11 de set. 2017

El silencio y la cobardía

Resultat d'imatges de silencio

Hoy, ahora, cuando escribo estas líneas, hoy, digo, es día 11 de septiembre del año 2017. Des de hoy y hasta después del día 2 de octubre por lo menos, en este blog no voy a expresar ninguna idea política ni ideológica sobre el independentismo catalán, ni sobre nacionalismo de ninguna nación, ni sobre banderas de ninguna clase. Tampoco lo voy a hacer en la página de facebook.

Por fortuna, quienes sentimos cierto espíritu crítico y quienes gustamos del análisis del mundo a nuestro alrededor tenemos muchos asuntos interesantes de los que tratar. Asuntos en los que pensar. En mi caso, literatura, educación, cine, paisajes, ciudadanía, historia. Esos por lo menos. Así que, callarme durante unas semanas en uno de esos asuntos no es, en verdad, nada trágico.

Hoy, antes de ponerme a escribir, he repasado los artículos del blog y descubro que el primer texto referente al nacionalismo catalán lo escribí en 2010. Son siete años ya. Siete años de mostrar mis ideas a quien quiera leerlas, siete años de debate, de pensamiento más o menos elaborado y a veces precipitado. La desesperación o su atisbo, ahora lo leo, siempre ha estado ahí.

Las multitudes con banderas desfilando por las calles dan mucho miedo. Los que desfilan con banderas lo saben. Yo se que ellos saben que me dan miedo. Todos sabemos que jugamos al miedo. Asustar al otro, al otro que es el enemigo. Convertir al otro en un enemigo asustado. Ese es el juego. Eso me asusta y me desespera. Porqué no había pensado jamás en que eso pudiese suceder en el siglo XXI.

Empecé hablando sobre algo que parecía pequeño por entonces, el "soberanismo", una palabra que apenas significaba nada concreto en 2010. El soberanismo parecía algo leve, incipiente. Una extensión del viejo victimismo pujolista. No intuí que eso era el huevo de una serpiente, aunque la serpiente puso el huevo muchos años atrás y nadie se dió cuenta. Lo cuento, para dejarlo bien claro: nunca he ocultado lo que pienso. Nunca me he callado. Y des del principo supe que exponer mis ideas políticas significaba asumir un riesgo. Exponer mis ideas me ha costado, por ejemplo, perder amistades de muchos años. Y eso es una pérdida sin paliativos: una pérdida. Si me hubiese callado, si jamás hubiese escrito nada al respecto del independentismo catalán, hoy no habría perdido esa amistad que para mi era importante. Las amistades no se pueden intercambiar, no se pueden recambiar. Como un brazo o una pierna, cuando alguien pierde, pierde.

Sin embargo, siento que ha llegado el momento de callarse. Por lo menos por un tiempo, del cual no se los plazos, la extensión. Podría ser para siempre o quizás por unas semanas, unos meses. Y lo hago, me callo. Percibo una tensión llevada demasiado lejos a mi alrededor y dudo que me sienta bien con tanta tensión tanto tiempo. Hay una voluntad de llevar el conflicto hasta donde haga falta, una voluntad de crear frentes irreconciliables, de enfrentar a catalanes contra catalanes. Y en ese enfrentamiento todos vamos a salir perdiendo. No habrá vencedores pero si habrá vencidos. Muchos.

Como algunos saben, además de mi labor cotidiana como docente, también escribo y publico. Novelas más que otra cosa. No muchas: a mis 52 años he publicado cinco de ellas, más varios cuentos en revistas, en una edición digital, en algunos compendios. Y luego están los artículos en este blog y en otro, más algunos en una revista virtual. Escribo en catalán y en castellano, ya que ambas lenguas me interesan y las amo, y aspiro a conocerlas y a dominarlas lo mejor que pueda. Para mi, haber nacido en un país bilingüe es de lo mejor que me ha pasado. Poder leer en versión original tanto a March como a Marsé, a Vargas Llosa y a Ruyra, a Zambrano y a Pujols, a Padura y a Pedrolo, a García Márquez como a Verdaguer es una fortuna de dimensiones cósmicas.

