22 de gen. 2020

Armas y letras y Tiana negra


El domingo 19 por la tarde se terminó el festival de novela negra exclusivamente en catalán "Tiana negra". ¡Vaya! Otra edición a la que no he ido. He perdido la cuenta de las ausencias. Y de las antiguas presencias. Acudí a sus primeras ediciones, y guardo algunos recuerdos divertidos de aquello. Y también guardo recuerdos de un gran tedio: la última vez que estuve, un tipo llamado Vernella o algo así pilló el micrófono y, cual adorador del pene de aluminio, largó un rollo inacabable sobre la novela que había escrito y que no le interesaba a nadie. Dejé de ir a Tiana. Las razones para no ir son muchas y variadas.

En ésta ocasión, uno de los motivos para no acudir a Tiana es que andaba enfrascado en la obra de Andrés Trapiello "Las armas y las letras. Literatura y guerra civil" (Editorial Austral, reedición de 2019). El ensayo de Trapiello se lee casi del tirón a pesar de sus más de sus 600 páginas de papel biblia, y les aseguro que se lee con más ganas que las novelitas negras catalanas de Tiana.

Dice Trapiello que se debe leer con pasión -como don Quijote-, pero escribir con escepticismo -como Cervantes. Trapiello cumple con su máxima: él escribe con escepticismo y yo le leo con pasión. No leo así a esos escritores que se citan una vez al año, en Tiana, más que nada para poder decir: "Menganita está envejeciendo muy mal. No como yo, que sigo como un chavalillo. ¿Te das cuenta, Maripuri?". A los poquísimos de esos autores que he leído, les he leído con escepticismo. Mientras que ellos escribieron con pasión. Con una pasión pueril e inane. Es imprescindible que los autores y los editores de la cosa catalana se apunten a yoga y a meditación durante un par de siglos por lo menos. Y que, en el tiempo libre que les conceda el yoga y la meditación, se pongan a leer. A leer literatura, quiero decir. Menos Netflix y más Dostoievsky. Por ejemplo.

La tesis de Trapiello no me atrevo a formularla en una sola frase. Pero de la lectura del libro se desprende que es falso que los intelectuales españoles de 1936 estuviesen del lado de la República. Hubo escritores y pensadores en ambos bandos. Hubo muchos que transitaron de un bando hacia el otro, especialmente del lado republicano hacia el otro. Quizás porqué la intelectualidad española siempre ha sido así, de ponerse bien con el poder. Y lo mismo sucedió en Cataluña: la intelectualidad catalana es española, como todo lo demás.

Tanto ayer como hoy, el escritor, el escritorzuelo, el escritor diletante, el de trabajo en la Caixa de lunes a viernes y fin de semana novelista negro o verano de poeta lírico, siempre ha sido persona tibia, informe, acomodaticia, deseosa de agradar, de agradar en especial al poder de turno. Eso explica la flojera argumental, narrativa, ideológica y conceptual de la novela negra catalana, que no es negra y, lo que es peor, no es novela.

Eso explica que en la "novela negra catalana", que ni es negra ni es novela, se lean adulaciones a los Mossos de Esquadra, que se lean idealizaciones románticas de Cataluña, que se encuentren vergonzosos textos pusilánimes sobre la idiosincrasia catalana y un montón de asuntos que hacen risible un género, una cultura y un festival que pudo ser y no fue. Como Cataluña, en definitiva. Los escritores catalanes siguen siendo así: escriben como si pretendieran obtener un carguito en el departamento de cultura regional. Escriben novelas como quien escribe un curriculum vitae que suplica un carguito. Pero jamás con ambición literaria.

Este año "Tiana negra" tenía una presentadora nueva. Quizás es casualidad, pero es una amiga de la aspirante Laura Borràs. ¿Casualidad? Este pudo ser otro de mis motivos para no asistir al encuentro.

(Solo lamento mi decisión de no ir porque sé de buena tinta negra que mi amigo Héctor Malverde Jr. asistió al festival, y ese era el único motivo para haber asistido. Le pido disculpas).

