22 d’abr. 2017

Roberto Calasso en Ca n'Anglada, 23 de abril, 2017


Hace algunos años decidí no comprar ningún libro el día de la Fiesta del Libro. No se trata tan solo de mi vocación rebelde ante los mercaderes y sus eventos, se trata tambien de mi dificultad para lidiar con las aglomeraciones, los empujones, esa sensación de ahogo que me asalta. Además de mis prejuicios está una disposición anímica. Pudiendo ir a la librería cuando está silenciosa y solitaria como un buque abandonado en alta mar, ¿quién quiere someterse a los agobios de la masa?

Sin embargo, en el puesto de venta de libros que hicieron los alumnos de sexto curso en el colegio donde trabajo, me compré un par de libros. De segunda mano, por supuesto. Me gasté cuatro euros y así les ayudé a recoger dinero para su viaje de fin de curso. Muchos de esos niños y niñas van a viajar poco o nunca para divertirse a lo largo de sus vidas ya que, aparte de los viajes a Marruecos para ver a la familia, les espera una vida que casi nunca rebasa los límites del barrio. Ca n'Anglada es un barrio de esos que antes llamábamos "pobres" y ahora "desfavorecidos" (palabra, esa última, sobre la que podría escribir un tratado). El barrio -sus bloques prietos, feos y enfermos, sus callejuelas, su proximidad con el torrente- lo construyeron para unos pobres de antaño. Lo construyeron unos señoritos catalanes de buenos apellidos, todavía presentes hoy, y entonces ¡presentes! en su adhesión al franquismo por la misma razón que hoy al soberanismo: por instinto de supervivencia de clase. Aquéllos pobres de antaño se fueron muriendo, y muchos emigraron hacia barrios más lindos seducidos por la sirena de las facilidades hipotecarias y el ensueño de la buena vida que vendían políticos y banqueros. La mayoría de aquellos pobres eran los pobres que se quedaron sin chabola -sin nada- con las riadas de 1962. En este país incluso las riadas favorecen a los señoritos. Los pobres de hoy -los pobres sustitutos de los viejos pobres- llegan huyendo de la riada de miseria que azota sus regiones de origen: nada es más global que la miseria.

El vacío que dejaron los antiguos pobres lo rellenó enseguida una oleada de pobres nuevos, que acudieron de un poco más lejos pero con la misma obcecada voluntad de ejercer de pobre, de mano de obra barata y de paria en la "terra d'acollida" que es un país lejano, frío y antipático. Lo malo del asunto es que los tiempos han avanzado mucho y siempre en contra suya, ya que esos nuevos pobres tienen menos posibilidades de salirse de pobres que los antiguos. Es así como funciona el progreso en nuestra querida, trágica España, ese país tan literario.

Suelo pasear por el barrio a la salida del trabajo y a menudo compro en los colmados y las fruterías de los moros. Me dejo seducir por la nostalgia, los precios bajos y la suave penumbra de esas tiendas, que me recuerdan a los colmados de la España de mi infancia. Aquí no se escucha a nadie hablar catalán: quizás sea esta su venganza de clase, parece que todavía queda algo de aquella antigua dignidad del pobre.

Uno de los libros que me compré fue "Las bodas de Cadmo y Harmonía", -dicen que- lo mejor de Roberto Calasso. Edición de Anagrama, octubre de 1990. Al llegar a casa puse el libro en la mesita ante el sofá y me quedé meditando, como hipnotizado por el color amarillo crema desleído por el transcurso de cinco lustros. ¿Cómo llegó este ejemplar al puesto de libros del colegio? Alguien lo donó, ya que la oferta de libros se nutre exclusivamente de lo que las familias han donado. Siento el impulso de buscar la dirección postal (electrónica más bien) de Calasso para contarle que su libro estaba en el puesto de un barrio muy pobre de Cataluña, y que estoy maravillado de que eso haya sucedido. ¿Qué historia habrá detrás de ese ejemplar? Lo hojeo con nervio, ávido de encontrar alguna pista: un papelito olvidado entre las páginas, una anotación, algo, cualquier cosa. Pero no hay nada. Apenas un poco de polvo. Contemplo su aspecto con mayor detenimiento y llego a sospechar que nadie, jamás, leyó el libro: está demasiado impecable y no se detectan en él los rastros de haber sido abierto ni una sola vez. Eso me decepciona, y para evadirme de esa emoción recurro a pensar en otro asunto, más egocéntrico: quizás el destino del libro era justamente ese, llegar a mi casa y empezar a ser leído, por primera vez, en una tarde de viernes 27 años más tarde de haber sido impreso, religado y mandado al mercado. 27 años de bella durmiente a la espera de ese momento.

Lo mejor de la vida son esos instantes en los que uno percibe la magia, lo extraño e imposible de descifrar. Que eso suceda en un barrio pobre y maltratado me fascina. Si tuviese la mente prodigiosa de J.L. Borges podría escribir algo interesante de veras a propósito de Roberto Calasso, su libro y el chiringuito en donde lo compré. Pero eso no es así y debo conformarme con ser quién soy, y debo estar agradecido por los paseos de esas tardes en Ca n'Anglada, y esa tarde en concreto, con el libro de Calasso en la mochila... Entonces caigo en la cuenta de algo y me detengo, como cegado por una luz misteriosa, más o menos como la luz que descabalgó a Saulo de Tarso: el otro libro que les compré a los alumnos de sexto es un curioso libro de relatos de Friedrich Dürrenmatt, "La muerte de la Pitia" (Tusquets, 1990 -de nuevo 27 años de letargia). ¡La Pitia! Otra referencia al mito griego, y yo sin darme cuenta... ¡hasta ahora! Y en ese instante siento que la vida es algo de veras muy raro, y que Ca n'Anglada, ese barrio pobre y sucio, es el mejor lugar del mundo.

19 d’abr. 2017

Los mejores son los de mi pais

Resultat d'imatges de urtain

Hace unos cuatro años, mi amigo el poeta madrileño llamado Neorrabioso escribió un artículo maravilloso en su blog que trataba de este asunto: de que los mejores deportistas son, siempre e invariablemente, los de mi país. Empecé a admirar a Neorrabioso por ese texto y luego me enamoré de muchos otros de sus textos, tan audaces como lúcidos. No pondré enlaces: si alguien siente curiosidad por leerle le va a encontrar, ya que es tan público y diáfano como pretendo serlo yo. Me compré su libro de poemas "Batania. Neorrabioso. Poemas y pintadas", Ediciones La Baragaña. En la portada, la foto de la pintada en un muro madrileño que reza: "Liberqué. Igualiquién. Fraternicuando". Brillante. Llevo cuatro pensando en darle la réplica al artículo sobre el patriotismo deportivo, y pensando en como hacerlo en clave actual y catalana, puesto que me ha sido dado el azar de ser catalán (lo cual es complicado porqué si te escuchas a Pilar Rahola, lo de ser catalán es como lo de ser israelita, y si te escuchas a Anna Gabriel es como ser palestino).

Un poeta madrileño lo cuenta de maravilla: la prensa y la vox populi están de acuerdo en que los mejores deportistas son, siempre, los de mi país.

"Cuando yo era muy niño supe de la existencia de un boxeador cuyo nombre era José Manuel Urtain. En realidad, para aquel niño se trataba de Urtain, simplemente Urtain, sin José Manuel. Luego conocí su sombre completo, y he deducido que debería ser Urtaín, con acento en la í. Lo de “Urtain” debió de ser un apodo, ya que según consta en los documentos con valor documental, la nomenclatura oficial era José Manuel Ibar Azpiazu. Dicen por ahí que lo de Urtain lo tomó del caserío en donde creció.

Hay detalles en la vida de José Manuel Ibar que invitan a pensar en una infancia difícil, desde la cual se llega en línea recta al asunto de los puñetazos, a esa metáfora de la supervivencia entre los humanos del planeta Tierra llamada boxeo. En realidad, creo que toda su vida fue amarga y retorcida. Sus éxitos pugilísticos solo agitan unas chispas de luz en la tiniebla.

¡El boxeo! Es un deporte curioso, ya que el nombre del deporte coincide con la declinación el verbo boxearen primera persona singular del presente de indicativo: yo boxeo. Se trata de un asunto psicolingüístico interesante, y más aún si piensas que, en catalán, el fenómeno es completamente distinto.

Con el transcurrir de los años he superado mis prejuicios de socialdemócrata y progresista nacido en la ciudad de Barcelona, y he comprendido algo sobre la poética estricta y tensa del boxeo. Arthur Cravan me ayudó bastante a olvidar mis quejas, aunque fue el fabuloso poema cinematográfico de Isaki Lacuesta “Cravan versus Cravan” quién me empujó a la nueva mirada sobre ese deporte. Debo decir que mi debilidad por el dadaísmo es antigua. Adoro ese momento, su estética, su capacidad tan enorme para subvertir el ridículo, para devolver algo de humildad a ese ser engreído.

Conocí a Urtain porque un 6 de enero por la mañana –mañana de Reyes– apareció entre los regalos de sus majestades mágicas un objeto de lo más dadaísta. Estoy hablando de un año que podría ser 1969 o 1970. Se trataba de una mezcla de títere y de muñeco articulado, un boxeador de plástico de unos 30 centímetros, provisto de una faldita verde de lana afelpada bajo la cual se podía introducir la mano con la que se sustentaba el invento y permitía el acceso a un resorte, un pulsador mediante el cual el boxeador agitaba sus brazos (con las manos enfundadas en unos guantes marrones) simulando unos ganchos terribles.

— Se llama Urtain —es todo lo que recuerdo que me contaron.

Aún siendo muy niño me interesé por Urtain mientras agitaba el muñeco y propinaba unos golpes demoledores a un aire en el cual imaginaba mandíbulas crujientes. Me contaron que Urtain era un campeón de los de veras. Por lo visto, la tele andaba llena de las hazañas pugilísticas del boxeador guipuzcoano (indudablemente español, en aquellos tiempos). Urtain ganaba campeonatos internacionales de boxeo, derribaba a tremendos contrincantes de todas las naciones y llevaba el nombre de España hasta lo más alto del podio mundial.

Crecí por ley de la naturaleza. Y el muñeco de Urtain debió de romperse, se desarticuló o se perdió por la misma ley. Pero creo que retuve algo del asunto del púgil vasco, ya que a menudo me acuerdo del títere automático. Me pasa por las mañanas, cuando me levanto. Me pregunto si no será que soñé con el títere, y entonces me pregunto qué me dirían Freud, Lacan o Jung de tal ensoñamiento. Me aterran las respuestas.

