25 de nov. 2020

El asesino catalanohablante no existe




Chafardero lo soy, pero chafardeo muy poco en esa red social llamada Tuiter: me da pereza, me cuesta escribir pocas líneas. Suelo escribir a chorro. Luego, aunque sintetizar sea un excelente ejercicio, me resulta un tormento. Así que, como otras veces, llegué tarde al tuit de un patriota catalán a quien no se le ocurrió otra forma de conmemorar el día contra la violencia machista que con una aportación que rezaba lo siguiente: ¿Alguien es capaz de citar a cinco maltratadores de mujeres que sean catalanohablantes?

¿Cómo responder, en cuatro líneas, a eso? Me resulta imposible. Así que me he propuesto mencionar, brevemente, las reflexiones que se aparecen en mi cabecita:

1- Al autor del comentario le importan un bledo las mujeres maltratadas, las asesinadas y las violadas. Él, a lo suyo. Y lo suyo es la lengua vernácula. Si Jack The Ripper hablaba inglés con acento de Manchester, no era escocés y eso debe ser lo importante en Edimburgo. Digo yo.

2- En mi pueblo, uno de los últimos asesinatos de una mujer a manos de su pareja lo perpetró un hombre que no solo era catalanohablante si no también miembro de la ANC. En su balconcito había una pancarta de dicha organización independentista. El siguiente era Mosso de Escuadra, aunque desconocemos su lengua vehicular. Jamás dije ni escribí: "los independentistas matan a sus parejas", o "los Mossos matan a sus mujeres". No se me ocurriría escribir una barbaridad semejante.

3- En una población bilingüe (o trilingüe o cuatrilingüe, o simplemente multilingüe) ¿es oportuno, adecuado y relevante mencionar la lengua del agresor? ¿Alguien piensa que se puede relacionar la lengua materna con la práctica de la violencia? ¿No se han dado cuenta de que hay infinidad de estudios que demuestran la apabullante transversalidad de clase, de cultura y de edad que muestran los agresores y la víctimas?

4- Jordi Amat, tras publicar hace unos pocos años La conjura de los irresponsables sobre el intento de golpe de estado de los independistas catalanes, publica El hijo del chófer. En él se cuenta la historia, rocambolesca, trágica y muy lamentable de Alfons Quintà, exdirector de Tv3, un hombre que mató a su mujer en 2016. ¿En qué lengua creen ustedes que se expresaba un directivo de Tv3 nombrado por Pujol?

4- Y llego, por fin, a lo de siempre: las barbaridades como las que expresa ese tuit tan desafortunado solo se dan cuando existe un entorno que las promueve, las facilita o las jalea. Y ese entorno se ha creado des de las instancias del poder autonómico regional y des de los medios propios, subvencionados o afines al poder regional. No se puede llegar a ninguna otra conclusión. Eso, señores y señoras, es un delito muy grave. A mi no se me ocurriría responderle al tuitero, no merece la pena. Es un pobre ser engañado. Llámenle abducido, o trepanado por el trepanador nacionalista. El delito no está en el tuitero: está en el gobierno regional y en Tv3. Bueno, y en Cataluña Radio y etcétera.

A todo eso, uno solo es capaz de sentir una pena muy grande. Por las víctimas muertas en primer lugar. Y luego por todos nosotros. El tipo que escribió sobre la lengua del maltratador no tiene porque ser una mala persona. Quizás sea un buen padre de familia. Parecía tan normal, el chico. Es una víctima, pero aunque de otro orden. Y no lo sabe ni quiere saberlo. Es un cómplice, también. Y un ignorante deliberado. Hay una reivindicación muy insistente de la ignorancia entre la ciudadanía independentista. Eso me preocupa mucho.

