18 de nov. 2018

En el Purgatorio se habla catalán

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De repente, se me vino a la mente aquella frase que no recuerdo quien diablos dijo: "Hay un cielo, y está en la Tierra". La verdad, no se en qué lugar de la Tierra podría situar el Cielo: ¿en un paraíso fiscal? ¿En Dinamarca? (No lo creo, hace mucho frío, un factor que contrapesa la tanta política socialdemócrata). Andorra es poco celestial, aunque a la família Pujol se lo pareciese. Se me ocurrió la réplica: "Hay un purgatorio en la Tierra, y se llama Cataluña".

Decir que Cataluña es el Infierno sería una exageración desmedida, como decir que los políticos nacionalistas de acá son nazis: a lo sumo, son aprendices, nada más que becarios. El infierno quizás está en el Yemen bombardeado por los amigos árabes, en el Afganistán en guerra permanente, en la Libia, en la Palestina. Eso se parece más al infierno. Cataluña, sin embargo, se parece más al Purgatorio, que es lugar de penitencia, contrición y suplicio suave, con mesura. Como todo lo catalán: con mesura, sin pasarse. La propia sardana tiene algo de baile penitencial, ridículo, con las pertenencias amontonadas cual pequeño vertedero de residuos enmedio del círculo. Como la barretina, que es el gorro más ridículo jamás pergeñado por la mente de un diseñador de gorros. Como la literatura catalana en catalán, pobre y anémica, caricatura de la literatura universal.

El otro día vi al presidente cantando, en sede palaciega, "L'hora dels adéus", enlazando sus manos con otros. Un ejercicio de nostalgia vacía, rememorando cuando era un chavalillo con pantalones cortos y de pana, cuando ya tiene la frente arrugadita, como la pana. Solo en el Purgatorio es posible un presidente así. Hace un tiempo, el dramaturgo Albert Boadella dijo que la lengua catalana crea infelicidad. Fué una de sus boutades, una provocación. Pero quizás solo fue una boutade aparente, quizás no era una provocación. Puede que sea así, y eso reforzaría la hipótesis purgatorial. Me gustaría recibir testimonios de eso para reforzar la formulación de la hipótesis ¿es el catalán la lengua del Purgatorio?

Hace unos días, sentado en una mesa con siete alumnos de origen magrebí, debatíamos sobre cierta cuestión estética y buscábamos propuestas. Cuando se dirigen a mi lo hacen en catalán, y cuando se lo cuentan entre ellos, en otra lengua. ¿El árabe? ¿El amazig? No. El español. Entre ellos hablan en español. Esa es la lengua vehicular que funciona entre ellos, la lengua de encuentro, la compartida, la reconocible. La lengua común es el español. Creo que, cuando se dirigen a mi en catalán, lo hacen así porqué saben que esa es la lengua de la institución, la que toca. Pero no la que mejor les va. Si entre ellos hablasen en árabe pensaría que, como es muy natural, recurren a la lengua materna. Pero sin embargo no es así: recurren al español. Que cada uno piense lo que crea más oportuno, pero eso es una evidencia. Las cosas son así, no me invento nada. Lo que cuento es empírico. Creo que cuando se dirigen a mi, en catalán, saben que deben hacerlo así por la normativa vigente, la ley y todo eso. Porqué esa es la ley del Purgatorio. Sus padres eligieron (sin saberlo, me temo) emigrar al Purgatorio. Los niños y las niñas aceptan la realidad, renuncian: son estoicos en estado puro. Pero saben.

Que los niños y las niñas hablen español en el patio del cole es algo aceptado: hay un deje estoico, también, en los políticos del Purgatorio catalán. Que lo hagan en las aulas, cuando hablan entre ellos, es otro asunto. Es algo más profundo. Yo podría supervisar, prohibir, reprimir: pero ¿para qué? ¿Quién puede ponerle puertas al campo? Sin embargo cumplo con mi función: les recuerdo que la lengua de la escuela es la que es. Se lo repito. Ellos me miran, asienten. Obedecen. Obedecen durante diez o quince segundos. Luego vuelven a lo suyo. ¿Puertas al campo?

El otro día leí un artículo en El Periódico firmado por Jenn Díaz, diputada por ERC en el parlamento catalán. ("Jenn" es la apocopación de Jennifer, tal como usted suponía. Jennifer Díaz Ruiz). La diputada dice, en su artículo en la prensa, que en Cataluña hay una cultura que se expresa en idioma español, y que debe ser respetada. Lo dice en noviembre de 2018. ¡Bienvenida al mundo, Jenn! Más vale tarde que nunca, Jenn. Tu amiga Bel Olid no se ha enterado de nada todavía, ella vive en su Neverland cuya capital es, quizás, Waterloo, por lo menos. O algo peor. Celebro que Jenn haya descubierto un fenómeno llamado "realidad", que podríamos definir (aunque eso es muy difícil) como el conjunto de las evidencias empíricas y demostrables compartidas por la mayoría. Jenn ha descubierto que en Cataluña hay quien escribe en español. Quien canta en español. Creo que Jenn quería referirse a Rosalía, la cantante que ha dado al traste con la bromita indepe del pueblo imaginario de Sant Esteve de Les Roures, ya que la artista nació en Sant Esteve Sesrovires. Y no solo eso: Jenn también ha decidido que esa evidencia debe ser respetada. Creo que el descubrimiento de Jenn demuestra mi hipótesis: Cataluña es el Purgatorio. Quizás estaría bien que Jenn hablase con Laura Borràs, la consejera de cultureta. Por lo de las subvenciones a la cultura, que son pocas pero solo atañen a quienes se expresen en lengua catalana.

Bueno, sea lo que sea, creo que debemos ir recogiendo pruebas de que haber nacido en Cataluña es algo así como un castigo pero algo menos. El Purgatorio. Aunque no soy muy de misa, creo que eso del Purgatorio existe. Y tiene grados: en Gerona es más duro, más estricto. En Barcelona algo menos  severo y, en Tarragona, más dulce. En función de los pecados cometidos en la vida anterior, uno cae más al norte o más al sur del Purgatorio cuando, tras la muerte, nuestro Señor le sitúa en una latitud u otra del mapa purgatorial catalán. Hay un Purgatorio, sin duda alguna. Creo que yo pequé bastante. Pero no mucho: de haber sido mucho, habría nacido en la ciudad de las flores y las moscas de San Narciso, como el prófugo Karles.


14 de nov. 2018

Esperar al amanecer en Cataluña (del Diario de un unionista)

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Lo que se cuenta a continuación sucedió, hace dos días, en sede parlamentaria (o pseudo-parlamentaria, ya que sucedió en el Parlamentet regional catalán): la oposición pregunta:
-¿Cuántos menores inmigrantes durmieron la noche pasada en las comisarías de los Mozos de Escuadra por falta de plazas en los centros de menores?
Y el gobierno responde:
-Cero.
A lo que la oposición rebate:
-Según fuentes de los Mozos de Escuadra, ayer durmieron en dependencias policiales 15 niños.
Entonces, el gobierno lo niega, con el siguiente argumento:
-No es cierto: hubo 15 menores en sedes policiales, pero llegaron a las comisarías a partir de la una de la madrugada. De modo que no durmieron en las comisarías, solo esperaron al amanecer en comisaría, ya que cuando uno ingresa más tarde la una no duerme, solo espera el amanecer.

La respuesta es digna de Groucho, pero es la respuesta oficial de un conseller de la Generalitat. Este es el nivel que tenemos. De modo que ya lo sabe usted: si usted vive en cataluña y se acuesta más allá de la una de la madrugada, que sepa usted que no va a dormir, solo espera el amanecer. Yo mismo, por ejemplo, acabo de descubrir que muchas noches en las que me acosté tarde (por motivos de trabajo, de mal de amores, de inspiración literaria o incluso pictórica, de insomnio o incluso de jolgorio, muchos años atrás) resulta que no dormí, aunque esa era mi pretensión tardía. Solo esperaba el amanecer, que no es lo mismo que dormir.

Hace muchos muchos años, y en un país que era este pero parecía ser otro, me quedé ensimismado en un balcón del Pirineo contemplando las estrellas. Era la noche de San Lorenzo. La verdad es que vi apenas dos meteoros, pero mi fe me mantuvo allí, con los ojos como platos, hasta más allá de las tres. Me levanté a las ocho y dije: he dormido cinco horas. Ahora descubro que mi frase era incorrecta: debí decir "he esperado el amanecer durante cinco horas".

Con eso queda casi todo dicho sobre la sensibilidad de los políticos del gobierno catalán hacia los menores inmigrantes (casi todos marroquíes) que llegan a Cataluña, la tierra de acogida. Con eso queda todo dicho sobre el gobierno catalán. En su mundo de estrategias para alcanzar la república, ¡qué importan una quincena de chavalillos moros! Lo nuestro es mucho más importante. Muchísimo más. Como me dijo hace un tiempo una independentista de tomo y lomo: "tu no entiendes la verdadera dimensión de lo que está sucediendo, porqué es tan grande y tan importante que tu cabecita no lo puede comprender". Sin embargo, mi cabecita limitada, despacio y paso a paso, va comprendiendo la verdadera dimensión de lo que nos sucede.

¡Todo es tan confuso, tan raro, tan trágico, tan cómico a veces, tan grotesco...! Hoy he leído que los CDRs de Sant Cugat del Vallès han cubierto de pintura amarilla la entrada al bloque de pisos en donde reside el juez Llarena. En este bloque residen él, su familia, y unas cuantas familias más. Los CDRs han grabado su hazaña revolucionaria en un video y lo han colgado en las redes. Lo han difundido bajo el epígrafe "Tombem l'estat" (Derribemos al estado). No tengo noticias de que, a lo largo y ancho de la historia, se haya derribado a ningún estado con tres botes de pintura amarilla, pero eso debe ser por que soy un mal catalán y no me doy cuenta de la magnitud, de la trascendencia del acto de lanzar tres botes de pintura amarilla contra la puerta de un bloque de vecinos. Ya me perdonarán: ser un mal catalán conlleva déficits cognitivos como el mío.

