02/02/2012

Nieve, amor, muerte. Y crisis, claro



No hay nada más dulce que hacernos el amor medio dormidos aún, antes del alba. Cuando levantas la cabeza, doblas la espalda y gimes destella el sol tras la persiana. Queda un rencor de la noche que se desvanece mientras reposamos de lado y en silencio, pensando en la ducha inminente y las cosas del día.

Poco después, en la calle, suelto tu mano, te beso. Adiós, hasta la tarde. Hoy por hoy, todavía somos de los que vamos a trabajar por las mañanas.

Pero un poco más tarde suena el telefonillo: el ayuntamiento ha decidido cerrar los colegios de primaria. Por lo de la nieve y las amenazas del servicio de emergencias meteorológicas, que siempre son muy precavidos. Pues nada, me vuelvo para casa. A lo mejor nos descuentan el día 2 de febrero. Si nieva no es culpa del gobierno (imagino al Conseller de Economía en rueda de prensa): le pasaremos la factura a Dios, y que él se haga cargo de los costes laborales de la nevada, en su bondad infinita.


Este de Terrassa, a las 10 de la mañana

Doy media vuelta y en apenas diez minutos estoy de nuevo en casa. Todo está silencioso. La nieve  envuelve los sonidos, los oculta. Parece casi un milagro. Lo digo porqué es tan blanca. Tan blanca es la nieve que nos sirve para medir el blanco. Una cosa tan blanca como la nieve es lo más blanco que podemos imaginar. A los periodistas les vendría bien que hubiese nevado una nieve negra, para seguirnos asustando con lo que está cayendo, lo mal que está todo. Pero no: la nieve es blanca y no entiende de mercados en quiebra ni de periodismo.

Sobre las diez llaman a la puerta. Es mi madre. Con una mueca de disgusto y de desconcierto. Mi madre murió hace justo un año. El día uno de febrero del 2011 estaba expuesta en el tanatorio de la calle Sancho de Ávila, con su mortaja blanco marfil. Y tal día como mañana (o sea, hace un año menos un día) la enterrábamos en Collserola. Si fuese mañana de verdad sería un entierro especial, con nieve.
-He venido porqué no entiendo... -murmura con un carraspeo. Percibo un brillo lacrimoso en sus ojos, está a punto de llorar- He venido porqué he ido a casa, pero allí vive otra gente, no lo entiendo. Y las paredes del recibidor pintadas de verde pistacho, no está ninguna de mis cosas, yo...

Le digo que pase y le pido que se siente en el sofá. Ella me pide que pare la música. Apago el aparato y Gary Moore se calla. Es que no se, esa música me molesta...
-No lo entiendo y espero que tu me lo cuentes. ¿Dónde están mis cosas? ¿Dónde está mi casa? ¿Qué demonios has hecho? Dame... dame alguna cosa caliente.

Le preparo un Nescafé mientras intento ordenar mi cerebro, que se ha disipado en varias direcciones a la vez. Sabe a tierra, a barro. Qué agua más mala sale aquí. El agua de mi casa es mucho mejor.

Mientras ella sorbe poco a poco aprovecho para llamar a los servicios sociales. Es lo último que se me ha ocurrido, quizá no sea lo mejor pero es el único pensamiento racional que me llega.
-Hola, mire, mi madre...
-Dígame el nombre de la usuaria.
(Se lo deletreo, por el hábito adquirido).
-Ah, ya veo: está pendiente de la visita para valorar su grado de dependencia, en pocas semanas le llamarán.
-No, es que ella ya murió.
-De acuerdo. Entonces la puedo borrar de la lista, ¿no?
-Es que está aquí, sentada en el sofá de mi casa. Ha vuelto.
-Le advierto que estoy grabando esta conversación.
-Mire, no soy ni médico ni espiritista, pero ella está aquí.

Ruidos. Sonidos metálicos y crujir de centralita digital. Me ha derivado la llamada. Supongo que hablaré con alguien superior en la jerarquía, o alguna persona preparada para atender emergencias graves. De repente suena Vivaldi en una versión que podría ser de Luis Cobos. Entiendo, toca esperar.

