2 de març 2021

Sobre tu ignorancia levantaré mi patria


Cursé los estudios secundarios en un Instituto de la periferia barcelonesa. Era uno de aquellos edificios grises, algo siniestros, con dispositivos arquitectónicos análogos a los de las cárceles y los hospitales. A veces, por la mañana, el vestíbulo y los retretes olían a Zotal y a franquismo.

Sin embargo, había multitud de profesores jóvenes esforzándose en una docencia amable y más o menos progresista: abundaban las asambleas, las huelgas, los debates sobre la libertad. Descubrí el feminismo en una profesora de matemáticas y el catalanismo en un profesor -¡como no!- de lengua catalana. pero también el comunismo en una profesora de historia, y el anarquismo ilustrado en uno de ética. Se hablaba sin tapujos en la mayoría de las clases. Cada uno soltaba lo suyo y no había problemas. Esa tolerancia que hoy tanto se invoca existía en las aulas de un barrio periférico, en la Barcelona de 1983.

En aquel clima en el que todo parecía suceder por primera vez entre una paredes viejas y cansadas, en donde se adivinaba las manchas pálidas que dejaron el retrato de Franco y el crucifijo, nos lo creíamos todo. Creíamos, sobre todo, que la democracia era indiscutible, imparable y para siempre. 

Por eso, posiblemente, a nadie se le ocurrió discutir que Cataluña fuese una nación milenaria, que existía una entidad llamada Països Catalans, que los catalanes somos lo más europeo y civilizado al sur de los Pirineos... Todo eso también nos lo contaron en aquellas aulas. Quienes nos inclinamos por las optativas de letras jamás nos preguntamos a qué venían dos cursos de literatura catalana y ninguno de literatura universal. En la asignatura de historia, sin ir más lejos, se nos contaba la revolución francesa y la industrial. En filosofía nos explicaban a los griegos, a los alemanes, a los ingleses. En literatura, sin embargo, uno terminaba convencido de que la catalana era la única literatura relevante del mundo.

De ese modo, nos contaron la grandísima importancia de la Oda a la Patria de Bonaventura Aribau. Jamás nos contaron que Aribau escribió toda su obra en castellano y que era un españolista de renombre. Solo escribió en catalán esa Oda, para darle un toque folklórico y localista a una obra exclusivamente española.

Por aquel tiempo, también, Jordi Pujol -entre sus idas y venidas a Andorra-, presentó una campaña que algunos han olvidado: Catalunya, 1000 anys. (Luego, en 2001, se lanzó un remake de la campaña original, que nos costó 300 millones de euros y pasó bastante desapercibido: Catalunya, 1000 anys més).

La edad de Cataluña es una solemne tontería, pero es obvio que el eslógan se metió bajo la piel de muchos. Lo que me estremece es recordar como entonces lo vimos acríticamente, sin discutirlo ni preguntarlo. Luego, claro está, uno crece, se documenta  y lee libros, y descubre el entramado de patrañas, fantasías, delirios y esa mezcla de nacionalismo naif con propaganda malintencionada de contornos borrosos.

Hace poco, caminando una mañana por el campo en los entornos de mi localidad, anduve un rato tras una familia con niños. Los progenitores no deberían tener más de 40 añitos, iban hablando en voz muy alta: el confinamiento municipal ha conseguido que nos agolpemos por los caminos del monte y no solo por las calles. Una mujer joven, levantando la voz, contaba emocionada como Tv3 le había revelado que la democracia se creó en Cataluña ¡y yo que pensaba que la democracia era un invento griego! ¡Ahora ya sabemos que la democracia es catalana... nos tenían engañados!, se exclamaba. Por su porte y forma de hablar, quien se expresaba así es una persona con formación académica y que ejerce algún trabajo socialmente bien visto.

En el mismo sentido: es fácil ver que los presidentes de la Generalitat siguen una curiosa numeración y que Quim Torra, por poner un ejemplo al azar, se considera el presidente número 133. Lo cual nos retrotrae a la tiniebla medieval, cuando una institución llamada Diputació del General (o algo así) reunía a nobles y a clérigos que se repartían las cosas del poder feudal. Pero nadie protesta por ese anacronismo vergonzoso y por la barbaridad conceptual que implica.

Es más: si uno se va al Museo de Historia de Catalunya, sale con la impresión de que el mundo entero es catalán, ya que solo hay historia en Cataluña (y toda es ejemplar), y nada externo nos influyó para nada. La sensación de autismo programático es apabullante: si algo malo nos sucedió, se debió a las injerencias extranjeras y a la pérfida España, país cuyo único sentido fue el de fastidiar a los grandes catalanes, de una industriosidad, emprendeduría y beatitud sin parangón en el universo conocido.

Lo dicho: sobre tu ignorancia levantaré tu patria. Y a uno le pueden inocular la ignorancia siguiendo cualquiera de los dos métodos siguientes: a) No contarle nada o b) Contarle mil mentiras y ninguna verdad.

Mil mentiras muy caras, costosas y complejas. A cargo del erario público, por supuesto. A ver como se desmonta eso, he ahí el asunto.