Mi posicionamiento público respecto al independentismo me ha situado en una posición paradójica: a la mayoría de los lectores catalanes les disgusta que no sea independentista y lo proclame, y por lo tanto muchos han dejado de leerme. Algunos lectores de los que me leen en castellano lamentan que no publique en catalán, ya que no saben o no quieren leer en catalán. Cualquier persona que escribe pretende, más que nada, ser leída. No se trata tan solo de una cuestión de egolatría: se trata de establecer puentes y comunicación con los demás, de construir. En la génesis del lenguaje humano (aquel lejano balbuceo de hace cientos de miles de años) solo había deseo de comunicar algo. Todavía no existían los idiomas ni las naciones, ni los idiomas nacionales. Como mucho, las tribus. Pero ante todo, existía el yo y el otro. Nada más. Y el deseo de contarle algo al otro.

Por eso ahora toca el silencio. No el silencio absoluto, pero si el silencio que la prudencia recomienda ante el asunto nacionalista. Nadie quiere perder cosas importantes: amigos, personas con quienes hablar. Pero quiero contarlo así, porqué no estoy dispuesto a ser tildado de cobarde sin más. Tras siete años poniendo por escrito mis ideas y mi posición ante el independentismo catalán, no quiero ser acusado de cobarde. Aunque no veo nada malo en la cobardía ni en el miedo, tan humanos y tan comprensibles como sus opuestos. O como el amor, la pena y la tristeza.

A día de hoy siento miedo y desesperación. Y mucha pena, sobretodo. Porqué me doy cuenta de que hay un ánimo muy generalizado de dinamitar puentes. Que todas las partes ansían a dinamita que hunde los puentes (con honrosas excpeciones, es cierto, pero a esas excepciones en donde sobrevive la esperanza del diálogo -milagrosamente- se las vapulea y se las maltrata, y se las acusa de tibieza y de cobardía, cuando no de traición). Todo es tan grave y tan lamentable que he decidido callarme. Creo que Stephan Zweig llegó a una conclusión parecida, poco antes del suicidio.

Al principio de todo ese embrollo alguien me aconsejó callarme. Lo recuerdo muy bien. Por tu propio bien, me dijo. Y yo le respondí que, de callarme, nada. Que no pensaba callarme por un principio moral, porqué creo que la ciudadanía se ejerce, sobretodo, expresando las ideas que uno tiene. Pero ha triunfado lo opuesto a esa idea de la ciudadanía y ahora siento miedo además de pena. Y por fin, muy apenado, descubro que debo callarme por mi propio bien, que es el único bien que posee quien, como yo, no tiene hacienda ni millones en ningún lado y vive de su trabajo y pretende escribir para ser leído. Leído por el máximo número de personas.

Parece una paradoja y lo es: para poder comunicarme debo callarme.

18 comentaris:

  1. Yo entiendo el callar, no como una covardía,sino como algo necesario cuando enfrente tienes a ciegos que no quieren ver ni escuchar, y que les da igual que quién les va a seguir robando, no será Español y será Catalàn, siempre y cuando se celebren las estas elecciones. Jo també he decidit no parlar i a més no donar explicacions ni opinions al respecte.
    Em semble molt bé Lluís la teva decisió. Això és democràcia per a molts.
    Abraçada
    Olga

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    1. Gràcies. Aquestes paraules em van molt bé.

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    2. Se me coló la v por la b en cobardía.

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  2. Nada que decir. Tan siquiera es una estrategia, se trata de supervivencia.
    Ya está todo dicho.
    Salut

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    1. Nuestra primera obligación, en cualquier caso, es sobrevivir. Y si sobrevivimos, nuestra obligación será contarlo. Por ahora solo puedo decir lo que ya dijeron: alea iacta est.

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    1. I si parles alimentes la mala llet dels altres. I potser les repressàlies. Què cal fer?

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  4. És una pena que les veus discordants s'apaguin. Entenc, però, les teves raons per fer-ho. No penso que ningú gosi titllar-te de covard, sempre has parlat molt clar i sempre t'has posicionat. Unes vegades amb subtil ironia, d'altres potser més "esperpèntiques", però sempre diàfanes i personals. Estic en un grup de wsap d'amics de fa 50 anys exactes. Ens vam conèixer al cau. L'amistat s'ha mantingut inalterable malgrat els casaments, els canvis de país d'un d'ells... era igual, sempre trobàvem la manera de comunicar-nos. Durant un temps hi van haver certes tensions, no ho puc negar. 2 trotskistes, un del Psuc, 2 maoístes i un metge(no tenia temps per a res més) eren certament una barreja explosiva. Mai, en 50 anys ens hem deixat. Dissabte, una de les noies va abandonar el grup farta del bombardeig sistemàtic de propaganda independentista. Ho havíem advertit, estem massa crispats, evitem-ho...
    Jo també estic decebuda i molt farta. Sempre havia pensat que estava al costat dels bons. Ara veig que no tinc res a fer, és una discusió estèril, ni ells ni jo canviarem d'opinió. El mal ja està fet. Ens hem declarat la guerra. Molta sort i fins aviat! Salut!