Mi madre ha terminado su Nescafé, ha dejado el vaso encima del televisor. Lo veo y no lo creo: de algún lado ha sacado su libretita de La Caixa y la está hojeando.
-Está... vacía. Pero... mis ahorros... y mi pensión?

Tiene razón en eso. Aunque le pagaban la pensión mínima, 540 euros por doce meses suman un pico nada despreciable. Tal como están las cosas, con esa cantidad hoy te puedes comprar un Dacia Sandero nuevo, de primera mano. O pasarte un año de crucero en crucero, como Rothschild.

La señora jerarquicamente superior de los servicios sociales escucha mi relato en silencio. Ni tan siquiera la oigo respirar. Dispone de un temple envidiable.
-¿Se da usted cuenta de que si todos los muertos hiciesen lo mismo que su madre se revienta la caja de la hacienda del estado? -gruñe al fin- España ya no es viva la virgen. Lo sabe usted ¿no?
-Lo entiendo -ronroneo incapaz de nada más- Yo diría que es un caso aislado, no lo se.
-Debería de llamar al 012. Le mandarán una ambulancia. Pero debo advertirle que si el caso no está justificado le cobrarán el servicio según tarifas vigentes. Debo informarle de eso, porqué luego nos vienen con quejas y reclamaciones y ya sabe usted que Catalu...(clic).

He colgado el aparato. La miro. Está sentada y parece más tranquila. No sé yo si la ambulancia es una solución, ni si quiero verla otra vez subiendo a una ambulancia en pleno invierno. Estaba tan desvalida cuando subía a las ambulancias, tan arruinado su cuerpo y su mirada tan lejana y sola que apenas podía soportar aquélla imagen. Me doy cuenta de que está muy despeinada.

Empiezo a peinarla lentamente. Ella se deja. A todo el mundo le gustan las caricias y que le peinen.

30/01/2012

JV Foix (y 2): Un apócrifo

dedicado al bloguero y poeta obrero Gabriel B.



Logotipo del homenaje: atención a la media sonrisa, medio beata y medio pederasta del poeta


Hace un par de años y mientras me documentaba para un artículo sobre la presencia de Bakunin en Cataluña, di con un ensayo menor debido a Jordi de Ferrussola i Masclans: Catalans de soca-rèl a fi de bé (1), Edicions de Migjorn, Calella de Palafrugell, 1978. Se trata de una galería de retratos de insignes patriotas difuntos, desde Jordi Pujol hasta Esperanceta Trinquis, pasando por algunos poetas. Entre ellos nuestro homenajeado Josep V. Foix.

Ferrussola i Masclans relata una anécdota acontecida en la pastelería Foix (calle Mayor de Sarrià, 57), hacia el verano de 1946. Según el autor, los hechos le fueron confiados por un antiguo trabajador que por aquéllos oscuros años ejercía como oficial de primera.

Si nos atenemos a la narración de S.E. (sólo se conocen las iniciales del obrero, curiosamente coincidentes con las de Salvador Espriu y las de Santo Espíritu), el asunto se sucedió tal como sigue:

-José Vicente me había encargado quince pastelitos borrachos (melindros bañados en Ron Negrita), con mucha prisa para satisfacer a un conocido suyo, posiblemente el Abate de Montserrat, un tal Escarré -sí, el mismo que le puso el palio a Franco para que penetrase el santuario de la montaña con los máximos honores. Como era su talante -el de Foix, no el de Escarré ni el de Franco, quiero decir-, me lo ordenó con su estilo bravucón, y cada cinco minutos entraba en el obrador para ver si ya cumplía con su encargo y con la debida presteza e ilusión. Con las prisas, los pastelitos borrachos salieron mal, ya se sabe: la cocina pide calma y modales. De modo que había que tirar los pastelitos: estaban excesivamente impregnados en ron. Cuando José Vicente lo descubrió sacó el fuet(2) que tenía en la trastienda, me ordenó bajarme los pantalones y me azotó sin mover un sólo músculo de su adusto rostro. Delante de todo el personal, dispuesto en fila por orden de antigüedad y rango, y con una estricta separación de sexos. Eso lo vigilaba tan escrupulosamente como los pies métricos.

