20 de set. 2019

A propósito de Jordi Soler (video-reseña). Tras los pasos de la princesa Xipaguazin

Jordi Soler nació en la Veracruz de México, aunque tomó el apellido de su madre, nacida catalana. Solo he leído una novela de ese autor, "Ese príncipe que fui" pero me gustó tanto que no dudé en dedicarle una entrada en mi colección de reseñas animadas. Cuenta una historia que empieza en 1.500 y pico, con Hernán Cortés i el barón de Toloríu, Juan de Grau, correteando por Tenochtitlán. La princesa Xipaguazin, hija de Moctezuma II tiene un papel muy importante en esta historia, pero ya no cuento más. Solo decir que la prosa de Soler es fascinante.

17 de set. 2019

Las Doloras de Campoamor

Esta entrada del Blog se la dedico al Chordi de Barcelona Street Art


El poeta asturiano definió así a sus Doloras: "¿Qué es una humorada? Un rasgo intencionado ¿Y dolora? Una humorada convertida en drama ¿Y pequeño poema? Una dolora amplificada."

En el barrio mucha gente dice que vive en "Campoamor". Aunque otros prefieren decir "Espronceda". Hay un debate sobre poetas antiguos y románticos. Si hubiese un duelo, ganaría Campoamor, que se batió en duelo con un militar, al sable, y le venció. Los poetas no hacen poesía solo con la pluma, y el viejo dilema entre la pluma y la espada, Campoamor lo resolvió con la síntesis. Es decir, con la suma. Para algunos asuntos, la pluma. Para los otros, la espada. Eran otros tiempos. Alguien dirá que la gente del barrio de Campoamor (o de Espronceda) no lee poesía, que como mucho reguetón o rap magrebí. Pero la poesía está en la calle, y no se escribe con plumas ni con espadas. La poesía simplemente está.


(Con un click en las fotos, se agrandan)
Toulouse-Lautrec al pie de un árbol. ¿Quién necesita pintura modernista?

¿Bofill? ¿Nouvel? ¿Quizás Bohigas?

Un artista se lleva un lienzo virgen para su casa.

Esquina de la calle Aribau.

Dos pares de zapatos de mujer. Los negros, de tacón de aguja (algo gastada).

Las viseras.

Esquina de la calle Salvador Seguí.

La pelota se la quedó Campoamor.


El paseo termina ante un rótulo publicitario inesperado, que invita a visitar una exposición de escultura en Perpiñán. No solo la poesía, pues, abunda en el barrio. También un arte tan noble y rudo como la escultura.
Voy a confesar algo íntimo: la arquitectura franquista de los 70 (que se parece como una gota de agua a otra gota de agua a la arquitectura soviética para los suburbios de Bucarest, por ejemplo), tiene algo que me gusta. Conseguían algo agradable, árboles, mucho verde, grandes zonas peatonales y pequeñas plazas interiores sombreadas, pequeños barrios humildes y apacibles para niños y ancianos. Otra cosa, claro está, son las medidas y la calidad de los pisos, que son infames.


14 de set. 2019

¿Como se puede desjoder Cataluña?

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En la novela "Conversación en La Catedral", un personaje de Vargas Llosa pregunta ¿En qué momento se jodió el Perú? Muchos nos preguntamos en qué momento se jodió Cataluña: ¿en el siglo XIX, con el poema de Aribau? ¿Con los mitos de la Renaixença y todas sus fantasías nacionales y sus falsedades consiguientes? Hay quienes argumentan que el pecado original, la génesis del problema que sufrimos hoy, está en el recurso de Rajoy contra el Estatuto de Autonomía de Maragall, y hay quienes lo sitúan en la campaña del "català emprenyat", que tenía algo que ver con los retrasos de los trenes de la Renfe y los peajes de las autopistas catalanas. Hay más explicaciones, como la de Jordi Amat en "La conjura de los irresponsables" (Anagrama, 2017). Todas contienen algo válido, pero ninguna lo responde con una respuesta satisfactoria por completo. La respuesta es más compleja porque la realidad es más compleja que sus análisis. Se debería buscar (encontrar) un análisis capaz de contenerlos a todos. Sin embargo, todos los esfuerzos analíticos solo nos llevan a un diagnóstico: Cataluña está jodida o muy jodida: fracturada socialmente por el asunto nacionalista, en la cola nacional de la inversión en sanidad y en educación, etc. Nos faltaría el pronóstico. Y luego el tratamiento, que debería responder a una pregunta post-vargasllosiana:
-¿Como se desjode Cataluña?

Para desjoder Cataluña se deberían cambiar los discursos. Deberíamos salir de las trincheras, me lo sintetiza así un amigo. Deberíamos hablar de ética, de democracia, de civismo. Se debería abandonar el terreno del mito, ese territorio embarrado e irracional que solo pretende enfrentarnos. Abandonar la discusión sobre naciones, dejar de pelearnos por las banderas en los balcones, por los himnos en los festejos, por el número de manifestantes en una u otra manifestación.

Para desjoder Cataluña también se debe aclarar quiénes y porqué la jodieron, y repasar con calma y análisis tranquilo los hechos. Las maniobras nacionalizadoras de Jordi Pujol durante sus 23 años de reinado en el gobierno autónomo deben ser expuestas y aclaradas. Cualquier intento de pasar página debe proceder con una previa operación higiénica en la que se expongan los agravios, los abusos que cada parte ha estimado. En el ámbito de la mediación siempre hay una pre-mediación. Se deben conocer los datos. Ese Programa 2000 que está publicando El Triangle es útil para ello.

Yo soy testigo de los resultados de la aplicación de ese Programa 2000 de Pujol, y puedo contar el desastre que produjo su plan de nacionalización en la educación pública catalana. A día de hoy, Cataluña es una de las tres comunidades autónomas españolas con menor inversión pública en educación, pero sin embargo la mayoría de los docentes se preocupan por la preeminencia de la lengua catalana en las aulas (y ahora en los patios también) y no protestan por la desinversión.

Hay que pensar en como se sale del atolladero, porque es fácil intuir el hartazgo en ambos bandos, y se debe aceptar eso: que se han creado dos bandos y que es casi imposible y completamente inútil buscar diálogos o entendimientos hoy por hoy. Este punto, el del agotamiento en ambos bandos y la imposibilidad del diálogo, es un mal lugar, ya que en este lugar es muy fácil que surjan los extremismos, y en especial los extremismos violentos. La irracionalidad se ha apoderado del debate. El odio aparece en cualquier expresión. Uno intuye que el independentismo es más odio a lo español que independentismo, y que el unionismo contiene más odio a lo catalán que deseo de unidad. Lo dicho: nos encontramos en un lugar muy malo. Las consecuencias son imprevisibles, pero nefastas sin duda. Los gobernantes (de la autonomía catalana y de España) deberían tomar cartas en el asunto, a no ser que prefieran ver el enfrentamiento en la calle para calcular y especular con los votos que les daría ese enfrentamiento.

No hay otra solución que plantear discursos nuevos, discursos sostenidos sobre los valores de la Ilustración que sean compartidos por la ciudadanía y los gobiernos autonómicos y de España. De no ser así, solo será pensable la suspensión de la autonomía catalana y el viaje hacia un centralismo al estilo francés que, dicho sea de paso, tampoco es nada malo: nadie le niega a Francia ser un estado democrático estricto y sin fisuras.

12 de set. 2019

Vicent Partal, inasequible al desaliento

Toc dantenció

Hay periodistas de investigación, periodistas de opinión, periodistas de crónica política, de crónica social, periodistas de crónica deportiva, de ecos de sociedad y de sucesos. Y luego está Vicent Partal. Partal es un periodista de una categoría distinta. A la categoría periodística en la que juega resulta difícil ponerle nombre, de modo que los más sensato debe ser llamarla "Periodismo partalense (¿partaliano?)" o algo así.

A diferencia de otros profesionales del sector, que se esfuerzan por redactar buenas crónicas para que el lector comprenda la realidad con datos, cifras, aportaciones inteligentes e inteligibles, Partal toma la realidad no para describirla, si no para prescribirla. Su intención no es otra que contarle al lector lo que debe pensar, lo que debe sentir y, quizás, en qué debe soñar. Creo que tiene la capacidad para meterse en los sueños de sus lectores, tal como algunos personajes debidos a la imaginación tremebunda de Stephen King. Ahora me viene a la mente un sujeto pavoroso que actuaba en los sueños de los adolescentes cuando yo era también adolescente, se llamaba Freddy Krueger -y no era un personaje de King.

Vicent Partal, al frente de Vilaweb, lleva más de media vida dedicado a promover la independencia. Primero habló de la independència de la ficción llamada "Països catalans" (una distopía que solo existe en el mapa del tiempo de Tv3). Luego, abrumado por la evidencia, decidió trabajar por la independencia de la ficción llamada "Cataluña". Es posible que, dentro de poco, lo haga por la independencia de l'Alt Empordà o de la Cerdaña.

En octubre de 2017, aquellas fechas tan desgraciadas para la democracia, Partal escribió varias editoriales en Vilaweb, el medio digital que dirige, para contarles a los lectores que "nada es lo que parece": ¿Puigdemont huído en el maletero de un coche? No os preocupéis: está organizando el gobierno en la distancia y en un periquete todo arranca. ¿La proclamación de la república solo duró 8 segundos? No os preocupeis, tranquilos, todo va viento en popa, las infraestructuras funcionan y Europa le dará una colleja al gobierno de España. Independencia súbita, está al caer. Somos una república y estamos tozudamente alzados y etc, nosotros y lo nuestro con lo nuestro. En aquellas tristes fechas Partal adoptó una actitud casi agresiva, una actitud muy conocida en España, tras la guerra, que era la de los jefes provinciales del Movimiento cuando se pusieron a redactar informes sobre afectos, tibios y desafectos. Su prosa, ya de normal inflamada de sentimientos patrióticos, se incendió un poco más, y entre líneas acusaba a los tibios por su tibieza. Les negaba la opción de la duda. Había algo de Torquemada en sus editoriales, algo de profeta bíblico, iracundo y temible.

