7 d’ag. 2022

Virginie y Tralalá en Lourdes

Quizás no haya una ocasión mejor que el ardor del verano para sentarse a ver una película musical. Y conste que no me gustan los musicales, ni tan siquiera los comprendo: me resulta absurdo que alguien se arranque a cantar y a bailar en medio de una escena de amor, de dolor o de cualquier conflicto de cualquier clase. Aunque podría reconocer que la banda sonora de "West Side Story" es muy buena, la cinta me resulta ridícula. Y no digo nada de los grandes cásicos de Fred Astaire y sus amigos, que me parecen insoportables y grotescos. En esos musicales, la suspensión de la incredulidad va tan lejos que me siento incapaz de acompañarla. 

A lo largo de mi vida de cinéfilo (no demasiado contumaz, por comparación con mis conocidos cinéfilos contumaces de veras), solo he soportado "Los paraguas de Cherburgo", "Bailar en la oscuridad" y, por fin (ayer) "Tralala", cinta francesa rodada en París y en Lourdes. Aunque el 90% de la cinta transcurre en la localidad de los Altos Pirineos.

El protagonismo de Mathieu Amalrich ayuda mucho. Amalrich es el actor que ya nos ha sorprendido varias veces con unas interpretaciones (yo diría que) siempre brillantes. Pero había otros motivos de peso para ver la cinta en una noche de agosto a 29 grados. El motivo principal: ayer mismo se cumplía un año exacto de mi llegada a Lourdes, en donde pasé cuatro días. Las casualidades a veces desconciertan.

"Tralala" es una cinta sencilla y elegante y sin muchas pretensiones, factor que aumenta su belleza. Es delicada, irónica, sentimental sin lirismos. Habla de la pobreza, del apego y el desapego, de la soledad, del miedo a vivir, de la pérdida, de la maternidad y la paternidad. Bueno, y de varias cosas más que son, al fin, el meollo de la vida humana. Las escenas musicales están muy bien situadas y resultan creíbles, ya que el protagonista es un músico callejero que compone canciones constantemente, a partir de las ideas o las situaciones con las que se encuentra. Y nada que objetar a los compositores que han trabajado en esta banda sonora, que incluye a mi admirado Dominique Ané. 

Y luego está lo otro, lo más peliagudo: Tralalá se acerca al misterio y a lo maravilloso con una lectura ambigua, crítica, analítica. No es por casualidad que la cinta transcurra en Lourdes, ya que el asunto de Bernadette y la Virgen es recurrente, tratado con espejos múltiples que transitan de lo facilón y lo obvio a lo intangible. Hay una mística que quizás no sea nueva pero sí sorprende en 2022, en este tiempo postmoderno y descreído que, paradójicamente, convive con los miles de peregrinos que vi en Lourdes hace un año. Tal vez sea muy sencillo: el mundo sin esperanzas que solo habla del precio del gas también desea ver algo maravilloso y confía en que la vida sea algo más que temer la próxima factura.

¿Puede suceder algo que nos cambie la vida en un arrebato irracional? Puede. Eso es lo que plantea la cinta de Arnaud y Jean Marie Larrieu (que ya nos sorprendió, junto a Amalrich, con "Los últimos días del mundo", cinta descoranozadora donde las haya). Y si esto sucede ¿sabremos vivirlo?.

Alguien dirá que "Tralala" es naif, o que bebe de demasiadas cintas anteriores ("Voudou sauvé des eaux", "Le retour de Martin Guerre"), o que usa el psicoanálisis de un modo superficial e incluso pop. Pero yo le animo a verla y a pensar por ustedes mismos. Si se atreven, ya me contarán.



1 comentari: