28 de gen. 2020

Del conde de Mataplana al senador Matamala (con concurso incluido)


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En el imaginario popular catalán hay personajes variopintos, des del pueril Timbaler del Bruc al Caganer (que podrían ser el mismo: un niño tamborilero que se agachó para plantar un pino en cuanto vio a las tropas de Napoleón. Dejaremos para otros las posibles comparaciones del Timbaler con los líderes procesistas, por lo del mucho ruido y pocas nueces). También hay unas brujas buenas por el Pirineo, que sirven para disimular un hecho histórico muy feo: la primera mujer europea ejecutada en la pira acusada de brujería fue en Cataluña, y el acusador fue un noblecillo catalán.

Hay más personajetes en la ficción popular: un señor muy beato que se llamaba Joan Amades los recogió en un librito no sin antes pasarles el barniz catalán: fuera cosas eróticas, fuera maldades, todo beatitud. Lo de Joan Amades no tienen nombre: bajo la excusa de preservar el patrimonio del romancero catalán, se lo cargó para siempre.

A mi me gusta el Conde de Estruch, que no fue tratado por Amades. El conde de Estruch (posiblemente Strüch) es individuo medio legendario pero que sin embargo nos dejó un castillo en Llers, cerca de Figueras. A día de hoy el castillo es una lamentable ruina. A Juan Perucho no se le pasó por alto el conde. El conde de Estruch pudo haber sido el primer conde vampiro, aunque la mayoría de los nobles tienen algo de vampiros o de chupópteros. Hoy les llamarían "élites extractivas".

Luego está el conde de Mataplana, en el cual el cura esquizofrénico Jacinto Verdaguer se inspiró para componer su largo poema sobre el Comte Arnau. Un apellido cuyo prefijo es "mata" lo pone muy fácil. Del conde de Mataplana también se conservan los restos de un castillo. Otra vez las  ruinas. Parece que todo lo catalán sean ruinas, como ese dialecto extinto y latinizado que el grupo Koiné se obstina en imponer a los vivos cuando solo se lo puede imponer a los muertos. La Koiné de los zombis. Lástima que el templo de la Sagrada Familia todavía no esté en ruinas pero no se desesperen: todo llegará.

Las ruina del castillo de Mataplana son unas cuantas piedras sospechosamente bien alineadas cerca de Gombrén, en la comarca del Ripollés. Gombrén es un pueblecito triste, poseído por una niebla contumaz y por varias esteladas raídas por el zarpazo de la niebla, la tristeza, el viento y la codicia.

El conde de Mataplana según Verdaguer (aunque también le dedicó un poema Joan Maragall, el abuelo del aspirante a alcalde secesionista) es un tipo verdaderamente malo y, posiblemente, algo vampiro. Perseguía viudas y monjas y era un auténtico sádico con los débiles.

Sin embargo, pasando los siglos, la saga de los Mataplana desapareció, pero mi hipótesis es se modificaron el apellido para librarse de un pasado tan siniestro. Para mi que el senador Matamala es descendiente del conde pérfido. Pero así como aquel conde pudo haber inspirado un buen film de Jess Franco, nuestro senador solo da para un personaje cómico. Mataplana para Jess Franco, el senador Matamala para secundario de Berlanga.

El conde de Mataplana se exilió en el infierno y el senador Matamala es el exiliado más raro de la historia de los exilios habidos y por haber, ya que su exilio es intermitente y según convenga. Afirma el senador que vive en el palacete de Waterloo porqué en España le persiguen injustamente, pero lo cierto es que no pesa sobre él ninguna orden de detención. Ni, que se sepa, ni una multa de tráfico. Nadie entiende qué pinta en Waterloo y por lo tanto todas las hipótesis son buenas. Así que...

Atrévanse a formular ustedes una nueva hipótesis, quizás acierten. Hay premio, y lo digo de veras: las tres hipótesis más divertidas recibirán de forma completamente gratuita un ejemplar de "Vida subacuática", el primer libro de "La Charca Literaria" (en donde hay un par de relatos de un servidor, entre muchas otras sorpresas y buena literatura breve).