Al cabo de un rato de maldecir todas las furias y los santos y beatas, dijo algo sobre el dineral que le costaba mi error, y empezó a comérselos. Aquí no se tira nada. Un par de horas más tarde el poeta andaba por la tienda dando tumbos, cayéndose, cantando cuplés de tono picante (recuerdo como entonaba "La pulga") y pellizcando el trasero de las clientas. Su hermana lo retiró a sus aposentos. Fué ese día cuando escribió la primera versión del Sol, i de dol. Aunque bueno, el caso es que esa primera primera versión empezaba con Cony i recony. Todos pudimos escucharlo declamar por el tragaluz. A mi se me quedó grabado el puñetero soneto, casi tanto como las cicatrices que me dejó en las posaderas.
Cony i recony, si em furtes l'esquella
em veig pudint tosques servituds
amb carallots i munts de legionel·la
i roigs cabrons que m'atufen, torçuts. 
Li dic: Quant és? Per quatre pessetes
o vint centiments, oh, caratsus, puts.
Calcetes d'or? Vès quina meravella,
rastre ignorat, adéu nassos romputs. 
No m'entretinc. Més calent de carnatge
tinc migranys, Maragall no m'engany.
Me l'he pelat, i despert com l'averany. 
Em pica un peu, refot, malviatge.
Oh, caganiu i capsigrany...
vull beure'm tot el rom. Tanca el pany.

El erudito crítico Jaume Parrús i Tort (conocedor del soneto descartado) escribió: toda la precisión de la poesía foixiana se encuentra aquí condensada: el gusto por el lenguaje cultivado, el rigor métrico, el espíritu clásico y moderno, el onirismo y ese punto de escatología bellamente oculta que tanto gusta a nuestros barceloneses de Diagonal para arriba. ¡Incluso borracho Foix era Foix! (Els poetes adormits: Joan Gurdulú, Pere Delacullera i JV Foix, Edicions de la Generalitat de Catalunya, col. La barretina erecta, Barcelona 1982, p. 134).

Cabe señalar la reseña que aparece en el Almanaque Lacaniano de 1987, suscrito por el psiquiatra uruguayo Marcelo Tentempié, según el cual Foix es el prototipo de masturbador compulsivo, apoyándose justamente en el soneto que nos ocupa. Dice M. T.:
-Primera estrofa: el poeta alude al temor de la castración. Cree que si le extirpan los testículos será pasto de sodomitas.
-Segunda estrofa: el poeta se afirma como cliente de los chaperos (cuenta una transacción sexual valorada en 4 pesetas y 20 céntimos).
-Tercera: opta por la  masturbación, más segura que la visita a los urinarios.
-Cuarta y última: después de sufrir la somatización del deseo reprimido (el escozor en un pie), el poeta decide ahogar el deseo en alcohol.
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(1) Catalanes de pura cepa a fin de bien
(2) Fuet, en catalán, designa tanto el instrumento para dar azotes -el látigo- como un embutido de cerdo de aspecto parecido al de un pene largo y delgado.

26/01/2012

JV Foix, el poeta y la pedorreta


dedicado al poeta y ensayista Gerard Horta



El poeta se despide del sueño y se levanta. Se viste ordenadamente de gris y desciende las escaleras que le llevan a la tienda del negocio familiar. Sin mediar palabra se sienta ante la caja registradora y se dispone a afrontar su jornada de trabajo: cobrar por los tortells y los tocinitos de cielo que vende. Estamos en una pastelería de larga tradición, en la calle Mayor de Sarrià. Eso es el barrio alto de Barcelona.

A media mañana, el poeta abre la caja y saca los billetes, los ordena de mayor a menor, los envuelve en un trapo y se los mete bajo el culo, para asegurar su integridad. Porqué el poeta no se fía ni de Dios. Es entonces cuando el poeta aprieta el abdomen, afloja el esfínter y bendice los billetes con un pedo de poeta.