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    1. Moltes gràcies pel teu testimoni, Elena. Crec que és d'això del que es tracta. De donar testimoni. Testimoni del mal que s'està fent a les persones mentre es parla del bé nacional.

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  5. Amic Lluís. Sigo tu blog desde 2010. Me interesé por tus escritos y con Cartisano te propuse tu participación en Escritores Recónditos.
    No suelo comentar demasiado tus textos, pero puedes creer que he sido un fiel seguidor de MIL DeMONIoS. Coincido casi siempre con tus opiniones, estoy convencido que el berenjenal del patriotismo y del anti-patriotismo desgasta el ánimo, creo que las ideologías se convierten a menudo en dogmatismos, sobre todo en este pequeño país de envanecidos que no merecen no un solo minuto de nuestra atención. Me doy cuenta que las opiniones sobre la pachanga política se marchitan en dos días y lo que en un momento nos parecía trascendental, resulta que al cabo de poco tiempo ya ha pasado de moda. Estos políticos se dedican a deteriorar la convivencia. Hacen daño y si se les escucha ya podemos afirmar que hemos bebido aceite. Mal paño en el telar, amigo mío. Es más subversivo, más eficaz y más placentero leer a Flaubert que escuchar la miseria intelectual de las televisiones, escuchar a los políticos es meterseen un corralillo de mentiras. Desgraciados, que no quieren otra cosa que llenarse la faltriquera. Opino amic meu, que el silencio les hace más daño que las rabietas individuales. Si todos nos abstuviéramos se quedarían con un palmo de narices. El silencio produce un ambiente propicio para el estudio y la reflexión, y si todos estudiáramos más y leyéramos más, seguro que ninguno de estos endemoniados charlatanes y mentirosos permanecería ni un minuto más en sus poltronas.
    El independentismo catalán se sustenta en la intolerancia. Es como todos los nacionalismos una perversión que parte del desprecio al otro. Las banderas son trapos para representar una entelequia.
    El pensamiento único es nefasto, y cuando el poder dispone de unos medios de comunicación y enajenación tan potentes como los que dispone nuestro pequeño “govern”, el pensamiento único se difunde a gran velocidad y haciendo mucho daño. El espíritu crítico queda anulado, tanto, que solo sirve como satisfacción personal, que no es poco, pero al poder ni le llega y si acaso lo hace, se ríen incluso diría que nuestras críticas les dan ideas.
    Afortunado tú, amic meu, que tienes la literatura, la educación, cine, paisajes, ciudadanía y la historia, esto convencido que una pequeña parte de alguna de estas materias es inmensamente superior a la memez política que nos acompaña. Lo mejor es el silencio, la amistad como obra de arte, la belleza y el amor, todos mucho más revolucionarios que cualquier panfleto independentista, soberanista o cualquier consigna de uno de estos desobedientes que cobran un pastón a fin de mes y que no saben lo que vale un peine.
    Opinar sobre política tiene sus riesgos y muchos atentan contra nuestra integridad, pero reflexionamos y nos damos cuenta, como tú has comprobado, que se pierden amistades y se hace cada vez más profunda la brecha que nos separa.
    Además, Lluís, hoy nos encontramos que nuestras palabras chocan contra un muro de intolerancia, si no estás a favor de estos fanáticos te crucifican, he visto auténticas barbaridades, amenazas e insultos proferidos por independentistas irracionales que no entienden ni siquiera el lenguaje (ni catalán ni castellano) auténticos energúmenos que se nutren de consignas tramposas. Dices bien, “No habrá vencedores pero si habrá vencidos. Muchos.”
    Te entiendo perfectamente. Los que estamos en las dos listas, te podemos entender perfectamente. Escribo en catalán y todos mis apellidos son de esta Alfaranja (Cataluña) tan asalvajada y con esta carga y con mi convencimiento de que los nacionalismos son una perversión intelectual que produce monstruos, no es extraño que seamos tratados como unos traidores.
    Yo también creo que ahora nos conviene el silencio productivo, la prudencia y la charla reflexiva y pausada con los amigos de verdad. Como tú, repito “Parece una paradoja y lo es: para poder comunicarme debo callarme”.
    Un abrazo
    Francesc Cornadó