Esta edición del festival "Tiana negra" empezó con una mala noticia: el premio de novela negra que se otorga en este festival ha sido declarado desierto, como el Sáhara. Se reconoce así, por fin, que el "buen estado de la novela negra catalana" no era tal, que era un fiasco, otra burbuja que se pincha a sí misma. Y esta se pincha en plena decadencia del delirio patriótico: no lo reconocen pero el delirio periclita a ojos vista. Estamos a punto de entrar en la gran depresión: no hubo república, no hubo revolución supremacista. Por no haber, no hubo auge de la novela negra catalana. La novela negra catalana penetra en la caída sin haber experimentado la gloria. ¡Ya es mala suerte!

Mientras escribía la crónica ausente de un festival al que no asistí, me llegó la noticia del deceso de Isabel-Clara Simó, escritora y activista independentista que fue homenajeada en la sesión inaugural del festival (según reza el programa).

Sobre la obra literaria de Isabel-Clara Simó me abstengo de opinar, por prudencia y por ignorancia, sobretodo: de su pluma solo leí la novelita "Júlia" cuando cursaba secundaria y mucho más tarde un cuento breve, "La malaputa", insertado en el sonrojante librito "Noves dames del crim", antología de cuentos del que no se salva ni uno. Cuando a uno le obligan a leer una novela catalana a los 15 suele generar un vínculo nefasto con el autor impuesto. (Este fenómeno explica la catástrofe que está sucediendo a propósito de "La plaça del Diamant").

Debo decir algo: debe distinguirse entre la Isabel-Clara Simó escritora y la Isabel-Clara Simó agitadora nacionalista, sería bueno para su memoria que todos lo hicieran así. Su obra literaria debe ser considerada por sí misma y desvincularla de su currículum de activista patriota.

No asistí al festival "Tiana negra" y ni tan solo me molestaré en leer crónica alguna del suceso. Estuve algunas veces allí, incluso participé y subí al estrado y cosas parecidas, y una vez recogí un premio, cosa que ya me vale. Por eso mismo no me interesa en absoluto. Por eso mismo no he escrito lo que no he escrito.

19 de gen. 2020

Señor Iceta: menos Mercury y más Hobsbawm

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De enlace en enlace y ocioso, en una tarde desapacible de invierno, llegué a la página de la Wikipedia en donde se explica el "esencialismo estratégico", concepto acuñado por la crítica literaria de origen hindú Gayatri Spivak. No les voy a aburrir con eso, solo decir que el esencialismo estratégico está muy bien descrito y nos remite, enseguida, a lo que estamos sufriendo en Cataluña por parte de la derecha populista. La derecha que usa, esporádicamente, a los grupos de la izquierda revolucionaria (léase CUP) cuando le conviene (como por ejemplo cuando le conviene dar una imagen revolucionaria, o quemar contenedores). Eso lo cuenta Spivak maravillosamente bien.

De enlace en enlace, todavía ocioso, di con la web de la revista Nexos (no confundir con "Nexus", la gran novela amoral de Henry Miller). Allí está almacenado un artículo del siempre interesante Eric Hobsbawm que deberían leérselo un montón de gente: "La política de la identidad y la izquierda", cuyo enlace les dejo aquí. El texto es una preciosidad de texto: Hobsbawm no solo sabe, si no que sabe explicarse y lo hace de maravilla, es didáctico y ameno, y sabe escoger los ejemplos para hacerse entender.

Eric Hobsbawm escoge tan bien los ejemplos que incluso pone como ejemplo de políticas identitarias a los catalanes independentistas que anteponen su identidad catalana a cualquier otra identidad ya sea de clase, de género, cultural o musical. Y algo digno de tener en cuenta: "La política de la identidad y la izquierda" es el texto de una conferencia que leyó Eric nada menos que... ¡en 1996!. En aquél casi remoto 1996, Eric ya lo tenía claro. Olvídense de los 25 años que nos separan de aquélla conferencia: es tan vigente como vigente, en el cine, "El ladrón de bicicletas" de Vittorio de Sica.

