15 d’abr. 2020

17 horas, 14 minutos


[A Ramón de España y a Albert Soler, mis dos admirados columnistas, les debo los miles de paracetamoles que me han ahorrado a lo largo de los últimos años, o por lo menos su valor en euros. Han sido el bálsamo y el analgésico ante la agresión nacionalista. Ellos le responden con humor, negro a veces, con sarcasmo, con esa sátira que tanto le molesta al poder. Así que no voy a comentar el caso del Consejero Ruch, el que echa cuentas y le sale el número 1714, como en una película serie B con cabalistas de medio pelo, alquimistas buscando el elixir de la ratafía (que da larga vida pero merma la inteligencia). Mis dos columnistas ya le han contado las cosas de forma que pueda comprenderlas incluso alguien como él, con quien la naturaleza fue generosa en el reparto de masa corporal pero tacaña en lo demás.]

Voy a escribir otra cosa.

Al Consejero Ruch no resulta muy difícil imaginarle de pequeño. Es el niño que arrea mamporros en el patio cuando la maestra se da la vuelta, el que suda lo suyo en los exámenes y el que persigue a las niñas con poca fortuna, groserías y palmadas en el trasero, siendo esa la mejor forma de expresar sus emociones. O su casi amor. En la adolescencia canalizó sus impulsos hacia el deporte, sin duda. Probó con el fútbol, pensó varias veces en el boxeo, siguió con sus torpezas con las chicas. Sus gamberradas, aunque burdas, le granjearon fama de tipo al que se debe respetar. Con su moto intentó convertirse en mito, al estilo del Watusi pero sin poesía, y fue uno de los jóvenes furiosos que adquirió la motocicleta calculando que las mujeres más fáciles son todavía más asequibles cuando uno dispone de vehículo de dos ruedas, porqué son más ruidosos y te dan esa sensación, inabarcable, de poseer una potencia enorme entre las piernas.

Cuando llegó la hora de buscar trabajo pensó en lo que más le gustaba. ¿Policía? ¿Guardia de seguridad de centro comercial? Para lo primero se debía estudiar un poco. Fuera, descartado. Consiguió un puesto de portero de discoteca. Entre eso y la moto es casi seguro que algún día, alguna vez, consiguió dar satisfacción a sus impulsos carnales. O casi. Un día le dio una buena tunda a uno que le respondió con una ironía. Le tenía visto y sabía quién era: en los pueblos todos nos conocemos. Y le tenía ganas, además, ya que el pobre tipo escribía poesías para seducir mujeres (escribir poesías es la sublimación de la motocicleta para quien carece de ella pero sin embargo aprendió a escribir). Si hay un tipo a quien no aguanta el joven Ruch es a los escritorzuelos: a los intelectualillos se la tiene jurada.

Sin embargo, en el corazón del joven Ruch había una parte de rabia que no conseguía expresarse. Ahí apareció Cataluña, no un país ni una región ni un territorio: una causa. Se dio cuenta de que entre los jóvenes nacionalistas había mujeres. Quizás no las más guapas, pero sí muy dispuestas a la acción. Así que se afilió al nacionalismo, aunque sea de pueblo. Le contaron que, una vez al año, se organizaban unos campamentos con otros jóvenes partidarios en una masía cerca de Vic, y pensó: esa es la mía, ahí voy a pillar cacho. De todos modos, preguntó ¿hay muchos intelectuales y poetas, en estos campamentos?. No, le dijeron, tranquilo: esos que tu me nombras se van a Prada de Conflent y no molestan.

En el campamento siguió los cursillos sobre historia catalana que impartía un viejito más bien pesado pero muy pasional. Les dijo que los españoles andaban buscando la localización de Tartessos en Huelva cuando todo el mundo sabía que Tartessos es Tortosa, como su nombre indica: solo hay que fijarse un poco, pero los españoles, como son lerdos, no han caído en la cuenta, con lo fácil que es. En este instante, el joven Ruch se sintió listo por primera vez en la vida. ¡Lo había pillado! Tortosa es Tartessos, se repitió, eso lo he comprendido. El hombre mayor también contó que en 1714 España invadió Cataluña y que, no contenta con eso, volvió a invadirla en 1939. No se preguntó por qué motivo un país invadiría de nuevo un país que ya estaba invadido, esa pregunta era capciosa, más propia de maricones, de estetas o de drogadictos. Pero se quedó con copla, con la fecha. 1714. Se dijo que esta fecha se la iba a guardar en la memoria, como un tesoro, como oro en paño. Pasó el tiempo y la fecha mítica se quedó en un rincón olvidado y polvoriento de su mente. Muy pronto volvió a lo suyo, y dedicó sus esfuerzos en detectar chicas interesantes entre el auditorio.

