28 de set. 2022

EL PUEBLERINO Y LA AGENDA PRESIDENCIAL

Un matón de pueblo le alza la voz al presidente y le desbarata la agenda. Este relato trata de masculinidades tradicionales y masculinidades nuevas. Y de fantasías nacionales.

El resultado es este: a Pere Aragonès se le ha torcido la agenda. Debía visitar la "Cataluña central" y no podrá acudir, ya que un señor con aspecto de malote y voz chusquera le ha estropeado los planes y le ha metido en un berenjenal.

Mientras muchos se preguntan como puede ser que los italianos hayan votado a la señora Meloni, aquí nos preguntamos como puede ser que el señor Batet haya sido alcalde, luego diputado y ahora el portavoz del grupo Junts, máxima representación del nacionalismo más rancio. Cuando uno escucha hablar al señor Batet le acuden varias imágenes a la mente: un tipo zafio acodado en la barra del bar, el tipejo que te espera en la puerta del instituto para soltarte un puñetazo o incluso el follonero del After hours que se lía con el segurata.

Puede que no todos los diputados estén dotados para la oratoria (Dios reparte los dones de forma irregular), pero hay algunos casos que sorprenden, especialmente cuando la oratoria ha sido suplantada por unas voces broncas y una sintaxis lamentable. El señor Batet acunó la expresión "caure en sac foradat", novedosa y de cosecha propia, traducción directa de la expresión "caer en saco roto". Me imagino a los puristas de la lengua catalana llevándose las manos a la cabeza, horrorizados tras comprobar que los soldados más fieles a Cataluña ya no saben hablar el buen catalán. Supongo que le habrán echado las culpas a la colonización y esas cosas, y alguno habrá lamentado el dispendio en inmersión lingüística, cuyo balance siempre sale calamitoso.

Al señor Batet me ha parecido verle en alguna peli de Sergio Leone, no recuerdo cual, solo recuerdo a un pendenciero de tercera fila a quien Clint le pegaba un tiro por toda respuesta a su provocación y el público aplaudía.

El Parlamento catalán: un Saloon de western rodado en Almería. Sí, en Almería: para mayor disgusto de nuestros identitarios siempre ofendidos. Mientras en el Congreso se habla de crisis energética, de emergencia climática y de gestión de los impuestos, en el parlamentito catalán hay bronca patriótica, orgullo nacional y gestualidad esencialista. Un parlamentito de gran utilidad a precio desorbitado: si ustedes buscan el coste para los catalanes de este parlamentito comprenderán de veras qué diablos significa "inflación".

Los catalanes estamos de pega: por una vez que nos sale un presidente de perfil bajo y nueva masculinidad, le asaltan los bravucones que añoran el tiempo de la bravuconería (inane) de Puigdemont y de Torra. Ya es mala suerte: lo de Cataluña es una maldición eficaz.

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Notas. ¿Quién es Albert Batet? https://cronicaglobal.elespanol.com/pensamiento/el-retrato/albert-batet-hijo-estraperlo_543687_102.html



26 de set. 2022

MELONES PARA EL PUEBLO

La señora Melones gana las elecciones. Ese podría ser un buen titular, a la altura de los discursos de la propia señora Meloni. Tras ver la zafiedad de su campaña, que incluía un vídeo en el que la política mostraba dos melones "galia" a la altura de sus pechos, a uno se le ocurren muchos titulares vulgares. Ya lo ha hecho hoy mismo algún medio: "¿Queríais mujeres en puestos de poder? Pues ahí las tenéis."

Uno, luego, podría escandalizarse o rasgarse las vestiduras, o incluso aportar datos como la abstención del 49% que explica la victoria apabullante de un partido neofascista cuya líder afirma admirar a Mussolini, quiere prohibir el aborto o salirse de la UE. 

Pero me temo que el asunto pasa, inevitablemente, por detenerse en el papel de las izquierdas en general y de la socialdemocracia en particular. Es decir, en el papelón de esas izquierdas.

