11 de febr. 2022

El sindicato y el partido (USTEC y ERC)

Hace un par de días, el Consejero regional de educación (de ERC) se presentó ante los medios para presentar un plan de reformas educativas. Lo hizo con un gran aparato ideológico y programático, y entre sus frases estaban las inevitables e imperdibles palabras de nuestros días: espíritu crítico, empoderamiento, igualdad y etc. En resumidas cuentas: el consejero regional expuso como un gran avance lo que en otras regiones de España ya se lleva haciendo des de hace años: adelantar el calendario escolar de septiembre, o aumentar los días de horario lectivo mañanero, de 9 a 13h.

Es propio de los jerifaltes catalanes adornar con bellas palabras o con solemnidades gratuitas unas medidas que son comunes en otras regiones de España, aunque a veces hacen lo mismo con sus fantasías: en las autoridades catalanas todo es críptico y hermético, y siempre muy solemne. Ellos lo llaman patriotismo pero cualquiera pensaría que es delirio o ignorancia supina, o ambas cosas a la vez.. Chi lo sá?

Lo más sorprendente ha sido la rápida respuesta del sindicato gremial USTEC, que ha pedido la dimisión ipso facto del consejero regional con una agresividad inesperada en un sindicato antaño tan dócil con las autoridades autonómicas. ¿Será que la USTEC ha optado por la cosa de Junts y por la devoción al inenarrable Puigdemont?

Algo muy gordo está sucediendo entre las filas del independentismo, y eso se ve en todas partes: la guerra entre los separatistas es algo imparable y que sube de tono cada día. Digan lo que digan los detractores de Pedro Sánchez, ha sido su habilidad la que ha noqueado al independentismo catalán, quien le ha derrotado por un procedimiento tan viejo como el divide y vencerás. Pedro hizo lo que no supieron hacer los zoquetes del Partido Popular, lo que jamás comprenderá un necio como el pobre Casado.

Algo raro ha sucedido en la USTEC, que ahora exige dimisiones entre los consejeros de ERC. Y creo que la USTEC se equivoca cuando se inclina hacia Convergència o sus secuelas: Cataluña no volverá a darles el poder a los convergentes y, por consiguiente, ni tan solo en la muy nacionalista profesión docente se repetirá el independentismo de hace unos años. Incluso la profesión docente se ha hartado de los de Junts, Borràs o Puigdemont. Junts, Borràs o Puigdemont están amortizados y son el pasado. Es incomprensible al actitud del sindicato gremial, que caerá muy mal en las Asociaciones de Familias de Alumnos.

Los portavoces de la USTEC han cometido grandes errores en sus pronunciamientos: se han presentado como unos impresentables gremialistas en su empeño por agradar a Puigdemont y molestar a Aragonès, y lo pagarán en las próximas elecciones a representantes. Las simpatías ideológicas de la USTEC huelen a chamusquina y al malogrado tahúr de Waterloo, el desdichado Puigdemont.

Los problemas de la educación catalana andan lejos del nacionalismo, de Waterloo y de la Plataforma per la llengua: los problemas son de financiación, es decir, de infrafinanciación y de dejadez. No se dejen llevar por las apariencias y los voceros: el asunto de la lengua (de las lenguas, en plural) es una burda cortina de humo, una payasada muy ruidosa para ocultar la tragedia de veras: a la Generalitat de Cataluña, la educación pública más bien le molesta.

Nada de eso cuenta la USTEC. El día en el que haya un gobierno regional interesado en la educación y en la cultura harán falta menos sindicatos y menos pronunciamientos. Les propongo algo: retiren las embajadas catalanas en el extranjero y pongan ese dinerito en nuestros alumnos, colegios e institutos.

Sería mucho más patriótico.

7 de febr. 2022

Fin de poema

"Fin de poema" es el título, quizás poco atrevido, de un libro de Juan Tallón en donde narra los últimos días de cuatro poetas suicidas: Cesare Pavese, Alejandra Pizarnik, Anne Sexton y Gabriel Ferrater. Así, nos paseamos por Turín, Buenos Aires, Boston y Sant Cugat de la mano de alguien tocado por la poesía y la muerte, a quien acude raudo y sin pestañear apenas.