¿De qué trata la conferencia de Eric? Bueno, ante todo les recomiendo que pinchen en el enlace y se la lean, eso sería lo suyo, pero como ya nos conocemos voy a sintetizarla en muy pocas palabras. Hobsbawm cuenta los mecanismos con los que la derecha recurre al identitarismo en cuanto la socialdemocracia les cede terreno, por miopía más que nada, y como se apropia de grandes sectores sociales con el rollo filibustero de la identidad nacional. Eso es válido para explicar el auge del nacionalismo catalán y del nacionalismo de Vox, dos movimientos con tantas similitudes que, al fin, solos distingo por algunos matices tácticos. Una vez dicho esto, Eric explica la poca pericia del socialismo no solo para hacer frente al populismo identitario si no, incluso, la facilidad con la que primero lo soslaya y luego pacta con él y se le somete. Este último punto no es aplicable a Vox, ya que -por el momento- el Psoe no ha incurrido en el gravísimo error de negociar con Vox. Sin embargo, en Cataluña... ¡Ah! Por fin llegamos a la Cataluña distraída: sin embargo, el Psc se desvive por pactar con el identitarismo de la derecha casposa y catalana.

El señor Iceta ha pactado con la derecha más rancia (Convergencia y/o sus mutaciones) para controlar la Diputación de Barcelona, la multimillonaria Diputación barcelonesa. Y llega a acuerdos presupuestarios, y promueve alcaldes de  las mutaciones de Convergencia y de Esquerra Republicana de  Cataluña (no olviden que este partido, malgré tout, es un partido de la derecha identitaria más convencional, carlista y conservadora). El señor Iceta es el lector que está esperando la conferencia que Eric Hobsbwam pronunció en el Instituto de Educación de Londres el 2 de mayo de 1996.

El señor Iceta puede leer la conferencia citada o no leerla. Faltaría más. Puede poner al socialismo catalán a los pies del identitarismo catalán cual felpudo, puede bailar con Mercury tanto como se lo pida el cuerpo y puede asentir, dócil y sumiso, ante los que afirman que Cataluña es una nación, ante los que mienten cuando afirman que el 80% de los catalanes queremos un referéndum (¿de dónde sale ese dichoso 80%?).

Lo que el señor Iceta debería saber es que los que nos sentimos socialistas y vivimos en Cataluña también podemos tomar decisiones, más que nada porqué de momento y mientras nos lo permitan, votamos en Cataluña. Si los socialistas catalanes no son capaces de representarnos a los socialistas catalanes (perdonen el pobre juego de palabras) quizás nos iremos con la música a otra parte. Y mira tu por donde a mi Queen no me gusta, ni me emocionan los aspavientos o los berridos de Mercury. Puestos a hacer falsetes, son mucho mejores los falsetes de los Bee Gees.

Si el socialismo catalán nos deja tirados en la cuneta a los socialistas catalanes, señor Miquel Iceta, no le digo yo que vayamos a votar a ninguna opción bárbara del identitarismo del otro lado cuando haya elecciones catalanas. Yo no lo haré, pero solo hablo por mi. Igual me quedo en casa cuando llegue ese momento, me pongo un CD del Bowie (por ejemplo Scary Monsters) y mañana será otro día. No sé si me explico.

17 de gen. 2020

Das Kabinett des Doktor Puigdemont

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Cuando tenía 14 años sufrí el virus del "lletraferit"(*), que es un virus del vulgo en Cataluña: el virus afecta al cerebro, como la neuritis pero a la catalana. El paciente cree que ha nacido para escribir en catalán pero no para escribir por escribir nomás, si no por hacer patria: escribir para engrandecer a la lengua catalana y para devenir, como dicen algunos, un guerrero de la lengua catalana. En tanto y cuanto la lengua catalana es, por transubstanciación, la patria catalana: el enfermo cree que si escribe en catalán hará más grande la patria. Hay personas del género masculino que ingieren polvo de cuerno de rinoceronte con la convicción de engrandecer su pene.

Una vez infectado, empecé por escribir poesías. Nada reseñable, la verdad: poesías pastoriles, amorosas pusilánimes, o imitaciones de los peores líricos nacionales y nada más: lo habitual en catalán. Pero hete aquí que me presenté a los Juegos Florales Juveniles que se convocaban en Andorra. Gané un accésit en un año que no recuerdo pero que, me digo, debió de ser 1979.

