11 de febr. 2021

300 hombres catalanes


Cataluña no solo saldrá más escindida de estas elecciones: también más desquiciada. Les cuento: una misteriosa asociación denominada "Catalans per la Independència" ha impuesto a los partidos nacionalistas que firmen lo siguiente: bajo ninguna circunstancia pactaré con el PSC tras las elecciones. El documento firmado consta de una sola frase, de modo que resulta de lectura fácil y asequible para todo el mundo:

Sea cual sea la correlación de fuerzas salida de las urnas, en ningún caso se pactará la formación de gobierno con el PSC.

El papelito (no tiene otro nombre posible) lleva estampadas las firmas de los cabeza de lista de Junts, CUP, Primàries Catalunya, PDCAT y ERC. Dato relevante a tener en cuenta: Laura Borràs lo firmó dos días antes que el resto de los abajofirmantes. Que cada uno saque sus conclusiones de ese dato.

Se me ocurren un montón de asuntos, enumero algunos:

  1. En plena hola interseccional y de lenguaje inclusivo, entiendo que una asociación que se denomina "Catalans per la Independència" es una asociación formada exclusivamente por hombres, de sexo y género masculinos. No puede ser de otra forma.
    1. En las fotos de los políticos firmando tan sesudo documento, aparecen personas de aspecto femenino. Quizás es culpa de mi sesgo, y veo mujeres donde debería ver hombres. Ya se lo del género líquido y esas cosas, pero sigo algo perplejo. Quizás solo es importante la identidad nacional.
    2. Hace unos años, Artur Mas recurrió a un notario para registrar que jamás pactaría con el PP, tras haberlo hecho en múltiples ocasiones. Mas, hombre de tradiciones y tupé, obró a la antigua usanza y pagó a un notario de España. Los nuevos líderes de la Cosa Nostra buscan una opción más apañada. No está la caja para tantos gastos.
  2. La Asociación masculina e independentista parece ser, cuentan, algo así como una escisión de la Asamblea Nacional (¡los que encuentran demasiado blandita a Elisenda Paluzie!). Diríase que se trata de la línea dura, la más viril. También se cuenta que dispone de unos 300 asociados. De modo que ya lo saben: 300 hombres independentistas están condicionando el futuro del Parlamento regional. Hay que ser muy hombre para eso, sin duda.
  3. El documento, que consta de una sola frase, solo prohíbe pactar con los socialistas. Nada impide, por lo tanto, que ERC pacte con el PP, o la Cup con Ciudadanos. Ni que Laura Borràs pacte con Vox, por ejemplo: no hay que ser muy avispado para descubrir la cantidad de asuntos en los que Borràs y Vox coinciden en sus programas, así  como en la inanidad de sus aportaciones a la política. Son las cosas de la derecha nacionalista y rancia.
  4. Cataluña, tras la década nefasta, no solo se ha empobrecido económica y culturalmente: ya es miserable políticamente. Si es que alguna vez el mundo nos mira, quedará atónito ante tanta estupidez, mezquindad y tribalismo.
  5. Teniendo en cuenta que la asociación viril cuenta con 300 seguidores y sin embargo impone sus normas, supongo que el Barça (que cuenta con unos 100.000 socios) se estará planteando que los candidatos firmen algo así como que "Sea cual sea la correlación de fuerzas, aplaudiremos a Koeman". El Club Super 3 quizás será obligatorio en todas las extraescolares catalanas. La Asociación de Amigos del BDSM (facción catalana) impondrá, sin duda, el uniforme de látex, cuero y tachuelas a los Mossos de escuadra.
  6. El infierno está vacío: todos los demonios están aquí. Y las demonias también.

8 de febr. 2021

Arran pide el voto para Vox

Dicen que la inteligencia es la primera víctima de una guerra. Los independentistas radicales de Arran, sin haber logrado la guerra que tanto desean, ya han conseguido liquidar la poca inteligencia de que disponían. Arran es, lo sabemos todos, algo así como Torrente, el brazo tonto de la CUP. Y se lían a pedradas contra actos electorales de Vox, en quien ven encarnados a la vez a sus dos enemigos del alma: la extrema derecha y el españolismo. Pedradas en nombre del antifascismo.

