27 d’abr. 2021

En tiempos de tribulación

No cayó del cielo la democracia. No la trajo un dios con su gracia ni la inseminó un ser galáctico con su nave. No se encuentra en la naturaleza. Debieron pasar miles de años y de vicisitudes. Del mismo modo que, para llegar a Botticelli, tuvimos que esperar hasta el siglo XV después de Cristo, tras veinte mil años de comunidades humanas decorando paredes como buenamente podían.

La democracia es obra de los hombres y las mujeres, y como todo lo que es obra de hombres y mujeres, es imperfecta. Philip K. Dick advirtió una vez: si usted se queja de este mundo es porque no conoce a los otros. Y uno sospecha, con el paso de los años, que vive en el mejor de los mundos posibles. O de los probables, mejor dicho. Casi todo el mundo sabe del poder infinito de los sueños y así mismo de la dificultad y la impotencia insalvables de los actos en el mundo.

Todos lo sabíamos: no venían a aportar nada nuevo y mucho menos nada bueno. Pero les reímos las gracias: siempre resulta graciosa la desfachatez, la insolencia, la incorrección. Y mucho más graciosa resulta cuando nos damos cuenta de que somos más pobres, más vulnerables. Cuando los hombres se percataron de que estaban perdiendo privilegios frente a las mujeres aplaudieron al hombre que venía con el pecho descubierto y lleno de pelo a gritarles que el hombre manda y la mujer obedece mientras pare, cuida y nutre a los hijos. Aplaudieron al que les recordó que unos antiguos guerreros expulsaron a los musulmanes en nombre de Cristo. Qué más da si aquellos guerreros eran cazurros, brutos y pendencieros, solo movidos por la codicia de la tierra.

En tiempos de banderas agitadas como para una batalla antigua, estúpida y absurda, se aplaude al que vuelve con una bandera más grande.

No se puede afirmar que un fenómeno histórico sea consecuencia de uno anterior, pero si podemos ver las similitudes entre ellos y pensar que alguna relación tienen. Quizás solo crecieron en un misma ecosistema, bajo un mismo clima. Afirmar que Abascal y Puigdemont son causa y consecuencia o incluso lo mismo me costó algunas reprimendas. Tampoco creo que se les pueda tildar de fascistas, aunque quizás es pronto para las conclusiones: en cualquier caso, ambos flirtean con derribar la democracia, exponerla a la intemperie, abandonarla bajo el frío. A ver si resiste.

No hay un fantasma recorriendo Europa: hay dos fantasmas en la carretera. La derecha extrema y el nacionalismo radical. Quizás alguien vea a un solo fantasma, puesto que muchas veces parecen siameses. Como en un cuento de Lovecraft de aquellos en los que un monstruo dormido durante siglos se levanta de su sepultura mal pergeñada en donde, bajo la apariencia de un muerto, solo era un durmiente.

Alguien me cuenta que fue a un mítin de Vox y vio obreros, gente precarizada que se cansó de ciertos discursos buenistas. Poco más tarde, leo que el votante de Puigdemont/Borràs se piensa a si mismo como una persona progresista y más bien de izquierdas. No olvidemos que el partido que solemos llamar "nazi" era nacionalsocialista. El cartel del MENA y la abuela precaria en el metro de Madrid se parece mucho al de "España nos roba" que adornó las calles catalanas: se suelta una mentira o una falacia que encienda a la gente y luego se pasa a recoger los votos. Siempre se debe añadir algo sobre la libertad, la historia entendida como una línea ascendente hacia alguna parte y por fin estampar una banderita nacional en cualquier rincón del letrero.

