15 de maig 2019

Cataluña según Philip K. Dick

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Aunque conocí la literatura distópica (o lisérgica) de Philip K. Dick ya de mayorcito, se me ocurre pensar que, en realidad, la conozco desde siempre. O algo peor: que vivo dentro de una de sus novelas, inédita o jamás traducida a ninguno de mis dos idiomas. De todos modos... dejo en el aire una pregunta terrible: ¿sabe Semion Zajarovich que es el personaje -secundario, para más inri- de una novela?

No se me ocurren hipótesis que expliquen mejor el giro argumental catalán, esa caída libre en la mediocridad y la tiniebla protofascista de los identitarios -también conocidos como independentistas. Lo reconozco: no lo llevo nada bien. Hay algo que me huele mal, a conspiración imposible, a maniobra de guionista inhábil, a un error evolutivo no atribuible a causas naturales ni inteligentes.

Hay un ruido de fondo, eso si, un ruido de fondo que es, quizás, lo único coherente. Porqué me acuerdo del patio de mi escuela, en donde ya se escuchaba el ruido de fondo. Por razones que no vienen al caso, pasé mi primera escolarización en un colegio de la zona alta barcelonesa, rodeado de compañeros ricos o muy ricos, estrictamente catalanes.

Cuando, al finalizar octavo de EGB, le supliqué a mi padre que me matriculase en el instituto del barrio, uno de mis compañeros ricos y muy catalanes se despidió de mi con estats palabras: "¡Qué pena que te vayas a las fosas comunes!". El niño, encantador, pertenecía a una familia muy conocida que lideró la izquierda pija de los 70 y 80 y que, a día de hoy, ha enraizado en el indentitarismo.

Ese ruido de fondo, antiguo y siniestro, es lo más coherente de esa mala novela. Sin embargo, los últimos capítulos (los que abarcan los diez años contando desde hoy para atrás) son una colección de salidas de tono, locuras y dislates, violencia estructural y una horrenda mediocridad intelectual que amenaza con liquidar para siempre lo que tal vez fue la "cultura catalana". (Hay una cohorte de filólogos catalanes especializados en la época sin literatura entregados a destruir lo poco que hay, para volver a otra época sin literatura -y sin cine ni teatro ni pintura ni nada. Pretenden solo fiestas tribales: cabezudos, ferias medievales, ferias de vino tinto, ratafía y novelita gris, ferias a las que pueda acudir el pobre Torra o, en su defecto, la pobre Borràs).

Pocos días atrás apareció un tipo que se había ido de peregrinaje a Waterloo y regresó con una urnita (perdón por maltratar la sagrada urna con un diminutivo), que contenía unos gramos de tierra del jardincito del señorito Puigdemont. El tipo, que sin duda no pertenece a la clase alta, ofreció la reliquia a sus familiares y allegados, que la acogieron con un temor reverencial, con una sonrisa extática. A eso me refiero: las clases bajas adoran a los señoritos, les ríen las gracias y se apuntan a su identitarismo maligno sin comprender nada. Antes, por lo menos, los identitarios eran de clase alta y salían a defender lo suyo ("lo nostre"), sabiendo que tenían algo a defender: su patrimonio, su hacienda, sus valores. Ahora los hay de clase trabajadora, incluso adorables ancianos pensionistas que parecen haber llegado al tramo final de la vida sin nada meritorio que recordar, por lo cual se apuntan al carro de los señoritos con sus banderas. ¿Se dejan engañar por el discurso zafio de Puigdemont? ¿Creen que ERC es un partido de izquierdas porqué lleva la E de "Esquerra" en su logotipo? ¿De veras se puede ser tan crédulo, tan ingenuo, tan... ¿tanto?