Sobre el libro les diré lo justo: está bellamente escrito, con un lenguaje literario trabajado y trabado, cercano a lo poético per sin lirismos. Su estructura es angustiosamente bella y, a la vez, contiene cosas que no sabía de esos poetas, con lo cual el goce es doble: estético y de aprendizaje. Para las personas susceptibles: se habla de dos hombres y de dos mujeres -paridad- y hay diversidad sexual. Lo tiene todo. Sin embargo, como es preceptivo, jamás fue un número uno de ventas. Ni un dos ni un tres. Ustedes se lo pierden.

Pienso en el asunto del libro a propósito de conocer otro libro similar en su tema: "Saturno", de Eduardo Halfon (13 euricos). Y luego pienso en todos los suicidas que jamás aparecerán en un libro ya que no son poetas ni músicos ni intelectuales de renombre. Hace muchos años supe de alguien que se suicidó en Sant Cugat, como Gabriel Ferrater: una alumna de segundo de la ESO que se echó a las vías del tren, a la salida del pueblo. Se trata de un tramo curvo de la vía férrea en donde el maquinista no puede ver más allá de unos pocos metros, y ese punto ciego ha sido escogido ya por varias personas, ya que es infalible. El buen suicida jamás es original, pero siempre es efectivo. En tiempos de internet y redes sociales, cualquiera puede encontrar un buen catálogo de sugerencias.

En este caso, el que quiere, puede. Luego están los miles que simulan querer, pero que solo quieren llamar la atención, que aún siendo de todas las edades y condiciones, suelen ser jóvenes. Hace poco, estuve hablando con una chica de 18 años recién cumplidos, alumna, que hizo un amago de suicidio. Su mundo es un derrumbe constante, la imagen de un terremoto casi detenido, un abismo que se abre a razón de un milímetro por año, tan lento como seguro, tan obstinadamente eficaz. En los ojos de de esta chica, cuya inteligencia brilla con una oscuridad espeluznante, está el horror de la miseria, la dejadez, el hastío, las calles de los barrios pobres, un eclipse detenido de esperanza.

Dijo un filósofo que la esperanza es nuestra última esclavitud y que, una vez libres de ella, somos libres del todo y por fin. Y aunque esa afirmación sea verdadera, también es letal: se trata de una libertad tenebrosa, cuya eficacia es tan absoluta que consigue librarnos de lo único que tenemos.

Aunque me temo la respuesta de esa joven: si lo único que tengo es miseria, tristeza y abandono ¿debo mantenerme en ella para salvar lo único que tengo?

Les añadiré algo, a propósito de la joven sin ganas de vivir, con ganas de huir: esa joven, nacida en España, es hija de inmigrantes. Y ella ve, escucha: y ve y escucha el discurso que ronda por las calles, por las pantallas, por las radios. Ve y escucha los mensajes de los políticos y de los periodistas, y a veces de los compañeros de clase, e intuye que el monstruo recorre Europa entera, y que se avecina un futuro de más odio, de más patrañas, de más banderas. Esta chica, que habla un inglés envidiable, habla un catalán escaso y hace un mohín, porque intuye que de nada le valdrá el inglés mientras lo catalanes la señalen por pertenecer a un colectivo "poco amigo de lo catalán". Eso ya es otro tema, y voy a dejarlo ahí.

Y mientras lo dejo ahí la veo alejarse, cabizbaja, hacia esa zona de la calle donde las farolas siempre están fundidas y hoy ha ardido un coche. Quizás nunca escribirá libros de poesía como Anne Sexton o Alejandra Pizarnik. Y, sin embargo, estuvo aquí.


6 de febr. 2022

Hay casi tantas Rosalías como nubes en el cielo

Beethoven escribió partituras trascendentes y partituras banales, tristes, alegres, optimistas y pesimistas. Cada uno elige la que más le gusta. Lo mismo podemos decir de Bach, o de Wagner. A Wagner le reinvindicaron los nazis cuando Wagner ya estaba muerto sin pedirle permiso, pero un intérprete judío le versionó en un ensemble, es decir: hay muchos wágneres.

En otro arte: Vargas Llosa tiene novelas para todos los gustos, y todas son buenas. Caravaggio era un tipo muy malo que pintó escenas piadosas y escenas macabras. Los artistas prolíficos tienen eso, son polisémicos.

En el mismo sentido: Rosalía empezó una carrera brillante en el flamenco y luego se fue al flamenco pop, y luego al rap flamencoso o al trap aflamencado, y luego a la cosa de la fama, Malibú y esos lugares de la horterada global. Por fortuna, cada nuevo giro de Rosalía no borra lo hecho anteriormente: la memoria está ahí, y si la memoria nos falla estará en su lugar nuestra memoria periférica, grabadita en Youtube.