No comprendo muy bien porqué les habla Partal a los tibios (a los desafectos no les dirige la palabra, y ahí está acertado porque sabe que los desafectos no le leen, sería un trabajo de amor perdido). ¿Los tibios leen Vilaweb? Creo que tampoco, pero sin embargo todos los movimientos extremistas proceden de la misma forma: liquidan, antes que nada, la moderación, la duda, la equidistancia y, de paso, la inteligencia. Fíjense ustedes en que el 90% de las víctimas del islamismo violento son los musulmanes moderados.

Bueno, el caso es que el día 12 de septiembre, Partal reincide y le dice al lector que si vio la Plaza de España medio vacía en la manifestación de la Diada es porqué no lo miró bien. Y luego procede a un ejercicio de argumentación entre pueril y descacharrante con el noble objetivo de hacerte comprender que no viste la realidad, que miraste mal, que se trataba de un efecto óptico, un trampantojo. Pueden ustedes leerlo pinchando aquí. Advertencia: hay que afrontar la lectura con buen humor, o por lo menos con un hígado bien pertrechado.

Hablando de disonancias cognitivas: una cosa es que alguien vea platillos volantes dentro de las nubes. Otra muy distinta es que se te acerque un tipo por la calle y te insista en que esa nube gordita, fofa y evanescente es, en realidad, una nave espacial procedente de Ummo y que, cuando se lo pongas en duda, te suelte a voces que eres un tibio, un descreído y un mal patriota de la Madre Tierra.

10 de set. 2019

A propósito de Enrique Vila-Matas (video reseña)

Hoy les traigo mi humilde contribución a la obra literaria (delicada, exquisita) de Enrique Vila-Matas, uno de los escritores catalanes más interesantes de esos tiempos tristones que vivimos, un escritor que me hace olvidar que vivimos tiempos tristones cuando le leo. Vila-Matas, sin embargo, no es la alegría de vivir ni su prosa es alegre, ni tan solo cómica. Creo que es el escritor catalán más traducido a otras lenguas, aunque la catalana no está entre ellas.

8 de set. 2019

Las hemorroides del 6 de septiembre de 2017


Recuerdo las fechas. 6 y 7 de septiembre de 2017. Tardaré en olvidarlas, y quizás solo un alzheimer futuro lo conseguirá. Recuerdo las intervenciones de la presidenta del parlamento catalán, la señora Forcadell, con su arrogancia, negando los derechos democráticos de una oposición atónita que apenas podía responder. Lo recuerdo porque el 6 de septiembre de 2017 yo andaba camino de un pueblo del interior catalán, en donde acudía a dar una charla sobre literatura de género. El camino es largo, y puse la radio. La cadena Ser, para ser concretos.
Mientras me adentraba en las tierras interiores el sol declinaba. Ese sol de septiembre que se cae despacio, amarillo y caliente todavía, despacio como a cámara lenta en una película de Sokurov o de Tarkovsky. A medida que uno se adentra en la Cataluña interior el paisaje se entristece, se seca. Los árboles devienen arbolitos, y la gran llanura depresiva aparece como un paisaje enfermo. La carretera es larga, demorada, sinuosa. Uno toma conciencia de que circula por lo que fue, millones de años atrás, el fondo de un mar poblado por especies abisales, la oscuridad.

A ambos lados se suceden viejas casas y casuchas arruinadas, escenarios de antiguas miserias, masías que albergaron penas y tradicionalismo, el horror de una Cataluña lúgubre, el horror. De esas masías sólo permanece en pie la fachada y algún que otro muro, y todas están sin techo, como por obra de una maldición compartida y eficaz. Las higueras crecen tras las fachadas y desprenden ese olor intenso de los higos en septiembre, un aroma a putrefacción dulce que atrae a los insectos. Mientras avanzaba por esa carretera serpenteante, la radio transmitía hechos horribles, la crónica en directo de una sesión parlamentaria vergonzosa, un insulto a la democracia, un desprecio abyecto por la convivencia, un deje supremacista y tribal que muchos creíamos hundido en la negrura de los tiempos pretéritos. Recuerdo la voz de la señora Forcadell, altiva, impostada, una octava más alta de su tono normal. Recordé que fue maestra de primaria, muchos años atrás. Me sentí como un niño alumno suyo, asustado, sentado en un pupitre de la clase, de la mitad para atrás. Me sentí pequeño y asustado. Todo lo que yo pretendía saber sobre democracias parlamentarias estaba saltando por los aires mediante el conjuro de esa voz que sonaba una octava más alta de lo esperado.

Alguien quemaba rastrojos en el margen izquierdo de la carretera. Las llamas eran casi invisibles bajo el sol anaranjado de la tarde, apenas unas pinceladas intermitentes, pálido fuego. El humo, blanco con volutas gris de Payne, cruzaba la carretera y simulaba una muralla leve pero desagradable que olía a perro muerto: quizás no sólo quemaban rastrojos en aquella hoguera. Olía a barbacoa para ogros. Llegué ensombrecido y triste. Di la charla. No fue mal, ni tampoco bien. La biblioteca pública que me invitó me dijo que no tenían presupuesto para charlas, pero que podía presentarles los tiqués de la gasolina y la autopista. No se los mandé nunca. Me conformé con una botellita, pequeña pero elegante, de aceite local, que me ofrecieron cuando me fui. Cultura catalana.

Por la noche, de vuelta, apresurado por regresar a mi casa, un jabalí imprudente, jabalí hembra casi seguro, cruzó la carretera como azorado, en dirección al oeste, hacia el Aragón. Frené, aunque le golpeé tangencialmente con el parachoques en las ancas. El animal siguió su ruta, más indiferente que aturdido, convencido de su ruta hacia poniente, como huyendo de Cataluña.

Por la tv pasan (o pasaban) el anuncio de una pomada para las hemorroides cuyo texto hablaba de "sufrir en silencio". Lo recordé al día siguiente, cuando relataba mi viaje al interior y me detenía en el incidente del pobre jabalí hembra. Aquel día sufrí en silencio, como en otras ocasiones de la vida.

6 de set. 2019

Jordi Pujol, el último franquista vivo

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El día 15 de abril de 1960 el señor Jordi Pujol i Soley publicó un panfleto contra Franco. Hace 60 años de eso. El panfleto se distribuyó en un acto del Palau de la Música, el día 19 de abril de aquel año, mientras se cantaba el Cant de la Senyera. El texto, que ocupa una sola hoja a dos columnas, se titula "Us presentem el general Franco". En siete párrafos breves Pujol hace una descripción del estado totalitario: falta de libertades políticas y sindicales, censura, falta de libertad intelectual y cultural, etc. Incluso habla de falta de libertad religiosa, aunque el autor precisa que no está hablando de la prohibición de otras religiones (solo menciona a la protestante, precisando que los protestantes le importan un comino), sino del control de ciertas variantes del catolicismo.

El texto es breve pero, entre líneas, advierte del talante de su autor y lo presenta. No hay que ser muy avispado para discernir. Así, aunque hay gran cantidad de frases en las que detenerse un rato para analizarlas, me sorprende el último párrafo, que por algo debe ser el último. Todo buen novelista (e incluso los poetas mediocres) saben que se debe dejar para el final la gran sorpresa, el giro argumental ingenioso y cautivador que dejará patidifuso al lector. Creo que, a buen entendedor, con pocas palabras basta. Ahí está ese párrafo final (conservo la ortografía y la puntuación del original): 
La manca de llibertat és absoluta. I només és atenuada per l'estat de corrupció en què vivim.
El general Franco, l'home que aviat vindrà a Barcelona, ha escollit com a instrument de govern la corrupció. Ha afavorit la corrupció. Sap que un país podrit és fàcil de dominar, que un home compromès per fets de corrupció econòmica o administrativa és un home presoner. Per això el Règim ha fomentat la immoralitat de la vida pública i econòmica. Com es fa en certes professions indignes, el Règim procura que tothom estigui enfangat, tothom compromès. L'home que aviat vindrà a Barcelona, a més d'UN OPRESOR, ÉS UN CORRUPTOR.
(Traducción al español: La falta de libertad es absoluta. Y solo es atenuada por el estado de corrupción en que vivimos.
El general Franco, el hombre que pronto vendrá a Barcelona, ha elegido como instrumento de gobierno la corrupción. Ha favorecido la corrupción. Sabe que un país podrido es fácil de dominar, que un hombre comprometido en hechos de corrupción económica o administrativa es un hombre prisionero. Por eso el Régimen ha fomentado la inmoralidad de la vida pública y económica. Tal como se hace en ciertas profesiones indignas, el régimen promueve que todo el mundo esté implicado, todo el mundo comprometido. El hombre que pronto vendrá a Barcelona, además de UN OPRESOR, ES UN CORRUPTOR.)
[Las profesiones indignas: ¿cuáles deben ser? ¿Menciona aquí Pujol, elípticamente, a su padre Florencio, el especulador oscuro tolerado por el régimen de Franco? ¿Qué endiabladas hipótesis freudianas esconden "las profesiones indignas"? ¿Hay algo mefistofélico y a la vez demente en el fundador de Convergència y padre del nacionalismo en época contemporánea? ¿Es la Cup un heredero despistado y sinvergüenza del nacionalismo burgués? ¿Es David Fernández Ramos un Nosferatu amnésico?]

