11 d’oct. 2019

A propósito de Ros de Olano

Mientras andaba buscando información sobre mi difunto tatarabuelo José Coronado Ladrón de Guevara, di con un documento firmado por el Marqués de Guad-el-Jelú, que en la época de mi antepasado no era otro que Antonio José Teodoro Ros de Olano, militar, político y escritor de buen estilo y pluma aguda. Así pues, aún sigo sin saber gran cosa de mi antecesor pero sin embargo estoy gozando de la prosa de Ros de Olano. Un descubrimiento que me empuja a seguir investigando sobre los tiempos de José Coronado. Seguiremos informando.

9 d’oct. 2019

¿La poesía es de homosexuales?

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Lo cuenta Roberto Bolaño en el primer capítulo de "Los sinsabores del verdadero policía", una novela que terminó en las listas de las novelas de culto. Dice Bolaño: La novela es, generalmente, heterosexual. La poesía, en cambio, es absolutamente homosexual. A continuación el escritor chileno y catalán, que escribió poesía antes que novela, elabora una lista de escritores de poesía que clasifica entre estas varias corrientes de la homosexualidad: maricones, maricas, mariquitas, locas, bujarrones, mariposas, ninfos y filenos. Luego están las combinaciones de estas categorías, de modo que Borges, por ejemplo —dice Bolaño—, podía ser de improviso maricón y de improviso simplemente asexual.

Me pasó lo que le podría pasar a cualquier lector atento: me estremecí. Temí ser fileno por lo menos, ya que escribí varias poesías hasta los 17 años, más o menos. A esta edad gané un concurso de poesía en el instituto. Añadiré, con cierto rubor, que en el mismo certamen literario también gané un premio de narrativa (con un cuento que plagiaba a uno de Lovecraft, un narrador que podría ser tildado de fileno sin grandes esfuerzos). A la misma edad llegué a finalista de un premio poético convocado por la parroquia del barrio. No lo gané, sin embargo —y ahora lo celebro en nombre de mi virilidad—. No lo gané porqué el jurado seleccionó a tres finalistas, leyó las tres poesías en un acto público y el público votó. Ganó una poesía piadosa, escrita por una muchacha de pelo largo, lacio y rubio que respondía al nombre de Montse. Montse era cristiana y catalanista, y rasgaba la guitarra en la misa de los jóvenes, los domingos a las ocho. No creo que Montse fuese lesbiana, pero no lo puedo negar con pretensión de validez. Si mal no lo recuerdo, una vez le eché los tejos a Montse la guitarrista y ella me dio calabazas sin piedad cristiana alguna, pero de esa anécdota no se puede inferir nada más que mi torpeza y mi poca fe.

Algunos años más tarde, yo me había inclinado por la narración de forma indudable y sin fisuras, pero tenía un amigo poeta con quien solía debatir sobre Mallarmé, Baudelaire, Verlaine y Lautréamont. Creo que también sobre Rilke y Hermann Broch. Yo solo había leído algo de Rimbaud, y solo los textos en prosa del francés que se perdió en Abisinia. A Broch sí lo había leído, también. Nuestros debates eran, en realidad, largos monólogos por su parte. Por aquel tiempo yo me había liado con mi primera novia formal, una chica rubia y muy mona que detestaba las tonterías y amaba el cine de terror visto desde la última fila, las partidas de billar y los negros muy grandes que juegan al baloncesto. Mi amigo poeta también era amante del billar. Era amante del billar y no tenía novia ni se le conocía amiga íntima alguna, de modo que, durante una partida de billar entre los tres, intentó birlarme a mi novia formal.

Mi amigo el poeta le dijo a ella que no obraba bien yendo conmigo, y que más le valdría concubinarse con un tipo como, pongamos por ejemplo, por ejemplo como él mismo. Lo he expresado de un modo rudo, pero estoy convencido de que mi amigo poeta fué poético cuando le propuso el intercambio. Al pobre poeta amigo le salió el tiro por la culata: ella se partió de risa contándome la situación aquella misma noche, tras retozar conmigo en la cama de sus padres. Sus padres se habían ido al apartamento de Vilasar de Mar. El acoso de mi amigo el poeta excitó la líbido de mi joven novia de modo que, gracias la ocurrencia del poeta, tuvimos una noche muy feliz.

Luego supe que el poeta había actuado de igual modo con el resto de las novias de sus amigos, y que siempre tuvo el mismo resultado.

