1 de març 2020

Samuel dice: el catalán no sirve para folgar

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Samuel tiene 19 años recién cumplidos, vive en un barrio suburbial y estudia formación profesional en un instituto que se cae a pedazos por la dejadez de las instituciones catalanas, en el sur de una población del cinturón de Barcelona. Des de su casa hasta el instituto hay más de tres kilómetros y se los patea cada día arriba y abajo. Dos billetes de autobús urbano al día son un presupuesto difícil para Samuel.

Samuel tiene ese perfil del joven español en su etapa anarcoide y nadie sabe hacia qué tendencia tenderá. Es un buen estudiante y está provisto de una inteligencia especial. Redacta muy bien. Sabe resumir, sabe sintetizar, sabe escribir introducciones correctas y cerrar sus trabajos con reflexiones lógicas, brillantes, bien argumentadas. Dispone de una madurez que sorprende. Cuando todas esas características aparecen juntas, los profesores nos frotamos los ojos y nos pellizcamos. No vaya a ser que estemos soñando.

Samuel solo viste de negro integral o de blanco integral, va aseado y se peina un poco a la antigua. Cualquiera se da cuenta de que la ropa de su armario es escasa. La compra en los mercadillos. Alguna vez pide un euro prestado, para tomarse un café. Estudia en el turno de la tarde porque trabaja en muy precario por la mañana y a eso de las siete se cae de sueño: a esa hora lleva más de doce horas levantado y entonces es cuando yo entro en el aula y le hablo de teorías: habilidades sociales, asertividad, perspectiva de género. (En el currículum no se habla de perspectiva de clase porque no está en el programa).

Samuel y yo hemos tardado meses en hablar de tú a tú. Es muy reservado y su experiencia con la clase docente no fue un jardín de rosas.

Samuel pregunta, cuando se le encarga un trabajo, si lo puede escribir en castellano. Yo le respondo, de la forma más asertiva que puedo, que debemos seguir las normas. Pero él, que es listo, intuye lo que pienso. Quizás alguna vez se me haya escapado, entre líneas, que preferiría la enseñanza bilingüe aunque me atenga a la ley porque creo en la democracia, y que, para mi, el castellano debería ser considerado lengua propia de Cataluña.

Un día, cuando nuestra relación ya era más fluída, le pregunté en un aparte por su reticencia a escribir en catalán. Samuel me miró con sus ojos grandes, negros y lánguidos, los entornó y me respondió:
-¿Tú crees que a una mujer le pone que le diga “treu-te la samarreta?” ¿A ti te pondría eso? ¿Verdad que no? ¿Qué piensas tu que pasa cuando a tu ligue le pides que se quite “les calcetes”? Te lo digo yo: te mandan a freír espárragos. Ni se te ocurra ligar en catalán.

Ni se te ocurra ligar en catalán, eso me lo dijo Samuel. Y yo me quedé pensativo.

Hace algunos años, Albert Boadella se permitió escribir que "el catalán produce infelicidad en sus hablantes". Más allá del ánimo provocador del dramaturgo, algo relevante hay en su afirmación: ¿y si todo fuese tan simple como que el catalán no sirve para lo que de verdad importa? Pueden imponer el catalán para aprobar exámenes, para obtener una plaza de funcionario, para rellenar una solicitud de trabajo o de subvención, pero no pueden imponerlo para lo que de verdad importa. Estamos hablando de los jóvenes, y todo el mundo me entiende. Si el idioma catalán es inservible para esa función del lenguaje que se pongan como quieran las autoridades: lo tienen muy mal. Las autoridades perdieron la batalla de la lengua.

¿Tan difícil es admitir que el castellano es lengua propia de Cataluña? No les voy a ofrecer argumentos históricos (que los hay): les hablo de lo más elemental, de la vida, del sexo, del puro instinto, del puro impulso vital. Contra eso lo tienen todo perdido. Eso me lo contó Samuel, un joven de 19 años recién cumplidos. Y a renglón seguido de escucharle pensé en las diatribas interminables de Pau Vidal y de todos los abajofirmantes del manifiesto Koiné, pensé en las millonarias campañas y las multimillonarias políticas lingüísticas de la Generalitat catalana. Todos ellos deberían escuchar la frase de Samuel, 19 años, suburbio del extrarradio. Si el catalán no sirve para follar, ¿para qué diablos sirve?.