26 de gen. 2020

Puigdemont en Perpiñán: la épica bufa

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Tintín y Puigdemont tienen algunas similitudes: ambos residen en Bélgica y en la ficción, ambos están tomados por una rara pulsión aventurera, a ambos se les distingue por un peinado peculiar y los dos viven en un palacete, de gorra, sin rascarse el bolsillo. Sin embargo, muchas son las diferencias entre ambos personajes de ficción: mientras que el reportero del tupé se lanza a la aventura con desparpajo y una arrogancia rayana en lo suicida (Tintín siente un raro desapego por la vida), en el hombrecito de Waterloo todo obedece a cálculos pusilánimes, y su apego al euro es proverbial. Dejémonos de retórica: Puigdemont es catalán de la Cataluña catalana.

Ambos tienen algo de insensato y de orate, pero Tintín siempre está de la parte del débil y de la verdad, y lucha por desenmascarar al malvado. Puigdemont, por contra, quiere ser fuerte, la verdad le importa tres cominos y se pasa el día recreando la máscara del malvado. Sus amiguetes son los malvados de turno: Nigel Farage y los neonazis flamencos. Dime con quien andas.

Las aventuras de Puigdemont empiezan y terminan en su lamentable huída en el maletero de un coche: todo lo demás son trucos para vivir bien al modo de los desaprensivos. De vez en cuando anuncia aventuras futuras que luego no cumple. Lo suyo es la ficción y la farsa. Todo se queda en palabrería y quizás en delirio, en ensoñación pueril, en el deseo del impotente. Y además tiene las manos pequeñas que, según Carrère, antes delataban al loco. Puigdemont ha creado un género nuevo: la épica bufa.

La última aventura anunciada por el hombrecito de Waterloo es su viaje a Perpiñán. Él, acostumbrado a vivir en mapas ficticios, considera que Perpiñán está en Cataluña: empezamos mal. Perpiñán no solo está en Francia si no que es profundamente francesa. Y vota mayoritariamente al partido de Marine Le Pen.

Veremos si se atreve. Puigdemont le teme a la gendarmería tanto o más que a la Guardia civil. A diferencia de Tintín. Todos recordamos su cambio de coche debajo de un puente el 1 de octubre de 2017, cual delincuente de un film de Chabrol (por seguir con la cosa francesa) para que la Guardia civil no le pillase, no vaya a ser que le den una tunda en su mullida cabeza (que se la den a los incautos y a los jubilados que mandó a votar en un referéndum ilegal le venía que ni al pelo, pero recibir en carnes propias ya es otro cantar).

Yo apuesto a que el hombrecito de Waterloo practicará otro de sus amagos, algún truquillo digno de un imitador de Houdini, de uno de esos imitadores de pueblo que imitan al escapista en las fiestas infantiles a cambio de tener barra libre. Algo hará, sin duda. Lo que sea por mantener el aura de aventurero, de héroe de ficción de una nación fictícia. Ese Puigdemont debería leerse "L'Héroe" de Santiago Rusiñol para comprender cual es su referente literario más cercano.

Antes, la gente catalana se iba a Perpiñán a ver cine porno, cuando estaba prohibido en España. Los catalanes acudían a miles, aunque luego contaban que iban a Perpiñán para comprar libros marxistas o novelas de Henry Miller. Ahora quizás irán allí unos miles de incautos para aplaudir al héroe de pacotilla y greñas. Yo les advertiría: teniendo en cuenta su edad provecta, que se anden con cuidado. Puesto que, a finales de febrero, en Perpiñán hace mucho frío, sopla el cierzo que da gusto verlo y la salud se resiente. No vaya a ser que el trilero de Waterloo no se presente, en otra nueva demostración de ser el reverso de Tintín, mientras que ellos habrán hecho un acto muy tintinesco de desapego a la vida.

Otro día les contaré las similitudes y las diferencias entre el Capitán Haddock y Jami Matamala, el Haddock encanecido.