Mi poeta estuvo ingresado en una clínica psiquiátrica de la provincia de Gerona, a consecuencia de unos delirios graves. Le vi cuando ya le habían dado el alta y había recuperado una cierta normalidad. Por entonces había obtenido el estatuto de discapacitado español, una categoría de veras envidiable que le permitió llevar una vida bastante buena dentro de lo que cabe, con una pensión digna. De eso me alegro por él y sin rencores (como a todos los hombres del género masculino, los rencores me duran poco). A día de hoy, mi amigo poeta es un independentista catalán furibundo que escribe poesías nacionalistas y se empeña en fundar la asociación de "Poetas para la independencia". Yo cambié varias veces de pareja, abandoné la prosa, volví a ella, me hice pintor, volví a la prosa. Hice lo posible para evitar la locura, la poesía y el primo de ambas, el nacionalismo.

6 d’oct. 2019

Los sellos del coronel Kurtz

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Creo que Albert Soler Bufí comprenderá la broma que es dedicarle este artículo

Escribió el crítico de cine Carlos Boyero (nuestro crítico decano) que el director de "Apocalypse Now" y el de "Ad Astra", la peli de Brad Pitt, deberían de haber citado a la novela de Joseph Conrad en los créditos de sus respectivas cintas, y eso me empujó a comprar la entrada para "Ad Astra" (con una excelente banda sonora debida a Max Richter). Sin embargo, este film no versiona en modo alguno "El corazón de las tinieblas" aunque contenga algo de ella, de la misma forma que no versiona el 2001 de Kubrik a pesar de hacerle varias referencias obvias. Yo diría que cuestiona los axiomas de ambas. Y diría que también hay referencias más que evidentes al "Solaris" de Tarkovsky, ya que, como en la cinta del ruso, la relación padre-hijo es el núcleo principal del drama, aunque que en Tarkovsky se cuenta al final y en "Ad Astra" al principio. En ambos casos, la moraleja creo que es: menos tecnología y más cuidarse de las relaciones humanas de calidad. Pero vamos a dejar las cuestiones del cine para otra ocasión y para los que saben más que yo, que son muchos.

"El corazón de las tinieblas" debe ser una de las novelas más influyentes en la literatura y el cine del XX y del XXI. Entre otras razones por la presencia/ausencia apabullante del personaje de Kurtz, ese tipo al que mandaron a una expedición hacia el interior y una vez allí enloqueció, se endiosó y empezó a actuar de por libre, enloqueciendo también a los que estaban a su lado. El Kurtz de Conrad es un delegado comercial que Coppola convirtió en un coronel norteamericno de la guerra en Vietnam, personaje que interpretó un Marlon Brando ya decadente, en donde apareció con la cabeza afeitada. Poco después de ver la cinta de Pitt empecé a darle vueltas a la idea de una versión catalana y nostrada de Conrad y me di cuenta de que la novela (¡oh, Dios!) ya está escrita.

Con una mata de pelo notable en vez de con la cabezota rasurada de Brando, nosotros tenemos a nuestro Kurtz.

Nuestro Kurtz, el Kurtz catalán, es un tipo que salió zumbando, temeroso de la ley, y se refugió en un país del norte, en donde o bien enloqueció o bien terminó de enloquecer por completo, un proceso que empezó mucho antes, posiblemente en la bella y florida (1) ciudad de Gerona. Una vez en los confines del mundo, el hombre se creyó un poderoso presidente de una república ilusoria y empezó a comportarse como tal. Hasta aquí, más o menos como Kurtz. (Fíjense que usa una cuenta de Tuiter llamada Krls: ¿acaso eso no prueba la influenza de Kurtz?). Se hizo con una mansión espléndida e hizo en ella lo que los aristócratas hacen con los lugares en que residen: el lugar pasa a ser considerado un palacio por el simple hecho de estar habitado por un noble. Aunque el noble viva en una chabola, la chabola se convierte en palacio por un fenómeno de contagio: las paredes que albergan al rey son, por definición y por obligación (y por la anuencia de los que son o desean ser sus súbditos) paredes reales.

Dijo Rousseau, mucho antes que Conrad y que Coppola, que el problema se origina en un tiempo muy remoto, cuando alguien proclamó: "yo soy el propietario de este pedazo de tierra". Dice Rousseau, más o menos: el problema empezó cuando los demás le creyeron y lo aceptaron en vez de darle un sopapo que le rebajase los humos. Este y no otro es el orígen de la nobleza o de la realeza: alguien dijo "yo soy el rey" y los demás acataron. El primero que dijo "yo soy el rey" era un jetas, un vivales. Y los que estaban a su alrededor, pusilánimes y con voluntad de súbditos cuando no de esclavos. Algo muy parecido sucede con el Kurtz a la catalana que nos ocupa. Nadie le soltó (cuando se estaba a tiempo) un sonoro y soberano: "¿Por qué no te callas?".

