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2 d’abr. 2012

Dios


La idea del Dios estuvo bien. Sirvió para limar un poco la sensación de soledad. El desamparo del hombrecito cuando se quedaba absorto mirando a la nada, al cielo estrellado de la larga noche. Lo malo es que esa idea lleva otra pegada a sus talones, su sombra: la idea del abandono del Dios. Cuando uno ve la sombra todo empieza a tambalearse.

Luego, en una época feliz, supieron resolver el problema: tan sólo había que creer en el hombre. Es decir en sus capacidades, potencias, recursos. En su bondad. Lo malo de esa segunda idea es que se agota pronto. Llega el más necio y te la desmonta. Tan sólo tienes que encontrarte al primer cretino con dinero o con poder para saber que no se puede confiar mucho en el hombre.

Uno podría refugiarse todavía en otra parte: en uno mismo. Creer que su deseo y su voluntad son buenos y transformadores. Pero es complicado. Hoy me he levantado con dolor en una pierna, torpe, dubitativo. Resulta difícil proyectar la fe sobre el propio cuerpo, cuando es algo tan netamente caducible, vago.

De los tres hijos, los dos niños se hicieron curas y la niña, monja. Él no lo comprende bien. Le parece excesivo ese impuesto a Dios. Ella sólo piensa que no tendrá nietos. Que será una viejecita rica y con hacienda, pero sin nietos. Él recuerda como, cuando era un padre joven con hijos chicos, les acostumbró a darle gracias al Dios. Al Dios que les hizo nacer en una casa poderosa, bonita, enorme. Con jardín infinito y con pérgolas, flores, abetos, dos cedros. Era la casa más grande y más bonita de todo el pueblo. Y eso, en el Ampurdán, es mucho.

A veces me pregunto porqué tantas mujeres torturan sus cuerpos con esos tacones. Por la mañana, yendo al trabajo, trastabillean por las aceras, con riesgo evidente de joderse el tobillo. Me pregunto porqué. ¿De veras el macho merece que se le ofrezcan tributos de dolor y sumisión?

También por las mañanas, y también camino del trabajo, hoy me he cruzado con una joven embarazada. Diría que de unos cinco meses. Iba triste, como apesadumbrada por algo indefinible. Eso decía su mirada cansada mientras andaba, sola, con el sol a su espalda. Mantenía la mano izquierda bajo el vientre en donde una futura vida humana lucha por crecer y afianzarse. Pero en su mirada había fatiga.

Deberíamos volver a empezar, pero por las cosas pequeñas. Cositas de verdad. Creer en la luz de la tarde, los caminos que suben a las montañas, la mano que acoge la tuya. Y luego las nubes en primavera, los recuerdos, la melancolía, el café de la mañana.
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Nota: En el fragmento de Andrei Rubliev, Cristo avanza con la cruz a cuestas sobre la tierra helada . El crítico hace notar que bajo sus pies la tierra se muestra como una herida abierta y sangrante (minuto 7:10 del fragmento enlazado).




12 de març 2012

María Esperanza Periferia



Anduve por la calles suaves de Pedralbes. Murmullo de aves, de ramas de grandes árboles silenciosos, como educados por estrictos jardineros ingleses. Acariciados por una brisa que también parece salida de un colegio disciplinoso y severo. Todo es orden: incluso el viento amaina cuando surca las avenidas de chalés. Había un extraño simulacro de armonía celeste. Tras una enorme cristalera brotaron las notas de La somnambula. Pero no había belleza. No había nada.
A esa gente sólo les espera el fuego.
Quién todo lo tiene no espera nada. Sólo teme perder. Y ésos van a perderlo todo.

Pasamos mucha tristeza, y mucho miedo, y mucha vergüenza. Pero nunca me arrepentí y nunca envidié a nadie. Es sólo nuestro destino, nuestra vida, así es como somos. Aunque no hubiéramos tenido desgracias, tampoco nos hubiera ido mejor. Habría sido peor, porque en ese caso no habría habido ninguna felicidad... ni ninguna esperanza. (1)

La huella humana. Alguien, en una pantalla lejana y solitaria, se pregunta qué huella habremos dejado en el universo cuando nos hayamos ido. El autor dejó el texto ahí, en la nada, hace unos cuatro meses. Lo he encontrado al azar. A eso de ver páginas por internet lo llaman navegar, y no sé qué cretino o qué miope le puso el verbo. Eso es simplemente ir a la deriva. El hombre que se preguntaba por la huella de la humanidad luego no ha escrito nada más. Cerraba el texto con estas preguntas: Cuál será nuestro legado a las estrellas. ¿La compasión? ¿La esperanza?

