12 de febr. 2020

La liebre, el filólogo y el bilingüismo

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La liebre salta donde menos te lo esperas.

El filólogo es un buen traductor, por lo que cuentan de él. Un profesional competente. Sin embargo su vida, ¡ay! su vida es un malvivir constante.

El filólogo está atento. Su oído no descansa, su ojo no cesa en la vigilancia estricta. El otro día, cuando volvía de la tienda en donde compró su botella de Cat Cola, descubrió al hijo de los Puidengolas flirteando con una chica morenita en un banco de la calle. ¡Horror! El Puigdengolas, con tal de hincarla, hablaba en la lengua del invasor. El filólogo siguió hasta casa su casa refunfuñando, maldiciendo entre dientes, mesándose su barba. Debería dejarse la barba más larga, pensó durante un paréntesis de su furia: debería llevar la barba de un profeta, de los más iracundos.

Un día más tarde, mientras se dirigía a la parroquia de los Mártires de Òmnium, se tropezó con un grupo de chavales que chutaban una pelota en el parque. Reconoció a dos de ellos: un hijo de los Pissunyer y otro de los Pladenpiula. Chutaban... en la lengua foránea. Les amonestó por su flaqueza ante el colono levantando el dedo índice del inquisidor, el índice del mujaidín. Siguió andando, más o menos satisfecho consigo mismo por haber intervenido. Pero unos pocos cientos de metros más allá se detuvo. ¡No había hecho lo suficiente para combatir la infamia! Se dio la vuelta, levantó los ojos al cielo y murmuró: Perdóname, santo mártir Cuixart, pero hoy no acudiré a misa. Y se fue raudo de vuelta para su casa, encendió el ordenador y se puso a escribir lleno de furia.

El texto que escribió está aquí. Vale la pena.

Su escrito apareció al día siguiente en la Hoja Parroquial. Los feligreses se esforzaron en leer su prosa alambicada y barroca, repleta de arcaismos deliberados, su sintaxis endiablada. Sus lectores también se rascan la cabeza cuando le leen y a fe de Dios que son muchos los que no comprenden nada, pero saben que el filólogo profeta va para santo y doblan sus cervicales devotas ante la pantalla.

El filólogo sabe o no sabe que sus textos también nos los pasamos entre los infieles, los descreídos, los gamberros y los hartos. Para reírnos un buen rato, que buena falta nos hace. Un colega le dedicó estas palabras, de donde he sacado la idea de poner una liebre saltarina enmedio de tanta espesura y tanta manía persecutoria.
Monseñor Vidal, inasequible al desaliento, sigue con su cruzada contra el bilingüismo en Cataluña. Con el ánimo encendido de un Torquemada provinciano, iracundo y furioso, denuncia cualquier acto que huela a herejía, suceda donde suceda, siempre atento. No se le escapan ni los pecados cometidos en el corazón de la Cataluña racial y referendumista: ¡ni Arenys de Munt escapa a su implacable vigilancia! Y aprovecha para cargar contra todos, y para advertir a los tibios de los grandes males que se avecinan, y para arremeter contra esa juventud inmoral que puebla las calles y desdeña el dogma que él custodia. Algunos podrían advertir en Vidal señales inequívocas de distorsión cognitiva (que sepa Vidal que hay buenas terapias de reconstrucción cognitiva), pero a mi lo que me llega al alma es su estilo. Llevo años leyendo sus jeremiadas y observo una caída vertiginosa en el barroquismo confuso, en la esterilidad del arcaísmo forzado, en la confusión. A medida que uno lee se siente desanimado y abrumado por el abuso de un léxico neblinoso enmedio de unos axiomas de cosecha propia ("el bilingüismo es malo", dice el profeta desdichado) disfrazados de argumentos... Léanlo (si pueden) con el rotulador de subrayar.
(Yo, en su lugar, hubiese titulado el artículo: "La liebre salta donde menos te lo esperas". Porque ya es mala suerte, Pau, que la liebre bilingüe te salte en la cuna del procesismo: ¡vaya chasco, Pau!).

