9 de nov. 2021

CTHULHU IN GLASGOW

Hay quienes afirman que el desastre climático es imparable, irreversible. Que vamos de cabeza hacia un infierno de sequías, inundaciones, incendios (siempre provistos del adjetivo pavoroso) y otras calamidades. El panorama futuro, para los pesimistas (ecuánimes bien informados), es terrible y más cuando uno mira a su alrededor: contemple usted a sus hijos o a sus nietos y pregúntese: ¿vivirán en el infierno? ¿Su mundo se parecerá más al mundo de Mad Max que al del Señor de los anillos?

El cambio climático, pues, ya tiene algo de Cthulhu, el monstruo cósmico de los cuentos de H.P. Lovecraft, el que una vez invocado por la impericia, la estupidez o la ingenuidad del héroe ya no había forma de devolver a las catacumbas. Una vez Cthulhu ha aparecido en nuestro mundo ya solo nos queda el crujir de dientes.

No faltan entonces quienes señalan a los culpables. Los culpables, si hablamos de países, son los últimos que se han incorporado al desarrollo, al crecimiento, etc y al modeolo de éxito capitalista. Los que llevan dos siglos montados en el expolio y la quema de combustibles señalan a los recién llegados.

Del mismo modo, el conductor de un Tesla de 100.000 euros me miró mal un día, reprochándome que lleve un Citroën C3 de 12 años, gasolina y humo (que me costó 3.000 euricos de segunda mano). El contaminador era yo: el hombre rico al volante de un Tesla estaba cuidando del planeta, el mismo planeta que yo maltrato al volante del C3 cuando voy y vuelvo del curro por la carretera de los baches que discurre entre la incineradora municipal y el crematorio del cementerio.

-¡Los andaluces cultivan aguacates cuando no tienen el agua suficiente! ¡El aguacate andaluz es una fruta insostenible! -exclamaba una ecologista catalana en una emisora catalana. Señalar al malo, al pobre, al culpable es fácil: y siempre es otro.

Nada se dijo, en esa emisora catalana, del asunto del porcino catalán, negocio sobre el que se calla de un modo sospechoso, aunque algún día estallará el asunto del cerdo en Cataluña, y será un estallido digno de ser visto. No se habló de los litros de agua que consume una granja de cerditos, ni del embrollo tremendo de los purines. Y recuerden ese dato: en Cataluña ya hay más cerdos que seres humanos. Pueden bromear sobre el dato, pero el dato es cierto.

El pobre, el último, el recién llegado: ese es el culpable de la llegada de Cthulhu, el responsable de que sus nietos (esos lindos retoños que son un amor) vayan a vivir más pronto que tarde en una tierra infernal, desertizada, quemada, arrasada por tormentas apocalípticas.

Cthulhu se ha asomado por Glasgow y se le ha visto el hocico rupestre. Muchos han sentido su aliento fétido en el cogote (Lovecraft habla de un hedor como de miles de peces podridos). Y entonces han señalado al pobre, o por lo menos al más pobre que tu. No es que Greta Thunberg sea santa de mi devoción, pero algo de razón lleva la chica cuando acusa a los reunidos en Glasgow de palabrería vacía y de cinismo. Aunque todos deben pensar lo mismo: la hecatombe llegará dentro de 80 o 100 años. Para entonces la ciencia habrá avanzado una barbaridad y... y si no... y si no, en cualquier caso, yo ya no estaré. Que lo resuelva el nieto de Pedro Sánchez.


8 de nov. 2021

A falta de presos, toca la lengua

El nacionalismo necesita de un enemigo y debe sentirse víctima de algo. Sin esas dos premisas, ningún nacionalismo sobrevive. Al catalán le han quitado los presos: ya no hay que reclamar amnistías, ni poner pancartas en las instituciones, ni lazos en el abrigo caro. Por las aceras, banderas estrelladas que el viento lleva, mortajas coloridas de una ilusión guerrera. Quedan algunos lacitos, pero son escasos y quien lo lleva ya no recuerda muy bien, y quizás piense que esa salpicadura amarilla le da un aire exclusivo.