A mi padre no le vino bien acompañarme a recoger el premio, de modo que se prestó un pariente. El día del premio alguien se durmió, no recuerdo si fui yo o mi pariente. Eso qué más da. Salimos muy tarde, demasiado tarde. Recuerdo el viaje a Andorra la Vella como lo haría un personaje de Lovecraft: la carretera oscura que transita por valles sombríos y mortecinos, la niebla y un frío asqueroso. Al llegar a La Seo de Urgel, la carretera estaba cubierta de nieve. El Seat 1430 tuvo problemas. Llegamos tardísimo: el acto de entrega de premios había concluído horas atrás. Mierdas. Recuerdo (lo recuerdo vaporosamente) haber llamado a varias puertas, por si alguien sabía algo de lo del premio. Al final nos dieron una dirección.

La gente que ha estado de compras en Andorra la Vella recuerda calles con muchas luces y muchas tiendas, pero entonces, en 1979, cuando uno salía de la calle principal del villorrio andorrano se encontraba con una oscuridad glacial, con un terror primigenio, con unos callejones siniestros, casi malditos por una maldición antigua y eficaz. Al fin dimos con alguien, y ese alguien me dio un diploma y un cheque intercambiable por pesetas, algunos escasos miles de pesetas. La imagen del tipo que me dio el diploma y el cheque la retengo vagamente: era un hombre de edad provecta que olía a desinfectante y que exhalaba naftalina. A día de hoy le tendrían catalogado en el archivo de pedófilos del FBI. En Andorra, sin embargo, era considerado un poeta y benefactor de la cultura. Para siempre jamás retuve la imagen de su pelo canoso, lacio y demasiado largo, que le ocultaba parte del rostro. Todo en él rezumaba ocultación, doblez, ambigüedad.

A pesar de la hora tardía pude cambiar el cheque por dinero. Mi pariente me propuso que cada uno se fuese por su cuenta a gastar su dinero. Yo me compré las chorradas propias de un adolescente en la primera adolescencia: una calculadora y una Kodak Instamatic. Mi pariente apareció con unas cintas en Super8 que no me dejó ver nunca.

Poco más tarde del incidente en Andorra vi "El gabinete del Doctor Caligari". Quizás se mezclaron las imágenes del recuerdo andorrano con las de la cinta de Robert Wiene, pero el asunto es que vi, en la imagen del doctor pérfido de la película a aquel extraño andorrano casposo y turbio. Pasaron los años y el mal recuerdo regresó. A día de hoy, cuando vuelvo a ver la cinta alemana veo al presunto eurodiputado Puigdemont en la figura del siniestro Cesare, cuya pelambrera es muy similar a la del prófugo catalán. Cesare vive hipnotizado y dentro de un ataúd: nuestro orate en un chalé lujoso que tiene algo de tanatorio de pueblo pretencioso y los dos víctimas o victimarios de una hipnosis colectiva. Y de repente, en mitad de la noche se me ocurre: ¿y si fuese Matamala un doctor Caligari? ¿Explicaría eso su apego misterioso a Puigdemont? ¿Es Puigdemont un hechizado, como Cesare?

A día de hoy, ya bastante más allá de la mitad de mi vida, se que jamás me libraré de las pesadillas andorranas. Sin embargo, he tomado algunas medidas, ingenuas y pueriles: no volver a Andorra, no comprar más calculadoras y sobretodo no escribir en catalán.

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(*). Lletraferit, literalmente letraherido/a, no dispone de traducción directa. Aunque la RAE lo recoge así y explica que deriva del catalán: dícese de alguien "que siente una pasión extremada por la literatura". Sin embargo, el término "lletraferit", en catalán, indica más bien al que escribe aunque sea sin ton ni son, y con el propósito perentorio de engrandecer las letras catalanas, nunca jamás las españolas ni, por supuesto, las universales. Desconozco el dato sobre si Puigdemont ha escrito poesías (o poemas en prosa), pero sería probable. Sabemos que ha publicado algunos libelos. El último (Re-unim-nos), tiene unas 50 páginas y allí explica, con una extensión que rebasa sus capacidades ensayísticas y sus competencias argumentales, lo que podría llamarse su pensamiento político. A todas luces superficial y propagandístico. No hay datos disponibles ni fiables sobre el número de ventas de Re-unim-nos.