26 de febr. 2020

San Adrián, la ladito del río Besòs


"Besòs Mar" es un texto que quizás no es novela negra, aunque eso me importa poco. Los géneros y los subgéneros son etiquetas cambiables, sujetas a las modas y por lo tanto al tiempo. A mi me interesa saber si es novela o no, el adjetivo me importa poco. Cuando lo escribí me planteaba esta pregunta: ¿el sentimiento de culpa nos define como culpables? Me preocupé de que la pregunta no quedase respuesta en el texto. La pregunta (y la ausencia de la respuesta) es lo único que tenía en mente.

El sábado 22 hicimos la ruta titulada "Besòs Mar", organizada por la biblioteca La Bòbila de Hospitalet y Esplugas de Llobregat. Aquí debo incurrir en el dichoso flashback: hace casi cinco años me publicaron una novela "negra" premiada en el festival Tiana Negra de 2015. La novela, como casi todo lo que se publica en catalán, pasó sin pena ni gloria. Es decir: con pena. En catalán no se vende y no hay matices ante esa afirmación. En catalán ni se vende ni se lee, ni casi se habla. Hablo de lo que se habla en las calles.

Cuando la novela llevaba ya casi cinco años sin venderse en parte alguna, van y me proponen hacer una ruta inspirada en los escenarios de la novela. Me quedé atónito. Yo llevo años olvidando que escribí, que escribí novela negra y que escribía en catalán. Incluso conté pestes de los editores de aquélla novela: me gusta quemar las naves, y quemarlas bien, a conciencia. Jamás seré un héroe clásico, pero por intentarlo que no quede.

Así que el sábado 22 nos encontramos ante el apeadero de San Adrián, al ladito del río Besòs por la parte del norte, la parte de las tres chimeneas. Acudieron 22 personas (22 personas el día 22 del mes número 2: ¡a ver si nos encontramos ante un nuevo error de Matrix!). Conté que hablaría poco de mi libro y les mentí: no les hablé nada de mi libro. Hice este ejercicio: renunciar al ego sin ser budista.

Durante más de dos horas les paseé por San Adrián. Les conté quien era el obrero Manuel Fernández Márquez, y la historia de las tres chimeneas de la playa de San Adrián que Javier Pérez Andújar rebautizó como "la Sagrada Familia de los pobres". Casi me enterneció descubrir que muchos (en realidad muchas) de las asistentes se habían leído una novelita que tengo casi olvidada, y me preguntaban por los giros y personajes que ya ni recuerdo.

Les conté a los asistentes que "no he venido a hablar de mi libro". No me lo reprocharon y creo que lo agradecieron. Les hablé de un libro mejor que el mío: "Paseos con mi madre", el libro que me inspiró en cierto sentido para mi discreto "Besòs Mar". Nos paseamos por la avenida de la Playa, vimos el Alcampo (antiguo Pryca de San Adrián), llegamos hasta Sant Roc, barrio mítico, paradigma de la frontera tácita, con sus gitanos y sus hogueras y sus jaulas de pajaritos expuestas al sol de un febrero primaveral y desafiante. Cruzamos el río Besòs hacia la Mina, por la calle de Carmen Amaya. Los mejores nombres para las peores calles. (Y los peores nombres para las mejores calles: Aribau, Balmes). En el mismo instante en que les contaba que el incendio de una fábrica química de Montornès del Vallès había liquidado toda la fauna del río, aparecieron tres preciosas parcas nadando río abajo. El mejor momento de la ruta, sin duda.

El otro es cuando uno me cuenta su observación:
-En este barrio no hay banderas en los balcones.

Les conté los errores que hay en las descripciones de mi modesta novelita, les conté que no se nada, que me fascina el mundo en la misma medida en la que me entristece y, entre líneas, que me hastía lo que escribo. Por eso les leí fragmentos de Paco Candel, del antes mencionado Pérez Andújar y por fin, en mitad del puente en la calle de Ramón Llull (!!!) que cruza la desembocadura del Besòs, leí el último párrafo del "Danubio" de Claudio Magris. Les agradezco a todos y a todas su asistencia paciente, su interés aunque fuese fingido. Todos aprendimos algo. Yo aprendí, otra vez, que todos juntos somos mejores que cada uno por separado. La frase contiene un mensaje político, claro.

Ese es el párrafo final del "Danubio" que leí en el puente:
¿Eso es todo, pues? Después de tres mil kilómetros de película nos levantamos y nos alejamos un momento de la sala, buscando al vendedor de palomitas, y tomamos discretamente una salida secundaria, por detrás. Hay poca gente, que tiene prisa por irse porqué ya es tarde y el puerto se vacía. Pero el canal se desliza ligero, tranquilo y seguro hacia el mar; ya no es canal, límite, regulación, si no fluir que se abre y se abandona a las aguas y los océanos de todo el globo, y a las criaturas de sus profundidades. Haz que mi muerte, Señor -dice un verso de Marin- sea como el deslizarse de un río en el gran mar.
Esta es mi carta de agradecimiento (nada negra) a las personas que se pasearon conmigo por San Adrián, al ladito del río Besòs.