Cuando Rosalía publicó "El mal querer" algunos pensamos que la artista iniciaba una revolución en el flamenco con un discurso feminista poderoso y audaz, y que se avecinaban grandes obras en el mismo sentido. Nada más lejos de la realidad.

Me quedaré con mi Rosalía preferida, del mismo modo que de William Faulkner me quedo con "Santuario". De Emmanuel Carrère, me quedo con "El reino" y soslayo "Una novela rusa". De Emmanuel Carrère también soslayo que viva en un chaletazo en la isla de Ré. Y, de Rosalía, hago como que no me he enterado de su trayectoria de ostentación, lujo e insensibilidad, de su caída en la egolatría, que es una caída sin final hacia abajo. Nota mental: buscar el círculo del infierno del Dante en el que permanecerá Rosalía tras su paso por el mundo.

De Rosalía lamento, eso sí, que se haya olvidado de la influencia que es capaz de ejercer en las personas jóvenes que le siguen por las redes, a quienes un abrigo de piel animal, unos zapatos de miles de euros o una mansión de millones de dólares les causarán tanta admiración como dolor. La figura del "influencer" es un terreno demasiado virgen, demasiado inexplorado. Tierra ignota por el momento. Cada vez que Rosalía exhibe su poderío económico siento que algo se rompe en el mundo, a la vez que algo me aleja del mundo.

El mundo no es un lugar bello, pero la belleza existe (aunque sea más difícil de definir que la verdad) y siempre ha habido personas empeñadas en embellecer el mundo.

Solemos creer, los antiguos, que el grande y famoso en el arte será ejemplar en la ética y nos complacerá con sus elecciones sensibles, éticas y progresistas. Solemos creer que el gran artista es un intelectual progresista por necesidad, pero bien puede ser un necio integral: el talento artístico no promete mejoras para la humanidad. Monet era inmensamente rico y Manet inmensamente pobre. De Monet se hacen grandes exhibiciones hoy en día, y a Manet nadie le recuerda, y por eso es pintor de culto entre tipos como yo.

Ahora imagínense ustedes que Manet se hubiese hecho multimillonario y nos hubiese sorprendido con un gusto descomunal por los lujos, el oropel y la horterada, y con una mansión en Palm Beach con dos Ferrari en el garaje. "¡Ya no me gusta Manet!" diría yo, entonces, defraudado por la deriva inmoral del pintor.

4 de febr. 2022

Pregunta de examen

En el examen que he corregido hoy le planteé al alumnado que contara lo que sabe sobre una serie de conceptos sociológicos, pero que lo contara a partir de su experiencia y de sus ideas propias. No es que no crea en el aprendizaje memorístico (de hecho, otras preguntas sí iban por ahí), pero también quiero ver el nivel de reflexión personal y, sobre todo, como redactan algo vivencial.

Pues bien, uno de los conceptos, referidos a la sociedad presente, era  "Paro y precariedad laboral".

He ahí la respuesta de uno de los alumnos más brillantes de todo el grupo, un chico que tiene un amplio bagaje cultural, un buen nivel de lengua escrita, una sensibilidad educada y empática y una fabulosa expresión oral:

(...) No encuentro trabajo en ninguna parte. Estamos estudiando casi sin expectativas de encontrar trabajo en lo que nos gusta. Un título universitario ya no nos garantiza nada (...). En mi grupo de amigos, nadie se plantea tener hijos en el futuro (...).

El hombre que escribe eso tiene algo más de 20 años y proviene de un entorno (social y familiar) pobre, casi de supervivencia. Es decir: se ha cultivado en un escenario poco amable, de suburbio triste. Lo poco que se de su historia me presenta a un tipo resiliente de verdad, por usar el vocablo de moda. Suele llevar entre cero y dos euros en el bolsillo. Es rápido y ágil en sus preguntas al profesor, siempre acertadas y mordientes. A veces veo una mirada cansada, aunque perviva el brillo de la curiosidad y de la duda.

