1 abr. 2016

Post vida (de un escritor)

al señor Francesc Cornadó


Cuando me pregunto por qué se escribe una literatura tan débil en este tiempo y este lugar, se que debería buscar la respuesta dentro de mi, pero normalmente rehuyo la cuestión y acuso al tiempo, al lugar o al primero que pasaba por ahí.

Algún día debería afrontarlo y pensar de veras, con el máximo de neuronas disponibles que me quedan. Mientras tanto, repaso los capítulos anteriores.

Aunque siempre quise ser escritor y ya escribía cuentos en la infancia, también quise ser otras muchas cosas. En parte por el carácter curioso o inquieto y en parte por la terrible duda que me enseñó a dudar mi padre: ¿se puede vivir de eso?

A los 24 años gané mi primer concurso literario: me dieron 250.000 pesetas (1.500 euros) por cinco cuentos infantiles. Ocupaban 15 folios mecanografiados.

A los pocos días me llamó un editor y me encargó una novela juvenil. De esa novela se vendieron unos 11.000 ejemplares y se publicó simultáneamente en catalán, castellano y euskera. La editorial me llevaba a presentar la novela por ahí. Me daban 10.000 pesetas (60 euros) por cada presentación, y a veces hacíamos tres: dos por la mañana, una por la tarde. O al revés. Un año más tarde publiqué otra novelita para jóvenes en la misma editorial. Esta vez se vendieron menos. Hubo un año en el que, entre los derechos de autor y las primas por los bolos, pude haber vivido dignamente sin hacer nada más. Pero no lo hice. Opté por una actitud típicamente catalana: "trampejar". Se puede traducir por hacer equilibrios, marear la perdiz, sortear escollos, hacerse el loco (o el sueco).

Un año más tardé gané otra vez un premio de cuentos infantiles. Me dieron 1.500 euros de nuevo, pero en pesetas. Esta vez no llamó ningún editor.

Pasé años escribiendo solo para mi, y centrado en estudiar Magisterio y empezar a buscar otras cosas en la vida. Viajé, estudié teatro, experimenté con algunas drogas, etc. Fueron tiempos confusos y de aprendizaje. Me di bastantes hostias durante este periodo.

Una noche me puse a escribir una obra de teatro a eso de las diez de la noche, y a las seis de la mañana la di por terminada, porqué debía irme al trabajo. La presenté a un concurso de una editorial bastante prestigiosa. Eso era en 1996, yo acababa de cumplir los 30 años. Me dieron otra vez 250.000 pesetas y la publicaron al cabo de un año, por cuestiones de agenda. Al año de la publicación recibí una carta de la editorial: le comunicamos que los ejemplares en estoc de su obra (casi todos) van a ser destruídos en una planta de reciclaje ubicada en una comarca de Gerona. Si quiere, puede pasarse por allí a rescatar los que desee. Atentamente.

Rescaté 30 ejemplares más o menos, los que pudo albergar una caja de cartón discreta, sin avaricia. La población y toda la comarca en donde está situada la factoría de reciclaje de papel son muy bonitas y limpias. Hay bellos paisajes y lindos chalés. Nunca me gustó Gerona: demasiado pulcra y aseada, demasiado catalana. Prefiero el sur, de Tarragona para abajo.

Yo continué escribiendo, pero ahora solo para mi. Creo que los mejores cuentos (y alguna novela) que he escrito los escribí en los diez años siguientes, durante los cuales me olvidé de premios, concursos, editoriales, etc. Durante estos diez años descubrí el dibujo, la pintura al óleo y las acuarelas. Hice exposiciones en baretos y restaurantes de medio pelo, vendí algunos cuadros y luego huí despavorido del siniestro mundillo de los pintores que venden cuadros en baretos y restaurantes de medio pelo entre puñales voladores y dagas que te decapitan de un solo tajo, como en las más terribles escenas de "El corazón de las tinieblas".

En 2006 reincidí en lo de los premios literarios no se como ni porqué, con una novela sobre el espiritismo en los años 30. Me premiaron la novela con 12.000 euros (habrían sido 2 millones de pesetas, pero ya estamos en la era del Euro). Acostumbrado desde pequeñito a la vida pequeña y austera, otra vez podía haber vivido un año sin pegar un palo al agua, escribiendo en mi casa. Otra vez no lo hice.