La pintura amarilla en el portal de Sant Cugat, así como las tres latas que la contenían, serán retiradas por operarios u operarias (públicos o privados, chi lo sa) que no comprenderán nada del suceso, como yo. Serán personas con cero apellidos catalanes de pura cepa. Quizás inmigrantes, o currantes de los pueblos de al lado, todos ellos con sueldos ínfimos. Deberán esforzarse en limpiar la pintura de los jóvenes revolucionarios de la Cup local, y es probable que la tarea les impida acostarse antes de la una de la madrugada. Gracias a los revolucionarios de la Cup, es muy probable que, este noche, en vez de acostarse tarde, se tengan que limitar a esperar al amanecer. Eso les pasa por haber caído en Cataluña. Ya es mala suerte.

11 de nov. 2018

Javier Pérez Andújar y los quinquis


Uno de los libros más queridos que he leído es "Paseos con mi madre", un libro que me enseñó a amar la escritura de Javier Pérez Andújar. He leído otros debidos a su prosa, pero ninguno superó la emoción y el conocimiento que me proporcionó este. Seguí a Pérez Andújar por las crónicas parlamentarias de El País, y a día de hoy las columnas de El Periódico.

Debo decir que no todos los artículos del autor cumplen las expectativas que uno ha puesto en él, pero a veces pasa. El sábado 10 de noviembre publicó "Los quinquis" y se renovó el milagro. Ahí está de nuevo la magia, el verbo hecho carne, hecho verdad. "Verdad" es, quizás, la palabra que más me repito cuando intento hablar de Javier Pérez. Verdad y mala leche y algo de resentimiento. El resentimiento bien entendido es la semilla de la gran literatura. Pérez Andújar reivindica la cultura popular, los tebeos y los bolsilibros, pero su prosa es magnífica, de vuelo alto, de imagen sorprendente, de comparación sublime. Aunque debo decir más cosas: intuyo en Javier Pérez algo de una pereza que entiendo porqué la comparto. En "Los quinquis" se menciona el asunto: la concisión es un valor. Escribir poco y concentrado. A Marx y a Engels les bastó con un solo manifiesto. Moisés dijo todo lo que quería decir en diez frases (y algunos proponen quedarse solo con dos, en un ejercicio de concisión extrema). Javier no escribe mucho, pero quizás lo suficiente.

Escribo ese homenaje a Javier Pérez porqué tenía pensado escribir algo sobre los narcopisos, sobre el barrio chino de Barcelona. A tenor de las noticias que aparecen de repente, y que uno no sabe interpretar muy bien. ¿Es una maniobra de los de siempre contra la alcalde Colau? ¿Qué verdad hay cuando se habla sobre la "inseguridad" en el Raval? ¿A quién beneficia eso? Ahí: ¿quién sale ganando con eso?  Y ¿cuánto gana el que sale ganando? La lectura de "Los quinquis", en El Periódico del día 10 me ha hecho olvidar mi intención: yo jamás escribiría algo mejor, así que mi ejercicio de concisión es ese: no escribir sobre el asunto. O escribir una reseña sobre su artículo. Una reseña de un artículo en la prensa es un comentario prescindible, una anotación en un diario personal, privado: "Hoy leí lo que dice Javier Pérez de la lucha contra los narcopisos del barrio chino". Punto final. Javier Pérez reúne, en las pocas líneas de su columna, a Tolstoi, a sus recuerdos infantiles en San Adrián, a los ya citados Moisés y Marx, al evangelista Mateo. Inténtelo usted, en 50 líneas, y pretenda, además, contar la verdad. Es decir, su verdad. Lo que para usted es lo verdadero, que no es lo mismo que la verdad. Yo no puedo hacerlo, lo confieso. O por lo menos: no puedo hacerlo mejor que él. Insisto: Javier Pérez es el mejor escritor catalán del siglo. Digan lo que digan la consellera Borrás y sus amigos del grupo Koiné.

¿Qué está pasando en el barrio chino, ese barrio que ahora se llama "Raval"? Bueno, la respuesta es muy sencilla: cuando a uno le quitan las pocas certezas que tiene, las cosas empeoran. Aquí y en la Conchinchina. Si el trabajo disminuye y es más precario, si te pueden echar del piso en cuanto les de la gana a los señoritos, si las leyes no te protegen, si la cosa se pone muy fea... ¿tiene sentido preguntarse por qué vuelven los quinquis? Incluso preguntarse: ¿vuelven?

En los 80, esa época lejana que dicen que vuelve, los quinquis me quitaron el reloj una vez, y otra una calculadora que llevaba para un exámen de matemáticas. De mi casa al Insitituto San José de Calasanz (el que ahora se llama Moisès Broggi, porqué cambia de nombre quien puede, quien se lo puede pagar) había 200 metros. En esos 200 metros me mangaron la calculadora. Hicimos un trato, el quinqui que me atracaba y yo: te doy la calculadora (una Casio con funciones científicas comprada en Andorra) y me dejas que me vaya en paz, que casi llego tarde. Suspendí el examen pero no por la falta de la calculadora, si no porqué no sabía nada ni había estudiado y además no me podía concentrar en los problemas. Al Fabi, el quinqui que me mangó la calculadora sin necesidad de mostrarme la navaja que aseguraba llevar en el bolsillo derecho de su chupa de cuero falso, le encontraron muerto poco más tarde. Creo que se estampó, con el coche robado que conducía, contra un muro. O quizás se despeñó por un barranco. No lo recuerdo bien: se que murió en un coche robado cuando intentaba zafarse del coche de la policía que le perseguía. Lo cuenta así de bien y de conciso Javier Pérez: los quinquis lo pagaron muy caro.

Ahora lo pagarán muy caro otra vez. Quienes centrifugraon el dinero robado des del Palau de la Música envejecen, nobles y elegantes, en las pantallas. Están pulcros y aseados, con unas canas bien estudiadas en su testuz de ciervo adulto, veranean en la costa, declaran cosas, hablan de las razones, del pueblo, de la verdad. De la parte de verdad que hay en las mentiras. Hablan de naciones, de países, de democracia, de derechos, de mandatos democráticos, de libertad. El cuerpo de mi quinqui, aquel Fabi que murió en 1980, es un puñado de ceniza áspera y amarillenta en un nicho de vete a saber qué cementerio. Dicen que vuelve.

9 de nov. 2018

Virgencita, que me quede como estoy (del Diario de un unionista)

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Leo quienes serán los integrantes del Fórum para redactar una constitución que implemente una república catalana (o algo así pero más largo y más rocambolesco, al estilo de los monólogos de Cantinflas). Los redactores de la constitución catalaneta serán: Lluís Llach, Dante Fachín, Marina Rosell, Núria Feliu, Beatriz Talegón (al tanto con el apellido, muy oportuno), Ramón Cotarelo, Toni Albà, Pep Ventura, Mossèn Ballarín y un etcétera no muy extenso. Todos ellos actuarán bajo la estricta vigilancia de Puigdemont, que delega la supervisión en un tal Comín (si no saben quien es, pregunten por él en cualquier hospital público catalán, de los pocos que nos quedan). A lo mejor me equivoco en algunos nombres de los ponentes constitucionales, pero creo que eso importa poco. Lo significativo es el espíritu de la cosa.

Hace unos pocos años, un juez en excedencia redactó una constitución catalana de la que (no entiendo porqué) ya no se habla, como si jamás hubiesen existido ni el juez ni su redactado ocioso, pero suculento. La constitución catalana del juez Vidal daba escalofríos. Creo que, tras la lectura de un resumen de la misma, me dió un síncope y terminé en urgencias. Me diagnosticaron una bronquitis infecciosa y jamás he resuelto el entuerto: ¿la lectura me provocó una infección o la infección me dió tanta fiebre que, en el delirio febril, leí algo que no debía?

Tras la lectura del proyecto constitucional del juez Vidal, y mientras andaba camino del ambulatorio, solo tenía una idea en la cabecita: virgencita, que me quede como estoy. El proyecto de Vidal ponía por escrito y artículo tras artículo el sueño delirante de cualquier populista derechón que sueñe en redactar constituciones nacionales. Podrían mandarle el borrador de Vidal a Bolsonaro, seguro que le encanta.

Si ya me dio un malaje con la constitución del juez en estado de gracioso ocio, imagínense ustedes lo que siento tras saber quienes serán los padres y madres de la nueva constitución catalana. La anterior salió de la pluma de un jurista, y era pá verla. La nueva sale de cantantes y mediáticos varios, amén de ignorantes reconocidos en cualquier campo del conocimiento humano, como el señor Fachín.

La Constitución de 1978, esa de la que tanto malhablan, la redactaron políticos, juristas, diplomáticos, etc. La catalana en ciernes la redactarán famosillos de medio pelo. La Consti del 78 salió del diálogo y del consenso entre diferentes, diversos y opuestos. La catalana nacerá del festival nacional-onanista de una panda de amiguetes. Lo dicho: Virgencita, que me quede como estoy.

No es nada osado imaginar que las reuniones del grupito constituyente se celebrarán a lo largo y ancho del mapa catalanet (de la Cataluña interior y la gerundense: una paellita en Casa Rahola de Cadaqués, una costellada en Vic (durante la matanza del cerdo), una ratafiada en Olot. Para demostrar que no menosprecian a la costa barcelonesa, habrá una mariscada en Sitges (cuyo ayuntamiento sigue siendo estrictamente pedecatiano). Uno no debe esforzarse mucho para sospechar que clase de redactado saldrá de semejante agenda. Artículo uno: Cataluña es una nación desde que el mundo es mundo: lo demuestran las cuatro rayas esgrafiadas en una roca de Montserrat, en pleno paleolítico. Artículo dos: Cataluña es una nación y España no. Y así hasta el infinito. ¿Hasta el infinito? ¡No! Hasta el artículo 1714, que reza: Artículo 1714: La mejor composición musical de todos los tiempos, sin menoscabo de la sardana, es "País petit" de Lluís Llach.

Virgencita, virgencita, que me quede como estoy. Y que me quede amparado por la Constitución española, Virgencita, esa constitutción que, de tan abierta y generosa como es, incluso permite que un grupillo de fantoches famositos redacte constituciones regionales para goce y disfrute del pueblo. Del pueblo catalán, siempre atónito pero siempre agradecido. Virgencita... ¡ampárame!.

5 de nov. 2018

La noche terminó mal (¿Se puede ligar en catalán?)

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En la noche catalana no se habla catalán. Se liga, se fiestea y se juerguea, pero en castellano. No lo digo yo (pobre de mi, que estoy mayor y no practico). No lo digo yo: lo dice la intelectualidad catalana de pro y de procés. Lo leí en una crónica periodística de un medio afín al régimen catalán. Hicieron un simposio sobre la noche catalana y admitieron que la lengua de la noche no es la catalana. Dicen: hay una hora de la noche en la que la lengua catalana desaparece. La lengua catalana tiene una conducta como la de la Cenicienta. Se larga a las 12 y nadie sabe adónde se ha ido.