9 de febr. 2020

Una expedición al Reino de los Lazos


Prólogo
No cojas lucha

Hace algunos años, un hombre de quien no recuerdo el nombre se paseó por varias aldeas contando la llegada del dominio catalán sobre Europa. Se presentaba como matemático y filósofo (interesante, ¿verdad?). Decía: llegará un día, tan pronto que todos lo veremos, en el que Europa dejará de mirar a la cultura grecolatina y se fijará en Cataluña y entonces dirán: ¿cómo pudimos estar tan ciegos durante tantos siglos?. A partir de entonces dejará de estudiarse a Platón y a Aristóteles y se estudiará al Abad Oliva, y reconocerán que la democracia se inventó en Cataluña y que todo lo elevado, lo bueno y lo importante nació en esta región.

Según los cálculos de aquel hombre (defendidos por su saber matemático), la hegemonía durará nada más y nada menos que 1.700 años. La gente sensata se burló del pobre hombre en las redes. Pero yo no me reí. Me asusté. El delirio de aquel hombre me recordaba a la locura de Saúl, quien luego fue San Pablo. Saúl también anunciaba la llegada inminente del reino de Cristo, que era lo previo al fin del mundo. Saúl contaba que todos verían el fin del mundo, puesto que era inminente. Luego, a medida que pasaban los años y el mundo no se terminaba, Saúl inventó excusas y adaptó el mensaje a la realidad, tozuda como una mula, que le contradecía. Aunque siempre la desafiaba. A su manera, Saúl dijo: "Lo volveré a hacer". Como Jordi Cuixart, el hombre del peinado "mullet". Desconocemos el peinado de Saúl pero sabemos que ambos prescinden de la realidad en sus razonamientos, y que ambos se creen poseídos por una verdad extramundana.

He vivido asustado por el procés durante mucho tiempo. Les temo a los desastres, más a los que provoca el hombre que a los de la naturaleza. Mi temor me recluyó. Dejé de ir a determinadas comarcas catalanas que antes me gustaban: las sabía llenas de lazos, de banderas al viento, de carteles amenazantes, de propaganda agresiva y excluyente en la que el mensaje es: tú estás excluido. No volví al Montseny, algunos lugares del cual me encantan y me remiten a una infancia pobre pero aceptable, con bellos paisajes. Sant Marçal, Santa Fe, el ascenso al Turó de l'Home, etc. También abandoné la costa gerundense, las cercanías de Bañolas, los paisajes verdaguerianos que tanto me acompañaron antes. Los evité por miedo. Me gusta Séneca y sigo algunos de sus consejos: no vayas adonde no serás bien recibido, no te metas en donde no te llaman. Los estoicos mejicanos tienen un dicho muy bello: no cojas lucha.

Sin embargo, el procés se prolongó mucho y llegó un momento en el que decidí que debía enfrentarme a mis temores. Cataluña, para mi, ya era la "casa tomada" de Cortázar y me di cuenta de que, de seguir así, pronto solo podría irme a Cornellá, a Hospitalet y a algunas partes de Tarragona cuando quisiera cambiar el paisaje ante mis ojos.

Pensé como debía acometer esa nueva empresa. No se me ocurrió nada mejor que tomármelo deportivamente, es decir, como un periodista a quien le han mandado a elaborar un reportaje en una zona rara, antipática y hostil. Pero él hace su trabajo. Decidí salir con libreta y cámara de fotos.

Empecé por un lugar cercano y luego me fui expandiendo, con prudencia. Fotografié los balcones con pancartas y banderas, las rotondas con grandes esteladas, las fachadas de los ayuntamientos. Era el horror, pero mi deber es enfrentarme al horror. Solo para reportarlo.

En las poblaciones que visité (y que iré contando en estas páginas) siempre he hallado los barrios apacibles, sin banderas ni pancartas. Siempre son los barrios pobres, los de bloques soviéticos o franquistas (¿Hubo un mismo arquitecto para todos los totalitarismos del mundo?). En estos barrios y en estos bloques no hay banderas. ¿Qué bandera hay en el balcón sin bandera? Hay una bandera: la traslúcida e inodora (pero no indolora) del apátrida. En esos barrios me refugiaba durante mis expediciones, cuando me sentía demasiado asustado o demasiado triste.