Me preguntan si he sido feliz, si soy feliz. Respondo que no. Que por supuesto que no. No sé de donde sale esa idea de que el sentido de la vida es ser feliz. Lo único que le da sentido a la vida es permitir que dentro de nosotros se libre una batalla entre el bien y el mal. Y esperar que eso nos haga un poco mejores. Poco más tarde, en la misma entrevista, la pregunta es: ¿qué se debería enseñar a los jóvenes? Y la respuesta (luego de meditar unos segundos): A saber estar solos.(2)

Nací en una calle estrecha y ruidosa. Cuando llovía solía haber destrozos. Por las noches se escuchaban gemidos. A veces de placer, otras de dolor. Otras eran los aullidos de la soledad de borrachos y yonquis. Por las ventanas entreabiertas sonaban boleros y pasodobles. Me acuerdo de haber escuchado Suspiros de España, en verano, cuando el calor abría el balcón. Mientras mi abuela vertía un chorrito de Marie Brizard en el cántaro de agua, porqué así quita más la sed. A esa mujer la vida le dió grandes palos. Le propinó golpes enormes. Enloquecedores, diría uno, si eso sucediera hoy. Sin embargo ella aprendió a amar a los borrachines, a los niños sucios y mangantes, a los drogadictos. Y luego aprendió a vivir sola y construyó su soledad.

Esculpir en el tiempo. Aprender a ser mejor. Tener esperanza. Construirla. Eso no sucede en las calles de Pedralbes, vaya tontería haber escrito eso. Mañana, en el colegio, un niño volverá a robarle el desayuno a un compañero de clase. No es maldad ni picardía. Es el hambre. Eso sucede hoy, en Cataluña, a doce de marzo de dos mil doce.

¿Estar solos? Sí, y sabernos mirar al espejo con dignidad y sin envidia ni silicios. Y ser autocríticos aunque benévolos. Y aprender de los errores. Y estar tranquilos. Y saber aburrirnos, que no pasa nada por no hacer nada. Y ser creativos (la abuela lo era, por lo del licor). Y ser compasivos pero sin superioridad y sí, sin embargo, con una sana ironía. A saber mirar el mundo, a habitarlo sin agresiones. 


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1. Transcripción del fragmento del monólogo de la mujer del guía en Stalker, Andrei Tarkovsky, 1979.
2. A partir del documental Andrei Tarkovsky, un poeta en el cine, Donatella Baglivo, 1983.


19 de des. 2011

No puedo escribir (Андрея Рублева, y 2)



Definitivamente: no puedo escribir sobre Andrei Rubliev. Dudo incluso de este nombre: ¿cuál sería la transcripción correcta para Андрея Рублева? Aunque ese es un problema menor, sólo para muy quisquillosos o gente muy culta. Ninguno de los dos casos no es mi caso.

No puedo escribir con tanto ruido de fondo. Mañana (mañana mismo) podrían decirme si sigo en el trabajo, o si ya no tengo que volver, muchas gracias por todo, con la que nos está cayendo debes comprenderlo, y entonces hay que coleccionar los papeles para irse al INEM.

Se trata de lo siguiente: un pintor recibe el encargo de irse a una iglesia a pintar imágenes piadosas que le den esperanzas, paz o quietud a quién allí se adentra, a rezar o a cobijarse. A los que huyen del horror. Durante dos horas muy largas, el pintor no pinta nada. No puede. Apenas un manotazo en la pared recién encalada, con la mano sucia que se estampa en el blanco como un grito oscuro. La furia y el terror están ahí.

¿Cómo se puede escribir sobre ese momento?



El pintor piensa cuál debería ser su trabajo, para quién pinta, porqué pinta. Mientras los demás lloran o son torturados, o vejados, o perseguidos. ¿De verdad puedo escribir en un blog y escribir sobre un director de cine ruso que murió hace años dejando siete cintas de celuloide?

La cinta titulada así (Andrei Rubliev) tiene un prólogo: unos individuos han construido un globo areostático que se levanta, tambaleante e impreciso, pero atañe el cielo. Aunque uno diría que ese globo se dará de bruces contra el suelo en cuanto estés confiado. Y un prólogo: un titubeante y adolescente artesano funde hierro y arranca de la tierra una campana enorme. Ahí enmedio está la historia del pintor. Ahora dejaría caer mi cabeza sobre tu hombro, como ayer, medio desnudo, en el sofá de tu casa -o en la mía. Y de repente te preguntaría:
-¿Porqué no puede dar ni una sola pincelada Andrei Rubliev?


¿Porqué este tiempo de duda y de parálisis es tan bello? No nos queda nada más que eso: ver la belleza allí donde parecía no haber nada. O sólo dolor y gritos y desesperación. No los había. No había nada de eso. Sólo había la increíble belleza constante, como los bajos continuos de Bach. La belleza que nunca cesa, nunca se detiene, nunca se va.


15 de des. 2011

Андрея Рублева (1)




El dolor, la belleza y la mierda

Llevo varios días escribiendo sobe Andrei Rubliev, la cinta que me convirtió: durante ese metraje comprendí que no estaba viendo cine. Estaba sentado en un templo. Asistía a algo que iba más allá. Me estaba pasando algo. Algo que había intuído en mis estados de duermevela adolescente.