A continuación, los contertulios del simposio hicieron algunas propuestas para recuperar el catalán como lengua de seducción: a mi, de todas las propuestas, la que más me gusta es esa: hay que desacomplejarse y programar un mix de Núria Feliu en mitad de la juerga, sin miedo. Lo propone un empresario de la noche. Y lo argumenta tal que así: una mala canción vacía la pista de baile, pero llena la barra. La pela, la caixa. Un argumento brillante de veras.

Leo sobre el asunto y descubro que los ponentes en el debate sobre la ausencia del catalán en la noche catalana constatan realidades pero no profundizan, no buscan razones ni motivos. Buscan alternativas, eso si, alternativas ingeniosas como la ya mencionada que trata de Núria Feliu. Todas las alternativas que proponen se pueden situar bajo el epígrafe de "perder la vergüenza, arriesgarse". Por lo que veo, nadie sugiere un mix de Lluís Llach: una cosa es que se vacíe la pista de baile entre risotadas o improperios y otra muy distinta que se vacíe el local en desbandada.

La lengua catalana ¿no sirve para divertirse, para ligar o para pedir cubatas? Eso es un asunto muy peliagudo, y en esta pregunta se puede hallar el drama verdadero. Tantos millones invertidos en la normalización lingüística y resulta que no, que nada de nada. Igual será que a los machos catalanes les atraen las mujeres latinas, o a las mujeres del territorio .Cat les van los hombres del sur. Vete tu a saber. Creo que es más complejo que eso.

Leo que la mesa que debatió del asunto estaba moderada por el lingüista y traductor Pau Vidal, que es uno de los redactores (o por lo menos uno de los abajofirmantes) del Manifiesto Koiné, el manifiesto que proponía prohibir el castellano en Cataluña por ser lengua vehicular de colonos y fascistas. Me pregunto si a este hombre se le ocurrió alguna pregunta inteligente tras escuchar el fracaso del catalán como lengua vehicular del ligoteo. No es una cuestión menor, ni valen las ironías. Es algo importante y grave. Quien liga en español crea un vínculo muy profundo con la lengua del ligue. Y a mi me da que, aunque pongan "Sopa de cabra" o "Els pets", "Sau" o la "Companyia Elèctrica Dharma" por eso de perder los complejos, la peña no se pondrá a ligar en catalán. Este territorio está perdido, y la derrota es muy significativa. Muy mucho. Lo sabe todo el mundo, de la misma forma que todo el mundo sabe que el emperador anda desnudo en el desfile aunque solo lo diga el niño. Que todo el mundo sabe que la dansaire del mantón de Manila hizo un ridículo estrepitoso.

Unos meses atrás, un fenómeno musical (me ahorro adjetivos cuando un fenómeno se adjetiva solo) llamado "Ovidi 3" se marchó a Waterloo para hacerle un recital privado al ínclito presidente legítimo. Los integrantes del grupo son de la Cup. La extrema izquierda catalana no conoce límites ni fronteras ni sabe de vergüenza ni de ná. Entre ellos está uno de sus líderes, el de la alpargata. "Ovidi 3" cantan versiones de Ovidi Montllor, huelga decirlo. Y otras perlas de la gran música catalana. Catalana o valenciana, qué más da. No me imagino una juerga en el chaletazo de Waterloo. Intuyo que hubo algo de réquiem en el concierto. A los catalanes identitarios el réquiem les pone mucho: la tragedia patria, etc.

Me pregunto: ¿sería posible ligar durante un réquiem? Quizás si, con las emociones trágicas a flor de piel todo es posible. Y con un poco de ratafía en el gaznate, mejor. Pero las discotecas son otro asunto. Me ha llevado un poco de esfuerzo, pero al fin se me ha ocurrido un diálogo discotequero, en una dance floor muy catalana. Pongamos que hablo de una disco, en un polígono a la salida de Olot, dirección Amer:

-¡Uy! ¿Estás escuchando a Sopa de Cabra como yo? ¡No me dirás que no te pone recordar el sacrificio patriótico de Rafael de Casanova! ¿Una copa, por Cataluña? Cada uno paga la suya, por supuest.
-¿"Por supuest"? -pregunta ella, glacial y con una ceja alzada.
-"Por supuest" es catalán, catalán genuíno. En español sa dise "por supuesto", pero al español es lengua de colonos franquistes. ¿No lu sabías? ¿Un Ron Pujol con Cola catalana, la del burro? ¿Una ratafía con tónica?

4 de nov. 2018

La jornada laboral del señor J. Torra

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La agenda de los políticos es la lista de sus prioridades, de sus planes, sus proyectos. Hablo de proyectos políticos entendiendo (o sobreentendiendo, quizás con ingenuidad) que hacer política es procurar por el mayor bien posible para el mayor número posible de ciudadanos. En el caso de la agenda del señor Torra, veo una agenda en blanco. La veo sin ser vidente.

En otro sentido, la agenda es esa libreta en la que uno anota, en la fecha correspondiente, las citas que debe recordar: la visita al osteópata, comida con Fulanito, cumpleaños del sobrino, llamar al gestor. Esta agenda está repleta de anotaciones. Hay muchos eventos en esta agenda. La feria del higo, la del ajo, trobada de puntaires, de bastoners, reconstrucción amateur de la batallita de Talamanca, etc. Ahora vendrán los pesebres vivientes y los pesebres muertos, la pasión de Esparraguera (la pasión, la pasión...).

Al president no le hemos oído ni una palabra sobre bienestar, sobre salud, sobre educación. La flamante consellera de cultura opina, a veces, sobre los autores catalanes que escriben en castellano. Pero opinar no es hacer política. El conseller de educación divaga sobre lenguas, plurilingüismo e interculturalidad. ¿O es sobre interlingüismo y multiculturalidad? Vaya lío. Divagar está bien, pero no es hacer política. Sobre el resto de consellers, nada. Sin noticias, como nos pasó con Gurb (el extraterrestre, no el pueblo al lado de Vic, del que si tenemos noticias: según Tv3, en Gurb se originó la tradición irlandesa de Halloween).

Me sorprende el silencio, las páginas en blanco de la agenda política. La ausencia de acción política. Me intento poner en la piel del president o de un conseller (incluso de una consellera).
Hoy es lunes, vamos a suponer. Tengo que levantarme para ir al trabajo. Suena el despertador, me desperezo, me ducho. Mientras desayuno pongo la radio, no vaya a ser que una riada me impida el traslado hasta el lugar de trabajo. Ojalá fuese así, me digo para mis adentros más internos. Luego me visto. Bajo a la calle. Menos mal que han cambiado la hora: luce un sol espléndido, ese sol cariñoso de otoño, esas lentejuelas dulces en el aire. Saco el coche del parking y emprendo el camino al tajo. 
Llego a la oficina. Saludo a algunos. Me siento en el despacho. Ha empezado mi jornada laboral. Como hemos supuesto que es lunes, queda todo el lunes y cuatro días más. Sin olvidar que el sábado debo acudir a un evento popular, en donde deberé decir algo, aportar algo. Enciendo el ordenador y espero que arranque el Windows, con ese zumbido ronroneante de la máquina. La pantalla destella. Fantástico, todo en marcha. Encima de la mesa hay dos portafolios con folios en su interior. Como debe ser. Todo en orden. Me pagan por pensar, de modo que me pongo a pensar. Al cabo de un buen rato de pensamientos, levanto la mirada y contemplo el reloj en la pared, justo al lado del retrato, someramente enmarcado, del presidente. Vaya. Solo llevo media hora de jornada laboral y ya no se en qué más pensar. Un correo electrónico me anima por un instante: quizás llega algo importante. Pero... ¡vaya! Los trabajadores de no se que sector se quejan de la paga extra que no llegó, y de las malas condiciones en las que deben trabajar. Según ellos, claro, según ellos. Qué molestia, por Dios, esos trabajadores con sus reivindicaciones y sus reclamaciones y sus derechos infinitos... ¡pero bueno! ¿Acaso no se dan cuenta de la tragedia nacional que vivimos? ¿Como se puede ser tan egoista? En la clase obrera hay una insensibilidad mitológica. Nota mental: debería escribir un tratado sobre el asunto. Esa gente sería capaz de dar la lata con sus derechos laborales incluso cuando hubiesen explotado todos los volcanes de Olot.  
Sigamos adelante con la jornada laboral. Alguien dirá que llevo una vida fácil, que me pagan un montón de dinero por hacer poco, solo por estar sentado y pensar. Pero no se dan cuenta, insensibles y narcisistas, del sufrimiento que vivo, de lo árdua que es mi tarea. Me gustaría verles, a esos, en mi lugar. Bueno, no. En realidad, no me gustaría nada verles en mi lugar. Prefiero estar yo en este lugar, el mío. Y a ellos, en el suyo. El momento trágico de la patria, me repito. El momento excepcional. La historia nos llama, debemos darle una respuesta de altura. Quizás debería fichar asesores, más asesores. Intelectuales de los buenos. Aunque con cuidado: la mayoría exigen compensaciones. Compensaciones económicas, claro. No se conforman con una creu de sant Jordi. Nadie me asesora por idealismo. Cada vez que me piden dinero por su docto asesoramiento me sulfuro, y me muerdo la lengua para no espetarles aquello tan bonito del Kennedy: no te preguntes qué hace la patria por ti, pregunta qué haces tu por la patria. 
A mediodía salgo a la calle. Lo hago a paso ligero pero sin prisas, no vaya a ser que un paparazzo sugiera que me largo para Waterloo, a los paparazzi les carga el diablo, son malos requetemalos. Hora del almuerzo. Las tripas rugen: pensar consume mucha energía, hay que reponerla. Mientras ando camino al Restaurant Virolai Vivent, me cruzo con una gitana que lleva dos barras de pan bajo el brazo. La miro. ¡Esas gitanas...! Mira la cara de despreocupación que lleva, ese gesto indolente, esa pachorra. ¡Claro! No tiene nada que hacer. Así cualquiera vive feliz y en su limbo, sin el sufrimiento de tener que pensar en el destino (trágico, siempre trágico) de la patria sometida, expoliada, vilipendiada, ocupada, colonizada, etc. Así cualquiera. 
Me olvido de que las dos barras de pan de la gitana pagan el Iva. De que ella ha pagado el Iva. Me olvido (es comprensible el olvido -con tanta tragedia nacional de por medio cualquiera se olvidaría) de que una parte de este Iva viajará hasta Madrid (¡Madrit!) y luego volverá y se meterá en mi bolsillo. En mi nómina de final de mes hay un pedacito del Iva de esas dos barras de pan de la feliz/infeliz gitana. Bueno, visto así, es justo que ella contribuya a sustentarme. Quien no sufre los tormentos que yo sufro debe colaborar a mi sustento. Al fin y al cabo soy yo quien se preocupa por ella, quien se rompe los cuernos por darle una buena patria, una patria libre y soberana [Si no le gusta, que se largue]. Bien está que me de una parte de su dinero. Por infinitesimal que sea, bien está. Me lo dijo mi padre, que en paz descanse en la gloria del Señor, a la derecha del señor: el dinero se hace céntimo a céntimo. Paso a paso se hace camino al andar. Al andar hacia el Restaurante Virolai Vivent. 
En el Restaurante Virolai Vivent los lunes suele haber, de postre, esos carquiñolis divinos y aromatizados con ratafía. Creo que me pediré un chupito de ese licor. ¿O mel y mató con avellanas y pasas y Aromas de Montserrat? Quien lo sabe, ya veremos. Cualquiera de los dos licores me ayudará a redactar el discurso para el sábado, en el encuentro nacional de gralles y flabiols. ¿O era el simposio nacional de espardenyes de set vetes?. ¡Vaya! Olvidé mi libreta en el despacho. Bueno, no pasa nada, casi mejor así: ya sé qué motivo tengo para levantarme mañana.

