16 de jul. 2019

Lengua y patio, lengua y patria

dedicado al colectivo Koiné y, especialmente, a las autoridades españolas de educación y de cultura

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[El primer redactado de este artículo lo escribí en septiembre del 16, lo colgué en el blog y poco después lo retiré. Creo que por temor a ser leído por según quien. Ahora, revisado, insisto en el asunto. No soy más valiente, solo más viejo].


En el cuento "El vestido nuevo del emperador" aparece un niño que grita: "¡el emperador está desnudo!". La desnudez del emperador es la verdad que nadie quiere pronunciar para no incomodar al poderoso. La voz del pueblo, genuflexa, se empeña en admirar unos ropajes inexistentes.

En el patio de las escuelas catalanas se habla castellano. Y en las interacciones entre iguales en el aula, lo mismo. Decir eso es como afirmar: el sol sale por el este. Lo que pasa ahora, en la desdichada Cataluña, es que al emperador se le ha ocurrido proclamar la verdad tras años de ocultarla. Con la intención de reprimir al niño que habla en la lengua escogida para relacionarse.

*

Esto es el patio de una escuela catalana. 11 de la mañana. En este barrio la población inmigrada en las últimas décadas alcanza el 60%. Magrebíes y latinoamericanos en su mayor parte. Los autóctonos llegaron en las décadas anteriores y deben ser alrededor del 30%. Y luego hay algunos "catalanes de toda la vida", pero esos llevan a sus hijos a las escuelas concertadas del centro. No vaya a ser que se mezclen: el mestizaje adorna el discurso pero no se quiere para los hijos. El mestizaje es para salir a la calle durante la fiesta mayor, pero en pijama mejor no.
Un niño se acerca al maestro y se queja de que otro niño le ha agredido. El tutor interrumpe la queja del niño por tres veces. Por tres veces le espeta:
-No t'entenc. Parla'm en català.
Cuando por fin el niño consigue comprender la extraña respuesta, ensaya la frase en catalán. El niño es inteligente y prueba por ensayo/error. Su nueva oración contiene varios vocablos en castellano, pero sin embargo, ahora, el tutor accede a escucharle y por fin le responde:
-No té importància, ha estat sense voler.

Mi padre vivió, durante su escasa escolarización, situaciones equivalentes. La diferencia es anecdótica: cambie usted el catalán por el castellano. La diferencia grave está en que a mi padre le obligaban a cambiar de lengua cuando España era una dictadura militar. Ahora, España es una democracia de la unión europea, y un estado descentralizado en autonomías. El poder autonómico de esta autonomía en la que me ha tocado vivir pide democracia y libertad cada día, y no hay día sin que lo pida. Y uno se pregunta: Más libertad ¿para qué?.

El maestro del ejemplo no es una mala persona. Aunque mejorable, creo que no actúa como cómplice por maldad o negligencia, quizás solo actúa así por miedo. He visto ese miedo muchas veces en las escuelas: miedo a discrepar o a dudar del dogma, ya sea el dogma educativo o el nacional, dos cuestiones que suelen confundirse mediante la invocación de la diferencia (el famoso "fet diferencial català" que ningún científico ha definido jamás). Es un miedo de silencios y acatamientos a regañadientes. Al fin y al cabo, eso es un puesto de trabajo y el fantasma del paro o la exclusión (el fantasma de la soledad y el desamparo) recorre los pasillos. Al maestro le pido que piense por su cuenta, cuando pueda.

Las víctimas son los niños que sobrellevan la represión de su lengua materna o adoptiva sin comprender qué está pasando y aceptan que la lengua de sus padres (la materna o la que se esfuerzan por dominar) está prohibida entre los muros de la escuela. Aunque solo exista ahí, entre esas paredes.
-El catalán les da oportunidades, les abre puertas en el futuro.
Eso me lo dijo la directora. La directora es de lengua materna castellana, y se aporta a sí misma como prueba. Este argumento ha prevalecido y resulta difícil rebatirlo en el contexto de la autonomía catalana, en donde la administración se dirige al ciudadano solo en catalán, en donde se exige el dominio de esta lengua para acceder a estudios superiores y puestos de trabajo bien valorados.

La cuestión está en el hecho de que esa administración monolingüe, por más autonómica que sea, es la administración del estado. Un estado que renuncia a ser estado en asuntos tan sensibles como la lengua de sus ciudadanos. Cualquiera está más o menos de acuerdo en que el catalán, por minoritario, debe ser protegido. Pero entonces ¿quién protege al ciudadano castellanohablante en esta parte de España? ¿En nombre de qué se desprotege al ciudadano que habla la lengua oficial de España? Visto así, la respuesta "el catalán les da oportunidades" es menos convincente, y eso sin detenerse en que el castellano les abre puertas a medio mundo, por número de hablantes y por algo que importa mucho: el acceso a la cultura española, a la lengua de Cervantes, Vargas Llosa, Javier Pérez Andújar o Javier Cercas.

Sería buena idea fijarse en el tratamiento de las lenguas en las escuelas de países plurilingües como Suiza. ¿Se prohíbe el francés, el italiano o el alemán en los patios de las escuelas romanches?

El papel del estado en el tratamiento de las lenguas de España debería estar en la agenda. Me cuesta comprender que, bajo el pretexto de abrir puertas y oportunidades, la educación pública le responda "no te entiendo, habla catalán" al niño al que un malote le ha soltado un sopapo.

Pruebe usted a decir "me han agredido y me duele" en una lengua que no sea la que usa cuando expresa los sentimientos y las emociones. Y ahora imagínese que una autoridad le responde: "no le entiendo, repítamelo en la lengua del poder".

14 de jul. 2019

Babacar es negro y sueña en colores

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Se que eres capaz de toda la maldad. 
Por eso te exijo la bondad. 

Friedrich Nietzsche. Así habló Zaratustra 



En la escuela siempre hubo varios alumnos de piel negra. Más bien pocos, no más de dos o tres en cada aula. Decir que la piel de esos chicos es negra expresa algo de pereza. El color negro de la piel es pura convención, una convención simplona. Negro lo es el carbón, quizás, aunque el carbón contiene brillos plateados, grises y azules. La piel de esos chicos es un marrón oscuro, pero la luz, a veces, les saca destellos azulados, cobrizos o dorados. La noche es oscura, pero no es negra. Sería negra en un lugar remoto y bajo un cielo sin estrellas. Quizás en el fin de los días, cuando se apaguen los astros. Entonces todos seremos negros.

A los niños les contamos que hay seis colores, pero ellos saben que hay muchos verdes: una aceituna no es el mismo verde que el verde de una hoja de pino, ni el mismo verde que el verde del semáforo, ni es el mismo verde ese verde medio onírico de la raya que destella un instante en el horizonte, en el crepúsculo. Un tomate es rojo, pero también es roja la mariquita, la rosa, la sangre, la amapola, la cereza. Cada uno tiene un rojo distinto. Algunos niños saben que hay un extraño catálogo de colores llamado Pantone, en donde hay mil colores. Esos niños se deben preguntar: ¿porqué la maestra se empeña en decir que hay seis colores, cuando yo se que hay mil?

Entre los niños negros de la escuela hubo uno que ejercía de gamberro casi oficial y su nombre aparecía en muchas reuniones de docentes. Protagonizó escenas lamentables y se forjó una aureola oscura. La mayoría le temían, le mostraban un respeto religioso. Él aprendió a simular que no podía controlar su agresividad, y descubrió que eso le situaba en un pedestal ante la mayoría de los alumnos. Supo que su ira le convertía en un dios temible. Todo eso sucedía entre las paredes de la escuela, entre niños y maestras y maestros.

Un día, el chico la lió durante el recreo y tuvimos que sacarle del patio. Le senté en un silla y le expliqué algo: debes saber que vives en un país racista. No te creas lo que pasa en la escuela, porque lo que pasa en la escuela es irreal, vives en una fantasía. Tu crecerás, serás un adulto. Andarás por la calle, y la calle no es el patio de la escuela. La calle es de verdad. Si en la calle haces lo mismo que has hecho hoy, lo tienes mal. Muy mal. Si en la calle te juntas con otros chicos y la lías, alguien llamará a la policía. Vendrán los Mozos de escuadra, todos blancos, con sus coches blancos y azules, con sus luces blancas y azules. Verán un altercado y verán que en medio del altercado hay un tipo de piel negra. Verán tu piel negra y dirán “vamos a por el negro”. Te cazarán a ti. Te cazarán a ti porque eres negro, porque eres un negro en Cataluña. Y eres un negro pobre. Te cazarán por negro y te empapelarán por negro y por pobre. Espero que no se te olvide eso.

El chico me miraba con sus ojos tan blancos en la parte blanca de los ojos. Al principio me miraba con su mirada desafiante de todos los días, su durísima mirada de resentimiento y de desespero. La vida no le ha dado regalado nada al chaval. Solo el regalo de la vida, que en su caso es un regalo envenenado. Me pregunto en qué sueña. Se me olvidó preguntarle en qué sueña un chaval negro caído en esa Cataluña inclemente que sueña ser una tierra de acogida y es tierra de dolor, de desprecio, de nada. De nada. 

Después de algunos meses aprendimos, él y yo, a llevarnos bien. Jamás tuve que repetirle aquellas palabras, de las que no me enorgullezco. Nos saludamos, yo le doy palmadas en el hombro y él me las devuelve, con una sonrisa ambigua. Me pregunto en qué sueña. Me arrepiento por no haberle preguntado eso. ¿En qué colores sueñas, chavalito de la piel oscura?

9 de jul. 2019

Tolstoi murió en Cataluña

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Dijo Tolstoi que amaba a la humanidad, pero que era incapaz de amar a un hombre en concreto. Tolstoi era, además de uno de los más grandes novelistas de la historia, un pensador que escribió sobre muchas cuestiones. Escribió sobre educación, aunque sus textos sobre esa materia sean poco conocidos. Los descubrí por casualidad, mientras leía a Vygotsky, que cita a Tolstoi varias veces en "Pensamiento y lenguaje". Terminé la lectura de Vygotsky cuando termina el curso, y así comprobé lo que me dijeron: el constructivismo hizo una lectura errónea del científico ruso. ¡En educación todo es complejo! Eso me llevó a escribir sobre algunas de mis experiencias en el mundo de la educación.

Llevo unos 15 años trabajando en la docencia. Siempre he buscado proyectos interesantes, propuestas de las que se puede aprender. A la escuela vamos para aprender todos y entre todos. He encontrado algunos proyectos que merecen la pena, y alguno de veras muy interesantes. Hay grandes ideas, incluso grandes ideas avaladas por grandes investigadores. Hay grandes ideas avaladas por grandes investigadores doctorados en Harvard y por altas autoridades europeas. Eso no es ninguna ironía.

Vi grandes ideas y vi grandes resultados. Pero las ideas, ¡ay, las ideas! las ideas deben llevarse a la práctica, deben implementarse en el mundo, y esa implementación recae en los seres humanos, que son solo seres humanos como usted y como yo. Y los seres humanos estamos sujetos a nuestras pequeñas cosas, a nuestras grandes verdades tan distantes de lo verdadero, a las ansias de poder, a los apegos emocionales y monetarios, a los viejos miedos (miedo a quedarse solo, a quedarse en el paro). Se que estoy escribiendo un comentario minúsculo y marginal a algo muy relevante de Platón. Me niego a admitir que Foucault tenía razón, me resisto a aceptar que todo se reduce a la voluntad de poder. Yo prefería a Habermas y su voluntad de verdad (de "veracidad", dice Jürgen). Pero la realidad me pone difícil a Habermas.