Llevamos ya mucho tiempo asistiendo al discurso errático e impreciso, lleno de palabras preciosas y conceptos complejos, pero que no llega a quien debería llegar. No hace falta irse a Italia para comprobar la poca capacidad de las izquierdas, sus titubeos. Sin moverme de la desdichada Cataluña: el papel (el papelón) de las izquierdas con el "procés" es el botón que sirve de muestra. El partido "En Comú-Podem" muestra una incapacidad pasmosa para identificar que el procés es una contrareforma de derechas, un proyecto burgués e identitario de lo más rancio y juega, en un juego de malabares imposibles, a mostrar una equidistancia absurda que decepciona a todo el mundo y no contribuye a nada bueno.

Y de eso vive la ultraderecha, campando a sus anchas en el erial que les ceden. Resulta muy fácil ofrecer un discurso de soluciones facilonas, de oposición a los derechos de ciertas minorías que enfurecen a las masas y de anti-todo. Empezando por la antipolítica: he observado una siniestra similitud entre Giorgia Meloni y Laura Borràs en varios aspectos, de modo que si la Meloni muestra unos melones, no sería nada extraño ver a la señora Borrás con la varita de Magia Borràs gritando:

-Con las soluciones Borràs, Cataluña será lo más.

Hay que preocuparse seriamente, des de las izquierdas, por articular algo comprensible y claro, y sobre todo eso: hablar muy claro. Contar con claridad y sin manías porque se deben pagar impuestos, y porque la carrera por bajar impuestos es lo que de veras puede romper a España. Hay de articular un discurso limpio, que incluya el patriotismo sin manías, que no le tema a negarse ante las peticiones de los nacionalismos periféricos con su egoísmo voraz e infinito, que plantee la necesidad de un debate científico ante las cuotas de lenguas en Cataluña. De lo contrario, ya lo ven, se organiza una manifestación en Cataluña por lo de la lengua y se presenta el señor Abascal, que de lengua y pedagogía sabe lo mismo que de filosofía presocrática, y le regalan el protagonismo.

Y perdonen mi acceso de nostalgia o casi de melancolía, pero no me imagino a Pérez Rubalcaba o a Julio Anguita cayendo en esa vacilación tan triste y tan descoranozadora, y tan desmovilizadora del electorado de izquierdas.

Quiero creer que todavía están a tiempo. Pero no hay ni un segundo que perder. Lo que está en juego es demasiado grande, más que los melones de Giorgia.

25 de set. 2022

LA POESÍA DE MARINA GARCÉS

Lo escribía el otro día mi amigo Pere, en un artículo sobre Edgar Morin y su libro "La mente bien ordenada". Y ese texto breve pero intenso me hizo pensar. No se le puede pedir nada más que eso a un texto: que te obligue a sentarte y a recapacitar. Gracias pues, Pere.

Vivimos en España, país que más allá de sus paellas, toros, siesta y guerras fratricidas, se conoce por sus cambios constantes en materia legislativa referida a la educación. Cada gobierno hace su propia ley educativa, que será reformada o derogada en el siguiente gobierno. Uno ha perdido la cuenta de las leyes, ordenanzas y normativas por las que ha transitado a lo largo de su vida como profesional de la docencia. Si les digo la verdad, me encuentro sumido en la perplejidad y el desconcierto y no soy capaz de aseverar si debo evaluar por competencias o por capacidades clave, si es más relevante el conocimiento que la competencia, si prevalece el esfuerzo o la resiliencia.

En medio del vendaval, doy con un libro de Marina Garcés, autora que siempre he leído y admirado en casi todo -que no es todo. Se trata de "Escuela de aprendices", libro publicado por Galaxia Gutenberg en 2020 y que tiene el aspecto de libro de madurez. Este es un libro honesto y pensado, al que se le agradece que sepa incluir una poesía a modo de epílogo: encontré algo mágico, bellamente antiguo y delicado en ese cierre en forma de poesía para un libro de filosofía. Más que poesía, Garcés regala una colección de aforismos que me remiten a algunos textos de Nietszche, autor que también usaba la poesía aforística. Recuerdo el caballo de Torino que abrazó el filósofo alemán mientras leo a Garcés.

Los debates sobre educación, a día de hoy, están dirigidos por periodistas, columnistas o políticos que jamás han puesto un pie en las aulas tras superar la educación obligatoria, o cuyo conocimiento de la educación pública es más bien escaso. Fíjense ustedes en un dato curioso: la mayoría de los políticos que legislan sobre la educación surgen de la educación privada, la misma a la que matriculan a sus hijos. Hay pocos pedagogos en el debate público de la educación. Dicho de otro modo: a mi me da igual si todo el mundo se siente entrenador de fútbol, pero me molesta que todo el mundo opine sobre educación. 