Conrad cuenta (y eso lo aprovecha Coppola) que un tiempo atrás mandaron a un emisario para ver qué sucedía en los confines en donde andaba Kurtz, pero que no se supo más de él y se temen que el emisario haya caído en su red delirante, por lo que ahora mandan a un desprevenido, ingenuo y joven Marlow (Willard en Apocalypse Now). Tengo claro quien es el primer enviado en la versión catalana: un empresario madurito de las fotocopias que fué senador por unos meses. Pero el papel de Marlow me resulta más difícil de ubicar. Hasta que, de pronto, lo descubro en la prensa. Una familia catalana, de indudable clase media (esa clase en peligro de extinción inminente y por la que los ambientalistas no sufren), se fue a la mansión del enloquecido para saludarle. Pero Kurtz no quiso salir a recibirles y se llevaron un chasco de padre y muy señor mío. Se volvieron para casa cabizbajos y un poco indignados. Parece ser que alguien les dijo que Kurtz estaba muy ocupado. ¿Ocupado en qué labor?

El misterio me lo resuelve la prensa, de nuevo: Kurtz estaba ocupado diseñando sellos. Ya está, lo tengo todo y todo encaja. La versión de Conrad a la catalana debe contener los elementos narrativos del original pero debe adaptarse a la idiosincrasia catalana: debe ser más pequeñito, más ridículo, más menestral. Menos tragedia, menos. Y más de estar por casa en pantuflas y bata de boatiné. Costumbrista, una maldad doméstica, sin metafísicas nihilistas, sin Schopenhauer, drama de tono rural con familia de pasteleros de la calle mayor de un pueblecito, terruño, virolai y misa dominical, quizás una tieta monja. Y un pobre diablo dibujando sellos de un país imaginario, ensimismado. ¿Por qué ya nadie habla de los sellos de Kurtz?. ¿Qué pasó con los sellos?.

El final de la novela de Conrad (que algunos críticos ingleses consideran el mejor final de la historia de las letras) nos presenta a un Kurtz agonizante y tumbado en la cubierta de un balandro, en donde murmura, entre delirios y fiebres terminales las palabras "El horror, el horror...". El nuestro, el Kurtz nostrat, pronunciará, sin duda: "Los sellos, los sellos...".

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(1). "Florida", en catalán, significa a la vez "floreada" y "podrida". Cada lector puede escoger la acepción preferida de esa palabra polisémica.

2 d’oct. 2019

Francisco Casavella, lectura en directo

Francisco Casavella escribió la casi infinita, inabarcable "El día del Watusi", que es difícil de clasificar. Crónica barcelonesa, crónica de una vida, del extrarradio al centro (crónica centrípeta) y a la vez del centro a la periferia (crónica centrífuga), memoria de un malandrín que alcanza a codearse con los poderosos, retrato amargo y oscuro, a veces melancólico pero muy a menudo descacharrante. De las casi mil páginas que tiene el volumen de Anagrama, he seleccionado la lectura de la 525. A ver quien adivina el porqué.

En este nuevo video me he cubierto la cabeza en respuesta (en respuesta asertiva y complaciente a la vez) a la petición de un seguidor del canal de Youtube.

27 de set. 2019

Los daños colaterales

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El procés agoniza. En esta fase terminal muestra sus fauces más peligrosas y violentas. Empiezo a hacer el recuento de daños, que no son pocos. Quizás es prematuro, porque todavía es dañino. Sin embargo, el procés (falta una definición que incluya la pulsión agresiva y violenta de la mitad de los catalanes contra la otra mitad, a la que niega) nos deja un reguero de pérdidas. Me refiero a las pérdidas personales: amigos, familiares, compañeros de trabajo que perdimos en nombre de una patria ilusoria para unos y fogosamente real para otros.

Pero el procés implica otras pérdidas, casi intangibles, que se sitúan en la esfera de algo sutil. Y lo sutil es, a veces, tan importante como el alimento diario. Me refiero a los daños colaterales.

Durante muchos años seguí las maniobras artística de Pau Riba, que es más poeta que músico aunque yo admiraba su música y su poesía sin distinguir entre ambas. La obra de Riba me parecía el signo de unos tiempos en los que me identificaba. Riba Pau es el nieto de Riba Carles, y es a la vez la respuesta a la poesía elitista del abuelo, un señor muy señor y muy culto y muy exquisito. Riba Carles es considerado como uno de los poetas más selectos de la literatura catalana del XX, de modo que la música lisérgica y gamberra de su nieto era algo así como un soplo de aire fresco para una cultura gravemente aquejada de elitismo, de incomprensibilidad y de inutilidad. Riba Carles fue un gran poeta, pero nadie le lee. Está muerto. Riba Pau, por contra, está vivo. Seguí a Riba Pau en sus discos cuando era pequeño (yo), y le seguí en festivales raros, rurales y perdidos por esos montes de Dios en cuanto fui una persona autónoma. Jamás me decepcionó. Siempre le sentí vivo, gamberro, iconoclasta.

