0. El anarquista se murmura a si mismo, en el duermevela de una tarde calurosa, que quizás pasa algo cuando asoma una esperanza de desorden. Gente en las calles, protesta. Son conceptos y palabras que tiempo atrás vibraban. El pueblo, revolución. A lo mejor un estado debilitado e inmaduro es el escenario ideal. Es muy raro -murmura para sí mismo- que esos señoritos arenguen al pueblo para que salga a las calles. ¿Qué deben haber previsto ganar con ello?
1. Desoyendo los sermones de su padre, se metió en política. A finales de los cincuenta y en España, meterse en política tenía un significado muy distinto al actual, y se refería a militar en alguna organización clandestina. Las personas que tomaban esa opción llevaban una parte de su vida oculta, debían contribuir con dinero a la causa y se arriesgaban, por lo menos, a visitar las comisarías y los calabozos del régimen -como a él le sucedió en varias ocasiones.
Muchos años más tarde, ya mayor y enfermo, pensó que se había equivocado en algo.
2. -Hijo, me metí en política porqué la guerra la ganaron los fascistas, y al día siguiente de la victoria los señoritos catalanes le dijeron al pueblo: andar a trabajar, aquí no ha pasado nada. Cuando murió Franco estábamos preparados para asaltar los palacios, pero los señoritos le dijeron al pueblo: andar, salir a la calle a pedir la autonomía. Verás como los señoritos le van pidiendo al pueblo que se calle o que grite, en función de intereses que sólo ellos manejan.
-Los pobres no podemos permitirnos el lujo de hacer revoluciones nacionales para los señores, si antes no hemos hecho una revolución socialista para nosotros -me susurró una vez, aunque con otras palabras ensombrecidas por la dificultades derivadas de la terrible enfermedad-. Nos va la dignidad. Acuérdate de eso, o te va a pasar lo que me pasó a mi.
3. La relación que uno tiene con su padre tiene algo que ver con el asunto de la patria, ya que ambas palabras no comparten etimología por casualidad. El patriotismo -como el amor a un equipo de fútbol- es una aprendizaje sentimental que se desarrolla en casa, y normalmente inspirado por la figura paterna. Uno piensa, ingenuamente, que en el proceso natural de rebelión contra esa figura, deberían caer los tótems y aparecer algunas cuestiones: ¿qué significado tiene para mi haber nacido aquí? ¿qué significa haber nacido en una casa pobre aquí o más allá? ¿qué me une y qué me distingue de un pobre del pueblo de al lado, y de un rico de mi pueblo?
4. Ayer un niño le preguntaba a su padre: -Papá, si Cataluña es independiente ¿el Barça ya no jugará en la emocionante liga española?. -Tranquilo, hijo -repondió el viejo, acariciando la cabeza rubia del vástago- Buscaremos la fórmula para seguir en la liga, porqué nos da buenos dividendos. Además: no hay nada imposible y todo se puede hablar, es una cuestión de precio.
5. Los cinco hombres, con impolutos trajes muy elegantes, abandonan el restaurante y vuelven a la sala de reuniones. La mesa espera, llena de hojas con ideas y frases, esquemas, listas de palabras-clave, diagramas de flujo, enormes sumas redondeadas con ceros abundantes. Se llamaron para convocarse enseguida, en cuánto vieron por televisión que el pueblo les había obedecido de nuevo y había salido a las calles ordenadamente. Hay un enorme negocio a la vista, se susurraron al teléfono, y debemos ser los primeros. Son los padres de la patria.
6. El viejo anarquista se murmura a si mismo, en el duermevela de una tarde calurosa, que quizás hay algo bueno en el movimiento de masas, cuando asoma una esperanza de desorden. Secesión, gente en las calles, protesta. Son conceptos y palabras que tiempo atrás vibraban en esa piel marchita. El pueblo, revolución. A lo mejor un estado debilitado e inmaduro es el escenario ideal. Pero él lleva días intentando imaginar qué significa albergar un cáncer en los huesos, cómo debe ser visto en un microscopio, qué formas y colores nuevos hay en lo más interno de su cuerpo.
