14 de set. 2019

¿Como se puede desjoder Cataluña?

Resultat d'imatges de conversacion en la catedral

En la novela "Conversación en La Catedral", un personaje de Vargas Llosa pregunta ¿En qué momento se jodió el Perú? Muchos nos preguntamos en qué momento se jodió Cataluña: ¿en el siglo XIX, con el poema de Aribau? ¿Con los mitos de la Renaixença y todas sus fantasías nacionales y sus falsedades consiguientes? Hay quienes argumentan que el pecado original, la génesis del problema que sufrimos hoy, está en el recurso de Rajoy contra el Estatuto de Autonomía de Maragall, y hay quienes lo sitúan en la campaña del "català emprenyat", que tenía algo que ver con los retrasos de los trenes de la Renfe y los peajes de las autopistas catalanas. Hay más explicaciones, como la de Jordi Amat en "La conjura de los irresponsables" (Anagrama, 2017). Todas contienen algo válido, pero ninguna lo responde con una respuesta satisfactoria por completo. La respuesta es más compleja porque la realidad es más compleja que sus análisis. Se debería buscar (encontrar) un análisis capaz de contenerlos a todos. Sin embargo, todos los esfuerzos analíticos solo nos llevan a un diagnóstico: Cataluña está jodida o muy jodida: fracturada socialmente por el asunto nacionalista, en la cola nacional de la inversión en sanidad y en educación, etc. Nos faltaría el pronóstico. Y luego el tratamiento, que debería responder a una pregunta post-vargasllosiana:
-¿Como se desjode Cataluña?

Para desjoder Cataluña se deberían cambiar los discursos. Deberíamos salir de las trincheras, me lo sintetiza así un amigo. Deberíamos hablar de ética, de democracia, de civismo. Se debería abandonar el terreno del mito, ese territorio embarrado e irracional que solo pretende enfrentarnos. Abandonar la discusión sobre naciones, dejar de pelearnos por las banderas en los balcones, por los himnos en los festejos, por el número de manifestantes en una u otra manifestación.

Para desjoder Cataluña también se debe aclarar quiénes y porqué la jodieron, y repasar con calma y análisis tranquilo los hechos. Las maniobras nacionalizadoras de Jordi Pujol durante sus 23 años de reinado en el gobierno autónomo deben ser expuestas y aclaradas. Cualquier intento de pasar página debe proceder con una previa operación higiénica en la que se expongan los agravios, los abusos que cada parte ha estimado. En el ámbito de la mediación siempre hay una pre-mediación. Se deben conocer los datos. Ese Programa 2000 que está publicando El Triangle es útil para ello.

Yo soy testigo de los resultados de la aplicación de ese Programa 2000 de Pujol, y puedo contar el desastre que produjo su plan de nacionalización en la educación pública catalana. A día de hoy, Cataluña es una de las tres comunidades autónomas españolas con menor inversión pública en educación, pero sin embargo la mayoría de los docentes se preocupan por la preeminencia de la lengua catalana en las aulas (y ahora en los patios también) y no protestan por la desinversión.

Hay que pensar en como se sale del atolladero, porque es fácil intuir el hartazgo en ambos bandos, y se debe aceptar eso: que se han creado dos bandos y que es casi imposible y completamente inútil buscar diálogos o entendimientos hoy por hoy. Este punto, el del agotamiento en ambos bandos y la imposibilidad del diálogo, es un mal lugar, ya que en este lugar es muy fácil que surjan los extremismos, y en especial los extremismos violentos. La irracionalidad se ha apoderado del debate. El odio aparece en cualquier expresión. Uno intuye que el independentismo es más odio a lo español que independentismo, y que el unionismo contiene más odio a lo catalán que deseo de unidad. Lo dicho: nos encontramos en un lugar muy malo. Las consecuencias son imprevisibles, pero nefastas sin duda. Los gobernantes (de la autonomía catalana y de España) deberían tomar cartas en el asunto, a no ser que prefieran ver el enfrentamiento en la calle para calcular y especular con los votos que les daría ese enfrentamiento.

No hay otra solución que plantear discursos nuevos, discursos sostenidos sobre los valores de la Ilustración que sean compartidos por la ciudadanía y los gobiernos autonómicos y de España. De no ser así, solo será pensable la suspensión de la autonomía catalana y el viaje hacia un centralismo al estilo francés que, dicho sea de paso, tampoco es nada malo: nadie le niega a Francia ser un estado democrático estricto y sin fisuras.

5 comentaris:

  1. Miquel
    (Tot Barcelona)

    Completamente de acuerdo. Se ha de cambiar de discurso, sino será imposible.

    esta frase resume el texto: "El odio aparece en cualquier expresión. Uno intuye que el independentismo es más odio a lo español que independentismo, y que el unionismo contiene más odio a lo catalán que deseo de unidad", y así es imposible continuar.

    Salut

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    1. Hay que intentarlo. Aunque soy consciente de que por la parte procesista no hay ninguna intención de abandonar el odio.

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    2. Es cierto, del lado procesista hay individuos con mucho odio, eso es indudable, pero cuando me pongo hacer las cuentas no me cuadran. 2 millones de independentistas, pongamos que de esos 2 millones(vamos a ser generosos) 1 millón y medio tienen mucho odio a todo lo que es español.

      En todo el estado Español hay unos 46.659.302 habitantes, le restamos 1.500.000. Nos quedan 45.159.302 habitantes que no odian a España.
      La pregunta es; cuantos de esos 45.159.302 odian todo lo que huela a catalán?
      Es de lógica que por "pocos" que sean van a superar en cantidad a los otros 1.500.000 e incluso si al final fueran todos los 2.000.000 o si fueran 4.000.000 los indepes.

      Señores, de verdad les parece a ustedes que 2.000.000 de individuos pueden ser tan peligrosos frente a 45.159.302?

      Les parece a ustedes razonable estar preocupado día y noche por 2 millones de personas frente a 45.159.302?

      Salut.

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  2. Nos hemos perdido mutuamente el respeto. Los independentistas abuchean el himno español con auténtico desprecio sin darse cuanta de que hieren a muchos españoles. En la Diada alguien puso el himno español durante la ofrenda de Torra a Rafael de Casanova lo que les suscitó un asco infinito. Quien siembra vientos recoge tempestades. El problema es que cuando alguien desea aniquilar al adversario político, España, termina por aniquilarse políticamente a sí mismo. Nunca Cataluña ha sido más pobre y cutre que en esta deriva del prusés. ¿Es esta la Cataluña que admirábamos en mi juventud y a la que me vine absolutamente fascinado por su fuerza, su compromiso y valor? Desde luego que no. Ahora solo veo una caricatura obscena llena de mugre. Pero parece que a algunos les inspira esta imagen. En fin...

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    1. La cultura catalana ya se encuentra en el invierno postnuclear que nos deja el procés, de forma que el procés es más autodestructivo que otra cosa. Y me temo que el empobrecimiento todavía irá a más.

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