1 de nov. 2017

Cataluña es una república y los duendes existen

Resultat d'imatges de duende

Cuando era pequeño estaba convencido -con ilusión infantil- de la existencia de duendes, gnomos y hadas. Incluso afirmé haber visto una, en un jardín barcelonés, revoloteando al atardecer, con el sol dorado y bajo. Y una vez vi a un duendecillo, en el Montseny, que correteaba tras unas zarzas y se ocultó entre unas piedras envueltas en musgo.

Años más tarde tuve que admitirlo: no existía ninguno de aquellos seres y solo el poder de mi deseo pueril les hizo visibles. Descubrí que, en realidad, en los rincones del bosque solo había latas de coca-cola oxidadas, colillas y pedazos de papel higiénico. A partir de entonces pasé algunos años leyendo literatura fantástica, ese fue mi duelo y mi consuelo.

El otro día pensé en aquel momento de mi vida, cuando admití que los duendes solo viven en el mundo de la fantasía. Fue el día en que el president Puigdemont proclamó la República catalana y luego se largó a su pueblo sin promulgar ninguno de los cientos o miles de decretos que habrían sido necesarios (aduanas, puertos, seguridad, hacienda, etc). A las pocas horas, Puigdemont y sus consellers fueron destituídos. Los destituidos acataron el cese con sorprendente docilidad. Benet Salellas, diputado de la Cup, dio una rueda de prensa con un aspecto más desaliñado de lo que mandan los cánones de su organización y soltó, tan pancho: "No estábamos preparados". Y Santi Vila, exconseller, explicó con detalles que se habían equivocado en casi todo. Mientras tanto, los enviados del Gobierno español se encargaban de la administración catalana y dejaban la autonomía reducida, jibarizada, como la "Catalunya en miniatura" de los tiempos de Pujol el andorrano. Puigdemont se largó a su pueblo y se lió a vinos, y tanto debió de liarse que despertó en Bruselas con un resacón tremendo.

Ese día pensé en mis duendes perdidos cuando me di cuenta de la reacción que se daba entre la mayoría de los independentistas. Estaban en plena fase de negación. Incluso hay un medio de la prensa digital que alimenta la fantasía y cuenta, sin rubor alguno, que la República catalana avanza a buen ritmo y se auguran grandes hitos. El director de ese medio lleva algunos días escribiendo editoriales en los que, con alambicados argumentos, defiende un delirio bastante cómico en el cual el día es noche y la noche, día: lo que dirías que es un ridículo bochornoso es, según el articulista, una estrategia genial digna de aquel Doctor No versionado por Woody Allen.

Es habitual que, ante la llegada de una noticia muy mala, nos refugiemos en la negación. Que nos inventemos una realidad paralela. La realidad, además, es un concepto difícil de consensuar: los sueños ¿forman parte de la realidad o residen en otra categoría?

Siento pena por mis conciudadanos independentistas, porqué la realidad les está mostrando un paisaje de fracaso estrepitoso y unos líderes ridículos. No debería sentir pena por ellos después de esos años infernales que nos han dado, pero ya ves. Se empatiza facilmente con un humano azotado por ese furioso despertar, ese trágico final del sueño. Los suyos les han engañado durante cinco años, les han jurado que lo tenían todo preparado, que el plan era infalible y que si fallaba había un plan B, tanto o más infalible que el anterior. Les prometieron un país de ensueño y solo era un sueño. Les prometieron un proceso limpio, brillante, lleno de éxitos. Les prometieron la independencia y les dejan sin autonomía. Y prohibido reclamar, porqué todo es culpa del enemigo.

Sigo a algún independentista por las redes y convivo con alguno en el trabajo. Y me doy cuenta de la brutalidad de ese momento. Todavía esperan, convencidos de que eso no está sucediendo, de que el séptimo de caballería aparecerá cuando menos te lo esperas, quizás mientras duermes y así cuando te levantes, mañana, Cataluña será la república prometida y todos felices y perdices.

Le pregunté a uno si se había guardado los tickets de las prendas independentistas que le compraron cada año de esos cinco años a Carme Forcadell y sus chicos de la ANC, porqué igual ha llegado el momento de reclamar. Se lo tomó muy mal, mi broma no era fue nada oportuna. No está bien bromear con quién está en fase de negación y todavía no ha acatado la realidad -tal como el señor Trapero acató su cese, sin rechistar.

Me dan pena los independentistas porqué no veo a ninguno de esos líderes que les han engañado sin compasión alguna durante esos años dispuesto a dar la cara, a pedir perdón y a contar que no prepararon ninguna "infraestructura de estado", ninguna estrategia, nada.

Descubrir que los duendes no existen no significa aceptarlo de buenas a primeras. A la realidad se la comprende poco a poco, con paciencia y con crítica y con autocrítica. Hay que dejarle al tiempo que haga su labor terapéutica. Hay que vivir el duelo. Y después uno puede exigir responsabilidades: a los libros demasiado fantasiosos, a las películas de Disney, a los hermanos Grimm.

Pero en el fondo, hay que admitirlo: es uno mismo el que se presta al engaño, y en cada engaño hay algo de autoengaño.

Me pregunto si llegarán a ese punto. Si pedirán explicaciones a quienes les engañaron y se preguntarán porqué tenían tanta necesidad de vivir en el engaño. Me pregunto si pedirán perdón por haber arrastrado a la mitad de sus conciudadanos por ese largo, penoso y estéril páramo que no llevaba a ningún lado. En nombre de una patria que de repente se esfuma en una tarde de otoño y solo deja un suave olor a flores podridas.

Resultat d'imatges de puigdemont tintin

3 comentaris:

  1. Lo bueno del caso, si es que el caso tiene algo de bueno, es que nuestra alcaldesa, Doña Ambigüedad Perpleja de la Confusión, aún no sabe si estamos en una República, si pertenecemos autonomicamente al reino de España, si formamos parte de una federación ibérica o si estamos a la espera de lo que venga.
    Las declaraciones de la susodicha para la 6º de la Ana Pastor, no tienen desperdicio.

    Salut y a por vinos de estos que venden en Girona, por lo que parece hacen olvidar todos los males.

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  2. Está fuera de lugar sentir pena de esta gente. Si presentaran como candidato a la presidencia de la Generalitat a un chimpancé con barretina lo votarían igual. Son inasequibles al desaliento. Esto es una carrera de fondo. Con TV3 en modo "NODO perpetuo" (el NODO aquel que veíamos en los cines al lado de TV3 parece cosa de socialdemócratas escandinavos) y el sistema educativo completamente infiltrado de ladrones de cuerpos, de pederastas políticos que van de maestros, cualquier solución no será más que un parche, sobre todo si en Europa no empiezan a darse cuenta de una puñetera vez que la monstruosa mosca cojonera del "prusés" no es un problema español sino europeo.

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  3. No creo que se atrevan a reconocer que se han precipitado y que sabían que no era posible declarar la República en estas condiciones, pero estaría bien que algunos independentistas, que los hay,quiero creerlo, pidan responsabilidades.
    Me gusta mucho la frase final que dice Pepa Bueno en su artículo de el 20 minutos, que estoy ojeando mientras me deleito con un montadito de salmón, queso brie y mostaza, "Pero esas malas noticias estaban ahí antes ya, durante la campaña y muchos prefirieron creer a pensar"
    Ella se refiere al Brexit igual que la independéncia.El desengaño de muchos en el día después.Dejarse llevar por la pasión y el deseo sin pensar. Está bien dejarse llevar, pero depende de dónde y con quién.

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