Algún tiempo más tarde, algunos dicen que unos meses, otros que años, el joven Ruch dio con el momento adecuado y se llevó al huerto (literal, no figurado) a una chica. Unos dicen que se llamaba Meritxell Bilbeny, otros que era Elisenda Montcada, otros que Vanessa Del Río, una famosa drag queen nacida en Manlleu y de apellido Despujols. Pero eso ¿qué importa?. Es decir ¿a quién le importa un apellido, en Cataluña?.

 Lo que cuenta es lo otro.

Durante el acto, apresurado, radiante y brusco, como debe ser una primera vez, Ruch golpeó su reloj contra una piedra y el aparato se detuvo. Fue algo accidental, no lo apercibió. Se dio cuenta más tarde, mientras lo celebraba en solitario en El Far d'en Roc, el bareto de toda la vida. Contempló el reloj y descubrió que se había detenido a las 17 horas y 14 minutos. Entonces entornó los ojos mientras comprendía que Cataluña no era solo una causa. Era un destino.

10 comentaris:

  1. Igual que a tu no et diuen Boig a ell no se li ha de dir Ruch, una mica de respecte no està de més.

    ResponElimina
    Respostes
    1. Sí senyor. Visca la correcció. Jo també crec que no estaria bé que et diguessin Puigcabró, per exemple. Ara bé, no sé a qui et refereixes, en Ruch és un personatge imaginari.

      Elimina
  2. Una obssessió compulsiva vers algú o alguns.

    Aixó no importa ja, saps, em treu de polleguera la teva obssessió per ja saps qui i francament prefereixo més no llegir el que escriguis, no tinc perqué. Em sap greu, però estic perdent les manies i les formes.Adéu.

    Ah! No cal que contestis, esborro l'enllaç.

    ResponElimina
  3. Pos vale , pos adeu siau

    ResponElimina
  4. Collons! Quina pell més fina tenen alguns! Havéssin hagut de patir que els diguéssin "xarnego" o "gitano" de petits pel delicte de ser fill de català i murciana i, fins a dia d'avui, repartidors / denegadors de carnets de "català" i del Club súper 3% que ningú no els ha demanat però que resulta que han escollit ser personatges públics i des de la seva poltrona d'un executiu autonòmic ens segueixen dient "xarnegos", "malalts d'auto-odi", "lerrouxistes", "botiflers",... no sé si serien tan primmirats. De fet, a tot l'actual executiu de la gene (i el 90% de l'anterior) no cal "insultar-lo", són ells mateixos en sí mateixos UN INSULT a la dignitat i la intel·ligència d'un tril·lobit.

    Salut i internacionalisme!

    Manel C.

    ResponElimina
    Respostes
    1. Sobre la pell fina... crec que quan algú es vol fer passar pel què no és acaba deixant veure el que és, i aquest és el cas anterior. Això demostra que no hi ha nacionalistes dialogants, o ets nacionalista o no ho ets. I sobre els insults què vols que et digui... sóc jo el qui se sent insultat per aquests polítics que, no ho oblidem, viuen dels impostos d'aquells a qui menyspreen, insulten o degraden. Que jo li digui "ruc" a un polític és una anècdota tan petita que em resulta incomparable.

      Elimina
  5. ""esa pregunta era capciosa, más propia de maricones, de estetas o de drogadictos."" menudo pringue eh?....mirate esto chaval: https://madbar2.blogspot.com/2020/04/el-mundo-entero-corto-gay-completo_15.html
    Te sentirás retratado en esta terrazita con tus amiguetes, una pena de discurso...que te traiciona sin mas.
    Haztelo mirar... bocas !!

    ResponElimina
    Respostes
    1. Bueno, Chordi, ya he visto el corto, muy bueno. A ver... no se si me pierdo con tu sentido del humor o uno de los dos no comprende al otro, cosa frecuente en la comunicación virtual.

      Elimina
  6. Hemos coincido con el tema, esto seria una broma sino fuese verdad. No hay sitio para un tonto más, la verdad. Y no coincido contigo en esa versión de su juventud, supongo que este seria el tonto del patio, el que se llevaba las collejas, el pardillo, (esto definido como le definen los niños en su edad). Ahora "el animal" se ve "con mando en plaza" y quiere demostrar a todo el mundo que ya no es tonto, y ocurre esto...
    La única respuesta adecuada a esta conducta que se le puede dar a esta carga publica es esta.

    Un saludo.

    ResponElimina