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Nota: estuve en Perpiñán el 1 de octubre del 2017, dando un rodeo francés a la vuelta de Colliure, en donde me fui a homenajear a Antonio Machado. Nos sentamos en una terracita soleada y un hombre mayor, en la mesita de al lado, provisto de la enésima copa de Pernod, bebedor contumaz y algo plomizo, nos largó un rollo nostálgico y enternecedor sobre algo que no recuerdo (y él tampoco), en una rarísima lengua mezcla de francés, castellano y catalán. Si fuese hoy, le preguntaría qué opina de la visita (solo anunciada, quizás solo ficticia) del desaprensivo de Waterloo. Estoy seguro de que, en la línea de la perorata que nos soltó, diría algo así como "¡Ah! ¡Les catalans, les catalans...! Ils sont très méchants, ils se non pas lisé Le Quijote".
Ahí lo tienen: de Puigdemont a Tintín, a Rusiñol, al Quijote.

22 de gen. 2020

Armas y letras y Tiana negra


El domingo 19 por la tarde se terminó el festival de novela negra exclusivamente en catalán "Tiana negra". ¡Vaya! Otra edición a la que no he ido. He perdido la cuenta de las ausencias. Y de las antiguas presencias. Acudí a sus primeras ediciones, y guardo algunos recuerdos divertidos de aquello. Y también guardo recuerdos de un gran tedio: la última vez que estuve, un tipo llamado Vernella o algo así pilló el micrófono y, cual adorador del pene de aluminio, largó un rollo inacabable sobre la novela que había escrito y que no le interesaba a nadie. Dejé de ir a Tiana. Las razones para no ir son muchas y variadas.

En ésta ocasión, uno de los motivos para no acudir a Tiana es que andaba enfrascado en la obra de Andrés Trapiello "Las armas y las letras. Literatura y guerra civil" (Editorial Austral, reedición de 2019). El ensayo de Trapiello se lee casi del tirón a pesar de las más de 600 páginas de papel biblia, y les aseguro que se lee con más ganas que las novelitas negras catalanas de Tiana.

Dice Trapiello que se debe leer con pasión -como don Quijote-, pero escribir con escepticismo -como Cervantes. Trapiello cumple con su máxima: él escribe con escepticismo y yo le leo con pasión. No leo así a esos escritores que se citan una vez al año, en Tiana, más que nada para poder decir: "Menganita está envejeciendo muy mal. No como yo, que sigo como un chavalillo. ¿Te das cuenta, Anamari?". A los poquísimos de esos autores que he leído, les he leído con escepticismo. Mientras que ellos escribieron con pasión. Con una pasión pueril e inane. Es imprescindible que los autores y los editores de la cosa catalana se apunten a yoga y a meditación durante un par de siglos por lo menos. Y que, en el tiempo libre que les conceda el yoga y la meditación, se pongan a leer. A leer literatura, quiero decir. Menos Netflix y más Dostoievsky. Por ejemplo.

La tesis de Trapiello no me atrevo a formularla en una sola frase. Pero de la lectura del libro se desprende que es falso que los intelectuales españoles de 1936 estuviesen del lado de la República. Hubo escritores y pensadores en ambos bandos. Hubo muchos que transitaron de un bando hacia el otro, especialmente del lado republicano hacia el otro. Quizás porqué la intelectualidad española siempre ha sido así, de ponerse bien con el poder. Y lo mismo sucedió en Cataluña: la intelectualidad catalana es española, como todo lo demás.

Tanto ayer como hoy, el escritor, el escritorzuelo, el escritor diletante, el de trabajo en la Caixa de lunes a viernes y fin de semana novelista negro o verano de poeta lírico, siempre ha sido persona tibia, informe, acomodaticia, deseosa de agradar, de agradar en especial al poder de turno. Eso explica la flojera argumental, narrativa, ideológica y conceptual de la novela negra catalana, que no es negra y, lo que es peor, no es novela.

Eso explica que en la "novela negra catalana", que ni es negra ni es novela, se lean adulaciones a los Mossos de Esquadra, que se lean idealizaciones románticas de Cataluña, que se encuentren vergonzosos textos pusilánimes sobre la idiosincrasia catalana y un montón de asuntos que hacen risible un género, una cultura y un festival que pudo ser y no fue. Como Cataluña, en definitiva. Los escritores catalanes siguen siendo así: escriben como si pretendieran obtener un carguito en el departamento de cultura regional. Escriben novelas como quien escribe un curriculum vitae que suplica un carguito. Pero jamás con ambición literaria.