14 de gen. 2020

La maleza amarilla

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Nos conocimos en el instituto del barrio, en donde ambos cursábamos aquella secundaria de aulas con 40 alumnos, paredes pintadas de verde todavía franquista, un reducto de profesores con su bigotito fino, pulcro, horizontal, que olían a naftalina y a derrota. Hubo uno de estos profesores con bigotito dictatorial que resultó ser un anarquista serio, culto en extremo, doctorado en filosofía. Aquel hombre cruzó el franquismo disfrazado con su bigote y entonces, a las puertas de los 80, estaba ya cansado.

La tarde en que nos conocimos llovía. Recuerdo la lluvia porqué eso me retuvo un rato en el vestíbulo, esperando a que amainase. Entonces el chico salió de entre la nada y me preguntó si era yo el que "también escribía". Le respondí que si, asustado. Luego estuvimos hablando, bueno, mejor dicho él me estuvo hablando de prosodia catalana y castellana, y de algunos autores que yo desconocía. Jamás he amado mucho a la poesía.

A continuación, y durante algunos años, fuimos algo parecido a amigos. O por lo menos estábamos en el mismo grupo de amigos que salíamos por ahí, que bebíamos juntos en el tugurio tras el instituto, que perseguíamos a las mismas chicas y que experimentábamos con algunas sustancias, mayormente el alcohol.

Él siempre tuvo un carácter difícil y muchas veces era soberbio y altanero. Sin embargo, era un gran polemista y leía un montón, así que no me importaba hablar con él incluso cuando tenía que soportar los caprichos de su soberbia. El chico decía haber escrito varios poemarios y al menor descuido te los leía. Eran poesías inspiradas en lecturas de poetas viejos y rimbombantes: Baudelaire, Lautréameont. Aunque a la mínima te soltaba versos enteros de Espriu o de Vinyoli, sus más queridos. Para joderle, nada más que para joderle, le conté que yo había conocido a Espriu y lo adornaba con una anécdota que yo me sabía de memoria pero que no era mía.

La vida nos llevó por caminos distintos y divergentes. A veces pensé que era un alivio haberle perdido la pista. O, más que nada, que él me la hubiese perdido a mi. Yo seguía escribiendo, pero yo escribía prosa, un género que a él le parecía propio de paletos. Cuando le dije que me habían publicado una novela breve me escupió que yo era una puta de la escritura.

Muchos años más tarde reapareció en mi vida. Nunca sabré cual fue el propósito verdadero que le empujó a reunir de nuevo a sus antiguos compañeros. Hizo una buena labor detectivesca, hay que concedérselo: todavía no existía Facebook en nuestras vidas. Él seguía escribiendo poesía y había presentado su poemario a un premio. Más que nada quería que todos supiésemos que estaba a las puertas de ser premiado. Nos regaló a todos un facsímil del poemario. Me quedé azorado: se trataba de los mismos poemas de 15 años atrás.

A partir de aquel reencuentro, la relación prosiguió a trompicones por un año, dos a lo sumo. Por aquel año llegó el primer atisbo del independentismo totalitario y eso nos distanció. Él era vigorosamente independentista y sentía una aversión telúrica hacia el socialismo. Yo le conté que los destinos de Cataluña me importaban un comino, que ni tan siquiera creía en la existencia de un sujeto llamado Cataluña, que soy socialista y por lo tanto me repugna cualquier forma de nacionalismo. De nuevo desaparecimos el uno de la vida del otro. Esta vez para siempre: lo que no pudieron otros factores lo pudo una bandera, un (re)sentimiento patriótico, el inexplicable complejo de superioridad racial de una raza ficticia como todas, el ensimismamiento supremacista de una nación inexistente.

Ahora, de repente, regresa mi antiguo conocido, pero esta vez lo hace reducido a espectáculo, es un tipo en una pantalla. Me llega un video de Youtube, una entrevista colectiva a varios poetas en el canal de una TV local en la que él participa. Me sobrecoge ver los efectos del tiempo cuando arrolla nuestros cuerpos, cuando vemos su efecto así, de repente, la brutalidad que exhiben esos intérvalos de 15 años, como los sustos de una película de sustos. En esta entrevista, el poeta que conocí aquella tarde en el instituto presenta un poemario. Sí, lo han adivinado: presenta de nuevo del mismo poemario. Ahora es un libro, intuyo que autoeditado. Son los mismos poemas. Afirma que los ha revisado mucho. Eso es indiscutible. Ha pasado más de media vida revisando aquellos poemas. Hay hombres que se quedan toda la vida atrapados en un mismo libro, en un ensueño juvenil, en la patria imaginaria. Entre comentario y comentario, el poeta inserta lo que parecen eslóganes nacionalistas. Sutilmente.

