18 de nov. 2018

En el Purgatorio se habla catalán

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De repente, se me vino a la mente aquella frase que no recuerdo quien diablos dijo: "Hay un cielo, y está en la Tierra". La verdad, no se en qué lugar de la Tierra podría situar el Cielo: ¿en un paraíso fiscal? ¿En Dinamarca? (No lo creo, hace mucho frío, un factor que contrapesa la tanta política socialdemócrata). Andorra es poco celestial, aunque a la família Pujol se lo pareciese. Se me ocurrió la réplica: "Hay un purgatorio en la Tierra, y se llama Cataluña".

Decir que Cataluña es el Infierno sería una exageración desmedida, como decir que los políticos nacionalistas de acá son nazis: a lo sumo, son aprendices, nada más que becarios. El infierno quizás está en el Yemen bombardeado por los amigos árabes, en el Afganistán en guerra permanente, en la Libia, en la Palestina. Eso se parece más al infierno. Cataluña, sin embargo, se parece más al Purgatorio, que es lugar de penitencia, contrición y suplicio suave, con mesura. Como todo lo catalán: con mesura, sin pasarse. La propia sardana tiene algo de baile penitencial, ridículo, con las pertenencias amontonadas cual pequeño vertedero de residuos enmedio del círculo. Como la barretina, que es el gorro más ridículo jamás pergeñado por la mente de un diseñador de gorros. Como la literatura catalana en catalán, pobre y anémica, caricatura de la literatura universal.

El otro día vi al presidente cantando, en sede palaciega, "L'hora dels adéus", enlazando sus manos con otros. Un ejercicio de nostalgia vacía, rememorando cuando era un chavalillo con pantalones cortos y de pana, cuando ya tiene la frente arrugadita, como la pana. Solo en el Purgatorio es posible un presidente así. Hace un tiempo, el dramaturgo Albert Boadella dijo que la lengua catalana crea infelicidad. Fué una de sus boutades, una provocación. Pero quizás solo fue una boutade aparente, quizás no era una provocación. Puede que sea así, y eso reforzaría la hipótesis purgatorial. Me gustaría recibir testimonios de eso para reforzar la formulación de la hipótesis ¿es el catalán la lengua del Purgatorio?

Hace unos días, sentado en una mesa con siete alumnos de origen magrebí, debatíamos sobre cierta cuestión estética y buscábamos propuestas. Cuando se dirigen a mi lo hacen en catalán, y cuando se lo cuentan entre ellos, en otra lengua. ¿El árabe? ¿El amazig? No. El español. Entre ellos hablan en español. Esa es la lengua vehicular que funciona entre ellos, la lengua de encuentro, la compartida, la reconocible. La lengua común es el español. Creo que, cuando se dirigen a mi en catalán, lo hacen así porqué saben que esa es la lengua de la institución, la que toca. Pero no la que mejor les va. Si entre ellos hablasen en árabe pensaría que, como es muy natural, recurren a la lengua materna. Pero sin embargo no es así: recurren al español. Que cada uno piense lo que crea más oportuno, pero eso es una evidencia. Las cosas son así, no me invento nada. Lo que cuento es empírico. Creo que cuando se dirigen a mi, en catalán, saben que deben hacerlo así por la normativa vigente, la ley y todo eso. Porqué esa es la ley del Purgatorio. Sus padres eligieron (sin saberlo, me temo) emigrar al Purgatorio. Los niños y las niñas aceptan la realidad, renuncian: son estoicos en estado puro. Pero saben.

Que los niños y las niñas hablen español en el patio del cole es algo aceptado: hay un deje estoico, también, en los políticos del Purgatorio catalán. Que lo hagan en las aulas, cuando hablan entre ellos, es otro asunto. Es algo más profundo. Yo podría supervisar, prohibir, reprimir: pero ¿para qué? ¿Quién puede ponerle puertas al campo? Sin embargo cumplo con mi función: les recuerdo que la lengua de la escuela es la que es. Se lo repito. Ellos me miran, asienten. Obedecen. Obedecen durante diez o quince segundos. Luego vuelven a lo suyo. ¿Puertas al campo?