Fue unos cuantos años más tarde cuando descubrí que cualquier nación solo habla de los deportes en los cuales destaca. Cuando Rafael Nadal desfallece, los noticiarios se olvidan del tenis. Sucedió lo mismo, años atrás, con Arancha (Arantxa?) Sánchez Vicario. Y con Blanca Fernández Ochoa, que fue campeona de esquí. En su declive, la prensa se olvidó del esquí. Cuando Severiano Ballesteros ya solo perdía torneos, la prensa se olvidó del golf. En el mundo estrambótico y bastante dadaísta de la Fórmula 1, el caso de Fernando Alonso induce a pensar que los canales de tv nacionales o autonómicos van a tardar poco en dejarlo. Uno sospecha que la televisión pública catalana trata a los “castellers” como deportistas sobre todo porqué en su deporte no tienen competidores y se puede argumentar con una facilidad pasmosa que a hacer “castells” no nos gana nadie. Tv3 no siente pudor alguno, ni vergüenza de ninguna clase. El día en que los chinos hagan “castells” de quince pisos, la Tv3 se volcará en otro asunto. En cualquier asunto en el que le sea posible contar que nuestros deportistas son los mejores. Se trata de eso. De contar que somos los mejores. Como lo fue Urtain en su tiempo".

Resultat d'imatges de batania neorrabioso


Nota: otra versión de este texto se publicó en La Charca Literaria.

16 d’abr. 2017

Je suis Krls Putxi

Resultat d'imatges de correcaminos y coyote

Alguien me contó como deben leerse los dibujos animados del Correcaminos y el Coyote. Me dijo: esos dibujos de apariencia infantil, repetitiva y algo burda ejemplifican la imposibilidad humana para alcanzar a Dios. Desde que lo supe no he podido dejar de verlos según esta clave interpretativa, extasiado ante una metáfora tan brillante por lo simple, didáctica y cómica que es. Todos aspiramos a algo (sublime, perfecto, bonito, feliz), a algo importante. La notoriedad, el reconocimiento, el dinero, lo que sea. Cada uno se crea su dios para poder construirse su infierno -que es lo que de verdad importa.

Entre las formas de pretender alcanzar ese algo maravilloso está: agarrar una guitarra eléctrica, pillarse un balón de fútbol o meterse en política. Exacto: los políticos son grandes ejemplos ilustrados de la impotencia humana. Estoy pensando -como no- en el señor Carles Puigdemont. No por obsesión si no porqué los medios del régimen catalán me lo plantan cada día en sus portadas y uno termina por meditar sobre el personaje. Y pienso: hete aquí, Puigdemont es nuestro Coyote. El pobre tipo hace lo imposible por parecerse a un dirigente, a un gobernante con ideas, ideales y proyectos. Puigdemont intenta parecerse a un político de verdad, a un político que persigue algo en favor de los sufridos ciudadanos de esta parte de España que le sufragamos su salario.

El poeta Gabriel Ferrater dijo una vez, medio en broma, que le gustaría ser "como un charnego". Puigdemont piensa, medio en serio, que quisiera ser "como un Molt Honorable". Pero debe luchar contra el desbarajuste entre sus filas, contra la incompetencia de sus consejeros, contra su peinado, contra la realidad que le zarandea cual pelele, contra las encuestas, contra las escaramuzas barriobajeras entre los socios pendencieros, contra su muy notable incapacidad por ganar simpatías y "ampliar las bases" de la causa secesionista, contra las zafiedades del zafio Rufián, contra la histórica y mitológica mala suerte catalana, contra el mundo. Incluso contra Ada Colau, de quien ya percibe su aliento en el cogote.

Puigdemont es "KRLS" en Tuiter y (dicen que) "Putxi" para los amigos. Dos denominaciones más propias de un jovenzuelo bravucón que de un político -de más de cincuenta años- que aspira a transformar una región autónoma en un estado (abracadabra, pata de cabra). Visto de cerca, el president suplente es todavía un chavalote de pueblo catapultado con nocturnidad a la presidencia catalana por un destino tan caprichoso como sarcástico, que lo ha metido en camisa de once varas (incluso el traje azul marino le va payásicamente holgado). Si cierro los ojos le imagino de joven, en el pueblo: vacilón, chuleta y ramplón pero amigote de sus amigotes, poco dotado para los estudios y bastante refractario a la cultura. Solo hay que leer sus tuits compulsivos y trumpianos para encontrar las huellas del adolescente que fué entonces, en el pueblito.

Hay algo en Puigdemont que despierta empatía, una cierta compasión. Más allá de la discrepancia que siento por el político nacionalista-neoliberal, veo en KRLS al ser humano normal, el humano mediano y mediocre como yo mismo, enfrentado a su estupidez y su incompetencia, las de todos. Krls es un tipo digno de ser personaje de novela cómico-pesimista centroeuropea, el soldadito Schweik versionado para el lector catalán en la pluma Josep Maria Espinàs y cantado en verso por Núria Feliu (en el festival de la Porta Ferrada). Del mismo modo que yo no obtendré el Nobel de literatura, Putxi jamás logrará parecerse a un político hábil digno de mención en los libros "de texto". Ni tan solo se parecerá a un buen gobernante: un año después de ser nombrado para el cargo de presidentet, la inanidad de su gestión es inaudita, sonrojante. Solo comparable a la de Mas, el gafe. Tanto Mas como Krls parecen entregados a la labor de engrandecer la figura de José Montilla.

Putxi no debió cruzar jamás el Llobregat, como aquellos pistoleros de las películas de Sam Peckinpah, procaces e imprudentes, que cruzan el Mississipi para caer en manos de un sheriff rufián que les lleva al cadalso. Aquéllos pistoleros tienen la excusa de que no sabían donde se metían: había un trágico error de cálculo en sus planes atolondrados. Puigdemont no tiene excusa: por más cortito que sea, sí sabe donde se mete. Pero sea como sea, todo es terriblemente humano. Tanto el pistolero descuidado de Peckinpah como el nacionalista lenguaraz que es nuestro querido Putxi nos cuentan algo muy profundo sobre la naturaleza dramática del ser humano. Je suis Krls Putxi.

Cuando veo las fotos de la extraña pareja Putxi-Romeva dando tumbos por Estados Unidos no pienso en cowboys existencialistas ni en centauros del desierto, si no en Abbott y Costello. Los periplos de la pareja por el Nuevo Mundo a la caza de adhesiones para su causa mística contienen un mensaje enternecedor. Son solo dos tipos -dos catalanets desorientados- perdidos en el Oeste que, queriendo emular a Perceval y Galahad en la búsqueda del Grial, se quedan en payasos tristes, de cine mudo en blanco y negro. Lo dicho: humano, terriblemente humano. Y tremendamente español: es cierto, el independentismo catalán es un fenómeno muy español lo mires por donde lo mires. Podría ser un capítulo de la segunda parte de El Quijote, y lo digo muy en serio.

Quizás todo se debe a un error, si, pero el error también es mío: quizás yo confiaba en la posibilidad de un político sabio, de los que se preocupan por el bien común, por mejorar la vida de los que peor lo pasan y todo eso. Sin embargo, debo aceptar la realidad -yo también- de unos tiempos con políticos 2.0 pero cortos de miras, incultos, tramposos y mentirosos -o cuanto menos simuladores de una remota inteligencia. Debo aceptarlo: Putxi es decepcionante y nos dejará una Cataluña hecha trizas, una Cataluña peor de lo que estaba: incluso con la presión trotskista de la hilarante CUP, el país está más jodido que el país jodido que nos legó Mas. Pido un merecido aplauso para Anna Gabriel y sus asamblearios por la contribución desinteresada a la perplejidad y la paradoja -tan valleinclaniana- que nos han brindado. (Anna Gabriel: puedes llamar "facha" a quién te de la gana, pero será difícil olvidar que votaste a favor de los presupuestos de Junts pel Sí).

Vuelvo por fin al Coyote. El "Coyote" es, en México, el tipo que, de extranjis y previo pago, te lleva a cruzar la frontera con Estados Unidos. Krls Putxi quiso hacer el Coyote catalán (mezcla de Coyote mexicano y de Moisés hebreo redentor que lleva el pueblo a Ítaca) y, previo pago, llevar a Cataluña a levantar una nueva frontera. Finalmente hizo el Coyote, pero el de Looney Tunes: el pobre tipo al que todo le sale mal y sin embargo insiste, cual Sísifo de dibujos animados que, aún sabiendo que en su insistencia y su negativa a aceptar la evidencia del desastre está el ridículo más atroz, lo repite una y otra vez.

Porqué ahí está, también, la terrible metáfora de la esperanza humana: a ver si un día suena la flauta y llego al cielo y me sitúo a la derecha del Padre. (Dios Padre o Pujol padre).

8 d’abr. 2017

Rufián y los trogloditas en el Oeste

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Poseído por el espíritu del eterno machito ibérico, el pistolero más locuaz de las provincias del nordeste se marchó para el oeste en busca de nuevas aventuras. Por el camino que asciende desde Fraga hacia la Meseta, se puso el viejo cassette de Loquillo en el loro de su Seat Supermirafiori. Le encantan algunas canciones de la cinta, en especial la del Cadillac y "La mataré". Las tararea y abre la ventanilla para gritar los estribillos. Con su mirada algo bizca desafía a los camioneros, soñolientos, que descienden en sentido contrario.

En el asiento del copiloto está la libreta con sus poemas lacrimosos. Un pistolero poeta es casi un mito romántico, y él está decidido a construirse su mito. Las oportunidades como esa pasan una sola vez en la vida y hay que aprovecharse como sea. Lleva tiempo empeñado en eso. No se lleva muy bien con el vicegobernador Oriol (Junqueras, no Pujol), pero el Oriol es un tipo provisto de un gran volumen dialéctico, cosa que el pistolero admira y lamenta a partes iguales. El otro día, sin ir más lejos, Oriol argumentó que la Generalitat es anterior a la Constitución y que por lo tanto es superior a ella: la Generalitat empezó con unas asambleas del siglo XI, y además Tarradellas restituyó la institución unos meses antes de proclamarse la Constitución. Un tipo brillante y lustroso, ese Junqueras. Quién pudiera, piensa el pistolero locuaz cuando se acerca a Bujaraloz, ya subido a la Meseta como si cabalgase a una yegua. Por aquí pasó Durruti, aunque el asturiano lo hizo sudoroso y a pelo, oliendo a cuero y a pólvora.

