5 juny 2012

Juan Marsé en el merendero de Les Planes


Domingo, la una y pico del mediodía. El aire se calienta bajo los nubarrones, entre las nubes y el suelo cansado y polvoriento. Juan Marsé llega al calor sofocante el merendero metido en el maletero de un coche y luego lo deposito con más o menos cuidado encima de una mesa de hormigón, pintada de verde césped. A escasos metros, las barbacoas arden. Churrasco, costillas, matambre, llonganissa, pollo, conejo, pinchos morunos: la carne se cuece deprisa, en pequeños infiernos de alquiler por horas y llena el aire de olor acre, de humo blanco que se pega a la ropa y al pelo.

Hay griterío, botellas de champán barato que estallan, latas de cerveza del Lidl rodando por el suelo. Mocosos que celebran su tercer cumpleaños vestidos con camisetas de futboleros de hace cuatro años. Aquí, un poco más abajo, suena el cd de un Volkswagen Golf con las puertas abiertas, que se confunde con el rumor de la radio en el chiringuito de los helados. El encargado se afana en recoger parrillas, pasarles un cepillo de púas metálicas y alquilarlo de nuevo: parrilla más leña más alquiler de la mesa son quince euros y la tarde es tuya, de arriba a abajo. Creo que aún no lo había dicho: Juan Marsé y yo estamos en el merendero de Les Planes.


Contemplo a Juan Marsé tumbado encima de la mesa, justo al lado de la botella de vino. Las imágenes a veces se mezclan en el sopor, la luz excesiva de junio, el rumor de las cigarras. Mi madre nos traía, a mi hermano y a mi, de pequeños. Creo que era por las tardes, seguramente los sábados o cualquier día de la semana, si era verano. Me pregunto por dónde andaría mi padre. ¿Trabajando? Me sucede a menudo: tengo muchos recuerdos en que estamos los tres, y él no está. La verdad es que en el recuerdo no consta que le echara de menos. Ni yo ni mi hermano, aunque no sé qué pensaría ella. Bueno, todo eso ya pasó.


Sentado en Les Planes me doy cuenta de que ese hombre me explica muy bien qué demonios es Barcelona, y que sin él la imagen sería incompleta. Me refiero a sus libros, claro está. Y lo que me gusta, sobretodo, es esa mala leche literaturizada que desprende. La mirada sobre la ciudad desde la altura del Monte Carmelo en Últimas tardes con Teresa es oscura, desarraigada. La ciudad está cerca pero lejos. Los señoritos se fueron de sus casitas con jardín en cuánto vieron acercarse las oleadas de barracas que estropeaban sus tardes de veraneo.

Me divierto enormemente con esa novela, y con sus rincones discretamente ocultos. La descripción de Oriol Serrat, el padre de Teresa es apabullante:
guardaba todavía restos de una belleza viril que estuvo de moda en los años treinta, una especie de versión catalana y débil de Warner Baxter. Un aire incierto de alférez provisional flotaba a veces en su rostro y le incluía por méritos estrictamente estéticos en este benemérito montón de pulcros y anónimos maduros, todos iguales, que se diría han querido eternizar su juvenil adhesión a la victoria con el fino, coqueto, bien cuidado y curiosamente recortado bigote ibérico.
-Juan, Juan... -le murmuro- A ti no te odian los catalanitos por escribir en castellano. No te tragan porqué les pusiste un espejo ante su cara y les dijiste lo que son: señoritos ridículos y encima eso: adheridos a la victoria de su caudillo.

Juan no responde. Un hilo de aire, cargado de olores cárnicos y de fuego, le levanta la portada y pasa una páginas dulcemente.
Cuando ya subían por la carretera del Carmelo, Teresa miró la mano vendada del chico y volvió a preguntar:
-¿Te duele?
Estas vez, el Pijoaparte no pudo contenerse:
-Sí, ahora empieza.
Me acuerdo de una frase de Juan en un texto en donde se describe a sí mismo. También como si no pudiera contenerse muestra un rastro de dolor antiguo.
Ceñudo, maldiciente, tiene la pupila desarmada y descreída, escépticos los hombros, la nariz garbancera y un relámpago negro en el corazón y en la memoria.
Ahora, a lo mejor, me pondría a divagar sobre el dolor y las letras, sobre si es posible escribir sin haber sufrido y todas esas cosas. Me tumbo en la banqueta de piedra del merendero y miro las nubes grises que desfilan atropelladas y refulgentes, cargadas de agua turbia y electricidad. Me gustaría no haber nacido en Cataluña, me viene a la mente.


Me siento bien aquí, sintiendo esa tristeza enorme y también esa feliz levedad. Sin hacer nada, malgastando todo ese enjambre de vísceras y neuronas, sinapsis, azares, casualidades, errores y aciertos de pura churra que me han traído hasta aquí. Pienso en los miles de millones años de evolución de la vida en la tierra, de evolución de la especie humana. Todo para llegar a un tipo tumbado en un merendero, contemplando el paso de las nubes. Creo que quién fuese nos puso aquí sólo para contarlo. De modo que, a fin de cuentas, quizás soy el hombre más feliz y más completo del planeta: yacente y con un libro al lado. 