Durante esos días he intentado escribir, pero cada dos palabras chocaba contra mi estupidez, mis limitaciones, mi perplejidad, mi incultura. Ver Andrei Rubliev es algo así como lo que les pasó a quienes escucharon La pasión según san Mateo en algún lejano siglo alemán. Lo que les pudo pasar a los devotos burgueses que escuchaban a Wagner en el diecinueve. A los romanos que contemplaron la Capilla sixtina en el quinientos. Es lo mismo pero no es lo mismo.

Porqué a Andrei Tarkovski el mundo le maltrató, y algo de ese maltrato hay aquí. Escondido y a la vez flotando en la pantalla. Hay tanto dolor como belleza. Y esa ecuación permite que yo ya no sea el mismo después de contemplarlo. Nunca más volví a ver el mundo como antes. Pero eso no se puede contar con palabras: nunca más volví a ver el mundo como antes es una frase de mierda que no cuenta nada.

Llevo varios días enfrentado a mis limitaciones pero la puñetera radio repite el nombre de un antiguo deportista de élite (lo llaman así, como queriendo darle un sentido aún más elitista a la élite), un cerdo estúpido y codicioso que llevó la camiseta del Barça.

Ese hijodeputa me distrae de Tarkovski, y eso me molesta mucho. He oído que la directiva del Barça estudiará si elimina su camiseta del museo de las celebridades. Bueno, en ese limbo del estudio debe de esconderse algún asqueroso vínculo, vete a saber cuál es. No será el melifluo Sandro quién nos revele las intimidades pecuniarias que le unen al cerdo.

Hoy, camino del trabajo, en la radio del régimen catalán escucho la abyecta tertulia mortecina de los tertulianos oficiales. El Palau de la Generalitat mantiene su vieja tradición de premiar a los conversos, a los que abrazaron la causa del poder a su debido tiempo. Voces antaño de la izquierda (incluso de la izquierda alternativa) hoy protegen al suegro del cerdo. Tienen miedo. En un país de pequeñoburgueses, vendedores de vetes i fils y empleados de La Caixa, cualquier disturbio es un contratiempo y una amenaza para su chiringuito. Una alteración en el orden superior es una pesadilla, por si mañana las ventas disminuyen. Si la recaudación disminuye, igual el señorito no se podrá ir de putas, o la señora no podrá ser tan generosa en su piadoso donativo a Santa Llúcia. Estoy viviendo en un pseudopaís decepcionantemente mierdoso. Cada día un poco más mierdoso.

Me siento impulsado a cubrirme con la manta hasta la cabeza. Darme la vuelta, pegar mi nariz contra la almohada. Pero si hago eso... ¿cómo narices podría seguir mirando el dvd de Andrei Tarkovski que me regalaste por mi cumpleaños? Prefiero seguir viendo a Rubliev, porqué verlo me lleva a sentir tu mano cuando me diste el pequeño envoltorio envuelto en papel azul cielo, y ese beso lento que vino después.

 


Quiero olvidarme del cerdo, y del suegro del cerdo. Vuelvo a mi lápiz y leo ese decepcionante, pomposo y vulgar párrafo. Vaya mierda escribí. Por culpa de las cosas, del mundo maltratador.

La catedral del cine se llama Andrei Rubliev. Sólo unas pezuñas de caballo cruzando el río ya contienen más verdad, más arte y más arte de verdad que millares de quilómetros de otros celuloides. Lo siento por Einseinstein, por Pasolini, Fellini, Visconti y demás. Las cosas fueron así. No era una cuestión de presupuesto, porqué Andrei filmó Rubliev bajo los rigores del Insituto de Cinematografía soviético. 

12 de des. 2011

Solaris

en el veinticinco aniversario de la muerte de Andrei Tarkovski





Tres instantes del agua

1. Clepsidra, clepsidra, reloj de agua. Le pusieron este nombre bello y musical, y era un reloj que medía el tiempo con un mecanismo de agua. Se usaba por la noche, cuando los relojes de sol morían de tiniebla. Parece ser que es un invento egipcio, de la época de Amenhotep. Eso es hace tres mil quinientos años.

Un reloj de agua que se parece a un reloj de arena. ¿En qué se parecen el agua y la arena? ¿Los dos avanzan en olas por la superficie del planeta? Tu vientre es más bien de agua pero tu piel tiene el color de la arena.

No se si será culpa del cine, pero solemos imaginar un Egipto de arena y dunas, amarillo y polvoriento. Sin embargo era un país de agua. El país era un río, y del agua salían los feroces cocodrilos, pero también el agua anidaba toda la vida. Sus inundaciones garantizaban la cosecha y en torno a ellas se organizaron los ciclos, los ritos. Los faraones difuntos disponían de un navío para después, y hay dioses que son aves zancudas, de la ribera. Los amantes se citaban en la orilla o entre los juncos y la planta del papiro, y allí debían de prometerse amor, y luego se libraban al deseo.

