12 de jul. 2020

Los hombres tristes del Bar Galaxia


El Bar Galaxia está cerca de mi casa, en una plazoleta que es un cuadrilátero raro y sombrío. Como un accidente urbanístico entre callejuelas estrechas se abre el rincón bajo las moreras densas, verde oscuro, cuya sombra rebaja en unos cuantos grados el aire sofocante del mediodía en esta ciudad tristona de provincias.

Jamás le había prestado atención al Bar Galaxia, cuyo nombre parece inapropiado por desmedido. Hubo una Cafetería Galaxia en mi infancia, es un recuerdo de los tiempos de la radio, cuando en las noticias se habló de ese local de Madrid en el que se fraguó una conspiración antigua. La memoria es rara: retiene nombres como "Cafetería Galaxia" y sin embargo olvida momentos bellos. Muchas veces imaginé la Cafetería Galaxia de Madrid, eso también lo recuerdo, aunque de todo aquello hace ya 45 años. Yo llevaba calzones cortos, mocos en la nariz y frío en los pies, camino de la escuela. Imaginé un bar grande como una catedral gótica, lleno de recovecos en tinieblas, en donde hombres siniestros, silentes y susurrantes urdían golpes de estado en la Venecia del XV.

El bar Galaxia de mi barrio es pequeño, humilde. Una epidemia hizo que sacaran sus mesas a esa plazoleta, bajo las moreras de la sombrita fresca. Por eso me fijé en él. A la hora del almuerzo hay familias con niños y abuelos tomándose una tapas y unas cañas en la plaza, pero el interior sigue cobijando a hombres solos que acuden a comer el menú de 12 euros. Son hombre mayores, agazapados en una soledad que les pega a la espalda como un bicho abisal y se enreda en su cuello. Comen despacio, con la mirada que aparenta mirar el televisor pero lo atraviesa y se pierde en una oscuridad eterna. Mastican automáticamente, nutriéndose para mantener en vida un cuerpo que sueña con la nada. No se miran entre ellos: evitan el espejo cruel en los ojos plateados del otro.

Hay una soledad masculina y ruda en esos hombres, hombres con las manos grandes y encallecidas, antiguos obreros de fábricas que cerraron sus puertas décadas atrás, de cuando en esta ciudad había industria. Hay una soledad que solo es masculina; es terca, silenciosa, rígida, huraña. Como un pedazo de hormigón desgajado de un edificio y caído en el suelo, entre escombros y gatos furtivos. Hay una soledad casi centroeuropea en los ojos de esos hombres solos que ocultan su tristeza tras una mampara de sobriedad y ensayan un remedo de dignidad construída con gestos escasos y una forma casi marcial de sentarse ante el plato, en la mesita para uno. Solo pierden algo de compostura en la visita al médico (TAC, biopsia, analítica) o cuando van de putas, una vez al mes.

Quizás hubo una mujer y la perdieron, quizás nunca hubo mujer. Quizás nunca osaron salir del armario, quizás escogieron una soledad de ermitaños disfrazados de ciudadanos, de obreros de una metalurgia que se disipó en la neblina, de soldados retornados de una guerra perdida y vergonzosa, extranjeros para siempre en su país. ¿De cuántos se olvida Dios, ensimismado en su silencio de decenas de siglos? Esos hombres solos comen como quien reza, ante el altar exiguo y de formica blanca, con sus dos platos y flan de postre, el menú del día, el vasito de vino, perdidos en la galaxia, viajando desde la nada hacia la nada, recordando aquellos días del madrugón para fichar en la entrada de la fábrica que ahora se les antojan días brillantes como zapatos de charol.

Aparto la mirada casi asustado, rechazando lo más evidente, lo más limpio: yo soy ellos, ellos son yo, y esa es la certeza que encuentro cuando camino ante el bar. El hombre que sufre en silencio hasta que el silencio doblega al dolor, el verdadero hombre.

Quizás fueron mozos guapos y hubo más de dos chicas que les miraban, quizás les gustaba nadar desnudos en el río, quizás fueron buenos bailadores en aquellas fiestas mayores de los barrios pobres, pero no se preguntan cuando se jodió todo.

20 comentaris:

  1. Maravillosa descripción de un universo cotidiano desconocido pero muy cercano.

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  2. De lo mejor que te he leído.
    ¡Coño¡, ya puedes empezar a describir la tipografía del barrio, y de ahí saldrá algo bueno.
    No soy crítico de nada, no entiendo, pero cuando una cosa está bien parida, es corta, rítmica, descriptiva, razonada y sazonada con ironía, es que no es malo, es bueno, insisto.
    Voy a reenviarlo para que te lo lean por ahí, en las galaxias siderales.
    Un abrazo
    Salut ¡

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    1. me alegro de tu reacción. Este tipo de textos, como te puedes imaginar, no generan muchas lecturas ya que prefieren que escriba sobre el procés. Como ahora llevaba días con buenos índices de visitas al blog lo he aprovechado para colar esto que no habla del procés, a ver si se lo lee alguien. Salud, saludos y gracias.