Estuve dos cursos implicado en un proyecto que me parece el más interesante que he vivido jamás, y por eso lo viví con intensidad, con esfuerzo, con dedicación. Incluso con fe, en los primeros tiempos. Creí. Incluso podría decir, con Chateaubriand: creí y lloré (j'ai pleuré et j'ai cru). Porqué había razón y emoción, racionalidad y sentimiento. Eso pasa poco, todos lo sabemos. Pero pasa. Yo soy testigo de que eso sucede, aunque sea pocas veces. Como el misterio insondable de la sincronicidad.

Por ese motivo el dolor es, hoy, más grande: cuando uno descubre que toda aquella belleza y toda aquella razón están oprimidas bajo una forma de tiranía de lo pequeño, de lo egoísta, de lo mezquino. No hay generosidad. Estuve dos años viviendo intensamente en un proyecto en donde había inteligencia, razón, ciencia. Solo faltaba la bondad.

Estuve en una reunión -que constaba en el calendario como "reunión de evaluación" de un curso determinado- que se convirtió en una discusión desagradable, incluso agria, sobre disciplina (es decir, sobre represión de la indisciplina). Suele pasar eso en las comunidades regidas por una ideología muy robusta: no se tolera la disidencia de ninguna clase y se aparta la autocrítica. Tanto énfasis en la represión del indisciplinado cuestionaba la validez del aparato educativo, y eso está prohibido nombrarlo. Un tabú. Una doctrina avalada por Harvard no puede ser cuestionada por un niño ingobernable de 11 años, de modo que en esta reunión se buscaron culpables entre los docentes presentes: algunos fueron acusados de blandengues, otros de poca fe: nadie osó admitir que el sistema fallaba. Que el sistema era tan débil y tan humano y tan predeciblemente imperfecto como cualquier otro, de los otros sistemas que no están avalados por los sabios.

-Harvard ya no es lo que era, me dice uno, en Harvard viven de una leyenda que se está diluyendo en la niebla de los tiempos.

Lo malo es que se me termina el tiempo. Que yo también me voy a diluir en la niebla algún día no muy lejano. Al final, todo lo grande es pequeño. Y todo lo pequeño, grande. La vida y sus chascos.

Lo dijo Tolstoi en la primera frase de Ana Karenina: los que son felices son todos iguales. Los que son desgraciados lo son cada uno a su modo.

6 de jul. 2019

Los mossos de escuadra ¿son una ficción?

Mossos d'esquadra. Els casos de ficció

Se ha publicado un librito que podría ser debido a la pluma de Philip K. Dick: "Mossos d'Esquadra. Els casos de ficció". Dick escribió una obra rara e hipnótica, "El hombre en el castillo", en donde los personajes, gracias a la lectura de un libro (un libro dentro de un libro), toman conciencia de que viven en una dimensión paralela y ficticia. Ficticia además de paralela, atención al dato. Tan terrible como soñar sabiendo que se vive en un sueño angustiante sin poder despertar.

[Debo añadir una referencia al término "nivola", que Miguel de Unamuno usó en 1907 para referirse a "Niebla", anticipándose en más de 50 años a Dick para hablar de los personajes que son conscientes de vivir en una ficción. Mientras el visionario Bilbeny no demuestre que Unamuno era catalán, cosa siempre posible, debemos aceptar que uno de Bilbao se adelantó a uno de Chicago, como es natural].

Sin embargo, el librito sobre los Mossos no se debe a Dick y se ha publicado en la Cataluña del procés, con lo cual uno se teme que tras esa obra no está ningún genio esquizofrénico, si no algún escritorzuelo dispuesto a exprimir el tirón nacional-lacista. El redactado nos remite a autores que escriben como alumnos de la Eso y les publican como si fuesen adultos. Son cosas catalanas, ya saben ustedes: "no les hagan mucho caso, no son malas personas pero son catalanes". (Eso lo dijo Max Aub en el 39, en "Campo cerrado").

La editorial promociona el librito con un texto ruborizante. ¿El editor se ríe de sí mismo? Es posible. El sentido del humor catalán es difícil de aprehender. Júzguenlo ustedes mismos. Este es el texto promocional:
Una de les funcions del cos de Mossos d'Esquadra és la prevenció de fets delictius per evitar que els ciutadans es converteixin en víctimes d’aquests. Des de sempre hem impulsat una sèrie de campanyes d’informació amb diferents consells de seguretat adreçats a la ciutadania, que és la receptora dels nostres serveis. Ara fem un pas endavant en la manera de difondre’ls.
Alhora, el cos de Mossos d'Esquadra, com a part de la societat, té entre els seus membres persones que destaquen en diferents àmbits, com poden ser els esportius o els culturals. En aquest últim camp, compta amb escriptors reconeguts amb premis en diversos certàmens literaris i d’altres aficionats, així com també amb il·lustradors molt distingits.
D’aquesta fusió entre el treball policial i el món de la cultura neix aquest llibre.
En aquesta antologia de relats escrits per membres del cos de Mossos d'Esquadra volem fer palesa aquesta vocació de servei a través de diferents històries de ficció inspirades en casos reals, que tenen un rerefons basat en alguns dels nostres consells de seguretat. Els lectors podran passar una bona estona llegint trames molt variades i alhora descobriran algunes tècniques delictives, podran posar-se a la pell dels mossos i, en alguns casos, en la de les víctimes o, fins i tot, en la dels mateixos delinqüents per aprendre una cosa bàsica de la literatura i, per descomptat, de la vida: de vegades, res no és el que sembla.
El texto es ridículo, si. No cabe duda alguna. Hay un abuso de terminología risible: "fets delictius", "ciutadania receptora", "els Mossos són part de la societat", "entre els seus membres té persones", "històries amb rerefons", "els nostres consells de seguretat". Es imposible reproducir las expresiones ñoñas, los tópicos más desabridos y las estupideces sin copiar el texto entero. Un texto debido a un asesor de la burocracia policial que pide un curso de expresión escrita, o una introducción a la sintaxis elemental (atención a la última frase del texto).

En el texto se cuentan ridiculeces para parar un tren, no soy capaz de destacar una por encima de las otras. Lo que es la literatura está ausente (aunque se la nombra como por error y sin sentido, al final). Eso se agradece, es el único destello de algo parecido a la inteligencia y a la sensibilidad. Hay un reconocimiento implícito (¿explícito?) de esa renuncia a la escritura entendida como arte: el librito se reduce a la didáctica y a la propaganda, como casi todo lo que se escribe en esta triste época en el país que jamás fue un país (salvo en la ficción de algunos).

Si fuese periodista indagaría en la génesis del libro. ¿Han pagado el libro desde las arcas del Consejería de Interior? Es una hipótesis. Es posible que el cuerpo policial regional necesite recuperar algo de una imagen simpática y democrática. Sin embargo, les diría lo más obvio: dejen la ficción para quien sabe. Con Pérez Andújar, Marsé y Vila-Matas vamos muy bien servidos. Nadie necesita a policías que no saben escribir.

Mientras escribía esas líneas hice un pausa, puse las noticias y en ellas apareció el señor Buch, Consejero de Interior del gobierno regional, declarando algo sobre un incendio en la provincia de Tarragona. Camisa blanca recién planchada, eso que no falte. Para explicar la presencia del ejército en la lucha contra el fuego improvisó que "es normal que nos ayuden los países vecinos: si el incendio estuviese en el Ampurdán, los franceses habrían ayudado como ahora ayudan los españoles". ¡Dios mío¡ me estremecí: ese hombre no vive en el mundo, vive en un universo paralelo y no duda en manifestarlo públicamente. También hay consejeros de interior de ficción, por lo visto. Quizás se avecina un nuevo librito: "Govern català: els casos de ficció".

Quizás los Mossos de Escuadra son una ficción. Quizás son un cuerpo policial delirante e imaginario, perteneciente a una dimensión atontada, y nos lo comunican desde un librito de apariencia inane, para que despertemos de nuestra siesta nacionalista.

4 de jul. 2019

La langosta se ha posado

Resultat d'imatges de naufragio

(...) a finales del verano, cuando el calor sofocante menguaba, y en la hora en la que el sol se disponía al ocaso (poco más tarde de las nueve), se interrumpió la programación habitual de la televisión regional y apareció el Presidente. Se le vio algo deslucido, demasiado pálido tras un verano como aquel, de sol intenso y pertinaz sequía. Alguien hizo notar que estaba más flaco. También se dijo del presidente, quizás lo dijo ese mismo alguien, que el presidente estaba algo "desmejorado". Sin embargo y a tenor de las imágenes que nos dejó esa tarde la televisión, lucía camisa blanca impecable, recién planchada, la runa "pe" en el ojal y el cabello escaso pero bien peinado, vestigio de un corte veraniego efectuado, según los analistas expertos, semanas atrás, en el mes de junio. Su semblante era serio, aunque eso no era anuncio de nada novedoso: los televidentes siempre le habían visto con ese porte grave, como si cualquier ocasión fuese una ocasión trascendental, a la que uno debe enfrentarse con seriedad y gesto cuasi trágico. Solemnidad y excepcionalidad a la vez: eso es lo que siempre quiso transmitir el presidente en sus alocuciones al pueblo a lo largo de su carrera, que fue tan breve como encendida.

El cronista no transcribió el discurso entero, solo hizo una síntesis del sentido general de sus palabras, que estuvieron trufadas de metáforas y de citas librescas que abarcaban desde la poesía popular hasta la culta, pasando por el refranero y algunas frases muy agudas debidas a los padres pensadores de la Patria de todos los tiempos.

-Ciudadanos y ciudadanas, dijo. Hace tiempo que quería contaros algo, y es algo que me cuesta contaros. Por eso he tardado un poco más de lo que la prudencia recomienda. Pero ya no puede demorarse más este momento que, os lo prevengo, no es feliz ni para mi ni para vosotros. Vayamos al asunto, vayamos al grano y dejemos la paja a un lado: son demasiados años de paja. Debo deciros eso: que nuestro barco no llegó a Ítaca. Eso ya lo sabéis, porqué no sois tontos y no os quiero tratar como a tales. Ciudadanos y ciudadanas: el barco "Patria" ni tan solo zarpó. Bueno, en realidad el barco no salió de los astilleros. Mejor dicho: el barco no fue construído jamás. El relato del marinero heroico es, en realidad, una bella leyenda. Yo quiero recalcar lo de "bella", porque bella lo es. Serlo, lo es. Pero siéndolo, solo es leyenda. La Patria no zarpó. El marinero heroico fue, en realidad, un marinero cobarde que huyó en un bote sin haber pisado jamás la cubierta del barco que no existió. Se refugió en un país lejano e indiferente a nuestra epopeia. Un país frío y distante. Se escondió allí. Jamás regresó para rescatar a sus camaradas atrapados. El marinero que quisimos heroico y fue cobarde. Solo se preocupó de sobrevivir, al principio, y luego de vivir lo mejor posible. Y a fe de Dios que vive muy pero que muy bien. A vosotros, ciudadanos y ciudadanas, os hemos tomado el pelo durante estos años. No hubo barco, no había plan de navegación, no había capitán ni grumete. A decir verdad (ahora, ya puestos, ya puedo contarlo) no había ni tan solo un mar por donde navegar. El dinero destinado a construir el barco y llenar de víveres sus bodegas nos lo gastamos en juglares que cantasen la hazaña de antemano y en un hatajo de falsos calafates que simulaban trabajar cuando aparecía un reportero por la vera del puerto. El astillero era un decorado de cartón piedra. Incluso algunos de los obreros eran de puro atrezzo, elaborados, eso sí, en los mejores talleres de decorados teatrales, factoría de disfraces y decorados de un gran hombre. Sí era real todo lo demás: la propaganda, los reportajes en nuestro canal, los decretos y las grandes declaraciones, los sueldos de los capitanes de pega, de los contramaestres, del cocinero y hasta de la docena de arponeros (aunque no íbamos a cazar ballenas contratamos a doce falsos arponeros, eso también es real). En eso no os tomamos el pelo, os lo juro por nuestro Gran Poeta. Bueno. Me embarga la emoción. [Pausa] Ha llegado el momento. Tras esta declaración me retiraré a mi pueblo y viviré como un hombre cualquiera, como un hombre gris, como un hombre gris y mediocre, como un hombre gris y mediocre y fantasioso, como un hombre gris y mediocre y fantasioso y entusiasta, como el hombre que fui. Os pido que me perdonéis, fui víctima de la ilusión, del fogonazo, de la llamarada que encendió mi pecho en una tarde de otoño, cuando soñé, en mi siesta otoñal (hizo mucho calor aquel otoño) que nos íbamos de viaje en un barco fabuloso hacia una isla mitológica en la íbamos a construir la mejor patria jamás soñada en ninguna siesta otoñal. Os pido perdón por el engaño. No se como os vamos a devolver el dinero que os robamos para simular nuestra gran simulación, pero voy a dedicar lo que me queda de vida a reflexionar y a pensar como narices os devolvemos el dinero que os quitamos. Seguro que querréis saber muchas cosas, ahora, cuando conocéis la verdad. Querréis saber como mantuvimos la pantomima del marinero Frescales y, la verdad, ni yo mismo lo se, porqué hay veces en que ni yo mismo lo entiendo. Se que algunos os vais a enfadar mucho, otros menos y otros nos vais a pedir cuentas y explicaciones, porqué pusisteis todo de vuestra parte: pusisteis tiempo y dinero de vuestros bolsillos en donativos de toda clase, os quedasteis afónicos gritando las consignas que os enseñamos, perdisteis amigos en el trayecto, viajasteis por el mundo para contar que el barco iba, luchasteis contra monstruos y algunos salisteis lisiados, con magulladuras y heridas. Sabéis que lo hicisteis todo para nada, a cambio de nada, no había nada a cambio: os ofrecisteis al engaño como niños en pos de un juguete imposible, os creísteis a los vendedores de felicidad gratis. Lo se y os lo agradezco. Voy a meditar sobre eso también, sobre el enorme misterio que sois para mi.