31 d’oct. 2018

Albert Soler, Ramón de España e Isabel Coixet

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Leo que la cineasta Isabel Coixet ha propuesto que el catalán de este año sea Albert Soler, periodista del Diari de Girona, o bien Ramón de España, escritor, guionista y columnista de Crónica Global. Se trata de una ocurrencia, y la propuesta se debe al sentido del humor de Coixet: todo el mundo puede intuir el recorrido (en términos realistas) de la idea. Bienvenida sea, por lo tanto: no hay que perder el buen humor. Yo votaría por cualquiera de los dos, aunque quizás, en este país tan entusiasta del votismo, quizás pueda votarles a los dos. Por urnas no será: las urnas-tupperware chinas que se compraron para el referendum fake deben estar en algún almacén oficial, disponibles para grandes nuevas fiestas de la democracia a la catalana. Yo intuyo un nuevo mandato democrático. Digo yo que las urnas están en un almacén (el del departamentet de Cultureta?), pero... ¿y se las subastaron en las sedes de la ANC con el propósito muy loable de recoger un dinerillo para los presos y exiliados?

Soler y de España, así como Guillem Martínez en otro tono y también, en cierto modo, Javier Pérez Andújar, han sido lo mejor que nos habrá dejado ese desastre llamado "procés". Han sido (son) por lo menos, la baliza de aire fresco, el aire respirable que hemos podido respirar. Humor. A veces negro, a veces de brocha gorda, sí, pero humor sutil también y, sobretodo, la mirada del que no se cree nada, del sarcasmo, el bofetón de la chanza, el chascarrillo y la mofa: muchos hemos podido sobrellevar así la pesadilla mesiánica, nacionalista y populista de esos caudillitos llamados por el destino de la patria. El caso de Soler es espeluznante, ya que escribe des de Girona, la zona cero de la catástrofe.

Sigo a Soler y a de España con devoción, leo sus artículos puntualmente, los sigo con la fe del beato que espera el sermón impreso en la Hoja Parroquial de los domingos. Los sigo porque me han ofrecido algo que no esperaba, como el que dejó de creer en Cristo y de repente recibe una iluminación, esa cascada de luz que te cambia el día. Donde yo veía tragedia, ellos vieron comedia. Donde yo vi peligro, ellos vieron estupidez, donde vi amenazas, ellos ridículo.

Las mejores carcajadas de los últimos años se las debo a Albert Soler y Ramón de España. Mis vecinos pueden dar fe, ya que mis carcajadas se escuchan en toda la calle. Guillem Martínez y Pérez Andújar me hicieron sonreir, o reir. Pero nada como las carcajadas en la lectura de los dos candidatos a catalán del año que propone Coixet. Lo dijo Shakespeare: "nothing like the sun". Reirse de corazón es como mirar al sol: nada se le puede comparar.

El proceso ha tenido tantos instantes de ridiculez, de despropósito, de ingenuidad y de payasada que es casi imposible retenerlos todos. Imposible el inventario de charlotadas procesistas, de memeces patrióticas. Refiero los ultimísimos: la extraña danza de la bailarina en la presentación del Consell PER la República (una versión libre del aurresku pero con mantón de Manila comprado en Zara), la ratafía, el chaletazo de Waterloo. Soler y de España lo han tenido fácil ante esas situaciones. Así como con las alocuciones imitando a Cantinflas de los altos mandatarios. Pero también han sabido desvelar lo grotesco que había en los peores momentos, cuando nos temíamos lo más funesto. Las oscuras sesiones del Parlamento de los días 6 y 7 de septiembre de 2017, las fechas amargas del 27 de octubre del mismo año, etc. Ahí, ellos también supieron ver lo cómico, supieron desdramataizarlo con su humor irreverente, corrosivo y directo. Sin tapujos, sin pelos en la lengua.

Sin embargo... sin embargo tengo algo que decir sobre los artículos de Soler y de de España. No es un reproche, en realidad, es algo que les diría si los tuviese delante: el procés es ridículo, cómico, grotesco, mínimo y folklore puro. Y folklore del malo (aunque yo jamás haya visto folklore bueno, no discuto que pueda haberlo del bueno). Pero les diría algo: el "procés" nos ha traído malestar, estrés, insomnio, rupturas en la familia. El procés nos ha traído sufrimiento a muchos. No hablo de un sufrimiento filosófico, hablo de sufrimiento en la carne. Hablo de tensión, del malestar que produce callarse en ciertos momentos ante compañeros de trabajo, de la desazón de comprobar como familiares muy cercanos se alejan porqué osaste decir que no estabas por el procés. Esa gente nos ha traído malvivir, como si la vida misma no fuese lo bastante capaz de traernos malos ratos, malas cosas. Eso no se lo perdonaré. Podría emularles cuando dicen: "ni olvido ni perdón" (con toda las desfachatez de que son capaces, plagiando a los argentinos víctimas de una dictadura sanguinaria).

En cuanto se supo que Coixet promocionaba a esos candidatos para catalán del año, muchos conocidos míos respiraron aliviados y se echaron al monte de la ironía. Era su forma de homenajear a los propuestos por la cineasta. A mi mi encantó el que dijo "Eso no va de Albert Soler o Ramón de España, eso va de democracia". Fantástico. Los dos autores no tan solo nos hicieron sonreír en los peores instantes si no que nos dan buenas ideas: nos sugieren el camino a seguir para hacer frente a los indepes (a sus líderes, en realidad) con la mejor estrategia.

Aunque la propuesta de Coixet puede que no tenga recorrido en el mundo posible ni en el probable, la apoyaré y la promoveré. Durante los peores momentos del procesismo, cuando más pesimista y más triste me sentía, intenté refugiarme en Habermas y en Magris, pero su lectura solo me hundía más en la depresión y el desconcierto: ¿como puede ser que nos pase eso?. Me salvé gracias a Soler y de España, las cosas como sean: no me salvaron ni Habermas ni Magris. Si fuese por la ayuda de los grandes pensadores, tan elevada intelectualmente como ineficaz, hoy estaría ingresado en un sanatorio mental. En el mejor de los casos, en un balneario portugués. Me salvaron Soler y de España. Nada sería más alegre que verles nominados (y votados). Ya se que una flor en medio de las ruinas solo es una flor en medio de las ruinas. Pero ante tanta ruina, el valor de una flor es enorme. El valor de dos flores es inmesurable.

25 d’oct. 2018

Última hora: Cataluña es multilingüe

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El Consejero de Educación catalán, Josep Bargalló, ha dado el visto bueno a un documento que reflexiona sobre la situación de las lenguas en Cataluña y sugiere algunos cambios de enfoque en lo que respecta a su tratamiento en la educación. La verdad sea dicha: a uno (es decir, a mi) le sorprende que el documento aparezca ahora, en plena ola soberanista. O quizás no debería sorprenderme.

Se puede resumir así, con algo de ironía o con un poco de sarcasmo: la Generalitat ha descubierto que Cataluña es plurilingüe y que la escuela catalana no se había enterado.

Al consejero le ha caído una lluvia de insultos proverbial, procedentes de las filas secesionistas. Ya se sabe: el presidente Torra les pidió apretar, y ellos, obedientes, aprietan. He leído algunos de los insultos que circulan por el twiter contra Bargalló y me he entretenido en leer los nombres (los alias) de los tuiteros más agresivos. Les dejo dos: "Cigala Brava" (traducción directa de Picha brava), "JoSocCDR". Tan elevado es el voltaje de los insultos que me ido a leer el documento: se titula "El modelo lingüístico del sistema educativo en Cataluña. El aprendizaje y el uso de las lenguas en un contexto multilingüe y multicultural". No tiene muchas páginas. Hay tres de ellas de bibliografía, con alguna referencia mal citada, por cierto. Mucha literatura anglosajona sobre los contextos plurilingües.

El documento es, a mi parecer, poco más que una reflexión y un tímido intento de repensar el tratamiento de las lengua en la educación obligatoria. Por primera vez no se habla de lengua única. Digo yo que lo que habrá enervado al hooliganismo serán un par de ideas:

  • en Cataluña hay zonas (área metropolitana de Barcelona, con más de 5 millones de habitantes -la precisión demográfica es mía) en donde la lengua mayoritaria es la castellana, y quizás se debería tratar como se tratan las lengua maternas en el mundo civilizado. Se entiende que se les debería prestar más y mejor atención, ya que el buen dominio de la lengua materna es importante en el desarrollo de la competencia comunicativa del alumno.
  • en Cataluña hay zonas en donde presencia social del castellano es muy baja (las comarcas del interior, con menos de 2 millones de personas), y quizás se debería reforzar el conocimiento de esta lengua.

Los indepes más furiosos han reaccionado muy mal, y han inferido que el consejero va a ampliar las horas de castellano y reducir las de catalán (cosa que el documento no menciona en ninguna parte).