En los bares de esos barrios pobres veía a gente tranquila y fatigada, atenta a sus cosas, con la mirada libre, desprovista de altanería y de desprecio, gente que no se siente superior a los demás. Gente que no pretende ser la buena gente loada por Quim Masferrer, personas que quieren vivir en paz, estoicos, libres, libres de las puerilidades del estulto y vergonzante Masferrer. Personas.

"Nos cansamos de vivir bien" (o "Estàvem cansats de viure bé" en V.O.), es el título del libro de no ficción más vendido en los últimos meses en Cataluña (eso es un hecho), y ese título define muy bien lo que ha sucedido aquí, algo que me lleva a pensar de nuevo en Pablo de Tarso y en la historia de Israel que se cuenta en el Antiguo Testamento. El pueblo de Israel tuvo muchas veces la tentación de relajarse, suavizar las leyes, acomodarse, experimentar la sensualidad. En estas ocasiones el estricto Yahvé les mandaba castigos y profetas fastidiosos como Jeremías, y les devolvía al malvivir y al desierto.

Las páginas que siguen son el relato de la parte de Cataluña que escuchó al Presidente-profeta Jeremías y decidió vivir mal, e imponer su malvivir a los demás. En virtud del derecho a decidir sobre los demás que se han otorgado.

6 de febr. 2020

No leer a Manuel Chaves Nogales


Dedicado a Andrés Trapiello

Cuando era joven quería comprender el mundo. ¿El mundo? ¡No! El universo entero. Quería conocer los entresijos y las razones del universo entero. Y quería saber si existe un solo universo o más de uno, y si los otros son paralelos o están en serie. Y qué significa la vida humana.

Y no solo eso. También quería saber si existe Dios, y si hay uno o más de uno. ¿Eran mejores los dioses griegos que el dios Yahvé? ¿Jesucristo es una construcción judía inspirada en Osiris? ¿El cristianismo surge de una mala traducción al griego de una frase escrita en hebreo? Pasé años con esas preguntas en mi cabeza y mi cabeza devino en cabezota y será por eso que en cuanto me quedé calvo y empecé a comprarme gorras, las dependientas de las sombrererías se asombraban del tamaño de mi cráneo.

Pasaron los años y mi cabeza menguó. Ahora compro sombreros y gorras de talla estándar. Ahora me hago preguntas pequeñas.

Me conformo con comprender una cosa tan pequeña como España, que es el lugar que me ha tocado. Para comprender España (para intentar comprenderla) se pueden leer muchas cosas distintas. Los mejores textos que he encontrado, a día de hoy, son los de Manuel Chaves Nogales, sevillano y periodista y genial. Creo que no he leído nada mejor en los últimos diez años que los textos de Chaves Nogales, nada que sirva tan bien para comprender España. Quien comprende España comprende el mundo. Quienes pretenden separarnos de España pretenden separarnos del conocimiento.

No creo que la vida me de los años necesarios para comprender España. En los 50 y pico, uno no solo piensa que ya no dispone del tiempo suficiente para tamaña empresa si no que intuye que quizás sea mejor así: marcharse sin haberla comprendido del todo, o solo a medias.

Chaves Nogales me sugiere que el resto me la pase leyendo, pero temo la frase del poeta francés: la carne es triste y he leído todos los libros. Por eso mismo leo despacio a Chaves Nogales y engaño la lectura de sus libros y la soslayo mediante ocupaciones banales o solo necesarias a medias: poner la lavadora, corregir los trabajos de los alumnos, contemplar el avance de las nubes y calcular la velocidad del viento a ojo de buen cubero, lavar los platos, pasar el mocho, mirar películas viejas en blanco y negro, calcular el ritmo de mi empobrecimiento futuro en el duermevela, estudiar dietas sanas y que prometen la longevidad o que aumenten la líbido, leer cosas grises y mediocres, poner más lavadoras y tender la ropa, preocuparme por los destinos de Cataluña, poner notas a los alumnos y luego cambiarlas por otras notas que me parecen más justas. Lo que sea para no terminar con las lecturas de Chaves Nogales.