Le vi a la llegada al centro, un día, caminando a lo lejos. Llevaba una gorrita de béisbol sobre la cabeza gacha, cuya sombra no ocultaba un rostro apesadumbrado que contempla, inquieto, la tierra bajo los pies más que los pies pisando la tierra. No es una buena sociedad la que ensombrece a sus mejores hombres en el estallido de la juventud. Quizás haya, en él, la simiente de un futuro luminoso, pero no es luz lo que ve cuando levanta esos ojos negros bajo el mechón mohicano. Esos ojos ven una mancha oscura al final del túnel.

Me entristece su tristeza, y más aún cuando veo la sonrisa de algunos políticos que rellenan sus cuerpos trajeados con patriotismo (España o Cataluña, qué más da), sus aspavientos, su gesticulación, esas indignaciones solemnes de Pablo Casado o de Laura Borràs, personas que jamás conocieron lo que conoce este chico, al que doblan en edad pero dividen por dos en experiencia, elegancia y mesura. Este chico sufrirá para encontrar trabajo, mientras Borrás o Casado jamás supieron el significado de la pobreza, de la dificultad: cuando hablan de resiliencia hablan de algo que conocen tan bien como el tercer principio de la termodinámica porque saben muy poquito de la vida y limitan su pensamiento a la repetición de frases que en realidad son anuncios publicitarios, simulaciones del pensamiento. Personas que juegan a vivir les cuentan la vida a las personas que viven.

Dicen que la profesión de la educación es una bella profesión (quizás no lo dicen tanto en tiempos de virus, confinamientos y Classroom), y quizás es bella porque duele, como todo lo bello.

1 de febr. 2022

Esperpento en los diputados catalanes

Tras su apasionante debate sobre la brujería en el siglo XV (debate que la ciudadanía exigía a gritos), el Parlamento se pone en huelga por unos días. Protestan contra una sentencia, algo tedioso ya en un Parlamento que nos tiene acostumbrados a sus pataletas solemnizadas con grandes palabras, discursos y proclamas. 

Más allá de los motivos que tengan sus señorías y sus señoríos, lo ridículo del asunto es que nadie se dará cuenta de que el parlamento no trabaja, a diferencia de lo que pasa cuando la huelga es de conductores de Renfe, de médicos o de basureros. Saquen sus propias conclusiones acerca de la importancia de cada profesión. Y más allá de sus motivos, también tengo una pregunta que nadie me ha aclarado: ¿les restarán los dineritos por los días de huelga, a sus señorías y señoríos? Lo pregunto con interés, ya que al no ser su sueldo una anécdota, me gustaría saber si acompañarán su protesta con el sacrificio del salario, algo que les honraría un pelín.

Sin embargo, algo me dice que sus señorías y sus señoríos no solo cobrarán íntegramente el sueldo, si no que, posiblemente, también las dietas por los desplazamientos y demás privilegios. Es decir: su trabajo no solo es dulcemente prescindible a los ojos de la ciudadanía, también es intocable su sueldecillo.

La maniobra de los representantes del poble nos deja perplejos y admirados, sobre todo por su astucia y su coraje, por no hablar de una audacia sin freno que lleva más de diez años asombrándonos.

Tras lo ridículo y lo chirigotesco del tipo de protesta escogido por señorías y señoríos hay algo mucho más grave: el Parlamento, que no falta en recordarnos que es el lugar de la soberanía popular, no cesa en infligirle daño a la democracia una vez tras otra. Si la conducta de los representantes no es ejemplar, es la democracia quien pagará las consecuencias: el delirio populista parece no tener fin y, al fin y al cabo, reírse de un Parlamento es reírse de la propia democracia representativa y, en definitiva, de todo el sistema que les da de comer muy bien. 

Cuando alguien elige una forma de protesta debe saber adonde le lleva y como será interpretada.

Lo que ha hecho el Parlamento catalán es darle argumentos a los movimientos que, des de la extrema derecha en especial, esperan cual buitres el instante de abalanzarse sobre el moribundo. Eso es la extraña huelga-pero-no-huelga de sus señorías y sus señoríos, una solemne estupidez, un imprudente regalo a la antidemocracia que asoma por todas partes.

Ante una situación política y económica como la que vivimos, la insensatez del Parlamento adquiere tintes patéticos y roza el cretinismo.

Si en el Congreso de los EUA tuvo que ir un tipo disfrazado de búfalo a intentar dinamitar la democracia, en el catalán las propias señorías son quienes se disfrazan de búfalos y búfalas. Búfalos y búfalas que se quedan en su casa y cobrando, por cierto: cuando se trata de Cataluña hay que buscar buscar el hecho diferencial.