Antes de proseguir debo contar algo: del poeta pastelero sólo leí dos sonetos porqué eran de lectura obligatoria cuando yo cursaba estudios secundarios. No me interesó para nada, y no se volvió a cruzar en mi vida hasta que me lo trajo el profesor Gerard Horta, quién lo cita en su magnífico Cos i revolució. L'espiritisme català o les paradoxes de la modernitat. Edicions de 1984, Barcelona, 2004, p. 142. El fragmento corresponde a una carta que el pastelero le manda a su amigo Josep Obiols, y dónde retrata la sociedad catalana de su época (estamos en 1920).

Avui dia, tot el fèrvid estol dels separatistes revolucionaris el componen gent que en l'ordre religiós són per ventura espiritistes i en l'ordre social són anarquistes essent el seu afany separatista conseqüència del seu temperament anàrquic (1).

Foix es el pastelero que afirmaba és quan dormo que hi veig clar (es cuando duermo que veo claro). Sin embargo, en estado de vigilia Josep Vicenç no parece una persona despierta ni sensible a su entorno. Claro que eso de los billetes bajo el trasero es una anécdota, pero es cierta. Se sentaba ante la caja registradora y se guardaba bajo el culo la recaudación del día: no vaya a ser que mis obreros me sisen.

Posiblemente todos tenemos nuestros tics, pequeños defectos o miserables inmundicias, muchas de las cuales nos humanizan. Hasta aquí todo sería una simple anécdota -una anécdota sobre la mezquindad, pero nada más. Pero otro tema es el ideario político e ideológico de nuestro pastelero. Apriori, confundir a los independentistas con los anarquistas es una aberración (sería como pensar que hoy, los aburguesados militantes de Esquerra Republicana de Cataluña están también afiliados a la CNT). Posiblemente en Foix hay algo más que ignorancia: hay un odio o un pavor hacia el desorden público y hacia la clase obrera.

El mundo ideológico de nuestro pastelero no termina ahí: JV sintonizó con las ideas vanguardistas del futurismo italiano y de Filippo Tommaso Marinetti, la corriente estética que abrazó con ilusión el fascismo y que devino el cuerpo artístico y poético que adornaba el delirio de Musolini.

En tanto que hombre de orden, es fácil inferir que Foix celebró la victoria de Franco, al que sólo le reprocharía su actitud hacia la lengua catalana. Por lo demás, nihil obstat: al fin y al cabo, el general fascista devolvió la paz de espíritu a la burguesía catalana.

Muchas veces me he preguntado porqué determinados personajes de la cultura catalana son homenajeados y reivindicados por colectivos y personas que parecen alejados de esas figuras: hoy mismo no puedo responder a qué viene celebrar y recordar a JV Foix. ¿Se trata tan sólo de que escribió sonetos en catalán? Sí, es más que probable. La paradoja catalana es un fenómeno complejo que permite anomalías de este tipo: el hecho de escribir en catalán durante el franquismo situó a muchos autores en el panteón de los prohombres patrios con una mirada absolutamente acrítica. Puig és català, Déu li do gràcia, se estilaba decir: como es catalán, bienvenido sea. Aunque sea un fascista.

Es la misma actitud que, en su versión inversa lleva al silencioso desprecio de aquéllos autores que, siendo catalanes, no escribieron en esta lengua: Carmen Laforet, Ana María Matute, Luis y José Agustín Goytisolo, Juan Marsé. Casi nada.

A veces me pregunto si hoy todavía estamos empañados por ese pensamiento tribal. El homenaje a JV Foix me responde que sí. Igual como ciertas arengas del nacionalismo de Artur Mas, por no hablar de la prensa culé.

Por eso imagino de nuevo al pastelero JV Foix sentado encima de sus billetes. Es de suponer que se tiraba un par de pedos bien sonoros y malolientes para desanimar a cualquier anarquista, independentista o mangante. Esta imagen es mi sentido homenaje.