El discurso siguió y se prolongó durante unos 33 minutos, según cuenta el cronista. Al fin, cuando el Presidente se retiró, la pantalla de los televisores se sumió en un fundido en negro durante muchos segundos. Al cabo de los cuales se escuchó una pieza de violoncelo muy famosa del Maestro Casals y luego una parte de la Novena Sinfonía de Ludwig Van, sobre un fondo de paisajes al óleo de la escuela olotina.

Cuenta el cronista que la inmensa mayoría de los telespectadores prorrumpió en aplausos y vítores, algunos mezclados con llantos y con mocos a la vez que con antiguos cánticos patrióticos, y que muchos también agarraron antorchas y las prendieron y desfilaron por las calles hasta más allá de medianoche. A la mañana siguiente incluso al sol le costó lo suyo amanecer pero finalmente amaneció. Y los ciudadanos y las ciudadanas más madrugadores se encontraban por la calle y se preguntaban los unos a los otros: ¿Qué debemos hacer ahora?. Y se respondían: Pues nada, a trabajar. A trabajar (...).

1 de jul. 2019

La sintaxis indigesta del Niño de la Alpargata

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Hay autores que escriben en un lenguaje difícil, a veces críptico. Debo confesar que siempre sufrí de lo lindo para comprender a San Pablo, a Jacques Lacan, a Adorno o a Gramsci, por poner solo unos ejemplos. Ni Schopenhauer ni Nietzsche lo ponen fácil, por Dios.

Soy hijo de un obrero sin estudios y eso, ya se sabe, tiene consecuencias. En mi casa el lenguaje era sencillo y cada cosa significaba lo que pone el diccionario básico. Nuestra casa de pobres no era una casa líquida, había tanta voluntad de solidez como aceptación de la pobreza. Poca metáfora barroca. Había una cierta previsibilidad. Eso puede doler, pero se agradece a la larga. Aprendí el valor de la frase racional y unívoca, sin metáforas ni eufemismos ni cábalas. Ser pobre solo significa no tener dinero: las demás pobrezas eran imágenes, figuras literarias. Si te dicen que no, es que no. "Si vuelves más tarde de las doce te caerá una colleja" significa eso. Y la colleja te caía, vaya si te caía. No había significados ocultos ni doble lenguaje. Ni esoterismos posibles ni hermenéuticas soñadas.

Me iba a la cama con el cogote dolorido y enrojecido y, de algún modo, satisfecho por haber comprobado que a cada significado le corresponde un significante preciso, uno solo, solo este. El tornillo del 8 tiene su tuerca del 8. Cada acto, una consecuencia. La consecuencia lógica, la anunciada de antemano. Jamás se me ocurrió decir que fui víctima de una colleja política.

Ayer leí este artículo: (In)digestions, en Directa.cat. Me quedé pasmado. No entendí nada, y no solo por la exhibición políglota de su autor, que huele más bien a fanfarronada

La prosa del Niño de la Alpargata me supera y me resulta más difícil que la de Saulo de Tarso cuando habla de ver "como a través de un espejo". En los otros autores difíciles el problema es conceptual. En el caso del Niño, es un problema de ordenación mental. De sintaxis. Su sintaxis es impredecible además de endiabladamente barroca. No, no consigo comprenderle, no lo consigo. ¿De qué narices habla el Niño de la Alpargata?

El Niño de la Alpargata escribió un texto sobre el asunto del ayuntamiento de Barcelona en el que, si no me equivoco, dijo que prefería un alcalde nacionalista antes que a Ada Colau. Vamos, dijo lo mismo que dijo Albert Rivera, pero dicho en modo lisérgico. En modo estratégico lisérgico independentista. En resumen: cada vez admiro más a Manuel Valls en el asunto de lo del alcalde de Barcelona: Valls es claro, inteligente, demócrata. Y además le entiende uno como yo.

El Niño de la Alpargata, lo habrán adivinado ustedes, no es otro que el artista antes conocido como David Fernández, que fue diputado cupaire, poeta, cantante, activista y gerente de una banca. Entre otras cosas. A diferencia de la mayoría de los políticos nacionalistas, que solo han sido trabucaires, castellers o monitores de esplai (o niños de papá y punto), Fernández ofrece un amplio historial que muchos quisieran. Con su grupo musical denominado "Ovidi 3" se fué a Waterloo para ofrecerle un concierto privado al inquilino del chalecito (el Vivales). Me imagino al ínclito Puigdemont cagándose en lo que tiene que aguantar y maquinando como disimular los bostezos ante la actuación de Ovidi 3. Creo que a Puigdemont le gustan los Beatles, con lo cual las cancioncillas de Ovidi 3 le deben joder un montón.

Bob Dylan le ofreció un concierto privado a un Papa de Roma de cuyo nombre no me acuerdo. Creo que lo hizo para mostrarle al mundo la conversión al catolicismo de un judío de origen. Pobre Papa. Pero por lo menos era Dylan y no el indescifrable Fernández el que le cantaba al pontífice. Quizás no sea casualidad que el señorito Matamala se largase de Waterloo poco más tarde del concierto de Fernández, el críptico. Yo hubiese hecho lo mismo: la sintaxis con estupefacientes me pone malo. Me mata la mala sintaxis, como al Jami Matamala. (Por cierto: ¿qué hace Jami a día de hoy, salvo cobrar por ejercer de senador español?).

Creo que me he desviado del asunto. ¿De qué habla el Fernández? Bueno, pues así de claro y de sencillo: no lo puedo responder. Cuentan que Dostoievsky escribía novelas muy extensas porqué el editor le pagaba las páginas según el peso del papel entregado, que depositaba en una balanza. Digo yo que a Fernández le deben pagar por un sistema parecido, aunque adaptado a la realidad de la vida moderna: por el peso metafórico de los bits. Y debe ser por eso que escribe líneas y más líneas sin decir nada, nada de nada, perogrulladas y tópicos de una supuesta izquierda, de una supuesta revolución de niños, de niños bien, aficionados a la poesía romántica y al buen yantar, y lo escribe todo enlazando frases oscuras con una gramática errática que deberían estudiar Chomsky y Pinker, para abrir nuevas fronteras al entendimiento humano.

Cuando el lenguaje no es comprensible... ¿que es el lenguaje? ¿Para qué diablos sirve?


25 de juny 2019

Camellos, putas y escritores malos

Hace un par de años, la ANC lanzó la campaña "Volem un pais on...", a la que cada cual respondía aportando sus mejores deseos para la futura Cataluña independiente. Ahora, tras dos largos años de árdua meditación, Empar Moliner responde y aporta el fruto de su pensamiento: "Volem un pais on les putes i els camells parlin català". (Queremos un país en donde las putas y los camellos hablen en catalán).

La señora Empar Moliner ejerce de tertuliana graciosa y algo gamberra en Tv3. Sin pisar la popularidad de la señora Rahola (a la doña se le debe reverencia) Moliner ofrece titulares con ese sentido de la cosa un poco escandalosa tan catalana, el humor picantón que pretende ruborizar a los beatos y a las tietes. Su última ocurrencia ha sido reclamar que las putas y los camellos hablen en catalán.  En el improbable caso de que Moliner lea esta página tengo que decirle que existen putas y camellos catalanohablantes, incluso de lengua materna catalana. Solo hay que saber donde encontrarles, algo que ella, que es periodista, resolverá en un periquete.

Hace algunos años, el cantautor Jaume Sisa dijo algo así como que Cataluña no sería un país hasta que no tuviese policía y pornografía. En el caso de Sisa, la suya era una broma menos clasista, sin ese suave hedor supremacista que desprende la ocurrencia de Moliner. ¿Quiere la señora Moliner que las camareras de hotel de su país hablen en catalán? ¿Quiere que las cuidadoras de ancianos en las residencias hablen en catalán?. Lo entiendo: hablar de kelis y de cuidadoras de ancianos no da para un buen titular como las putas y los camellos, mucho más cachondo. Y por cierto, ya puestos, ¿porqué Moliner no habla de putos y camellas?

Sobre la broma de Sisa, hay que decir que hubo uno que la pilló. ¡Vaya si la pilló!. Un tal Jordi. Demasiado puritano para las cosas de cintura para abajo (salvando el bolsillo de la cartera), soslayó la pornografía pero dispuso la policía, a la que no bautizó como "policía" si no con ese nombre ridículo y rancio (de origen oscuro) que me llevan, los pobres. ¿Hará algo el señor Torra con la petición de Moliner? [Entre nosotros: lo dudo mucho. Torra es quizás más puritano y más beato que Pujol. Así que lo siento mucho, señora Moliner, su plegaria no será atendida por el alto mando del régimen.]

A la señora Moliner le sugiero que añada otra plegaria, más acorde con los intereses del señor Torra y más fácil de ser atendida: que pida buenos escritores en catalán, porqué de eso hay menos que putas y camellos. En concreto, no hay ni uno solo.

Bueno, quizás hay alguno. Pero lo desconozco. Gracias a personas como Moliner (y muchas otras, por supuesto) llevo varios años completamente desconectado de todo lo que se escribe en catalán. No me interesa. Me hastían y me avergüenzan. Si la literatura en catalán no estaba ya bastante jodida, la aventura del procesismo la ha rematado. Y le contaré algo más personal: hace años, más de diez, tuve en las manos un libro de relatos de Moliner. Me lo prestaron, diciéndome que me iba a gustar, ya verás, es muy buena. Leí el primer cuento, esperé un tiempo prudente y devolví el libro. Hice un comentario educado, recuerdo que hablé de "un estilo que no me emociona" o algo así. Hoy ya no pasaría nada de eso. Cuando alguien insinúa que me prestará un libro de autor catalán rechazo la oferta: no leo a autores catalanes, digo, hay demasiada buena literatura a lo largo del tiempo y del mundo como para perder el tiempo con mediocres o malos. El otro día leí una crítica de Puigdevall en El País y estuve tentado por unos segundos, pero enseguida me encontré con el volumen de los cuentos completos de Roberto Bolaño y me olvidé de la recomendación de Puigdevall. Lo siento por Ponç, que se esfuerza con mérito para reseñar textos de autores catalanes. A Puigdevall le digo que seguiré leyendo esas reseñas tan bien escritas, pero solo por el placer de leerlas y nada más.