Los ingleses dicen que todo está en Shakespeare. Los yanquis, que todo está en Los Simpson. Los españoles sabemos (o deberíamos saber) que todo está en Chaves Nogales.

Por eso mismo no me lo quiero terminar a Chaves Nogales. Por eso mismo demoro la lectura de Chaves Nogales como sea, y le pido tanto a Dios como al Diablo que me permitan procrastinar la lectura de ese genio deslumbrante, para no terminarla nunca.

4 de febr. 2020

Carta al Ciudadano Felipe, rey

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Ciudadano Felipe, rey

Quisiera contarle que soy catalán y que prefiero la república a la monarquía en términos generales y por una cuestión de principios éticos o políticos, que viene a ser lo mismo.

Pero me parece usted un buen rey para España. Y en estas circunstancias, las circunstancias presentes, le reconozco a usted como rey de España, y hace usted que me sienta bien siendo español. Prefiero una España como la que tenemos y por eso me parece bien el modelo de estado que usted representa, junto a la Constitución.

Pensará usted que soy incoherente, y pensarán otros que no estoy en mis cabales. De modo que intentaré explicarme brevemente, puesto que todos andan muy atareados y muy crispados.

Prefiero la democracia a la monarquía. En lo teórico. Sin embargo, prefiero la monarquía danesa a la república de Montenegro. Prefiero la monarquía holandesa a la república de Gabón, la monarquía de Suecia a la república de Transnistria.

¿Por qué las prefiero? Porque las monarquías que le he nombrado son monarquías constitucionales. En esas monarquías existe una constitución amparada y defendida por un jefe de estado llamado "rey", y esa constitución y ese rey son la mayor garantía de la democracia, del respeto a la ley y al parlamentarismo. En estas monarquías, los hombres y las mujeres sabemos que podemos confiar. O por lo menos, que podemos confiar más que en cualquiera de las repúblicas nombradas.

Si las monarquías fuesen como las medievales, o como las árabes, no confiaría en ellas. Eso también se lo digo. Pero en la española sí confío, por el hecho nada anecdótico de que es justamente lo que dije: una monarquía constitucional, en la cual el rey (o la reina) pone su empeño en defender una constitución democrática. Del mismo modo que evolucionó el ferrocarril, la medicina o la escuela, también evolucionaron algunas monarquías, y los españoles tenemos la suerte de estar entre las que evolucionaron.

También le contaré que me sentí más tranquilo y más seguro tras su discurso del día 3 de octubre de 2017, aquel día tan aciago para la mayoría de los catalanes. Llevábamos muchos días con un malvivir imposible de narrar y su discurso nos dio seguridad. Quizás no nos confortó, pero lo que usted dijo nos vino como agua de mayo y nos asosegó. Supimos que no nos habían abandonado a nuestra suerte.

Por eso le doy las gracias. Y quiero que sepa usted que en Cataluña somos muchos los que lo sentimos del mismo modo. No se crea usted a los que hablan en nombre de todos los catalanes: algunos de los que hablan en nombre de todos los catalanes no hablan más que por ellos mismos y a veces ni tan solo por ellos mismos, si no por los fantasmas que pueblan sus mentes, o quizás tan solo hablan por defender sus intereses espurios y tal vez solo por mantener ciertos privilegios oscuros, su siniestra pretensión antidemocrática, su lúgubre intención de devolvernos a un pasado feudal. Aunque pueda parecer raro, usted representa los valores de la Ilustración en España y que España es de todos y para todos. Mientras que aquéllos son todo lo opuesto a la modernidad.

Dicho de otro modo: soy un republicano que se alegra de vivir en una monarquía constitucional y un catalán que celebra vivir en la España democrática.

