibles. Me temo que lo hacen para pillar voto, pero quizás por cada voto soberanista que se pillen perderán cien de los sufridos votantes comunes que todavía se sienten de izquierdas.
  • Hace un par de días, en la revista "El Crític", que es muy de izquierdas, leí un artículo que demostraba que hay que ser feminista e independentista a la vez y por lógica, por imperativo racional. Siento mucha simpatía por el feminismo, por lo menos por el feminismo crítico y avanzado que nos llega de fuera y que ya tiene, aquí, a notables representantes (no escribiré "representantas"). Las autoras feministas que sigo no han colocado jamás la cosa independentista como compañera de viaje y más bien, osaría decir yo, hablan de todo lo contrario: el feminismo que leo yo es bastante enemigo del identitarismo.
  • Titular del canal de noticias 24 horas de matraca soberanista de Tv3 (3/24) de hace tres días: "Quim Torra visita al President Puigdemont en Waterloo". Atentos a la frase. Joaquim solo es "Quim" y ni tan solo es presidente, ya que eso lo es el prófugo que reside en un chaletazo en Waterloo -que no tiene nada que envidiarle al de Iglesias-. Podrían haber titulado: "El presidente Joaquim Torra visita a Carlitus Putxi en su chalé flamenco", pero optaron por la fórmula anterior. Ningún técnico de protocolo de la Generalitat protestó (que yo sepa).
  • Otra perla: hace una semana, copié en Facebook el artículo que Salvador Oliva escribió en El Pais y que se puede leer aquí, en donde critica, con dureza, a Tv3, por la presencia contínua de Pilar Rahola. Es un texto irónico, incluso sarcástico. En ningún momento defiende televisión española ni la compara ni nada parecido. Sin embargo, una semana más tarde de haber colgado el texto todavía hay lectores insultándose entre sí con gran ímpetu y sin arreciar, y acusando al señor Oliva de haber olvidado que Tve es mucho peor que Tv3 (afirmación que pide una demostración empírica). Es decir, la respuesta es: "¡Y tu más!".
  • En las filas indepes hay un nivel de sentido crítico hacia lo que ellos denominan "el estado español" que supera a los grandes analistas críticos y a los filósofos más meticulosos: investigan cada detalle y siempre encuentran el defecto: corrupción, franquismo oculto (o no), prevaricación, totalitarismo, autoritarismo. Los mismos críticos, tan agudos y avispados, no encuentran defecto alguno en las tendencias autoritarias, supremacistas, demagógicas y antisociales del gobierno autonómico. Me recuerdan a esa gente que critica con gran tesón a la medicina oficial, las farmacéuticas y etc pero que, sin embargo, se muestran indulgentes, crédulos y genuflexos ante un iluminado que cura el autismo con gotas de lejía o con bolitas homeopáticas. Al iluminado no le preguntan jamás por los fundamentos científicos de sus delirios.
La última dosis de perplejidad a la catalana no tiene la menor gracia y además me ha puesto el cuerpo malo: en una bella población catalana -del interior, huelga decirlo- han aparecido unos cartelitos en donde se señala a los vecinos que no son "dels nostres" si no del enemigo: unionistas, españolistas, etc. Le ponen la foto, el nombre y los apellidos y toda la información necesaria: quien es su cónyuge, por ejemplo. Información innecesaria, en realidad, porqué en este pueblo todos se conocen. Cualquiera diría que eso es un delito de odio flagrante y que, en un país normal, la policía y la judicatura actuarían de oficio. Aquí, no. Estoy seguro de que, más de uno de los separatistas que lean esto me responderán: "¡Y vosotros más"!. Y se quedarán tan panchos. Y quizás, para calmarse, se tomarán un chupito de ratafía Waterloo, la que promociona el presidente legítimo desde su chaletazo.

A veces me pregunto qué hacemos los docentes, preocupados por educar el sentido crítico y la resolución dialógica de conflictos, tan preocupados por la prevención de la violencia, tan interesados en promover el consenso.

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19 d’oct. 2018

Macron en Cataluña ¿o era un tal Valls?

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Cuando el joven Macron (¿o era un tal Valls?) ascendió a ministro de Francia, con Monsieur Hollande en la presidencia, hizo una serie de promesas. No solo las incumplió: una vez al mando, hizo lo contrario de lo prometido. Esta secuencia sería aplicable a muchos políticos de por aquí. Rajoy y Mas, por ejemplo, hicieron lo mismo por las mismas fechas.

Macron (¿Valls?) se ganó, sin embargo, una cierta fama de político pragmático, realista y expeditivo.  En este giro ya no están ni Rajoy ni Mas. El giro incumplidor de Macron no me sorprende. Sí me sorprende su giro hacia Barcelona, pero mira tu lo que te digo: me gusta. Macron -Valls- pone a Barcelona en el mapa otra vez, tras aquellas olimpiadas tan obsoletas. Lo dijo Artur Mas: el mundo nos mira. No nos miró nadie salvo Macron o Valls. Como profeta, Mas es un profeta cenizo.