El otro día leí un artículo en El Periódico firmado por Jenn Díaz, diputada por ERC en el parlamento catalán. ("Jenn" es la apocopación de Jennifer, tal como usted suponía. Jennifer Díaz Ruiz). La diputada dice, en su artículo en la prensa, que en Cataluña hay una cultura que se expresa en idioma español, y que debe ser respetada. Lo dice en noviembre de 2018. ¡Bienvenida al mundo, Jenn! Más vale tarde que nunca, Jenn. Tu amiga Bel Olid no se ha enterado de nada todavía, ella vive en su Neverland cuya capital es, quizás, Waterloo, por lo menos. O algo peor. Celebro que Jenn haya descubierto un fenómeno llamado "realidad", que podríamos definir (aunque eso es muy difícil) como el conjunto de las evidencias empíricas y demostrables compartidas por la mayoría. Jenn ha descubierto que en Cataluña hay quien escribe en español. Quien canta en español. Creo que Jenn quería referirse a Rosalía, la cantante que ha dado al traste con la bromita indepe del pueblo imaginario de Sant Esteve de Les Roures, ya que la artista nació en Sant Esteve Sesrovires. Y no solo eso: Jenn también ha decidido que esa evidencia debe ser respetada. Creo que el descubrimiento de Jenn demuestra mi hipótesis: Cataluña es el Purgatorio. Quizás estaría bien que Jenn hablase con Laura Borràs, la consejera de cultureta. Por lo de las subvenciones a la cultura, que son pocas pero solo atañen a quienes se expresen en lengua catalana.

Bueno, sea lo que sea, creo que debemos ir recogiendo pruebas de que haber nacido en Cataluña es algo así como un castigo pero algo menos. El Purgatorio. Aunque no soy muy de misa, creo que eso del Purgatorio existe. Y tiene grados: en Gerona es más duro, más estricto. En Barcelona algo menos  severo y, en Tarragona, más dulce. En función de los pecados cometidos en la vida anterior, uno cae más al norte o más al sur del Purgatorio cuando, tras la muerte, nuestro Señor le sitúa en una latitud u otra del mapa purgatorial catalán. Hay un Purgatorio, sin duda alguna. Creo que yo pequé bastante. Pero no mucho: de haber sido mucho, habría nacido en la ciudad de las flores y las moscas de San Narciso, como el prófugo Karles.


14 de nov. 2018

Esperar al amanecer en Cataluña (del Diario de un unionista)

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Lo que se cuenta a continuación sucedió, hace dos días, en sede parlamentaria (o pseudo-parlamentaria, ya que sucedió en el Parlamentet regional catalán): la oposición pregunta:
-¿Cuántos menores inmigrantes durmieron la noche pasada en las comisarías de los Mozos de Escuadra por falta de plazas en los centros de menores?
Y el gobierno responde:
-Cero.
A lo que la oposición rebate:
-Según fuentes de los Mozos de Escuadra, ayer durmieron en dependencias policiales 15 niños.
Entonces, el gobierno lo niega, con el siguiente argumento:
-No es cierto: hubo 15 menores en sedes policiales, pero llegaron a las comisarías a partir de la una de la madrugada. De modo que no durmieron en las comisarías, solo esperaron al amanecer en comisaría, ya que cuando uno ingresa más tarde la una no duerme, solo espera el amanecer.

La respuesta es digna de Groucho, pero es la respuesta oficial de un conseller de la Generalitat. Este es el nivel que tenemos. De modo que ya lo sabe usted: si usted vive en cataluña y se acuesta más allá de la una de la madrugada, que sepa usted que no va a dormir, solo espera el amanecer. Yo mismo, por ejemplo, acabo de descubrir que muchas noches en las que me acosté tarde (por motivos de trabajo, de mal de amores, de inspiración literaria o incluso pictórica, de insomnio o incluso de jolgorio, muchos años atrás) resulta que no dormí, aunque esa era mi pretensión tardía. Solo esperaba el amanecer, que no es lo mismo que dormir.

Hace muchos muchos años, y en un país que era este pero parecía ser otro, me quedé ensimismado en un balcón del Pirineo contemplando las estrellas. Era la noche de San Lorenzo. La verdad es que vi apenas dos meteoros, pero mi fe me mantuvo allí, con los ojos como platos, hasta más allá de las tres. Me levanté a las ocho y dije: he dormido cinco horas. Ahora descubro que mi frase era incorrecta: debí decir "he esperado el amanecer durante cinco horas".