Las grandes piedras viajaban desde las canteras hasta los templos y las pirámides. Enormes masas de roca arenisca o de granito flotaban en el relámpago del sol sobre el agua. La roca se transformaba en escultura de dios navegando el río enorme.

Hace poco tu y yo nos bañamos en unas aguas termales con olor a azufre. Ese azufre fué una roca, y sin embargo nadamos en ella. Y tu vientre dorado flotaba entre los vapores.



2. Me encontré un reloj de agua. Eso me pasó una tarde, cuando iba a visitar una antigua ermita oculta entre la vegetación, más arriba del Santuario de Santa Maria de Talló y en dirección a Santa Magdalena. El sol se desplomaba. Dirías que el Sol chocaría contra la Tierra, que ese momento era el fin.

Yo andaba tan aprisa como podía, para llegar antes que la noche. Pero eso sucedía después de una jornada de trabajo, y mis pasos no eran tan enérgicos como quería. Quizás fue por esa lentitud que me fijé en el pequeño reloj. Delicado, frágil, imposible. A un lado del caminito, silencioso y casi tímido. Recuerdo que me arrodillé ante él con la excusa de sacar una foto.

3. Solaris es una narración sobre el deseo sobre un fondo de agua. Deseos, terrores y agua están estrechamente vinculados en las ideas y las imágenes de Freud y de Jung. El agua profunda es la madre y a la vez el subconsciente, el territorio infinito. En su negrura profunda nos sumergimos en sueños, y por eso despertamos húmedos de las pesadillas pero también de los sueños eróticos. En el orgasmo, nuestro cuerpo busca la licuefacción. Quizás lo que más tememos es aquéllo que más deseamos, y no nos atrevemos: eso dice Freud en el análisis de un cuento de E.T.A. Hoffmann, El hombre de la arena.

Los personajes de Solaris flotan sobre un mar infinito y esférico que está en sus sueños. Pero sospechan que ellos son tan sólo un sueño del mar, un pequeño e imperfecto sueño que ha tomado forma humana. Al fin y al cabo eso no es nada sorprendente: a nosotros también nos soñó el mar original, y algún día volveremos, despiertos pero soñando, hacia su vientre lleno de deseo. La próxima vez que hagamos el amor te voy a proponer la bañera.

Solaris aparece de nuevo en el firmamento cinefílico de la mano de Lars von Trier, aunque esta vez se llama Melancholia.


6 de des. 2011

зеркало

en el veinticinco aniversario de la muerte de Andrei Tarkovski




A finales de enero cruzó el espejo y se fué para el otro lado. Creo que llegó hasta la orilla del mar, se sentó en la playa y sigue allí. Pero en realidad no lo se, sólo lo supongo.

31 de enero de 2011 es la fecha en que murió mi madre. Hija de emigrantes y huérfana de padre a los tres añitos, por la guerra de los fascistas. Desde esa fecha sé más cosas. Aunque sé pocas cosas, sé más cosas de las que sabía hasta el día 31 de enero a las cuatro de la tarde. A partir de las cinco y pico empecé a conocer más. Ahora ya se que la muerte no existe.

Existe la luz. Existe el baile de la verbena de San Juan, en un lejano mes de junio de mil novecientos cincuenta y seis. Existen las carreteras y los relojes, pero la muerte no. Existe mi hermano, que vive arriba de una montaña rodeado de aire, lleno de aire. Existen estos fogones en donde me cocino la cena, y a veces te cocino la cena a ti también. Pero no existen ni el dolor ni la tiniebla. Tengo aquélla fotografía en que Roser toma el sol con una compañera de trabajo en el balcón de los estudios de animación, cerca de la plaza de los Quince, en mitad del Paseo de Maragall. Mil novecientos cincuenta y ocho.


Sí existe la niebla, pero siempre se termina bruscamente en mitad del camino hacia tu casa. Y entonces me abrazas: ese abrazo sí existe, y tu me preguntas: -Te sientes triste todavía? Van a ser unas fechas raras para tí, decías. Y yo metía más honda mi cara en tu pecho. Eso también es de verdad.

Existen las tardes en tu cama. Y a veces en la mía. Existe ese melocotón de fuego que desciende hacia la izquierda de la enredadera, entre las hojas de la vid que plantó tu padre, o igual tu abuelo (pero yo diría que fue tu padre).

Existen las sábanas blancas de tu cama. Y existe la luz grávida, lenta y antigua que se posa en ellas. Siento que es de verdad que nos amamos cuando de repente, en un recodo del camino y sin decir nada, nos abrazamos más fuerte. Es así como el soplo de aire frío que salía del bosque pasa y casi no nos enteramos.