De esa novela se vendieron poquísimos ejemplares, aunque esta vez la editorial no los destruyó. Si las ventas no fueron nulas es porqué entonces, la Generalitat de Cataluña compraba unos 300 ejemplares de todo lo publicado en catalán, para distribibuirlo en bibliotecas y demás centros culturales. En realidad, esta novela sigue en el catálogo de Pagès editors que se reedita cada año.

Un día me escribió un lector espiritista y me contó algo entre ridículo y espeluznante.

De nuevo me olvidé de publicar y me puse a escribir lentamente mis chorradas, mis neuras, mis paranoias, mis miedos. Al cabo de cuatro o cinco años di con un argumento de fantasmas, almas transmigratorias y demás sandeces, a la que le di la forma de novela medio negra medio policial, aunque en realidad es un homenaje a Lovecraft situado en la Barcelona de postguerra. No me había enterado porqué no leo novedades (o las leo mal y deprisa, sin amor ni intención), pero resulta que la novela negra y sus aledaños se habían puesto de moda durante este tiempo.

El original llegó a una editorial, les gustó y la publicaron. Por lo que me cuentan, se habrán vendido unos 500 ejemplares, lo cual no está nada mal. En mi centro de trabajo hay justamente unas 500 personas, y si me las imagino a cada una de ellas desfilando con la novela en la mano me siento bastante satisfecho. Me lo tomé más o menos en serio, escribí otra novela (esta vez deliberadamente "negra") y me la premiaron. Desconozco como van las ventas porqué se tarda bastante en tener datos.

Esta no es una historia de premios si no de dudas y errores, de largas decepciones salpicadas por instantes de alegría. Es una historia sobre el desapego de los premios y de uno mismo, de su peligroso ego. Una historia con moraleja provisional que trata de la vida, de lo efímero, de la vanidad y de lo vacío. De un niño que quería ser escritor y sin embargo publicó cositas como lágrimas en la lluvia (se que eso de las lágrimas y la lluvia le sienta bien a los finales y además alguien dijo que era una cita de Rimbaud, aunque es mentira).

Quizás algún día vuelva a escribir algo para los demás, pero por ahora para mi, y ando buscando desiertos que cruzar. Incluso me he cambiado de idioma para ponerme trabas, para joderme a mi mismo. No hay casi nada más gustoso.

Esta también es una historia sobre la estupidez más terrible, que es la propia e intransferible: creo que solo he aprendido una cosa en los 26 años que han transcurrido des de cuando tenía 24. Lo que he aprendido es eso: que si algún día me lo puedo permitir me voy a pegar un año sin dar golpe. Mi iré a un país cálido y barato, me compraré una máquina de escribir y un paquete de 500 folios y escribiré entre cervecita y cervecita, bajo una sombrilla de rayas blancas y verdes. Y cuando termine, echaré los folios escritos al mar, que estará ahí mismo, a pocos metros.

Los folios que hayan quedado en blanco se los daré a los niños que corren por ahí para que los transformen en aviones y los vuelen en la playa.

15 comentaris:

  1. alguna cosa similar deia Picasso (crec era ell) de la pintura, que un cop acabat un quadre el millor que bes podria fer, era destruir-lo. Pero no es sol fer, i tu tampoc ho faries, amb la feinada que porta omplir 500 folis.... omplels, tu saps com fer-ho. i fer-ho, Bé. No et queixis, escriu edn el que creus i la resta et vindrà donada, i si no és igual, tu ja hauras complert. La resta, tampoc importa.

    salut

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    1. Gràcies i salut per a tu també, Francesc. La resta importa poc, tens raó,

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  2. Com el llibre que estic llegint (Los palimpsestos), ja el deus conèixer, tracta de la història d'un escriptor que està tancat al manicomi perquè no escriu en la seva llengua materna ;-)

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    1. Sí, el conec i em sembla una magnífica aportació a la qüestió. Moltes gràcies per recordar-me l'Aleksandra Lun, quina gran escriptora, carai...!