La democracia no cayó del cielo y es frágil. Como todo lo humano, es muy frágil. Con un martillo comprado por dos euros en el bazar podríamos romper la crisma de la Pietá, y con un cuchillo de pelar manzanas podemos rajar El nacimiento de Venus: ¡Que se joda Botticelli! ¡Que se joda la democracia del 78! Nosotros tenemos los cuchillos y los martillos, parecen decir quienes no aportan nada nuevo ni nada bueno: pero ni Abascal ni Puigdemón ni Iglesias son Botticelli, ni sabrán reconstruir lo que rompieron en nombre de... ¿la libertad? ¿la patria? ¿el pueblo?. Debemos defender a Botticelli y a la democracia.

22 d’abr. 2021

Allanar el camino hacia la nada

Ando por la calle, a media tarde, por el barrio de Espronceda. Delante mío van dos niños de unos siete años, morenos, avispados, de gestos y andares veloces. Gitanos. Hablan de sus cosas con esa voz poderosa y flamencorra que la naturaleza les regaló para envidia de los demás. En su boca todo es poesía.

-Los planetas son como huevos Kinder: dentro hay chuches, Mandonals, donus.

-Pero hay uno que por dentro lleva caca y pis, responde el otro, más bajito y sin reírse. Es decir: va en serio.

Me siento tentado de preguntarle al niño pesimista si no será que está pensando en nuestro planeta, pero lo dejo. Como es natural.

Han comenzado a florecer los artículos de pedagogos y maestros que hablan de los efectos de la pandemia sobre la población escolar, y no hay buenas noticias. Se nota el cansancio, el hartazgo de las pantallas, la falta de contacto humano, la desaparición de las salidas y las excursiones. Por no hablar de los niños que dejaron de comer en el comedor escolar por lo menos una vez al día durante el confinamiento, algo que nunca nombra nadie. En ese paisaje no me extraña que haya niños con una visión negra del universo. El mundo, de repente, se les revela hostil y amargo. Quizás siempre lo fue pero no quisimos verlo ni quisimos enfrentarnos a las verdades demasiado incómodas.

Dice Sven Lindqvist en su portentoso "Exterminad a todos los salvajes" que dos sucesos históricos parecidos no son iguales ni se puede afirmar que uno sea la causa de otro. Para concretar: el genocidio que perpetraron los belgas en el Congo no causó el exterminio judío a manos de los nazis. Pero sin embargo les allanó el terreno. La lista de exterminios anteriores a los nazis es extensa y prolija.

En 1850 ya había filósofos europeos (ingleses para más señas, como Herbert Spencer) hablando de razas superiores e inferiores, y de la necesidad de apartar a las inferiores en nombre del progreso de la nación. Primero apartarles y luego eliminarles. Todo el libro es un comentario a la frase que le da título, que es una frase pronunciada por el personaje de Kurtz en El corazón de las tinieblas, la obra cumbre del polaco que pensaba en francés y escribía en inglés. (Botifler al cuadrado, diría un procesista catalán).

Sigo andando por el barrio de Espronceda mientras el sol tiñe de malva las nubes y se despeña tras los bloques franquistas levemente maquillados. Es el atardecer lento, en primavera. Por un instante intento contarlo en francés y recuerdo algo de Baudelaire sobre el color malva, los gatos y el olor del pachuli. pero no puedo. No puedo, esa es la realidad. En la calle, más ensombrecida que el cielo, destellan las luces azuladas de la policía en su ronda vespertina por los barrios bajos. Soy incapaz de formular quién allanó el camino a quién, de donde sale la idea de una raza y por lo tanto de una raza superior a otras inferiores. Qué es lo que termina justificando los nacionalismos agresivos, los pasivos o los victimistas que, a la vez son también agresivos y pasivos. Me parece algo ya muy fácil construirse el rol de víctima y entonces recuerdo a Murray cuando advierte: no siempre la víctima dice la verdad ni tiene razón, no siempre es obligatorio que nos caiga bien y, a veces, la víctima ni tan solo es víctima. Eso me lleva a pensar en las veces en las que Laura Borràs se presenta como víctima de una opresión insoportable aún siendo una indiscutible privilegiada.