Recuerdo que mi madre me contaba, siendo yo un tierno preadolescente, el impacto que causó el panfleto de Pujol en la sociedad catalana del año 1960. Con esta hoja (que no llega a libelo), el nombre de Jordi Pujol se metió en los hogares catalanes. Se granjeó un nombre, lo sembró. Y lo cosechó unos años más tarde. Pocos días después de "los hechos del Palau" (la distribución de la hoja en cuyo reverso estaba la letra de "El cant de la senyera", ojo al dato), Pujol fue detenido y encarcelado. Se cuenta que, una vez detenido, en un primer momento negó ser el autor del texto, pero la versión que hoy relata la Wikipedia en catalán explica que, tras ser brutalmente golpeado, confesó -bajo tortura- la autoría. [Nota para un novelista especulativo o proclive al delirio conspiranoico: ¿Y si Pujol no hubiese sido el autor, pero hubiese aprovechado la ocasión para obtener notoriedad?].Al impresor del texto (un impresor de Vilanova de quien la Wikipedia catalana no enlaza nada) le cayeron tres años de presidio tras la delación.

Me chocan muchas frases del texto, pero hay una que me sorprende más que las demás. Se trata de "la falta de libertad es absoluta y solo la atenúa el estado de corrupción". ¿La corrupción atenúa la falta de libertad? Esa afirmación es digna de un ensayo filosófico que le interesaría tanto al señor Rajoy como al propio señor Pujol, quien hizo una gira de conferencias por Cataluña sobre ética y política hace algunos años (Que yo sepa, el señor Mariano Rajoy no da conferencias sobre este tema tan espinoso, por lo menos). Pero el párrafo entero nos describe un fenómeno de orden psicológico/psiquiátrico tremebundo (estoy pensando en Lacan, sobretodo) que promueve varias preguntas. Yo solo dejo tres, aunque las redacto como una sola: ¿es Pujol el último franquista, el auténtico heredero del régimen totalitario, el que mejor aprendió la lección?.

Y por último: ¿como encajaría la sociedad catalana la evidencia de que votó -a veces por mayoría absoluta- a un Doctor Caligari? ¿Cómo entiende esta sociedad que vote, hoy todavía, a sus sucesores?

3 de set. 2019

La democracia de los volcanes

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En una casa enfrente de mi piso acaban de colgar una bandera española. La constitucional, nada que decir. Está nueva, y diría que está confeccionada con tela de buena calidad. De raso quizás. Como esta ciudad provinciana en la que vivo tiene un pasado notable en la historia (cruel) de la industria textil, la bandera me parece, entre otras consideraciones, un homenaje a las empresas desaparecidas y a aquella clase obrera de la que los obreros abjuraron a cambio de un pisito y un cochecito de propiedad. Incluso los nichos del cementerio son de propiedad para los muertos de clase obrera. Muertos, pero propietarios.

En esta casa en donde ahora ondea (si la brisa sopla) una bandera española, hasta ahora solo hubo calcetines, camisetas, vestidos, algunas camisas. Con esta bandera nueva, el empate entre las banderas españolas y las separatistas está certificado. Y debo precisar que el barrio en donde vivo es un barrio libre de banderas, ya que de las unas y de las otras no habrá más de diez por bando.

Durante muchísimos años a mi me trajo al pairo el asunto nacional, y jamás tuve entre mis identidades una identidad nacional. Me consideré barcelonés de nacimiento, barcelonés sin más. Aunque, la verdad sea dicha, haber nacido en el centro de Barcelona no me pareció nunca algo digno de ser exhibido en parte alguna, ni se me ocurrió sentirme orgulloso de eso. Nacer en un lugar tiene la misma relevancia que nacer con dos orejas y una nariz: no hay nada reseñable en eso. Sin embargo, a día de hoy, si alguien me obligase a colgar una bandera en mi balcón colgaría la misma que la de mi vecino. La que habla de democracia, de constitución y de parlamento.

Después de contemplar a los vecinos colgando la bandera en su balconcito, me encuentro con la nota de prensa que me habla de una campaña identitaria titulada "Tsunami democrático". Me quedo perplejo. Pienso en otros fenómenos debidos a la violencia natural: ciclones, terremotos, explosiones volcánicas, meteoritos, ráfagas de erupciones solares, vendavales, ciclogénesis, etc.

Quizás no hay nada más democrático que una explosión piroclástica. Una explosión piroclástica destruye todo lo que encuentra a su paso. En el caso de que encuentre a personas a su paso, no distinguirá entre turistas o nativos, entre hombres o mujeres, entre ricos o pobres, entre rubios o morenos. Que se lo pregunten a los ciudadanos de Pompeya. Ellos tuvieron una experiencia democrática de tomo y lomo. Los que estaban en la playa de Phuket en diciembre de 2004 vivieron un verdadero tsunami democrático.

En la Edad Media se inventaron el asunto de la Danza de la muerte, una aproximación medieval a la democracia.

En Cataluña, siempre pionera en cuestiones democráticas como todo el mundo sabe, se acaba de divulgar algo llamado "Tsunami democrático", de nombre y filiación inciertos, aunque digo yo que se trata de los habituales. Lo democrático de un tsunami es obvio por lo comentado más arriba, lo mismo que la danza de la muerte. "Muerte democrática" podría ser otro buen eslógan, aunque algo más nihilista, algo más oscuro y siniestro, más medieval.

En Cataluña hay dos millones de ciudadanos separatistas, me cuentan, y algo hay que hacer con ellos, dicen. No se les puede obviar, dicen. Bueno, también somos más de cinco millones los ciudadanos no-separatistas, diría yo. Algo hay que hacer con esos, con nosotros. Hablar de tsunamis no me parece lo más adecuado, ni lo más inteligente. Ni, desde luego, lo más democrático. Por más democráticos que sean los tsunamis, la arrolladora violencia natural no tiene nada que ver con los valores de la Ilustración.

1 de set. 2019

A propósito de Jaime Gil de Biedma (video-reseña)

Con esta ya van tres reseñas en video, para facilitar el acceso a la reseña literaria a las nuevas generaciones. Es un homenaje más que nada a uno de los autores que me hizo amar a la poesía española y a la literatura en general.

27 d’ag. 2019

Noticia de una educación secuestrada


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Soy honesto: empecé a leer el ensayo sobre la poesía de Jorge Guillén porque mis largas vacaciones me permiten sumergirme en libros que, como este, hablan de poetas muertos (y está escrito por un poeta muerto).

En una de las pausas de la lectura me pregunté porqué solo escuché hablar de Jorge Guillén una vez, en clase. Alguien me dirá: ¡Haberte matriculado en Filología hispánica, hombre! y tendrá razón, más razón que un santo. Pero yo lo siento de otro modo: habiendo estudiado literatura en el extinto Bup, me cuesta entender que me hablasen una sola vez de Guillén. Y, aunque no lo recuerde, me temo que sucedió lo mismo con Celaya, Cernuda, Aleixandre. Huelga decir que jamás escuché ni media palabra sobre Barral, ninguna sobre el mismísimo Jaime Gil. También sobra decir que escuché algo sobre Neruda, poco. Nada sobre Huidobro, ni tampoco sobre Parra.

Sin embargo, habiendo nacido por casualidad en Cataluña, sí tuve varias clases sobre el plomizo Espriu, soporté clases bostezando sobre infumables como Guerau de Liost, Aribau, lo peor de Maragall, y algunas sobre Riba, quizás el único que me gustó un poco. Llegué a pensar que la poesía era un género rancio e insípido. Si me refiero a la novela, casi lo mismo: ruralismo, costumbrismo. Alguna referencia perdida a Valle-Inclán, una mención a Max Aub, ninguna a Alfonso Sastre, ninguna a Cela ni a Delibes. Y sin embargo lectura obligatoria de "Els sots feréstecs", de cuyo autor no me acuerdo, de Manuel de Pedrolo, inane, el más prescindible, de Llorenç Villalonga (ese está bien). Me gustó la "Solitud" de Víctor Català, quizás la mejor novela obligatoria. "Solitud" tiene eso que se llama forma, algo muy inusual en la narrativa de mi pequeño país de ego inflamado. Vargas Llosa lo explica muy bien: "En toda novela es la forma -el estilo en que está escrita y el orden en que aparece lo contado- lo que decide la riqueza o la pobreza, la profundidad o la trivialidad de su historia". La mayoría de los autores que leí por prescripción del docente de turno no es que no tuvieran forma, es que no tenían estilo. Sin quererlo (sin saberlo), lo que dice Vargas es que la mayoría de las novelas catalanas que son de lectura obligatoria en la enseñanza secundaria, en Cataluña, son triviales. Pero son catalanas, he ahí el quid del asunto.

He ahí mi aportación: se puede amar a la literatura catalana cuando se ama a la gran literatura universal, pero es imposible amar a la gran literatura universal cuando a un adolescente se le impone la más mediocre producción catalana de los escritores mediocres y nacionalistas. Lo digo para los pedagogos de la literatura.

Sentí nostalgia de la educación literaria que me secuestraron. Y hastío por la que me impusieron en nombre del imperativo nacionalista y corto de miras. Ese sentimiento (que no emoción) puede aportar razones por las que la lengua catalana está ausente en los patios de los centros educativos. Podría indignarme, pero a mi edad la indignación es inapropiada e improducente y, aunque con gafas, todavía leo a los autores que considero que debo haber leído. En eso estoy.