Según mi parecer, el documento hace algo importante, aunque con timidez: rompe, por fin el tabú sobre el aprendizaje de las lenguas en Cataluña. Llevamos décadas escuchando que el modelo de la inmersión no se debe tocar porqué es "un modelo de éxito" cuando todo el mundo sabe que no lo es: los alumnos conocen el catalán, si, pero no lo usan porqué no es atractivo y no conecta con su vida, ni les sirve para vehicular sentimientos y emociones (creo que ahí está la clave del fracaso).

Pero de ningún modo el documento es normativo, ni establece nuevos currículums ni cambios en las horas de cada asignatura de lenguas.

Una de las críticas al documento procede de la ex-diputada de la Cup, Mireia Boya, que acusa a Bargalló de "asesinar" (sic) al "occitano" (sic otra vez). Boya confunde el aranés con el occitano, una lengua desaparecida, sin hablantes y sin producción literaria desde hace siglos. Señora Boya: por definición no se puede asesinar a un muerto. Quizás es trágico que el occitano esté muerto. Pero no más que lo esté, también, Voltaire. La realidad tiene eso, que muchas veces no es agradable ni bonita.

Me alegro del ataque de sensatez que se apunta en el documento, aunque lamento que no se concrete. Y me sorprende que eso suceda justamente ahora: ¿indica el enfríamiento procesista que se está proyectando desde una parte de los dirigentes? ¿O solo indica que la lucha entre ERC y el Pedecat es cada vaz más salvaje?. Vamos a ver. Uno de los tuits que insultan a Bargalló es de alguien que se autoproclama maestro de la educación primaria y le pide a Torra que destituya a Bargalló. Pero ya. Vamos a ver de que lado cae la pelota. Aunque ahora Bargalló ya sabe que es un botifler. Se lo están gritando los suyos. Estoy en la espera, ansiosa, de lo que digan los del Manifiesto Koiné.

23 d’oct. 2018

¡A por ellos y tu más! (del Diario de un unionista)

Independentistes pengen cartells de veïns unionistes

Vivir en Cataluña es un honor para algunos, para otros una desgracia cualquiera y para otros, como yo, tan relevante como disponer de dos orejas. Sin embargo, vivir en Cataluña nos depara instantes de perplejidad que, si uno se los toma con humor, vale la pena vivirlos. Voy a repasar algunos, los ultimísimos:

  • Se está descubriendo una deriva "soberanista" en las filas Comunes (la franquicia catalana de Podemos) que me llena de sonrisas. La izquierda más izquierda de todas las izquierdas disponibles en .Cat (que no son muchas) siente una atracción fatal por la cosa nacional. De nada les sirve que les hayan contado los filósofos que nacionalismo y socialismo son incompatibles. Me temo que lo hacen para pillar voto, pero quizás por cada voto soberanista que se pillen perderán cien de los sufridos votantes comunes que todavía se sienten de izquierdas.
  • Hace un par de días, en la revista "El Crític", que es muy de izquierdas, leí un artículo que demostraba que hay que ser feminista e independentista a la vez y por lógica, por imperativo racional. Siento mucha simpatía por el feminismo, por lo menos por el feminismo crítico y avanzado que nos llega de fuera y que ya tiene, aquí, a notables representantes (no escribiré "representantas"). Las autoras feministas que sigo no han colocado jamás la cosa independentista como compañera de viaje y más bien, osaría decir yo, hablan de todo lo contrario: el feminismo que leo yo es bastante enemigo del identitarismo.
  • Titular del canal de noticias 24 horas de matraca soberanista de Tv3 (3/24) de hace tres días: "Quim Torra visita al President Puigdemont en Waterloo". Atentos a la frase. Joaquim solo es "Quim" y ni tan solo es presidente, ya que eso lo es el prófugo que reside en un chaletazo en Waterloo -que no tiene nada que envidiarle al de Iglesias-. Podrían haber titulado: "El presidente Joaquim Torra visita a Carlitus Putxi en su chalé flamenco", pero optaron por la fórmula anterior. Ningún técnico de protocolo de la Generalitat protestó (que yo sepa).
  • Otra perla: hace una semana, copié en Facebook el artículo que Salvador Oliva escribió en El Pais y que se puede leer aquí, en donde critica, con dureza, a Tv3, por la presencia contínua de Pilar Rahola. Es un texto irónico, incluso sarcástico. En ningún momento defiende televisión española ni la compara ni nada parecido. Sin embargo, una semana más tarde de haber colgado el texto todavía hay lectores insultándose entre sí con gran ímpetu y sin arreciar, y acusando al señor Oliva de haber olvidado que Tve es mucho peor que Tv3 (afirmación que pide una demostración empírica). Es decir, la respuesta es: "¡Y tu más!".
  • En las filas indepes hay un nivel de sentido crítico hacia lo que ellos denominan "el estado español" que supera a los grandes analistas críticos y a los filósofos más meticulosos: investigan cada detalle y siempre encuentran el defecto: corrupción, franquismo oculto (o no), prevaricación, totalitarismo, autoritarismo. Los mismos críticos, tan agudos y avispados, no encuentran defecto alguno en las tendencias autoritarias, supremacistas, demagógicas y antisociales del gobierno autonómico. Me recuerdan a esa gente que critica con gran tesón a la medicina oficial, las farmacéuticas y etc pero que, sin embargo, se muestran indulgentes, crédulos y genuflexos ante un iluminado que cura el autismo con gotas de lejía o con bolitas homeopáticas. Al iluminado no le preguntan jamás por los fundamentos científicos de sus delirios.
La última dosis de perplejidad a la catalana no tiene la menor gracia y además me ha puesto el cuerpo malo: en una bella población catalana -del interior, huelga decirlo- han aparecido unos cartelitos en donde se señala a los vecinos que no son "dels nostres" si no del enemigo: unionistas, españolistas, etc. Le ponen la foto, el nombre y los apellidos y toda la información necesaria: quien es su cónyuge, por ejemplo. Información innecesaria, en realidad, porqué en este pueblo todos se conocen. Cualquiera diría que eso es un delito de odio flagrante y que, en un país normal, la policía y la judicatura actuarían de oficio. Aquí, no. Estoy seguro de que, más de uno de los separatistas que lean esto me responderán: "¡Y vosotros más"!. Y se quedarán tan panchos. Y quizás, para calmarse, se tomarán un chupito de ratafía Waterloo, la que promociona el presidente legítimo desde su chaletazo.

A veces me pregunto qué hacemos los docentes, preocupados por educar el sentido crítico y la resolución dialógica de conflictos, tan preocupados por la prevención de la violencia, tan interesados en promover el consenso.

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19 d’oct. 2018

Macron en Cataluña ¿o era un tal Valls?

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Cuando el joven Macron (¿o era un tal Valls?) ascendió a ministro de Francia, con Monsieur Hollande en la presidencia, hizo una serie de promesas. No solo las incumplió: una vez al mando, hizo lo contrario de lo prometido. Esta secuencia sería aplicable a muchos políticos de por aquí. Rajoy y Mas, por ejemplo, hicieron lo mismo por las mismas fechas.

Macron (¿Valls?) se ganó, sin embargo, una cierta fama de político pragmático, realista y expeditivo.  En este giro ya no están ni Rajoy ni Mas. El giro incumplidor de Macron no me sorprende. Sí me sorprende su giro hacia Barcelona, pero mira tu lo que te digo: me gusta. Macron -Valls- pone a Barcelona en el mapa otra vez, tras aquellas olimpiadas tan obsoletas. Lo dijo Artur Mas: el mundo nos mira. No nos miró nadie salvo Macron o Valls. Como profeta, Mas es un profeta cenizo.

Pienso que, del mismo modo que el Barça o el Real Madrid pueden fichar a un gran delantero de otra parte del mundo, los partidos políticos deberían poder fichar a grandes estrellas de la política de cualquier país. El Partido Popular catalán, de haber fichado a Barak Obama, no estaría donde está. A Corbyn le podría fichar Cataluña en Común, y Vox se podría pillar a Nigel Farage, que no está en activo y, por lo tanto, libre de la cláusula de rescisión.

España es un buen lugar en donde recalar para cualquier político profesional de allende los mares o los continentes: clima, gastronomía y fiscalidad siguen ofreciendo buenos incentivos. Convergència (o el Pdecat, o la Crida, o como decidan llamarse) podrían sondear a Donald Trump y ofrecerle un buen trato para cuando termine su labor patriótica en los EUA. La pelambrera de Trump, junto a la de Puigdemont, podrían arrasar en este país en el caso de ir conjuntas. Serían como la mitad de los Beatles. Van a tener los problemas de cualquier equipo futbolero: la lucha de egos. Pero esa disputa la puede resolver un buen entrenador, un entrenador con carácter y con poco pelo, como el Gran Pep. Un entrenador que podría ser, por ejemplo, Vladimir Putin. Vladimir es un malote de libro, un chuleta fanfarrón que encantaría al votante nacionalista catalán y al CDR, y sería muy capaz de poner orden entre Trump y Puigdemont.

Si Joe Bolsonaro pierde las elecciones presidenciales en Brasil y se queda sin curro, podría optar a consejero de interior en Cataluña. Encaja bien en el proyecto republicano de la Crida.

Trump podría ejercer de presidente de la República, Puigdemont de primer ministro y Putin de ministro de propaganda (y de coordinador en la sombra). Lo suyo sería que se fuesen intercambiando los cargos en cada crisis de gobierno, para apaciguar las ínfulas de cada estrella. Estoy seguro de que habría una plaza para Núria de Gispert como ministra de inmigración y para Pilar Rahola como ministra de cultura y medios de comunicación. Núria y Pilar, huelga decirlo, saldrían casi gratis: su voluntad de servicio a la patria es tan vocacional o más que la de los maestros de primaria, de modo que por mil eurillos al mes las tenemos en nómina y compensamos los desmanes de los anteriores, que no se dejan fichar por menos de lo que gana Messi. República catalana: por fin los catalanes seríamos innovadores en algo, pioneros en algo. Ya va siendo hora. Después de toda una historia de irrelevancia absoluta, Cataluña será algo en el mundo .

El día en que inventen la resurrección o la metempsicosis, el nacionalismo catalán podrá fichar a Napoleón para nombrarle ministro del interior y luego de defensa, que significa ataque. Vamos a recuperar el Rosellón y el Capcir, y Valencia y Mallorca, y la parte de Murcia que nos corresponde. Y Andorra. Y Nápoles, que no se me olvide. Y l'Alguer, porqué los catalanes de l'Alguer nos han pedido su ayuda, como los alemanes de los sudetes en 1938.