Víctimas, lo que se puede llamar víctimas, lo fueron los hotentotes, sin duda alguna. Los hereros de Namibia. La mayoría de culturas indígenas de norteamérica, los armenios. Etc. ¿Se le pueden añadir los catalanes nacionalistas a lista de las víctimas? Parece imposible y, sin embargo, lo hacen. Ha habido grupos de nacionalistas que se han juntado ante una panadería para acusar a la dependienta, argentina y recién llegada, de victimizarles por no hablar catalán. Pidieron su despido. Quizás su repatriación. O porqué no, su ingreso en un campo de concentración.

Tengo la impresión de que a día de hoy lo mejor para caer bien es presentarse como víctima de algo o de alguien. Quizás los belgas de Lepoldo II también supieron presentarse como víctimas de algo, para justificar el exterminio de los africanos. Por lo que leo, algunos argumentaron haber cometido atrocidades en respuesta al hecho de que uno de sus compatriotas fue asesinado y luego devorado por los hotentotes. Tras años de soportar torturas, la amputación de millares de manos, miles de violaciones, cientos de miles de castigos inhumanos, un hotentote se comió a un belga. Y los demás belgas exterminaron a toda una población.

Nunca sabremos quien fue el primero, quien allanó el camino a los demás. ¿Qué más da? Hoy me acostaré pensando en ese niño gitano de siete años que insinúa vivir en un planeta relleno de pis y de cacas.



18 d’abr. 2021

¿Se puede ser demócrata e independentista?

Ustedes habrán escuchado mil veces afirmaciones como las que siguen:

  • No soy racista, pero no quiero que un negro me quite el trabajo
  • No soy homófobo, pero creo que los homosexuales no deben exhibirse públicamente
  • No soy machista, pero creo que las mujeres se ocupan mejor de la casa y los hijos que los hombres
  • Creo en la igualdad de las personas, pero pienso que quienes han llegado en patera, sin papeles, no deben tener los mismos derechos que los oriundos
  • No soy totalitario, pero creo que las minorías deben someterse al dominio de las mayorías, o bien ser expulsadas de la comunidad
En todas esas frases, como es bien sabido, solo debe tenerse en cuenta lo que va después del pero, ya que lo que antecede al pero es prescindible.

Las personas que se expresan así siempre me han provocado temor. Incluso más que quienes directamente te sueltan soy racista, soy machista: en estos casos, uno por lo menos asume lo que es y ha identificado donde tiene su punto débil.

La Cataluña de los últimos años ha normalizado, sin pestañear, ese tipo de expresiones:
  • Soy demócrata, pero en Cataluña solo puede haber partidos nacionales
  • Soy demócrata, pero en Cataluña debe prohibirse el uso del castellano
  • Soy demócrata, pero TV3 solo se debe invitar a tertulianos nacionalistas
  • Soy demócrata, pero el gobierno solo debe subvencionar la cultura catalana en catalán
  • Soy demócrata, pero los partidos no-independentistas no deben ocupar espacios en el Parlament
  • Soy demócrata, pero la voluntad del pueblo está por encima de las leyes
  • Estoy a favor de la libertad de expresión, pero solo tolero que se expresen los que opinan como yo
Esta última expresión, en concreto, quizás la más terrible y la más aberrante, se ha escuchado en boca de personas con cargos públicos de relevancia. Esa frase en concreto significa, simplemente: la democracia no existe, ha sido suplantada por el mandato del pueblo. Una frase que pronunciaron en su momento individuos como Hitler, Mussolini, Stalin o Franco. Sí, Franco, lo han leído bien. Lo expresaba con claridad y muchas veces: España es, España quiere. Convertía a la ciudadanía en un sujeto singular e interpretaba su ser, su voluntad o su deseo tal como lo haría un médium, ungido de poderes sobrenaturales. Y todos se llevaban las manos a la cabeza mientras pensaban: ¡claro, habla así porque es un dictador! 

