
Si atacan a una, nos atacan a todas. La frase, ejemplo didáctico de distorsión cognitiva (en este caso se llama "sobregeneralización"), procede de otro ámbito. Pero es aplicable al pensamiento trastornado de una tribu en concreto. La catalana. Aunque sea un caso de pensamiento trastornado, en Cataluña funciona muy bien y permite obtener grandes beneficios. Que se lo pregunten a Pujol senior.
Pujol el viejo dejó un agujero tan grande en Banca Catalana como la Fosa de las Malvinas (la comparación no es mía, es de Francisco Casavella, en "El día del Watusi"). Cuando la justicia fue a por él, convenció al pueblo de que la justicia iba a por él por ser catalán, por ser nacionalista catalán. Si me atacan a mi nos atacan a todos, vino a decirnos el Sátrapa. Y le funcionó de maravilla. El pueblo se echó a la calle, gritaron hasta quedarse afónicos. Recuerdo la crónica: hubo quien le gritó "President, desperta ferro!", el grito de guerra de los almogávares de Roger de Flor.
Nunca sabremos lo que sucedió luego. ¿La justicia se amedrantó? ¿Alguien movió los hilos con tan gran pericia que consiguió el milagro? Fuese lo que fuese (los conspiracionistas pueden opinar), Pujol se fue de rositas. Y ahí sigue.
El fenómeno se repite en 2019 con la señora Laura Borràs. Aunque Borràs duplica en altura al Garbancito del Eixample, usa la estrategia del gran pequeñajo. Lo que sucedió con las adjudicaciones de contratos durante su época como directora del Institut de les Lletres Catalanes, el ILC (¡solo les faltaba eso a las desdichadas letras catalanas!) tiene todo el aspecto de ser solo una muestra, la punta del hilo que asoma y del cual, tirando de él, puede caer la madeja entera. No sería de extrañar que, al final de la madeja, cayese un gato (o una gata) agarrado a ella. Vamos a esperar. Será una espera llena de ilusión.
De todas formas cabe reseñar que, en esta ocasión, ha habido una aportación nueva. Esta nueva aportación tiene nombre y apellido: se llama Bel (Isabel) Olid y es una señora de la CUP. Si no me equivoco, Bel Olid se autoproclama escritora. Sostiene que ha publicado más de un libro, pero desconozco títulos y referencias y, además, me da mucha pereza documentarme sobre el caso. Me suena que ha publicado algo sobre autosatisfacción sexual femenina. Creo.
Bel Olid escribió un tuit en el cual asegura que Borràs es persona de proceder intachable. No es un tuit maravillosamente escrito pero se expresa bien, e incluso suelta alguna frase enigmática, lo cual se le agradece. Explica que trabajó para Borràs. Se infiere que trabajó "con" ella en el ILC, pero no lo explicita: ¿en calidad de qué debió de trabajar con Borràs? ¿Trabajó con ella o bajo su mando (que no es lo mismo)?. Y, a continuación, Olid asegura que la imputación de Borràs obedece a la pérfida justicia del estado opresor (la señora Borràs se desplaza en un Jaguar, el vehículo típico de los colectivos oprimidos), y que se la persigue por ser diputada de Junts per Catalunya, el partido del señor del chalé en Waterloo. Tal cual lo oyen. Ni miento ni interpreto. Una señora de la CUP (el partido de la izquierda radical, trotskysta-leninista) acude en defensa de una diputada de la derecha nacionalista populista. Y lo hace sin que se lo hayan pedido. Lo hace por amor. ¿A la Patria?. Si nos atacan a una, nos atacan a todas, supongo que habrá pensado Olid.
Recuerdo que, en unas elecciones catalanas recientes, se presentaban tres señoras de la intelectualidad catalana, intelectualas y escritoras, cada una en su lista correspondiente. Esas tres señoras eran Laurà Borràs, de JxCat, Bel (Isabel) Olid por la CUP y por fin Jen (Jennifer) Díaz por ERC. Todo bien atado. Borràs obtuvo algún cargo, y el destino de las otras dos lo ignoro, pero no debe ser muy brillante. Lo dicho: las letras catalanas siguen en caída libre y diría que pueden ir a peor, por difícil que parezca. Pero no lo olviden: hacia abajo no hay límite.
¡Enfin! Años atrás el señorito Pujol tuvo que espabilarse por llamar a la tribu en su defensa y ahora, cuando le toca a Borràs, ella no debe molestarse en convocar a la tribu para que la defienda ante los jueces. Lo hace en su nombre la representante de la extrema izquierda. ¿Para qué molestarse en hacer algo cuando te lo puede hacer la criada? habrá pensado Borràs. O bien: "Debo acudir en defensa de la Señora, que siempre se portó muy bien conmigo cuando yo era su sirvienta", habrá pensado Olid.
Por fin hemos dado con el "fet diferencial català" (el hecho diferencial catalán), ese fenómeno nunca visto pero siempre cacareado: en Cataluña, cuando a un político de derechas le imputan por falsedad documental, malversación, prevaricación y falsificación, le defiende la extrema izquierda. ¡Por fin! Por fin sabemos lo que nos hace únicos y especiales ante el mundo. No tardará en salir el tertuliano o el columnista que, a partir de esta curiosidad idiosincrática, nos demuestre que es por eso que Cataluña es una nación.
Esperaré con ilusión las evoluciones del caso, pero me permito augurar que Wad-Ras no rima con Borràs. No me hagan mucho caso, son cosas de catalanes.