Al nacionalismo catalán le han quitado sus presos, esos mártires relucientes y pomposos que exhibían en los escaparates. Convertidos en ciudadanos libres e iguales, los antiguos presos no tienen nada que decir, nada que aportar. O muy poco. Y lo poco que aportan son tautologías, remiendos de eslóganes, banalidades. Quedan, eso sí, algunos supuestos exiliados, cada vez más difuminados en la neblina de lo inane, desprovistos de discurso, entrando en el olvido en silencio, sin mirar atrás.

¿Como podemos mantener la llama que nos mantenía vivos? ¡Sin nacionalismo no somos nada porque no tenemos nada que hacer! y la vida es solo tedio. A algo hay que agarrarse. La batalla de la lengua catalana siempre ha sido útil para avivar emociones, y ninguna emoción es más poderosa que el miedo: el miedo a la muerte supera a los demás miedos y por eso debemos soltarle a ese pueblo que es un solo pueblo, que su lengua, la sacrosanta, está a punto de fallecer. De fallecer a manos de la lengua del enemigo, claro, ya que sin enemigo no hay asunto. Estamos en las mismas.

Del "Espanya ens roba" y por eso debemos salir de España, al "Espanya ens mata la llengua" y por eso debemos matar nosotros primero la suya, la otra, la mala, la del enemigo eterno: el enemigo del nacionalismo debe ser secular. Tras la defensa del catalán hay, más o menos indisimulado, el odio a la lengua del vecino y el deseo, nada secreto, de arrebatarle su lengua.

Atribuirle al castellano el asesinato del catalán es más bien burdo, ya que el mal estado social del catalán creo que solo es atribuible al propio catalán y a sus instituciones, torpes y muchas veces ridículas. Así, la defensa del catalán toma las riendas del esencialismo purista, otra vez los tintes xenófobos y supremacistas: maestras, licenciadas, periodistas... todos se suman a la irracionalidad sin tapujos. Piden delatar al profesor que habla castellano, como si hablar castellano fuese similar a profesar una religión satánica, como antaño se delataba a la bruja o al judío.

Anda por ahí una profesora de lengua catalana llamada Carme Junyent que se ha rebotado contra el lenguaje inclusivo en nombre de la salvaguarda de las esencias, y habla como si el pobre Pompeu Fabra (otro culpable del mal estado actual) se hubiese reencarnado y anduviera por las calles advirtiendo del fin de los días. De los días en catalán. La reacción contra el lenguaje inclusivo de la señora Junyent es una forma de esencialismo sin futuro. Y tal vez sin presente. La sociedad no camina hacia donde ellos miran, hacia donde ellos señalan.

El catalán estaba medio bien hasta que el procés lo jodió.

5 de nov. 2021

XAVIER RIUS, CUANDO LOS PERIODISTAS SON LA NOTICIA



Es muy grave lo que le sucedió a Xavier Rius, el director del digital e-Notícies: el Parlamento catalán le ha retirado la acreditación para acudir a las ruedas de prensa de la portavoz del gobierno. Y todo por preguntar sobre el mal gusto (el mal gusto de una broma pedófila, para más señas) de unos humoristas de Tv3, es decir, de unos supuestos humoristas pagados con dinero público.

Lo de los bromistas de Tv3 lleva años pisando la delgada línea roja del insulto a quienes no piensan en nacionalista, en la raya del delito. La respuesta de la institución catalana al prohibirle el acceso a un periodista nos indica el talante que hubiese tenido su republiquilla, la de los 8 segundos: eso va de democracia, aseguraban. Pero cuando un periodista molesta un poco se le echa a la calle. Lo dicho: pura democracia. O democracia sí, pero a la catalana. El tufillo autoritario siempre ha estado en la cosa nacional catalana, y parece que el tufillo no cesa.

Sin embargo... ¡ay! siempre hay un sin embargo. Debo decirles que ojeo el e-Noticies con un interés menguante, ya que aparte de sus cosas con el procés, Rius suele bordear una ideología poco disimulada. La última: quiere que todo el mundo se entere de la nacionalidad del agresor machista de Lérida. Y lo explicita no en uno, si no en dos noticias. Que quede claro.
 