Todo eso existe, pero la muerte no. Sólo hay vida bajo el sol. La muerte no.


Nota: el video que encabeza el post es una réplica, un plagio o un homenaje (cada uno puede elegir su preferencia) de Andy Goldsworthy, un tremedo artista del llamado landart.

1 de des. 2011

Offret

en el veinticinco aniversario de la muerte de Andrei Tarkovski



Amor mío:

Te escribo para contarte banalidades, ya lo se. Aunque a mi me parezcan cosas importantes, sólo son importantes para mi. Desde hace unos días el sol sale por el oeste y se pone en el este.

Las mañanas son noches. Cuando me levanto la luz se oscurece y se va, y siempre llego demasiado fatigado al final del día, cuando debería levantarse una aurora que ya no veo. Toda la jornada transcurre en un deseo nocturno de ti. Durante las horas visito las imágenes de ti. Sueño que estás conmigo, que nos paseamos por la arena blanca. En el principio del sueño, beso tu pie derecho mientras una gaviota se mete en la casa por el balcón abierto de par en par. El pájaro chilla y luego se vuelve al cielo, tu y yo nos reímos. Luego cogemos un tren, tu pierdes tu monedero, yo lo encuentro y te lo devuelvo. Hay luces y oscuridades: deben de ser los túneles. Al fin sólo recuerdo tu sonrisa blanca en tus labios rosas y blandos.

La radio de noche, ya se sabe: cuenta desastres y amenazas, anuncia catástrofes sin fin. Mercados, primas de riesgo, el paro, el consejero de Sanidad, el presidente electo y fascistoide con su zafia sonrisa de niño privilegiado. Apocalipsis en miniatura. La oigo, más no la escucho. Es un remoto eco de voces que al fin termina por parecerse al zumbido de un avión de guerra. Me cubro los oídos con las manos, cierro los ojos, junto las piernas y siento mi sexo pequeño y fláccido, presionado entre los muslos.

Si no fuese porqué deseo tu cuerpo más que nada en el mundo pensaría de mi que estoy aniquilado. Vencido por la iniquidad. Pero está tu cuerpo: tu cuerpo que tiene algo de bruja. Ni bruja buena ni bruja mala: bruja tan sólo.

Hoy he visitado el árbol seco que crece cerca de aquí.

Voy a quemar esta casa por ti, y así llegaré hasta tu cuerpo.

28 de nov. 2011

сталкер

en el veinticinco aniversario de la muerte de Andrei Tarkovski


[primera escena]



Han colaborado y participado en el video E.M.G. (efectos) y A.D.M. (clarinete)

(Atardecer, sendero de tierra junto a un pequeño cauce de agua, posiblemente de riego)

Personaje 1, voz en off
La primera vez fue un lunes, a las siete menos cinco de la tarde. Aunque reverberaba azul y malva, el cielo estaba casi negro. Volvía a casa de buen humor, y andaba pensando en qué me haría para cenar. Justo en este instante, las siete menos cinco, vi el punto de luz que rayaba el cielo ante mi. Un destello vertical, de una verticalidad pasmosa. Un cometa, pensé. Un cometa preciso que apuntaba al centro de la Tierra. Formulé un deseo lo más rápido que pude.

La segunda vez fue el jueves siguiente. Eran las diez menos cinco de la noche, noche cerrada ya. Hacía frío. Yo volvía para casa después de pasar unas horas en otra ciudad, en otra cama. Levanté los ojos de la autovía y allí lo vi. Otra vez enfrente, ese destello amarillento, fugaz, derecho al núcleo del planeta. En vez de buscar un deseo, se me ocurrió pensar en una posible pauta: el lunes a las siete y el miércoles a las diez (siempre a la hora menos cinco). Tres días más tarde, tres horas. ¿Cada día cae una hora más tarde? Si fuese así, el viernes debería de caer a las once menos cinco.

El viernes lo vi des del balcón de mi casa. Salí a las once menos diez. A menos cinco, el bólido cayó ante mis ojos, tan puntual y derecho como las otras veces. La verdad es que aquéllo me dejaba perplejo: me sentía como un científico tenaz y avispado, y además afortunado. Nunca he pensado de mi que tenga alma para las ciencias y los números, siempre he sido dichosamente de letras.

Como es de suponer, el sábado me planté ante el balcón a las doce menos cinco. Y el cometa cayó, silencioso, pulcro, perfecto. Empecé a cuestionarme el fenómeno. Tanta exactitud no me encajaba con las cosas de la naturaleza, que suelen ser caprichosas y de cálculo esquivo. O bien responden a ecuaciones endiabladas o bien se esconden en el denso azar del cosmos. Y luego: ¿de dónde viene? ¿Dónde cae? ¿Porqué la prensa no lo reporta?