Si se puede fichar a un extranjero, también se puede fichar a un zombi. Y si el reglamento actual no permite el fichaje de zombis, para eso está la mayoría indepe del Parlamento catalán: se cambia la ley en un plis-plas y se aprueba el fichaje de los muertos vivientes. Solón de Atenas, Aníbal, Gengis Kahn, Atila... ¡cuántos líderes nacionalistas se podrían fichar para que colaboren en la construcción de la república catalano-expansionista de los sueños!

Si se puede comprar, se puede vender: yo le vendería Quim Torra a Macedonia del Norte y Pablo Casado a Polonia, que son muy de misa.

En la república catalana de los sueños, podrán resucitar a Arnau de Vilanova para nombrarle ministro de sanidad. Arnau estaba seguro de que todos los males se podían curar con un bebercio, mezcla de sangre y esperma de toro. Arnau era catalán, y por lo tanto se conformará con un sueldo exiguo. Como el señor Torra, que cuando ascendió a presi de la pre-república se rebajó la nómina: el precio de su cargo estaba en el orgullo de poder servir a la patria, cosa que no tiene precio.


16 d’oct. 2018

Los autobuses siempre serán nuestros. El cuento de la jilaba

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Quizás sean los primeros achaques de una mala salud que me recuerda la edad. Quizás no. Jamás he gozado de una buena salud envidiable. Quizás por eso mi afición temprana por la lectura, o quizás es del revés: quizás las lecturas me indujeron la salud precaria. Hace años alguien me dijo "malditos los libros que leímos demasiado pronto". Las lecturas precoces predisponen al niño a la mirada pesimista y al dolor prematuro.

No se cual es el motivo, pero algo me huele a chamusquina en el ambiente. Hace muchísimo tiempo que nadie me dejaba comentarios ofensivos en este blog. La última vez que eso sucedió, hace mucho, las motivaciones no llegué a comprenderlas. Ahora han vuelto: ahora arrecia el asunto nacionalista y vuelven los insultos. El anónimo-pesudónimo dice, más o menos, que no pertenecer a su causa es de locos. Una idea estrictamente democrática, como todo el mundo puede observar: la discrepancia es, para él (para ellos) una enfermedad mental. Que debe ser corregida o aislada. Me acordé de "El alienista", la novela breve y genial del portugués Machado de Assís, que le recomiendo mucho.

Hace un tiempo descubrí que este blog aparecía en un listado de "blogs españolistas", en el foro "Racó català". Vi una lista con algunos de mis artículos, cada uno de ellos seguido por un diagnóstico: el típico catalán con autodio, el argumento españolista clásico, etc. No me molesté. Lo del autoodio siempre me ha parecido muy raro. Creo que, si fuese víctima del autoodio, me daría martillazos en la cabeza, me autolesionaría o algo peor. Y resulta que no solo no hago eso si no que cuido un poco de mi dieta, madrugo, reposo, etc.

Los nuevos insultos aportan nuevas categorías de infamia: "vosotros, los ciudadanos..." me dice uno. Y luego los insultos. Supongo que se refiere al partido Ciudadanos cuando me llama "ciudadano". Soy un ciudadano, en efecto: así me llamó Tarradellas des del balcón cuando dijo "Ciutadans de Catalunya". La Constitución también me trata de "ciudadano". Prefiero ser ciudadano que parte del pueblo, por la misma razón que prefiero ser ciudadano que oveja en un rebaño. Quizás es una ilusión, pero lo prefiero. Prefiero la ilusión de vivir en una democracia que en un sueño feudal y catalán.

Algo huele mal de un tiempo a esta parte. Alguien quiere jaleo. Lo pide, lo busca. La violencia gana adeptos, contra pronóstico. No en Cataluña (no solo aquí): esto sucede en más de medio mundo. La violencia gana adeptos en la calle y sobretodo en las "redes sociales". En este campo virtual la gente suelta sus salvajadas. Son personas que, en directo, no las soltarían. Pero ahí están. Del mismo modo que el acohol no transforma el alma del bebedor, twiter o facebook tampoco lo hacen: solo liberan al bicho agresivo que llevamos dentro. La gente solo suelta salvajadas cuando se sabe amparada por un grupo, solo cuando sabe que detrás de si tiene a un grupo que le apoya y le aplaude. ¡Qué decir de cuando tiene a un gobierno y a un canal de televisión que le anima!

Estrategia de la ruptura, estrategia de la tensión. Hacerle la vida difícil al otro, al diferente. Sugerirle que aquí no encaja, que aquí no es bienvenido. Vete. Vete a tu país que no es este, márchate, lárgate, aquí lo vas a tener chungo.

En el prólogo de "El velo elegido", la prologuista cuenta la anécdota (nada graciosa, nada anecdótica) de una mujer que subió a un autobús con hijab y un señor le espetó, sin más, que olía mal, que su velo no le gustaba, que aquí molestaba. El malestar de la víctima fue tan grande que, su primera reacción, consistió en excusarse: "juro que iba limpia, que me había duchado", relata. He ahí la maldad gratuita y sus efectos, su malignidad, el potencial terrible de maldad que hay en la agresión. Lo reconozco: cuando he leído "vosotros los de ciudadanos" he sentido la necesidad de contar cual es el partido que voto, como si quisiera excusarme. Tras un instante, he descubierto que hacer eso (excusarme) sería una forma de arrodillarme, de pedirle perdón al agresor. "Perdón por haberle molestado, perdón por haber provocado que viole mi espacio". La culpabilización de la víctima es un mecanismo sutil que anida en nuestra cabecita. Hay que andarse con mucho cuidado.

Me imagino al hombre que trató de sucia y maloliente a la mujer que osó subirse a un autobús catalán con el hijab en la cabeza. Quizás este hombre se dirigía a una mariscada con sus amigotes, quizás se emborrachó luego mientras contaba su valentía en el autobús, su heroicidad épica y catalana, durante la comilona que terminó con chupitos de ratafía y Ron Pujol. A lo mejor le aplaudieron mientras se pedían otra botella. Aunque quizás el hombre se iba para su casa, hogar de frustración y de malestar. Me lo contaron hace poco, a propósito de la guerra en Bosnia: "aquello no era una guerra, no había ejércitos ni unidades de combate. Eran unos tipos medio uniformados que se emborrachaban, luego se iban a pegar tiros y a la vuelta se metían en un restaurante para seguir con el vino y las gambas al ajillo". ¿Cuál es el precio de una independencia?

Hay días en los que me vienen ganas de ponerme un hijab en la cabeza (en mi caso -en mi género- sería preferible una jilaba). De hacerlo ¿me podría sentar en el autobús al lado de un señor con espardeñas? ¿Ese señor respetaría mi indumentaria? ¿Será el mismo señor que luego reivindica a Rosa Parks y la compara con las "víctimas" de la causa independentista?

Lo repito: ¿cuál es el precio de la independencia? ¿Cuánto vale una república independiente en términos de vida, de dignidad de la vida? ¿Se puede hacer una república contra alguien? ¿Es republicano hacer una república para los míos y contra todos los demás?

12 d’oct. 2018

12 de octubre en Cataluña

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(Este artículo se lo dedico a Albert Soler, a quien sigo desde hace tiempo -solo sigo su columna en el Diari de Girona, no vayamos a confundirnos. Mi texto es una apostilla al que enlazo aquí).


¿Qué se celebra el 12 de octubre? me pregunta un niño.
Se dice que, en un día como este, las tres naves de Cristóbal Colón llegaron a la isla de Guanahaní (ahora Bahamas), le respondo. A este suceso se le llamó "descubrimiento de América". Aunque fue lo que los políticos catalanes llamarían un "choque de trenes" (introduzco un excurso cómico, pero el niño no se ríe). No importa que no hubiese trenes en 1492. Pero enfin, con trenes o sin ellos, el día pasó a denominarse "día de la Hispanidad".

El niño me ha escuchado, atento. Luego se queda un par de segundos en silencio, hace un mohín. ¿Y porqué es festivo en Cataluña? insiste, insidioso. Claro, lo comprendo: algo le chirría en mi respuesta. Le han dicho tantas veces que Cataluña no es España que no puede comprender porqué los catalanes celebran el 12 de octubre haciendo una fiesta laboral sin rechistar. ¿Acaso celebramos el 4 de julio? ¿El 14 de julio? Yo mascullo algo y luego le confieso, con un suspiro, que no le puedo responder a eso. Sería demasiado largo, demasiado tedioso.

Nadie aquí renuncia a marcarse un festivo, por más CDR que sea. Y menos si cae en viernes, como este año. Todos los indepes están de festivo. Algunos de ellos cuelgan en las "redes sociales" (hay que revisar esta nomenclatura enseguida) frases como "nada que celebrar". La frase, acompañada por alguna imagen ingeniosa y muy ocurrente.

El presidente legítimo Krls lleva casi un año festivo en Waterloo y supongo que no lo notará. Un festivo más, nada que celebrar. Un año practicando el heroismo y la resistencia a distancia. Es posible que, para demostrar a los ojos del mundo que hoy trabaja, publique un par de tuits contra la hispanidad. Es posible que escriba una frase en la que se relaciona el sufrimiento de los pueblos indígenas americanos con el sufrimiento del pueblo catalán, que como el mundo sabe son pueblos hermanos y unidos por el destino: todo el mundo sabe que vivir en Cataluña es muy parecido a vivir en las favelas de Lima, en donde se hacinan los indígenas expulsados de sus tierras.

Cuando Heinrich Himmler se percató de que el cerco ruso a Berlín se iba a poner muy chungo, le comentó al Führer que abandonaba el búnker y se iba al norte de Alemania para coordinar mejor la defensa de la patria (de lo que quedaba de ella). Creo que Himmler quería tomarse un festivo y practicar, de paso, el heroísmo a distancia. Pido perdón por mencionar al nazismo.

El otro día, viendo el desastre por la riada en el pueblo mallorquín de Sant Llorenç, pensé que quizás un montón de patriotas catalanes iban a aprovechar el festivo español para trasladarse allí a colaborar y ayudar a las víctimas: llevo toda la vida escuchando la cantinela de los "Països Catalans" y pensé que el 12 de octubre sería una gran oportunidad para demostrarle al mundo la solidaridad entre los habitantes de los Països Catalans. El eslógan podría ser, en efecto: "Nada que celebrar. A trabajar!". Quizás lo organizará la ANC, me dije. O Òmnium (aunque a Òmnium le veo un poco alicaído). Sin embargo, y contra pronóstico, nadie en Cataluña se ha movilizado para ayudar a los hermanos mallorquines.