Sin embargo, llegó la democracia y, de repente, alguien habla así en Cataluña a la vez que se proclama el más firme defensor de la democracia. No solo eso: también el único demócrata, sometido a la opresión de un estado totalitario.

El último impulso antidemocrático, iliberal y antilustrado lo tenemos (de nuevo) en la ANC, entidad que pasea un autobús amarillo por las calles exigiendo "Independencia AHORA". Y aporta un número: somo el 52%. Se refieren al porcentaje de diputados independentistas del Parlament. Aunque hay otros números, no los manifiestan. No cuenta, por ejemplo, que en esas elecciones (elecciones y no referéndum) votó el 53% del censo, dato más que relevante en ese asunto. El mismo dato ofrece una lectura mucho más nítida si se cuenta bien: Votó el 53%, y de ese 53%, el 52% votó independentista: luego un 26% del censo es independentista. El uso de los números como me plazca y mejor me convenga no creo que sea un alarde del pensamiento democrático.

Quizás no sería mala idea un buen plan de educación sobre valores democráticos en las Tv, incluso en Tv3: quizás se debería contar cuales son los principios de la democracia: igualdad, diálogo, consenso, pacto, respeto por la minoría, respeto fundamental por las leyes. Sin uno de esos elementos no hay democracia. A lo sumo hay culto a las urnas, pero las urnas no hacen una democracia: incluso Franco convocó referéndums.

El próximo día les hablaré acerca de Javier Cercas.

15 d’abr. 2021

LO QUE SE DE JAVIER CERCAS Y SUS ODIADORES


VOY A CONTAR LO QUE SE DE JAVIER CERCAS en ocho puntos

1. Javier Cercas es uno de los escritores catalanes con más proyección nacional e internacional, si no el que más.
2. Su novela "Soldados de Salamina" fue leída en despachos, coches baratos y coches caros, trenes, furgonetas, almacenes, sofás en pisos amplios diseñados por arquitectos de renombre y sofás en pisos miserables, de arquitecto anónimo, fue leída en autobuses y metros, bancos del parque, chiringuitos de playa y retretes de obra. Personas que no solían leer leyeron "Soldados de Salamina". Fue leída en Pedralbes, en el barrio del Gornal y en Vic. Todo eso me consta.
3. Su obra "Anatomía de un instante" es un ensayo brillante, osado y altamente literario, en donde el autor muestra un oficio apabullante.
4. Cercas es muy bueno en la ficción y en la no-ficción. Es, a mi parecer, nuestro Emmanuel Carrère en versión hispana.
5. Javier Cercas ha escrito textos necesarios, como "El monarca de las sombras", fundamental para comprender la guerra civil española.
6. Su ensayo "El punto ciego" es un texto breve y brillante en el mundo del ensayo literario y contiene tesis quizás no originales, pero jamás tan bien expuestas.
7. Su novela más débil ("Terra Alta") es la novela negra/policial más exitosa escrita en Cataluña.
8. Javier Cercas es el escritor catalán vivo más relevante de nuestro tiempo, tanto en lo literario como en lo comercial.
8. Solo la envidia explica el trato que algunos catalanes le dan a Javier Cercas , la envidia y ese supremacismo sin fundamento, sin vergüenza y sin cuartel en el que vivimos, y que alienta a los peores y los aúpa hasta los medios. Hay unos catalanes que odian a la inteligencia y al arte, y escogen a Javier Cercas para canalizar su odio, creyendo que ese odio neutralizará su envidia.


12 d’abr. 2021

El amor y la muerte circulan en dirección contraria


Cuando uno lee la prensa, en los últimos tiempos, ya casi solo espera encontrar las sandeces de la señora Ayuso, las ocurrencias de los ex-pertos en la cosa de la COVID o la última invitación al tedio de los políticos secesionistas catalanes. Lo que no se espera uno es encontrar uno de los más bellos relatos sobre el amor y la muerte.

Y, sin embargo, así ha sido. Debería confiar más en la humanidad.