19 de nov. 2020

Te mato porque eres mía

Al principio del desastre, en marzo o quizás en abril, el Presidente de la Generalitat --hoy áureamente retirado-- afirmó que, de haber sido independiente Cataluña, no hubiese tenido muertos por la Covid. Marta Rovira, des de su retiro suizo, dijo casi lo mismo: la independencia nos hubiese dejado al margen de la epidemia. Hay un oscuro deseo de vivir en una Cataluña ajena a la historia en todo eso. La consejera de Salud, la regional Alba Vergés, añadió que el virus catalán era distinto del virus del resto del mundo. El señor Junqueras, oráculo ensombrecido (valga la ironía), culminó la lista de ensoñaciones con una frase magistral: la Generalitat gestionará mejor los efectos de la pandemia que el resto de España.

La realidad, a día de hoy, desmiente al señor Junqueras. A los demás creo que la realidad no les afecta, o muy poco. Ha sucedido lo que muchos nos temíamos: a la hora de la verdad, el gobierno regional ha mostrado ser un zoquete enorme, monstruosamente zoquete. (Su inutilidad es tan apabullante que nos permite repensar el asunto autonómico: ¿hasta dónde debe llegar la descentralización?).

Les fue fácil hacer campañas y declaraciones solemnes, levantar banderas, colgar pancartas, inundar de lacitos las calles y las solapas de sus crédulos creyentes, pronunciar grandes frases, entonar cánticos a la patria, a la heroica patria, sollozar por el mundo --con carísimas plañideras funcionarias del llanto-- sobre el maltrato atávico, comprar urnas en la China, llenarlas de sus votos más falsos que un duro de madera, proclamar un república (de ocho segundos de vida), declararse presos políticos o exiliados.

Pero a la hora de la verdad resultó que gobernar y gestionar... no era lo suyo. ¡Ay Dios! Cuando a los nacionalistas les toca gobernar a su nación, la hunden en la miseria. Por tanto quererla, la hunden.

La realidad les dio una colleja muy sonora, con la mano abierta, un revés en forma de bofetada. Hacer campañas no es lo mismo que administrar. Declararse muy bueno, muy patriota y muy listo no es lo mismo que preocuparse por el bien de ese pueblo al que dicen, dicen, dicen amar tanto. O quizás solo aman el mapa del paisito, claro. Quizás solo aman a las piedras, a esas piedras que deben hablar catalán desde los tiempos de los australopitecos.

Gestionar, ay, Señor mío, gestionar es otra cosa. Abandonaron a la sanidad pública, ya en tiempos del profeta Mas. No la han rescatado. Abandonaron la escuela pública: ahora anuncian, otra vez, la llegada inminente de ordenadores portátiles y conectividad, una inminencia que lleva unos seis meses siendo inminente. El Consejero de Trabajo y Familias se pierde en su laberinto de torpezas, el de empresas, cabezón que es él, promete un dinero del que no dispone. Y todos ellos crean más incertidumbre, más pavor, más dolor. Al pueblo que dicen amar tanto, más que nadie.

Tanto aman a su pueblo que le quieren dolido, jodido, postrado. Hace un tiempo pensé que la estupidez del gobierno era una más de sus tácticas ladinas: crear mucho malestar para, luego, acusar de ello al gobierno de España. O a España en general. Es la táctica del hombrecito en Waterloo: cuánto peor para los demás mejor para mi, se repite cada noche, tras sus avemarías al pie del humilde y exiguo catre en su choza belga.

Pero luego me di cuenta de que no hay táctica alguna en su ineptitud mitológica: son incapaces de gestionar un región. Una región que se empequeñece a ojos vista. Pero claro, ¡la aman tanto...!

Aunque patria descienda de pater, según la etimología, es palabra femenina. Y ellos son hombres. Y los hombres, en cataluña, tienen el derecho a maltratar a la patria. A condición de amarla mucho. De amarla tanto que le pegan, la insultan la explotan y la oprimen. Solo quien mucho ama a una patria puede destruirla. A Junqueras, Puigdemont, Torra, Rovira, Aragonès y El Homrani solo les faltó decir eso: Cataluña, te mato porque eres mía. No dejaré que te mate un virus extranjero, te mataré yo mismo. Antes muerta que de otro.