23 de febr. 2020

Benedictinos de Guadarrama y de Montserrat (artículo multimedia)

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Aureli M. Escarré, abad de Montserrat, y Francisco Franco hermanados por una sonrisa bobalicona

La orden de San Benito luce el eslógan "ora et labora". Si no fuese por el pareado simplón, lo podríamos aceptar como un buen lema. Quizás sería mejor "cogita et labora", pero eso es lo que hay.

En España debe de haber un sinfín de monasterios benedictinos, pero hay dos que relucen más que el sol: el de Guadarrama y el de Montserrat. En ambos lugares hay un monasterio que no solo coincide en la orden que lo dirige y explota sus negocios, si no en la peculiaridad de preservar símbolos franquistas. Los monjes del Guadarrama se revuelven como gatos panza arriba ante la inminencia de la historia. Los de Montserrat, sin embargo, no han recibido la visita de un helicóptero que les prive de sus reliquias más preciadas: les protege la fe catalanista. Los de Montserrat ni tan solo están inquietos. Se sienten impunes. El gobierno autonómico no les tocará las reliquias del Tercio de Montserrat que protegen con cariño y devoción ejemplares.

España, la parte de España bajo control del gobierno español, ha empezado a desmantelar el templo dedicado a un dictador, pero en la zona controlada por la autonomía catalana nada se ha desmantelado. En el monasterio de Montserrat hay un monumento y una capilla dedicadas al Tercio, y en el rellano de las escaleras que ascienden para ver a la Virgen Morenita se halla, custodiada dentro de una urna robusta, la bandera del regimiento de los falangistas catalanes. A un sector de los catalanes las urnas les ponen. Las adoran.

La última vez que estuve en el templo hacía un día de perros. Era una salida escolar. Pasamos ante la bandera del Tercio y luego nos invitaron a una pequeña actuación de los niños cantores. (Mientras veía a los monaguillos me pregunté: ¿a cuántos de esos habrán manoseado los tipos del hábito marrón?). La segunda canción fue "el Virolai", y casi todo el mundo se puso en pie, serio y trascendente, con esa pomposidad gestual nacionalista. Digo "casi todo el mundo" porque sé de uno que permaneció sentado. En efecto, un servidor de ustedes. Los alumnos se apercibieron del caso y luego me preguntaron. Les dije que, los que ya tenemos una edad y el nervio ciático perjudicado, estamos exentos de levantarnos. Les pareció una respuesta razonable y no se habló más.

El Parlamento catalán instó al Monasterio a retirar los símbolos falangistas en 6 meses. Eso sucedió el 18 de octubre de 2018. Han pasado 16 meses, sin respuesta de los monjes. No me extraña: el presidente Torra acude a menudo al templo y reza por el referéndum, los presos de su partido y otras extravagancias suyas. Pujol iba mucho, quizás a la vuelta de sus excursiones al Santuario de Meritxell en la parroquia andorrana de Canillo. Me extraña que Pujol no publicase un libro titulado "Les nostres oracions a la Moreneta" editado por la editorial del monasterio. Los presidentes regionales y la orden de San Benito tienen buena sintonía.

Lo de guardar reliquias franquistas en los templos no sé a quién atribuirlo. ¿A la iglesia? Me cuentan que hay lugares del mundo en donde la iglesia se ha enfrentado a los dictadores, pero temo que sean la excepción. ¿A Dios? Es cierto que Dios da muestras de estar de la parte de los oligarcas, los dictadores y los perfiles autoritarios, más es imposible afirmarlo: aunque se lo preguntes mil veces, Dios no responde. (Si te responde acude raudo al psiquiatra). Así pues, la relación entre la orden benedictina y el franquismo ¿a qué se debe?.

También me cuentan que en la capilla dedicada a los caídos del Tercio, cuyos nombres y apellidos están inscritos en la dura piedra, hay muchos apellidos conocidos, y que algunos remiten a grandes apellidos de fundadores de Convergència y otros prohombres catalanes de obligado respeto. Quizás sea por eso, digo yo, quizás sea por Cataluña y sus grandes hombres. Es comprensible: al fin y al cabo, aquéllos grandes engendraron a otros, también grandes, y esos engendraron a su vez a muchos grandes del independentismo actual.

