¡Qué arriesgado es afirmar, en España, que "la democracia siempre gana"! Solo debemos recordar qué le pasó a la democracia en 1939 (hace de eso apenas unos días) para concluir que no es cierto: la democracia no siempre gana. Perdió en España y perdió en Alemania o en Italia, y eso por nombrar solo dos casos próximos y conocidos. [Luego podríamos debatir si todo aquello que sucede dentro del orden democrático es escrupulosamente democrático, pero ese es otro asunto.]
Por otro lado: con solo echar la vista atrás, levemente, uno descubre que la democracia, como sistema político, lleva apenas doscientos años de vida. Y con esos doscientos años me refiero a una lista de países que, ¡vaya por Dios!, no incluyen a España. En nuestra sociedad de los cambios y del riesgo, uno debería admitir que la democracia puede perderse en cualquier momento: no la avala una existencia de miles de años ni está profundamente asentada en la sociedad: ¿son democráticas las familias y las relaciones? ¿Son democráticas las instituciones? ¿Las empresas? ¿Los bancos? ¿Hay algún indicio de que la democracia signifique algo en el Ibex35?
La democracia está sufriendo un acoso terrible en los últimos años, uno debería ser consciente de ello. Es muy dificil pensar que este sistema se aguanta solo, que es algo inmutable y sólido como las rocas que forman una montaña. Por eso mismo hay que andarse con ojo cuando se cuestiona alegremente si un estado es democrático o no, si es legítimo o no saltarse las normas, usarlas a nuestro antojo, usarlas en favor de nuestros impulsos irracionales o solo cuando nos convienen. O cuando se afirma, con ingenuidad de irresponsable publicista electoral, que "siempre gana".
Pues bien: "La democracia siempre gana" es el eslógan de uno de los partidos políticos que se presentan a las elecciones catalanas, la frase con la que bombardea al sufrido (y agotado) ciudadano catalán, la que llena las calles y los anuncios de tv. Uno podría inferir muy poca cosa sobre el partido que se presenta así: ¿qué modelo social propone? Porqué si la afirmación del titular es falsa... ¿qué debo pensar de todo lo demás?
Des del punto de vista narrativo, la frase no tiene el menor interés. Otra cosa sería que la frase prosiguiera para aventurarse en lo literario, como por ejemplo: "la democracia siempre gana porqué es bella", "la democracia siempre gana y además el amor triunfará" o "la democracia siempre gana, aunque lentamente y con dolor". Hay algo teológico en la frase escogida, que se parece a "Jesucristo reinará". Creo que no voy muy desencaminado diciendo esto, porqué de todos es sabido el peso del catolicismo en la política española, este país en el que el nacional-catolicismo ganó una guerra y aniquiló a los oponentes. Un nacional-catolicismo observable tanto entre los más furibundos "españolistas" como entre los más recalcitrantes independentistas. De la simetría entre ambos movimientos proceden todas nuestras desgracias, creo yo.
Otro eslógan que llama la atención, en esta campaña, es: "España es la solución". Se trata de otra afirmación de alto riesgo conceptual, ya que aquí llevamos algo más de un siglo debatiendo que es España y el debate no presenta visos de ser resuelto con un acuerdo válido para todos. Sigmund Freud se fue de excursión a Roma y se plantó ante una pared (un viejo fragmento de muralla) en el que descubrió sillares romanos, piedras medievales y ladrillos contemporáneos, todo ello bien encajado y formando un solo muro (*). Se fijó en que este conglomerado soportaba el paso del tiempo con estabilidad fascinante, pero, aguzando su mirada, nos dejó un comentario bellísimo: dice Freud que esas piedras echaban chispas. O más concretamente que su encaje echaba chispas. Eso es una sociedad moderna, con el peso de la historia que acarrea. Hay que saber ver las chispas que saltan en las junturas para comprender.
También resulta peligroso definir a España como "la solución" porqué a uno se le ocurren otros atributos de la frase que empieza por "España es": "un imperio en donde no se pone el sol", "una unidad de destino en lo universal", etc, expresiones de alto valor para la poesía épica pero que no constituyen ninguna propuesta política.
Decía el pedagogo Paulo Freire que el hombre no es un ser de adaptación si no de transformación. Los que se adaptan son los animales, pero los hombres transforman. En esta campaña electoral me habría gustado leer algún eslógan más próximo a la idea de Freire. Pero admito, decepcionado y triste, que no lo voy a ver.
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(*) El malestar en la cultura