Con eso queda casi todo dicho sobre la sensibilidad de los políticos del gobierno catalán hacia los menores inmigrantes (casi todos marroquíes) que llegan a Cataluña, la tierra de acogida. Con eso queda todo dicho sobre el gobierno catalán. En su mundo de estrategias para alcanzar la república, ¡qué importan una quincena de chavalillos moros! Lo nuestro es mucho más importante. Muchísimo más. Como me dijo hace un tiempo una independentista de tomo y lomo: "tu no entiendes la verdadera dimensión de lo que está sucediendo, porqué es tan grande y tan importante que tu cabecita no lo puede comprender". Sin embargo, mi cabecita limitada, despacio y paso a paso, va comprendiendo la verdadera dimensión de lo que nos sucede.

¡Todo es tan confuso, tan raro, tan trágico, tan cómico a veces, tan grotesco...! Hoy he leído que los CDRs de Sant Cugat del Vallès han cubierto de pintura amarilla la entrada al bloque de pisos en donde reside el juez Llarena. En este bloque residen él, su familia, y unas cuantas familias más. Los CDRs han grabado su hazaña revolucionaria en un video y lo han colgado en las redes. Lo han difundido bajo el epígrafe "Tombem l'estat" (Derribemos al estado). No tengo noticias de que, a lo largo y ancho de la historia, se haya derribado a ningún estado con tres botes de pintura amarilla, pero eso debe ser por que soy un mal catalán y no me doy cuenta de la magnitud, de la trascendencia del acto de lanzar tres botes de pintura amarilla contra la puerta de un bloque de vecinos. Ya me perdonarán: ser un mal catalán conlleva déficits cognitivos como el mío.

La pintura amarilla en el portal de Sant Cugat, así como las tres latas que la contenían, serán retiradas por operarios u operarias (públicos o privados, chi lo sa) que no comprenderán nada del suceso, como yo. Serán personas con cero apellidos catalanes de pura cepa. Quizás inmigrantes, o currantes de los pueblos de al lado, todos ellos con sueldos ínfimos. Deberán esforzarse en limpiar la pintura de los jóvenes revolucionarios de la Cup local, y es probable que la tarea les impida acostarse antes de la una de la madrugada. Gracias a los revolucionarios de la Cup, es muy probable que, este noche, en vez de acostarse tarde, se tengan que limitar a esperar al amanecer. Eso les pasa por haber caído en Cataluña. Ya es mala suerte.

11 de nov. 2018

Javier Pérez Andújar y los quinquis


Uno de los libros más queridos que he leído es "Paseos con mi madre", un libro que me enseñó a amar la escritura de Javier Pérez Andújar. He leído otros debidos a su prosa, pero ninguno superó la emoción y el conocimiento que me proporcionó este. Seguí a Pérez Andújar por las crónicas parlamentarias de El País, y a día de hoy las columnas de El Periódico.

Debo decir que no todos los artículos del autor cumplen las expectativas que uno ha puesto en él, pero a veces pasa. El sábado 10 de noviembre publicó "Los quinquis" y se renovó el milagro. Ahí está de nuevo la magia, el verbo hecho carne, hecho verdad. "Verdad" es, quizás, la palabra que más me repito cuando intento hablar de Javier Pérez. Verdad y mala leche y algo de resentimiento. El resentimiento bien entendido es la semilla de la gran literatura. Pérez Andújar reivindica la cultura popular, los tebeos y los bolsilibros, pero su prosa es magnífica, de vuelo alto, de imagen sorprendente, de comparación sublime. Aunque debo decir más cosas: intuyo en Javier Pérez algo de una pereza que entiendo porqué la comparto. En "Los quinquis" se menciona el asunto: la concisión es un valor. Escribir poco y concentrado. A Marx y a Engels les bastó con un solo manifiesto. Moisés dijo todo lo que quería decir en diez frases (y algunos proponen quedarse solo con dos, en un ejercicio de concisión extrema). Javier no escribe mucho, pero quizás lo suficiente.