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    2. No tothom llegim sobre el procés, jo procuro evitar un tema que ja fa fàstic de tan com se n'ha parlat. A vegades jo també escric històries curtes. Però aquesta m'ha agradat. Molt. Felicitats.

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  3. Pues a mí me parece un texto muy bueno y personalmente estoy harto del procés y de la ciénaga de la política que nos rodea. Y cada vez busco más estas cosas, en Internet y en los libros. Especialmente busco más humor y más cuestiones humanas. La política hace tiempo que dejó de interesarme y sin embargo las andanzas de la gente, incluso de un tipo que pica las espuelas contra unos gigantes de piedra y aspas, me parecen mucho más estimulantes. Así que te animo a seguir por mal camino.
    La descripción de la soledad es bastante viva, por cierto. Gracias

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    1. Agradezco de veras estas palabras tuyas. El procés es lo más parecido a una enfermedad, y uno se cansa de estar enfermo. Creo que quizás ha llegado el momento de abandonarlo: algunos de sus fanáticos se están cansando, y si abandono el tema me hago un favor a mi y a Cataluña, y por lo tanto a España. Quienes hemos defendido la democracia y la Constitución debemos olvidarnos de la enfermedad terminal que ha sido el procés.

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    2. Si me permites un consejo, sólo uno, no pienses si haces favores a Cataluña, a España o a la madre que nos parió a cada uno de los que te leemos. En todo caso piensa si lo que escribes te satisface y sobre todo si tus personajes, incluso aunque les hagas padecer una novela de Stephen King, estarían satisfechos de haber sido escritos.
      Los hombres solos del Galaxia muy probablemente no estén contentos con sus vidas, pero si te leen seguramente piensen que eso es exactamente lo que ven mientras miran la tele, y que tu texto es un buen mensaje para enviar en una botella galáctica.
      Gracias por todos tus textos. Danos caña

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    3. Gracias por esas palabras, Javi, lo digo de corazón. Pienso como tu y al revés de Kennedy cuando dijo aquéllo de pensar en uno mismo o en la patria.

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  4. Ostras que bueno....¿pero el bar existe?, he intentado localizarlo pero solo me sale un Galaxia en Tarrasa...Dime algo, venga, no te cortes !!

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    1. Ya está, calle Francisco Oller

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    2. Exacto, ahí está. Pero no esperes nada especial en este lugar: como el Galaxia de la calle Francisco Oller (médico catalán), hay centenares de locales en todas partes.

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    3. Pos ya me he subido un desparrame.... espero no te moleste. https://madbar2.blogspot.com/2020/07/mil-demonis-que-bien-escribes.html

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    4. Voy a leerte ahora mismo. Por cierto: el tal Francisco Oller era cantante de ópera y no médico, como dije.

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  5. En todas partes hay bares Galaxia. Con esa clase de hombres solitarios. Donde sobrecoge lo que imaginas sobre ellos, pues no sabrás más. Pero tu descripción, magnífica, me ha enternecido, creo que es muy aproximada, y aunque no lo fuera valdría lo mismo. Y muy medida. Esta entrada, que rompe la tónica de esas otras parapolíticas que sueles escribir, me ha oxigenado. Pido más.

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    1. Estoy intentado quitarme de la parapolítica. Si consigo pasar un par de meses sin ella superaré la fase del síndrome de abstinencia. Pero como le pasa a cualquier yonqui, no se sabe nunca, las recaídas son muy comunes.

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  6. Puedes escribir de lo que quieras y como quieras ya que tienes voz propia para explicar tu mundo o de alguna manera , la de todos un poco. Chavela decía que la soledad es libertad pero también hay tristeza en eso. Y tú lo explicas con una realidad apabullante. Recaer a veces te fortalece.

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  7. Magnífico relato. Casi se me humedecen los ojos. Yo empiezo a estar en ese mundo. Puta vida. Gracias escritor por describir tan bien lo que es la vida (para muchos). Pero entremos un poco en la política..
    ."Extranjeros en su país"...como el primer libro que se escribió en Cataluña describiendo lo que es el nacionalismo. Yo también soy extranjero en mi tierra, con menos derechos, ciudadano de segunda, y eso entristece más aún mi poco saludable vejez que no cobra ERTE tras décadas de puntual pago de impuestos. Puta vida, puta mala gente, y puto nacionalismo. Los pelos en la lengua desaparecen cuando se acerca la nada.

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  8. Que bonito! Que triste! Temo ser mañana cliente de ese bar.

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