2 de maig 2013

Los escenarios vacíos


Cada vez que pienso en cerrar este blog se me ocurren mil ideas para revivirlo. Cada vez que me siento triste enloquezco de alegría. Cada vez que te echo de menos te olvido. Cada vez que me despierto, sueño.

Cuando pierda la esperanza seré libre.

Siempre me habría gustado -y lo digo de corazón- escribir poesía mística para que alguien, lejano y desconocido, la lea murmurando en voz alta en sus noches más oscuras. O a media voz.

Esta tarde he hablado por teléfono con MF, un hombre que ha vuelto después de luchar en guerras terribles. Su voz suena algo rugosa y cansada, y sin embargo hay una electrizante energía en el timbre. Me habla de unas pinturas eróticas y de una terraza amplia y soleada en la Zona Franca, esta tierra de frontera.

He imaginado la terraza vacía -dice que des de ahí se ven las copas de los árboles. Me he dado cuenta de que cuando estoy gravando en video a una persona, la mano que sostiene la cámara busca espacios vacíos y silencios. Los he recortado y pegado, como un niño pequeño en la escuela del barrio. El poema místico está ahí, minúsculo y encorvado, fetal.

Cuando pienso en la muerte estoy más vivo que nunca. Cuánto más intensamente te niego más se que eres. Cuando miro al cielo te encuentro en mis zapatos.


1 de maig 2013

Sin noticias


Cuando cae agua del cielo está sucediendo algo. Algo raro y maravilloso.

-Vistas muy de cerca las cosas adquieren una curiosa apariencia abstracta -digo.
-Vaya noticia! -exclama Andrei- Eso lo descubrió Kandinsky, por nombrar a alguien cercano en el tiempo. Aunque Demócrito, hace unos dos mil cuatrocientos años...

Llueve y he olvidado el paraguas en el trabajo. En los dos últimos días me he cruzado en la calle con dos viejecitas que son la viva estampa de mi madre. Una en Sabadell, la otra en Barcelona. El mismo andar, el mismo gesto de duda o de perplejidad. Ese pelo blancuzco y más bien desaliñado, la chaqueta pasada de moda. Y unos zapatos completamente inadecuados para surcar las calles mojadas. Recordé la infrecuente obstinación por mostrar la pobreza, una rara reseña de aquél olvidado Jesús de los pobres del mundo que jamás heredaron.

Cuando cae agua del cielo está sucediendo algo muy raro y maravilloso. Hemos aprendido a exorcisarlo llamándolo lluvia y contándolo como un fenómeno científicamente explicable. Pero es algo muy raro. Llevo varias noches soñando en que mi madre me cita en su casa para recriminarme cosas, cosillas de la vida.

Esto no sería nada interesante sino fuese porqué ella lleva muerta 27 meses. Este siete en la cifra me da que pensar, así como que 2+7 sumen nueve. Fin de un ciclo.

Hoy, al llegar a clase, Luis ha pegado un salto, se ha colgado de mi cuello y me ha abrazado con sus miembros huesudos. El jueves es mi cumpleaños! me ha gritado. Le he prometido que el jueves lo celebraremos, claro, que estoy contento de asistir al cumplimiento de sus doce primeros años, tan primeros. He pensado que el jueves será día 2 de abril de 2013, y esos números suman 3, inicio, número divino (2+4+6= 12, 1+2 = 3).

Pero en verdad mi impulso era arrodillarme y levantar los ojos al cielo para implorar piedad. Al dios cobarde e irresponsable. Al dios que nos inventó y nos dejó tirados.

Sólo nos tenemos a nosotros, murmuro. Me cubro con mi mantita de cuadros en el sofá frente al televisor donde dan una cinta mediocre: Al cruzar el límite. Intensamente de noche. Llueve.

27 d’abr. 2013

Los sueños no son



Sueño despierto y a veces dormido. Sueño que hablo en ruso.
Sueño que mi madre llora sentada en una silla junto al hogar.
Sus lágrimas quieren apagar la lumbre, más el fuego nunca cesa.
Mientras cocina la cena (lentejas y arroz) mi madre llora. 
Sueño que estoy dormido, dormido y ausente, sonámbulo,
sueño que no podía dormir y me levanté de madrugada,
las lágrimas que mi madre lloró mientras cocinaba la cena
cayeron en el potaje de arroz, lentejas y carne de cerdo. 
Un pájaro murió en el aire y se empotró contra mi ventana.
Vi su cuerpecito de plumas asquerosas, su pico ensangrentado
por donde tres hormigas avanzaban solemnes, marciales. 
La madre llora y se ríe, cuenta de cien a cero. Me comí sus lágrimas.
La madre muerta sentada en la taza del wáter y este rojo
rojo marrón de sangre y mierda. El color que recogí con la fregona weleda.
Cuántas veces, luego, he pintado con este color en los labios del pincel.
Mi madre murió sentada en una taza marca Roca. Nada humano me es ajeno.









22 d’abr. 2013

Mactar


En Terrassa, el sábado 20 de abril. Puedo afirmar que hoy he conocido a una persona excepcional.

Para ver la entrevista sólo hay que hacer clic:

18 d’abr. 2013

Сергей Крикалев. Proletarios de todo el mundo


Hoy, al salir del trabajo, andaba buscando una poesía. Llevo muchos años sin escribir ninguna, porque nunca se me ocurre nada que se pueda escribir en versos. Andaba por la calle Florit de Sabadell, y pasé ante una casa arruinada, de donde los inquilinos habían sido expulsados al mediodía. Una brigada de obreros -protegida por la policía catalana- lanzaba enseres viejos, trastos y harapos al contenedor que había dispuesto el ayuntamiento en las primeras hora de la mañanita (Concejalía de Habitatge, Urbanisme i Espai Públic).

Fue así como llegó hasta mi (en el viento suave de una tarde calurosa, la del 18 de abril de 2013) una alucinante hoja de periódico de 1992, 26 de marzo. Yo tenía 27 años aquel día.

Allí estaba mi poesía, aguardándome entre la cochambre y la mugre durante veintiún años. El poema reza así:
El 18 de mayo de 1991, Sergei Krikalev se encaramó a la cápsula de la Soyuz. Surcó los cielos limpios y helados hasta ensamblarse en la escotilla de entrada a la estación Mir. Había salido des de la base de Baykonour, en la Patria de los Trabajadores. Los cohetes rugieron tan fuerte que ensombrecieron el himno de la Internacional, lanzado des de la megafonía. Proletarios del mundo, uníos... 
En el traje espacial llevaba cosida la bandera roja con su hoz y su martillo, brazo izquierdo. 
Sergei se asomó a la ventanilla y contempló la tiranía del espacio vacío, ese negro que oprime sin tener en cuenta la condición, género o naturaleza de los oprimidos. Soñó que lanzaba octavillas: Proletarios de todo el universo, uníos... 
Mientras Sergei orbita en la Mir, la Unión Soviética ha dejado de existir. La bandera roja ha sido arriada en el Kremlin, ya sólo se la puede contemplar en el brazo del astronauta que gira en el vacío. 
Regresó a la Tierra el 25 de marzo de 1992. Miró a su alrededor, caminando torpe, magullado y maltrecho por la estancia en el espacio y la brusquedad del retorno. ¿Dónde estaban la bandera roja, la hoz y el martillo? ¿Quién ha robado el vellocino de oro? 
Proletarios de todo el mundo, rompan filas 
murmuró.