A día de hoy, solo tengo en cuenta una pluma en Cataluña, que es la de Pérez Andújar. No solo me parece el mejor escritor de aquí si no el más imprescindible, el mejor pensador. La referencia indispensable. Sin menoscabo de Vila-Matas, Marsé o Mendoza. Es sintomático que Pérez Andújar no haya caído en el costumbrismo, última estación de la narrativa catalana antes de su desaparición inminente en la nada. ¿Porqué el costumbrismo es el único (y último) género que se cultiva en catalán? Esa pregunta queda para los expertos, aunque yo tengo mi hipótesis: para un mal escritor el costumbrismo es un flotador al que agarrarse, porqué es asequible y permite disimular la falta de talento y la ausencia de imaginación, y a la vez habla de lo único que de veras le importa: lo nuestro, nuestras cositas. En el costumbrismo no hay ánimo de universalismo si no todo lo contrario: solo lo genuino, lo catalán de veras. Así, la mal llamada novela negra catalana no es más que costumbrismo malo con policía bueno, la autoficción (tan de moda) es costumbrismo con confesiones inconfesables, la rosa costumbrismo con gotas de sexo. Y así sucesivamente. A quién lo quiera le pongo ejemplos irrefutables.

Esa es una de las consecuencia evidentes del secesionismo, una de las más clamorosas: ha arrasado con la cultura, la ha provincializado hasta límites insospechados y la ha metido ¿para siempre? en una nueva etapa de Decadencia que se augura muy larga y muy honda. Eso lo han logrado muchas personas, entre ellas la señora Moliner. Somos muchos los que hemos desconectado de Cataluña, de su cultureta residual y tribalizada, la de nosotros para los nuestros hablando de lo nuestro. Cada vez me encuentro con más personas que lo ven y lo viven como yo y me cuentan: ya no compro libros en catalán, no me interesan. ¿Cuántas veces he escuchado eso en los últimos cinco años? Eso está ahí, se vive y se conoce. Vosotros sabréis lo que hay que hacer, por mi parte tengo clara la decisión.

¿Sabrá la señora Moliner que se vive muy bien sin leer la mala literatura del kilómetro cero? ¿Sabrá que, en un futuro, a ella y a mi nos van a cambiar los pañales unas señoras que hablan en español y cobran sueldos de miseria? ¿O preferirá indagar en los bajos fondos a la búsqueda del grial catalán entre putas y camellos?

21 de juny 2019

El incidente de la niña y la bandera

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Ilustración extraída de "Dibujos para colorear", una página muy solicitada por los docentes.

Si los extraterrestres siguieran la prensa catalana, pensarían que vivo en la peor ciudad del mundo. Esta ciudad solo aparece en los medios como escenario en donde relatar detenciones de células islamistas, feminicidios y tiroteos suburbiales y nocturnos.

La última aparición de la ciudad en la prensa narra un suceso escolar. Bueno, por lo menos se cuenta que en la ciudad hay escuelas, y niños que van al cole. Algo es algo. Pero lo que se cuenta, lo que reporta la prensa es que una niña de tercer curso de primaria acudió a un centro de atención primaria para ser atendida de una agresión. Se cuenta que la niña fue agredida por su maestra, y que el motivo de la agresión es que la niña dibujó la bandera española en la cubierta de su álbum de fin de curso.

El titular, por lo tanto, es: Una maestra agrede a una niña por dibujar una bandera española. A partir de aquí la hoguera prende con facilidad pasmosa. Siendo niño, una vez intenté encender una mancha de gasolina caída en el suelo y tras gastar varias cerillas abandoné mi propósito. Es más fácil encender la llama del odio que la gasolina. Las redes "sociales" se llenaron de odio y violencia en pocos minutos. Alguien difundió el nombre de la maestra, ya que era visible en el parte de la denuncia que interpuso la familia de la víctima.
-Mira lo que me han mandado -y el compañero de trabajo me muestra un tuit en la pantalla de su telefonillo: -"Hay que divulgar el nombre y la dirección de la familia que denuncia y hacerles la vida imposible".

Yo, por mi lado, recibo mensaje del otro lado. Del otro bando: vamos a hablar con propiedad. Lo de Cataluña es eso, bandos opuestos. Los del otro lado piden el linchamiento de la maestra. A las pocas horas se convoca una concentración ante la puerta de la escuela. Pegan decenas de dibujos infantiles con banderas españolas en la puerta del centro. El bando opuesto contraataca enseguida: se informa de que la familia denunciante es gitana. La palabra "gitana" está escrita con letras mayúsculas. Eso se retuitea. Se cuenta que la familia tiene antecedentes penales, que se trata de una gente conflictiva. La llama ha prendido con fuerza. Es probable que haya concentraciones en defensa de la maestra denunciada. Alguien insinúa que la familia de la niña es oportunista e interesada, que solo buscan sacarle dinero a la administración catalana por la vía de la indemnización. Alguien añade que los gitanos suelen hacer esas cosas, que son gente ladina y ya se sabe.

Intenté frenar los ánimos en los dos bandos. En uno fracasé enseguida: saben de mi que soy unionista, mal catalán y españolista, por lo cual ni me tuvieron en cuenta. En el otro lado tampoco rebajé la llamarada, porqué están hartos. Cualquier chispa puede producir un incendio, eso es lo que hay. Eso es el logro del procesismo, del independentismo o de lo que sea que se llame esa expresión del nacionalismo identitario. Llevamos demasiados años secando la hierba bajo nuestros pies, preparando el material inflamable.

Intento convencer a alguien (sin éxito) de que aquí se debe distinguir entre dos cuestiones: la posible agresión de un docente a un alumno y por otra parte el asunto de la bandera. Justo ahora, en las redes se cuenta que la maestra trabajaba con el lacito amarillo prendido en la solapa. También se dice de las llamas que "prenden". Si eso es cierto (que no lo se) tenemos otro asunto encima de la mesa (encima de la hoguera): ¿es lícito que un trabajador público trabaje con un símbolo ideológico y político? Ese es otro debate. Otro debate que el procesismo ha obviado. Una vez dije que, con la Constitución en la mano, el lazo amarillo en la solapa de un trabajador público (estamos hablando de docentes de primaria) no es constitucional, pero me respondieron sin pensar que la libertad de expresión va por delante del resto de los derechos y, por añadidura, que mi opinión solo demostraba que la Constitución es mala, tan mala como el "régimen del 78". Respondí (quizás no debería haberlo hecho) que la expresión "régimen del 78" se refiere a la democracia y que, en consecuencia, soy un firme defensor del régimen del 78. Aquí la conversación de torció para siempre. Es decir: me callé. Quien exige diálogo lo boicotea.

Todas las evidencias cuentan lo mismo: el único conflicto real es un conflicto entre catalanes, y no hay ninguno entre "catalanes" y "españoles", pues eso es una aberración. Lo que hay es un clima de guerra civil entre catalanes. Eso, nada más que eso. Pero eso es muy grave.

Me parece más interesante hablar de un maestro que pierde los estribos y usa la fuerza física con un alumno. Hay que hablar de eso. Los maestros no somos perfectos, podemos ser víctimas de la tensión. Hace poco se reconoció el "burning out" como enfermedad profesional y se puso como ejemplo a los docentes como uno de los colectivos laborales más afectados. También me parece interesante hablar de los símbolos políticos en las solapas, o de los símbolos políticos en las fachadas de la instituciones públicas. Esos debates deben ser racionales y, por lo tanto, pausados. Debates hechos con argumentos, con expertos, con juristas, con sociólogos. No puede ser lo que tenemos: cerillas lanzadas sobre montones de paja acumulados a la espera del día de la hoguera. Si la niña era gitana ¿qué aporta?. Bueno, quizás aquí tenemos otro elemento, otro factor que asoma: ¿el país acogedor acogió a los gitanos? ¿Como es la convivencia? ¿Qué hubiese pasado si la niña hubiera dibujado la bandera de Marruecos?

Me callo. Los irresponsables han ganado la partida. Por lo menos hasta hoy. Se prefiere el odio a lo otro (y escribo "lo otro" porqué pronto vamos a olvidar el nombre de la concordia). Hay demasiadas personas esperando la llamarada, demasiadas personas acumulando el odio a la espera de la fiesta del fuego. Me pregunto (en silencio, claro): ¿como y cuando se fraguó ese odio hacia el otro? ¿Quienes son los responsables de haberlo promovido? ¿Quienes los responsables de no haberlo tratado?

En silencio y casi con temor pido (a nadie, al viento) que no sea demasiado tarde.


18 de juny 2019

El alcalde Ballart te felicita el cumple

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Me cuenta: que hubo una discusión familiar. En su familia, por tradición y convicción, siempre se ha votado a Convergència. Des de la noche de los tiempos: cuando lo de Atapuerca, su familia ya votaba bien y a Convergència. Algunos, los díscolos, votan a Erc a veces, esa es la máxima licencia tolerada. Uno de ellos, el tío abuelo, tiene una foto al lado de Jordi Pujol en el comedor de casa, en un sitio alto, fuera del alcance de los niños. A su lado, una bella imagen en cuero repujado de la Virgen de Montserrat, con un halo de las cuatro barras en forma de arco iris.

La discusión empezó cuando uno de los familiares, de una cierta edad, sorprendió a todo el mundo al anunciar que, en estas elecciones municipales, votó al candidato Jordi Ballart.
-¿Cómo? ¿Votaste a un socialista? ¿De veras has hecho eso?
-¡Acabáramos! -ruge entre mugidos uno, al que creían dormido- ¡Dios mío! ¿Adonde vas, Cataluña? ¿Quo vado, Catalonia?
-Ballart no es socialista -afirma en su defensa el cónyuge, y lo repite- Ballart no es socialista: rompió el carnet de socialista cuando lo del 155. Acordaros de eso.
-Memento huius -murmura otro, provecto pero despierto, aunque dudando de la corrección del latinajo.
-Remember this -aporta el más joven, sin levantar la mirada de la pantalla en donde zumba el Fornite.

Los comensales se callan durante unos segundos. Calibran la gravedad del acto de traición a la tradición secular. Pujol y la Moreneta les observan desde la altura del enorme mueble bar biblioteca, color caoba, serios y circunspectos. Los parientes evalúan los hechos, sopesan mientras mastican anchoas de l'Escala, aceitunas de la Terra Alta y rabanitos de Peratallada, están en los entrantes estrictamente catalanes, estrictamente adquiridos en el supermercado Esclat: hay que valorar, por un lado, que no ha votado a los nuestros y, por el otro, que ha votado a uno que dimitió de socialista y ahora ha pactado la alcaldía con Erc. Eso último no deja de ser una cercamiento al redil, a lo correcto y a lo nuestro. Eso está bien. Sin embargo... ¿uno que fue socialista es verdaderamente de los nuestros? ¿Se puede pensar que quien tuvo retuvo y sospechar que el bicho socialista, ahora letárgico, no se desvelará en la primavera menos pensada?

-Os diré la verdad -interviene de nuevo la señora- Le voté porqué es un tipo simpático y cercano. Me felicitó por mi cumpleaños. Por el twiter. Os lo leeré.