El mamporrero catalán pisa a fondo el acelerador. El Supermiariori ruge, ese fabuloso motor Perkins es una joya auténtica. Se manosea los genitales con el ceño fruncido. Frunce el ceño porqué le han dicho que así se parece menos a Miguel Poveda. No le gusta nada el Poveda, dicen que es un poco marica y medio gitano. Se frota los genitales esperando encontrar la rigidez del acero pero encuentra una insoportable levedad. La vida está llena de contratiempos, incluso hay contratiempos para las celebridades. Mañana tiene sesión de fotos para Vanity Fair y luego interviene en el OK Corral, es decir, en el Congreso. Lleva preparado un abanico de intervenciones que le van a poner en la cumbre de los telediarios. "Y lo sabes" grita por la ventanilla abierta, dirigiéndose a un camión portugués que se desliza por la ruta soporífera, como un submarino en el aire denso y amarillento.

El sherif voluntario (pero cobrando de los impuestos que pagamos entre todos los españoles y las españolas) repasa las frases que piensa soltar, como disparos de un viejo Colt herrumbroso y mitológico. Se van a cagar, se dice. Van a saber quién soy yo. Lo van a flipar: jamás se imaginaron, en el lejano oeste, que hubiesen elegido a ese macho ibérico como representatnte de las provincias del este. Menudo soy yo. Y con esa blanca palidez de niñato a quien la barba le redime de la redondez idiotizada del rostro. Niñato, si, pero lenguaraz como pocos, como ninguno. Poeta del pueblo, de las calles. El pistolero que oprime el pedal del gas tiene algo de síntesis de lo mejor de España: algo de Belén Esteban, algo de Bertín Osborne, algo de Loquillo, algo de Hernán Cortés, algo de Curro Jiménez, de cabra legionaria. La novísima aportación catalana al imaginario ibérico, al eterno imaginario ibérico.

1 d’abr. 2017

Soñé una Hojaderruta

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A día de hoy (27 de marzo, transcurridos los 18 meses tras los cuales prometieron que Cataluña sería independiente y maravillosa, cuando los diputados de Convergència y Esquerra devolverían sus actas de diputado en el Congreso para regresar a la República Celestial) todo parece un sueño. Un sueño pesadillesco, tanto como esas ensoñaciones grávidas y sudorosas de una siesta veraniega después de comer demasiado y beber mucho vino barato, vaso tras vaso de garrafa del supermercado.

Llevo un lustro escribiendo sobre el asunto del secesionismo catalán y solo puedo pensar que llevo cinco años despertando luego de una siesta horrible. Quizás he perdido cinco años, como un Sísifo minúsculo, catalán, muy fatigado.

A día de hoy uno diría que la "Hoja de ruta unitaria para la secesión catalana" no existió jamás, que es algo así como las novelas imaginarias reseñadas por Jorge Luis Borges para un divertimento intelectual. De repente todo se desvanece, como en las malas películas pergeñadas por malos guionistas, que terminan con el protagonista despertando en una habitación confortable y suspirando: "Menos mal, ¡solo era un sueño!".

Uno diría que si alguien creyó de veras en la Hoja de ruta solo fueron las personas de la CUP, pero quizás más que nada por su tacticismo críptico, esotérico, por su empecinada fe en la posibilidad de asaltar el sistema por el flanco débil, lo que en su lenguaje se formula así: "destruir a la derecha, estresar a la izquierda". Quizás solo ellas creían de veras en algo llamado "Hojaderruta" y que a día de hoy nadie sabe muy bien qué diablos significaba. Uno se pregunta si eso de las CUP es real o es producto de una siesta con mala digestión, cuando el estómago se ve obligado a digerir pedazos de carne quemada (¡malditas barbacoas!) navegando una bañera de tintorro del Penedès de a 2 euros el litro.

El vocablo "hojaderruta" tenía algo muy de Presidentarturmas, de su gusto por emplear expresiones marineras que debió pillar al vuelo mientras charlaba con Pilar Rahola en tiempos pretéritos y felices, entonces cuando los recortes en sanidad y educación públicas, en aquéllas deliciosas tardes de Cadaqués mientras ambos miraban al infinito y soñaban una Cataluña privada -privatizada por doquier- y sorbían la copa de un chardonnay helado recién llegado del norte de Francia -vía Andorra. Presidentmas cuenta algo de un abuelo marinero para explicar sus delirios náuticos, aunque uno sospecha que el ancestro era marinero de fin de semana, de velero por las calas de Menorca antes de fondear en la bahía de Fornells para zamparse una exquisita caldereta de bogavante de esas de chuparse los dedos y carcajearse comentándole a la amiga que la cena vale lo mismo que cobra una cajera del Mercadona a fin de mes.
-Y no sabes lo mejor -ruge el Presidentmas con una pata de bogavante aprisionada en sus mandíbulas de machote ibérico- Y luego va la cajera y me vota y repite conmigo que Cataluña es una nación!
-Tu sí que en saps, collons! -vocifera ella mientras manda una donación de 2.000 euros a los trabucaires d'Olot, vía Paypal y a través de la Fundació Catdem, que desgrava un montón.

A día de hoy, los vestigios ruinosos de la Hojaderruta dicen que todavía los cuenta, cual zombi, el interino Puigdemont en las Américas, pero por lo que se lee solo le escuchan unos trasnochados políticos cubanos anticastristas, amén de otras perlas transoceánicas entre las cuales Chomsky no estaba presente, creo. Uno se pregunta si Puigdemont es de veras alguien de verdad o solo un avatar con un mocho a modo de birrete. Si Puigdemont fuese de verdad, uno se pregunta entonces como es que no destituye a ese zoquete rampante y de mirada tristona llamado Raül Romeva que le organiza unas giras tan lamentables. En Dinamarca les escucharon los nietos de los antiguos nazis daneses (que los hubo y muchos, porqué en Dinamarca hubo un montón de gente fascinada con el discurso de la supremacía aria: la supremacía de los altos y rubios caló hondo en el país de los altos y rubios, claro). En Italia les escucharon los postfascistas de la Lega Norte. Cabe apuntar que todos esos viajes catastróficos del promotor turístico Raulromeva Protoministrodexteriores los pagamos entre todos a escote y sin rechistar.

A día de hoy la Hojaderruta es pura ruina. A día de hoy se descubre que el Presidentmas licitaba obras públicas multimillonarias en la sede (hoy embargada por el juzgado anticorrupción) de Convergència. Presidentmas el corruptor es el mismo que, como Xirinachs el loco, pretendía apropiarse de Gandhi e si non è vero è ben trobato. A día de hoy uno se pregunta por el silencio sepulcral de Oriol Junqueras sobre cuestiones como esa. (El silencio de Junqueras le da cuatro paladas de tierra a la tumba de la Hojaderruta). Incluso con su ciclópea envergadura, Junqueras también se desvanece como las imágenes de los sueños pocos segundos después del desvelo. Creo que Junqueras practica una estrategia similar a la de Rajoy: si callando gano expectativa de votos ¿para qué hablar?. Es posible que a Junqueras le suene de algo el soneto más citado de Neruda y en concreto ese verso tan famoso que empieza: me gustas cuando callas. No lo juraría nadie pero sin embargo uno concluye que Junqueras se gusta así, cuando se calla. En todo patriota hay un Narciso que se contempla en el espejo -en donde antes ha triangulado, al garabato, las fronteras de su patria soñada, pintalabios rojo-cuatro-barras.

A día de hoy no queda casi nada de todo el embrollo. La Hojaderruta se funde como el cubito de hielo en el gintonic de las tres de la mañana pagado con fondos públicos. Como el aire que se va en un suspiro cuando sopla el viento, como el agua del río que se te escurre por entre los dedos cuando intentabas aprehenderla en el cuenco de tus dos manos. A día de hoy se me dibuja una mueca de perplejidad y de estupidez en la cara por haber perdido tanto tiempo, tanta energía proponiendo otras opciones, luchando contra el tribalismo, la inanidad, la maldad terrible implícita en los nacionalismos. A día de hoy me pregunto adonde se fueron esos cinco años intentando argumentar que ni Cataluña es una nación ni tienen sentido las nacionalidades hoy, y procurando demostrar que los nacionalismos solo pretenden ocultar la tragedia de la desigualdad, del abuso, del desastre.

Solo fué un sueño pero no. Fué una pesadilla muy real. Al principio de esos cinco últimos años me planteé qué significaba ser catalán (lo soy por accidente o por dejadez, igual que usted, amable lector que llegó hasta aquí). A día de hoy, y después de cinco años de diatriba inútil escribo en este blog en castellano y llevo muy mal -pero que muy mal: peor- ser catalán: creo que esa condición solo me ha aportado infelicidad y bochorno.

A día de hoy releo el cuento de Cortázar titulado "Apocalipsis en Solentiname".

26 de març 2017

Las catástrofes pequeñas


Anoche acudieron los bomberos y la policía a la casa de enfrente en donde vivo. Se había desprendido un pedazo de balcón, que cayó sobre la acera. Posiblemente fueron las lluvias y la dejadez del propietario, que solo está atento al cobro puntual del alquiler. Ahí viven una familia de moros. Son mis vecinos, nos vemos a menudo, nos saludamos y poco más. Se poco de ellos: tienen tres niñas, la mayor quizás doce años y la pequeña no debe superar los tres. Tienen una furgoneta vieja, una Volkswagen Transporter amarillo quemado por el sol de tercera o cuarta mano que cargan hasta lo indecible un par de veces al año para viajar a su país. Luego vuelven, resignados, a esa Cataluña fría que dice ser acogedora pero solo lo es en los eslóganes gubernamentales.

Los bomberos se encaramaron a su balcón y, a mamporrazos, derribaron la parte débil de la obra. Luego, los guardias urbanos que presenciaban la faena de los bomberos con las manos cruzadas a la espalda y los pies separados por un metro de distancia llamaron a la puerta con un terceto de puñetazos y les contaron lo sucedido a los inquilinos atónitos y asustados. Vi a las niñas asomándose casi aterrorizadas ante los uniformes y las ráfagas de luces azules relampagueando en su fachada, ante su puerta. Ni el mundo es un lugar amable ni el universo conspira para hacerte feliz, como promete Paulo Coelho cual vendedor de crecepelo en el Baton Rouge de principios del siglo XIX.