Las exactitudes y certezas se evaporaron poco después. El domingo me desperté enmedio de una pesadilla, salí a fumar cuando serían las tres y media de la madrugada. Levanté los ojos y cayó el cometa. Luego lo he visto en horas y días que ya escapan a todo orden, a toda pauta. Entonces formulo una frase que luego me aterra: el cometa cae cada vez que miro al cielo.

Me doy cuenta de que ha sido así des del primer día. No tengo que hacer nada más que salir al balcón o levantar la vista mientras vuelvo a casa, en el coche. O cuando voy a comprar al supermercado, una vez anochecido. Levanto los ojos con un secreto temor y un deseo oscuro. No sé muy bien si quiero verlo de nuevo o me aterra. Pero siempre está allí, como agazapado entre las estrellas y listo para precipitarse al suelo cuando la mirada se levanta.

Des de hace un par de días me duele la cabeza de una forma desconocida para mi hasta ahora. No he ido al médico porqué vete a saber qué me diría. Además, algunos electrodomésticos de la casa han empezado a comportarse de forma inusual, y hay objetos que se desplazan solos. Eso ya no se lo contaría al doctorni loco. Intuyo que me quieren decir algo. La cocina se ha encendido sola ante mi, cuando iba a prepararme la cena. Los vasos se me acercan cuando tengo sed. Los zapatos salen del armario y se posan al pie de la cama. El grifo se abre cuando por la mañana me acerco a lavarme. Estoy asustado pero a la vez creo que empiezo a comprender algo.

No estoy asustado por esas cosas, aunque me duela la cabeza. No puedo asustarme, porqué todo eso son actos de amor, de un amor inesperado y enorme que habita el universo y lo llena hasta desbordarlo, hasta romper los diques de mi comprensión.

Personaje 2 (primer plano)
-Soy corto de vista y eso de las contemplaciones celestiales no ha sido nunca mi fuerte. Envidio a Girbén y los amigos astrónomos porqué debe ser una maravilla... Ni tampoco se ha movido nada en casa (que previamente no estuviera en un estado de precario equilibrio), ni ningún mormón nunca se ha acercado a decirme sicreo en Dios... Enfin, una vida anodina ...

Personaje 3 (plano medio)
-Miro al cielo y si veo objetos brillantes que me parecen sorprendentes, les atribuyo propiedades mágicas. ¿Y qué importa si es o no es verdad? ¿No queremos, al fin y al cabo, que se cumplan nuestros deseos?

Personaje 4 (El médico) (primer plano):
-Tiene usted un tumor. En el cerebro. Le quedan dos meses de vida. Tres como máximo.

Personaje 2 (se mantiene el plano mientras el personaje, de espaldas, se aleja del resto de personajes, sorprendido, hablando en voz baja)
-Definitivamente, soy corto de vista. Y que dure. Los que miran más allá de donde la vista percibe las cosas con claridad, se enciegan: las luces muy brillantes son como la decoración navideña; superflua y engañosa. Los que miran más acá no perciben que lo que sus ojos ven, lo ven los otros ojos. Creer lo contrario produce la ceguera de quien no ve más allà de sus ojos. Sí, me quedo con esa visión borrosa de corto de vista que, como el entendimiento, a veces enfoca lo justo para percibir alguna certeza. Y ahora que caigo, tengo que ir al oculista (que debe ser como el librero que te aconseja una buena lectura) para que me gradue las gafas.

5 de nov. 2011

Y mi papá también



A Juan Cruz y su blog-faro

Pasé muchos años de mi vida leyendo. Era la época en la que me crecían pelos en las piernas y en los testículos, que es una época difícil de la vida.

Iba a escribir perdí muchos años, pero sería deshonesto. De Salgari a Verne, aunque también Chrétien de Troyes y Lovecraft y Poe y Lord Dunsany. Luego pasé años leyendo y escribiendo a la par. Como escribe Juan, también escribía poemas como quien planta zanahorias.

Y luego -o sea, ahora- leyendo más bien poco, escribiendo un poquito y trabajando mucho. Y filmando con esa cámara de video de 150 euros en el Megamiró. En el último video grabado me veo a mi y a la vez veo a mi padre. Mi padre, sobre quién he escrito tan poco. Veo alguno de sus gestos, su calva (aunque el perímetro de la mía le gana, porqué a esa edad él aún se peinaba por las mañanas antes de llevarme al colegio).

Luego me veo en el video como Andrei T.

Tarkovski es el padre que quisiera haber tenido en el universo paralelo en donde uno escoge a su padre. Ya me dirás qué universo debe de ser ese. Andrei Tarkovski conservó su cabellera a salvo de los indios malvados hasta el día de su muerte. O igual no, porqué Andrei falleció a causa de un cáncer vertiginoso y vete a saber qué tratamientos le aplicaron los aplicados científicos que curan los cánceres. Sea como fuere, su última foto en vida le muestra con una buena mata de pelo en la cabeza. Igual es que Andrei era un tipo presumido.