Luego pensé en Josep Pla, el mayor prosista en catalán del XX, siempre excluído de los planes de estudio en Cataluña. Y me di cuenta de algo: a Pla no le excluyeron por colaborar con el franquismo, que es la razón que se suele esgrimir. A Josep Pla le excluyeron porqué retrató el carácter catalán como nadie, y eso les duele. Durante un tiempo dudé: ¿porqué excluyen a Pla por colaboracionista los que también fueron colaboracionistas? ¿Acaso hay algún supuesto intelectual catalán que no haya colaborado con el régimen de Franco con ganas e ilusión? ¡Claro! Me dije luego: lo que pasa con Pla es que les relató su mediocridad, su bajeza moral, su cobardía, su mezquindad. Eso es lo que no le perdonan. Como no le perdonaron nunca a Terenci Moix "La caiguda de l'imperi sodomita" y menos aún "El sexe dels àngels", porqué en esos libros está todo lo que se debe saber sobre la cultureta. (Dijeron que Moix se había pasado al castellano, pero lo que no le toleraban a Moix era su retrato de la ridiculez intelectual catalana. Si hay una novela obligatoria, en catalán, es esa: "El sexe dels àngels". Si se la leen lo comprenderán. Es demoledora. Debe de estar disponible en Iberlibro).

Esa cultureta que nos presentaron como cultura aprovechándose de que éramos muy jóvenes e ingenuos, y todavía tardaríamos años en comprender que nos habían traicionado vilmente.

25 d’ag. 2019

A propósito de Roberto Bolaño (video reseña)

En mi segundo video, abordo "Estrella distante", una novela breve de Bolaño que es ejemplo y envidia de novelas breves. En este, cuento algunas anécdotas del autor, del libro y de mi mismo, y hablo de un avión mítico de la Segunda Guerra Mundial, el temible Messerschmitt 109.

22 d’ag. 2019

Video-reseña de Javier Pérez Andújar

Con esta entrada en el blog inauguro las video-reseñas. Se que estoy algo mayor para iniciar una carrera de youtuber, pero valga mi iniciativa para animar a los mayorcitos como yo a participar en los nuevos canales de divulgación cultural.

16 d’ag. 2019

En David Bowie era català (a en Jordi Bilbeny, in memoriam)


El professor català en Jordi Gardeny, català, acaba de treure el seu darrer treball d'investigació "En David Bowie, cantautor català", Dignitat Editors, Taradell, 2019 després de gairebé una dècada de remenar arxius, entrevistar-se, recórrer món i rescatar testimonis perduts. Labor metòdica, minuciosa, plena de troballes extraordinàries. A hores d'ara, ningú ja no gosa contradir-lo, i cal acceptar científicament que en David Bowie era català. Ara ja podem afirmar que el glam rock és un producte tan català com el fuet, el pa amb tomàquet o la ratafia. Perquè en Bowie és, finalment, tan català com altres estrelles de l'espectacle, de na Núria Feliu a na Pilar Rahola.

Dècades d'oprobi i de vergonya, de complexos d'inferioritat, d'expoli i de manipulació han permès ocultar la genètica d'en David Bowie. Però a partir d'ara podem anomenar-lo tal com s'escau: Joan David Bou i Canyellas, nascut el 8 de gener de 1947 a  Picamoixons, a tocar de la vila castellera de Valls. 

En Ramon Bou, el pare (emparentat amb els Bous que regenten el restaurant Bou, santuari de les calçotades, temple de l'indigest romesco), va decidir provar fortuna a Anglaterra, i es va establir a Londres el 1949. En Ramon, sempre segons els arxius, s'havia afiliat a la Falange el 1938 per tal d'obtenir privilegis i prebendes, tot i que en son cor català hi niava, des de ben menut, un amor pur i incondicional per Catalunya. Tant és així que, el 1948, durant la visita del General Franco a Reus, s'apropà al generalíssim i li digué: "Caudillo mío, amo tanto la tierra catalana que me gustaría obtener de vuecencia las tierras de mi cuñado, que es un poco rojillo". Franco se sentí molest per l'alè d'allioli del vallenc i li ho feu notar: "¡Vuestro aliento me tuerce el impasible ademán! Oléis a perro muerto". Des de llavors, en Ramon Bou sempre va témer la repressàlia i per això va decidir emigrar. 

Fins que en Joan-David Bou no va començar a adquirir una certa fama en el món de la música pop, a partir de finals dels anys seixanta, ningú no n'havia fet cabal. Però a partir de l'instant en què el seu nom va saltar als mass media, es va conjurar una col·lecció de factors que van acabar per esborrar els seus veritables origens.

El qui llavors era ministre d'Información y Turismo, en Manuel Fraga Iribarne, va reaccionar amb precisió i celeritat. A partir de sinistres acords amb l'ambaixada britànica, i amb la connivència de la branca Bou que residia a Catalunya, els funcionaris van esborrar, manipular i pervertir qualsevol indici que hi hagués als registres. En David Bou, entretant, sembla que tampoc no va mostrar cap interès per contradir la maniobra de la dictadura, potser per por de ser repressaliat pel malvat Estat Espanyol. Hom diria que va saber fer dels vicis virtuds, i va decidir aprofitar-se'n. La seva projecció professional -va pensar- es podia veure beneficiada per una genealogia netament anglesa: l'origen espanyol no afavoria gens la imatge que pretenia donar.

En Jordi Gardeny té indicis seriosos que en la campanya de descatalanització d'en Bowie hi van participar de grat algunes de les personalitats públiques de la transició democràtica. Manuel Fraga fou sempre hàbil i enginyós, i es va adonar de seguida que un sector important de la catalanitat no era propera als excessos gestuals i rítmics d'en Bowie, l'amanerament i les disfresses d'una pietat cristiana més que dubtosa. El sector conservador i catòlic del catalanisme -sempre majoritari- veia amb consternació la carrera d'en Bou/Bowie, i no van fer-se pregar gaire per contribuir a ocultar la seva filiació. "Més ens val estranger o xarnego que nostre, aquest fantotxe promiscu i mariflor" -digué Mossèn en Ballarín en certa homilia. (Ho digué en llatí). 

En Fraga va saber aliar-se amb els sectors catalanistes moderats que ja prenien posicions per accedir a la política: en Jordi Bunyol, n'Heribert Barruda i en Miquel Coll i Alentorndelqual haurien participat en l'operació. Així mateix, algunes personalitats de la música catalana (en Josep Maria Espinachs i en Rafael Subiràs especialment) haurien conspirat igualment en favor de l'engany, per tal de presservar una determinada lectura de "Els setze jutges". En aquest sentit, cal esmentar la noble actuació de na Guillermina Motta, que s'hauria negat inicialment a col·laborar en l'enganyifa. El guitarrista en Lluís Nyap, en canvi, digué que se n'anava uns dies a Tuníssia i no es va mullar. A la tornada va presentar la cançoneta "Com un arbre nu".

A la presentació del seu estudi, prologat per l'insigne historiador el Doctor Xucrutull, en Jordi Gardeny va aportar proves documentals indiscutibles de les que reprodueix el llibre en un emotiu Power Point, i va aprofitar l'ocasió per fer un avançament de les properes personalitats de les quals demostrarà la seva catalanitat: n'Arthur Rimbaud (Artur Ribó i Catassús, de Vilanova de la Barca), en Joseph Conrad (Josep-Conrad Puigdengolas i Faura, de Balsareny) i el possiblement més polèmic de tots, n'Edwin Aldrin (Eduard Alderich, enginyer agrícola de Santa Coloma de Queralt, la Baixa Segarra).

Els catalans hem arribat a la Lluna!, exclamà en Gardeny, endut per la rauxa catalana que li fa bullir la sang, i es va permetre explicar una anècdota sobre n'Apol·lo XI: una confabulació espanyola havia conspirat perquè fos n'Aldrin el qui romangués a bord del mòdul orbital i no trepitgés na Lluna, però sembla que els astronautes, un cop a l'espai, decidiren desafiar l'estat opressor i, al crit de "No tenim por!" van consensuar que fos en Collins el qui es quedés flotant a l'espai. N'Aldrin els ho agraí, a la tornada, convidant-los a una trobada de grallers a Esblada, al final de la qual, i després de la missa a la parroquial de Sant Jaume, els obsequià amb un generós xeflis de pa amb tomàquet acompanyat d'uns tallets de bull i de bisbe d'Osona, i regat amb xarel·lo català però del bo. N'Armstrong i en Collins encara lloen aquell diumenge al matí català a dia d'avui. En Collins el cità fa poc, en una entrevista a Fox News, en què digué: "Em vaig sacrificar, és cert, però després d'escoltar els grallers catalans i de tastar l'embotit català, sé que em vaig sacrificar per una causa digna. Ho tornaria a fer!".

En acabat l'acte, el cantautor en Jaume Arnella va presentar l'adaptació al català de Space Oddity en un to didàctic, i demostrant que la musicalitat de la cançó és plenament catalana: "la lletra en català encaixa com un guant a la partitura, molt millor que l'anglosaxona, fet que demostra que fou composta en dolç llemosí" -digué a un públic entusiasta que ja cridava en favor de la sobirania i per la llibertat dels nostres presos.

En acabat l'acte (per segona vegada i del tot), en professor Gardeny prengué de nou el micròfon per explicar que n'Eduard Alderich va amagar una estampeta de na Mare de Déu de Montserrat, na Moreneta, sota una pedra del satèl·lit. Aquesta informació feu que la parròquia s'arrenqués amb en Virolai i na Santa Espina
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Fotografia: En Jordi Gardeny a la presentació del seu llibre, al Saló Puigmal de la Casa Gran.

15 d’ag. 2019

El lince catalán y Pere Calders

foto de Joan Manuel Cabezas López.

