20 nov. 2011

En una selva oscura

Cada día laborable transcurro más de setenta quilómetros para ir a trabajar, y otra vez los mismos para volver a dormir. Lo nombro, mas no me quejo. No debo quejarme de eso, porqué yo lo elegí: los maestros interinos hacemos eso, y algunos más. No tengo hijos pequeños que cuidar, pero si los tuviese sería lo mismo; algunas compañeras lo hacen y no lo publican en ningún blog. Deben formar parte de esa mayoría silenciosa que tanto complace a los gobernantes estúpidos. Sin embargo, las maestras y maestros interinos somos los próximos sacrificios humanos que se le van a ofrecer al dios Mercado.

Nada que objetar. Ya me dijeron hace tiempo: haberte hecho funcionario.

El viaje transcurre en la niebla, especialmente a partir del otoño y cuando las condiciones meteorológicas son favorables a los vapores matutinos. Tampoco nada que objetar: hay una indudable belleza en ese paisaje sumido en el terciopelo blanco. Hay un silencioso placer en cruzar cada día la tiniebla blanca. Uno puede pensar en infinidad de motivos bellos, en cosas tristes y bonitas, en el olvido, en la muerte. Pero también en esa luz indestructible que, poco a poco, penetra la niebla hasta doblegarla. El mundo es redondo y luminoso como tu cuerpo.

Quemo gasolina diariamente. Sólo es una buena noticia para los hijosdeputa de Repsol y de CaixaBank. Sus directivos, y también esos empleados lúgubres en esas oficinas, esos lacayos tristes que desayunan cruasanes y huelen a calzoncillo viejo.

Quemar tanta gasolina es un planteamiento insostenible, sólo sostenido porqué me gusta ese trabajo, creo en ese trabajo y además creo en ti y te amo. Y con el dinero que me pagan me llega para pagar la gasolina, comer y acercarme a tu casa a mitad de semana y luego -por fin- los fines de semana. Sin amor, esa carretera sería una ruta directa al infierno. Y sin embargo eso es sólo un pedazo de asfalto.

A nuestra edad, sabemos que hemos superado la mitad del camino, y que nos encontramos en la sombra tenue de esos grandes árboles, la selva oscura. Nada que objetar, de nuevo: la naturaleza nos puso aquí, y sólo le puedo estar agradecido. Porqué vivo, porqué te he encontrado y nos amamos, porqué puedo escribir, porqué puedo nombrar a los culpables, a los rancios, a los indeseables. Con quienes debo convivir.

Mañana, después de bucear en la niebla, vamos a ensayar en clase otra experiencia de trabajo cooperativo y nos vamos a reir. A lo mejor por poco tiempo: igual nos prohíben hablar de cooperación. Y luego, en dos días, me refugiaré contigo bajo las sábanas. Ni políticos ni niebla ni carreteras ni mercados habrá en este mundo. Sólo el sol, la luz que en la piel de tu vientre refleja la lamparita. Tu vientre como una playa.

    

12 comentaris:

  1. Francesc, doncs sí, era una carta d'amor. Perquè no se m'acudia res millor per a escriure en aquests moment tan trist, quan veig que el meu país és magníficament idiota.

    ResponElimina
  2. El gran germà ens vigila, tenim les càmeres al clatell...son com aquella parabola dels gossets que mengen les molles que cauen de la taula...

    ResponElimina
  3. Aris: ho tenim fotut, i tant, però ells no ho tenen fàcil. Aquesta situació planteja una realitat molt complicada, i potser és el punt sense retorn. Crec que el carrer serà la nostra solució. Que vagin comprant porres a les fàbriques de porres alemanyes.

    ResponElimina
  4. Bonita carta de amor. No te diré nada de eso, porque uno se calla admirado frente al cariño libremente expresado, y frente a las playas infinitas. Es cierto, apunto, esas calas que nos acogen (¿recogen mejor?) son las que le dan sentido a todo... a nosotros mismos incluso.

