Creo que fue en el mes de noviembre póstumo. No me acuerdo bien, y si no fuese tan perezoso habría bajado a verlo. Pero digamos que fue en noviembre cuando este blog, hasta entonces en catalán, se mudó al castellano. Empecé a escribir bajo la etiqueta mil demonios en castellano luego de dudar un poco, porqué no sabía si ponerle eso o bien mil demonios en español. Descubrí así que lo del castellano-español también es territorio minado por prejuicios, historicismos, romanticismos y esa desgracia de los nacionalismos.
Cambié de lengua tal como se hacen todos los cambios importantes de la vida: porqué sí. Sin razones ni meditación ni nada de nada. Sin sueño ni insomnio. Me pasé a la lengua del vecino como quien se levanta de la mesa a media tarde, agarra una manzana y se la come. Luego busqué los motivos y las causas, y los argumentos para tenerlos a mano. Eso pasó luego. Me guardé un par de argumentos en el refajo, como el pastor se guarda un par de piedras, o el villano una navaja automática. Por si acaso.
El primer argumento era un argumento elegante y de estilo. Diría: quiero aprender esta lengua, es un experimento, me pongo a prueba, etcétera. Diría: llevo años fascinado por la prosa de Borges y García Márquez, César Aira, Álvaro Custodio. Me dolería no haberlo intentado, siendo el castellano la única lengua en la que -sin ser la materna- soy capaz de escribir alguna prosa decente. [Ese tipo de pensamiento indica, sin duda y otra vez ese estado de ánimo tan raro que me habita, lo que vendría en resumirse como Nel mezzo del cammin di nostra vita mi ritrovai per una selva oscura ché la diritta via era smarrita. Eso, si fuese italiano. Una forma improvisada y azarosa de dedirme: ¿y si probase a ser otro, a vivir distinto? ¿Y si probase a vivir?]
Luego está el otro argumento -la otra piedra. Que no es exactamente un argumento, sinó una rabieta. En noviembre se colmó el vaso de mi paciencia con la cosa catalana. En Cataluña ganaron las elecciones (¡otra vez!) la coalición de derechas populistas, católicos y nacionalistas. Hablando claro: los eternos fascistas, la puta burguesía ramplona, los mezquinos. En esa noche (electoral) decidí hacer un acto pequeño, íntimo. Y me puse a escribir el blog en castellano, prometiéndo(me) que no volvería a la lengua materna hasta que las cosas cambien. Con lo que -si mantengo mi promesa- podría ser que jamás vuelva al catalán. Nadie se va a rasgar las vestiduras y el planeta seguirá girando impávido, y las golondrinas volverán a migrar y los gatos a mearse por los rincones.
[Esta noche soñé que un poderoso grupo de intelectuales españoles había observado mi giro sociolingüístico y me aprovecharon para arremeter contra Cataluña. Me promovieron para el Nobel de literatura.Y lo gané. Una jugada precisa y bien calculada para dar ejemplo y promover más deserciones. Me acuerdo de la pompa sueca, ese salón apabullante, rodeado de la más alta casta: poder e intelecuales, sin duda engrandecidos por la magia onírica. Allí estaban Bauman y Vargas dándome golpecitos en la espalda.Voltaire, Hemingway y Rimbaud asaltando el bar, Proust calibrando mi entrepierna y Sigmund solo, sentado en el fondo, con el ceño fruncido. Pero todos ellos, a pesar de las apariencias y acciones descuidadas, esperando mi discurso. Pendientes de mi. De lo que podía soltar un paria advenedizo, un apátrida y un botifler del sur de Europa.
Recuerdo el eco del equipo de sonido, los golpecitos en la alcachofa que tenía ante mi. En los sueños siempre soy locuaz, ingenioso, casi verborreico. Me aclaré la voz, rompí el guión que llevaba escrito en cuatro trozos y empecé mi discurso de aceptación. Pero justo en este instante estallaba el techo enmedio de una gran explosión. Entre los cascotes bajaban oscuros guerreros descolgándose por cuerdas, un comando de intervención. Y nada más. Nunca llegué a ver las insignias de sus uniformes, ni a distinguir una sola palabra de lo que decían. No supe quién había sido mi aguafiestas. ¿Los Mossos d'Escuadra? Quizás si, pero no podría asegurarlo. En el sueño creo que me mataban de una veintena de tiros, y creo que por error también se cargaban a Bernard-Hénri Lévy (¿o era Jorge Semprún?). El sueño me dejó angustiado e intrigado.
Me he levantado de la cama con el corazón palpitando a todo ritmo, desbocado. Me he puesto a escribir (a veces ayuda a recuperar el sueño). De repente el ordenador me ha mandado un mensaje en inglés. No lo he sabido leer. Después se ha apagado. Mientras esperaba que arrancase de nuevo me preguntaba porqué vivo enmedio de tantas tonterías. Porqué pierdo (o me hacen perder) tanto tiempo en debates idiotas, incapaces de generar nada nuevo, nada interesante.
En este mismo instante, la policía, con enorme furia, cargaba contra los manifestantes de Madrid. Lo vi en la TV y me dolieron las costillas por no haber estado allí, por no haber recibido una buena hostia en las costillas que ahora se dolían de tedio, de aburrimiento, de desuso.
NOTA: A las 12 horas de haber publicado el post, una seguidor/a de la etapa catalana se ha dado de baja.