-Bueno, quizás siempre haya sido así -me susurra uno que es aficionado al cine- Fíjate en la pandilla de garrulos que se deja matar en Braveheart: son campesinos, pueblerinos, siervos más pobres que las zarigüeyas, a los que un señorito feudal les dice: Id y dejaros matar por mi, ya que viene otro señorito feudal a quitarme lo mío. Y van los muy desgraciados y obedecen, y se dejan matar en el campo de batalla, y todo por una bandera que no sirve ni para protegerse del frío.

Sí, quizás siempre ha sido así y uno puede llegar a razonar (entender) que eso fuera así en el pasado, en el medievo por ejemplo, antes de la ilustración, antes de la democracia y de la educación universal obligatoria. Lo que sucede ahora, aquí, no responde a nada racional ni, por más hipótesis que se expongan, uno encuentra nada plausible a donde agarrarse para explicárselo. Quizás el autor de la novela ha enloquecido, quizás desea terminar la novela con un rosario de la Aurora patriótico.

Lo único que me encaja, como dije, es aquel ruido de fondo que escuché de pequeño. Yo creí que ese ruido se había esfumado con los años, que se había diluído como la niebla a mediodía. Creo que soy un personaje secundario en una novela mala, y que la función de mi personaje es, justamente, ejemplificar a los que no comprendieron, no vieron venir, no se olieron el desastre, la tormenta que se avecina. Yo soy la vecina que se atormenta.

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Nota libresca: Philip K. Dick escribió demasiado, y muchas de sus novelas -digan lo que digan los admiradores- son más bien indigeribles. Yo me quedo con tres, entre las que está "El hombre en el castillo". Aunque todas tienen algo. Entre las árduas está "Lotería solar", en la que Dick imagina un estado que ha alcanzado la cota más elevada de democracia, y elige al presidente de la república por sorteo. ¿Qué hay más democrático que la suerte? Viendo a los altos mandamases catalanes de hoy creo que esto ha llegado a nuestra desdichada región. ¿Qué otro mecanismo que no sea un sorteo podría haber llevado a Torra, Artadi, Junqueras y demás hasta los puestos del poder? Eso solo está en la mente delirante del mejor P. K. Dick.

3 comentaris:

  1. Buen artículo, Lluís. Te sigo en FB pero allí no me deja comentar. Tiene novelas muy malas ( Laberinto de Muerte, Una Mirada en la Oscuridad, Fluyan mis lágrimas...), otras son simplemente divertidas (Tiempo de Marte, Dr. BLOODMONEY, Esperando el año pasado.) pero otras son geniales y que te hacen experimentar cosas quw otros autores no consiguen (Ubik, Los tres estigmas de Palmer Eldritch). Curiosamente esas dos que destacas tú , no me gustaron mucho. La de Lotería Solar , que fue su primera novela de C-F, no le pillé el punto. Y El Hombre en el Castillo está bien el ambiente ucrónico que crea, pero ahí se guió en la construcción del argumento por el I Ching ese del que habla en la novela, así que la trama sucede todo un poco caóticamente, aunque todo lo que tiene que ver con La Langosta Se Ha Posado está muy bien.

    No obstante lo mejor de Dick es su capacidad para con una prosa muy fácil y asequible, crear mundoa muy locos y los hace "estables" con su genio imaginativo, coherentes, y les dota de validez literaria.
    Hala, no te doy más el coñazo, un saludo.

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  2. Esquerra Republicana no es una izquierda de verdad, eso hace muchos años que lo digo, pero Lluís, estas viendo una parte, no el todo y recuerda que "el imperio nunca cayó".

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  3. Me quedo con las ganas de comentar. Creo que ANÓNIMO ha estad/a acertado en la descripción de los libros. He de decir en mi contra que sólo he leído uno de este autor, y que no me gustó, porque tampoco encontré "el punto", como bien se especifica.

    En cuanto a lo de Esquerra republicana ya es un tema manido. Poco más a decir. Sólo especificar que llevan una guerra larvada cono los neo-convergentes. Se odian. Está visto que el poder mueve más montañas que la fe.
    salut

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