Son frecuentes las entradas en su digital referidas a agresiones de los "menas", a la inseguridad en las calles y etc, siempre con el foco puesto en los "extranjeros". Nunca ha contrastado ese tipo de noticias, nunca nos ha dicho cuantas agresiones cometen los extranjeros comparándolas con las que cometen los nacionales. Si quieren tener esos datos no los busquen e-Noticies, ya que allí no están. Incluso recuerdo entradas bastante lamentables cuando el Open Arms llevaba rescatados en el mar hacia España, insinuando barbaridades muy previsibles entre quienes sostienen esas ideologías. ¿Cuentan la nacionalidad de los políticos corruptos? ¿La de los banqueros delincuentes? ¿Nos explican la nacionalidad de los timadores de abuelas y abuelos? ¿Insisten en la nacionalidad del asesino y violador de Logroño? ¿Insisten en la patria de nacimiento del Rey del Cachopo?

El caso de Xavier Rius nos demuestra que la víctima también puede ser un agresor, ya que fue víctima en un caso y agresor en otros: ¿acaso no es una agresión insistir reiteradamente en la nacionalidad de un violador, como si eso fuese relevante?

Se lo diré de otro modo: el "procés" creó extraños compañeros de viaje, y le agradezco a Rius su posición valiente frente a los políticos secesionistas. Pero ahora, cuando el procés periclita y se diluye, ya va siendo hora de recuperar las ideas claras: eso no es periodismo, es amarillismo puro. Por no decir xenofobia.

4 de nov. 2021

LAS EXPERTAS DE LA LENGUA CATALANA EN RAC1 DICEN

Cazo al vuelo una tertulia en la radio, RAC 1.

Cuando uno va en coche, a la vuelta del trabajo, quiere escuchar la radio y no está dispuesto a escuchar hablar de fútbol, suele sufrir de lo lindo. Saltando por el dial, solo escucho Messi, Mbapé, Dembelé, un tal Xavi. No he trabajado nueve horas para tragarme monólogos sobre un tal Xavi.

Y así, de emisora en emisora, huyendo del deporte y de sus horrendos expertos de voz trompetosa, caí en un tertulia en Rac1, la emisora del señor Conde. Aparentemente era una tertulia cordial y seria sobre la situación de la lengua catalana, en donde hablaban del porqué los jóvenes abandonan más y mejor el catalán en los últimos diez años.

De repente llega una tertuliana que es presentada como experta en sociolingüística por una universidad catalana (universidad online), y se las da de científica, con títulos grandilocuentes. Por más ciencia que acumule en su currículum, la señora suelta que el problema del catalán radica en que los catalanes de veras debemos ser mucho más militantes de la lengua. Y se queda tan ancha.

Entonces, poco a poco, voy descubriendo que, de los cinco o seis tertulianos (y tertulianas), solo uno mantiene las ideas claras y aporta datos científicos de demografía y de estudios, y no se deja arredrar por el argumentario patriótico-emocional de los demás, que actúan como una pandilla.

En un momento dado, el tertuliano solitario y lúcido suelta lo que debe soltar: la Generalitat lleva 40 años con competencias exclusivas en lo de la lengua y luego está lo innombrable: las consecuencias del procés.

Los demás culpan a Ciudadanos y por consiguiente al PSC, y les acusan de... romper la convivencia en Cataluña. Nada más y nada menos.

Como se pueden imaginar, los ataques más graves se los ha llevado Salvador Illa, el nuevo malo para la tribu del cromañón catalán.

Pero todos lo saben: el procés no tan solo no les llevó a la independencia, si no que ahora llega la factura, tras el descalabro económico y emocional.

La vinculación entre patria, independentismo y lengua tiene una víctima evidente: el catalán pierde hablantes.

Cuando una lengua se asocia a una ideología, se socava la lengua.

1 de nov. 2021

Guifré el Pil·lós mor als patis de les escoles

La fiscalització dels usos lingüístics als patis de les escoles no és d'ahir. Du molt de temps preocupant les autoritats educatives, algunes mestres, periodistes i militants de la cosa lingüística en general. Darrerament, però, l'atzagaiada ha pres una dimensió més gran, paral·lela a la fi del procés. Ja no demanen la independència: demanen que els infants parlin en la llengua de Guifré el Pil·lós quan juguen al pati. És, segons diuen, una batalla imprescindible per la supervivència de la llengua de Guerau de Liost.