La mujer se levanta, se va a por su smartphone (que reposaba ante los tomos de la Gran Enciclopèdia Catalana y del "Paisatges de Catalunya. Els nostres paisatges" que regaló La Caixa en el 84), se pone las medias gafas de lectura y tras un rato rebuscando por la pantalla lee: "Estimada Antònia: perdona que et feliciti amb dos dies de retard. Per molts anys. J.B.".
-¿Lo veis? -les espeta, con una sonrisa ancha y satisfecha- No es un mensaje que mande a todo el mundo, me lo manda a mi y solo a mi.

Uno de los familiares abre el mueble bar y agarra la botella de ratafía, medio llena.

Cuentan por el pueblo que Ballart ganó las elecciones con trucos como ese, con esos acercamientos al pueblo a través de twiter. A mi me cuesta comprender que la democracia funcione así, pero también debo reconocer que me cuesta mucho entender lo que se entiende por "democracia" en la desdichada tierra catalana.

Para el lector que no sea del pueblo en donde vivo debería contarle un poco quién es el candidato (ahora ya flamante alcalde) Jordi Ballart. Fué el candidato del Psc en las anteriores elecciones y obtuvo la alcaldía con la candidatura socialista. Su gobierno fue algo caótico, me contó una fuente bastante fiable que hizo la lista a su medida, no digo yo que fuese una lista de amiguetes pero sin embargo eran personas jóvenes y con escasa experiencia de gestión pública. Por lo visto había un cierto desmadre. El alcalde Ballart tuvo que recuperar a la vieja guardia socialista, a quienes había desplazado, para recolocarles a ver si le ayudaban a poner algo de orden. Eso creó malestar. Entonces llegó la aplicación del artículo 155 y el joven Ballart vio la oportunidad de dimitir con dignidad (esa dignidad tan catalana, tan cacareada de un tiempo a esta parte: no olvidar que el señorito Rull es de este pueblo).

Contó que dimitía por su disconformidad en lo del 155, ofendido porque el Psoe votó a favor de la medida. Fue entonces, en su despedida, cuando pronunció una frase muy tremenda:
-Me voy porqué el partido no me representa.

Bueno, la ocurrencia es bastante penosa. Por lo que me ha sido dado a entender, la cosa sería del revés. Es él quién representa al partido, digo yo, pobre de mi. Esta frase la puede soltar el votante que cambia su voto, pero es casi grotesca en el alcalde a quien el partido ha llevado a la alcaldía. Bueno, esas cosas indican bastante bien el nivelito de la política catalana, de larga tradición pueblerina, pero ensimismado y arruinado con todo lo del procés.

El candidato ha vuelto ahora a las elecciones sin el Psc, con partido propio y con una candidatura en la que, a pesar de haber figuras que conozco y son respetables o incluso admirables, también está trufada de viejas glorias del deporte local, una actriz de series de Tv3 venida a menos y lindezas por el estilo. Ha pactado con Erc porqué le faltaban algunos votos y, por lo que parece, la primera acción política de relieve que afrontará será colgar un buen lazazo amarillo en la fachada de la casa consistorial, y quizás una pancarta con algo alusivo a unos delincuentes encarcelados.

Pero lo de felicitar el cumple por twiter a sus seguidores está muy bien. Quizás es una práctica más inspirada en la conducta de un cacique que de un político democrático, pero no soy nadie para juzgarlo. Es lo que hay en esa Cataluña tan entrañable.

17 de juny 2019

Serra y la 43 División Jubilada de Cataluña

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El general Mark Serra, al frente de la 43 División Jubilada, arremetió con todo su ímpetu contra el Ayuntamiento, tomado por el enemigo, en un intento de recuperar el alcázar para las huestes tradicionalistas.

Ese es el relato.

Nos tomaron el pelo durante años. Durante décadas. Décadas simulando que en Cataluña se cocía la mejor democracia, los más europeo de la Península, lo más moderno, lo más chic. En realidad, se procedía al cultivo del chup-chup reaccionario. Nos hicieron creer que debíamos sumarnos a la causa (incluso se formuló explícitamente: Súmate), porque eso era lo progresista, la verdadera cohesión, lo moderno de veras. No: solo había carlismo, identitarismo, nacionalcatolicismo.

Hace poco dijeron que: "eso va de democracia", y era otra mentira. Eso no va de democracia: eso va de autoritarismo, de abuso, de imposición, de división entre buenos y malos, verdaderos y falsos. Eso no va de Ilustración, eso va de Rahola. Eso va de Patria. Patria o muerte. Esa pintada la he visto infinitas veces por las carreteras de esa Cataluña interior, siniestra y sombría y manchada de fiebre amarilla. Eso va de caciques de toda la vida. Eso empezó hace mucho, muchísimo tiempo.

¿Cohesión social? Eso les ha importado un bledo de toda la vida. No se debe olvidar que el modelo escolar de la "inmersión" (que se debería revisar con urgencia) es el resultado de un pacto de Pujol con el Psc, puesto que Pujol quería dos líneas paralelas para la escuela pública en Cataluña: la catalana y la española. Y fue el Psc, con Marta Mata, quién llegó al pacto de una sola escuela, a cambio de aceptar la inmersión lingüística.

Javier Cercas, a quien admiro como novelista, ensayista (qué gran ensayo es "El punto ciego") y como columnista se siente ofendido, engañado y asqueado porqué se tragó aquello de Pujol sobre quien es catalán. Pero Cercas, esta vez, se olvida de cual era la frase completa que pronunció el sátrapa del Eixample: la frase entera es la que sigue. Catalán es aquel que vive y trabaja en Cataluña y quiero serlo (ho vol ser). Ahí estaba la trampa, en ese pedacito de frase que se olvidó por el camino porque estaba agazapado en la colita, por donde salen los huevecillos del crótalo.

Eso no va de democracia: eso va de tradicionalismo, de Patria. Los españoles llevamos por lo menos 200 años metidos en ese conflicto, del que el catalán es solo una expresión, un brote. Eso va de patria o democracia, y deberíamos poder pensar como lo hace el señor Valls. Lo que va delante es la democracia con sus leyes y sus instituciones. Que pueden ser torpes, imperfectas o incluso deficientes. Pero es eso o el terror. Eso o la nada, eso o la guerra del general Serra y sus divisiones de odiadores eternos.

14 de juny 2019

El Independentista será arrebatado por Dios

  

En la epístola a los tesaloninences, Saulo de Tarso (alias san Pablo, para los iniciados), tuvo la ocurrencia de hablar sobre el "Arrebatamiento", un fenómeno raro y difícil de procesar que se puede resumir en: poco antes del fin del mundo, Dios se llevará a los creyentes vivos junto a los muertos, para ahorrarles a los primeros el sufrimiento del holocausto final. Vamos, que los fieles en la fe verdadera se van a perder el espectáculo del finde definitivo.

-Yo ya he desconectado de España -me dice un compañero de trabajo, muy serio y sobrio en apariencia, completamente convencido de la verdad íntima que expresan sus palabras- Compro en Bonpreu, mi operadora es Parlem y mi energética, Som Energia. Y la gasolina, en Petrolis Independents. En casa, solo Tv3. Para ser catalán no basta con serlo y ya está, eso es de tibios. Hay que ejercer de catalán. (No le pregunto por el banco en donde guarda el dinerito, ni por el idioma en que mira las series de Netflix).

La creencia en el Arrebatamiento no funciona en el catolicismo pero lo hace muy bien en los derivados americanos del protestantismo. Pentecostales y demás tienen una gran fe en ser arrebatados, para dejar con un palmo de narices a los tibios y a los ateos, a los infieles en general y, en especial, a los pecadores (los arrebatados no solo deberán ser los que expresan su fe, si no los que militan en ella y en la virtud).

La Generalitat de cuando el clímax independentista que está visto para sentencia intentó crear algo parecido a unas "estructuras de estado" (sic) invento que permitiría al gobierno regional y a sus buenos ciudadanos transicionar de España a la República catalana de un día para el otro, a un solo clic de distancia. Se trataba de montar una Agencia tributaria a toda prisa (y mal, por supuesto) y alguna que otra entidad rocambolesca (se habló de un banco catalán, de un pequeño ejército, etc). Todo quedó en nada. En nada o en farol. Jamás sabremos qué parte había de farol, qué parte de delirio y qué parte de realidad de las que cuestan dinero al contribuyente.

Yo no creo que Dios juegue a ir de farol con el fin del mundo, dice un panfleto que me han depositado en el buzón los pentecostales de mi pueblo. Las amenazas parecen tan temibles que a uno no se le ocurre que eso sea una jugada de tahúr. Lo explicitan muy bien: "Para los incrédulos y escépticos, para las sectas falsas y aún para algunos creyentes, resulta incomprensible que ocurra un arrebatamiento".

-Hay algunos que van de catalanes e incluso de indepes pero que solo van de boquilla, para conservar el puesto de trabajo y no tener problemas. Son traidores, pecadores de botiflerismo. Pero se les detecta enseguida: compran en Mercadona, cobran la nómina por el BBVA, se ponen el lazo amarillo solo para la ocasión, son de Jazztel y de Iberdrola. Les tenemos anotados, que lo sepan.

"El arrebatamiento de los creyentes de este mundo impío, que está bajo el juicio y la condenación de Dios, es una manifestación maravillosa del amor y la misericordia divina, ya que escaparán así de la más grande tribulación que sobrevendrá en toda la faz de la tierra". Eso lo cuenta el papelito que encontré en el buzón y que me dejó con mal cuerpo.

-¿Hay una lista de buenos catalanes? -pregunté, mientras disimulaba el escalofrío que me proporcionaba una sudoración gélida y desagradable en frente, espalda y zona inguinal.
-¡Vamos! ¿Tú qué crees? Tenemos las listas de los que se apuntaron a las Vías catalanas de los últimos 11 de septiembre, de los que votaron el 1 de octubre, de los que pagan la cuota de la ANC y de Òmnium, de los que se afiliaron al Consell de la República de nuestro Bienamado Puigdemont... Recúerdalo: cuando se hace una lista, se hacen dos. Los ausentes forman la segunda lista. Y los tenemos, los tenemos con sus nombres y sus deneís y sus direcciones.
Engullí mis propias babas con disimulo, como si solo estuviese aspirando aire, tal como dice Rimbaud que hace poesías: solo respiro. Pero para mis adentros pensé: estoy perdido. Para mis afueras sonreí, con una sonrisa que me remitía a una mueca de Roberto Benigni en "La vita è bella" o a una de Alberto Sordi hacia el final de "I vitelloni".

"No améis al mundo, ni a las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él". (Juan, 2:15). Esta cita se complementa con otra del mismo autor, pero de otro libro del mismo: "Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo dijo: sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas" (Apocalipsis, 4:1).

-Cuando proclamemos la independencia, los botiflers, los unionistas, los tibios y los pseudocatalanes se van a enterar, vaya si se van a enterar. Ay de aquél al que le pillemos con un ticket del Mercadona en la papelera -tomó aire mi compañero de trabajo y luego soltó, con la voz una octava más alta:- ¡Ay del vencido!.

12 de juny 2019

Ni de izquierdas, ni republicanos ni fiables. Solo catalanes.


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Hace unos pocos años, al principio de la crisis del delirio colectivo catalán, me entrevisté con una persona que me propuso participar en un libro colectivo. Yo, que sabía algo de su manía persecutoria, le pregunté si el libro colectivo contendría alguna referencia a la cosa nacionalista, a lo cual me respondió que no, que no para nada y de ningún modo, que el libro iba de arte literario y que el arte es puro y etcétera, y que no iba de política. La respuesta me puso sobre alerta, como es natural. Se que los nacionalistas creen que el nacionalismo solo es emoción pura y por eso desconfío de quienes hablan de la pureza. Cosa curiosa, porqué la mayoría de ellos no han sufrido la "educación emocional" de la escuela pública catalana de la última década.