A principios del verano, un periódico catalán publicó algo relativo al "lince catalán" (quizás era su reintroducción, la reaparición, el éxito reproductor del animalito o algo así), en cualquier caso, una noticia optimista. Pocos meses atrás, otro medio contó el descubrimiento de un "dinosaurio catalán" en unas excavaciones. No busquen ustedes el lince catalán en ningún libro científico sobre taxonomía animal. Lo más parecido que se van a encontrar es el lince ibérico. Del mismo modo, no busquen tampoco al dinosaurio catalán: lo más parecido que se van a encontrar será el "Diplocat", que no es dinosaurio aunque si es algo tremebundo.

Mientras pensaba en como escribir sobre el uso neurótico del adjetivo "catalán" me di de bruces con el artículo de Pere Calders que apareció en mi pantalla. Se publicó en la revista "Serra d'Or" (editada por la Abadía de Montserrat) en julio del año 1965, Año VII, número 7 para más señas. El texto breve de Calders es una reseña (poco más que una reseñita) del libro de Candel "Els altres catalans", título que removió algunas conciencias izquierdistas de la época, promovió reflexiones más bien entrañables y bienintencionadas, de un lirismo entre cursi y cristiano y que, al fin, también dio ideas malignas a una parte de la catalanidad bien entendida.

¿Qué decir de Pere Calders, a estas alturas? No voy a aportar nada relevante, así que me quedo con el comentario de la reseñita. Calders empieza mostrando admiración por la obra de Paco Candel, aunque (¿será la envidia?) en realidad lo que destaca es el éxito de ventas. Candel debió de vender diez veces más ejemplares de su libro que todos los de Calders juntos, y eso le dolió al purasangre. Lo recuerdo bien: "Els altres catalans" fue un libro reeditado varias veces y que obtuvo un lugar en todas las bibliotecas particulares. En la mía (la de mi padre) también. Un día vino una visita al piso. Se trataba de un hombre de clase alta, abogado metido en política clandestina (estamos en 1974) que mi padre había conocido en sus tiempos de militancia. Dijo algo que no entendí entonces (¡cuántas veces lo he comprendido, más tarde!): dijo que estaba sorprendido por lo anchas que eran las calles de mi barrio, por las tiendas que había, por lo ordenado y digno que le parecía todo. Es comprensible su sorpresa: el abogado pensaba que, en las afueras de la ciudad, todo debería estar a la altura de la clase obrera que acogía, y en su imaginario había visto callejuelas oscuras y delicuescentes, suciedad y polvo, zafiedad, tabernas cochambrosas, podredumbre moral endémica, una tristeza lúgubre y dickensiana. Luego se fijó en los libros (mi padre los acumulaba en el comedor, quizás para demostrarles a las visitas que no era analfabeto) y sus ojos dieron con el de Candel. Lo señaló con un dedo gordinflón, con pelos hasta la segunda falange y, levantando la mirada hacia el techo, sentenció: "a esta gente hay que integrarles, conseguir que hablen catalán y que amen nuestro país ya que, de lo contrario, nos joderán (ens fotran)".

Calders, sin embargo, lo ve de otra forma. Estuvo exiliado en México de 1939 a 1962 (sí: regresó en el 62, en pleno franquismo) y él mismo cuenta lo mucho que le costó adaptarse al país americano, y lo mucho que le agradece al estado mejicano lo que hizo por él y sus compañeros. Pero cuando se trata de los migrantes que llegan a Cataluña procedentes del resto de España, se plantea algunas dudas: ¿podemos acogerlos a todos?. En un momento dado se cuestiona el asunto con más precisión: ¿Cataluña necesita tanta peonada, a día de hoy? Y por fin propone: quizás se debería estudiar si no resultaría más rentable mantener a esas familias en sus lugares de origen, que no acarrear con el coste de mantenerlos aquí. Lo dice por el propio bien de ellos, por supuesto. Pero todavía no satisfecho con eso, Calders sospecha que no es solo la supervivencia o el puro hambre lo que empuja a esos andaluces a irse a Cataluña con lo puesto, si no también un atávico impulso aventurero, es decir, de conquistador de nuevos territorios. A Calders le falta muy poco para sugerir que, en el corazón de cada extremeño emigrado a Cataluña anida un pequeño Francisco Pizarro.

A veces me pregunto por el uso psicótico del adjetivo "catalán", pero a menudo me pregunto cuando empezó todo. Calders me ha susurrado una respuesta pequeñita pero siniestra: todo eso no empezó con Pujol, es muy anterior al sátrapa. Bien pensado, quizás sí empezó con el dinosaurio catalán.

13 d’ag. 2019

La gasolina siempre será nuestra

Resultat d'imatges de petrolis independents

Cada uno se construye su propio infierno. Si se piensa un poco en la frase de Sartre, se descubre cuánta razón llevaba el francés, ya que su oración es aplicable a infinitos asuntos de la vida. A veces, cuando uno quiere hacer daño a otro, solo se construye su pequeña parcela infernal. Y del mismo modo que el Mefistófeles de Goethe afirma "yo soy el que hace el bien cuando pretendía hacer el mal", hay quien hace el mal cuando deseaba hacer el bien.

La Asamblea nacional catalana (antes se llamaba ANC, ahora se llama "Assemblea" a secas aunque alguno la nombra "Asociación catalana del rifle") elaboró una web con un listado de empresas afines a la causa secesionista en su endiablada manía persecutoria (ahora se llama "neurosis") por hacer listas. Cuando uno hace una lista, hace dos: está la otra lista, invisible pero tangible, la lista de los que no están en la lista. Tuve el impulso (entre curioso y morboso) de ver como estaba organizado el invento. Así, cuando uno accede a la web, se le pregunta si es "consumidor" o "empresario". Pulsé "consumidor" y me pidió mi código postal, tras lo cual me informó de las empresas afines al separatismo que están cerca de mi domicilio. Mi primera sorpresa fue descubrir que solo hay una, una empresita de recambios para el baño: grifería, loza y mamparas. Me extrañó, porqué conociendo a unos cuantos botiguers de mi barrio, se de algunos que me van con el lazo y que, últimamente, se han puesto farrucos con lo del catalán. Pero no se han inscrito en la web de la ANC. Uno intuye que es por cobardía, la pela es la pela, y ningún empresario se arriesga a borrar de un plumazo (de un plumazo amarillento) a la mitad más uno de los posibles clientes. Y total por una patria. Por una patrieta.

Amplié un poco el radio de mi búsqueda, y me apareció otra dirección: se trata de Petrolis Independents, cuya sede está a poca distancia de mi piso pero en el distrito postal de al lado. Me entretuve un poco, hasta encontrar las gasolineras de que dispone. Hay dos que he usado a veces, pero que nadie dude de que jamás volveré a ellas, aunque tenga que empujar el coche hasta otro surtidor de combustible. Lo dicho: cuando uno hace una lista, hace dos, y cuando uno persigue a un adversario, se crea los propios. En este caso la ANC me ha facilitado las cosas y se lo agradezco de veras. No soy partidario de los boicots ni de otras medidas que huelen a justicia popular, tomarse la justicia por la mano o ejercer de émulo de Charles Bronson en "Yo soy la justicia". Me gusta más la justicia poética, que casi no se da nunca y por eso es bella. (A falta de la poética, me quedo con la democrática). Sin embargo, sí me voy a abstener de repostar en las gasolineras de Petrolis Independents. Cuyo dueño es ni más ni menos de Joan Canadell, el flamante nuevo presidente de la Cámara de comercio catalana, el que pretende usar la institución privada para favorecer los intereses del independentismo y quien ha decidido librar su batallita por el monolingüismo koiné (en una región felizmente bilingüe).

Del mismo modo que desprecio a los boicots, tampoco comprendo esas campañas de la ANC y sus listas enfermizas, y a la larga peligrosas. Lo que me preocupa, lo que me molesta y lo que me jode es que nos hayan llevado hasta aquí, y que lo hayan hecho personas sin ningún valor remarcable, pequeños mediocres henchidos de nacionalismo rancio, pseudointelectuales arrimados al poder, periodistas anodinos en busca de cobijo subvencionado. O esos "tontos cultos" que describe Javier Cercas. Por lo que cuenta Cercas, de los "tontos cultos" ya hablaron Shakespeare (the learned fools) y Molière (un sot savant): son tontos conocidos, y tanto es así que todos conocemos a alguno. El más cercano es ese tontaina de Jordi Cabré.

Todo eso huele a pulsión de poder, pero nunca de veracidad. Huele a mezquindad, a pulsión de dominio y de sumisión del otro. Huele a hambre y a miseria. El nacionalismo no es ningún idealismo, es todo lo contrario: es solo el desesperado intento por no perder ni un ápice de privilegios, de prebendas, de chiringuitos. Los únicos ideales siguen siendo los de la Ilustración y no hay más. Lo de la ANC es ese infierno de los términos fraudulentos: cuando hablan de democracia, de libertad y de justicia usan la terminología pervertida por un espíritu maligno, inquisitorial y predemocrático, y quieren arrastrarnos a todos hacia su infierno antiilustrado. Por eso me preocupa. Cuando alguien construye un infierno no sabe adonde le llevará a él ni a sus vecinos y se comporta como si todo le diese lo mismo, como cuando un niño gamberrete y listillo le echa gasolina al hormiguero que ha encontrado en el patio comunitario y termina por incendiar el edificio entero.