A mi em sorprèn que, qui afirma que la immersió lingüística és un model d'èxit inqüestionable, sigui el mateix que veu amenaçada la llengua immersora perquè els infants parlen en la llengua que volen, que senten o que escullen mentre juguen al pati. Llavors... potser la immersió no va ser un model d'èxit i tocaria qüestionar-la.

Fa alguns anys hi va haver docents que vam plantejar si calia retirar els camps de futbol dels patis de primària i de secundària, vist que el futbol sol dur més conflictes que beneficis, i més lesions i violència que mediació, convivència i pau. Jo, els he de dir que no he sabut veure mai aquells "valors de l'esport" que alguns ens volen fer creure que viuen dins d'una pilota de futbol xutada amb fúria. Quin argument van fer servir els defensors del futbol al pati, en aquella ocasió? Molt senzill: ens van respondre que els infants han de jugar com vulguin i al què vulguin, ja que el pati és un espai de joc lliure.

Els podria respondre el mateix que em van respondre a mi, als militants furibunds de la Plataforma per la Llengua que volen suprimir el castellà, imposar el català i vigilar la llengua en la qual es relaciona un infant durant la mitja hora de joc lliure al pati?

Torno enrere: si el model de la immersió era un model d'èxit... ¿com s'explica que calgui intervenir als patis per canviar la llengua dels jocs i les interrelacions? Alguna cosa fa tuf de podrit: tal vegada la immersió és un dels fracassos més grans (i més cars) de la història de l'escola a Catalunya. Tal vegada la realitat és més tossuda i, en qualsevol cas, d'entre les dues llengües oficials a Catalunya, n'hi ha una de més competent, de més amable, de més assequible. Hom només parla allò que millor li serveix per a obtenir l'objectiu del parlant: comunicar-se, entendre's amb l'altre, relacionar-se.

Ningú, quan parla, no té per objectiu esdevenir un guerrer de la llengua. Ningú no pretén salvar una pàtria quan li parla a l'amiga. Tan sols vol parlar-li i a l'amiga, i que l'amiga l'escolti, i tenir un diàleg amable, afable, sense pàtries ni banderes entre els mots -i les emocions que els mots transmeten.

Sembla mentida que una evidència tan senzilla i tan clara no sigui acceptada pels nostres guerrers: cada cop que vigilin, fiscalitzin i finalment prohibeixin una llengua hauran guanyat uns quants parlants més per a la llengua prohibida, ja que li hauran donat el certificat de llengua de llibertat. Tan difícil és admetre que a Catalunya es parlen dues llengües oficials (i desenes d'altres, no oficials)?.

Segurament el problema arrenca de quan a una de les llengües se la va denominar "llengua pròpia", concepte aberrant que indica que el territori parla, quan només parlen les persones que hi viuen en cada moment. 

Es fa impossible saber en quina llengua es parlava en aquest territori que avui s'anomena Catalunya ara fa mil anys, però sí que sabem, per les dades històriques objectives que tenim, que el castellà i el català eren presents al segle XVI. I que, en determinades èpoques, el castellà fou la principal llengua dels mitjans de comunicació escrits (no tan sols de l'àrea de Barcelona). En síntesi: el castellà seria tan propi de Catalunya com el castellà, en el cas que hi hagués llengües pròpies. Els deixo una pregunta: quina era la llengua pròpia del territori que avui anomenem Califòrnia, al segle XII? La resposta és tan senzilla que fa por formular-la. En quina llengua parlen els infants als patis de les escoles de San Diego, a dia d'avui?

El problema no sembla que tingui una solució fàcil, perquè el sector guerrer no està disposat a negociar res, ni tan sols a negociar amb la realitat sociolingüística. 

I aquest és un problema greu, perquè tal com anem, i mentre es plantegi que una de les llengües vehicula una ideologia nacionalista, es corre un risc molt important. Podria ser que jo, fill de mare catalanoparlant, decideixi abandonar la llengua materna. Em poso a mi com a exemple d'un fenomen que podria esdevenir-se aviat, a no ser que ens decidim, per fi, a admetre les realitats i a pactar formes de convivència realistes i models educatius democràtics.