15 comentaris:

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  2. A mi em portaven els diumenges a Les planes.
    Per cert, ara et poso l'enllaç bó, per això he suprimit l'anterior comentari
    Estan fent la versió en espanyol de Huffington Post' i buscant blogers
    jo crec que et podries presentar
    es http://www.huffingtonpost.com/

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    1. L'autor ha eliminat aquest comentari.

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    2. Potser et sonarà més el bàrman de la taverna on anava de jove a fer uns vinets, un mallorquí que es deia Baltasar Porcel.

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  4. Ahir dinant amb uns amics comentàvem que tal com està i estarà el preu de la gasolina Les Planes tornaran a ser la gran alternativa a l'esbarjo barceloní ja que el capitalisme haurà fagucitat la torreta i l'hortet catalans...

    Ara bé, llegeix-t'ho del dret i del revés, però néixer aquí o en un altre lloc és una tòmbola amb la que no hi podem fer res. Malgrat tots els malgrats jo prefereixo haver nascut aquí i en aquesta època que en una altra època i un altre lloc. No discuteixo amb la tòmbola malgrat que a vegades renego del número que em va tocar.

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    1. Galderich: les reflexions sobre Les Planes les deuen haver fet molts abans que nosaltres. Ho dic per la quantitat de gent que ja hi va, perquè allò està que peta. I jo vaig sentir una emoció alegre en veure-ho. La majoria immigrants, gent de barri obrer (encara puc dir obrer?), gent normal. Hi ha molta gent que durant els anys de la Gran Il·lusió va seguir anant a les Planes.

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  5. Els llibres de Marsé sempre tenen fragments genials però aquest és rodó, pel meu gust, cada vegada m'agrada més, no és habitual que els autors sàpiguen retratar de forma tan desacomplexada les diferents classes socials i les relacions que s'hi estableixen. I retratar-se ell mateix, en molts llibres, sense adonar-se'n. Un estudi sobre les complexes relacions dels catalans que escriuen en castellà amb la catalanitat rància i els seus propis ressentiments de gent una mica desarrelada malgrat haver triomfat seria molt interessant. Un altre tema curiós són també els catalans emprenyats que acaben emigrant lingüística o geogràficament, una constant al llarg dels anys, ja des d'abans de la guerra civil. Elucubrar sobre haver nascut en un altre indret o sentir-se orgullós d'haver nascut on sigui -o avergonyit- és absurd, considerant que no hem fet mèrits per al tema, per això ho són els nacionalismes. Tot és atzar, no et pregunten, quan arribes, d'on vols ser ni en quina família vols crèixer.

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    1. La meva relectura de la "Teresa" vint anys més tard em mostra una novel·la i un novel·lista millors i més interessants. Comprenc millor què diu, i especialment sobre el que esmentes: les relacions entre classes a Catalunya. Un tema estranyamnt obviat per la major part de la literatura catalana i que Eduardo Mendoza recull, però amb un altre to i intensitat.

      Naturalment que no té sentit avergonyir-se ni estar orgullós de ser català, perquè seria com fer-ho de ser ros i/o moreno, i trobar "essències" en aquesta casualitat. Però és legítim atipar-se de determinades actituds. Jo ja dec haver passat de llarg la meitat de la vida, i m'he afartat dels essencialismes catalans, dels seus representants polítics, de les collonades reiterades. En certa mesura (petita) també he decidit una emigració que de moment només es manifesta al blog.

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  6. Fina ironia la de Francesc... pardiez.
    "Juan, Juan... -le murmuro- A ti no te odian los catalanitos por escribir en castellano. No te tragan porqué les pusiste un espejo ante su cara y les dijiste lo que son: señoritos ridículos y encima eso: adheridos a la victoria de su caudillo."
    Creo que a todos nos molesta que nos recuerden hechos cometidos bajo supuestas disculpas. No se si me explico...
    Un saludo.

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    1. Ya conoces a Francesc, siempre dispuesto... Y bueno, te explicas perfectamente.

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  7. por Porcel no me sale nada interesante.

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    1. No busque más, señor Puigcarbó, porqué no va a encontrar jamás nada interesante en Porcel. Se trata de un itipo que sufría de una inflamación del ego, pero equivocó el tratamiento y se hizo amigo de un político nefasto. Se dedicaban a lamerse el culo mutuamente. Eso es todo: como verá, penoso y olvidable.

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  8. "Creo que quién fuese nos puso aquí sólo para contarlo". I aquí estem, Lluís: explicant-ho, cadascú a la seva manera. Potser el patiment no és el que fa l'artista o l'escriptor; el fa la insatisfacció i la incertesa d'un mateix. Hem deixat de ser l'àvia que explica la vida amb naturalitat i assumint tot el patiment de la seva existència. L'excés de consciència ens impedeix assaborir la realitat com un conte. I Marsé encara és el vell contacontes que ens narra els nous contes, per això ens sona tan bé a l'oïda: perquè sabem de què ens parla.

    Sobre Les Planes i llocs similars en conservo la imatge idealitzada. El decorat és gairebé el mateix, però els protagonistes són uns desclassats que repeteixen els discursos que senten a la tele, única font de coneixement. Els últims obres van desaparèixer als anys 80, igual que els intel·lectuals. Estem tan orfes de dialèctica com acabada la guerra.

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