Como la política había aparecido en la conversación, mi interlocutor sintió la necesidad de sincerarse y me contó que era apolítico (?) aunque votante de Esquerra Republicana de Catalunya. Alcé una ceja, circunspecto. Entonces creyó que debía contármelo mejor:
-Mira, no creo en la política, pero soy de izquierdas, soy republicano y soy catalán. Así que mi voto estaba definido, ¿no te parece? -y a continuación hizo un mohín que pretendía subrayar su astucia y su buen discurrir, ante los que me invitaba a hincar la rodilla (sí, todo eso estaba implícito en su mohín).
En vez de arrodillarme me hice el loco y le pregunté: Oye, ¿qué significa ser republicano?
-¡Coño! -me espetó con otra mueca, esta vez jocosa y burlona, que me trataba de estúpido: -Los catalanes no queremos al rey.

Unos días más tarde le mandé mi colaboración en su libro colectivo. Y un par de semanas más tarde recibí las pruebas de imprenta, para que les diese un vistazo. Me mandaron las pruebas de imprenta del libro entero, de modo que tuve que llamarle con urgencia:
-Oye, por favor, retira mi texto del libro. Lo siento por las molestias, pero como me engañaste debo retirar mi texto.
El libro supuraba independentismo por todas partes. Las palabras "Catalunya", "nación", "soberanía", "cultura catalana", "dignidad" e "independencia" estaban repetidas en un prólogo de menos de 20 líneas.

Hasta ese momento, mi interlocutor había cometido una inferencia errónea (pero habitual entre los de la caterva): infirió que mis apellidos catalanes me obligaban a la causa secesionista. Eso suele suceder. Al principio me divertía. Ahora me hastía.

Los de Esquerra republicana de Catalunya no han sido jamás de fiar. Acuérdense del gobierno tripartito catalán, sociedad de la que tuvieron que ser expulsados por el presidente Maragall por infiables, mezquinos y pueriles. La historia de ese partido (más que partido, unas siglas en venta permanente a la espera del mejor postor desde que se quedaron huérfanas al final de la guerra civil) es esa y nada más que esa. Solo así se explica que por esas siglas hayan pasado el fascista de Vic Josep Dencàs, dos asesinos de ultraderecha como los hermanos Badia (Miquel, el psicópata "Capità Collons" y su hermano Josep) y a la vez el místico Àngel Colom, el presidente de la Bolsa de Barcelona Joan Hortalà o el beato Junqueras. [Me pregunto: ¿tendrán todos ellos en común una cosita que se llama Opus dei?].

No me cabe en la cabeza que alguien se plantee llegar a pactos con ese personal, cuyo bajo perfil intelectual solo se compensa con su actividad frenética en el folklore: castellers, bastoners y minyons escoltes o, en su defecto, monitores de esplai rústico y tractoril. Como tampoco me sorprende lo más mínimo que los abogados de Junqueras afirmen que su cliente no hizo nada y que todo fue un engaño, una broma, una gimcana de colonias de verano celebrada en otoño. Lo curioso de todo eso, lo único relevante, es que existan personas dispuestas a darles el voto a la mínima de cambio, o ingenuos como mi interlocutor, que considera a ese partido un partido de izquierdas (a lo sumo vagamente liberal, en la línea de Rivera) o republicano sin tener ni idea de lo que es el republicanismo. Creo que mi ingenuo interlocutor estaba convencido de que un republicano es aquel que cuelga la foto de Felipe del revés, o algo así. Y luego se va a la Indepetaberna a meterse unas cervezas del Montseny entre pecho y espalda para celebrar su virilidad y para rapsodiar, una vez puesto, unos versos muy lindos del poeta Gabriel. ¿Gabriel Celaya? ¿Gabriel d'Annunzio? ¿Ferrater?. No. Del poeta Gabriel Rufián.

10 de juny 2019

El chino tonto y el catalán listo. O alrevés.

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Leí una novela penosa y con voluntad de negra (negra y catalana = penosa) titulada "L'amant xinès". O sea: El amante chino. Se presentaba como negra, pero era más bien rosa con fondo gris. No recuerdo el nombre de su autora, pero creo que recibió varios premios por ese bodrio y no me extrañaría nada que alguno de ellos le fuese otorgado por el Òrgan Cultural de los tiempos de Cuixart el reo, o de la Institució de les Dèries catalanes, de cuando Borràs la inane. Recuerdo que era un texto malísimo, redacción digna de alumno mediocre de segundo de la ESO, vagamente racista aunque con ese disimulo ambiguo y tan catalán, el que simula el deseo de acoger a extranjeros pero se limita a que sean extranjeros del estilo del pobre Cotarelo, Talegón o Matthew Tree. Aunque, por cierto: la acogida de Cotarelo y Talegón (los que luchan contra la banda del Chicharrón) deja bastante que desear. Al Tree lo trataron bien, aunque a día de doy le veo un poco desenfocado. Al igual Arturito Mas se tragó el bodrio de la autora catalana y pensó lo mismo que su abuelete el traficante de esclavos (el Pigat de Vilassar): a los chinitos se les puede engañar con facilidad, como a los negritos.

Por esos días  ha salido a la luz que nuestro viejo amigo Mas (el que la Cup quiso mandar a la papelera de la historia pero es la Cup la que se encuentra en el contenedor del rechazo) quiso pactar un acuerdo con el gobierno chino para obtener un préstamo que financiase la independencia catastrófica de la cosa catalana.

Creo que Mas y su equipo todavía pensaban que los chinos con como los chinos de los chistes racistas de la época colonial (la edad de oro de la burguesía catalana), esa pobre gente de piel amarilla y ojos rasgados que desean ser engañados como chinos. Ser, lo son. Chinos, digo. Pero otra cosa es que, a estas alturas, deseen ser engañados por unos pazguatos catalanes. Creo que Mas y los suyos, y sus descendientes, no han salido al mundo ni se han apercibido de que el mundo a su alrededor ya no es el de cuando Guifré el Pil·lós. Ni tan solo el de cuando Guerau de Liost o la Mancomunitat de Prat de la Riba. Los chinos ya no son los chinos que fueron. Ahora son listos y son ellos los quienes engañan a los espabilados de medio pelo, como Mas o el beato Junqueras.

En los tiempos en los que Mas intentó engañar a los chinos, circuló una cosa fake de esas que tanto abundan en el mercadillo procesista, y que rezaba algo como así: los listos catalanes les ofrecemos el puerto de Barcelona a los chinos para que instalen una base militar, y a cambio nos dan un pastón increíble para financiar la república catalana, independiente y deficitaria. Quizás el tuit que contaba eso les contó a los chinos el dato más relevante: la república es deficitaria. Es decir, inviable. La verdad: nunca más se supo del pastón chino. Mas hizo mutis al respecto (tan prudente como inhabilitado) y la cosa cayó en el abismo negro del olvido. La patria recuerda y olvida con gran solvencia. La patria es eso: recuerdos -falsos a menudo- y grandes olvidos. Solo así se mantiene una ficción patriótica.

El crédito de los chinos se evaporó en la nada, por lo visto. Mala cosa. La republiqueta perdió otra ocasión de financiarse que no sea a costa de mesas petitorias para alimentar al loco de Waterloo, de donativos para la caixa de resistencia o de ingresos en la cuenta solidaria de la ANC. Por lo que leo, las tres opciones recaudan miseria y media. Quizás no solo los chinos se hartaron de los catalanets: quizás los propios catalanets se están hartando de sus Vivales, sus jetas y sus vividores. De seguir así, llegará el día en que el "poble català" se dará cuenta de que el procés y toda su feria de vendedores de crecepelo solo ha sido eso: un timo, una estratagema para mantener el tren de vida de unos listos que, aún siendo tan listos, no consiguieron engañar a los chinos, algo que antaño conseguían hacer incluso los pueblerinos de la Cataluña profunda, los carlistas y los del tractor.

7 de juny 2019

Rey o república: una novela

Resultat d'imatges de trono de sangre

El dilema está ahí. Monarquía o república. Uno diría, que, por principios éticos, uno es más favorable a la república. Eso es un concepto, una idea. Luego está lo concreto. En lo concreto uno no es partidario de cualquier república, ni opuesto a cualquier monarquía por el mero hecho de ser una cosa o la otra.

Hace poco me respondieron que  la república es más barata que la monarquía. Eso me lo dijo uno que es catalán. Es buen chico pero es catalán, así que no hagan mucho caso. El buen chico catalán también dijo que con el dinero que nos ahorraremos por no mantener a un monarca haremos muchoas políticas sociales. Aquí ya no pude sostener mi carcajada interior, y se me salió toda para afuera.

Debatir sobre si un modelo de estado es más barato que el otro es un debate de barra de bar, con perogrulladas y sandeces por doquier y a ambos lados del mostrador repleto de cascos de cerveza. Siento decir que, por lo general y en Europa, las repúblicas son más caras que las monarquías. Pero el precio, lo repito, discutir sobre el precio me parece lamentable. Eso es una discusión de vendedores de grifos, de ollas a presión o de tarifas de telefonía móvil.

Visto lo visto, uno concluye que las monarquías constitucionales europeas son mejor garantía de buena calidad democrática. Aunque sin echar cohetes. Todo es discutible. Una república es un modelo que parte de la igualdad en todos los estamentos y los sentidos. Pero en cuanto nos pasamos a los ejemplos prácticos, el principio ético flaquea. Las repúblicas africanas no son un buen modelo de nada. Tampoco las monarquías, es cierto. Ahí hay empate. Si seguimos por el lado post-soviético, nos vamos a dar de bruces con unas repúblicas penosas, desprovistas de democracia por más que pongan urnas y celebren referéndumes.

Vamos a elaborar un ránquing de calidad democrática basado en criterios europeos. Francia no puede competir con Inglaterra: mantienen un empate técnico. Dinamarca, Suecia, Holanda, Bélgica: son democracias monárquicas a las que nos gustaría parecernos. Luego está Portugal, que es caso aparte, y un caso envidiable en muchos aspectos.

Hace varios años, justo al principio de la cosa del "procés" catalán, escribí el guión de una novela negra que mandé a dos editores. Los dos me mandaron a freir espárragos. El guión trataba de un pobre tipo, Llibert Busquets (hijo de catalán convergente y de andaluza sin filiación pero con hambre) funcionario burócrata de la Generalitat de Cataluña, que recibe el encargo de encontrar a los descendientes de una supuesta línea dinástica catalana. El pobre funcionario (inspirado en el protagonista de "El abrigo" de Gogol) se presta al encargo con toda la ilusión patriótica posible, y actúa lleno de nacionalismo entusiasta: está convencido de que Cataluña merece ser un país independiente de España y, firme creyente en las monarquías, se lanza a la realización de su misión. Está convencido de que, en cuanto dé con el heredero legítimo del trono catalán, su patria será reconocida en el mundo y sin necesidad de molestos trámites democráticos.

Pero... cada vez que detecta a un posible heredero de la corona catalana, este aparece muerto en extrañas circunstancias.

Conforme avanza la trama, el protagonista desdichado sospecha que quizás está siendo utilizado por un poder oscuro y asesino. Al final de la novela, el protagonista huye de Cataluña porqué se sabe perdido y se exilia en Burgos. Es en Burgos en donde escribe su historia y entonces les pide ayuda a las autoridades burgalesas, que le desoyen y le tratan como a un vulgar orate. En sus memorias, el pobre burócrata catalán comprende que le encargaron descubrir la línea sucesoria de Guifré el Pil·lós para poder eliminar a todos los candidatos, ya que el secesionismo catalán pretendía recurrir a la fórmula republicana tras demostrar que no hay descendiente vivo de la dinastía nacional. El protagonista descubre, por fin, y en pleno delirio, que tras su encargo envenenado está Marta Ferrusola.