Pienso que, del mismo modo que el Barça o el Real Madrid pueden fichar a un gran delantero de otra parte del mundo, los partidos políticos deberían poder fichar a grandes estrellas de la política de cualquier país. El Partido Popular catalán, de haber fichado a Barak Obama, no estaría donde está. A Corbyn le podría fichar Cataluña en Común, y Vox se podría pillar a Nigel Farage, que no está en activo y, por lo tanto, libre de la cláusula de rescisión.

España es un buen lugar en donde recalar para cualquier político profesional de allende los mares o los continentes: clima, gastronomía y fiscalidad siguen ofreciendo buenos incentivos. Convergència (o el Pdecat, o la Crida, o como decidan llamarse) podrían sondear a Donald Trump y ofrecerle un buen trato para cuando termine su labor patriótica en los EUA. La pelambrera de Trump, junto a la de Puigdemont, podrían arrasar en este país en el caso de ir conjuntas. Serían como la mitad de los Beatles. Van a tener los problemas de cualquier equipo futbolero: la lucha de egos. Pero esa disputa la puede resolver un buen entrenador, un entrenador con carácter y con poco pelo, como el Gran Pep. Un entrenador que podría ser, por ejemplo, Vladimir Putin. Vladimir es un malote de libro, un chuleta fanfarrón que encantaría al votante nacionalista catalán y al CDR, y sería muy capaz de poner orden entre Trump y Puigdemont.

Si Joe Bolsonaro pierde las elecciones presidenciales en Brasil y se queda sin curro, podría optar a consejero de interior en Cataluña. Encaja bien en el proyecto republicano de la Crida.

Trump podría ejercer de presidente de la República, Puigdemont de primer ministro y Putin de ministro de propaganda (y de coordinador en la sombra). Lo suyo sería que se fuesen intercambiando los cargos en cada crisis de gobierno, para apaciguar las ínfulas de cada estrella. Estoy seguro de que habría una plaza para Núria de Gispert como ministra de inmigración y para Pilar Rahola como ministra de cultura y medios de comunicación. Núria y Pilar, huelga decirlo, saldrían casi gratis: su voluntad de servicio a la patria es tan vocacional o más que la de los maestros de primaria, de modo que por mil eurillos al mes las tenemos en nómina y compensamos los desmanes de los anteriores, que no se dejan fichar por menos de lo que gana Messi. República catalana: por fin los catalanes seríamos innovadores en algo, pioneros en algo. Ya va siendo hora. Después de toda una historia de irrelevancia absoluta, Cataluña será algo en el mundo .

El día en que inventen la resurrección o la metempsicosis, el nacionalismo catalán podrá fichar a Napoleón para nombrarle ministro del interior y luego de defensa, que significa ataque. Vamos a recuperar el Rosellón y el Capcir, y Valencia y Mallorca, y la parte de Murcia que nos corresponde. Y Andorra. Y Nápoles, que no se me olvide. Y l'Alguer, porqué los catalanes de l'Alguer nos han pedido su ayuda, como los alemanes de los sudetes en 1938.

Si se puede fichar a un extranjero, también se puede fichar a un zombi. Y si el reglamento actual no permite el fichaje de zombis, para eso está la mayoría indepe del Parlamento catalán: se cambia la ley en un plis-plas y se aprueba el fichaje de los muertos vivientes. Solón de Atenas, Aníbal, Gengis Kahn, Atila... ¡cuántos líderes nacionalistas se podrían fichar para que colaboren en la construcción de la república catalano-expansionista de los sueños!

Si se puede comprar, se puede vender: yo le vendería Quim Torra a Macedonia del Norte y Pablo Casado a Polonia, que son muy de misa.

En la república catalana de los sueños, podrán resucitar a Arnau de Vilanova para nombrarle ministro de sanidad. Arnau estaba seguro de que todos los males se podían curar con un bebercio, mezcla de sangre y esperma de toro. Arnau era catalán, y por lo tanto se conformará con un sueldo exiguo. Como el señor Torra, que cuando ascendió a presi de la pre-república se rebajó la nómina: el precio de su cargo estaba en el orgullo de poder servir a la patria, cosa que no tiene precio.


16 d’oct. 2018

Los autobuses siempre serán nuestros. El cuento de la jilaba

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Quizás sean los primeros achaques de una mala salud que me recuerda la edad. Quizás no. Jamás he gozado de una buena salud envidiable. Quizás por eso mi afición temprana por la lectura, o quizás es del revés: quizás las lecturas me indujeron la salud precaria. Hace años alguien me dijo "malditos los libros que leímos demasiado pronto". Las lecturas precoces predisponen al niño a la mirada pesimista y al dolor prematuro.

No se cual es el motivo, pero algo me huele a chamusquina en el ambiente. Hace muchísimo tiempo que nadie me dejaba comentarios ofensivos en este blog. La última vez que eso sucedió, hace mucho, las motivaciones no llegué a comprenderlas. Ahora han vuelto: ahora arrecia el asunto nacionalista y vuelven los insultos. El anónimo-pesudónimo dice, más o menos, que no pertenecer a su causa es de locos. Una idea estrictamente democrática, como todo el mundo puede observar: la discrepancia es, para él (para ellos) una enfermedad mental. Que debe ser corregida o aislada. Me acordé de "El alienista", la novela breve y genial del portugués Machado de Assís, que le recomiendo mucho.