De modo que debo rectificar: quizás repostaré combustible en las gasolineras del petrolero identitario y xenófobo cuando me encuentre apurado por el depósito vacío. Y, aprovechando que se trata de gasolineras low cost, me gastaré los 3 euros que ahorré por repostar en su chiringuito comprando fruta en la verdulería españolista de la esquina, o un vino de Jumilla, o 100 gramos de jamón de Teruel. Mi acción no destruirá su infiernito ni promoverá ningún cielo racionalista, pero contendrá una molécula de justicia poética.

11 d’ag. 2019

El turista voyeur de pobres


Aunque intento pasar unos días fuera de mi casa, de mi ciudad y de mi paisito, no hago el turista. No viajo a lugares exóticos. Me instalo en otro lugar (con la absurda e inútil intención de instalarme fuera de mi) y hago lo que haría en casa: pasear, leer, escribir algo, largas siestas, observar a la gente, comprar la comida en el Lidl o el Mercadona o comer en comederos de trabajadores como yo, en donde pido el menú básico. Sin embargo, uno no puede olvidarse de si mismo ni permanecer indiferente ante las cosas interesantes, y es entonces cuando saco la cámara de la mochilita y me llevo el recuerdo de un lugar lejano, al que quizás no volveré. Alguien dice que no se debe regresar jamás a un lugar en donde fue feliz. La mejor foto de estos días es la que adjunto, un cartel metálico y corroído, oxidado, en donde no obstante se repinta el mensaje con pintura blanca cada poco tiempo. Está en el caminito que baja hasta el arroyo, bajo una sombrita deliciosa y fresca de castaños jóvenes. El agua (de deshielo) está fría y llena de fauna minúscula. No sabría decir si es es un cartel intemporal o solo antiguo. O quizás clásico, ya. Me recuerda a una época otra, de cuando las cosas eran más sencillas, claras y unívocas. Como las collejas que me soltaba mi padre en respuesta silenciosa a una conducta inadecuada, incluso a una palabra fuera de lugar. En el cartel no se menciona ninguna ordenanza municipal, ninguna ley española o europea, ni tan solo autonómica. Para instalar el cartel no se creó ninguna comisión de expertos (con sus pertinentes asesores bien pagados), no se apela al medio ambiente, ni a la igualdad, ni a los derechos de no se que colectivo, no se referencia ninguna página web, no aparece el logotipo de ningún consejo regulador de nada, ni el círculo de estrellas europeas. El lugar está limpio, casi tan limpio como si no existiera la humanidad.


Algo que sí practico mientras estoy fuera de mi casa es el esfuerzo por olvidarme de las cosas catalanas, y pongo las noticias en la tv poco rato, y no consulto nada que me pueda poner de mal humor: nada de Torra, nada de la ANC, nada de la Cup, nada sobre los políticos golpistas presos a la espera de la sentencia. A la vuelta, sin mucho interés, me pongo al día. Me choca descubrir que hay una campaña crítica con "Proactiva Open Arms", y que a través de esa campaña (vaya usted a saber quien la ha iniciado) se ponen de manifiesto los puntos débiles de la ONG. Algo que siempre me ha fascinado de Proactiva Open Arms ha sido su enorme capacidad para conectar con los medios, para publicitar su labor y para obtener apoyos. Eso me devuelve a mi asunto inicial, a mi negativa a practicar el turismo.

Muchas veces he sentido que el turista occidental es alguien que goza viendo la pobreza en otros países, practicando un lujurioso voyeurismo de la pobreza en lugares lejanos. Mientras la clase media (o medio baja) europea practica una estricta aporofobia, la misma clase practica la aporofilia cuando viaja en verano. Los chicos de Proactiva Open Arms no hacen nada que no se pueda publicar en los medios: exhiben una y otra vez los rostros de las personas que rescatan en el mar, y contribuyen así a la exhibición de la miseria. Lo que yo no sabía es que "Proactiva" es una empresa dedicada a la vigilancia de las playas españolas, una empresa que ofrece precios imbatibles a los ayuntamientos costeros. Por lo que se está publicando, Proactiva gana grandes sumas de dinero, mientras que sus trabajadores protestan por las condiciones y lo sueldos miserables que obtienen. El chaval que vigila una playa en el litoral catalán no se podrá permitir veranear en el barco "Open Arms" rescatando a pobres: trabaja por cuatro perras bajo el sol de una playa catalana para ganarse esas cuatro perras.

Hay algo de espectáculo lamentable en todo eso, algo de voyeurismo, una crueldad disfrazada de piedad, algo de una piedad de cartón piedra. El carlismo siempre asoma su hocico cuando se trata de Cataluña, parece una maldición: exhibir una ética humanista y humanitaria mientras se explota a otros para financiar campañas mediáticas. Es indigno y vergonzoso (y criminal) dejar morir a personas que huyen de la miseria cuando cruzan el mar, y también lo es la exhibición de la miseria de los otros. Hay algo que no encaja cuando se produce una manifestación bajo el eslógan "Volem acollir" (que capitaneó la ANC), y a la vez las manifestaciones contra los "mena" que se producen en las poblaciones catalanas que acogen a emigrados. Algo no va bien cuando el barco que salva náufragos pobres se financia con la explotación de pobres locales. Algo no va nada bien.

Y resulta que la mayoría de los emigrantes rescatados en el mar lo son a bordo de buques del ejército y de la Guardia Civil, que no exhiben fotos de los miserables ni piden donaciones.

Cuando viajo lo hago a lugares en donde haya una clase media como yo, jamás he fotografiado pobres ni sirvientes.

3 d’ag. 2019

Cataluña está hueca

Resultat d'imatges de forat de sant ou

Antes de 1837, Georg Büchner escribió el drama en 26 escenas titulado "Woyzeck". En una de ellas Woyzeck se arrodilla en el suelo, lo golpea y exclama: “¡La tierra está vacía!”. El lector debe pensar que Büchner alude al vacío de sentido, al absurdo de la vida o a la estupidez que asoma, con tantos ejemplos, en cada capítulo de nuestra historia. Sería muy osado y bastante descabellado creer que el escritor de Darmstadt se refería a un vacío literal, de orden geológico. Sin embargo, en más de una representación teatral se subrayan la frase y los golpes del protagonista con un efecto sonoro de eco, dando a entender que el suelo que pisamos está hueco.

A lo largo del tiempo y a lo ancho del mundo, la idea de que bajo nuestros pies hay un vacío que alberga un mundo secreto ha tenido mucho éxito. Des del Xibalbá de los mayas hasta las antiguas mitologías babilónicas, egipcia, griega, romana, etc. y pasando por el infierno del catolicismo, la sospecha de un mundo subterráneo se expresa en infinidad de creencias y de textos.

En literatura (menciono sólo escasos ejemplos) hay que hablar del interior de la Tierra al que Jules Verne mandó una expedición, una novela de E.R. Burroughs, otra de Edward Bulwer-Lytton y algunas referencias en Lovecraft (El modelo de Pickman, en donde se sugiere que el interior del planeta está habitado por una sociedad de hombres degenerados).

En el universo del esoterismo es preciso mencionar a Athanasius Kircher y su interpretación del misterioso Manuscrito Voynich: el cura jesuita del XVII asegura que el libro es un tratado sobre la fauna y la flora del submundo, escrito por uno de sus habitantes.

En tiempos recientes y en el contexto militar encontramos al doctor Heinz Fischer, que convenció a Hitler para que financiase costosas expediciones y tremendos ingenios bélicos, basándose en la teoría de la “tierra invertida”. Según Fischer, somos nosotros quienes habitamos el interior de la tierra, centrifugados hacia la pared de una esfera vacía. El Sol y la Luna serían dos pequeños astros situados en el centro de esta esfera.

Puedo contar que he visitado en dos ocasiones una de las posibles entradas al mundo subterráneo. Se trata del “agujero de Sant Ou”, en una comarca de la Cataluña interior y carlista. Es una sima vertical que un cura espeleólogo exploró por primera vez a principios del XX. La afición excursionista y exploradora es algo común en los pastores de la iglesia catalana, y ha dado lugar a algunos éxtasis místicos, pero lo más frecuente es que haya inspirado delirios nacionalistas. Es por este motivo que Franco desconfió de las agrupaciones excursionistas.

La primera vez que visité el agujero en la tierra fue a los 19 años, con un compañero de estudios. Apenas a 200 metros de la sima hay un refugio para espeleólogos en donde pasamos la noche. Allí nos encontramos con un grupo de siete hombres dedicados en cuerpo y alma a ingerir ron quemado (un brebaje típico de las poblaciones marineras, cosa que nos extrañó). Nos invitaron a compartir la velada y el alcohol, aunque estuvieron hablando en clave todo el rato. Nosotros dedujimos que trataban sobre drogas y trapicheos. Nos acostamos muy borrachos. A la mañana siguiente amanecimos solos. Los tipos no estaban ni vimos ningún rastro suyo, como si los hubiésemos soñado. La pulcritud con que borraron sus huellas nos pareció fabulosa, inquietante.

Mi compañero murió hace un tiempo. Me enteré por un conocido común, ya que años atrás discutimos por diferencias políticas, lo mandé al infierno y jamás volvimos a hablarnos. Muchas veces he pensado, asustado, en la eficacia de mi maldición. Uno cree que este tipo de expresiones (vete al infierno) son pura retórica. Ahora ya no se qué pensar.

He regresado al agujero en la tierra hace poco. 30 años más tarde y justo después de conocer la defunción de mi antiguo amigo. He encontrado el refugio. Un incendio lo ha arrasado. El fuego ha destruido toda la madera y gran parte del edificio. El techo está hundido. Las autoridades precintaron la puerta. Es ridículo, ya que el interior de la ruina es accesible por donde quieras. La humedad y la madera carbonizada desprenden un hedor intenso, insoportable, un perfume maligno.