Pensé que Riba Pau sería un referente para siempre. Pero llegó el procés y lo jodió. Riba Pau milita más de Riba que de Pau y se muestra simpatizante de la cosa catalana, de la cosa de la burguesía catalana identitaria y tal. Bueno, quizás soslayé que Riba Pau era Riba más que Pau des de siempre, un error de apreciación común entre los seres de mi generación y de mis apellidos. Corregir puede ser de sabios pero no nos hace sabios a los que fuimos tontos y ahora corregimos, por más que lo hagamos (lo de corregir). No tiraré los discos de Riba Pau ni los quemaré, ni procederé a ningún ritual satánico con ellos. Y posiblemente seguiré escuchando las canciones de su Dioptría y de los otros discos (los 3 o 4 que guardo en versión CD), pero no sentiré lo mismo que antes. Ahora ya es otra cosa. Ahora ya no es lo mismo.

Riba no es Llach, por fortuna y a Dios gracias. El cantautor ñoño de Verges no me gustó nunca, y el único disco que tenía de él ("Un pont de mar blava", comprado en un momento de debilidad) lo tiré a un contenedor gris o marrón o azul o verde, una vez quemado en el balcón, en los inicios del procés. Y me quedé igual. No solo igual, si no más tranquilo que antes. Lo de Llach no es un efecto colateral. Lo de Riba Pau, sí. Eso es una pena de veras. Y luego están los escritores (algunos conocidos) que he dejado de leer para siempre, porqué de un escritor que se proclama nacionalista ya se de antemano que no me interesa nada de lo que me cuente sobre la vida, la especie humana ni la trascendencia: un nacionalista no ha comprendido nada y por lo tanto no puede contar nada. Lo poco que puede contar es tan penoso que se lo dejo para él.

De toda esta gente hay algo que me sorprende, aunque pasa poco: de vez en cuando protestan por la poca atención que la administración catalana le presta a la cultura, a la que le destina el 0,8% del presupuesto público. Quizás se conforman con la respuesta, tan manida como mentirosa de que eso "es por culpa de España y cuando tengamos la independencia lo arreglaremos", pero lo cierto es que es escandaloso. Destinar a la cultura el 0,8% del presupuesto, tratándose de un gobierno nacionalista identitario que se harta de hablar de lengua y cultura como signos y símbolos sagrados, tiene su miga. Y ¡ojo al dato! De este 0,8% hay que descontar los gastos del capítulo 1: nóminas de cargos y más cargos, secretarios, directores y subdirectores, un sinfín de técnicos y algunos auxiliares y subalternos, aunque esos, la verdad sea dicha, son mileuristas. ¿Qué queda para la cultura?. Uno pensaría que un gobierno identitario y secesionista, si fuese inteligente, gastaría un pastón en cultura, educación y sanidad para ampliar la base secesionista y demostrarnos a todos que son los más mejores, que es un gustazo vivir en Cataluña y etcétera. En vez de eso, proceden a lo opuesto: hacer insufrible la vida en Cataluña. Cuatro subvencionados y el resto que se apañe como pueda. [Un dato: la actual consejera de cultura de la cosa autonómica proclama que la cultura no se puede subvencionar al 100%, cosa que tiene gracia cuando uno subvenciona a la cultura con el 0%].

Riba Pau sobrevive con lo que puede. Y como él, muchos otros autores o artistas que no dudan en posicionarse de la parte del poder catalán. Fabuloso, oiga. Entre mis ex-amigos escritores la situación roza lo ridículo: por debajo de la supervivencia, o escribiendo en horas intempestivas tras dedicar largas jornadas a trabajos de mierda, situación que podría favorecer a la creatividad, dicho de paso, pero no: van y escriben cuentos y novelitas que agraden al poder, que complazcan a los cuatro del lacito amarillo que gastan algunos euritos en cultura, y por compasión. ¿Cultura? La cultura del esclavo.

El otro día vi la obra completa de Recha Marc en Tallers 79, a 10 euros el pack con los 6 CDs de sus 6 cintas. Había un montón. A 1,6 euros la pieza de cine catalán. Lo compré con pena.

Los daños del procés son terribles, y entre los colaterales está la ruina cultural. A día de hoy, incluso algunos creadores equidistantes o lacistas reconocen que la situación es dramática y que Madrid (o Madrit) nos gana de calle: teatro, cine, música y literatura están miserables en Cataluña y aceptablemente bien en Madrid. Pues nada, sigan ustedes creando cancioncitas y novelillas para gustarle al poder. Y que Cataluña se lo pague con muchos hijos.