No era San Benito, pues, el responsable: era nuestro sambenito nacional.

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Para acceder a la versión multimedia, leer este artículo mientras se escucha la canción aquí enlazada.

20 de febr. 2020

¿Una mesa de negociación sin botiflers, charnegos ni ñordos?

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Discuten si la mesa debe tener tres o cuatro patas, si debe ser redonda o cuadrangular. Discuten cuantas sillas habrá a su alrededor, si debe ser de Ikea o de Muebles La Fábrica. Discuten si debe haber un mediador internacional (?) sentado en ella. Pero todo el mundo da por hecho que en esta mesa están los representantes de la región catalana y los del gobierno de España.

Es decir, todo el mundo da por hecho que los políticos independentistas representan a Cataluña.

Sin embargo, el voto a los partidos independentistas jamás ha superado el 48% de los votos emitidos en Cataluña. De modo que: los políticos catalanes solo pueden hablar en nombre de la mitad de los ciudadanos de Cataluña. En estos términos, la mesa es algo muy parecido a un fraude. O a un error de apreciación.

No sería un fraude si el 52% de los catalanes supiésemos que, en el lado del gobierno de España, nos van a defender a nosotros. Pensar que alguien en el lado catalán advertirá que solo representa a la mitad de los catalanes es una quimera. Es decir, una estupidez, es decir, impensable. ¿Quién es capaz de afirmarlo? Yo no, desde luego.

La única opción que yo le veo es que en esta mesa (ya sea cuadrada o redonda, de 3 o 4 o 15 patas, elaborada por Ikea o por Muebles La Fábrica), haya una silla para la mitad más uno de los catalanes, los catalanes botiflers. Al fin y al cabo, entre botiflers y charnegos y ñordos somos la mayoría. Y al fin y al cabo vivimos en una democracia, lugar en el que las mayorías y las minorías deben ser respetadas y tenidas en cuenta. Los catalanes saben mucho de cuentas. Y de cuentos. Lo catalanes no han aportado jamás ningún título reseñable a la literatura, pero a cuentistas no les gana nadie.

Sin una silla para el representante de la mayoría botiflera, charnega y ñorda, esta mesa puede ser del diseño más exquisito que ustedes puedan imaginarse, pero será una mesa de pena, una mesa penosa, una mesa camilla carcomida. Un saldo de mesa.

Para que una negociación sea una negociación deben estar las partes representadas. Y la parte mayoritaria de Cataluña no lo está. Creo que antes de irse a negociar con el gobierno de España, el gobierno regional debería convocar una mesa previa para ver quién representa a Cataluña. Como eso no lo van a hacer, no nos queda otra, a los botiflers, charnegos y ñordos, que reclamar nuestra silla.

Durante la siesta me he imaginado que me convocan y me sientan en esta silla. Y me ha dado un calambre tan grande que ando con el Flogoprofén mientras escribo. Me he visto entre Castells y Torra y me he sentido como en plena colonoscopia. Así de incómodo, por hablar en fino.

Pero ya puestos, y enmedio del calambre, he soñado que les soltaba (a la parte de mi derecha, la de Torra):
renuncien ustedes a la independencia, acepten ustedes que la lengua castellana es tan lengua propia de Cataluña como el catalán, renuncien a la inmersión lingüística. Este es mi punto de partida para negociar.
(A continuación me he dado un masaje suave con Flogoprofén por casi todo el cuerpo, dolido. Y luego me he tomado un café Colombia del Mercadona en la máquina Homeday del Gifi, que es la cafetera más popular entre charnegos y ñordos).


19 de febr. 2020

Anna Erra y la Gran Sustitución

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De los Estados Unidos de Trump nos llegó el terraplanismo. El terraplanismo parece algo pueril, casi inocente, solo un juego para personas raritas que prefieren dudar de todo, actitud que, de por sí, no es mala. Lo malo es que abjuren del pensamiento científico. ¡Con lo que nos costó llegar hasta aquí!.

Luego vino la Teoría de la Gran Sustitución, que también responde por el nombre de Genocidio Blanco. Según esa teoría hay un plan (¿dónde, quién, como?) para sustituir a la raza blanca por las demás. Y al cristianismo por otras religiones. Lo demuestran con ejemplos sacados de varias partes del mundo. No tan solo de los EUA, también de Australia y de Suráfrica (!). Hay un plan, dicen, y ese plan se está ejecutando en medio mundo: por varios métodos que no excluyen el asesinato, se pretende eliminar la raza blanca. Sin excluir el asesinato, dicen: y para explicarlo exponen casos de asesinatos de personas de piel blanca y confesión cristiana en muchas partes del planeta.