La policía detiene a un automóvil que circulaba en dirección contraria por una autopista catalana, cerca de Gerona. Una vez detenido, se descubre que el conductor, suizo de origen español, circula con un copiloto envuelto en una mantita, muerto des de hace por lo menos tres semanas. El muerto es su pareja. Le prometió, en vida, y cuando ambos sabían que la vida se extinguía, que harían un último viaje juntos. Cumplió su promesa: le sentó en el asiento de al lado, como habrían hecho tantas veces. Y le abrochó el cinturón de seguridad, un detalle que me fascina. Un acto de amor más allá de la muerte, un gesto digno de la mejor literatura romántica de todos los tiempos. Me detengo en ese instante, cuando suena el clac de la hebilla del cinturón de seguridad. Es maravilloso. Quizás este momento contiene algo trascendental y la banda sonora es un vulgar clac metálico, algo tan cotidiano y tan pequeño que ahora, de repente, adquiere una dimensión colosal.

Ramón de España hizo el primer ensayo, en la prensa, para reportar el suceso y elevarlo a la categoría literaria. Él, como yo, hemos pensado en Emmanuel Carrère. A mi, Carrère se me vino a la mente mientras leía la noticia, encuadrada en los sucesos escabrosos. Los medios no percibieron la magia oculta en el hecho. Es más: uno encuentra un cierto retintín escatológico en algunas notas de prensa, una sorda invitación a la burla, una insinuación de chanza. ¡Está chalado! parece decir el cronista incapaz de ver lo maravilloso del suceso.

Emmanuel Carrère supo escribir un libro fascinante en "El adversario", libro que, sin ser uno de los mejores de Carrère, es un libro excepcional. Ahora debería hacer lo mismo con esa pareja de suizos que supieron cumplir una promesa a pesar de la muerte, contra la muerte. Alguien, no muy lejos de aquí, burló a la muerte. En nuestros días, en nuestras narices cubiertas por una pudorosa mascarilla higiénica que creemos capaz de engañar a la Parca, un hombre supo demostrar que el amor es superior a la muerte.

Los matices, las preguntas y las incógnitas son enormes: ¿de qué murió el amante? ¿Fue por causa del virus? ¿Cuánto tiempo llevaban juntos? ¿Por qué, motivo, tras viajar por Francia y por Italia, se metió en contradirección en una autopista española? ¿Pretendía algo o fue un error debido al cansancio, a la pena y al dolor? Yo pensé en Carrère por ser uno de los mejores escritores vivos que conozco y que doy por seguro que habrán leído la noticia y, tras leerla, se habrán preguntado muchas cosas y entre ellas ésta: ¿se puede escribir un libro sobre los amantes suizos?. Pero también pensé en muchos otros escritores que, ya muertos, habrían reaccionado ante tan bella historia. Se me ocurrió, entre varios, al recientemente fallecido Joan Margarit, poeta que supo escribir como pocos sobre el amor y la muerte. ¡Qué bello poema hubiese parido Margarit!

Sobre la relación entre el amor y la muerte escribieron los clásicos antiguos, los poetas medievales y muchísimos otros, y uno, que es lector, tiende a pensar que eso es cosa de la literatura pero no de la vida. pero uno andaba muy equivocado: en nuestro mundo y en nuestros días embriagados de banderas e himnos, de campañas, de esloganes, de superioridades regionales y morales, hubo un hombre que quiso cumplir la promesa adquirida con la persona amada y, tras envolverla en una mantita, la subió al coche, le abrochó el cinturón para que no le pasara nada y se fue para el sur cuando la primavera asomaba en el sur. Visitaron Francia, Italia y España, como cualquier romántico del siglo XVIII.

Estoy casi convencido de que, durante el viaje, el conductor le iba contando a su copiloto la belleza de los paisajes, y como florecen el verde, el blanco y el rosa, el violeta y el añil en los lindes de la carretera. Hasta que, de repente, dos policías españoles les desvelaron de su sueño de colores. Fin del trayecto.