Sé que soy el hijo de mi padre, pero a la vez tuve otros padres sin que mi madre se enterase mucho, o igual muy tarde. Una suerte de polvo angelical participó en mi. Apenas sin gemidos ni orgasmos (si es que jamás hubo algo de eso). Sea como sea, otros estuvieron allí.

Supe de Andrei una tarde a finales de los noventa. Le descubrí en un cine del barrio de Gracia. Esos nombres como Gracia a fuerza de repetirlos pierden su significado. Pero Gracia significa gracia, y eso debe significar algo todavía. Andrei estaba allí. Había dirigido Nostalgia y también Sacrificio y Andrei Rubliev. Entre otras. El espejo lo descrubrí un poco más tarde, en la Filmoteca.

En este video repito gestos de ambos. Del padre de la partida de nacimiento y del otro, y de otros. Aunque todos esos gestos los repito como en una torpe imitación.


23 de març 2011

Ceci n'est pas Tarkovski



L'Andrei Tarkovski va construir el poema visual més extens i més angoixant de la seva obra i li va demanar a l'Edward Artemiev que li posés música. La pel·lícula es va titular Stalker, que després també ha estat coneguda per La zona. Parteix d'un text escrit per dos germans populars de la ciència-ficció soviètica: Arkadi i Borís Strugatski, el títol del qual és Pícnic a la vora del camí.

La pel·lícula és una fita i un referent del cinema. Produccions literàries, del cinema i de la plàstica s'hi refereixen constantment. El film és tan hipnòtic i polissèmic que permet infinites interpretacions: una metàfora de l'estat soviètic o del totalitarisme? Un somni estrictament pur? Una teoria metafísica?

No ho sé. La zona és la no-zona. Un espai prohibit o impossible, dominat per lleis d'una naturalesa alterada o desconeguda. Fora del temps, sotmès a normes incomprensibles. Porta que dóna a l'altra dimensió, lloc i no-lloc alhora, utopia invertida, paradís d'una sintaxi nova. Hospital, purgatori, sala de vetlles.

Artemiev construeix una banda sonora poderosa i lissèrgica que accentua l'onirisme, el vol lliure d'unes imatges que es claven al subconscient.

Fa vint anys que la vaig veure per primer cop, i crec que Stalker indica un creuament, un punt neuràlgic. Hi ha un abans i un després de la visió. Sóc incapaç de pensar en el cinema sense pensar en Stalker.

Avui, tancat al pis que estem buidant, se m'ha acudit fer-ne una rèplica perquè això també és la zona, és un lloc i ja no és un lloc. També hi ha portes obertes a d'altres temps, a d'altres indrets. S'han obert portes incertes al fons d'un calaix que duia anys tancat.

(Molt de fons, se sent Artemiev. A Tarkovski no se'l veu, i per això l'enllaço al capdavall de les lletres).

Lamento haver-ho fet, i demano disculpes a Tarkovski i Artemiev, perquè aquest experiment meu és estèril. Tancat encara unes hores en el pis que cal buidar, totes les metafísiques són escasses. Tots els intents de captar aquest moment de la vida es queden curts, semblen ridículs. Això també és un territori amb la gramàtica alterada que demana silencis.

14 de jul. 2010

La passió segons sant Andrei Tarkovski


http://img.listal.com/image/473538/600full-andrei-rublev-poster.jpg


Malgrat haver deixat ja alguns apunts sobre Andrei Tarkovski, sento que hi faltava Andrei Rubliev, pel·lícula central de l'obra i en certa mesura la tesi fonamental del director rus.

Andrei Rubliev explica episodis de la vida d'un pintor d'icones històric i documentat (i extraordinari), que no obstant Tarkovski usa com a pretext per a situar el paper de l'artista en el món. En un món convuls i caòtic, on hi regna la guerra i la misèria, la por, el desconcert. Afortunadament, Andrei Rubliev admet moltes lectures, i fins i tot es pot veure sense so i sense diàlegs, gaudint tan sols de la bellesa espectral de les seves imatges (ho he provat, i funciona). El to programàtic i filosòfic no devora la plasticitat i la bellesa de les imatges, ni crea aquell efecte Godard que fatiga l'espectador per l'excés d'intel·lectualisme.

Suposo que Tarkovski va voler fer una peça de cinema total, tal com volia fer Wagner amb l'òpera (em quedo mil vegades amb l'opció Tarkovski) i diria que ho va aconseguir. No tan sols perquè el cinema descavalca l'òpera, sinó perquè Andrei és un esperit superior a Richard. Potser aquesta ambició absoluta el du a crear un film extraodinàriament complet, ple de conceptes estètics que li encaixen com només algú molt potent i molt inspirat podria aconseguir (i molt genial?).