Hace un tiempo descubrí que este blog aparecía en un listado de "blogs españolistas", en el foro "Racó català". Vi una lista con algunos de mis artículos, cada uno de ellos seguido por un diagnóstico: el típico catalán con autodio, el argumento españolista clásico, etc. No me molesté. Lo del autoodio siempre me ha parecido muy raro. Creo que, si fuese víctima del autoodio, me daría martillazos en la cabeza, me autolesionaría o algo peor. Y resulta que no solo no hago eso si no que cuido un poco de mi dieta, madrugo, reposo, etc.

Los nuevos insultos aportan nuevas categorías de infamia: "vosotros, los ciudadanos..." me dice uno. Y luego los insultos. Supongo que se refiere al partido Ciudadanos cuando me llama "ciudadano". Soy un ciudadano, en efecto: así me llamó Tarradellas des del balcón cuando dijo "Ciutadans de Catalunya". La Constitución también me trata de "ciudadano". Prefiero ser ciudadano que parte del pueblo, por la misma razón que prefiero ser ciudadano que oveja en un rebaño. Quizás es una ilusión, pero lo prefiero. Prefiero la ilusión de vivir en una democracia que en un sueño feudal y catalán.

Algo huele mal de un tiempo a esta parte. Alguien quiere jaleo. Lo pide, lo busca. La violencia gana adeptos, contra pronóstico. No en Cataluña (no solo aquí): esto sucede en más de medio mundo. La violencia gana adeptos en la calle y sobretodo en las "redes sociales". En este campo virtual la gente suelta sus salvajadas. Son personas que, en directo, no las soltarían. Pero ahí están. Del mismo modo que el acohol no transforma el alma del bebedor, twiter o facebook tampoco lo hacen: solo liberan al bicho agresivo que llevamos dentro. La gente solo suelta salvajadas cuando se sabe amparada por un grupo, solo cuando sabe que detrás de si tiene a un grupo que le apoya y le aplaude. ¡Qué decir de cuando tiene a un gobierno y a un canal de televisión que le anima!

Estrategia de la ruptura, estrategia de la tensión. Hacerle la vida difícil al otro, al diferente. Sugerirle que aquí no encaja, que aquí no es bienvenido. Vete. Vete a tu país que no es este, márchate, lárgate, aquí lo vas a tener chungo.

En el prólogo de "El velo elegido", la prologuista cuenta la anécdota (nada graciosa, nada anecdótica) de una mujer que subió a un autobús con hijab y un señor le espetó, sin más, que olía mal, que su velo no le gustaba, que aquí molestaba. El malestar de la víctima fue tan grande que, su primera reacción, consistió en excusarse: "juro que iba limpia, que me había duchado", relata. He ahí la maldad gratuita y sus efectos, su malignidad, el potencial terrible de maldad que hay en la agresión. Lo reconozco: cuando he leído "vosotros los de ciudadanos" he sentido la necesidad de contar cual es el partido que voto, como si quisiera excusarme. Tras un instante, he descubierto que hacer eso (excusarme) sería una forma de arrodillarme, de pedirle perdón al agresor. "Perdón por haberle molestado, perdón por haber provocado que viole mi espacio". La culpabilización de la víctima es un mecanismo sutil que anida en nuestra cabecita. Hay que andarse con mucho cuidado.

Me imagino al hombre que trató de sucia y maloliente a la mujer que osó subirse a un autobús catalán con el hijab en la cabeza. Quizás este hombre se dirigía a una mariscada con sus amigotes, quizás se emborrachó luego mientras contaba su valentía en el autobús, su heroicidad épica y catalana, durante la comilona que terminó con chupitos de ratafía y Ron Pujol. A lo mejor le aplaudieron mientras se pedían otra botella. Aunque quizás el hombre se iba para su casa, hogar de frustración y de malestar. Me lo contaron hace poco, a propósito de la guerra en Bosnia: "aquello no era una guerra, no había ejércitos ni unidades de combate. Eran unos tipos medio uniformados que se emborrachaban, luego se iban a pegar tiros y a la vuelta se metían en un restaurante para seguir con el vino y las gambas al ajillo". ¿Cuál es el precio de una independencia?

Hay días en los que me vienen ganas de ponerme un hijab en la cabeza (en mi caso -en mi género- sería preferible una jilaba). De hacerlo ¿me podría sentar en el autobús al lado de un señor con espardeñas? ¿Ese señor respetaría mi indumentaria? ¿Será el mismo señor que luego reivindica a Rosa Parks y la compara con las "víctimas" de la causa independentista?

Lo repito: ¿cuál es el precio de la independencia? ¿Cuánto vale una república independiente en términos de vida, de dignidad de la vida? ¿Se puede hacer una república contra alguien? ¿Es republicano hacer una república para los míos y contra todos los demás?