Este año "Tiana negra" tenía una presentadora nueva. Quizás es casualidad, pero es una amiga de la aspirante Laura Borràs. ¿Casualidad? Este pudo ser otro de mis motivos para no asistir al encuentro.

(Solo lamento mi decisión de no ir porque sé de buena tinta negra que mi amigo Héctor Malverde Jr. asistió al festival, y ese era el único motivo para haber asistido. Le pido disculpas).

Esta edición del festival "Tiana negra" empezó con una mala noticia: el premio de novela negra que se otorga en este festival ha sido declarado desierto, como el Sáhara. Se reconoce así, por fin, que el "buen estado de la novela negra catalana" no era tal, que era un fiasco, otra burbuja que se pincha a sí misma. Y esta se pincha en plena decadencia del delirio patriótico: no lo reconocen pero el delirio periclita a ojos vista. Estamos a punto de entrar en la gran depresión: no hubo república, no hubo revolución supremacista. Por no haber, no hubo auge de la novela negra catalana. La novela negra catalana penetra en la caída sin haber experimentado la gloria. ¡Ya es mala suerte!

Mientras escribía la crónica ausente de un festival al que no asistí, me llegó la noticia del deceso de Isabel-Clara Simó, escritora y activista independentista que fue homenajeada en la sesión inaugural del festival (según reza el programa).

Sobre la obra literaria de Isabel-Clara Simó me abstengo de opinar, por prudencia y por ignorancia, sobretodo: de su pluma solo leí la novelita "Júlia" cuando cursaba secundaria y mucho más tarde un cuento breve, "La malaputa", insertado en el sonrojante librito "Noves dames del crim", antología de cuentos del que no se salva ni uno. Cuando a uno le obligan a leer una novela catalana a los 15 suele generar un vínculo nefasto con el autor impuesto. (Este fenómeno explica la catástrofe que está sucediendo a propósito de "La plaça del Diamant").

Debo decir algo: debe distinguirse entre la Isabel-Clara Simó escritora y la Isabel-Clara Simó agitadora nacionalista, sería bueno para su memoria que todos lo hicieran así. Su obra literaria debe ser considerada por sí misma y desvincularla de su currículum de activista patriota.

No asistí al festival "Tiana negra" y ni tan solo me molestaré en leer crónica alguna del suceso. Estuve algunas veces allí, incluso participé y subí al estrado y cosas parecidas, y una vez recogí un premio, cosa que ya me vale. Por eso mismo no me interesa en absoluto. Por eso mismo no he escrito lo que no he escrito.

19 de gen. 2020

Señor Iceta: menos Mercury y más Hobsbawm

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De enlace en enlace y ocioso, en una tarde desapacible de invierno, llegué a la página de la Wikipedia en donde se explica el "esencialismo estratégico", concepto acuñado por la crítica literaria de origen hindú Gayatri Spivak. No les voy a aburrir con eso, solo decir que el esencialismo estratégico está muy bien descrito y nos remite, enseguida, a lo que estamos sufriendo en Cataluña por parte de la derecha populista. La derecha que usa, esporádicamente, a los grupos de la izquierda revolucionaria (léase CUP) cuando le conviene (como por ejemplo cuando le conviene dar una imagen revolucionaria, o quemar contenedores). Eso lo cuenta Spivak maravillosamente bien.

De enlace en enlace, todavía ocioso, di con la web de la revista Nexos (no confundir con "Nexus", la gran novela amoral de Henry Miller). Allí está almacenado un artículo del siempre interesante Eric Hobsbawm que deberían leérselo un montón de gente: "La política de la identidad y la izquierda", cuyo enlace les dejo aquí. El texto es una preciosidad de texto: Hobsbawm no solo sabe, si no que sabe explicarse y lo hace de maravilla, es didáctico y ameno, y sabe escoger los ejemplos para hacerse entender.