Escribo ese homenaje a Javier Pérez porqué tenía pensado escribir algo sobre los narcopisos, sobre el barrio chino de Barcelona. A tenor de las noticias que aparecen de repente, y que uno no sabe interpretar muy bien. ¿Es una maniobra de los de siempre contra la alcalde Colau? ¿Qué verdad hay cuando se habla sobre la "inseguridad" en el Raval? ¿A quién beneficia eso? Ahí: ¿quién sale ganando con eso?  Y ¿cuánto gana el que sale ganando? La lectura de "Los quinquis", en El Periódico del día 10 me ha hecho olvidar mi intención: yo jamás escribiría algo mejor, así que mi ejercicio de concisión es ese: no escribir sobre el asunto. O escribir una reseña sobre su artículo. Una reseña de un artículo en la prensa es un comentario prescindible, una anotación en un diario personal, privado: "Hoy leí lo que dice Javier Pérez de la lucha contra los narcopisos del barrio chino". Punto final. Javier Pérez reúne, en las pocas líneas de su columna, a Tolstoi, a sus recuerdos infantiles en San Adrián, a los ya citados Moisés y Marx, al evangelista Mateo. Inténtelo usted, en 50 líneas, y pretenda, además, contar la verdad. Es decir, su verdad. Lo que para usted es lo verdadero, que no es lo mismo que la verdad. Yo no puedo hacerlo, lo confieso. O por lo menos: no puedo hacerlo mejor que él. Insisto: Javier Pérez es el mejor escritor catalán del siglo. Digan lo que digan la consellera Borrás y sus amigos del grupo Koiné.

¿Qué está pasando en el barrio chino, ese barrio que ahora se llama "Raval"? Bueno, la respuesta es muy sencilla: cuando a uno le quitan las pocas certezas que tiene, las cosas empeoran. Aquí y en la Conchinchina. Si el trabajo disminuye y es más precario, si te pueden echar del piso en cuanto les de la gana a los señoritos, si las leyes no te protegen, si la cosa se pone muy fea... ¿tiene sentido preguntarse por qué vuelven los quinquis? Incluso preguntarse: ¿vuelven?

En los 80, esa época lejana que dicen que vuelve, los quinquis me quitaron el reloj una vez, y otra una calculadora que llevaba para un exámen de matemáticas. De mi casa al Insitituto San José de Calasanz (el que ahora se llama Moisès Broggi, porqué cambia de nombre quien puede, quien se lo puede pagar) había 200 metros. En esos 200 metros me mangaron la calculadora. Hicimos un trato, el quinqui que me atracaba y yo: te doy la calculadora (una Casio con funciones científicas comprada en Andorra) y me dejas que me vaya en paz, que casi llego tarde. Suspendí el examen pero no por la falta de la calculadora, si no porqué no sabía nada ni había estudiado y además no me podía concentrar en los problemas. Al Fabi, el quinqui que me mangó la calculadora sin necesidad de mostrarme la navaja que aseguraba llevar en el bolsillo derecho de su chupa de cuero falso, le encontraron muerto poco más tarde. Creo que se estampó, con el coche robado que conducía, contra un muro. O quizás se despeñó por un barranco. No lo recuerdo bien: se que murió en un coche robado cuando intentaba zafarse del coche de la policía que le perseguía. Lo cuenta así de bien y de conciso Javier Pérez: los quinquis lo pagaron muy caro.

Ahora lo pagarán muy caro otra vez. Quienes centrifugraon el dinero robado des del Palau de la Música envejecen, nobles y elegantes, en las pantallas. Están pulcros y aseados, con unas canas bien estudiadas en su testuz de ciervo adulto, veranean en la costa, declaran cosas, hablan de las razones, del pueblo, de la verdad. De la parte de verdad que hay en las mentiras. Hablan de naciones, de países, de democracia, de derechos, de mandatos democráticos, de libertad. El cuerpo de mi quinqui, aquel Fabi que murió en 1980, es un puñado de ceniza áspera y amarillenta en un nicho de vete a saber qué cementerio. Dicen que vuelve.

9 de nov. 2018

Virgencita, que me quede como estoy (del Diario de un unionista)

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Leo quienes serán los integrantes del Fórum para redactar una constitución que implemente una república catalana (o algo así pero más largo y más rocambolesco, al estilo de los monólogos de Cantinflas). Los redactores de la constitución catalaneta serán: Lluís Llach, Dante Fachín, Marina Rosell, Núria Feliu, Beatriz Talegón (al tanto con el apellido, muy oportuno), Ramón Cotarelo, Toni Albà, Pep Ventura, Mossèn Ballarín y un etcétera no muy extenso. Todos ellos actuarán bajo la estricta vigilancia de Puigdemont, que delega la supervisión en un tal Comín (si no saben quien es, pregunten por él en cualquier hospital público catalán, de los pocos que nos quedan). A lo mejor me equivoco en algunos nombres de los ponentes constitucionales, pero creo que eso importa poco. Lo significativo es el espíritu de la cosa.