Del mismo modo que ningún tertuliano osa opinar sobre física cuántica o sobre bioquímica ¿por qué razones cualquier tertuliano opina sobre como, cuando y porque se debe enseñar en las aulas?

Se lo cuento del revés: este año, de nuevo, unos 30.000 alumnos de Formación profesional se han quedado sin plaza en los centros públicos catalanes. Sin embargo, el debate que nos transmiten los medios -y que por consiguiente está en boca de todos- trata del 25% de las clases en castellano, cuando eso es un tema menor, tergiversado y manipulado hasta el hartazgo.

Lo que nos cuenta Garcés es lo esencial y lo profundo, lo que de veras debería importar. El asunto del premio al esfuerzo del alumnado, por ejemplo (uno de los puntos fuertes del libro, a mi modo de ver), es un tema crucial sobre el que meditar a fondo.

Les dejo un verso del epílogo de "Escuela de aprendices", por si se les antoja meditar durante una tarde de domingo de otoño con nubes ociosas cruzando el cielo:

Cuando estudiar ha pasado a significar "sacarse un título", está claro que tenemos un verbo expropiado que reconquistar.

 

22 de set. 2022

¡NO QUIERO PAGAR IMPUESTOS!

El debate de los impuestos enmascara otro debate, que es el de centralización/descentralización, el viejo fantasmón español. Ahora mismo, quienes más hablan de la unidad de España son quienes más trabajan por su atomización. Y del revés: aquellos que parecían dispuestos a federalizar España, son justamente quienes defienden su unidad. Hay algo lúgubre y cínico en todo eso.

Dan un poco de vergüenza esos nuevos independentistas: Ayuso, Moreno y el de Murcia, de quien no consigo recordar su nombre. Todo el mundo sabe cual es la otra cara de la moneda de la bajada de impuestos: el empobrecimiento de los servicios públicos. Aunque no lo digan, lo sabemos de sobras. Hoy bajada de impuestos y mañana cerramos tres centros de atención primaria.

La historia de España no solo es cíclica: es tediosa. Damos un paso hacia adelante, dos hacia atrás. Dos hacia adelante, uno hacia atrás. Nos vemos atrapados en una ilusión con banderitas, monsergas, discursos y grandes palabras. Yo le voy a contar un historia muy pequeñita, que se limita al pie de una alumna de la ESO en un barrio pequeño, de un suburbio pequeño, en una ciudad pequeña.

Una alumna llega a las 8 y diez minutos. Le abro la puerta y le pregunto por ese retraso.

Ella lleva un zapato en el pie y el otro en la mano. Cojea. Le pregunto.

Cuando está sentada, me muestra el pie descalzo: la piel se ha levantado y la planta está roja de sangre. Me detengo un segundo ante esa sangre colorada en una piel tan morena, pero actúo enseguida con las primeras curas. Una vez ella está más calmada y el pie limpio y vendado, me fijo en esa zapatilla que que ha quedado tirada a un lado. No hace falta tener el ojo de un perito para descubrir que esta zapatilla ha andado muchos quilómetros, muchos más que aquellos para los que fue diseñada. El zapato está destrozado por todas partes, es viejo. Será un zapato de segunda o tercera mano (es decir: de segundo o tercer pie). Luego caigo en la cuenta de que el resto de su vestuario sigue el mismo patrón. Hay un drama pequeñito, de talla 38, ante mi. Miro sus ojos. No llora, no muestra dolor. Esta joven, que apenas habrá cumplido los 15, ya conoce el mundo.

En esos ojos queda un resquicio de ingenuidad y algo de la candidez que vemos en los ojos de 15 años. Pero a la vez me doy cuenta, con una punzada que me hiere en el pecho, que esa ingenuidad y esa candidez se están desprendiendo de su mirada, que se van a caer en cualquier momento y no habrá quien lo recoja del suelo. Ella me cuenta que en su casa hay una caja con zapatos, y que el primero que se levanta se pilla los mejores. Si te levantas tarde, te toca calzarte los peores. Y hoy le ha tocado a ella el peor par de zapatos de la caja porque las sábanas (si es que existe eso en su casa) se le han pegado al cuerpo.