Viendo esa escena con las tres niñas me pregunté si nos preparan lo suficiente para afrontar las catástrofes domésticas. Hace unos años leí un libro cuyo autor, de quién he olvidado el nombre pero retengo que es psicólogo, contaba que el ser humano vive un promedio de 10.000 contratiempos a lo largo de la vida. Eso incluye sucesos mínimos como puede ser perder las llaves de casa o encontrarse la rueda del coche pinchada hasta los desengaños amorosos, el descubrimiento de las infidelidades conyugales o afrontar la muerte de un ser querido. El psicólogo apostaba por una educación que incluya la preparación para las desgracias.

Esa misma noché nevó con abundancia en la montaña que preside esa ciudad triste y provinciana, y por la mañana la cima mostraba una estampa bellísima. En nuestras latitudes, la aparición de la nieve nos parece algo bello por inusual, por la sorpresa que conlleva ese color en el paisaje de ocres y de amarillos que profetizan nuestro desierto inminente.

Hace unos años, justo antes de la llegada de la crisis-estafa financiera que impuso severísimos recortes en el presupuesto destinado a la educación, asistí a un curso que trataba sobre el asunto -muy peliagudo- de como podemos incorporar el azar y la incertidumbre en las aulas. Fue tremendamente interesante. Pero justo entonces llegó Artur Mas con su horda de nacionalistas que aman locamente a su patria y se terminó la formación de maestros. No hay más dinero, Disneylandia no es para vosotros, nos dijo el mesías soberanista del tupé flamante.

Me sigo preguntando aquéllo: ¿estamos educados para afrontar las catástrofes pequeñas? Es muy probable que en la vida debamos afrontar mucho más de eso que de alegrías y aciertos e improbables triunfos, aunque quizás tampoco estemos preparados para lo bueno, ya que solo nos educan para lo mediocre y lo gris, y para esa vida de estética aburrida y aburguesada que nos deparan los señores para con las clases inferiores. En la mayoría de las escuelas se sigue valorando por encima de todo el respeto a la norma, hacer bien la fila y acatar la autoridad, por más arbitraria que esa sea. Y hablar solo si previamente has levantado la mano, esperando con paciencia y con disciplina que la benevolencia del dedo del poderoso te señale y te diga: "es tu turno, ahora te es permitido opinar -pero mucho cuidadín con lo que opines".

La vida humana siempre va a ser un suceso rodeado por azares imprevistos y dolorosos, por catástrofes más o menos pequeñas.

Antaño, torcerse un tobillo debía prologar una muerte inmimente. Hoy solo es un contratiempo que se combate con una radiografía y unas vendas compresivas. Antes, el desafío nacionalista de un jefe tribal iluminado y enloquecido llevaba a una guerra con muertos, lisiados y saqueos. Hoy solo nos deja una inhabilitación de coña y debates en la escasa prensa que no vive de subvenciones. Hemos progresado, sin duda.

Y sin embargo seguimos expuestos a perder las llaves, la pareja o un billete de 20 euros. Cuando vi los ojos de las niñas vecinas y marroquíes, llenos de susto y salpicados por las luces de la policía catalana, me sentí tal como ellas. Un ser pequeño y débil, sin patria, incapaz de procesar el desastre cotidiano, nuestra pequeña catástrofe diaria.


14 de març 2017

Muere, la democracia catalana, entre las sombras


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Alguien cuenta que ha ido al cine a ver una cinta infantil y descubre que entre el público solo hay adultos. Quizás debemos replantearnos qué es "una película infantil" y afrontar en serio el asunto de la infantilización de la cultura, de la sociedad. Los libros más vendidos son los más simplones, burdos y dóciles. La tendencia empezó muchos años atrás y ahora no hay quien lo revierta. Las redes sociales nos predisponen a amar la información cuando nos la sirven a dosis minúsculas, esquemáticas, pensadas para una digestión rápida e indolora, en donde el eslógan sustituye al razonamiento y la perogrullada al espíritu crítico. Todos nos hemos vuelto pacientes del trastorno de déficit de atención, ya sea con hiperactividad o sin ella. Pedimos mucho de lo que sea, pero sobretodo mucha acción, mucha emoción y poca reflexión. La reflexión es aburrida.

Pensaba en eso mientras iba consumiendo noticias, artículos y opiniones sobre el estado del debate secesionista catalán. Aunque, a decir verdad, aquí no hay ningún debate a tener en cuenta. Solo hay personas que vociferan, chistes amargos y una abundancia desmesurada del término "democracia", puesta en boca de opinadores poseídos por un diablo enérgumeno y locuaz, verborreico. Pongan ustedes Tv3 y luego 13 Tv y díganme si hay diferencia alguna. Son lo mismo. Incluso en la nomenclatura se asemejan.

En la desmesura al usar el vocablo "democracia" -una falta de mesura quizás calculada- está el truco, la trampa para que nos asqueemos de la democracia. Se trata de estrangular y violar la democracia.

Dicen los intelectuales izquierdosos de Estados Unidos que la democracia se está muriendo en las sombras. Lo dicen a propósito de Trump. Y a mi me divierte ver como por estos lares hay quién hace aspavientos con el asunto, como si por aquí no hubieran Trumps a punta pala instalados en el poder. No se trata de una bromita sobre políticos con peinados trasnochados para relacionar a Puigdemont con Trump porqué no podemos comparar a Trump con el delegado provincial del régimen que es Puigdemont. Pero Puigdemont está ahi, y cada día en sus pantallas, en las públicas. Día si día no nos larga el mismo mensaje: España no es un país democrático. Quizás es un buen tema de debate: la calidad de la democracia española. Pero deja de serlo si lo promueve un individuo que preside una institución (institucioneta) sin haber sido elegido por las urnas. Un tipo que acaba de cambiar a dedo al director de TV3 para poner a un dóberman del proceso, un dóberman agradecido. Otro. Al que le vamos a pagar el salario entre todas (escribo "todas" para no levantar ampollas entre las huestes de la Cup, que son muy irascibles pero solo a veces y solo según con quién).

El otro día, el señor Presidentemás, recién inhabilitado medio en broma (solo por dos años), dijo sobre las finanzas de su partido que todo ha sido siempre escrupuloso y limpio, pero un tiempo atrás dijo que de las finanzas del partido él no sabía nada: ¿se puede no saber nada pero saber que son escrupulosas y limpias? Solo a un niño (de edad corta) se le puede endilgar algo así, pero el señor Presidentemás sabe que habla para niños, los mismos niños adultos que acuden al cine a ver pelis para niños y que se tragan, tan felices, el cuento de la democracia catalana excelente contra la democracia española ausente. Los mismos niños que se compran la camiseta de Textiles Forcadell cada verano. Es así como se mata a la democracia: manoseándola groseramente, sin escrúpulo alguno. Rechazando el diálogo pero amando el monólogo con ímpetu de onanista, de narcisista enfermizo, de nacionalista. Ese discurso, tan en boga entre los procesistas catalanes, de que el diálogo con lo otro ya es inútil, ese discurso asesina a la democracia y lo hace en su nombre, que es lo peor: nos llevan hacia una misteriosa post-democracia de la que poco sabemos. O quizás lo sabemos todo: quizás solo hay que volver la mirada hasta la España de un par de siglos atrás. Pero ¿quién lee historia en tiempos de facebook?

Los mismos sujetos (Puigdemont y Mas -sin olvidarse de Forcadell) arguyen que el Estado les procesa por poner urnas de cartón, aunque solo un niño pequeño se tragaría la falacia. Y lo peor del asunto es que eso lo aplauden los pobres estafados por el caso de las urnas de cartón, a quienes les dijeron que debían acudir a votar para crear un país nuevo los mismos que ahora son capaces de soltar al mismo tiempo: "yo no hice nada malo, fueron los voluntarios" (ante el juez) y "lo volvería a hacer" (ante la pantalla amiga de Tv3). Si no has hecho nada... ¿qué demonios es lo que volverías a hacer?

A la democracia se la puede matar con un golpe de estado militar, como hicieron Franco -subvencionado por el catalanista Francesc Cambó- o Pinochet, subvencionado por Estados Unidos. Y también como lo estamos viendo ahora: banalizando los conceptos, infantilizando las ideas, rechazando el diálogo y el debate, estafando, ridiculizando las urnas, jugando a convertirse en un trilero de las leyes, sodomizando a un Parlamento con una mayoría que no existió jamás, contando que es más democrático un referéndum que unas elecciones sin darse cuenta de que Franco hizo lo mismo que ellos: montar referendos sin elecciones. El precedente de sus urnas de cartón está en el franquismo y eso no es un desliz, es una consecuencia lógica de su filiación ideológica. Al fin y a al cabo, tanto Mas como Puigdemont proceden de la burguesía catalana que vivió (y prosperó) de puta madre con Franco. Eso fue la Transición: los que prosperaron con Franco debían seguir prosperando con la democracia. (Ahí estaba Pujol para asegurarlo, a cambio de hacerse el sueco con sus viajes a Andorra). Y si no lo creen así, léanse "Catalanes todos" de mi colega Javier Pérez Andújar, que lo cuenta bien y además con gracia, y además literariamente.

Vuelvo al asunto de la infantilización y los niños. Por estos mismos días de hoy hemos sabido que el primer gobierno (governet) de Artur Mas "desvió" 81 millones de euros presupuestados para las guarderías públicas hacia la escuela concertada (incluyendo las nacional-católicas). Para hacerse una idea de lo que son 81 millones de euros les contaré que, si ustedes tienen una cierta edad -como yo-, eso son 13.446.000.000 pesetas. Los que hicieron eso son los mismos que hoy se postulan como ejemplos mundiales de demócratas, de políticos capaces de construir un país nuevo ideal, la república soñada desde los albores de la humanidad. ¿A cuantos miles de años deberían ser inhabilitados por haber hecho eso? ¿Lo volverían a hacer, también? Esa última pregunta se la presto a Ana Gabriel.

Hace poco han descubierto (en Atapuerca) que los homínidos de hace miles de miles de años practicaban el canibalismo. Pues eso. Los fuertes se comían a los débiles. Igual lo llamaban "democracia" los fuertes, y los débiles se dejaban comer convencidos de que si, de que eso es democracia. Igual pusieron urnas (urnas de piedra) para refrendarlo. A la democracia la están matando entre sombras y plasmas, si es que alguna vez existió eso.

7 de març 2017

El estado de la ficción en Cataluña

Dibujo plagiado de un tratado esotérico, que elaboré pocos años antes del estallido "soberanista" catalán. ¿Premonición?


