24 de juny 2020

Zafón ha muerto y Zanón está vivo


Sucedió como en "Ciudad de cristal", el inicio de la trilogía de Nueva York de Auster: alguien me llama y me dice: Zanón ha muerto. No, Zanón no ha muerto, le replico como saliendo de un sueño turbio. Por lo que yo sé, Carlos Zanón sigue entre los vivos y el que murió fue Carlos Ruiz Zafón, del que solo recuerdo unas frases escuetas, inscritas en unos monumentos pequeños, erigidos en rincones de la villa de Puigcerdà, rincones que por lo visto describió en alguna de sus novelas. Novelas que no he leído, lo digo sin confesarlo, puesto que no haber leído a Zafón no es ningún pecado, según mi código moral. Es mucho peor no haber leído a Vuillard o a Laurent Binet o a Carrère o a David Foster Wallace o a Patrick Deville. Todos vivos, como Zanón. Menos uno que está muerto, como Zafón.

De Zafón y de Zanón he leído unas veinte páginas. De cada uno, veinte. Al llegar a la encrucijada de las veinte cerré el libro y lo guardé. Ni lo quemé ni lo maldecí. Simplemente lo cerré y lo dispuse, de pie como un guerrero indio muerto, en el estante. Puede que me llegue el momento de su lectura algún día. Mientras siga vivo, como Zanón. Una vez muerto, como Zafón, no leeré.

Conocí "La sombra del viento" hace veinte años, en un bar de Mahón, capital de la islita de Menorca. No, no estaba haciendo el turista en Menorca: estaba trabajando. El bareto que visitaba dos o tres días a la semana tenía un camarero que, en los mediodías, leía este libro. Cuando le pregunté me dijo: bueno, no está mal. Pero no creo que te guste. Por supuesto lo pedí en la biblioteca de Mahón y leí sus primeras páginas poco después, solo para confirmar que la novela no me interesaba. Por aquellos días estaba leyendo "La virgen de los sicarios", la novela del colombiano Fernando Vallejo. La novela de Zafón no justificaba suspender la lectura del colombiano. Escribir correctamente, escribir bien y escribir con arte son tres categorías distintas y hay que transitar muchas décadas para comprender la diferencia entre ellas. Ni Zanón ni Zafón lograron la tercera, las cosas como sean. Ninguno de los dos es Stendhal, para entendernos. Ninguno de los dos es Bolaño. Nada más que decir.

Me gustaría reivindicar la obra de Zafón más que nada por el maltrato al que le han sometido los informativos de la Tv3, el canal que pagamos entre todos los sufridos ciudadanos de Cataluña: han reportado su muerte como la muerte de un barcelonés y luego como la muerte de un español. Ambas afirmaciones son correctas, pero a nadie se le escapa que la ladina Tv3 ha hecho lo posible por no llamarle catalán a Zafón. (Por cierto: Pilar Rahola también es una autora española). Zafón no puede acceder a catalán porque no escribió en catalán. Según Tv3, solo puede ser barcelonés o español.

No creo que deba justificar que no me gusten ni Zanón ni Zafón. El uno está muerto, como Marley, y el otro está vivo pero escribe las novelas que quizás soñó un muerto, que es Vázquez Montalbán (digo yo que Vázquez Montalbán tampoco debió de ser catalán según Tv3). En general, de todos modos, no suelo leer a mis contemporáneos. La lectura, para mi, es como la contemplación de la pintura: hay que ver primero a los de antes y, si da tiempo, ya llegaremos a los de ahora. Por cierto: en pintura no hace falta pasar más allá de Rembrandt, puesto que igual en Rembrandt se terminó el arte de la pintura. (La idea no es mía, es de un pintor noruego que quiere ser Rembrandt y hace bien).

En música me detendría en algún lugar que no soy capaz de precisar, pero no mucho más allá del Clave bien temperado de Bach. No escucho a compositores contemporáneos, salvando a muy pocos: entre ellos están Max Richter y Tom Yorke, entre otros escasos. De Tom Yorke me gustó lo que hizo en su etapa en Radiohead y por eso le sigo hasta hoy, cuando compone pequeñas maravillas como Atoms for peace o como Cymbal Rush. También me gustan cosas de Robert Fripp y de Adrian Belew, pero no me voy a extender en este campo.

Es difícil convivir con uno mismo y difícil convivir con los contemporáneos, pero es lo que hay y debemos atenernos a esto. Es mucho más difícil aceptar el pasado: el propio y el ajeno. Más que derribar estatuas, me gustaría borrar episodios de mi pasado, pero eso solo me será posible cuando sea como Zafón y no como Zanón, que sigue vivo.

13 comentaris:

  1. Me ha gustado el juego de palabras. Zafón y Zanón.

    Yo si leo a los vivos. Me gustan los desconocidos, y como tal José Florencio Martinéz, un pájaro tiene mucha obra y buena, muy buena, dría, pero muerta porque no hay editorial pequeña que cumpla, ni grande que se atreva, quizá por eso, por no leer a los vivos.

    Menos mal que la Balcells si los leyó, amigo, sino nos hubiéramos quedado incluso sin el Baile del Watusi, y ya ves que no hablo de Bolaño.