Así que mientras usted y la Constitución sean las garantías de seguir viviendo en una democracia con una Constitución buena, por más republicano que sea en lo teórico, voy a preferir estar de su lado en lo práctico, en lo cotidiano, en lo real.

1 de febr. 2020

Elisenda Paluzie sortea 150 euros

Este es el cartel capturado. Lamento que sufriera un pequeño percance.

La señora Elisenda Paluzie es, si no voy deslavazado con las cuentas, la tercera presidenta de la Assemblea Nacional Catalana, esa entidad que muchos nombramos -en voz tenue- la Asamblea Nacional del Rifle. Ambas asociaciones (la catalana y la del rifle) tienen mucho en común: un ideario supremacista y xenófobo, un gran odio hacia las demás formas de ser humano.

La primera presidenta de la cosa del Rifle catalán, una tal Carmen, prometió la independencia de Cataluña. No cumplió su promesa y está en la cárcel. El segundo presidente, un tal Sánchez, prometió algo parecido y ahora solo exige que le pongan en libertad para volver a hacer lo que afirma que no hizo. Como se puede deducir de su exigencia, el tal Sánchez también está en la cárcel por haber hecho lo que dice que no hizo pero que, sin embargo, volvería a hacer. Los caminos del Sánchez son inescrutables.

La tercera presidenta, Paluzie, parece haber aprendido del destino de sus predecesores y solo promete un vale de descuento de 150 euros en el supermercado Esclat, un supermercado afín a la cosa del Rifle catalán. De eso tengo pruebas, y se las cuento, sin más demora, a renglón seguido:

Hace una semana, la delegación local de la Asociación Nacional de Rifle en la capital provinciana en donde resido, inauguró un local debajo del piso que tengo alquilado. Estuve atento. Era un sábado por la mañana y yo andaba atareado con las cosas pendientes del trabajo y los quehaceres del hogar. Mis obligaciones no me impidieron asomarme de vez en cuando al balcón, cual alcahueta, y observar los fastos de la inauguración. Estuvo bien.

Acudieron dos decenas de personas de edad provecta y algunos niños: los nietos que ese sábado esclavizaban a sus abuelos por delegación de sus padres. También hubo un par de cuarentones rancios, con aspecto de solterones empedernidos o de divorciados amargos, almas perdidas deambulando un sábado por la mañana calle arriba y abajo antes de entrar. Luego les vi apostados en la capota de un coche aparcado frente al local, casi incapaces de dar el gran paso, como el putero casado y católico que medita sobre la soledad y sus máscaras antes de cruzar el oscuro umbral del lupanar. Hacia el interior de este local que es desangelado y triste, y sus paredes blancas bendecidas por la colección de camisetas votivas colgadas en ellas, sus raros crucifijos de colorines.

Un cartelito pegado con cinta adhesiva en la puerta detalla el programa de la gran fiesta: chocolate y melindros (se especifica que el desayuno es gratis), habrá un taller de pintura y aprenderás a hacer castillos. No se especifica si los castillos serán los de Exín o los castillos de aquella tradición pueblerina y bárbara que consiste en montarse los unos encima de los otros. Los cuarentones habían acudido con la esperanza de eso último.

El cartelito (impreso en una impresora fatigada por tan longeva revolución) destaca que a las 13 horas se va a sortear un vale de 150 euros para cambiarlo en el supermercado "Esclat" de la villa.

Apuesto a que los jubilados aguantaron hasta las 13 horas. Ya va siendo hora de que su árdua militancia les compense con algo, ¡jolín!, estos de la ANC piden más que la Iglesia. Lo que no me atrevo a suponer es lo que hicieron los dos cuarentones solteros. Quizás permanecieron también hasta las 13, serios y patrióticos y pensando que con los 150 podrían pillarse un jamón y una botellita de vino del Priorat en el súper lacista y así, quizás, a lo mejor, quién sabe, quizás convencerán a Montserrat, la indepe pero arisca del cuarto segunda para que se venga a tomar algo. "És pernil del bo, Montse!" le dirán, "És pernil de porc català".