15 de nov. 2020

Libro de Autoayuda para catalanes no independentistas

Los catalanes independentistas se pueden autoayudar cada día --en el sentido onanístico--, con Tv3, con Catalunya Ràdio, con El Punt/Avui o con el Ara. Por no nombrar la muy onanística Vilaweb, que es pura pornografía nacionalista. Y disponen de más medios para autocomplacerse: las ruedas de prensa del gobiernito regional, sobretodo, amén de otros medios subvencionados y de muchos compatriotas afines a la causa. A la Causa.

Pero ¿cómo diablos nos autoayudamos los catalanes unionistas, botiflers, constitucionalistas o simplemente no nacionalistas?

Lo tenemos entre mal y muy mal. Incluso la Cadena Ser (su franquicia catalana), se ha permitido decir, el día 12 de noviembre de 2020, que el partido Ciudadanos es alérgico a la inmersión lingüística. ¿No bastaba con decir que el partido es contrario a la inmersión en catalán? ¿Dirán algún día que el consejero Bargalló es alérgico al castellano de Cervantes, de García Márquez y de Vargas Llosa?

Bueno, el asunto es que los catalanes no nacionalistas nos ayudamos entre nosotros y como buenamente podemos, sin presupuesto a cargo de ninguna consejería, ministerio ni comisión europea: leemos a Ramón de España en Crónica Global, a Albert Soler en el Diari de Girona. Nos conformamos con un comentario caído al azar en TVE, con una frase recóndita de Inés Arrimadas, con un artículo medio oculto de uno del PSOE que tiene un blog de consumo propio, con un tuit perdido en una miríada de tuits, una entrada subrebtícia en facebook, con una columna de aquí y otra de allá, columnas dispersas en una galaxia lejana.

Los catalanes no nacionalistas nos conformamos con poco y nos reconfortamos con menos. Aplaudimos la serie Patria. Y nos hablamos entre nosotros, casi siempre a media voz. Nos mandamos mensajes de solidaridad y de ánimo, generalmente en privado. Soñamos con encuentros presenciales, algún día, cuando nos permitan entrar en los bares o salir de nuestro pueblecito. Planeamos encuentros, reuniones, paellas en restaurantes libres de banderas estrelladas. Aunque sean dos cervezas y una tapa en una terracita sin fotos de Cuixart. Algunos haylos, y me consta, que han encontrado grandes amistades e incluso ligues. Si yo fuese Milan Kundera escribiría una versión de La insoportable levedad del ser situada en esa Cataluña protofascista en la que dos disidentes se conocen en medio de un mundo aborrecible de banderas con una impertérrita e inocentona estrellita blanca, blanca con el blanco de las cosas que simulan ser limpias e inocentes para ocultar su negrura y su fealdad.

¡Cuántas veces me habré metido en conversaciones virtuales que planean encuentros de autoayuda entre catalanes no nacionalistas! Algunos independentistas se sorprenderían si supieran quienes se suman a esos sueños. Del mismo modo que hay adictos inconfesos que desean curarse, también hay equidistantes y gente así que desea encontrarse con sus más verdaderos similares. En los clubes de autoayuda hay sitio para todos y no se expulsa a nadie. Si usted cree que la independencia es mala cosa pero que un referéndum sería bueno, tiene lugar en este club ficticio: incluso eso lo podemos tolerar para debatirlo con calma, aún cuando yo pienso que un referéndum de esa clase no es democrático.

Algo muy grave está detrás de todo eso, de esa penosa situación: los catalanes no independentistas nos movemos en la oscuridad de las catacumbas mediáticas. Damos por hecho cierto que perderemos las próximas elecciones, ya sea por la terquedad ciega de los votantes nacionalistas o por la maldita ley electoral. Nos resignamos a las catacumbas. Damos a Cataluña por perdida. ¡Qué penosa es la autocompasión!