En vez de eso, muchos subirán mañana a la cima del Puigsacalm para rezar por el bienestar de Puigdemont, el que vive en un chalet de lujo en una bella urbanización en Waterloo que, para entendernos, es como el Pedralbes de Bruselas. Una vez arriba, tocarán esas horribles grallas, que pueden matar a un vivo y despertar a un muerto.

9 d’oct. 2018

Bolsonaro y Vox (y Puigdemont).

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Un tsunami se acerca. En algunos lugares se levantan diques. O intentan levantarlos. Algunos diques aguantarán la ola, pero otros se romperán. Es imposible predecir cuales aguantarán el envite. La incertidumbre nos mira a los ojos, y sabemos que es el abismo quien nos mira.

Algo se ha hecho mal. Muy mal. Ayer apareció el expresidente Aznar diciendo que él dejó un partido unido y a Casado le dejaron un partido repartido. Aznar se olvidó de nombrar a la corrupción, que quizás le explica lo que pasó entre un momento y el otro, lo que explica el declive del partido. Gracias a la labor corrupta de Aznar, la ultraderecha ha encontrado su voz propia. Su vox. Aznar habla de Vox sin hablar de Vox: sabe que la derecha, que incluía a la ultraderecha, ya no está unida. Es por eso que al pobre Pablo Casado, el alumno más brillante de derecho jamás conocido en la historia, le tiembla un poco la voz cuando le preguntan por Vox. Me da un poco de pena Pablo Casado. Tanta cuesta subida para llegar tan abajo.

Se acerca un tsunami de extrema derecha y nadie sabe como pararlo. En mi profesión nos decimos que hace falta más educación. Más prevención. Más palabras, más comprensión lectora, más espíritu crítico.

Bolsonaro en Brasil. Vox en España. Y Puigdemont en Cataluña. O en Waterloo. El miedo levanta olas. Cuando las grandes olas llegan a la playa, los pobres se quedan sin casa, sin nada. Generalmente, sin vida.

A Vox le alimentan varios alimentos. Uno de ellos, nada menor, nada desdeñable, es el señor Puigdemont. Un señor que también surge de las ruinas ruinosas de un partido corrupto hasta la médula. El señor que vive en un chalé de Waterloo, alquilado por 4.000 euros al mes y que nadie sabe, a ciencia cierta, quién se lo sufraga. Podría ser la ultraderecha flamenca, me dicen, aunque nadie tiene pruebas de ello. El señor Puigdemont excita las gónadas de la ultraderecha de Vox y así se alimentan, o se retroalimentan, los unos a los otros. Nada le conviene más a Puigdemont que Vox. Y a la inversa también. Se trata de terminar con los valores democráticos. Se trata de lo que trata Bolsonaro en Brasil: romperlo todo des del autoritarismo más cutre, más zafio, más ignorante. El discurso de Vox es un discurso pobre y bastardo, fundamentado en la visceralidad más pueril y más rastrera. El discurso de Puigdemont se asienta sobre el mito, lo emocional, lo irracional. Tal para cual. Mucho cuidado con caer en eso, aunque quizás es tarde para la advertencia.

Tanto Vox como Puigdemont proponen el fin de los valores democráticos: muchas urnas, poca democracia. En las urnas se depositan los votos. Y las cenizas de los difuntos. ¿A qué urnas nos remite Puigdemont con tanta insistencia? ¿No será, acaso, a las urnas cenicientas del cadáver incinerado de la democracia?

Soy pesimista, si, lo admito. Siempre lo he sido: lo que puede terminar mal terminará mal. Cuando se empieza mal se termina mal. Cuando se nombra al fascismo se cae en el fascismo. Cuando se pronuncia el nombre de la bestia, la bestia aparece. No es por casualidad que Iron Maiden presenta este año su Legacy of the Beast Tour. Es porqué soy pesimista que trabajo tanto.

Quizás Bolsonaro es la versión dura y Puigdemont la blanda (por algo es catalán el segundo), pero ahí están los dos. Decididos a usar la democracia para cargarse a la democracia. El brasileño hizo su campaña con un teléfono móvil y un ordenador portátil. El catalán usó la Tv3 a su antojo. El brasileño sufrió un atentado. El catalán simula que está exiliado, aunque se está pegando las vacaciones de su vida (ni tan solo tiene que ir a recoger a los niños en la salida del cole). El uno es un exmilitar, el otro un ex-convergente. Los dos desean terminar con la democracia.

Cuidado con el tsunami, queridos compatriotas, porqué la ola está muy cerca. El único dique que yo conozco es la democracia de veras, no la de los votos depositados con genuflexión previa y amarilla en la urna votiva. Y por supuesto la educación. El sentido crítico, la inteligencia. Sí, la inteligencia. La sabiduría, la sensatez, la sensibilidad, la solidaridad. Todo lo que nos protege del totalitarismo, del fascismo, del desastre que podría ser definitivo. O casi definitivo.

La inteligencia y la sensibilidad, la solidaridad. Eso es lo que nos protege de los listillos de la clase, de los malotes y los chulos, de esos maltratadores que se presentan como líderes.

Ciencia, pensamiento (pensamiento compartido) historia, solidaridad: solo con eso nos protegeremos del tsunami. O eso, o que cada uno se pille un flotador, a ver qué pasa. O eso, o Bolsonaro y Puigdemont.

8 d’oct. 2018

Nos vemos en el Pico Puigdemont (o como ascender hacia abajo)

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El otro día me sucedió como en el principio de la trilogía de Paul Auster. Alguien me llamó por error y me comunicó una noticia lúgubre. Se habían confundido de número. En "Lost Highway", la cinta de David Lynch que tanto admiro, sucede algo parecido en la primera escena (aunque luego se transforma en un horror tremendo). Es un punto de partida fabuloso. Admiro a los creadores que saben desarrollar una buena historia partiendo de un error azaroso. ¿Acaso la vida humana misma no es el resultado de un error evolutivo?

La verdad es que nadie me llamó: recibí un e-mail. Estamos en el siglo XXI, segunda década.

Recibí un e-mail que debía recibirlo una persona que tiene mi apellido y la misma inicial que yo. El mail lo manda una organización que se denomina Cims per la llibertat (Cimsxlallibertat). El texto del correo me agradecía mi participación en su iniciativa y me confirmaba que, cierto domingo del mes de octubre, estoy autorizado a ascender al Pico del Puigsacalm, ahora denominado "Pico Carles Puigdemont". Previo pago de 10 euros, precisan. Me darán una camiseta votiva, eso sí. (¿De qué me suena la camiseta votiva?). Haremos una caminata, dicen. Y una vez en la cima, entonaremos unos cánticos por los mártires de Cataluña.

Otra vez: lo llaman caminata pero es una romería. No sabría decir si es una romería laica o estrictamente religiosa. Tengo mis dudas. Lo llaman ascenso pero es un descenso: hacia la nada, el absurdo, lo grotesco. No piden la liberación de nadie: usan a los presos para sus fines. Y eso es inmoral.

Una imagen me insinúa que, en la cima del Puigsacalm voy a encontrarme con un retrato del señor Puigdemont de grandes dimensiones, ante la cual entonaremos nuestros salmos. Para los nuestros, lo nuestro.

Podría responder al correo y descargarme el Pdf que le adjuntan para imprimirme el dorsal pertinente, que me dará acceso a un fin de semana especial. Sería un fin de semana alternativo por completo. Subir a una cima para rezarle a Puigdemont... no se me ocurre nada más alternativo. Pero no haré nada de eso: por fortuna o por desgracia, debo atender a mis obligaciones. Me contento con mirar un mapa de las montañas catalanas e imaginarme qué nombres habrán sustituído por los de sus iconos indepes.

[Si alguien desea conocer la adjudicación de cada pico, que consulte la web de Cims per la llibertat enlazada más arriba. Tiene su gracia descubrir que el pico de Junqueras es Sant Jeroni, en el macizo de Montserrat y muy cerca del Monasterio: deberé aceptar la hipótesis de quienes me afirman que Oriol es del Opus.]

Lo dicho: hacia abajo no hay límites. Esta gente que sube cimas no sabe que, en verdad, desciende a los abismos. Los promotores de Cimsxlallibertat no saben que suben hacia abajo, cosa que tiene su precedente en la terminología mística. Hubo místicos que escribían sobre "caer hacia arriba". Estos de los Cimsxlallibertat pretenden subir hacia abajo, un pleonasmo invertido que solo puede suceder en catalán y en una mística verduzca, con el verde tóxico y fosforescente de la ratafía.

Mi currículum excursionista existe, pero fue juvenil y muy breve. Me retiré del excursionismo cuando descubrí que, detrás del excursionismo, se escondía la bestia nacionalista como la araña tras la bella telaraña. A veces subo al pico de la Mola, al lado de Terrassa, pero subo para hacer algo de ejercicio preventivo y mejorar un poco mi figura y mis índices de colesterol, que están en el linde. No hay ninguna pretensión patriótica en mi ascenso. La naturaleza no me ha llevado jamás a pensar en patrias. Solo en la belleza y en la soledad.

Aunque, bueno... subir al Pico Puigdemont sería buena idea para la salud de mi cuerpo que ya trascendió los 50. Me imagino quienes serían mis compañeros de ruta montañera. Les temo más que les imagino. Grallers, dansaires, ratafiaires, bastoners. Y CDRs, claro. Me imagino a los CDRs presionando a quienes andan despacito, azuzándoles con eslóganes vigorizantes: ¡Anda más rápido, traidor! ¡Apúrate, botifler!

Podría ser una experiencia antológica. Es posible que un ascenso al Pico Puigdemont en compañía de indepes me dé argumentos para escribir, durante una par de décadas y con gran conocimiento de causa, sobre la insensatez.

Postdata:
Cuando yo era muy joven y leía El Víbora, la palabra "pico" significaba algo muy distinto a la cumbre de una montaña. Vamos a dejar eso a un lado. Eloy de la Iglesia lo cuenta muy bien, igual que Nazario y su "Anarcoma" en las páginas míticas de aquel tebeo maravilloso.