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    2. Entre els molts escriptors que van canviar la llengua materna per una altra (Kundera, Nabokov, Conrad, etc) n'hi ha un que m'entusiasma (i a qui no?), en Joyce, que es va guanyar l'odi infinit dels irlandesos.

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  3. Quan t'he llegit al feedly he pensat: mira, per primera vega en sis anys sembla que escriu des del cor. Després, no has trigat ni 5 minuts a espatllar-ho. Segueix així, company, i algun dia tindràs un silló a l'acadèmia com en Félix de Azúa. Però hauràs d'entrenar més, eh? http://www.elnacional.cat/ca/editorial/historia-d-un-idiota_101179_102.html

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    1. Gràcies pel comentari! Sempre fa bo de llegir persones cultes i llegides, de les que ens fan confiar en les bondats del país nou. Salut i que vagi bé la propera trobada de trabucaires (o de gossos d'atura).

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    2. Gràcies. Només és podia esperar una resposta trabucaire de qui no té arguments. A Salt, no fem bandera ni de gossos d'atura, ni de trabucs, ni de fatxes.

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    3. No anava a dir res...però tinc massa curiositat: qui segueix sis anys un blog d'algú que consideres que no escriu des del cor? No és tan difícil deixar de seguir un blog amb Feedly. Lluís, no trobaràs mai un amor amb aquesta fidelitat!!

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  4. Escriure és una cosa que t'aporta una satisfacció personal. Encara q no guanyis cap premi ni res. Jo he escrit sempre i era com llegir. Et reconciliaves amb la vida i et senties bé amb la pell dels personatges q et fan companyia i a més t'estimen i els agrada ser amb tu. Que et llegeixin, q tinguis exit, q et publiquin ...ja és diferent. Hi entren molts factors. Marketings, fabricació interessada d'uns gustos predeterminats... però no per això hem de renunciar a fer una cosa que ens agrada.

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    1. Exacte. A l'article pretenc parlar de temes diversos, però evidentment de l'escriptura com a activitat creativa, íntima i deslligada de publicacions, comentaris, crítiques i guanys per les vendes. Van Gogh no va vendre ni un sol quadre (o un de sol, i per compassió).

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  5. Moltes gràcies per la dedicatòria. Jo crec que molts dels escriptors que avui publiquen, haurien de situar-se davant el mar i llençar els folis a l'aigua avans de publicar-los. Bon desig el teu, anar a un país càlid o llunyà, si més no, un lloc on no hi arribi la intolerància, l'envaniment, la vanagloria, la pompa i l'arrogància de creure's ésser els millors i més pulcres que els veïns.

    Salut
    Francesc Cornadó

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  6. Et despulles sense desfer-te de la teva pàtina cínica, perquè segurament forma part de tu mateix. El teu és un relat emotiu d'una vida d'escriptor, intueixo que insatisfactòria però també necessària i agraida en molts aspectes. Pensa que hi ha altres vides d'altres escriptors molt semblants a la teva però sense haver guanyat mai un duro ni una pesseta ni un euro en cap premi ni certàmen (no miro ningú...). I tanmateix,Lluís, tu i altres al final seguim escrivint (sigui en la llengua que sigui) i ens reunim, i parlem, i lidiem amb editorials, i anem a trobades i festivals, i arriba Sant Joan i no gosem cremar les nostres paraules ara perque sabem que el temps per si sol, ja les cremarà. I la satisfacció de trobar ànimes germanes potser ens consola de tot plegat.

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    1. Gràcies, Sílvia. És un relat realista, no tracta de la insatisfacció si no del què hi ha, del que és. En part l'escric com a reacció davant d'una tendència al relat edulcorat, sobreinflat i egocèntric. Escriure vol dir escriure per necessitat vital. Publicar és una història, que depèn de la sort, dels amics i contactes i de factors tan estranys com els premis literaris. Un dels que vaig guanyar vaig saber com havia anat: el jurat estava dividit i barallat entre dos textos i veient que no es posarien mai d'acord van dir: doncs li donem el premi a "aquest"! En fi, que jo volia reivindicar l'acte d'escriure i desvincular-lo de la seva divulgació editada o premiada, indicant que un premi també pot ser una putada i no conté cap garantia de res. En fi, és molt llarg, potser continuaré el meu text d'aquí a uns dies...

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