Alguien me dice que los cristianos empezaron en las catacumbas y echados a la arena, con los leones de Roma. Pero que luego, mira por dónde, ahora dominan medio mundo. Es fácil y agradecido pensar así. Por eso nos autoayudamos, ya que las verdaderas ayudas (las ayudas con euros) van para la autoayuda nacio/necionalista: millones de euros para El Nacional, para Vilaweb, para el Ara, para El Punt/Avui. Millones y más millones para Tv3 y Cat.radio, para RAC1 y sus etcéteras.

Nos autoayudamos sin dinero y con promesas vanas, ensueños, . Quizás los desheredados de Cataluña heredaremos la tierra catalana, quizás, vete a saber, quizás será así algún día. Sería mucho peor sin Facebook, sin whatsapp y sin llamadas, como lo tuvieron que hacer nuestros padres. 

Los catalanes no independentistas empezamos a tener aspecto de resistentes míticos, mitológicos. Y a mi no me gusta este aspecto. Yo solo quería vivir, sin más adverbios. Sin patrias, sin anti-patrias. Vivir más o menos protegido por una constitución más o menos democrática, y solo sufrir por la miseria, las injusticias sociales y cosas así. Sin patrias, sobretodo sin patrias.

12 de nov. 2020

Todos contra España

En 1997, Arcadi Espada publicó el que es, para mi, uno de los mejores libros para comprender la Cataluña contemporánea. Se titulaba, precisamente, "Contra Catalunya". El título nos habla de los años oscuros del pujolismo (una oscuridad de la que no nos hemos librado). Nos habla de cuando criticar al gobierno autonómico, a Pujol, a la Tv3 o a la prensa catalana significaba ser acusado de ir contra Cataluña.

Así seguimos hoy: los nacionalistas de izquierdas (?) no han criticado apenas nunca a Torra. Hacerlo sería ir contra Cataluña. No protestan, apenas, contra las normas del gobierno regional actual cuando cierra bares, perimetra y proclama toques de queda. No protestan contra el desbarajuste en la educación: hacerlo sería ir contra Cataluña. El consenso en eso es casi unánime. Así, quienes no somos nacionalistas y por consiguiente no tenemos problemas en cuestionar al gobierno autonómico, debemos asumir (y lo hemos hecho) que seremos acusados de malos catalanes, de poco catalanes, de ñordos, de quintacolumnistas, de botiflers o de despreciables en función de cual sea nuestro origen y posición.

¿Pasa lo mismo en el conjunto de España? Bueno, habría que analizarlo con cuidado. La izquierda española, en general, no tiene problemas en proclamarse española. Pero queda aún la vieja duda, la sospecha antigua: ¿los comunistas del PCE hablan de España y la sienten suya? Y si no lo hacen ¿es porqué la palabra España, su bandera y sus símbolos siguen secuestrados por la derecha patriótica?

A los catalanes no nacionalistas nos están quitando Cataluña. Incluso han emponzoñado la lengua materna de muchos de nosotros, de origen catalanohablante. Y ni le cuento lo que sucede, ya, cuando uno afirma ser felizmente bilingüe.

Uno, a veces, cree que la Guerra Civil es algo lejano y que ya no tiene sentido hablar mucho de ella. Algunos lo hacen por pudor, otros por vergüenza, otros por hastío. Pero a mi me gusta hablar de ella, ya que cada vez cobra más sentido: estamos en España, no hay que olvidarlo. No estamos en el limbo, ni en Europa. En España.

En España solo es de verdad lo que sangra. Por eso, quizás, nos gusta tanto el vino: el vino recuerda tanto a la sangre que incluso los cristianos confunden ambos fluidos en su ritual principal.

Quizás España solo es de verdad cuando sangra, para seguir con la misma imagen. Quizás por eso hay independentistas catalanes que sueñan con tiros en las calles, que especulan con el número de muertos convenientes para que en el exterior se fijen en su causa. Eso, también, explica porque el independentismo catalán es un fenómeno tan intensamente español. Aunque les duela, la españolidad del independentismo es incuestionable. Quizás sean, a fin de cuentas, los más españoles de todos: hablan de España cada día, en cada tuit, en cada grito. Aunque sea para pronunciar puta España, hablan de España sin cesar.

