21 de nov. 2019

Entre las cosas que importan no está la patria

La foto animada se hizo en las afueras de Jerez de Marquesado (provincia de Granada), lugar en el que no nací
pero me gustaría haberlo hecho, o no, o me da igual. Lo que importa es haberme sentido bien allí.

Vivir en paz conmigo y con los demás. Vivir en paz a secas, en definitiva. Vivir lo mejor posible dentro de lo que cabe. Evitar el dolor. Ayudar a los demás a lo mismo. Participar en el complicado mundo de la educación de los jóvenes (y de los no tan jóvenes). Llevar una vida lo más digna posible y, cuando toque, morir de la forma más digna posible. Infringir el menor dolor posible a los demás. Cultivar(se) la mente y el espíritu, pensar con buen uso de razón, mantener relaciones sanas, evitar las tóxicas, reírse cuando sea posible, llorar cuando sale el llanto, ejercer la empatía, tener la máxima autonomía posible sobre la vida de uno mismo: tener tiempo para leer, escribir y ver cine (tener buen criterio para escoger lecturas y cintas, y saber cuando lo que se escribe es digno de serlo). Y luego está mantener el cuerpo en condiciones, administrarse los recursos con buen tino, saber escoger el vino, mantenerse lejos de la miseria y la pena en la medida justa, sin ambicionar lujos, cosas superfluas e innecesarias, poseer lo menos posible, solo lo imprescindible: no pretender poseer a nadie ni propiedades que no deberían ser de nadie y sí de todos. Sin lirismos ni melancolías: está bien disfrutar de una bonita puesta de sol, pero también es bueno pasear por un barrio pobre, por un sitio feo. Pensar en la belleza incluso en su ausencia, pensar en el bien incluso en su ausencia.

Esa es una lista medio improvisada sobre las cosas que me importan. Y podría asegurar que, si siguiera, solo añadiría matices de lo anterior, variaciones, adjetivaciones. Como las propiedades superfluas, el adjetivo también lo es. A menudo.

Pensaba en todo esto mientras leía el texto de un amigo que, en las redes, cuenta que para ser "normales" debemos ser libres. Se refería, por supuesto, a la libertad del pueblo catalán. Que significa, para que me comprendan, que la región catalana debe convertirse en un estado-nación. La persona que escribe eso es inteligente, y casi siempre aguda y certera en sus opiniones, y tiene un discurso agudo, hábil y ágil, y es buen profesional de lo suyo y encima escribe bien.

Por todo eso, y por el respeto que me merecen las personas a las que admiro por uno o más motivos, le pregunté por su afirmación. Me intrigaba, especialmente, el uso del término "normalidad". La oración "para ser normales debemos ser libres", planteada casi como un axioma, me inquietó. Así pues, le pregunté qué cosa le impedía ser libre y por consiguiente "normal". Jamás comprendí que diablos es la normalidad en este mundo tan diverso. Me respondió que no era libre de hablar en su idioma cuando coge un taxi, una libertad que si tienen los franceses o los portugueses. Yo, que solo he subido a un taxi una vez en los últimos 10 años, me quedé algo perplejo.

Otro se añadió a la conversación, y aportó otro dato: no soy libre -dijo- de usar mi lengua en una comisaría. Otra vez la perplejidad. Me pregunté ¿qué cosa deben entender por libertad y por normalidad? Sin duda, entienden por libertad y por normalidad asuntos que jamás me han interesado y que no puedo compartir. Jamás cortaría una autopista ni quemaría un contenedor de basura para poder, en consecuencia, hablar en catalán con un taxista paquistaní, con un camarero ecuatoriano o con una cuidadora de ancianos peruana, se pongan como se pongan.

Hay veces en las que yo tampoco me siento libre. O me siento agraviado, dejémoslo así, cuando compruebo que la merma del estado del bienestar me quita derechos o simplemente me dificulta el acceso a determinados servicios que son la única hacienda de la clase trabajadora: unos servicios públicos de calidad y para todos, por ejemplo. Lo del idioma me cae muy lejos, la verdad. Se lo dejo a los remilgados narcisistas de la cultureta. Lo de la libertad de expresión (decir lo que me apetece en el idioma que prefiera) está bien, pero no me parece que nada de eso sea difícil en España. Yo, por lo menos yo, jamás he vivido algo que me limite o me incomode en esta categoría. Y la persona que me expone su desgracia (o una anormalidad dolorosa) escribe y publica en catalán, escolariza a sus hijos en lengua catalana en la escuela pública española, se expresa en catalán en las redes, da cursos y cursillos en catalán, etc. No puedo comprender su sentimiento. Quizás se trate solo de una emoción, y de una emoción debida a un entorno exacerbado, a un clima tribal generado en despachos y en medios controlados desde los mismos despachos.