En las tertulias literarias y esa clase de foros, suele aparecer la pregunta "¿cree usted que la realidad supera a la ficción?". Es una pregunta de compromiso, casi de ascensor, que surge cuando no se sabe qué preguntarle a un escritor. La verdad es que no se comprende bien el sentido profundo de la cuestión: la realidad (lo que convenimos en llamar "realidad") casi no es otra cosa que una ficción compartida por la mayoría (aunque no por todos), o en todo caso es obvio que esa "realidad" está severamente influenciada por la ficción. "Todos los hombres nacen iguales", por ejemplo, es una ficción sobre la que hemos construído infinitas realidades políticas.

Una vez, cuando todavía pensaba que las novelas de ficción eran el resultado de una imaginación desbordante que superaba las estrecheces del mundo real, conocí la historia de una vecina de la escalera. Descubrí que Ana Karenina y Emma Bovary son tristes comentarios al margen, y que Tolstoi o Flaubert fueron tipos de imaginación escasa. La ficción del amor, la de la bondad de las ciencias y los hombres, la ficción de la democracia, la ficción de la justicia (de la que ya hablaba Platón), la ficción de la vida tras la muerte... son solo eso, ficciones. Y sin embargo sobre ellas se ha construido el mundo conocido. En su nombre se han levantado empresas, imperios, religiones. Y lo que es peor: en su nombre se ha asesinado a miles, a miles de millones de personas. Vaya usted a contarle al muerto que, en realidad, todo fue ficción. A ver qué opina el muerto.

A partir de una cierta edad, uno concluye que hay ficciones y ficciones. Ficciones buenas y ficciones menos buenas. Ficciones bienintencionadas y ficciones malas. Ficciones cuyo motivo es cambiar la realidad y ficciones cuyo objetivo es simular que se quiere transformarla para que siga igual. Que gobiernen los de siempre, por ejemplo. Y ese último es el caso de la ficción catalana que se autoproclama "proceso de independencia".

En Cataluña llevamos unos cuantos añitos ya tras la ficción de la república independiente e ideal construida por los mejores ciudadanos, por las mentes más preclaras y más democráticas de entre todos nosotros. Obcecados tras la ficción, los gobernantes se han olvidado por completo de la realidad. Quizás porqué la realidad es una molestia casi insoportable y está cada vez más llena de miseria y de espanto. Quizás es por eso que la construcción ficticia es cada vez más apabullante, más solemne: lo que al inicio parecía una ensoñación pequeñoburguesa ha devenido una catedral gótica, con toda la pompa y el boato, con todo el ridículo y la fealdad que llevan implícitas las catedrales barrocas, construidas en el albor de la burguesía europea. Y construidas con montones de dinero público (el dinero público: quizás el objeto más real del planeta -a la vez que el más ficticio), abocados a pagar ficción tras ficción.

Convencidos de que la ficción termina por construir una realidad, nuestros próceres catalanets repiten una vez tras otra sus fantasías, esa república ideal -y a la vez pueril- destinada a ablandar los corazones de la extinta clase media catalana, la que quería ser burguesa a toda costa. Pero hay algo que chirría en esa ficción, algo que la hace inverosímil y sospechosa a la vez. Para que una ficción se imponga, debe cumplir algunos requisitos, y la República Maravillosa de Cataluña no los cumple. La ficción debe contener algo de real (un paisaje, una cierta verdad). Debe ser interesante para todos y debe ofrecer esperanzas y conocimientos. De lo contrario, la ficción deviene una pesadilla y es un tostón infantiloide sin sentido alguno, del estilo de "El señor de los anillos".

Ciertamenete hay algo de Tolkien en el proceso catalán, y esa hipótesis me resulta bastante verosímil, ya que me intuyo que muchos cargos electos de Esquerra Republicana de Cataluña son admiradores de aquella obra con buenos y malos (ambos de pacotilla), hobbits como catalanes de Olot y el Berguedà, contra Orcos procedentes de Andalucía, Murcia y Extremadura. (Los de Convergència son más de no leer nada, o de leer las obritas del obispo Jaime Balmes). Lo malo es que Tolkien describe un mundo eternamente enfrentado entre regiones, a mamporrazo limpio, y a poco que uno analice la situación actual de Cataluña se dará cuenta de que ha sucedido lo peor: el principal efecto del "proceso secesionista" no es el enfrentamiento de Cataluña contra España, sino el enfrentamiento entre catalanes. De momento, es eso lo único real que han logrado y todo indica que el asunto se va a agravar. Al final nos vamos a mosquear con que le destinen tantos dineros públicos a su ficción, una ficción que es cada vez más agresiva contra los catalanes que no creemos en la ficción de la independencia.

Los catalanes que no creemos en la independencia empezamos a estar solemnemente hartos de los epítetos que recibimos, pensados para mantener la ficción tolkeniana del mundo: nos llaman unionistas, españolistas o fachas. Ya vale de eso. Somos catalanes. Catalanes que no levantamos banderas por haber nacido en un lugar, ya que uno no escoge donde nace. Uno soporta eso como puede y nada más, pero no lo llena de metafísica barata, ni mucho menos de épica hollywoodiense.

Si creo en alguna ficción esa es la ficción del federalismo, y mis motivos para creer en el federalismo son tan legítimos y tan válidos como los suyos, señorito Puigdemont y señorita Forcadell. Y les podría poner ejemplos de que el federalismo es un modelo real (!) de construcción social, justa y cohesionada. Y puestos a dirigirme a ustedes les diré que no se olviden de que ustedes y su cargo y su sueldo y sus privilegios los estamos sufragando nosotros también, los catalanes que no somos procesistas pero pagamos impuestos aquí -no como el señorito Pujol y sus vástagos. Y nosotros somos la mayoría, se lo digo por si acaso, por si no se acuerdan. No se olviden de ello cuando juegan a la desobediencia, aunque la suya sea una desobediencia de ficción: a lo mejor su ficción desobediente termina por calar en nosotros y entonces vamos a ser nosotros quienes les desobedezcamos a ustedes, y vaya lío entonces. El día en que eso suceda van a tener un buen lío montado, y vamos a rezar todos para que no sea un lío a la manera balcánica.

Les contaré otro asunto personal (el primero es el de mi vecina, Ana Karenina y Emma Bovary). Trabajo en un barrio de los que ustedes llaman "desfavorecidos". La realidad es dura y las ficciones entre las personas que en él viven, abundantes. Aunque no son las mismas ficciones que las de nuestros solemnes gobernantes -eso cabe puntualizarlo bien, porque es relevante. En ese barrio, castellanohablante y árabohablante por excelencia, veo esperanzas, muchas, y esas esperanzas son muy distintas a los sueños de los señoritos que están en el Parlament promulgando desobediencias y secesiones, todas invariablemente muy solemnes. Si algún día chocan las esperanzas de unos y las de otros quizás vamos a tener el desafortunado "choque de trenes" del que con tanto gusto hablan los señoritos, pero del que nada saben.

Puestos a navegar por el terreno de la ficción, invito a sus majestades Puigdemont i Forcadell (o en su defecto al Senyoretmas) a que se pasen un día por el barrio y les cuenten su ficción supremacista a las buenas gentes que viven en él. Les prometo que asistiré al acto. (Que eso no sirva de precedente).

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1 de març 2017

El octavo hijo de Pujol

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En las viejas películas de policías y ladrones (en catalán decimos "lladres i serenos", anteponiendo al ladrón), cuando el atracador intuye que la policía va a pillarle coge el botín y sale zumbando hacia algún país lejano, con el cual el suyo no tenga tratado de extradición. Es el subgénero llamado "coge el dinero y corre". Los yanquis se largaban a Venezuela, los ingleses a Brasil y los franceses, más osados, a alguna ex-colonia del imperio galo. Los franceses siempre han sido terriblemente elegantes y morbosos.

Pero ese no fue el caso de Artur, el Octavo Hijo de Pujol. O bien Artur no pasó bastantes horas en la Filmoteca (¡grave error!) o bien andaba muy confundido. Así, cuando empezó a olerse que la Guardia Civil se disponía a echarle el guante, decidió coger a todo el país y largarse con él mediante una hilarante Declaración de Independencia. Tuvimos suerte de que casi nadie le hizo caso. A ese intento de fuga de un delincuente se le llamó "proceso secesionista catalán" y es algo digno de una comedia italiana de las malas, que, aunque malas, siempre nos hacen reír a carcajadas.

La extravagante huída que planeaba Don Arturo encaja bien dentro de la lógica del Padre Pujol, el hombre que confundió a un país con su patrimonio particular y se lo fue llevando, cachito a cachito, hacia Andorra y hacia todos los paraísos fiscales que encontró, incluído Gabón. Si la historia reciente de Cataluña fuese una novela, el giro de Artur con respecto a su Padre Espiritual sería bastante coherente, todo dentro de una lógica del delirio y del patriotismo bufonesco bastante verosímil. Uno siempre acaba por recordar con nostalgia aguda aquella gran obra del insuperable Albert Boadella, "Ubú President", en donde está todo explicado con muchos años de antelación.

Eso que he narrado hasta aquí sería la sinopsis del "procés". La parte graciosa. Lo demás ya es la parte del drama. Ya que, para llevar a cabo su plan, Arturito engañó a millones de conciudadanos, apelando a los fueros y a sus emociones más elementales. Millones de personas que llegaron a convencerse de que participaban en algo grande, en un cambio histórico, en la creación de una nueva Patria. Las pobres gentes llegaron a creer que Cataluña es rica, culta, democrática, ejemplar en todo, y sobretodo muy superior a España, esa pérfida España que les roba y les maltrata.

¿Cómo contarles ahora que quién les robaba y les maltrataba era la organización mafiosa de Arturito y su Padre? Ahora que les han pillado ¿cómo se le cuenta a la querida que en realidad no me voy a divorciar de mi mujer y que como mucho te pondré un pisito? En ese punto, la narración ya es más propia de Rafael Azcona, y veo a Arturo muy bien interpretado por el gran José Luis López Vázquez con sus geniales gestos de tío jetas que se hace el bobalicón para salir del entuerto como sea, incluso haciendo un ridículo espantoso.

Es posible que Don Arturo no se rinda todavía, y que se revuelva un poco más cual alimaña acorralada, contando por enésima vez que todo es un complot de las fuerzas oscuras contra la Patria Verdadera.

Cuando uno se prepara para una guerra, debe plantearla cuando está seguro de que va a ganarla. Pero ese no fue el caso del Octavo Hijo, que sólo hizo un intento desesperado por eludir las responsabilidades judiciales, mediante la técnica de armar un lío muy gordo. Al Padre Pujol le salió bien, pero eran otros tiempos y eso Arturito no lo supo entender. Metió la pata y ahora el aparato del Estado va a ir a saco contra él y sus compinches, y yo diría que lo tienen bastante mal. Veremos qué locura se les ocurre, y sobretodo me intriga desvelar a cuántos va a engañar. ¿Habrá algun despistado que todavía se crea algo y enarbole la bandera y se meta en la camiseta de la Sra. Forcadell?