No tengo muy claro qué cosas relevantes puede aportarle Vox a la política española, pero parece que Arran se ha propuesto promocionarles con su vandalismo, esa barbarie aguerrida y en el fondo muy española, muy legionaria. Entre las frases de Arran uno descubre el destello de Millán Astray, su impronta indeleble. A veces uno termina por parecerse demasiado a lo que odia, y de eso los psicólogos saben bastante.

Aún sin saber que diablos nos aporta Vox, es evidente que el partido de Abascal sabe conectar con colectivos cabreados (y generalmente cabreados con más razones que un santo): la pandemia y sus normativas, sus confinamientos, sus cierres de negocios han abonado el terreno a un partido que sabe ofrecer respuestas (quizás mágicas, quiméricas o absurdas) a los que lo están pasando peor. Para comprender el auge de la extrema derecha en Europa hay que ponerse a pensar un poco, no es nada simple. Y Arran deja claro que tiene una nula capacidad de análisis. Interpretar el antifascismo como un deporte de lanzamiento de piedras es un proceder muy pero que muy burro. Cada pedrada son cinco mil votos para Vox, que echen cuentas --si es que saben multiplicar des de la piscina climatizada de su chalecito en Matadepera.

Tan burros han sido los de Arran que hay incluso más de un independentista que trata los incidentes contra Vox como "ataques de falsa bandera", sugiriendo que no fueron ellos. Todos se dan cuenta de la estupidez malsana de esas acciones. 

A Vox, como a Arran, hay que responderles con la más estricta democracia. Y recordar que Vox es un partido parlamentario que acepta las normas constitucionales. Y que Vox obtendrá decenas de miles de votos catalanes. A ver como cuentan luego lo de "el poble català vol un referèndum" u otras sonoras burradas.

Por si en Cataluña teníamos pocos problemas, ahora tenemos uno que se llama Arran y está consiguiendo banalizar tanto el fascismo como el antifascismo.

5 de febr. 2021

Volem torradores Loewe i catalanes!


Ho ha dit na Laura Loewe Borràs: vol que la torradora li parli en català. La Laura exigeix el dret a decidir que la seva torradora Gucci l'entengui quan ella li ordeni, en bell llemosí: "vull una torrada de pa català, de farina de l'Empordà, ni massa feta ni massa crua!"

Na Laura ho ha dit en un acte electoral. Ho ha dit per demostrar, sense cap ombra de dubte, que una Catalunya nacional-independent tindrà torradores que entendran el català, que respondran en català i que només torraran pa de farina catalana. Una farina que, no cal dir-ho, no hauran tocat pagesos ñordos ni botiflers ni unionistes. La puresa de la farina va unida a la catalanitat de la torradora, marca Prada (però dels Prada-Puigdengolas de Castellfollit de l'Arquebisbe).

La puresa. La torradora que vol Loewe Borràs no en tindrà prou amb parlar català. Ha de parlar un català estricte, garrotxí, osonenc. Català vigatà, de Vic. O català olotí, d'Olot. No el català de Badalona, ni de Barberà del Vallès ni del barri de Sant Martí, xava i aflamencat. Aquests no són prou catalans. Estan axarnegats i són impurs, i es mouen en Seats, a peu, en metro, en patinet. Les Loewe ens desplacem en Jaguars pel cap baix, i viatgem a Waterloo en cotxes de primera classe. Visca, visca i visca, la Catalunya catalana del Jaguar i del Jeep Defender: defensa Catalunya com un tigre.

La torradora que vol na Laura ha de parlar un català com el del Quim Masferrer, un català seriós, del Montseny. Català-català, sense vicis, sense prosòdies forànies ni estrangerismes: sense barbarismes. La Laura vol una torradora com cal. Res de torradores colonitzadores. Vet aquí el motiu pel qual cal la independència súbito.

El partit de la Laura Loewe pretén passar-se les institucions democràtiques per l'Arc del triomf amb tal que les torradores parlin com Mossèn Ballarín. O com el rector de Vallfogona. O com el rector de Sant Prepuci dels Roures, que era estrictament nostrat i exigia hòsties catalanes. Volem torradores catalanes i rectors catalans, crida na Laura Loewe des de la finestrella del Jaguar.