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(1) Hoy en día, toda la chusma de los separatistas revolucionarios la compone gente que en el orden religioso son por ventura espiritistas y en el orden social anarquistas, siendo su afán separatista consecuencia de su temperamento anárquico.


19/01/2012

Caronte Schettino

Dedicado a los náufragos de cualquier patera, de lujo o para hambrientos




-Mamá, tengo miedo -diría ahora. Si no tuviese la boca llena de agua con sal y barro. Y aún añadiría: -Creo que nos engañaron.

Porqué eso que habla -este cuerpo- está en el fondo del mar. Los peces me besan las manos y buscan mis párpados. Me arañan suavemente la piel translúcida. Una estrella de mar se ha instalado en mi vientre y reposa tan quieta y rutilante como las estrellas del cielo.

Aunque ahora sea acuático nací en España y me enseñaron a tener miedo. De pequeño sólo les temía a las arañas y las serpientes, pero mi madre me dijo que la peor alimaña era un monstruo llamado Incertidumbre. Esa palabra no la pude comprender jamás. Es rara, un laberinto de sonidos. Quizá por eso le tuve un pánico atroz. Y por eso, posiblemente, me busqué un trabajo lento, rutinario. Convertí mi vida en un ritual del tedio y mis horas fueron templo del aburrimiento. A cambio de ese sacrificio logré escapar del monstruo. Hasta el día trece por la noche, cuando me alcanzó.

Durante décadas me he zafado de él. Vi a la bestia de cerca, zampándose a conocidos y desconocidos. Yo me reía por dentro sin compadecerlos: hay que tenerle un respeto al monstruo, pensaba: ay de los imprudentes y los ligeros.

Un día sentí (o se me ocurrió) que a lo mejor mi vida había transcurrido en un sopor, en un leve aliento de sopor. Fué más o menos por entonces cuando empecé a mirar los mares y los océanos en un mapamundi de colores y descubrí unas líneas de puntos que cruzan el azul. -Son las rutas de los cruceros, me dijeron. Cruceros de lujo, tout compris, seguridad y placeres garantizados. Y me compré un billete para una ruta mediterránea (si te gusta luego vendrán los enormes viajes transatlánticos, me dije muy prudente). Estuve satisfecho entonces de haber sido un tipo ahorrador y precavido.

Del capitán del barco sólo sabía que se apellidaba Schettino. ¿Cómo podía ni tan siquiera imaginar que su nombre era Caronte? Ahora des del limo contemplo unos reflejos azulados y la silueta perfilada del enorme buque unos metros por encima de mi cabeza -más blanquecina a cada hora que pasa bajo las aguas. Veo a ese gigante arrodillado y vencido. Me siento engañado y triste. Algo ha salido mal, algo que empieza muy atrás, cuando mi madre me decía: ante todo, cositas seguras.

A pocos metros de donde yazco hay otros hombres y mujeres. Más no les reconozco: no venían conmigo. Cuentan historias de huídas en botes, en zafias embarcaciones de maderitas tiernas. La verdad es que no sabía que el Mediterráneo de los turistas fuese también el Mediterráneo del hambre. No sabía nada de ellos y sin embargo ahora son mis compañeros. Cuerpos entre los peces, cuerpos y también nidos de peces.

Pienso que cuando nos vengan a recoger para llevarnos a una mejor sepultura me confundirán con ellos. Lo que quede de nosotros podría ser tan espeso y líquido, turbio y homogéneo como esas papillas que me preparaba mamá mientras esperaba de mi que fuese un buen empleado cumplidor en alguna empresa sólida.

18-1-2012
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He pasado algún tiempo de mi vida pensando como es (como debería ser) el cuento de terror del siglo XXI. Confieso que ha sido poco ese tiempo, entre trabajos y obligaciones varias. Hoy he dado con la respuesta oportunista. Buscando la respuesta gótica, he encontrado sólo eso. Bueno, no pasa nada: al fin y al cabo es una respuesta,