El argumento, mejorable, se lo regalo al señor Boadella.

Bueno, eso es, en resumidas cuentas, lo que opino del debate entre monarquía y república.

¡Uy! me olvidaba de decirle algo a la diputada Laura Borràs: si algún día vuelve a entrevistarse con el Rey de España, le pido que no le repita que los catalanes no tenemos rey. Dígale, por favor, que una parte de los catalanes prefieren una república autoritaria como la que nos intentaron endosar ella y sus amiguetes.

4 de juny 2019

El Probe Torra se va a Sitges

Resultat d'imatges de tintin en el nuevo mundo

Cuando tenía algo menos de 30 años leí la novela titulada "Tintín en el nuevo mundo", debida a un tal Frederic Tuten y editada por Muchnik. Tras una apariencia ligera y cómica, el tal Tuten procede a versionar la árdua Montaña mágica de Thomas Mann. Es un texto que fluye, aunque participe de aquella postmodernidad que, a día de hoy, reprobamos casi todos: no, no todo vale. Sin embargo, yo diría que hay mucho más que postmodernidad en la novela del tal Tuten.

Sea como sea en cuanto a corrientes ideológicas -con sus correspondientes correspondencias estéticas- el tal Tuten procede a situar a un personaje de la cultura pop en el universo de Mann. A mi me gustó la novela, pero sin desmayos de placer. No sabría decir que diría si la releyese hoy. Fuese como fuese, debo decir que la idea de situar a un personaje ajeno y extemporáneo en un mundo alejado me parece un buen ejercicio. Peter Greenaway hizo "Eisenstein en Guanajuato" con resultados discutibles pero interesantes. Twain hizo "Un yanqui en la corte del Rey Arturo" mucho antes que todos, y el resultado es muy divertido. Situar a un personaje en un medio ajeno, hostil o muy lejano es un buen programa. ¿Qué haría el Capitán Achab si, tras el desastre del Pequod, amaneciera náufrago en una playa cubana?.

Y ¿qué haría el señor Artur Mas si naufragase en su yate menorquín y las corrientes marinas le llevasen hasta la playa del Cap d'Agde, el paraíso del sexo liberal?. Eso son buenos puntos de partida para argumentos novelescos.

Así pues, unos días atrás, el buen señor Torra se personificó en Sitges, en la inauguración de unas jornadas que celebra allí cada año el Círculo de Economía, una de las pocas entidades catalanas que no hacen bandera de su filiación geográfica y que no incluyen el adjetivo "nacional" en su nombre. Eso es algo programático, una evidencia que el señor Torra debería haber tenido en cuenta. El Círculo de Economía se autotitula así y no se autotitula "Cercle d'Economia Català" o "Cercle Nacional d'Economia", y eso debe ser por algo. Pero el bueno de Torra, henchido de idealismo y entregado a la lírica patriótica ratafiesca, les largó el mismo discurso que les larga a los socios fundadores de la Fira de la Babosa Encebada de Sant Crispí de les Roures: los problemas de Catuña se resolverán con la indepe, Catuña es una tierra oprimida, vivan los lazos amarillos, Puigdemont el nostre pezidén, llibertat pèsols, etc.

Los empresarios reunidos en Sitges intentaron hacerle entrar en razón con buenas formas y maneras, e intentaron contarle que el señor Torra en Sitges era como Achab en Cuba, o como Artur Mas en el Cap d'Agde. Intentaron hacerle comprender que algo chirriaba en su discurso, que algo andaba mal. El Señor Torra, como Don Erre Que Erre, insistió en lo suyo. Los empresarios del Círculo insistieron de nuevo, y Torra reinsistió en lo suyo. Eso se llama "diálogo para besugos" en lengua vulgar, o "enorme valentía" en la lengua de los redactores de Vilaweb. En cualquier caso, vamos a optar por el término medio: "aquí hay uno que no lo pilla".

El Señor Torra dijo, en cuanto se vió acorralado por las evidencias, que todos los problemas de Cataluña se van a resolver con la independencia de la ídem. Y les pidió a los empresarios del Círculo que le ayudasen en su noble objetivo. Es decir: el pobre hombre no solo no comprendió nada de lo que le contaban, sinó que insistió en declararles que no pensaba comprenderlo. Ahí, en este punto, el señor Torra coincide algo con el Tintín en el Nuevo Mundo o con Eisenstein en Guanajuato. Hay una disociación cognitiva, un problema, un algo. Quizás no sea tan grave como el problema mental que tiene el pseudoeurodiputado Puigdemont, pero no es un problema menor.

El problema gordo y de verdad lo tenemos los electores catalanes, que votamos a liantes y a personas que jamás se van a interesar por la realidad nuestra de cada día. La realidad que es la única realidad. La realidad (o el Círculo de Economía) suele tener su lógica, una lógica que no entiende de "mandatos" ni de referéndums de chichinabo. Se debe respetar la realidad del mismo modo que su versión legal, que es la democracia y las instituciones. La realidad también le contó algo al Probe Torra hace unos días, a través del tribunal europeo de los Derechos Humanos: las instituciones no pueden desobedecer las leyes. Si lo hacen no están ejerciendo el derecho a la desobediencia (que es derecho de las personas pero no de las instituciones): cuando las instituciones desobedecen a la ley cometen un delito. Es así de simple.

Esa es la realidad, y de eso solo hay una. Luego están las realidades paralelas de los locos y los extraterrestres, pero esas no sirven para la convivencia en una democracia. El papelón del Probe Torra en Sitges me avergonzó. Mire, señor Torra, le pido algo con todos mis respetos posibles. Cuando hable de la voluntad del pueblo catalán aténgase a la realidad y exclúyame de ese grupo, a ser posible de forma explícita. Mire la realidad, entiéndala, acéptela. Inténtelo. Imagínese usted que más de la mitad de los catalanes nos aplicamos su cuento y empezamos a desobedecer a la Generalitat, cosa que no hemos hecho. ¿Qué sucedería? ¿Tan difícil es velar por la cohesión social? Más de la mitad de los ciudadanos de esa comunidad autónoma se lo agradeceremos.

En caso contrario, hablemos de Tabarnia.

2 de juny 2019

En la sociedad del riesgo

 

Eso es la sociedad del riesgo y todos lo admiten. Pero a la hora de la verdad exigen seguridades. Se siguen casando por la iglesia y por lo civil, siguen firmando hipotecas (algunos incluso en Galapagar), y siguen votando a los partidos conservadores. O a los neoconservadores, como el millón de electores que han optado por el candidato Puigdemont, que solo pretende conservar el chalé en Waterloo.

En la sociedad del riesgo lo que estaba asegurado ha dejado de estarlo. Por eso abundan los anuncios de las aseguradoras, que igual le aseguran su casita a orillas del mar cuando el nivel del mar está subiendo sin que nadie lo pueda detener.

En la sociedad del riesgo nadie quiere el riesgo pero votan el riesgo. Los empresarios de Cataluña han votado para presidir su Cámara a un descerebrado que parece sacado de una cervecería del Munich de los años 20, que era una cervecería del riesgo. La atracción del abismo, dijo un viejo profesor de estética. Se refería al romanticismo, pero se refería a nosotros. La atracción del riesgo. El nihilismo alienta en el cogote del riesgo, en el cogote del populismo. En mi ciudad, ganó las elecciones municipales un grupo amorfo en el que se destacaban actrices venidas a menos y deportistas ídem. Ganó eso, el riesgo. Ganó la propuesta sin ideología, la del riesgo. Mi generación no sabe si, en cuanto nos llegue a la edad de jubilarnos, el estado nos prestará subsidio alguno por jubilación. Y votan al populismo. Bravo. Nos vemos dentro de diez años y lo hablamos. Igual nos vemos y lo hablamos en las pausas de tres minutos que no dejen mientras servimos como camareros jubilados en las terrazas de los turistas de la Barceloneta.

Yo no es que haya metido la cabeza bajo tierra como un avestruz, pero tampoco la levanto mucho, la verdad. Me quedo en mitad del camino.

Mientras tanto colaboro con mis cosillas. Hoy he terminado de decorar la réplica de una màquina Arcade de los 80 que estará en el Centro Abierto de los chavales del barrio en donde he ejercido de maestro este curso. Este y el otro. Esa es mi contribución a la sociedad del riesgo, y no se me ocurre otra. Ni mejor ni peor. Dedicar unas horas de mi vida en decorar unos paneles de madera que les alegren la vista a esos chavales que lo tienen jodido, para qué vamos a engañarnos. Sus padres vinieron del norte de África y ellos se esfuerzan por aprobar las asignaturas de lenguas castellana y catalana sin saber qué premio les darán. Les dijeron que había un premio, uno sin determinar.

A nosotros, años atrás, nos dijeron que en España había un invento llamado "ascensor social" y que funcionaba a base de titulaciones académicas. Ese invento se jodió hace tiempo, pero lo cuentan todavía. Ascensor social. En la sociedad del riesgo el ascensor se estropeó. Se quedó atascado entre el principal y el primero. Para rescatar a los viajeros del ascensor, los bomberos no encuentran otra alternativa que bajarlos hasta el entresuelo. Y que se despavilen.

Mientras tanto sigo pintando mi máquina Arcade para los chavalillos. Pinto unos zombies, unos invasores del espacio, un Mario, un Pacman y otras cosas de la época en que el ascensor social funcionaba, con sus múltiples metáforas.

Me ha costado una pasta en pintura decorar la máquina. Bueno, no pasa nada. Eso es el riesgo. En la sociedad del riesgo. Tras mi solidaridad y mi riesgo está mi ego, claro: ¿a qué es bonita la máquina?





31 de maig 2019

¿Conflicto de lenguas o víctimas con alma opresora?

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El supuesto conflicto entre las lenguas que se hablan en Cataluña es uno de los temas predilectos de ciertos filólogos, que nunca se cansan de reivindicarse como víctimas. Por causa de mi profesión, no pasa semana en que no oiga hablar del asunto. He detectado que, últimamente, los victimistas han encontrado una solución a su conflicto: eso lo arreglaremos con la independencia. Es el argumento más usado por el Señor Torra, que lo usa como solución (mágica) a cualquier problema que se le plantee: ya sean las tasas universitarias, las listas de espera de la sanidad o la producción de la ratafía. La independencia lo arreglará todo.

Históricamente, por hablar como un experto, el conflicto lingüístico siempre ha generado esas dos actitudes: la victimista y la opresora. Los unos se conforman, se entretienen y se regocijan en ser víctimas, algo que va incluído en el código genético del buen catalán pues ya las cuatro barras de sangre las inventó una víctima. Los segundos, que son menos, siempre han optado por la opresión. Caña al español, el español fuera de las instituciones y de la vida pública, fuera de la educación, fuera de teletres, fuera, fuera.

En el primer grupo está una entidad que promueve la compasión: Plataforma per la Llengua (sin especificar a qué lengua se refiere) es una Ong. ¿Será la lengua esquimal? ¿Será la de una tribu africana maltratada por el inglés de los colonizadores? No. Cuando en Cataluña se prescinde del objeto en un frase, el objeto no es otro que el de siempre: Cataluña. En este caso, lo que ellos consideran que es la "lengua propia". El catalán. Pasa lo mismo cuando piden la libertad de los presos políticos: no se refieren a ningún preso político del mundo -haberlos, haylos-, si no a los presos chanchulleros que con tantos miramientos están siendo juzgados. A la caterva de Junqueras, Rull, Cuixart y compañía.

