Hay en Sabadell un señor que ostenta (ostenta, sí, más que lleva) un apellido cuyo significado es el del más alto jerarca de un monasterio.
Este señor de Sabadell, alto dignatario de dos o más entidades que velan por la salvación de la lengua y la patria catalanas, se hace llamar "historiador local". Eso me gusta. El "historiador local" es una figura de tono entrañable porqué incluye la humildad: el historiador local es la persona que recoge los hechos de la microhistoria, sin la cual muchos fenómenos de la gran historia no se entienden. Su trabajo es oscuro, aplicado, silencioso, a menudo poco valorado. No le llevan a los grandes eventos de los historiadores de la Universidad y debe luchar contra viento y marea para que su ayuntamiento o una cuestación popular le permitan publicar sus estudios.
Este señor acaba de redactar un informe (encargado por una concejal -republicana, dice ella-) en el que recomienda eliminar algunos nombres del callejero de Sabadell. Los nombres que se deben eliminar, según el señor de Sabadell, son muchos. Destacan los del poeta Antonio Machado, Mariano José de Larra, el general Riego. Ya puestos, también Quevedo, Góngora. Todos ellos deben ser barridos por su escoba provista de lupa. La acusación es tremenda: se trata de individuos españolistas que odiaban a Cataluña. En su informe, el señor de Sabadell incluye agudas reflexiones historicistas y afirma que la presencia de esos autores en el nomenclátor de Sabadell demuestran que Cataluña es una colonia de España.
El informe del señor de Sabadell ha levantado más carcajadas que iras, como es normal entre la gente normal. Reconozco que yo, a menudo, también recurro a la carcajada ante la cosa patriota catalana. En otras ocasiones me deprimo o me asusto, pero la carcajada también me asoma. El otro día uno decía que, ante la demanda de nuevos nombres de calle para rellenar a los caídos, podríamos recurrir a los Pujol (padre, madre superiora y sus siete vástagos suman nueve y así, con poco esfuerzo, ya tenemos casi una decena de calles renombradas en el estricto censo de la catalanidad más pura).
El informe del señor de Sabadell aparece pocos días más tarde del cartel de la CUP en que una señora barre a los indeseables de Cataluña y los hecha al mar. Hay algo naïf y al mismo tiempo bravucón en los dos hechos. Pero también hay algo agresivo y violento, algo feo agazapado detrás del imaginario nacionalista.
Antonio Machado escribió: "Españolito que vienes al mundo te guarde Dios, una de las dos Españas ha de helarte el corazón". Menos mal que don Antonio reposa en su tumba del exilio, en Colliure, donde su corazón se heló para siempre. Porqué, si su corazón palpitase todavía, se lo helaría de nuevo el informe del señor de Sabadell que se ha erigido en representante de una de las dos Españas -aunque el piense que su España no lo es porqué su patria chica es una colonia colonizada.
Llegará un día en que otros historiadores estudiarán el rebrote nacionalista catalán de estos últimos años, y yo me atrevo a sugerirles, a esos historiadores futuros, que se dejen asesorar por algún psiquiatra lacaniano, que les vendrá bien. ¿Porqué el nacionalismo favorece, abona y permite florecer lo peor de cada casa?
Ante ese despliegue de informes y carteles en que se pretende echar al mar y borrar de las calles a los que no cumplen con un patrón de catalanidad suficiente, yo me he puesto a hacer mandalas en lo alto de una montaña. Dicen que hay que predicar con el ejemplo. Hacer mandalas es de avestruz y de cobarde, ya lo se, hacer mandalas es proclamar la cobardía, igual que lo es decirse pacifista. Es incluso ridículo hacer mandalas cuando hay escobas gigantes que se agitan como banderas estrelladas en el horizonte y en los balcones, escobas como espadas.
Por más mediocre y cobarde que sea construir mandalas enmedio de la barbarie, creo que no está mal tomar esa actitud. El mundo es de todos, al fin y al cabo: de Antonio Machado y del señor de Sabadell, y no queda otra que convivir. O, en caso contrario, ver quién echa primero al mar a quién, lo cual no me parece muy civilizado. Si, en el mundo también debemos estar los cobardes que construímos mandalas en el monte y de paso le digo al poeta Machado: como yo soy nacido en Cataluña -como el señor de Sabadell- te pido disculpas en nombre de los nacidos en Cataluña. Que sepa, don Antonio, que yo amo su poesía y que he venido a rendirle homenaje ante su tumba de Colliure varias veces, ante la que leí, en voz alta, el poema de su infancia en un patio de Sevilla.