Se debe contar que Don Pelayo no fundó España, ni Guifré el Pil·lós inventó la democracia. Debe ser posible una educación basada en la ciencia y la responsabilidad.

Al nacionalismo se le combate con la ciencia, las evidencias, los datos. Y con mucha cultura. Y con mucha democracia. Nada de eso es fácil ni barato: hay que invertir, urgentemente.

7 comentaris:

  1. Despues de toda mi escolaridad en un colegio privado, incluyendo 2 años interno,en el 76 cursé 5o de bachillerato en IES Granollers, y de repente descubri un mundo que no imaginaba, se nos trataba con respeto, incluso con afecto, la libertad lo invadía todo, se podia hablar de cualquier cosa y hacer huelga o lo que fuera bajo cualquier pancarta, bajo el imperio de la razón por parte de la mayoría de profesores, incluso y especialmente el de religión. TU articulo me ha recordado aquella lejana y maravillosa época. Mi hija ya fue víctima de la instruccion ideologizada actual, una pena, porque la culpa es de los malos catalanes como yo. Gracias.

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  2. Lo que voy a dejar escrito es completamente verídico:
    Cuando salimos de Can Valero Petit, mi madre y yo, fuimos a la calle Carretas. Tenía entonces sobre los 10 años y pocos meses. Poco colegio, pues iba a salto de mata en el Jesús y María barraquil.
    pero en la calle Carretas todo cambió. Había dirección postal. Me preparé pagando mi madre en una Academia, la Parlamento, para el ingreso al bachillerato. Me examiné en el Balmes e ingresé al año siguiente SIN PAGAR NADA en la Escuela Industrial en régimen nocturno (de 6´30 a 10 de la noche), allí, el bachillerato duraba un ciclo más porque había menos horas de clase.
    Por las mañanas ayudaba a mi madre a coser, desilvanar, enhebrar y entregar lo que cosía, y por las tardes a estudiar.
    Después a los 13 y medio entré a trabajar a una imprenta (Miquelrius) con el tríptico, y me dejaban salir sin DESCONTARME NADA, media hora antes cada día porque era obligado por el Sindicato Vertical, si los aprendices iban a estudiar siempre que reportaran las notas y los papeles de ingreso.

    TODO GRATIS. Mi madre Nunca pagó un duro por el bachillerato, ni por el elemental, ni por el superior, ni por el preu. ¿Puedo o no, estar agradecido a aquello

    No añoro nada, pero no perdono ni olvido. Y yo, como Rosendo, debo estar agradecido.
    Salut

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  3. Fui profesor en Berga durante tres maravillosos años entre 1982 y 1985. En el instituto había profesores de diversos puntos de España lo que le daba una gran riqueza al conjunto. Esa ciudad era todavía abierta. Mis alumnos eran abiertos y pude experimentar métodos de enseñanza revolucionarios con toda libertad. No era un ambiente opresivo. Había un cuartel en la ciudad que tenía casi mil soldados lo que le daba a Berga un aporte económico importantísimo. También había minas a cielo abierto cerca con trabajadores de muchos puntos de España. Recuerdo con mucho cariño aquellos años en Berga en la que no me sentí excluido ni marginado. Fueron años felices. Veo ahora el aquelarre en que se ha convertido aquello, una ciudad cerrada y pueblerina, empobrecida, fanatizada, con un ayuntamiento creo que de la CUP, han salido sus demonios que han llevado a ese pueblo a la decadencia más absoluta. Parece que es lo que quieren. En el instituto nunca tuve problema para experimentar y a mis alumnos del medio rural -yo les daba literatura española- tuvieron ocasión de disfrutar enormemente y prodigiosamente con las clases que impartía.

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  4. La Diputación del General era un órgano dependiente de la corona de Aragón, el edificio de la plaza de san Jaime así lo lucía en la fachada que se cuidaron muy bien de limpiarla y cambiarle el nombre como hiza la alcaldesa con la placa de la Constitucion que nombraba la plaza.
    Para que la mentira triunfe hay que borrar testigos y se comienza por los monumentos, después ya veremos...
    Los nazi-onalismes tienen eso y en "eso" Goebbels es su maestro.

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  5. Me jubilé hace tres años y aunque ejercí como profesora de historia en un centro de Mataró, la locura todavía no era evdente. Se ha ido acelerando en estos seis, siete últimos años. Leer estas experiencias y recuerdos de lo que debe ser una escuela pública, abierta pluralista y no dogmática, hace llorar, viendo en lo que la han convertido. Ignorancia y oscurantismo.
    Saludos

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  6. La Diputación del General, no era otra cosa que un instrumento para recaudar los impuestos y apartar la contribución a la Corona de Aragón.

    Y aunque se desgañiten afirmándolo, el Consell de Cent no es el parlamento mas antiguo de Europa, por la época en que se instauró, el parlamento de Islandia llevaba cientos de años funcionando.

    También aquí nos quieren dar gato por liebre, el Consell de Cent no era otra cosa que una representación de los burgueses adinerados de la ciudad de Barcelona, jamás fue la representación de otros territorios de Cataluña, ni cosa alguna parecida.

    Lo que decía Josep Plà, es mas fácil creer que saber.

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