Na Laura Loewe vol ser presidenta i per això llança el missatge de les torradores. Volem torrades catalanes.

Vam tenir un president que promocionava torrar-se amb la ratafia ¿no seria lògic que tinguéssim una presidenta que es vol torrar en català?


4 de febr. 2021

Un adicto al procés se confiesa

A veces me sucede. Me he prometido muchas veces no reincidir, pero ya se sabe lo que pasa. Quizás sea ya una adicción, como cuando Albert Soler cuenta que espera que el procés no termine nunca: ¿qué diablos haríamos sin el procés? ¿Con qué nos enfadaríamos? Pero sobretodo ¿con que nos reiríamos?Hay infinidad de temas, cuestiones y asuntos interesantes alternativos, pero... ¿hay alguno tan fabuloso como contemplar el delirio tan desesperado como atroz de los catalanes independentistas?

¿Acaso alguien confiaba con ver, en directo y en siglo XXI, una disonancia cognitiva colectiva tan apabullante como la del independentismo catalán?

El otro día pues, aún prometiéndome que no lo haría, terminé por responder a un conocido procesista (o independentista, o nacionalista o lo que sea que quiera) que preguntaba: si usted es independentista y de izquierdas, ¿a quién votaría?. La pregunta me resulta enternecedora por esa ingenuidad enorme y tan irracional. La ilusión de la independencia es abracadabrante: la exposición pública y religiosa (de una religiosidad medieval) que destilan los verdaderos indepes, y que no dudan ni sienten vergüenza alguna en exponer, me resulta un espectáculo sobrecogedor. Y, por lo tanto, adictivo. Insoslayable. Por eso recaigo sin remedio.

Respondí que no se puede ser nacionalista y de izquierdas y me respondieron que la revolución cubana era de izquierdas y nacionalista. Fascinante. ¿Amnesia o mala intención? Si la revolución cubana fue nacionalista... ¿como se explica usted el intento del Che Guevara por exportar la revolución no solo a Bolivia, por ejemplo, si no a Angola también? Hubo quién no dudó en proclamarse internacionalista y nacionalista a la vez, y no faltaron quienes me contaron, con el habitual tono paternalista, que los españolistas son el verdadero nacionalismo malo y que su versión catalana solo es una respuesta legítima, una reacción lógica y comprensible. No solo lógica y comprensible: también buena y necesaria. Un acto de bondad. Fenomenal.

Así pues, aunque me prometo no reincidir y no volver a caer, obro como el adicto contumaz: recaigo. Solo para repetirme, después, que esa será la última vez. Lo prometo, lo juro por la gloria de mi madre. Una campaña electoral es un mal momento para dejar mi adicción: cada vez que la señora Borràs suelta una declaración, mi sistema límbico reacciona en cuestión de segundos. Lo mismo para Aragonès, Budó, Junqueras, Cuixart, Riera o la inefable Dolores Sabaté, la que consiguió devolverle a Albiol la alcaldía de Badalona. Y cualquier otro monstruito nacionalista. Es imposible sustraerse a eso.

Me obligué a mi mismo a leer las densas y fascinantes páginas de "Los Once" de Pierre Michon, el autor francés contemporáneo más sugerente de las últimas décadas. Creí que Michon me libraría de las tentaciones y las recaídas. Pero ni así pude soslayar la atracción por la barbarie, delirante e insistente, de los nacionalistas: la novela de Michon es demasiado breve y, para más inri, en mitad de la lectura supe que Gerard Quintana había ganado el premio Ramon Llull de novela catalana. Di un respingo y el libro de Michon salió proyectado hacia el espacio, dio contra la pared, rebotó, y se cayó finalmente encima del potus (Epipremnum aureum). ¡Pobre potus!