Hace unos pocos años, un juez en excedencia redactó una constitución catalana de la que (no entiendo porqué) ya no se habla, como si jamás hubiesen existido ni el juez ni su redactado ocioso, pero suculento. La constitución catalana del juez Vidal daba escalofríos. Creo que, tras la lectura de un resumen de la misma, me dió un síncope y terminé en urgencias. Me diagnosticaron una bronquitis infecciosa y jamás he resuelto el entuerto: ¿la lectura me provocó una infección o la infección me dió tanta fiebre que, en el delirio febril, leí algo que no debía?

Tras la lectura del proyecto constitucional del juez Vidal, y mientras andaba camino del ambulatorio, solo tenía una idea en la cabecita: virgencita, que me quede como estoy. El proyecto de Vidal ponía por escrito y artículo tras artículo el sueño delirante de cualquier populista derechón que sueñe en redactar constituciones nacionales. Podrían mandarle el borrador de Vidal a Bolsonaro, seguro que le encanta.

Si ya me dio un malaje con la constitución del juez en estado de gracioso ocio, imagínense ustedes lo que siento tras saber quienes serán los padres y madres de la nueva constitución catalana. La anterior salió de la pluma de un jurista, y era pá verla. La nueva sale de cantantes y mediáticos varios, amén de ignorantes reconocidos en cualquier campo del conocimiento humano, como el señor Fachín.

La Constitución de 1978, esa de la que tanto malhablan, la redactaron políticos, juristas, diplomáticos, etc. La catalana en ciernes la redactarán famosillos de medio pelo. La Consti del 78 salió del diálogo y del consenso entre diferentes, diversos y opuestos. La catalana nacerá del festival nacional-onanista de una panda de amiguetes. Lo dicho: Virgencita, que me quede como estoy.

No es nada osado imaginar que las reuniones del grupito constituyente se celebrarán a lo largo y ancho del mapa catalanet (de la Cataluña interior y la gerundense: una paellita en Casa Rahola de Cadaqués, una costellada en Vic (durante la matanza del cerdo), una ratafiada en Olot. Para demostrar que no menosprecian a la costa barcelonesa, habrá una mariscada en Sitges (cuyo ayuntamiento sigue siendo estrictamente pedecatiano). Uno no debe esforzarse mucho para sospechar que clase de redactado saldrá de semejante agenda. Artículo uno: Cataluña es una nación desde que el mundo es mundo: lo demuestran las cuatro rayas esgrafiadas en una roca de Montserrat, en pleno paleolítico. Artículo dos: Cataluña es una nación y España no. Y así hasta el infinito. ¿Hasta el infinito? ¡No! Hasta el artículo 1714, que reza: Artículo 1714: La mejor composición musical de todos los tiempos, sin menoscabo de la sardana, es "País petit" de Lluís Llach.

Virgencita, virgencita, que me quede como estoy. Y que me quede amparado por la Constitución española, Virgencita, esa constitutción que, de tan abierta y generosa como es, incluso permite que un grupillo de fantoches famositos redacte constituciones regionales para goce y disfrute del pueblo. Del pueblo catalán, siempre atónito pero siempre agradecido. Virgencita... ¡ampárame!.

5 de nov. 2018

La noche terminó mal (¿Se puede ligar en catalán?)

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En la noche catalana no se habla catalán. Se liga, se fiestea y se juerguea, pero en castellano. No lo digo yo (pobre de mi, que estoy mayor y no practico). No lo digo yo: lo dice la intelectualidad catalana de pro y de procés. Lo leí en una crónica periodística de un medio afín al régimen catalán. Hicieron un simposio sobre la noche catalana y admitieron que la lengua de la noche no es la catalana. Dicen: hay una hora de la noche en la que la lengua catalana desaparece. La lengua catalana tiene una conducta como la de la Cenicienta. Se larga a las 12 y nadie sabe adónde se ha ido.