Me he fijado en que las llamas se ensañaron especialmente en el rincón frente a la chimenea donde estuvimos bebiendo con los hombres provistos de la maravillosa facultad para desaparecer.

Después de dar vueltas por entre la maleza durante más de una hora no pude dar con el agujero en la tierra. Como si alguien o algo lo hubiese clausurado.

¡Hasta pronto!

1 d’ag. 2019

¿Quién teme a Baby Junqueras?


Se nos avecina el 11 de septiembre cual tormenta de fin de verano, y los dos partidos procesistas * andan a la greña. Este agosto no habrá paellas transversales: cada partido organiza la suya y desea que la paella del adversario contenga gambas caducadas o mejillones rellenos de mercurio. O de estroncio, uranio o polonio, o de ambos tres elementos a la vez: les regalo el gag a los del Polònia. El argumento toma visos de posible novela criminal (que no voy a escribir): estoy seguro de que a más de un junquerista se le ha ocurrido la idea de asesinar al señor de Waterloo, del mismo modo que a más de un waterloísta (no confundir con "waterpolista") se le ha ocurrido que Junqueras podría morir en un rocambolesco lance presidiario, a ser posible.

El asesinato de un preso (en el patio, en las duchas, cayéndose del tejado) es un tema concurrido en la literatura penitenciaria y muy común en el cine ídem, así que tretas y trucos y patrañas para inspirar un crimen en el talego son de fácil encontrar. Más difícil resulta imaginar como se resuelve el asunto de Waterloo. En los aledaños de Waterloo no hay barrancos ni carreteras peligrosas como la del Garraf, en las que resulta fácil simular un accidente accidental. Hace un tiempo se difundió una noticia (posiblemente falsa, pero la cosa quedó ahí) según la cual Puigdemont temió ser envenenado por un falso admirador de Lérida que le obsequiaba con unos dulces típicos del terruño. Según la misma fuente, el prófugo regaló los pastelitos a su escolta personal, gesto que le honra y que le equipara a sátrapas famosos de la historia, aquejados de la misma paranoia: emperadores romanos, faraones, líderes soviéticos, etc.

Me contaron, hace un tiempo, la posibilidad de que el gobierno chino desee eliminar al hombre de Waterloo, porque se posicionó a favor de una región china que, a veces, amenaza con la secesión. Eso fué un gesto innecesario (¿qué se le habrá perdido en China?). Un gesto quizás instintivo per a todas luces imprudente, ya que dicha región, secesionista intermitente, es de religión musulmana y eso lleva de cabeza a los estrategas y a los servicios secretos de las grandes potencias interesadas en debilitar a la China. Según me susurran, el secesionismo de la región asiática está financiado por la Cía, nada más y nada menos. Cuando uno se mete en esos berenjenales nunca sabe como puede terminar. Pero es fácil imaginar que puede terminar sufriendo un extraño accidente. Eso es algo muy peligroso: ahí está la enorme literatura de espías (¡leanse a John Le Carré, no me lo van a reprochar jamás!) o la saga del Bourne, de la cual vi 20 minutos de una de sus cintas: en cuanto cortaron para la publicidad me pasé al canal que daba un episodio repetido de "The Big Bang Theory".

Bueno, voy a dejar de lado el asunto de los chinos musulmanes y la Cía, no vaya a ser que sea yo quien sufra un accidente extraño en una noche de esas, cuando bajo las basuras al contenedor de la esquina y amanezco dentro del contenedor con el cuello torcido y una nota de suicidio escrita en cirílico atada al gaznate por el cordón de un zapato fabricado en Israel y comercializado en Lituania.

Así estamos en la triste Cataluña, soñando argumentos folletinescos para evadirnos, para liberarnos de la triste realidad cotidiana, y a la espera de la Ley Aragonès, una ley regional de privatizaciones a mansalva que hará palidecer al mismísimo Casado y enrojecer a Rivera, aunque no al imperturbable Abascal, demasiado entretenido viendo el último capítulo de "Mujeres asesinas de maridos" en el canal Ten. Eso también es un gag que les regalo a los chicos de Polònia, que andarán por Menorca. Aunque a mi, lo que me gustaría de veras es que me fichase José Mota. Me gusta más el Mota, ya ves.

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(*): En la nómina de los partidos procesistas he soslayado a la Cup. Me explicaré, para no granjearme las iras de este grupo aficionado a la bronca. Creo que la Cup es el único grupo independentista de veras, por lo cual no se merece ser tildado de "procesista", que es otra cosa. Aunque sigo a la espera de que me cuenten como puede ser uno (o una) de izquierdas y nacionalista la vez, creo que ellos, en su infinita candidez, son separatistas. Una vez conocí a un vegetariano militante y ultraortodoxo al que pillé en una barbacoa jartándose de morcillas, chuletas y carrilladas, amén de un par de chorizos criollos y alguna chistorra pamplonica. Me argumentó con un largo y tedioso discurso sobre las excepciones, la tolerancia, la síntesis marxista, el feminismo inclusivo, la teoría de cuerdas, la virginidad de Marie Curie y otras lindezas ideológicas. Mientras se zampaba una costillita de cordero me citó a Hannah Arendt, momento en el que se atragantó y tuvimos que llamar al Servicio de Emergencias Médicas, patrocinado por La Caixa.

28 de jul. 2019

Las raíces carlistas y franquistas del independentismo, un ensayo por escribir

Resultat d'imatges de carlismo en cataluña

Si yo fuese alguien en el panorama intelectual me pondría a escribir sobre ese asunto, ya que me parece una aportación necesaria al debate. Al debate entendido como una discusión en donde se aportan argumentos, datos históricos y sociológicos y todo lo demás.

¿Es cierto que el carlismo está en la raíz del nacionalismo catalán? ¿Qué parte de tradicionalismo hay en el sentimiento independentista? ¿Las dinámicas autoritarias aprendidas con el franquismo explican las dinámicas autoritarias del secesionismo catalán? ¿Por que la mayoría de figuras del secesionismo descienden de familias franquistas? Estas preguntas deberían ser pensadas. Y respondidas con argumentos. Quizás esto nos devolvería a un cierto pensamiento, a una cierta racionalidad. Quizás esto nos evitaría las penosas (y vergonzantes) diatribas supremacistas, xenofobias, fobias lingüísticas y demás muestras de holgazanería mental que exhibe el debate actual.

Pero no soy ni Cercas ni Ovejero ni Vidal-Folch ni de Carreras ni Pérez Andújar, solo soy una persona más, un ciudadano vulgar que aporta sus impresiones que son impresiones pequeñas, individuales, de a pie de calle, a pie de su casa. Ni dispongo de grandes lecturas ni tengo grandes títulos académicos que me avalen. La renuncia de la intelectualidad catalana, en este asunto, es lo que me ha impulsado a escribir sobre política catalana en este blog y en algún que otro medio. Llevo ya varios años exponiéndome, arriesgándome quizás más allá de lo prudente, porqué quizás no era prudente que una persona pequeña como yo se expusiese tanto. Pero ya está hecho, y jamás me arrepentiría de exponer una idea política, un principio ético. Cuando uno comprende que ser un ciudadano, en una democracia, consiste en ejercer de ciudadano, cosa que significa mucho más que ir a votar (o no votar) cada cuatro años, no se puede hacer otra cosa.

Del mismo modo que cuando uno se descubre a si mismo como un ser histórico, un ser en el tiempo, no tiene más remedio que repensarse. Pienso a menudo en mi padre, fallecido hace ya unos cuantos años, algunos más de diez. Mi padre se jugó el pellejo mucho más que yo por exponer sus ideas y sostenerlas y expresarlas. Se jugó el pellejo porque hizo eso durante una dictadura militar. Para empezar, no solo desoyó los consejos de su padre (el abuelo) de no meterse en política, si no que se opuso a las preferencias del franquismo acomodaticio del progenitor, las que heredó. Su viraje ideológico obedeció, según creo, a las lecturas y a algunas amistades, las amistades que le propusieron las lecturas. Creo que siempre osciló (dudó) entre el socialismo y el nacionalismo catalán, e intentó llegar a una síntesis con la que no consiguió dar (yo creo que no encontró la síntesis porque es imposible dar con ella, digan lo que digan esos chicos de la Cup). También creo que esa situación fue muy común a mucha otra gente de su generación, aunque me temo que la mayoría optaron por la postura más fácil, más resultona o más a la moda, o por la que ofrecía, a cambio, algún beneficio tangible. Eso lo he visto muchas veces, tanto en la ideología como en cuestiones mucho más simples y epidérmicas: asuntos amorosos y laborales, por ejemplo, o cuando uno se postula para publicar una novelita. El ser histórico es, también, un ser económico. Ahí aparecen el hambre y el frío, la necesidad de comer y tener techo, y el temor a los cambios que te pueden dejar sin pan y sin techo o, en su reverso, el deseo de tener comida de sobras y varios techos. Cuando uno pretende un techo solo pretende cobijarse, pero cuando quiere varios techos los quiere para gozar de lujos en varios lugares.

Eso debería promover a la pregunta o a la duda: la evidencia de que, la mayoría de los líderes secesionistas, escriban desde bellos chalés ampurdaneses o de la Cerdaña en cuanto empiezan los calores veraniegos. Por más que escriban sobre su sentimiento de personas oprimidas y reprimidas, hacerlo desde una linda casa de campo y de veraneo levanta la sospecha.