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Postdata: Es posible que en las afueras de Ginebra exista alguna cínica especializada en quitar adicciones como la mía. El problema está en que no podré pagar su minuta. Si acaso, pienso, le pediré una subvención a fondo perdido al vicepresidente Iglesias, hombre siempre atento y displicente para con las minorías oprimidas. O, una vez en Ginebra, a lo mejor le pido ayuda a Anna Gabriel, antaño cupaire, que parece haber abandonado el procesismo y guarda un silencio monacal, una discreción estrictamente suiza. ¿Se habrá curado de aquella enfermedad tremenda que sufrió en un sanatorio trotskista de la dulce ribera del lago Léman?

2 de febr. 2021

La sinificación de Cataluña

Hace algunos años, un columnista catalán afirmó que a Jordi Pujol le veía aspecto de comerciante japonés. Era una de sus bromas. El escritor, más allá de comentar unos rasgos algo japoneses en el rostro del sátrapa regional, expuso su amor hacia el dinerito y los negocios, la gesticulación de vendedor de electrodomésticos y otras lindezas que no recuerdo muy bien.

Si lo he recordado (vagamente) a día de hoy es porque, a día de hoy, le veo ciertos rasgos chinos al gobierno autonómico, una indiscutible maniobra de aproximación a los métodos autoritarios de la lejana y enigmática China.

Pero antes de entrar en la sinificación de Cataluña, voy a contarles algo sobre el señor Josep Piqué.

Hace muy poco más de un año, a las puertas del virus (que Trump calificó de virus chino), vi una entrevista a Josep Piqué en TV2. Magnífica, como casi todas las de ese canal que ya se parece a lo más moderno, adelantado y europeo que tenemos en España (Tv3 podría aprender algo del canal).  En aquella entrevista, Piqué expuso una hipótesis que me pareció fascinante. Cito de memoria la alocución del que fue director general con Pujol y luego ministro de Aznar:

-Lo más interesante que nos ha enseñado la China es que no hace falta tener democracia para generar riqueza. Hasta hace poco pensábamos que la democracia fortalecía a las clases medias y a la creación de empresas, y que eso nos llevaba al progreso económico. La China demuestra que la democracia es innecesaria: se puede crecer económicamente sin necesidad de pasar por la democracia.

Me quedé fascinado ante la sinceridad del señor Piqué. Piqué, que ha transitado desde el PSUC hasta el Partido Popular pasando por el pujolismo, puede que sea algo así como un gurú que insufla inspiración en el gobiernillo regional de ahora. Sin duda, hay algo muy chino en la Cataluña procesista: los presidentes regionales se designan a dedo uno tras otro, sin mediar elecciones de ninguna clase. El pueblo no eligió a Puigdemont, ni a Torra ni al Asombroso Niño Barbudo. Nada indica que el próximo presidentito sea un cabeza de lista, pero eso ya lo veremos.

Una vez, no hace mucho, se pusieron unas urnas chinas disfrazadas de tupperware catalán, o unos tupperware chinos disfrazados de urnas catalanas.

A día de hoy, el gobiernillo convoca elecciones y luego las desconvoca. ¿No quedamos en que votar era sagrado?. A día de hoy, el gobiernillo intenta modificar los usos y costumbres del poble y decreta un horario muy raro para bares y restaurantes. Nos dice a qué hora debemos desayunar, todos juntos y al mismo tiempo: eso es algo que años atrás no hubiéramos dudado en calificar de chino. Ya lo ven: no es una ocurrencia china, si no una ocurrencia catalana.

A día de hoy, se nos permite ir a trabajar adónde nos toque pero no a solazarnos el fin de semana donde queramos. Hace pocos días, una patrulla de esa milicia de los Agentes Forestales me paró en una carretera enmedio de un monte solitario y me informó de que estaba a punto de cruzar un límite municipal. El joven miliciano imberbe me dijo:

-Le informo que está usted a punto de cruzar una frontera municipal. Yo se lo cuento de buen rollo y se lo digo por su bien. Pero sepa que los Mossos de Escuadra están patrullando y ellos se lo dirán de malos modos.

Saludé al miliciano y le agradecí sus buenas formas, su generosidad y su buenrollismo. Me fijé en su uniforme y sus insignias, buscando la estrella roja del partido comunista chino. A saber donde la llevaba.