6 des. 2011

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en el veinticinco aniversario de la muerte de Andrei Tarkovski




A finales de enero cruzó el espejo y se fué para el otro lado. Creo que llegó hasta la orilla del mar, se sentó en la playa y sigue allí. Pero en realidad no lo se, sólo lo supongo.

31 de enero de 2011 es la fecha en que murió mi madre. Hija de emigrantes y huérfana de padre a los tres añitos, por la guerra de los fascistas. Desde esa fecha sé más cosas. Aunque sé pocas cosas, sé más cosas de las que sabía hasta el día 31 de enero a las cuatro de la tarde. A partir de las cinco y pico empecé a conocer más. Ahora ya se que la muerte no existe.

Existe la luz. Existe el baile de la verbena de San Juan, en un lejano mes de junio de mil novecientos cincuenta y seis. Existen las carreteras y los relojes, pero la muerte no. Existe mi hermano, que vive arriba de una montaña rodeado de aire, lleno de aire. Existen estos fogones en donde me cocino la cena, y a veces te cocino la cena a ti también. Pero no existen ni el dolor ni la tiniebla. Tengo aquélla fotografía en que Roser toma el sol con una compañera de trabajo en el balcón de los estudios de animación, cerca de la plaza de los Quince, en mitad del Paseo de Maragall. Mil novecientos cincuenta y ocho.


Sí existe la niebla, pero siempre se termina bruscamente en mitad del camino hacia tu casa. Y entonces me abrazas: ese abrazo sí existe, y tu me preguntas: -Te sientes triste todavía? Van a ser unas fechas raras para tí, decías. Y yo metía más honda mi cara en tu pecho. Eso también es de verdad.

Existen las tardes en tu cama. Y a veces en la mía. Existe ese melocotón de fuego que desciende hacia la izquierda de la enredadera, entre las hojas de la vid que plantó tu padre, o igual tu abuelo (pero yo diría que fue tu padre).

Existen las sábanas blancas de tu cama. Y existe la luz grávida, lenta y antigua que se posa en ellas. Siento que es de verdad que nos amamos cuando de repente, en un recodo del camino y sin decir nada, nos abrazamos más fuerte. Es así como el soplo de aire frío que salía del bosque pasa y casi no nos enteramos.

Todo eso existe, pero la muerte no. Sólo hay vida bajo el sol. La muerte no.


Nota: el video que encabeza el post es una réplica, un plagio o un homenaje (cada uno puede elegir su preferencia) de Andy Goldsworthy, un tremedo artista del llamado landart.

10 comentaris:

  1. Existe el instante, tienes razón, y más si es placentero (aunque no tenga razón). Muy bien dibujado el vídeo: el instante se percibe sólo durante un instante. Pero hay que tener la mirada preparada y esperar que la lluvia cale lo justo.

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  2. Eastriver: bueno, de eso se trata, el instante. Aunque no sea placentero, es lo que existe y lo demás se parece a los sueños. Gracias por tener la mirada preparada. En este video hay un premio pequeñito para las miradas atentas.

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  3. Qué buena, Lluís. Colorearía con un rotulador rojo varias frases... "Existe ese melocotón de fuego que desciende hacia la izquierda de la enredadera". Un saludo.

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  4. Juan: pues gracias por el subrayado en rojo. Es un buen color para subrayar.

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  5. Bon vídeo i bon text, subratllat o no. La mort i l'amor com a figures centrals de la vida. Ambdues existeixen o no existeixen?

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  6. Galderich: tot i que podria ser que haguem somiat una bona part de la vida, hi ha evidències que alguna cosa hem viscut de veritat, i que algunes coses sí que existeixen.

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  7. Sempre he pensat que morir un dia solejat es una putada. Com tu dius, amb sol no hi ha mort. Tindriem que morir un dia de tormenta, fosc, gris. Però la mort no sap d'atrezzo, un es mora quan menys s'ho espera o si més no, enmalalteix quan menys s'ho espera.

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  8. Aris: és obvi que el sol i l'esperança de vida no tenen relació, o com a mínim no massa clara. A Suècia l'esperança de vida és superior que a la Barceloneta i el Raval de Barcelona.

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  9. La llum no està només al cel, LLuís. Fet i fet, sovint la del sol és la que menys escalfa.

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  10. Joan: crec que malgrat tot el Sol és el que més escalfa. Però és cert que l'escalfor pot venir d'altres bandes. I sense això tampoc no seríem res, ni tan sols estaríem vius.

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