Al público que, como yo, observamos más o menos atónitos, solo nos cabe esperar que no se pase de la comedia a la tragedia.

27 de febr. 2017

Pablo Ráez, ejemplo de muerto heroico y neoliberal

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Hace pocos días, los medios se llenaron con el relato panegírico de una muerte calificada de "heroica". Se trata de un chico joven y español, fallecido tras una leucemia diagnosticada hace unos años. Se llama Pablo Ráez, aunque el nombre importa poco. El chico tuvo la idea de contar su enfermedad en las redes, mostrarse, publicar su enfermedad. Y es por ese motivo que su muerte ha sido anunciada en los medios, en casi todos.

El relato de los medios habla de la lucha del joven Ráez, de su lucha heroica y tan ejemplar como ejemplarizante contra el mal.

Eso empieza a ser algo preocupante de veras. Se ha convertido al enfermo en un gladiador, en un luchador solitario cuyo ejemplo de tesón debe ser transmitido al pueblo. Ya lo sabes, nos cuentan: si estás enfermo debes luchar como este héroe. Y es así como se convierte al enfermo de cáncer en el responsable de su suerte. Y de su muerte. Ahí estás tu y está tu enfermedad, nos dicen, y solo tu heroísmo te puede salvar. Hay algo horrible y malsano en el mensaje, y debemos prevenirnos contra ese mensaje tanto como contra el cáncer.

Un enfermo de cáncer no se libra de la muerte gracias a su voluntad ni su heroísmo, ni te puede salvar una frase de Paulo Coelho. Ni tampoco un consejo inscrito en el sobrecito del azúcar que te dan en el bar, junto al café. En esos mensajes se halla, bien disimulado y casi genialmente oculto, el discurso neoliberal que pretende justificar el fin de la sanidad pública.

Cuando el enfermo es el último responsable de su enfermedad se nos está colando un monstruo en la mente: no existe la sociedad, solo existe el individuo. ¿Nos vamos a convencer de que la inversión en sanidad pública es irrelevante? Creo que ninguna otra especie del planeta estaría de acuerdo con ese planteamiento individualista tan extremo. Incluso las hormigas de los hormigueros muestran una actitud más colaborativa y más lógica. Más "humana".

La medicina privada lleva años hablando de "medicina personalizada", insinuando que si un virus se mete en tu organismo es por tu culpa, quizás lo has atraído y eso es tu responsabilidad. Algunos gurús del mundo new age lo aplauden y le dan cobertura metafísica a ese discurso tan peligroso, tan neoliberal. Hablan de tener cuidado con no llevar una vida mal planteada, y en definitiva nos susurran que cada uno es responsable de su salud. Un "conseller" de Sanitat ultraliberal y catalán (Boi Ruiz) insistió mucho en eso para justificar que el gasto público en salud debe ser limitado, recortado.

Parece que todo son intentos por romper el concepto de sociedad, para dejar al individuo solo ante su suerte. Y, en definitiva, por corromper cualquier concepto de colectivo y de solidaridad. Los catalanes no quieren ser solidarios con los andaluces o les extremeños, y algún día los mismos catalanes de la provincia de Barcelona no querrán ser solidarios con los de Lleida o los de Tarragona. Ese es el escenario que se nos presenta si nos descuidamos. Pero el enfermo es un enfermo, un paciente. No es un héroe ni un luchador solitario.

El niño es un humano que vive su humanidad como niño, no es "el adulto de mañana", cuando será útil al sistema. Del mismo modo que usted es un adulto que vive como adulto, y no desea ser tratado como el enfermo ni el muerto de mañana. Hay que protegerse mucho de los discursos en boga que solo nos hablan de ser piezas del engranage económico y que nos responsabilizan de serlo menos o de causar pérdidas a la causa de ese capitalismo degradante para las personas.

Pablo Ráez enfermó y murió porqué la leucemia no tiene cura, y la podría tener, quizás, en el futuro. Eso depende de la inversión pública en investigación pro en ningún caso de los heroísmos individuales. Ráez no era un gladiador, era un enfermo que esperaba mayor inversión en investigación médica y que sin duda se preguntaba por el destino de los dineros de nuestros impuestos.

10 de febr. 2017

El juez Vidal y las tinieblas

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Fotograma de "El juez de la horca", una genialidad de John Huston

Según reza una definición de la palabra "proceso", un proceso es una secuencia de pasos dispuesta con algún tipo de lógica que se enfoca en lograr algún resultado específico. De ese modo, una sesión de sadomasoquismo o de tortura (ya sea consentida o no) sería un "proceso". Luego está lo que se llama "proceso" en el ámbito judicial, pero eso ya es otro asunto bien distinto.

Uno intuye que en la secuencia de pasos habrá momentos de toda clase: amables, divertidos, amargos, ácidos. La naturaleza también tiene sus procesos, en los cuales la lógica es otra distinta a la humana: morir también es un proceso.

Y luego está el llamado "proceso independentista catalán", que sigue una lógica especial. Sin embargo, es evidente que en ese procesos se pueden identificar diferentes secuencias. Lo que antaño se presentó como algo simpático, festivo y una celebración democrática (sus promotores llegaron a presentar su revolución como "la revolució dels somriures") hoy vive un instante de rudeza inaudito en la Cataluña que presumía de pacífica, heroína del pacto y del diálogo, árbitro de la elegancia.

Y no tan solo porqué el independentismo convoca a lo peor de cada uno, si no por que la cosa se está embarullando y ya nadie parece estar en condiciones de adivinar cual será el paso siguiente: la lógica se ha evaporado y solo permanece una desagradable incertidumbre, que se suma a la incertidumbre global. 

A medida que el proceso entra en esa fase de rudeza, desprovisto de épica, de poesía y de sonrisas, van emergiendo los posos, eso que anida en el fondo oscuro y turbio del alma humana y de la historia trágica de la humanidad. Parece que venimos del horror y la barbarie, y que lo que deseamos secretamente es volver a ellas. Me pilla la redacción de este texto terminando "El corazón de las tinieblas" y quizás ese "horror" me tiene subyugado. 

Pero algo hay: el juez inhabilitado y reciclado en senador que iba por ahí jactándose de usar información obtenida ilegalmente de los ciudadanos desciende del señor Constantino, un notable falangista, militar y alcalde de un pueblo del vinícola Penedès. Uno suele mejorar respecto a la generación que le precede, incluso llega a mejorar ideológicamente. Pero sin ser psiquiatra forense, todos sabemos que en el fondo hay una oscuridad que se arrastra, en silencio, burbujeante y semilíquida como los monstruos psicoanalíticos de Lovecraft.

Para que no me digan que me meto con los difuntos y que practico un argumentario feo, voy a hablar de mi padre. Mi padre era un hombre de izquierdas (de la izquierda independentista arcaica, la de los años 70). Había leído, había militado en un partido clandestino y fue detenido varias veces. Cuando Franco o alguno de sus gerifaltes acudía de visita a Barcelona, le llevaban al calabozo de forma preventiva y casi amable, diría yo. Cuando la autoridad visitadora se largaba para sus fueros, le soltaban y todos tan amigos. Todo eso lo cuento como prólogo. Luego estaba la otra faceta de mi padre. A pesar de sus ideas progresistas (socialista, colaborador con la resistencia antipinochetista, antisomozista y etc etc), era, en familia, un hombre de praxis autoritaria y represora. La disciplina para con sus hijos ocupaba una parte central en sus ideas de lo que debía ser su labor como progenitor y educador de niños. Ese poso represor, que se apaciguó mucho con los años, las enfermedades y la proximidad de la muerte, era algo heredado. No solo de un padre (mi abuelo) muy conservador, bastante primitivo, rural y simpatizante de Franco, si no de una época: la época gris del franquismo en estado salvaje, cuando el sistema se mantenía mediante la violencia.

Para desembarazarme de ese fondo oscuro, yo tuve que detenerme y bucear dentro de mi, desaprender para aprender de nuevo. Y aún así no estoy muy seguro de haber saneado completamente ese viejo cajón.

Creo que al juez lenguaraz le pasa algo parecido a lo que le pasaba a mi padre. Cuando uno quiere que sus ideales políticos se conviertan en realidades, se remite a su fondo oscuro. Eso es una guerra, al fin y al cabo, y en la guerra todo vale. Hay algo feo y pringoso en lo que dice el juez. Pero también en lo que suelta el señorito Puigdemont, en lo que lee uno en la prensa procesista, en lo que se ve por ese Twiter que canaliza bilis a destajo como un río desbordado por la mala uva infinita que anida en las profundidades de la caverna del alma.

Uno debe detenerse a meditar: se planteaban crear un nuevo país (con todo lo adánico de la propuesta), un país virginal, paradisíaco, ejemplar. Pero al primer escollo parece que se nos propone un estado infernal, puesto que se ha despertado la bestia que dormía en el fondo.

Puestos a confesar, confesaré otro asunto familiar. Mi hermano, hijo del mismo padre al cual me he referido antes, me dijo un día (siendo tanto él como yo jóvenes e imberbes): yo me haría pacifista, pero para hecerme pacifista tendríamos que cortar antes muchas cabezas.  

2 de febr. 2017

Un catalán en la corte del Rey Arturito

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Quince años atrás escribí el guión para una novela de humor. Era la primera vez que se me ocurría lo de la novela de humor (y sarcasmo). Dejé escritas unas diez páginas de esquemas, notas, apuntes sobre personajes y una primera plana en la que se presenta el narrador, un tipo catalán y desquiciado que escribe desde Burgos, ya que ha pedido asilo político en España. Un catalán refugiado en el santuario español, escribiendo en una libretita, sentado ante la catedral burgalesa con un tetra-brik de vino Don Simón a su lado, fiel como un perrito. Eso sucede unos meses después de la independencia de Cataluña. Para que luego digan que el independentismo y sus grotescas crónicas son cosas recientes.

La novela trata de Celdoni Puidengolas, un funcionario gris del Departament de la Presidència al que se le encarga investigar si en Cataluña existe alguien con pedigrí monárquico, descendiente de los antiguos Condes de Barcelona o de cualquier otra rama noble del feudalismo catalán medieval. Estamos en 1984 y el protagonista se inspira en un tipo que descubrí en "El abrigo", que es un cuento de Gógol desternillante.

