a E.M., a quién le debo casi todas las fotos y muchas más cosas, aparte de haber soportado la lectura de un triste fragmento leído en voz más o menos alta
1. El teléfono suena como un eco hueco cuando apenas son las seis y media de la mañana. Unos minutos antes me había desvelado un sueño raro, un murmullo penoso.
-Buenos días, le llamo de parte de Alma -es la voz de una mujer mayor- Ella está muy grave... bueno, en realidad está... le queda poco tiempo.
-Creo que se equivoca.
-No es usted Luis B.?
-Si, pero yo no conozco a ninguna Alma
-Claro que la conoce, bueno, hace mucho tiempo, pero ella y usted estuvieron saliendo, fueron novios...
Pongo los pies en el suelo para que el frío me ayude a despertarme. Alma, me susurro. Si, creo que la recuerdo. Fuimos novios cuando teníamos menos de veinte años, y de eso hace treinta. La vida nos ha centrifugado y eso que la mujer llama noviazgo fue cosa de un solo verano, de junio a septiembre.
-Ahora Alma está aquí, en ese hospital... Pregunta a menudo por usted, y le llamo porqué no le queda mucho tiempo. Alma se nos va y me gustaría...
2. Después de la última ciudad la carretera ascendía hacia los páramos altos, serpenteando en la niebla helada. A medida que avanzaba el pavimento estaba más deteriorado, se agrietaba y debía esquivar grandes socavones de barro gris.
En las llanuras yermas aparecieron las primeras banderas que el gobierno regional había plantado, agitándose pavorosas en el viento frío, abofeteando mechones de niebla. Cuánto más lúgubre era la carretera, más banderas patrias rasgaban la nada. Cuánta más miseria más banderas.
Llegué al hospital y la noche se cerró de repente. Conocía lo que estaba sucediendo en los hospitales pero todavía no lo había visto con mis ojos. El personal era escaso, la dejadez y el cansancio se habían adueñado del lugar. Enormes espacios vaciados, ascensor fuera de servicio, tristeza de macetas feas con plantas marchitas.
3. La madre de Alma me esperaba en una salita desolada con cristales rotos por el suelo. La garra del frío se colaba por la ventana que estalló. Estaba inmóvil y perdida bajo las bombillas macilentas. A su lado un viejo transistor a pilas emitía música folclórica, lo único que emiten las emisoras del gobierno de un tiempo a esta parte.
Ladeó la cabecita y me miró con ojos secos, agotados. Una lágrima se fosilizaba en su mejilla.
-Llega usted tarde, Alma está... Bueno, el corazón de Alma no lo soportó más. Pero seguro que quiere verla, venga...
Avanzamos por un pasillo de baldosas verde manzana enferma donde se asfixiaban los fluorescentes. En las paredes el líder de la Patria nos sonreía severamente enmarcado en frases breves y tribales.
La madre descubrió el rostro de la hija muerta doblando con mucho cuidado la sábana blanca. Miré aquella cara dulce y pálida por primera vez en mi vida. No era la Alma que yo recordaba vagamente, no había visto jamás en la vida a aquella mujer.
-Es muy guapa ¿verdad?
4. Salí al porche y me lié un pitillo que brillaba más que las estrellas. Enseguida apareció la mujercita a mi lado, observándome y arropándose con una chaqueta escasa.
-¿Qué hará usted ahora? Supongo que no se va a volver tan de noche.
-No lo sé. Volveré, sin prisas. Me quedé sin trabajo hace unos meses, así que no hay prisa.
-¿No tiene trabajo? Pues aquí justamente están buscando un encargado para la morgue. No encuentran a nadie, claro, la gente se marcha del pueblo desde que empezó todo esto... Piénselo, no se sabe nunca... La vida es así de rara y el destino... ¡Quién sabe! Igual ese era su destino, el de usted y Alma, reencontrarse y acompañarse después de... después de todo.
Aplasté la colilla contra el muro y me quedé mirando a ese ojo negro en la pared que miraba la noche vacía el pájaro muerto en la acera la lechuza escrutando el ratón hambriento la ceniza volando.
-Lo pensaré.
______________
Relato extraído de El extraño caso del Doctor Arthur More y otros cuentos de terror social, Arkham House, Sauk City, Wisconsin, 1937.
La mayor parte de las fotografías han sido cedidas por E.M., a quién le debo mucho más que unas fotos.