Después de ver el video me voy al trabajo. Para llegar a él debo recorrer unos pocos quilómetros por una carretera secundaria. Hoy me he dado cuenta de que cada día transito ante una maleza amarilla, un bosquecillo erizado de pinos muertos. La realidad es una cosa extravagante, se encuentra en todas partes y en ninguna. Y desde hace un tiempo parece que se marchita, sigue estando ahí pero es como si hubiese perdido consistencia.

12 de gen. 2020

Naufragar en la masa


Por si no lo conocen, les hablaré de "El Naufraguito", un fanzine que aparece en el mundo a finales de los noventa y que ya lleva 118 números. El número que tengo ante mi es el 109, de enero de 2018.
¡Enero de 2018...! En aquellos meses irrespirables durante los cuales, por lo menos en la desdichada Cataluña, solo se hablaba de la voluntad del pueblo, del 80% del pueblo, de las masas que pedían, que exigían, que se erigían en portavoces de algo, a saber: la democracia, un país imaginario, unas urnas del Todo a 1euro.

En enero de 2018, el número 109 de "El Naufraguito" estuvo dedicado a las masas, y lleva este título precioso: "Normas para el correcto funcionamiento de las masas". Estoy convencido de que en la Asociación Nacional del Rifle de Forcadell y en el Òmnium Gutural de un Jordi (de cuyo apellido no me acuerdo) se leyeron "El Naufraguito" a fondo, concienzudos, acodados con firmeza. No podría ser de otro modo.

Qué cosa es una masa, cómo funciona, a qué mecanismos obedece... Bueno, hay cantidad de trabajos de la sociología y de la antropología, incluso de la psicología (existe algo llamado "psicología de las masas") que nos ayudan a comprender porqué la masa humana no es la suma de muchos individuos si no un individuo en sí misma, ya que los individuos que conforman una masa dejan de comportarse como individuos e incluso dejan de pensar por sí mismos. Por eso las masas dan miedo. Y no te cuento el miedo que dan cuando gritan al unísono, cuando agitan banderas o desfilan con antorchas. Si ustedes han visto eso alguna vez, lo más normal es que les haya entrado pavor.

El número 109 de "El Naufraguito" me llegó un día de esos (y de las manos de su editor, lo cual es un lujo además de un placer). ¡Qué pena que no me hubiese llegado entonces, en aquel tristísimo enero de 2018, cuando yo me sentí naufragar en la masa, cuando me sentí perdido, solo, a merced de las olas negras (negras pero amarillentas).

Porque cada página de este fanzine es una joya: hay diamantes y perlas negras, rubíes y esmeraldas. Vi una amatista y un zafiro. Dejo aquí algunos breves ejemplos.
La masa necesita ser engañada, no le des más vueltas. 
La masa entretenida es más eficiente y no se aburre. Juegos, cánticos, atracciones, discursos y sobre todo muchas pancartas y banderas. Haz lo que haga falta. 
Ante una masa convencida tenemos que saber que la verdad es ajena al número de los que sostienen una u otra cosa.
La masa piensa por eslóganes y por imágenes. No te esfuerces en razonar. 
Unidad, identidad y pertenencia, ¡esa es mi masa! 

Cuenta el editor de "El Naufraguito" que una seguidora habló de la publicación en tanto que bien social, y estoy de acuerdo en ello. Y es indiscutible: cuando uno ha naufragado, comunicarse con otros náufragos le ayuda un montón. Mal de muchos consuelo de tontos, dicen, de lo que yo infiero: Mal de pocos, consuelo de listos. Me consolaré así, sabiendo que los náufragos jamás formaremos una masa, y además ¿cuál sería la bandera de los náufragos? ¿Cuál el himno, el cántico y el eslógan?.

La lectura de "El Naufraguito" dedicado a las masas nos ayuda a salir del armario en el que nos metimos por miedo a la masa. Y no se pierdan la página reproducida a continuación. Advertencia: si usted fue partícipe de alguna de aquellas masas es mejor que se abstenga de leer. Está avisado.