Cada vez que pienso en cerrar este blog se me ocurren mil ideas para revivirlo. Cada vez que me siento triste enloquezco de alegría. Cada vez que te echo de menos te olvido. Cada vez que me despierto, sueño.
Cuando pierda la esperanza seré libre.
Esta tarde he hablado por teléfono con MF, un hombre que ha vuelto después de luchar en guerras terribles. Su voz suena algo rugosa y cansada, y sin embargo hay una electrizante energía en el timbre. Me habla de unas pinturas eróticas y de una terraza amplia y soleada en la Zona Franca, esta tierra de frontera.
He imaginado la terraza vacía -dice que des de ahí se ven las copas de los árboles. Me he dado cuenta de que cuando estoy gravando en video a una persona, la mano que sostiene la cámara busca espacios vacíos y silencios. Los he recortado y pegado, como un niño pequeño en la escuela del barrio. El poema místico está ahí, minúsculo y encorvado, fetal.
Cuando pienso en la muerte estoy más vivo que nunca. Cuánto más intensamente te niego más se que eres. Cuando miro al cielo te encuentro en mis zapatos.