En el primer capítulo, Celdoni es llamado a la casa que tiene en Pedralbes un misterioso alto cargo del régimen catalán. Le cuenta que el Govern ha decidido conspirar para la independencia de Cataluña, y que para lograrlo cree que debe construirse una monarquía sólida y verosímil, algo que levantará los ánimos patrióticos del poble català, ansioso por revivir sus glorias medievales. Le nombra a Pere I, a Martí l'Humà, las crónicas de Ramon Muntaner, los almogávares y el "desperta ferro!" y etcétera. Celdoni, como es de suponer, se emociona y besa los pies del hombre misterioso, orgulloso de recibir tan alto encargo. Cuando sale de la entrevista y camina por la Avenida de Pearson, entre aquellos palacetes, llora y busca una iglesia para poder arrodillarse y dar las gracias al Altísimo.

El hombre empieza su labor con método y disciplina, tal como sería de esperar en un funcionario chapado a la antigua, un tipo que ganó unas oposiciones durante el franquismo y fue reabsorbido por el catalanismo autonómico (ya que su familia siempre fue de misa, de la sardana y seguidora de las letras catalanas).

La novela sigue las andanzas del caballero, a la búsqueda de un futuro rey para Cataluña. Se trataba de reirse de las novelas artúricas. Y a la vez que del Gran Garbancito: cuando escribí aquél guión, Garbancito Pujol era el Gran Virrey de Cataluña. El Gran Visir de l'Eixample, el pequeño gran hombre. En la novela, Garbancito es un tipo corrupto y ladino pero quizás menos de lo que luego hemos conocido. Ya lo dice el tópico: la realidad supera a la ficción.

Y también la supera en lo malos que imaginé a los independentistas. Unos tipos conspiradores y cínicos, demagogos y postfascistas. Pero también menos de lo que luego la realidad nos ha revelado. Lo único que era imposible intuir era el asunto de las CUP, algo que debe aparecer obligatoriamente en una novela de humor contemporánea y catalana. Quizás no hay nada más cómico que David Fernández y Anna Gabriel apoyando las políticas de Convergència des de su fabulosa radicalidad Trotskista. Fabuloso.

Las desventuras del desdichado Celdoni se complican cuando, cada vez que descubre un posible heredero del trono catalán, este aparece muerto en extrañas circunstancias. Accidentes de tráfico, aparentes víctimas fortuitas en un atraco con disparos, de un atentado en plena calle, etc. Un día, el pobre Celdoni se da cuenta de que la policía le va a tomar por el principal sospechoso, ya que los nobles aparecen muertos poco después de haberse entrevistado con él. Es entonces cuando despierta y comprende: el Molt Honorable le está usando para eliminar cualquier noble que pueda ensombrecer su auténtico propósito, que no es otro que erigirse en Rey de Cataluña para luego cederle el trono a sus hijos.

Una vez desfacido el entuerto, Celdoni huye a España temiendo la detención por los Mozos de Escuadra en el mejor de los casos. Y en el peor, aparecer muerto en cualquier cuneta de la montaña de Montserrat o en la playa de Cadaqués, cerca de la mansión de los Rahola. Cuando escribí esas páginas, la señora Rahola ya era esa persona engreída, bravucona y trabucaire que, con el paso de los años, ha crecido dentro de ella. Cosa rara viniendo de clase alta y siendo señorita de mierda, ya que suelen ser más elegantes.

La novela no se escribió jamás, ya que me incliné por la cosa gótica, el misterio y todo eso. Quien sabe si, después de publicar este artículo, un editor atrevido me encarga que la escriba. Alea iacta est, como dijo Wifredo el Peludo mientras estampaba sus cuatro dedos en el escudo de marras (¿porqué no se los metió en el trasero?). Ahora que me acuerdo: sobre Wifredo también escribí algo, de joven, cachondeándome de la falta de escudo de la realeza catalana.


25 de gen. 2017

Pornografía en las ruinas


Un escritor sueco, recientemente muerto, se pregunta en sus memorias qué rastros va a dejar nuestra civilización. ¿Bach? ¿Beethoven? ¿Algún edificio emblemático? Nada de eso, concluye con pesimismo: lo que vamos a dejar son residuos nucleares y bolsas de plástico flotando en los océanos, islas de basura por donde antaño navegaban fantásticos piratas, corsarios y siniestros balleneros atraídos por el abismo, amén de delirantes marinos temerosos del horrible Kraken. Ese será nuestro legado a la posteridad, dice el sueco: masas ingentes de basura mortal.

La lectura del autor nórdico me llevó a pensar en el asunto de las ruinas, esos trastos viejos que el pasado nos deja para que soñemos despiertos en una antigüedad que a veces asusta y otras enamora. Me gustan las ruinas. Hace unos años me descubrí una afición nueva, que consiste en penetrar en edificios abandonados provisto de una cámara fotográfica.

Hace poco conocí el término ruinporn. Se refiere a un género de reportaje gráfico que consiste en exhibir ruinas. Me pregunté si la exposición de las casas en ruinas y la pornografía son conceptos próximos. Me respondí que posiblemente sí, porque el asunto de la impudicia está presente. Las actrices y los actores de la pornografía muestran su yo más íntimo, más desprovisto, más rudo. Nada hay más profundo que la piel, dijo Oscar Wilde.

Quién practica el ruinporn cuenta un relato de la degeneración y la decadencia sobrecogedor, es una crónica del desasosiego. Se narra la desolación, el abandono y la soledad, la terrible soledad y la degradación de la casa deshabitada. Suelen escogerse mansiones burguesas, masías señoriales, falsos castillos del siglo XIX o del XX -cuando todavía permanecía el sueño de un mundo bien ordenado en clases, grupos y categorías. La caída de lo que estuvo arriba siempre es más sugerente que la más que previsible y sosa destrucción de lo que nació casi destruido: pocas veces he visto fotos de bloques obreros abandonados.

Pero... (ahí está la inevitable conjunción adversativa) en las ciudades próximas a la central nuclear de Chernóbil -como Prípiat-, hay quien ha sacado instantáneas magnificas del ruinporn, por la vertiente soviética y obrerista. A la ciudad de Prípiat, que está en Ucrania, la conocí en uno de los textos más estremecedores de nuestra contemporánea Svetlana Alexievich, "Voces de Chernóbil". La ciudad abandonada muestra esa arquitectura comunista que se produjo en Polonia, Rusia, Rumanía, Albania… Sin embargo, lo que he aprendido mirando fotos de las ruinas de Prípiat es que se parece a muchos barrios, siempre periféricos, que uno puede ver en París, Lión, Madrid, Barcelona, Terrassa, Sabadell y Bilbao. Es la misma arquitectura de los bloques de San Adrián de Besòs o de Bellvitge, o del municipio de Badia del Vallès, antaño suburbio de Sabadell. Edificados por arquitectos a sueldo de la burguesía catalanofranquista, son construcciones fabulosamente similares a las de las afueras de Kíev, Budapest y Bucarest. Para los obreros del mundo había un cánon arquitectónico, ya fuesen estos del bloque socialista o del otro. Hoy, ya casi extinta la clase obrera, aquella arquitectura prosigue, ahora dirigida a los pobres en general, tanto si trabajan como si no.

Resultat d'imatges de pripiat

Me doy cuenta de que la mayoría de las estrellas de la pornografía actual proceden de aquellas zonas, las que pertenecieron al bloque comunista de Europa. La exhibición de culos, coños y pechos de jóvenes búlgaras o ucranianas es, en realidad, una exhibición del desastre, una mirada descarnada sobre la miseria, el ocaso de la civilización de la hoz y el martillo.

Cuando mis padres hubieron fallecido, tuvimos que sacar todo lo que había en el piso en el que habían vivido. Era un piso de alquiler y el arrendador nos impuso un plazo de un mes para entregar las llaves de la vivienda, que debía devolvérsele vacía, tal como se la había entregado 40 años atrás a mis progenitores. Mi hermano y yo llevamos a cabo el encargo manual y artesanalmente, lentamente. Creo que el propietario llegó a irritarse: tardamos más de tres meses en devolverle las llaves. Durante este tiempo saqué bastantes fotos de las estancias, progresivamente desnudas. También hay algo pornográfico en ese registro de las fases del proceso de aniquilación, fue un streep-tease como el de las mujeres del Este.

Finalmente ya solo estaba la piel del piso y nada más. Las paredes lisas, de un blanco que en algunos rincones viraba hacia el amarillo y en otras hacia el gris. Son los mismos colores que asoman en la piel de los cadáveres cuando llevan unas horas en esta condición definitiva. Cuando ya casi no quedaba nada, apareció el eco. Los pasos y las voces -muy escasas porqué casi no hablábamos, no podíamos- reverberaban con tristeza, con una solemnidad triste. La última foto muestra un espacio desolado (¡qué palabra tan bonita!) e irreconocible. Podría ser el salón o cualquier otra estancia de lo que fue una casa llena de vida, sonidos y olores. Solo hay una sórdida colchoneta de espuma enfundada en una tela de un azul desleído), arrinconada. Es ahí donde dormí la última noche, una de las noches más importantes de mi vida.


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Otra versión de este texto se publicó en La Charca Literaria el 22 de noviembre de 2016. En aquella ocasión, el título era ligeramente distinto: "Pornografía y ruinas". Situar la palabra "pornografía" en el título de cualquier texto que se cuelga en la red cosecha gran número de visitas. Cualquier palabra del campo semántico del sexo lo consigue. Esa era la hipótesis que pretendía validar. Entonces se comprobó que la hipótesis era buena.

Las fotografías que abren y cierran el texto están tomadas en un pueblo catalán que creció al lado de una explotación minera en la cuenca del Llobregat. Un terrible accidente con muchos muertos provocó el cierre de las minas y hoy es pura pornografía industrial y obrera. Se puede visitar a cuenta y riesgo del visitante. El riesgo no es igual a cero, ya que se desmorona por momentos. Bueno, como toda Cataluña.

21 de gen. 2017

Ética de la desaparición

Resultat d'imatges de desaparición

Suele hablarse del "hombre de las cavernas", el que pintaba bisontes y leones en las paredes de piedra de sus cobijos, en el vientre de la roca. Sin embargo, a mi se me ocurre que quienes pintaban eran las mujeres. En eso de la ilustración siempre hubo más mujeres, y además me temo que los hombres andaban muy atareados con sus cacerías, o en sus rutas por las prototabernas.