Eso sucede en una ciudad de España en septiembre de 2022, con los fondos Next Generation derramándose por doquier, con bajadas de impuestos para favorecer a los más ricos, para atraer a empresas, para promover la creación de riqueza. Alguien podrá acusarme de sentimentalismo, de demagogia lírica.

Mis impuestos son los zapatos de esta niña. Por eso quiero pagar impuestos. Podría irme yo a la zapatería y comprarle unos buenos zapatos nuevos, claro está, y ganarme el cielo y el aplauso de mis semejantes, en el mundo y en Facebook. Pero mi acto sería otra vez aquella caridad de las mesas petitorias, y no quiero caridad ni mesas petitorias para Sami. 


18 de set. 2022

SILVIO, ISABEL, ALBERTO


Por fin pude ver "Silvio" en Filmin, la cinta de Paolo Sorrentino protagonizada por el magnífico Toni Servillo que, en realidad, se titula "Loro" en italiano (es decir: "Ellos"). Sorrentino es cruel y poético a la vez, simbolista e incluso ambiguo. Pero si este retrato salvaje de Silvio Berlusconi es preciso en algo, eso es en el perfil psicológico e ideológico de esa derecha populista y pueril que avanza sin freno, y generalmente al compás de los postulados de la extrema derecha más grotesca. 

A menudo citamos a Sarah Palin como la persona que inspiró el discurso de Trump, pero posiblemente olvidamos la versión testosterónica anterior, debida al inefable Silvio. Menos ideológico pero más demagógico y desvergonzado, Silvio veía la política como el complemento ideal de los negocios, y trató su cargo de primer ministro como si fuese otra de sus empresas. Lo hizo sin tapujos y, eso sí, nombrando a la "libertad" en cada frase. Su libertad, sobra decirlo, es la libertad que tiene el cliente cuando puede escoger entre una marca de papas fritas u otra. Aquí empieza y termina la libertad del ciudadano convertido en cliente: por lo demás, mano dura, control de la judicatura y leyes a medida. La democracia desapareció en Italia durante aquellos años.

Viendo la cinta de Sorrentino (filmada en 2018) uno descubre las similitudes con el panorama de la derecha española que encabeza Isabel y que Alberto no sabemos si tolera, soslaya o hace como que no va con él -pero no le molesta demasiado. Es muy probable que el conflicto Isabel-Alberto estalle dentro de poco, con consecuencias que caen en el terreno de la ciencia ficción. En este terreno, veo frágil a Alberto, hombre taciturno y algo torpe, de mirada neblinosa y gesto lento. Nada que ver con la arrogancia de Isabel, la mujer que arrasaría en Masterchef y en Eurovisión al mismo tiempo.

Hoy, 18 de septiembre, se ha celebrado en Barcelona la manifestación por la escuela bilingüe, a la que no se ha presentado Alberto: me pregunto que hubiese pasado si llega a presentarse Isabel. Por una parte: es bueno que el debate de la lengua en la educación sea algo cívico, un debate sobre educación y no sobre modelos de Estado, ya que esa contaminación no ayudará para nada a tener un diálogo sensato y centrado en evidencias científicas educativas, que es el lugar que requiere.

Quien si se ha presentado a la manifestación ha sido el inefable Abascal, señor cuya presencia me impide desfilar tras sus pasos y que sigue señalando el destino de los líderes del Partido Popular, parcos e incapaces de presentarse como una derecha democrática y homologable en el contexto europeo. El señor Abascal, como Puigdemont desde Waterloo, es de esa clase de políticos que apuestan por el "cuánto peor, mejor", la actitud del oportunista irresponsable que espera sacar tajada del río revuelto, confuso y crispado.

Cada vez resulta más difícil defender que hay que pagar impuestos (y cuántos más, mejor), defender lo público, lo democrático, los derechos civiles o la Constitución desde una perspectiva socialdemocrática, igualitaria y correctora de desigualdades: las promesas de bajada de impuestos son la trampa más dañina y peligrosa. Deberíamos haber aprendido algo.

Pero estamos en España. Es decir, en el bucle mortal de las dos Españas.