    Sobre lo de los quilómetros sí me atrevo a apuntar. Porque parece mi historia (si yo te contara, nen... pareceríamos dos abuelos contando batallitas de la mili). No te preocupes: los funiconarios vivimos así. Yo, tras más de quince años siendo funcionario, lo más cerca que he podido estar es a 25 quilómetros, en tren... Mis transportes son metro, tren y bus; a la vuelta bus, tren y metro. Pero no me quejo. Porque también tengo mis playas que visitar, porque también me siento bien con mi trabajo, aunque últimamente parezco un cascarrabias que se enfada con todos los pedagogos y con todos los psicopedagogos que tienen tanta ley en la cabeza pero que hacen tan poca práctica, porque tengo, en fin, también otras cosas que me hacen feliz, que me complementan.

    Pero básicamente por esas playas, por esos momentos, por esos diminutivos. Ves per on; som afortunats.

    Políticament, una merda, és clar. Però ara no en vull parlar. M'estimo més quedar-me amb les teves paraules, tan maques, tan intenses... que fan que obri els ulls i vegi tot el bo que tenim i de vegades ni mirem...

    ResponElimina
  5. Hi ha un refugi possible, davant l'estupidesa col·lectiva i tu l'anomenes. Sense amor, seria molt difícil suportar els temps obscurs a què els rancis ens lliuren. Els rancis i la meitat de la població que prefereix quedar-se a casa i deixar que decideixin els altres per ells..

    ResponElimina
  6. Eastriver; es en los malos momentos cuando aprendemos a ver lo bueno. Porqué lo bueno siempre está aquí, cerca. La playa siempre está aquí. Ya se que tampoco entre los funcionarios de la educación las cosas son fáciles. ¿Porqué en ese país a los educadores nos tratan así? La pregunta es: ¿porqué tratan así a la educación? No quiero pensar cómo será a partir de hoy.
    Me limitaré a ver cada día qué tiene de bonito estar aquí, vivo y con los ojos abiertos.

    ResponElimina
  7. Eulàlia: entre els rancis estúpids i la meitat estúpida estem venuts, i haurem de suportar els abusos que ara creuen legitimats. Això és un punt d'inflexió, sens dubte. Diuen que els països sotmesos a llargues dictadures acaben per estimar els opressors i odiar els oprimits.
    Ens haurem de refugiar en l'amor.
    Tinc una foto del Rajoy i una del Duran, demà faré un ritual vudú i els cremaré, i que els donguin pel sac. I demà passat m'oblidaré d'ells.

    ResponElimina
  8. Tot viatge té fons; i fondes, si l'estada s'allarga; i camins secundaris, si cal fugir. Sempre he pensat que cal aturar-se, encara que no hi ha raó aparent per fer-ho. Sempre acaba passant alguna cosa: sovint la vida. El punt de partida i el d'arribada ja venen prefixats. Només el que anem trobant pel camí dóna sentit a anar i tornar. Camí, d'altra banda, necessari perquè hi hagi un lloc on aturar-se.

    ResponElimina
  9. M´ha encantat això de "tu vientre en una playa".
    Això, refugiem-nos en l´amor després del 20-N, han triat bé la data, oi?
    Molts bons aquests Tonbruken que no coneixia. Salut. Borgo.

    ResponElimina
  10. Enric: sí que cal aturar-se, és bo i ajuda a entendre el camí. pensar-lo de tant en tant, veure si sabem on anem o com a mínim comprendre com hem arribat aquí, què fem, i si és aquest el camí que volíem. Tenim molt poc marge de llibertat, però com a mínim la d'aturar-nos a mirar.

    ResponElimina
  11. Miquel: doncs la data no podia ser més oportuna. Serà el complicat sentit de l'humor del José Luis? Que descansat es deu haver quedat aquest home, ara...! Com disfrutarà veient la suor ràcia del Rajoy a partir d'ara... Perquè el José Luis no ens ha tractat bé, però el Mariano sembla un incompetent mediocre absolut.

    ResponElimina