A continuación, los contertulios del simposio hicieron algunas propuestas para recuperar el catalán como lengua de seducción: a mi, de todas las propuestas, la que más me gusta es esa: hay que desacomplejarse y programar un mix de Núria Feliu en mitad de la juerga, sin miedo. Lo propone un empresario de la noche. Y lo argumenta tal que así: una mala canción vacía la pista de baile, pero llena la barra. La pela, la caixa. Un argumento brillante de veras.

Leo sobre el asunto y descubro que los ponentes en el debate sobre la ausencia del catalán en la noche catalana constatan realidades pero no profundizan, no buscan razones ni motivos. Buscan alternativas, eso si, alternativas ingeniosas como la ya mencionada que trata de Núria Feliu. Todas las alternativas que proponen se pueden situar bajo el epígrafe de "perder la vergüenza, arriesgarse". Por lo que veo, nadie sugiere un mix de Lluís Llach: una cosa es que se vacíe la pista de baile entre risotadas o improperios y otra muy distinta que se vacíe el local en desbandada.

La lengua catalana ¿no sirve para divertirse, para ligar o para pedir cubatas? Eso es un asunto muy peliagudo, y en esta pregunta se puede hallar el drama verdadero. Tantos millones invertidos en la normalización lingüística y resulta que no, que nada de nada. Igual será que a los machos catalanes les atraen las mujeres latinas, o a las mujeres del territorio .Cat les van los hombres del sur. Vete tu a saber. Creo que es más complejo que eso.

Leo que la mesa que debatió del asunto estaba moderada por el lingüista y traductor Pau Vidal, que es uno de los redactores (o por lo menos uno de los abajofirmantes) del Manifiesto Koiné, el manifiesto que proponía prohibir el castellano en Cataluña por ser lengua vehicular de colonos y fascistas. Me pregunto si a este hombre se le ocurrió alguna pregunta inteligente tras escuchar el fracaso del catalán como lengua vehicular del ligoteo. No es una cuestión menor, ni valen las ironías. Es algo importante y grave. Quien liga en español crea un vínculo muy profundo con la lengua del ligue. Y a mi me da que, aunque pongan "Sopa de cabra" o "Els pets", "Sau" o la "Companyia Elèctrica Dharma" por eso de perder los complejos, la peña no se pondrá a ligar en catalán. Este territorio está perdido, y la derrota es muy significativa. Muy mucho. Lo sabe todo el mundo, de la misma forma que todo el mundo sabe que el emperador anda desnudo en el desfile aunque solo lo diga el niño. Que todo el mundo sabe que la dansaire del mantón de Manila hizo un ridículo estrepitoso.

Unos meses atrás, un fenómeno musical (me ahorro adjetivos cuando un fenómeno se adjetiva solo) llamado "Ovidi 3" se marchó a Waterloo para hacerle un recital privado al ínclito presidente legítimo. Los integrantes del grupo son de la Cup. La extrema izquierda catalana no conoce límites ni fronteras ni sabe de vergüenza ni de ná. Entre ellos está uno de sus líderes, el de la alpargata. "Ovidi 3" cantan versiones de Ovidi Montllor, huelga decirlo. Y otras perlas de la gran música catalana. Catalana o valenciana, qué más da. No me imagino una juerga en el chaletazo de Waterloo. Intuyo que hubo algo de réquiem en el concierto. A los catalanes identitarios el réquiem les pone mucho: la tragedia patria, etc.

Me pregunto: ¿sería posible ligar durante un réquiem? Quizás si, con las emociones trágicas a flor de piel todo es posible. Y con un poco de ratafía en el gaznate, mejor. Pero las discotecas son otro asunto. Me ha llevado un poco de esfuerzo, pero al fin se me ha ocurrido un diálogo discotequero, en una dance floor muy catalana. Pongamos que hablo de una disco, en un polígono a la salida de Olot, dirección Amer:

-¡Uy! ¿Estás escuchando a Sopa de Cabra como yo? ¡No me dirás que no te pone recordar el sacrificio patriótico de Rafael de Casanova! ¿Una copa, por Cataluña? Cada uno paga la suya, por supuest.
-¿"Por supuest"? -pregunta ella, glacial y con una ceja alzada.
-"Por supuest" es catalán, catalán genuíno. En español sa dise "por supuesto", pero al español es lengua de colonos franquistes. ¿No lu sabías? ¿Un Ron Pujol con Cola catalana, la del burro? ¿Una ratafía con tónica?