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    1. Te agradezco mucho, muchísimo, tus palabras. Amic Francesc, en estos tiempos tan lamentables tu has sido una de las voces que me han traído paz o por lo menos sosiego. El silencio, tu lo has dicho muchas veces, es lo que más nos conviene en esta época. Silencio para pensar. Dejar de escribir y pensar. Y leer, pero para leer textos antiguos, textos sabios.

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    2. Comparto totalmente tus palabras, Lluís, y las de Francesc Cornadó, limpias y lúcidas las de uno y las del otro. Enhorabuena a ambos.

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  6. Totalmente de acuerdo con Francesc Cornadó. Gracias por explicarlo tan bien.

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  7. Alhora que m'entristeix la teva decisió, l'entenc i també la comparteixo. Hi ha massa soroll de fons... Espero de tot cor que d'aquí poc puguem tornar a parlar tots sense por.

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  8. Digo en no pocas ocasiones:

    "Ya quisiera ver yo a los buenos pagadores sin dinero.."

    Y también hablo de los "generales de salón" esos que ganan batallas, con magistrales tácticas, sin saber lo que es un herida, ni haber olido la sangre de una batalla (que decía Julio Cesar)

    Por eso, porque yo no estoy allí, y desde aquí, la visión que pueda tener yo de tu silencio me puede venir distorsionada, te muestro mi respeto, mi comprensión y mi aprecio.

    Yo no se escribir, no tengo estudios, pero siento rabia, una ira visceral, que me sale de las tripas al ver silenciar a alguien. El sentido mas profundo de la palabra libertad esta siendo atropellado en ti y yo estoy aquí y no puedo hacer nada y no me gusta, no me gusta nada..

    Siento impotencia.

    Las sociedades necesitan mentes criticas, les guste o no, sin esas voces discordantes, acertadas o no, no son nada, son un excremento, una cagada, un monótono peloteo al líder del turno, un atraso, un retroceso de la sociedad...

    De verdad, aunque no se cuando nos enfadamos por no se que, te muestro todo mi respeto y te mando un abrazo, y recuerda:

    "Aut inveniam viam aut faciam"






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  10. Este mes hemos llegado al núcleo del "procés", al momento en el que se decidirá su futuro (y, con él, el de la sociedad catalana). Cada día estoy más convencido de que la estrategia Puigdemont es tensionar al máximo todos los ámbitos políticos y sociales para tratar de que el Estado se extralimite: esa es la tensión que tú estás viviendo.

    A mí me molesta tanto como a ti la retórica pseudo-bélica de estos días, los llamamientos a "encararse" con los alcaldes no independentistas, las insinuaciones de que los que cuestionamos el 1-O no somos demócratas, ni catalanes, ni siquiera ciudadanos. Me pregunto si regímenes que ahora consideramos autoritarios empezaron com pequeñas cosas como esas, con este tipo de llamamientos e insinuaciones.

    Pero creo que no hay que dejarse dominar por la rabia ni por el desaliento, porque eso es lo que ellos pretenden. Hay que mantener la cabeza fría y esperar hasta octubre a que comience la nueva etapa, que aún no sabemos como será, pero en la que espero que la estrategia de la tensión no cotice tan a la alza.

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  11. Hola Lluís,

    Menuda suerte la mia. Te acabo de descubrir y anuncias un silencio político indefinido. Sé que escribes más cosas, no sólo sobre política, y seguro que me las acabaré leyendo aunque lo que me ha "llevado" a ti es un enlace a un artículo tuyo compartido por Felix Ovejero.

    Un artículo que comparto totalmente ('Ser català és fatigós') y que me provoca tranquilidad y simpatia a partes iguales. La misma tranquilidad, supongo, que debe sentir un grupo de gente con el mismo problema cuando se sientan en círculo y lo ponen en común.

    Es dificil opinar en público de este tema cuando no compartes el 'stablishment processista', sin que nadie te ponga una etiqueta o directamente te incluya en las filas del "enemigo en común" .

    Muchas gracias por tu valentia y espero seguir leyendote por las redes.

    ;)

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