Sin embargo, como el asesinato es llamativo y cuando sucede acude la policía a husmear y los periodistas lo cuentan, los hacedores de la Gran Sustitución recurren a métodos sibilinos: promueven la homosexualidad en las escuelas de los blancos para menoscabar la hombría y su capacidad reproductiva, difunden la depresión, crean culpabilidad en el blanco manipulando la historia para que asuman que son los blancos los malos de la película... Éstas y mil tretas más, todas oscuras, lúgubres, sutiles y perversas además de sospechosas de izquierdismo, ecologismo, feminismo o ateísmo.

¿Qué debe hacer el hombre blanco para impedir la Gran Sustitución? En primer lugar: no avergonzarse jamás de ser el dueño del cortijo, rechazar la homosexualidad como si de una plaga se tratase, levantar la cabeza y, si hace falta, recurrir... al asesinato. Lo consideran una respuesta legítima, un caso claro y evidente de legítima defensa. El blanco debe aferrarse a Cristo en primer lugar y a todo lo que les parece indiscutiblemente blanco: el mercado, el neoliberalismo, la supremacía, la nación, la familia bien entendida.

Lo que he expuesto es real: hay centenares de videos, de conferencias, de folletos, de discursos. Incluso libros. Alguien me susurra que la teoría de la Gran Sustitución está promovida por cierta rama de la Iglesia Evangélica Norteamericana, y bien conectada con algunos líderes latinoamericanos. Una iglesia rica y poderosa que ya ha cruzado el charco: se cuenta (y se debería estudiar) qué relación tiene esa Iglesia y esa Gran Sustitución con la organización Hazte Oír, y a su vez qué relación mantiene Hazte Oír con Vox. Hay que verlo, no lo puedo afirmar de momento.

Y mientrastanto en Cataluña... ¿Qué sucede en Cataluña? No hace falta contar que Cataluña dispone de su propia versión de la ultraderecha cristiana, que por aquí también lleva el sombrero del nacionalpopulismo y tiene sucursal en Waterloo.

En Cataluña, también la hegemonía se disfraza de minoría para poder adoptar los dos roles: el de la víctima de puertas para afuera y el del victimario impune de puertas para adentro.

Anna Erra parece ser la avanzadilla de la Teoría de la Gran Sustitución en su versión de Vic, siempre algo más rancia y más cursi que el original americano. Erra teme que los catalanes con aspecto físico de catalanes seamos sustituídos por otros que no lo parecen, o lo parecen pero quizás no lo son, hay que andarse con ojo, porque son personas venidas a Cataluña desde cualquier parte del ancho mundo con la única pretensión de sustituir a los catalanes de veras. Y nos dice Erra: debéis identificarles por la calle. Anna Erra, alcaldesa, quizás sugiere regresar a la medición de cráneos. Y dice la alcaldesa: debéis desmontar su pérfido plan usando... ¡el idioma catalán!. (Erra plantea la guerra santa en términos lingüísticos: ya se sabe que los catalanes son pacifistas y que, cuando se manifiestan, no dejan ni un papel en el suelo aunque se manifiesten dos millones de catalanes de golpe y porrazo).

Lo que dice Erra lo suscribe el club de Koiné: Pau Vidal, Laura Borràs y los abajofirmantes. Están completamente convencidos de que el idioma catalán se pierde (y con él las esencias patrias) por culpa de la tibieza, la pereza y la desgana de los catalanes, incapaces de advertir el gran peligro de la Gran Sustitución. Ya lo saben, pues: entre las desgracias que nos ha traído el procés a los catalanes, está la versión nostrada de la Gran Sustitución.

El otro día alguien me sugirió: deberías escribir como crees que será la Cataluña del futuro. Y yo empecé a escribir un texto sobre la concordia, la convivencia y el regreso a la Cataluña agradable, aquel lugar en el que se vivía bien. Empecé escribiendo: la Cataluña futura tendrá paz y volverá a ser un buen lugar en cuanto un tercio de los catalanes renuncien a la independencia y admitan que el castellano es, tanto como el catalán, lengua propia de Cataluña.

Pero justo entonces Anna Erra dijo lo que dijo y toda mi ilusión se fue al carajo. Ahora debemos afrontar que las ideas de la ultraderecha norteamericana ya están en Vic. Y los alrededores de Vic, un perímetro que todavía no hemos perimetrado.