Mírense la fotografía de arriba: los que yacen en esa fosa no llevan banderas ni símbolos. Pudieron haber sido rojos, azules, anarquistas, brigadistas extranjeros impulsados por un sueño romántico. Pudieron haber sido, también, personas que se encontraron en el mal momento y en el mal lugar, empujadas a una guerra que les importaba un bledo. Quizás era personas que solo querían vivir, bailar con chicas, comer, beber, mirar como pasan las nubes.

No murieron por España: murieron (y quizás habían matado, antes, en su turno) por una idea de España, por una imagen de como debería ser España para que fuese la suya, la verdadera. Por eso la Guerra Civil no pasa de moda. Quienes ganaron la guerra impusieron su modelo, como es natural. Del mismo modo que hoy, quien gana las elecciones en Cataluña se siente vencedor e impone su idea: miren ustedes si está vigente aquella guerra: cuando uno gana unas elecciones piensa que ha ganado una guerra. Ya que las elecciones son la forma, más o menos incruenta, de revivir la vieja guerra.

Fíjense bien en la foto: uno de los cráneos muestra la señal indudable del tiro de gracia en el hueso parietal. Sin rostro, sin banderas, sin carné de ningún partido, sin palabras, sin gritos ya. Solo ese hueso mondo y lirondo que es idéntico a todos, la esencia que nos une, nos guste o no.

Ese hombre ¿iba contra España o a favor de ella?


El Niño de Elche expresa a su manera lo que es un hombre. Un hombre que puede ser el que yace aquí, en la foto, con el orificio de la bala en el occipital. Ese hombre podría ser usted. O yo.


8 de nov. 2020

Lo que Joe Biden nos cuenta a los catalanes



Lo que Biden nos cuenta a los catalanes es eso: al populismo identitario se le puede vencer en las urnas. No es imposible vencerle. Del mismo modo que un candidato tan poco atractivo como Joe Biden ha podido derrotar a un nacionalista identitario como Donald Trump, un candidato constitucionalista puede derrotar a Junqueras&Puigdemont. El populismo es, como las llamadas "nuevas políticas", algo que se puede derrotar en las urnas. Podemos, Vox, ERC, JuntsxCat: no nos debemos asustar por esas siglas que no aportan nada salvo crispación e identitarismo inane. 

Eso es una aportación al optimismo democrático y constitucional.

El señor Abascal salió trasquilado en su patética moción de censura. Junqueras periclita, Puigdemont es un fantoche. Su identitarismo no nos lleva a nada. El identitarismo de Puigdemont, matriz del identitarismo de Abascal, tampoco. Eso son callejones sucios, polvorientos y mierdosos, callejones sin salida. Puigdemont es Abascal sin barba puntiaguda; Abascal es Puigdemont sin pelambrera. Ambos son el desastre y la nada, la perdición de España, la derrota de la democracia en el sur de Europa.

Debemos recuperar la democracia, sus valores fundamentales. Librarnos del identitarismo, esa es nuestra primera obligación y los votantes de los EUA nos lo han mostrado.

Lo cuenta muy bien Douglas Murray en su libro La masa enfurecida: nos estamos jugando la democracia. Les dejo aquí las tesis principales de Murray:

1) La política de la identidad implica el fin del individuo, que es disuelto en la tribu.
2) La política de la identidad es vivida como una pseudorreligión.
3) La política de la identidad lleva a Occidente a la autodenigración.
4) La política de la identidad necesita alimentar constantemente el victimismo.
5) La política de la identidad se está deslizando hacia el totalitarismo.
6) La política de la identidad se basa en el dogma de la “interseccionalidad”.

A la política de la identidad se la puede vencer con la democracia y la transparencia.