    No miro TVEn3 como no miro BTV ni la sexta, ni antena 3, ni la 5...A decir verdad no miro más que un rato la 2 y el canal 24 horas. En casa no hay ganas ni hay tiempo que perder con tanta mediocridad.

    Seguiremos derribando estatuas, es el último legado de nuestra civilización; cuando acabemos con la última vendrá la hecatombe...ya está en camino.
    Un codazo...que es lo que se lleva ahora.

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    1. Yo ya solo veo Tve 2, un ratito por las mañanas.
      He mentido un poco: leo a Casavella y a otros contemporáneos, claro, y a los periodistas que hablan de las cosas catalanas (no a los de Vilaweb o a los del Nacional, a éstos ni en broma, que les den y que les lea su madre, si es que su madre tiene paciencia).

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  2. Respostes
    1. ¿Borró su comentario? Es una pena...

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    2. LO he borrado porque era una divagación mía que no venia muy a cuento, no por otra cosa. Sin más. Un saludo.

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  3. Zafón, que por cierto es un autor que ha enganchado a la lectura a muchísima gente y entre ella a muchísimos adolescentes, para TV3 es un autor barcelonés o en peor caso "español". Ser catalán no es algo que provenga de haber nacido en un territorio geográfico y político, no, ser catalán de verdad es fruto de "una voluntad de ser", no es cualquiera, supone la identificación con unos mitos, con una determinada visión de la historia, de la realidad, con unos colores deportivos, con una virgen, con unos partidos. Dicen que somos diez millones de hablantes en su propaganda pero "catalanes de verdad" a la hora de las cuentas ¿cuántos son? Desde luego a Zafón no lo han admitido en su altar de la patria porque escribía en la lengua del enemigo y no tuvo esa voluntad de ser. Esta es su mente.

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    1. En efecto: el catalán no lo es por nacer en un villorrio cualquiera de la triste geografía catalana (como puede ser Montornés del Vallès) si no por la voluntad de ser, lo que entronca muy bien con la filosofía de la Alemania de los años 30 del siglo pasado. Creo que los catalanets deberñian modificar su eslógan tras la muerte de Zafón y decir: Som 10 milions menus un.

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  4. Pues yo si que he leído a Zafón......y a Emmanuel Carrère.

    Y leí a Zafón con gusto, yo he vivido el rebufo de esos años siniestros de post-guerra en el barrio Chino y en el Gótico. Supo reconstruir bien el ambiente de sordidez y miseria de las calles de mi infancia.

    De Carrère me quedo con sus dudas, sus idas y venidas de la religión católica. Ha conseguido reafirmar mi ateísmo.

    TV3 está "censurada" en casa desde hace cinco o seis años, desde que empezó la juerga independentista, y la información que emitía empezó a estar sesgada por orden de los "estómagos agradecidos" que dirigen la casa.

    Así que no he visto el tratamiento que le han dado a Zafón y su obra como consecuencia de su muerte. Pero por lo que parece, ha sido lo que me esperaba, minimizar su catalanidad, y presentarlo como un "xarnego cosmopolita".

    Nada extraño, como supongo que habrán pasado de puntillas sobre la noticia de la muerte de Rosa Maria Sardá, catalanísima por los cuatro costados, pero enemiga beligerante del "prucessss".

    Como decía mi abuelo : "de un burro solo se puede esperar una coz o un rebuzno".

    En paz descansen Zafón y la Sardá. Ambos tenían mi admiración y mi respeto.

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    1. Como escribí arriba, no descarto leer a Zafón algún día. Yo también tengo recuerdos de la Barcelona lúgubre.
      Por lo que respecta al papelón de Tv3 con sus inquisiciones no tengo nada que decir: lo poco que veo de este canal lamentable es lo que me mandan algunos, para chincharme más que nada. Pero no tiene ningún interés más allá de la anécdota zafia de un periodismo protofascista.
      Eso: que descansen en paz Zafón y la Sardá.

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    2. A veces es inevitable tener que ver y oír ciertas cosas. Y es una lástima, TV3 no era una mala cadena de televisión hasta que se desató el "siroco".

      Pero con el sesgo se han vuelto muy previsibles en su tratamiento de la información, y no digamos ya en las tertulias.

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    3. Pues es curioso y digno de estudio pero a Rosa María Sardá le dieron mucha cancha. Amplia información, película muy decente, menciones en tertulias...

      Yo tampoco veo mucho TV3 pero excepcionalmente estuve haciendo seguimiento en los días posteriores al fallecimiento y sí que hubo atención a su persona. Ya digo que me pareció muy raro, porque ella era inequívocamente contraria a la sandez en general y a la sandez independentista en particular.

      De Zafón sí que leí "La sombra del viento" y me gustó, aunque no tanto como para animarme a leer el resto de su obra. Tenía algunos fallos disculpables, como poner en la Barcelona de los 50 estaciones de metro que no fueron inauguradas hasta los 70, pero la novela me pareció bien escrita, amena y fácil de leer, aunque claramente dirigida a lectores adolescentes.

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    4. Gracias por la aclaración con respecto a la información sobre la Sardá. La verdad es que no veo apenas nada de TV3.

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