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Si algún periodista quiere validar lo que cuento (lo del mail erróneo), le facilitaré los correos recibidos sin pedir nada a cambio.

5 d’oct. 2018

El otoño recalentado del señor Torra

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En el bochorno del verano, el señor Torra anunció (o proclamó, o vaticinó) un otoño caliente. Acertó. Sin ser vidente ni médium, acertó. A principios de octubre, la temperatura es inusualmente elevada. Pero el señor no se refería a eso: lo que profetizaba era un otoño de alto voltaje político, es decir, un nuevo desafío independentista, de dimensiones jamás vistas.

Sin embargo, el voltaje peligrosamente alto ha llegado, pero es otro muy otro. Él anunciaba un calendario de revolución republicana trepidante y le ha caído encima una lluvia (ácida) de errores, torpezas, meteduras de pata y bofetones en campo propio. Se figuraba un octubre infernal para el enemigo. Y es infernal, pero resulta que sucede en campo propio. Lo llaman fuego amigo.

Le están cuestionando los amiguetes de los CDRs, de la CUP, de ERC. E incluso parte de su propio partido. Ha logrado una proeza: el independentismo radical pide su dimisión casi casi con las mismas palabras con las que se la pide el Partido Popular. Eso es meritorio.

Octubre negro para el señor Torra: su rostro está descompuesto y eso no lo remedia ni una buena ratafía. Asiste al segundo naufragio del independentismo de salón. Hay que reconocerle algo: él no pierde los versos épicos y esa lírica amarga en donde habita un raro resentimiento. Resentimiento ¿de qué? se pregunta uno: su partido lleva más de 30 años en el poder, y sus ancestros más de 200 años. Me quedo corto en ambas cifras.

Otoño negro: mientras los socios indepes se pelean sin ningún disimulo por la hegemonía del procés en una versión de traje y corbata y lazo amarillo del Pressing Catch (medio teatro, medio en serio), van y detienen al presidente de la Diputación de Lérida por corrupción. El Presidente de la Diputación de Lérida es del mismo partido que el señor Torra, cosa que huelga apostillar, pero lo digo por si acaso: en este país hay un montón de gente que mira hacia otro lado, incluso con riesgo de sufrir una tremenda tortícolis. Sobre el caso de Lérida ningún mandamás ha salido a proclamar nada, por cierto. Ni los CDRs se han movilizado para un buen escrache al corrupto, que da una rueda de prensa con la lacito amarillo in pectore, impasible el ademán.

Otoño negro: se descubre que la Generalitat es incapaz de proveer de mantas y bocadillos a los menores inmigrantes que llegan al país más acogedor del planeta. Les pide mantas a los ayuntamientos, incluso a los ayuntamientos socialistas. Hace un tiempo montaron una manifestación bajo el lema "Volem acollir!" (Queremos acoger) para demostrarle al mundo que eran mucho mejores que el PP. Pero era simple postureo, de nuevo. Son iguales que el PP: los que llevamos años en Cataluña sabemos que Convergència (y sus alias sucesivos) son una especie de franquícia díscola del Popular.

Otoño negro: la policía autonómica se rebela (¡por fin!) ante el abuso partidista que hacen las autoridades del cuerpo policial, y sobretodo ante la mitológica ineptitud del Conseller de Interior, que en 4 meses ha conseguido crear un malestar jamás visto entre los agentes.

Leo que el próximo día 21 de octubre se celebrará la Feria de la Calabaza (catalana) en Sant Joan de les Abadesses. Sant Joan de les Abadesses es un bello pueblecito de la Cataluña interior y carlista, cerca de Ripoll, cuna de la patria mítica. Estoy seguro de que el señor Torra tiene esta feria en su agenda, dada su conocida afición a las ferias y el folklore de la zona interior, la oscura. Pero ya veremos si llega todavía como Presi, o si es abucheado de nuevo por esos indepes furiosos a los que él mismo les reclama que hagan más presión. Eso sería el colofón de un otoño muy negro.

Aunque, como todo el mundo sabe, las calabazas muestran un tono felizmente amarillento, color que actuará como bálsamo y permitirá bellas e ingeniosas metáforas para gran satisfacción del respetable.

2 d’oct. 2018

Los trenes siempre serán nuestros (del "Diario de un unionista")

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Ayer tuve que ir a Barcelona y, como siempre, fui en transporte público. Entrar en la gran urbe con el coche es un pequeño infierno. Aunque este es un infierno evitable, cosa muy de agradecer y más aún tratándose de un infierno: por norma general, los infiernos son obligatorios. Por razón del lugar al que debía acudir, elegí los Ferrocarriles de la Generalitat. Hice una excepción, ya que suelo optar por la Renfe desde hace algunos años. Huelga contar el motivo.

La hora en que subí al tren suele ser bastante buena. No hay mucha gente y uno incluso puede ir sentado. Pero este día no fue así: los vagones iban abarrotados. Abarrotados de gente con cachivaches amarillos de plástico, de tela o de lo que sea. Y banderas estrelladas. Uno llevaba su Iphone protegido con una funda amarilla y su pecho con merchandising indepe variado: lazos, chapas con eslóganes y adhesivos con frases muy ingeniosas. No debe ser él quien lava las camisetas en su casa, ya que, de serlo, sabría lo que significa pegarle un adhesivo a una tela de algodón de color oscuro. Es probable, a juzgar por su aspecto, que la ropa se la lave una de esas colonizadoras extranjeras que invaden su patria.

En el tren reina una algarabía feliz, exultante. Gritan y se saludan los unos a los otros en cuanto se reconocen gracias a su indumentaria nacionalista. Entro, me situo en donde puedo y varios ojos me investigan. Al no encontrarme signos de identidad identitaria, me ignoran. Bien, me digo. Saco un libro de la mochila y me pongo a leer. Los ojos vuelven a escrutar. Ahora investigan la portada del libro, que yo levanto para mostrarla y facilitarles el trabajoso trabajo de discernir si soy uno de los suyos o uno de los otros. El autor del libro, un novelista y poeta rumano, les deja casi indiferentes. Digo "casi" porqué la portada contiene una molestia para su hipersensibilidad. Lo estoy leyendo en traducción española. Sin embargo, nadie me reprocha nada. Deben pensar que es un incordio tener que tolerar a tipos como yo. Deben pensar que soy un tibio o un desafecto, pero por suerte mía no preguntan.

Sin embargo, no leo: solo lo simulo. Escucho sus conversaciones. No hay que aguzar demasiado el oído, porque ellos, en su exhibición de hegemonía, hablan muy alto. Se saben machos dominantes. Que se enteren todos, parecen decir. La mayoría son miembros de los CDRs de la comarca, de pueblos distintos. Se felicitan los unos a los otros, intercambian cromos. El que más me llama la atención es un adhesivo en donde se lee: "Regne de Catalunya. 1137-1715". Me parece fabuloso. A ellos también, porqué se lo pasan y lo admiran, lo tratan con respeto y con veneración, como una joya carísima o un canuto de marihuana holandesa de alta calidad. Yo pensando que eran republicanos ¡y resulta que sienten nostalgia de un reino que jamás existió!. Uno siempre siente nostalgia de lo que no fue, ya lo se, pero me sorprende confirmarlo una tarde cualquiera, en un tren de cercanías.

Vociferan. Se van exaltando a medida que el convoy se acerca a la ciudad, en donde están convocados, otra vez, para manifestarse siguiendo a sus líderes, unos líderes que son, a la vez, políticos que ostentan el poder pero convocan manifestaciones contra el poder: contra sí mismos. Uno de ellos saca el último modelo del Samsung (casi mil euros) y muestra unas fotos a quien quiera verlas. Son fotos tomadas en la manifestación del sábado pasado, aquella en la que pintaron de colorines a la policía autonómica mientras estos les zurraban. Los Mossos de Escuadra han vuelto a ser parte del enemigo tras un tiempo de dudas. Se ríen mirando el estado lamentable de esos policías teñidos de colores. En esas fotos hay algo de un Jackson Pollock ebrio o mal interpretado. El del móbil de 1000 euros espeta, con voz de barítono amateur:
-Lu de l'altre dia va ser l'aperitiu. Avui farem revolució. (Lo del otro día fué el aperitivo. Hoy haremos revolución).

Me anoto mentalmente la expresión: ha dicho "hacer revolución", en lugar de "hacer la revolución". El matiz es importante y no hace falta explicarlo. En este caso, "revolución" se parece poco a la bolchevique, su revolución es más una actividad de ocio, como el rafting o el barranquismo. O la hípica. Las actividades extraescolares de los niños (de los niños que se las pueden pagar). La revolución queda muy lejos.

Muchos le jalean. Circula una petaca con algún tipo de alcohol. Los hombres le pegan un trago, las mujeres no. Quizás el licor de la petaca sea el mítico Jagermeister, el aguardiente que le daban a las tropas de la Wehrmacht antes de entrar en combate en el sitio de Stalingrado. Me pregunto qué revolución está dispuesto a hacer un chaval de 25 con un móvil de 1000 euros. ¿Papá le subvencionará la revolución?. Hago un examen rápido (y discreto) del sujeto revolucionario. Sus zapatillas son Nike. Su mochila (a saber qué demonios contiene) es NorthFace, ni un solo rastro de Decathlon ni de Zara. En su casa, me digo, no debe haber un solo mueble de Ikea. La criada peruana quita el polvo a muebles de gama alta. El televisor en donde mira los discursos del Presidente Torra, de muchas pulgadas y marca Loewe.

No solo han pervertido la democracia: también la revolución. Aunque eso no es difícil: he visto, desde siempre, a muchos niños ricos con la efigie del Che Guevara en algún lugar de su indumentaria.

Unas horas más tarde vuelvo a subirme al tren, de regreso a casa. Hay poca gente, todos tranquilos y muchos ojerosos, cansados, adormilados. Más de uno y más de una aprovechan para echar una cabezadita mientras regresan a su pisito en las provincias, en donde el alquiler es más barato que en la Gran Urbe. Hay muchos extranjeros: latinos y moros, la mayoría. ¿También deben ser considerados colonos? Tras la jornada laboral, la gente vuelve fatigada para su casa. ¡Pobres gentes! me digo, ¡triste destino el de la gente trabajadora! Ignoran que hay un puñado de niños bien haciendo la revolución, y ellos cansados y sin enterarse, de camino a sus tristes hogares y al tedio, a la nada de su vida pobre para dormir un rato y mañana volver temprano al tajo.