Jamás comprenderé como la patria y el idioma que se asocia a ella (de forma tramposa, por cierto) esté entre las cosas que importan. Las patria están ahí sobretodo para jodernos, y las lenguas son instrumentos humanos al servicio de la comunicación, pero de ningún modo estamos aquí para servir a una lengua y mucho menos aún a una patria inventada por algún degenerado, posiblemente un psicópata, que se inventó una patria en beneficio propio y para desgracia de los demás.

Una de las cosas que más me jode la vida en Cataluña es que personas sensibles e inteligentes caigan en la trampa de los patriotas y se olviden de las cosas que importan. Porqué en las cosas que importan todos nos parecemos, nos entendemos y nos reconocemos.

10 comentaris:

  1. Creo que el problema es que se mezclan términos, y que los términos no sabemos a ciencia cierta lo que quieren decir, o que los interpretamos mal.
    De entrada, somos libres. No lo digo yo, ya lo decía Kierkegard. Tomamos al día mil decisiones.
    El concepto "libertad" no debe mezclarse con el concepto "ley". Uno es un concepto trascendente, el otro es un concepto legal. Jamás van juntos. Uno no es cuantificable ¿cuánto de libre del 1 al 10?; el otro si lo es: las penas se tasan.

    Uno es libre de expresarse en el idioma que deseé a un taxista. Existen los dos idiomas y los dos son los admitidos y refrendados por el Congres y el Senat catalá con el sello de idiomas oficiales, en el caso de que el taxista no sepa uno de los dos (está dentro de la ley, podemos utilizar el otro...y no seremos menos libres.
    Yo voy al Hospital Clínic y no pone Hospital Clínico, y no por eso me siento "ocupado". Está en uno de los dos idiomas oficiales del país.
    Las recetas médicas me las dan sólo en catalán, y no me siento "ocupado".
    Las facturas del agua, del gas, de la luz y del teléfono me vienen en idioma catalán, y no me siento "ocupado". Es uno de los dos idiomas oficiales.
    Cojo el metro y las estaciones, los andenes y los trayectos están escritos en un sólo idioma, el catalán, y no me siento "ocupado", es uno de los dos idiomas oficiales.

    No suelo ir a la comisaría, la verdad, pero es igual de normal que se expresen en uno de los dos idiomas oficiales.

    Esta semana, LLuis, he tenido un "entrebanc" con una persona a la que le tengo cierto aprecio porque arrastra cierta cultura, y lo he tenido en un bloc ajeno al mío. Me ha tildado de ser "poc acurat i gens objetiu", simplemente porque siempre digo lo mismo, que estoy hasta las narices que defiendan a los de CiU perque "són dels nostres" y es evidente que siempre pienso en el Pujol. ¡Los demás también roban¡, contestan; cierto, cierto, pero eso no hace menos ladrón a los nuestros. Pero no soy objetivo.

    Amic LLUIS. Me cansa todo esto. Me cansa. Todo empezó por dinero, que es lo que lo mueve todo, y quedaremos yermos. Yermos de industria y de cultura.
    Hago mía la frase de un gran metafísico casi desconocido, Gabriel Marcel: " Yo no asisto al espectáculo".
    Un abrazo y salut ¡

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    Respostes
    1. Leí a Gabriel Marcel de jovencito, porqué a mi hermano le obligaron a leerlo y no se como fue que lo leí yo.

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    2. El cansancio (o el hartazgo) es algo común a muchos catalanes. A lo mejor el hartazgo es el nombre de nuestra patria, y no "Cataluña".

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  2. El panorama tiene pocos visos de cambiar,

    Un abrazo.
    Bueno, puede que cambie a peor, a lo dirá el tiempo, aunque ojalá me equivoque.

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  3. Nunca he tenido ningún problema en utilizar tanto el catalán como el español.
    Tengo muy claro que todos los idiomas son las herramientas para la comunicación entre seres humanos. Nada más que eso.

    Salut

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  4. Bueno, me he liado con las teclas y se ha suprimido, cosa que no quería.
    Muchas gracias por tu texto. Comparto en cuerpo (y en alma también) tus dos primeros párrafos. Ni en una futura reencarnación, si la tuviera —espero que no—, sería capaz de expresar eso de esta manera tan sencilla y tan directa. O sea, que como "quién sabe, sabe, y quien no, pa cabo" (como decían mis jefes en la mili), reproduciré este texto tuyo en mi blog, si no te importa (ya lo he hecho otras veces, a veces sin avisar).

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  5. http://luissoravilla.blogspot.com/2019/11/ya-no-cuentan.html

    Un saludo

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  6. A Luis lo conozco personalmente. Decir que tenemos /Francesc Cornado y yo/, una entrada suya en Escritores Rec'onditos.
    Es un tipo muy inteligente. Sus dos tomos de Historia Torcida de la Filosof'ia no tienen desperdicio.
    Un abrazo

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