Mi padre nació pobre y murió pobre, y pasó sus últimos días en una clínica pública para enfermos terminales, entre moribundos acogidos por la beneficencia. Tuvo suerte: poco después de morir, el señor Mas se cargó los últimos vestigios de la sanidad para todos. De haberle llegado más tarde la muerte, en vez de haber muerto en la beneficencia quizás habría muerto en la indigencia, aunque en una indigencia tan soberana como soberanista, y su certificado de defunción pasaría los estrictos controles lingüísticos de la inquisición Koiné. Pienso a menudo en mi padre, buscando en su vida una moraleja, una lección. No es anecdótico que una de nuestras últimas conversaciones tratase del final de la segunda guerra mundial, penúltimo ejemplo de la guerra entre totalitarismos y democracia. Me contó una sorprendente juventud filogermánica, en la que admiró a los grandes generales alemanes. Tantos años más tarde, todavía mostraba un mohín satisfecho cuando nombraba a Rommel o a Guderian. Eso era común entre la juventud española de su época. Luego cambió de bando. No leyó a Marx, pero sí leyó resúmenes marxistas para obreros iletrados, algo sobre la teología de la liberación y poemas de un poeta sandinista. Yo, al fin y al cabo, de Marx solo leí su ensayo sobre la revolución francesa.

Aprender (a la fuerza), desaprender cuando se pueda y aprender de nuevo. Y así hasta el fin. En eso creo que consiste el argumento de la obra, parafraseando a Gil de Biedma. Este es un proceso por el que deberíamos pasar la mayoría de los catalanes.

26 de jul. 2019

Olvidar a Johann Sebastian


Un amable lector de La Vanguardia ha echado cuentas y ha escrito una carta al periódico. Denuncia una situación terrible. El señor (o señora) se ha dado cuenta de que, en un periodo de cinco meses, el Palau de la Música Catalana ha programado más de 63 galas de música flamenca... ¡y ninguna del Orfeó Català!. Para poder gozar del orfeón uno debe irse a Londres, en donde está programado para el 20 de agosto, aunque nada más y nada menos que en el Royal Albert Hall, que no está nada mal y quizás demuestre la internacionalización del conflicto, amén de la enorme influencia y de la no menos enorme admiración que despierta la cultureta catalana en el mundo.

Digo yo que, una vez en Londres y saliendo del Royal, solo cruzando el Canal podría pasarse por Waterloo un rato y preguntarle (con el ceño fruncido y gesto de gran patriota ofendido) a Carlos el Legítimo a ver qué es lo que pasa con la música catalana. Creo que el Legítimo le escuchará atentamente, y es probable que tuitee algo (quizás a cambio de unas monedas, claro está).

Si no solo estamos mal con lo de la lengua de los niños cuando juegan en el patio, ahora resulta que en el templo de la música catalana se programa la música del enemigo. ¡El no va más! Estoy seguro de que la carta del melómano (o melómana) de La Vanguardia habrá sido aplaudida y quizás también retuiteada. Si a partir de eso saliese una plataforma cívica de esas que se hacen y se deshacen en Cataluña, que podría titularse Plataforma per la Música Catalana (presentada como una Ong, puesto que defiende una cultura en vías de extinción, reprimida y perseguida), quizás se podría hacer un mejor seguimiento del caso, infiltrarse en los camerinos del Palau, observar qué preferencias musicales muestran los intérpretes cuando hablan entre ellos (¿valoran mejor a Roque Baños que a Juli Garreta?) y luego sacar conclusiones, elaborar con ellas un informe y presentarse ante el mundo, una vez más (last but not least) como las víctimas de una persecución que clama al cielo y que pide la intervención de los Cascos Azules.

Si la cosa va bien y las autoridades musicales y culturales catalanas reaccionan ante esa nueva muestra de opresión, olvídense de Bach. Porqué quizás el flamenco sea tan catalán como la sardana, pero Bach... ¡ay de Bach! Johann Sebastian es indiscutiblemente alemán y solo alemán. Estamos en lo de siempre: entre el ridículo hilarante y el hastío más negro. Dicen que la tragedia es el resultado de "comedia más tiempo", de modo que tras unos años de procés esto ya es tragedia. Si aquí hay una víctima verdadera es la cultura, que está siendo apaleada sin contemplaciones por el integrismo secesionista ultramontano, cerril y cateto. Un integrismo que ahora se ha puesto a fiscalizar como hablamos, como escribimos, qué música se escucha. Esta deriva autoritaria está fomentada por el clima que han creado unos políticos irresponsables e ignorantes, cuya finalidad real no es más que eso: aniquilar la cultura para regresar a la tribu. (Lo dijo un iluminado amparado y aplaudido por el
procés: ¿para qué leer a Aristóteles o a Platón, teniendo en nuestras filas/letras al Abat Oliva?).

Lamento decirle al amable lector molesto con lo del flamenco en el Palau que, si programan 63 veces el Orfeó Català, soy capaz de predecir cuantas entradas van a vender: entre dos y cuatro (cuatro, como las cuatro barras de sangre sobre fondo dorado). A no ser que sea gratis, entonces quizás llenan y a la salida los espectadores, henchidos de patriotismo, harán una calçotada popular en la calle con recogida de firmas para restituir el honor del Clan Pujol o alguna barbaridad similar (hasta que llegue la guardia urbana, mandada por la pérfida y traidora alcalde de Barcelona y les manden para casa: ¡esto con Maragall no hubiese pasado!).

También me gustaría contarle, al amable lector escribidor de cartas que, cuando yo era pequeño, había un domingo al mes en que, por la mañana, la orquestra de Barcelona ensayaba en el Palau con las puertas abiertas, y lo pobres podíamos acudir a escuchar música. Así fue como escuché a Beethoven, a Mozart, a Manuel de Falla, a Haydn e incluso a Wagner en directo. Tuve suerte. Si fuese niño ahora, quizás solo podría escuchar el Virolai y, a veces, La Santa Espina.

23 de jul. 2019

Paluzie

Imatge relacionada

La primera vez que supe de Elisenda Paluzie tendí a burlarme de ella por sus frases épicas, por su empecinamiento y su soberbia. Escribí algo y me salió un texto dudoso, ya que mi punto de vista adolecía de algo infame: escribí partiendo de un sentimiento de superioridad. Para luchar contra el sentimiento de superioridad que exhiben los separatistasas no se debe usar su misma postura supremacista.

Las  primeras intervenciones de Elisenda Paluzie en la tv pública catalana me pusieron muy inquieto. La señora Paluzie afirmaba que el referéndum del 1 de octubre era válido a efectos democráticos europeos y universales, afirmaba que la opción secesionista había ganado por mayoría absoluta y que se debía implementar la república independiente catalana. Aunque yo llevaba varios años ya sin sintonizar Tv3, las aportaciones de Elisenda Paluzie me llegaron a través de los conocidos que (con buenas o malas intenciones), me mandan fragmentos emitidos por tv3 con las ocurrencias de la cadena pública que pagamos a escote, ya seamos separatas, unionatas o equidistatas. Vi a una persona enajenada, desquiciada, completamente alejada de la realidad. Me dió pena.

A día de hoy, pasados los años y tras el pacto de los de Puigdemont con el Partido Socialista por el asunto de la Diputación de Barcelona, un pacto pergeñado solo para expulsar a Erc del control del enorme presupuesto de la Diputación, Paluzie se acerca de nuevo a los medios para suplicar (casi llorando) por un 11 de septiembre unitario en el secesionismo, como si no hubiese comprendido nada. Es partidaria de organizar un 11 de septiembre que dé miedo. Quizás se ha inspirado en aquella cinta pensada para dar sustos livianos a jovencitos morbosos, "Sé lo que hicisteis el último verano".

Paluzie aprovecha su presencia ante las cámaras para insinuar que en el procés hay traidores. Y, por lo visto, se reúne en el Palau con el presidente para diseñar eso que llaman la "respuesta de país". (Respuesta de país= la reacción que pretenden dar los secesionistas a la sentencia del Tribunal Constitucional para con los encausados separatistas. La Cup propone una huelga indefinida y la ANC se siente obligada a dar una respuesta más contundente e imaginativa, en la línea de sus ocurrencias célebres. Veremos con qué disparate nos sorprenden. Y veremos cuál será el seguimiento que obtengan).

Creo que también tiene unas camisetas dispuestas para el evento, y debe prever que se van a vender muy por debajo de las expectativas que calcularon ella y los socios de Vilaweb. Yo, la verdad, querré ver los números de la venta de camisetas.

Paluzie convocó a los suyos para protestar contra algo que he olvidado, hace unos días, y acudieron unos 300. Y en la siguiente, 200. Y cada vez que convoca a los socios y amigos de la ANC le acuden menos. La cosa ANC decae y a nadie se le escapa que van a ser anecdóticos dentro de nada, si no lo son ya. Ya es buena suerte que le toque a una economista de gran reputación gestionar la debacle económica de una entidad que aspiró a decidirlo todo y ahora solo tiene que decidir cómo se autoliquida. (Mensaje a la Cup: cuando veas las barbas de tu vecino afeitar...).

Aunque parece que el electorado indepe está dispuesto a todo, es decir, a nada. Ayer vi una adaptación cinematográfica magnífica de "Los demonios" de Dostoievsky (la de Andrzej Wajda: Les possedés), y pensé en la cosa indepe y en la señora Paluzie. Dice Dostoievsky en "Los demonios": "empujad a cuatro miembros de vuestro grupo a matar al quinto so pretexto de delación; a la que hayan derramado su sangre, estarán atados". Por cierto: ese fragmento de Dostoievsky es una de las dos citas con las que Jorge Semprún abre su buena novela "Netchaiev ha vuelto", que está bien para releer durante este verano. La señora Paluzie solo debe escuchar a Dostoievsky y a Semprún, y pensar quién es ese quinto. Para una economista solvente eso debe ser asequible.