Perquè malgrat la complexitat, Andrei Rubliev és fluïd i senzill, equilibrat. És un poema d'amor a l'art que llisca com l'aigua. Interiors i exteriors, diàlegs i silencis, blanc i negre, figures sobre paisatge i paisatge esquitxat de figures, masses humanes, solitud, creació i destrucció, fe i desesperació, violència i quietud.




Si en acabat de veure-la penses una mica què ha dit Tarkovski sobre el paper de l'art i sobre l'acte creatiu, t'adones que tan sols ha obert tots els interrogants possibles, els que la història de l'art ha anat recollint. Alhora, cal adonar-se que hem vist el pintor Andrei Rubliev durant gairebé tres hores, en les quals no ha pintat absolutament res (o un no-res que sembla un Tàpies): tot allò important de la creació és anterior, i l'obra resulta prescindible. En aquesta elecció, Tarkovski fins i tot s'avança als creadors més contemporanis i ja planteja que allò interessant d'una obra no és ni tan sols el procés, sinó el buit que hi ha abans, l'experiència d'aquest no-res. Rubliev viu aquesta experiència amb desconcert, i la brutalitat al seu voltant el bloqueja. Com es pot pensar que l'artista viu al marge del món?

Infinits creadors s'han emparat en la no-creació com Bartlebys, i de vegades m'avergonyeixo de no ser en aquest grup, perquè malgrat la invisibilitat dels blogs, segurament voldria haver estat encara més invisible. Igual com voldria -segurament- no haver publicat mai res. Sento que l'experiència creativa és efectivament en tot allò anterior, en allò que no apareix. Allò que recordo i allò que té valor real és precisament tota aquella experiència en el buit. Abans de.

Les llibretes dels apunts, les hores de pensar tot mirant l'horitzó o el mar. Els textos perduts, les llibretes abandonades, les idees evaporades mentre tornava a casa pensant que les escriuria. Allà hi havia la millor possibilitat mai imaginada. Tot allò que es concreta és dèbil, és un avorriment, una tautologia.

Pasolini arriba a una conclusió molt semblant a Il Decameron, on el propi director interpreta un atònit Giotto que en desvetllar-se del son, mormola: per què fer una obra quan és tant bell només somniar-la?. (La traducció és meva, a partir de les meves orelles: Perché realizzare una opera cuando è cosi bello sognarlo sultanto?). I a continuació apareix el Fine a la pantalla, sobre un fons blanc i llis. (Atenció a la seqüència de Pasolini, que sap recollir els colors de la pintura gòtica):


No és exactament aquesta la conclusió de Rubliev, sinó que escurça encara més la pregunta: per què realitzar una obra?

Però no obstant, Tarkovski filma els plans i les seqüències més impressionants de la seva carrera, en un estat de gràcia i d'inspiració que resulten sobrehumanes. En cada detall hi ha la lluentor del geni. Fins i tot quan filma les potes d'un cavall creuant un riu, sembla que filmi les potes d'un cavall creuant un riu més definitives de la història del cinema. Deu ser per això que Andrei Rubliev és coneguda entre els seus admiradors com La passió segons sant Andrei Tarkovski. Per la perfecció del film, i alhora perquè Tarkovski, home profundament catòlic (de la poc comuna branca mística) entén el procés de creació com una passió cristiana: un llarg camí de dolor, purificació i ascens.

Andrei Rubliev té un pròleg i un epíleg que acaben de delimitar els termes conceptuals: a l'inici, l'enlairament caòtic d'un globus amb aire calent (possiblement per fugir de l'horror). Al final, la complicada i expressionista elaboració d'una campana, duta a terme per un joveníssim mestre artesà. Tant l'enginyer que ha planificat el globus com el mestre campaner són artistes? És necessària la seva funció? Perquè escull la campana i l globus, dos objectes suspesos a l'aire?



13 de jul. 2010

Qualsevol pot ser Andrei Tarkovski

Les TIC (tecnologies de la informació i la comunicació) han posat a l'abast del públic la possibilitat real d'esdevenir un creador de ciència, imatge, art i opinió. Amb ben escassos coneixements hom pot ser una eina influent, un indicador de tendències.

Jo sempre he somniat en ser com Andrei Tarkovski. Després de mirar les seves pelis on-line i d'analitzar-les molt bé, crec que sé com igualar-lo.



Vegi's, sinó, aqui, una primera aproximació al mestre. No sé dir si a la Rússia comunista es feia bon cinema o no, però en tot cas, perquè George Clooney va comprar el drets de Solaris per a fer-ne un remake on tan sols en podem remarcar el vestuari?
Jo he provat d'emular el mestre. Caldria tenir molt bon ull per a distingir-nos. Tan sols he de dir que vaig errar la temperatura de l'aigua en gravar, i que la veritat: m'estava cremant. Si no hagués estat per aquest inconvenient menut, el monòleg era més llarg i guanyava molt, de veritat.