Creo que el desarrollo de la conciencia y del arte fue algo femenino, posteriormente usurpado por los hombres. Es cierto que nutrir a las crías, educarlas y cuidarlas debía de ocupar mucho tiempo a aquellas mujeres, pero quizás lo de dibujar en los muros formaba parte de su arduo y delicado oficio. Incluso hoy, las maestras de niños pequeños suelen ser mujeres todavía, y dibujan en las pizarras y escriben palabras con tizas en el áspero campo verde colgado de la pared del aula.

Yo ahora escribo en una pantalla retroiluminada (lo llaman así, creo), y eso es un soporte mil veces más sutil, más inestable y más efímero que la roca de la caverna. A veces me resulta muy difícil decidir para qué y para quien escribo. A veces tengo en la mente a un lector ideal y desconocido, irreal, alguien conectado a mi longitud de onda, alguien que quizás no ha nacido todavía o quizás lleva siglos muerto.

Hace dos años empecé a escribir una novela y decidí hacerlo en libretas baratas, compradas en bazares chinos de barrio porqué me asqueaba la pantalla retroiluminada de las narices. Llevo ya cuatro libretas llenas de palabras dispuestas en hileras, como hormiguitas laboriosas y responsables, ordenadas, pulcras. Hileras de hormigas que avanzan hacia alguna parte del mundo que desconozco. A veces pienso en estructuras narrativas complejas e ingeniosas, pero siempre intento no olvidarme de que es lo que quiero contar. Eso no es fácil, ya que, a uno, lo que quiere contar a menudo se le desvanece.

El tema de todo eso es la desaparición. Es algo que me horroriza y me fascina: lo fácil que es desaparecer, la cantidad de personas que desaparecen de mil maneras, por mil motivos. Hay gente que desaparece y consigue hacer como si la tierra se los hubiese tragado. A otros les desaparecen. En latinoamérica hubo, en tiempos recientes, gobiernos y regímenes especializados en hacer desaparecer a mucha gente, y al servicio de esta causa pusieron medios tan portentosos e imaginativos como sádicos y macabros. No hay que menospreciar la capacidad humana para el mal, y por eso debemos esforzarnos tanto en la educación y la prevención.

La novela de las libretas chinas, con el paso de los años, me está desapareciendo. La vida ha entrado en ella y se me está llenando de verdad a medida que lo novelesco se desvanece. Han entrado en ella mis sueños, mis temores, mis esperanzas. Y sucesos sucedidos y nombres de personas que existen y andan por la calle a diario. Cuanta más vida entra en ella, más se evapora la novela. Me siento como la mujer de las cavernas, pintando en las paredes con la ilusión de que alguien lea, de que algún día futuro alguien se detenga ahí delante provisto de una linterna y mucha paciencia.

Quizás la novela que quiere desaparecer se publique algún día, y creo que en ella solo se verá una trama más o menos de intriga sobre un tipo que busca personas desaparecidas y que él mismo, a su vez, también va desapareciendo. Quien persigue demasiado tiempo al lobo termina por parecerse al lobo. Si no pasa nada malo, la novela se publicará en una colección de novela "negra" y por lo tanto el lector se verá inducido a tomárselo como una trama de asuntos negros, crímenes, investigaciones y etcétera. Estos días se está celebrando un festival de novela negra al que he decidido no asistir. En los últimos tres años he tenido algún tipo de protagonismo en este mismo festival y me apetece el descanso y la desaparición. Es más que posible que nadie me eche de menos, o incluso que nadie se de cuenta de que no he ido.

Me pregunto porqué pensamos tanto en tramas ingeniosas, argumentos y personajes y tan poco en la ética. A lo mejor es un problema catalán: los catalanes están obsesionados en tener rasgos diferenciados del resto de la humanidad cuando en realidad no tienen nada distinto ni especial, ni nada que aportar. A veces pienso que desaparecer tiene sus ventajas. Hay idiomas que desaparecen porqué es mejor así. Bueno, estoy contando todo lo que se me ocurre sobre el asunto de la desaparición. Y además mi protagonista me está desapareciendo, lo veo cada vez más perdido. Se me ha ocurrido que mi protagonista podría abandonar la investigación sobre desaparecidos de repente, enamorarse de alguien de pronto y olvidarse de su investigación. Sería una forma de concluir el relato. Plotino (un discípulo de Platón tanto o más místico que el maestro) decía que en el alma humana hay un impulso tremendo que le empuja a disolverse en el cosmos. El amor es una herramienta al servicio de ese impulso, sin duda.

Quién sabe qué querían contar las mujeres que pintaban en las cuevas. Desaparecieron los leones y los bisontes de España. De aquellas fieras ya no queda ni una sola. Y las propias mujeres de las cavernas también desaparecieron, y solo nos queda ese rastro de carboncillos en las paredes, la prueba de ese exceso de conciencia metida en un cuerpo, eso que llamamos "ser humano" y que empezó hace decenas de miles de años.

Creo que llevo rato escribiendo y he perdido el hilo de lo que quería contar. Algo sobre la desaparición y el impulso de disolverse. Creo que debería desandar lo escrito y buscar, buscarme. Eso es escribir. Lo demás es confeccionar tramas policiales y pueriles: lo bonito es escribir para poder desaparecer en el texto, como Eusebio Poncela desaparecía en la cinta de celuloide de "Arrebato".


15 de gen. 2017

Lázaro Carvalho


Resultat d'imatges de pepe carvalho

Cuando uno menos se lo espera, sucede. Dicen los judíos, hablando de Jesucristo, que la liebre salta donde menos te lo imaginas. (A ellos les saltó la liebre en un pueblecito de Palestina, hay que joderse). En esta ocasión de la que hablo, una noticia del mundo literario aparece en el noticiario de la tv. Increíble. La noticia cuenta que Pepe Carvalho, el personaje de Manolo Vázquez Montalbán, resucitará por obra y gracia del escritor Carlos Zanón, mediante la intercesión de un poderoso grupo editorial. Cuando no te lo esperabas, el mundo literario español se revuelve y genera sorpresas. Mira tu por donde, la región más analfabeta de Europa es capaz de levantar el vuelo. [Veremos como encaja el asunto el mundillo catalán soberanista-referendumista, porqué el caso les estalla en su región: se trata de literatura escrita en español en territorio catalán. Liebre al cuadrado. Se atormentan las vecinas, o se avecinan las tormentas: conociendo un poco la obra de Zanón, aventuro que a los indepes no les va a gustar el Carvalho resucitado, eso es una hipótesis malintencionada, por supuesto ].

La noticia es simple y en realidad se trata solo de una maniobra comercial, nada más. No hace falta desgarrarse las vestiduras. Eso de Carvalho y Zanón no es nada más que como cuando Coca-cola anunció la versión de su refresco llamada "Zero": una estrategia comercial para vender un poco más: cosas del capitalismo y sus ansias por exprimir el limón hasta que no quede ni una sola molécula de él.

Vender libros en España no es nada fácil, y desde luego es más fácil vender coca-colas en un mundo ansioso y dependiente de los placeres inmediatos, burbujeantes y con el azúcar elegantemente camuflado. Cualquier cosa que se haga para vender más libros debería ser aplaudida sin remilgos: somos un país profundamente ignorante, escasamente lector y casi analfabeto funcional. Con la literatura de entretenimiento no se aumenta el nivel intelectual de una comunidad, pero por lo menos se supone que se mantiene el noble hábito de la lectura, lo que ya es algo.

Todo el mundo sabe que nadie empieza leyendo literatura de entretenimiento para pasarse luego a Tolstoi, ni de J.K. Rowling se pasa a Herman Melville, ni de Mortadelo a Bolaño. Pero hay que mantener la esperanza de que a lo mejor, quizás, en un futuro hipotético...

La noticia solo cuenta que una poderosa editorial ha fichado a un escritor para resucitar al personaje debido a un autor muerto años atrás. Vázquez Montalbán murió en Bangkok y en un ya lejano 2003. Pero no hay nada nuevo bajo el sol: eso ha sucedido varias veces en la literatura popular, e infinitas en el cine. Piense usted en Ian Fleming y su agente 007. Hammett se convirtió en personaje literario de la mano de Joe Gores. Osvaldo Soriano recuperó a Marlowe. El agente de a CIA Jason Bourne saltó de autor en autor. El último caso que conozco es el de David Lagercrantz, autor que sustituye a Stieg Larson para continuar con las aventuras de Lisbeth Salander al frente de la franquicia "Millenium". Al fin y al cabo, eso de la novela negra solo es literatura popular, para qué nos vamos a engañar.

Luego están los puristas y los ortodoxos de siempre, que se quejan: ¿puede un autor resucitar y dar nueva vida al personaje de otro autor (muerto)? Hablando en plata: ¿Carvalho puede revivir de la mano de Carlos Zanón? ¿Qué interés literario podría tener ese invento? Una cosa es que un autor decida usar personajes de otros en sus novelas, y otra cosa muy distinta es que el ejecutivo de una editorial se líe a resucitar personajes con el argumento de que tiene les derechos legales que le permiten hacerlo. Pero enfin, eso son cosas comerciales, nada que ver con la literatura, no hay que mezclar conceptos.

En el Nuevo Testamento se cuenta la historia de un pobre diablo, un tal Lázaro. Jesucristo, para demostrar el tremendo poder que le ha sido transferido por el Dios, le encuentra muerto y le resucita en un plis-plas. Es un episodio oscuro del libro sagrado, ya que de Lázaro no se sabe casi nada y ni tan siquiera se le vuelve a nombrar nunca más. ¿Qué vida llevó el pobre zombi en Palestina? ¿Fue feliz en su segunda vida? ¿Cómo le trataron sus amigos y familiares, viéndole vivo de nuevo cuando le habían visto muerto? ¿Consiguió los favores de alguna mujer, sabiéndole vuelto de entre los muertos?

El vínculo entre autor y personaje es algo delicado. ¿Tintin sin Hergé? Carvalho y Vázquez Montalbán forman una pareja metafísica, ya que el vínculo entre autor y personaje parece demasiado estrecho, sutil y mágico como para poder sustituir al autor y poner a un interino en su lugar. Carvalho aficionado a la comida: eso lo puede recuperar Zanón. Puede hacer un estudio psicológico y de hábitos del personaje, de su forma de hablar, el tipo de frases y de opiniones que formula para imitarlo e insuflarle una cierta apariencia de vida nueva manteniendo sus tics, sus manías, su casa, sus amigos y amigas. Pero ¿será el mismo? Y sobretodo: ¿es ético resucitar a Lázaro? ¿Se dio cuenta Jesucristo de que con su arrebato de soberbia divina condenó a Lázaro a llevar una segunda vida de mierda y -lo que es peor- a morir dos veces?