Algunas cosas solo pueden suceder en una región del mundo, y esa región no puede ser otra que Cataluña. Mira que suerte la mía. Entre ellas hay una que siempre me ha producido una gran dicha: la Plataforma per la Llengua, que se presenta ante el mundo como una Organización No Gubernamental para pillar subvención, pagar cero impuestos y obtener espacio en el foro de los humanitarios. Es muy curioso: en una región en donde el catalán es lengua oficial, obligatoria y vehicular en la educación y la única en la que se expresa la administración, hay un grupito de almas humanitarias que luchan por la defensa y la salvación de la lengua catalana.

Cuando uno acude a su página web descubre algunas curiosidades añadidas y así es como uno termina por preguntarse si esa ONG no será una ONGfake, o una creación de los Monthy Pyton. Quizás un sueño buñuelesco, una broma berlanguiana o una boutade daliniana. Se parece mucho a un gag de Els Joglars que está por hacer.

En el lado opuesto al victimismo ridículo de Plataforma per la Llengua está el señor Pau Vidal, que sigue arremetiendo, casi solo en el desierto, todavía afecto a las ideas del grupo Koiné. Ambos parten de la misma premisa: la lengua catalana está muy malita (ambos prescinden de cualquier atisbo de autocrítica o de análisis racional), pero Vidal no opta por defender su lengua con mecanismos humanitarios, si no que exige la creación de un estado catalán. ¿Qué haría un estado catalán que no haga ya el estado español para proteger la lengua catalana? Solo cabe una posibilidad: la posibilidad de prohibir. Un estado catalán que prohiba el uso de la lengua española es lo único que pide Vidal. Ese es el estado plural y progresista que tienen planeado.

Yo, por mi parte, he resuelto el conflicto en la intimidad. Como lo hizo Aznar. Y tenía razón: la intimidad resuelve gran cantidad de asuntos con la ventaja de que uno no debe salir a tocar las narices a los demás ni a decirles como deben comportarse ni en que lengua deben comunicarse. Hace ya un tiempo decidí escribir en castellano (por lo menos mientras esta lengua esté secuestrada por el victimismo nacionalista), aunque sigo siendo hablante catalán y hablante bilingüe sin vergüenzas ni complejos. Por mi profesión, sigo dedicado a la docencia del catalán y del castellano.

Yo les recomendaría a los victimistas y a los opresores que hagan lo mismo. A mi me va bien: estoy tranquilo, vivo sin un conflicto prescindible y me importa un pimiento el futuro del catalán. Y del español. El latín no disponía de un estado que le defendiese: tenía un imperio. Y ahí está. Y antes de él estaban las tribus íberas, que no tenían estado pero a brutos no les ganaba nadie (salvo los celtas, quizás). Y la lengua íbera ahí está, en el substrato más substrato.

Lo dijo Albert Boadella y parecía una boutade, pero es un pensamiento que se debe tener en cuenta: "el catalán produce infelicidad en sus hablantes", dijo. Aunque yo creo que, si un día se resuelve el conflicto lingüístico en Cataluña, los victimistas optarán por sentirse víctimas de la condición de mortales de los buenos catalanes y crearán la "Plataforma per la Vida Catalana", mientras que los opresores como Pau Vidal prohibirán la muerte de los catalanes.
-Eso de la muerte lo arreglará la independencia, dirá el Muy Honorable, al fin de un bonito discurso en l'Aplec dels Aromes de Montserrat de Collbató, o en la Fira de l'All Ranci de Sant Prepuci de les Cebes.


27 de maig 2019

Carta al Juez Marchena

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Señor Juez,

Sigo el juicio que se celebra en su Tribunal, aunque de forma esporádica y, muchas veces, a través de resúmenes, crónicas periodísticas o fragmentos de video. En tanto que ciudadano lego en asuntos jurídicos, no se se me ocurriría reprocharle nada. Del mismo modo que no le discuto al médico sus diagnósticos o al físico sus hipótesis sobre la gravedad universal. Zapatero, a tus zapatos, me digo.

Y dicho esto, y sin ánimo de nada, me gustaría comentarle algo: he visto que las defensas de los políticos juzgados han aportado multitud (una multitud sorprendente e incluso bochornosa) de personas que se consideran ultrajadas, vejadas o golpeadas en los sucesos de septiembre y octubre de 2017, en Cataluña. A mi me hubiese gustado ver testimonios de personas que, como yo, se sintieron agredidas, forzadas, humilladas y angustiadas ante el embite de unos políticos (esos que están sentados en el banquillo de los acusados) que pretendieron quitarnos nuestra nacionalidad con argucias delincuentes, que intentaron negar nuestros derechos y quebrar las normas de la convivencia con un uso espurio de la democracia y unas falacias que parten de la más absoluta falta de sentido democrático. Digan lo que digan, esas personas no han creído jamás en la democracia. Solo se han aprovechado de ella, de las grandes garantías que les brinda el sistema judicial español y su Constitución, esa Constitución de la que reniegan una y otra vez.

Quizás las acusaciones deberían haber citado a declarar a personas que, como yo, vivimos las fechas de septiembre y octubre de 2017 como una violación de las normas de convivencia. Personas que, como yo, sufrimos consecuencias emocionales. Situaciones desagradables que afectaron a las relaciones personales, a las familiares. Y un acoso laboral velado, o más o menos velado, como quien habla en broma ("si piensas así, te vamos a echar, no hombre, no te lo tomes así, era una broma"). Vivimos con un malestar latente que la ciencia indica como uno de los factores de riesgo para la salud. Mi caso quizás no sea grave, pero tampoco lo era el de algunos testigos de la defensa. Todos sabemos de casos en los que el posicionamiento en contra del secesionismo de aquellas semanas les ha llevado consecuencias desagradables, una tensión sorda camuflada bajo eslóganes de "libertad", "democracia", etc.

Sin ser una víctima en sentido estricto del estado violentado que promovieron esos señores que están sentados en el banco de los acusados, sí me considero víctima de una agresión: ellos me crearon un malestar profundo, y tuve que replantearme mi relación con el territorio en donde nací, la profesión que desarrollo (que es la docencia). Ellos me hicieron sentir mal con mis orígenes, con mi territorio, con mis compañeros, con algunos de mis familiares directos. Y ellos no son conscientes de eso, y si lo son parece importarles un bledo con tal de lograr sus fines políticos, unos fines que nadie sabe definir: a veces solo parecen querer mantener el poder o los privilegios, a veces socavar los cimientos de un estado democrático de Europa.

Así pues, y sin saber nada de jurisprudencia, me pregunto qué valor tendrán los testimonios de quienes se sintieron agredidos el día 1 de octubre. Y me pregunto porqué no ha declarado ninguno de quienes sufrimos la angustia provocada por el secesionismo, un secesionismo promovido por los medios de comunicación públicos catalanes, sufragado con el presupuesto público del estado.

Tal como he manifestado en las primeras líneas, desconozco el mundo de las leyes y la jurisprudencia, pero aún así, desde la ignorancia, quiero hacerle llegar mi comentario, mi aportación personal, ya que ese tipo de sucesos personales no han aparecido en el juicio a los líderes independentistas catalanes, que se presentan en la opinión pública catalana como pulcrísimos demócratas pacifistas, incapaces de causar ningún daño, ningún dolor. Y eso es falso.

Atentamente,

Un ciudadano catalán


24 de maig 2019

El sexo, consentido. Y las urnas, legales.

Resultat d'imatges de urnas

Hay poca autocrítica en el bando lazi. Suele haber más debate en el lado opuesto, quizás porqué estamos más repartidos. Sin embargo, entre esa autocrítica tan escasa, el otro día me encontré con uno que se pregunta: "¿Porqué los políticos presos causan tan poca empatía en gran parte de la sociedad catalana?" Y a continuación insinúa: "Quizás hemos hecho algo mal". Bendita sea la ingenuidad, tanto si es real como fingida.

Eso mismo lo conté en una conversación informal de las que suele haber en el trabajo. Lo aporté porqué pensé (ay, mi ingenuidad) que quizás a partir de eso surgiría un lugar común, algo, algo a lo que acogerse para un primer diálogo. (Sobra decir que el hecho sucede en un entorno educativo y catalán). Estaba equivocado, como siempre. La interlocutora más locuaz no comprendió mi gesto diplomático. Es más: creo que intuyó que por fin me había pasado a sus filas, algo que esperan desde hace tiempo como quien espera que el árbol del membrillo dé membrillos y no limones llegado su momento.
-Es cierto, es increíble que haya gente que les desprecie o se burle de ellos. Esos pobres solo pusieron urnas. Votar no es delito.

Me quedé pensativo (y triste) durante unos segundos, hasta que recordé un argumentario muy sencillo que es útil para esas ocasiones.
-Oye -respondí en cuanto me sobrepuse a la tristeza- ¿Tu crees que hacer sexo es delito?

Un mohín de sospecha torció su boca y entornó sus ojos. Permaneció en silencio, expectante. Su esperanza en lo de los membrillos se vino abajo enseguida, lo vi en su gesto.
-Te voy a responder: hacer sexo es delito o no en función de como se haga. Si se hace sin consentimiento, por la fuerza, abusando de alguna forma de poder o de imposición, es delito. Si se hace consentidamente, no. ¿Hacerse rico es delito? Quizás no sea ético, pero delito no lo es. A no ser que uno se haga rico robando, mediante la corrupción o la estafa. Pues eso. Es lo mismo que debatir si votar es bueno o malo: depende. Depende de como, de donde y de cuando.

Creo que el discurso de "votar no es delito" ha empequeñecido el pensamiento y lo ha secuestrado. No solo el pensamiento de los lazis y los soberanistas varios si no también de ciertas izquierdas, que no han encontrado la vacuna ante tan pasmosa estupidez. Así, entre los uno y los otros, nos hemos quedado compuestos y sin amparo los otros, los que a día de hoy no sabemos encontrar nombre para definirnos: constitucionalistas, españolistas, unionistas, fachas, imperialistas de mierda, colonos y botiflers, todo eso sirve para señalarnos. Ellos son, simplemente demócratas que solo querían votar y defensores de presos injustamente, lo cual parece bonito, bello, elegante y progresista. Han conseguido invertir las posiciones con una jugarreta tan audaz como simplona. Los totalitarios son los más demócratas, y los que defendemos la democracia y la Constitución somos fascistas o autoritarios.

No, no hubo debate. No hubo diálogo. El curso termina con la misma frustración, con el mismo desengaño, con la misma pena. Personas que hemos compartido un montón de proyectos comunes terminaremos el curso sin haber sabido dialogar sobre la convivencia. Quizás eso no era primordial para realizar nuestra tarea, pero hubiese estado más que bien. En el próximo curso habrá dos bajas en este centro laboral: una equidistante y un servidor (que no sabe si debe presentarse como españolista, unionista o facha). Porqué, si en el centro de trabajo en donde estaré el próximo curso se me ocurriese presentarme como: "Hola, soy Luis y soy demócrata", todos pensarán que soy lazi y pido la libertad de Junqueras y el regreso triunfal del zumbado de Waterloo.

Si intento contarles que viví el septiembre y octubre de 2017 con ansiedad, como una agresión indecente, como un abuso y como una violación en toda regla no van a comprender nada. Sin embargo, eso es lo que pasó. Menos de la mitad del censo catalán intentó robarme mi nacionalidad con un referéndum estúpido, tramposo e ilegal, y luego violando las normas de convivencia. Del mismo modo que ellos, yo podría proclamar: "Ni olvido ni perdón". Pero ¿para qué?.

Por desgracia, señor Sánchez, creo que no hay diálogo posible. Aunque desconozco la solución. Por mi parte creo que, hasta el fin de mis días me debatiré entre largarme de ese país zafio y quedarme a defender lo que creo. Por fin he comprendido (¡hay que ver lo que me cuesta comprender!) el poema de Salvador Espriu "Assaig de càntic en el temple". ¡Vaya! Ahora me doy cuenta: los lazis no reivindican jamás al que fue, décadas atrás, el poeta de Cataluña.