Eric Hobsbawm escoge tan bien los ejemplos que incluso pone como ejemplo de políticas identitarias a los catalanes independentistas que anteponen su identidad catalana a cualquier otra identidad ya sea de clase, de género, cultural o musical. Y algo digno de tener en cuenta: "La política de la identidad y la izquierda" es el texto de una conferencia que leyó Eric nada menos que... ¡en 1996!. En aquél casi remoto 1996, Eric ya lo tenía claro. Olvídense de los 25 años que nos separan de aquélla conferencia: es tan vigente como vigente, en el cine, "El ladrón de bicicletas" de Vittorio de Sica.

¿De qué trata la conferencia de Eric? Bueno, ante todo les recomiendo que pinchen en el enlace y se la lean, eso sería lo suyo, pero como ya nos conocemos voy a sintetizarla en muy pocas palabras. Hobsbawm cuenta los mecanismos con los que la derecha recurre al identitarismo en cuanto la socialdemocracia les cede terreno, por miopía más que nada, y como se apropia de grandes sectores sociales con el rollo filibustero de la identidad nacional. Eso es válido para explicar el auge del nacionalismo catalán y del nacionalismo de Vox, dos movimientos con tantas similitudes que, al fin, solos distingo por algunos matices tácticos. Una vez dicho esto, Eric explica la poca pericia del socialismo no solo para hacer frente al populismo identitario si no, incluso, la facilidad con la que primero lo soslaya y luego pacta con él y se le somete. Este último punto no es aplicable a Vox, ya que -por el momento- el Psoe no ha incurrido en el gravísimo error de negociar con Vox. Sin embargo, en Cataluña... ¡Ah! Por fin llegamos a la Cataluña distraída: sin embargo, el Psc se desvive por pactar con el identitarismo de la derecha casposa y catalana.

El señor Iceta ha pactado con la derecha más rancia (Convergencia y/o sus mutaciones) para controlar la Diputación de Barcelona, la multimillonaria Diputación barcelonesa. Y llega a acuerdos presupuestarios, y promueve alcaldes de  las mutaciones de Convergencia y de Esquerra Republicana de  Cataluña (no olviden que este partido, malgré tout, es un partido de la derecha identitaria más convencional, carlista y conservadora). El señor Iceta es el lector que está esperando la conferencia que Eric Hobsbwam pronunció en el Instituto de Educación de Londres el 2 de mayo de 1996.

El señor Iceta puede leer la conferencia citada o no leerla. Faltaría más. Puede poner al socialismo catalán a los pies del identitarismo catalán cual felpudo, puede bailar con Mercury tanto como se lo pida el cuerpo y puede asentir, dócil y sumiso, ante los que afirman que Cataluña es una nación, ante los que mienten cuando afirman que el 80% de los catalanes queremos un referéndum (¿de dónde sale ese dichoso 80%?).

Lo que el señor Iceta debería saber es que los que nos sentimos socialistas y vivimos en Cataluña también podemos tomar decisiones, más que nada porqué de momento y mientras nos lo permitan, votamos en Cataluña. Si los socialistas catalanes no son capaces de representarnos a los socialistas catalanes (perdonen el pobre juego de palabras) quizás nos iremos con la música a otra parte. Y mira tu por donde a mi Queen no me gusta, ni me emocionan los aspavientos o los berridos de Mercury. Puestos a hacer falsetes, son mucho mejores los falsetes de los Bee Gees.

Si el socialismo catalán nos deja tirados en la cuneta a los socialistas catalanes, señor Miquel Iceta, no le digo yo que vayamos a votar a ninguna opción bárbara del identitarismo del otro lado cuando haya elecciones catalanas. Yo no lo haré, pero solo hablo por mi. Igual me quedo en casa cuando llegue ese momento, me pongo un CD del Bowie (por ejemplo Scary Monsters) y mañana será otro día. No sé si me explico.

17 de gen. 2020

Das Kabinett des Doktor Puigdemont

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Cuando tenía 14 años sufrí el virus del "lletraferit"(*), que es un virus del vulgo en Cataluña: el virus afecta al cerebro, como la neuritis pero a la catalana. El paciente cree que ha nacido para escribir en catalán pero no para escribir por escribir nomás, si no por hacer patria: escribir para engrandecer a la lengua catalana y para devenir, como dicen algunos, un guerrero de la lengua catalana. En tanto y cuanto la lengua catalana es, por transubstanciación, la patria catalana: el enfermo cree que si escribe en catalán hará más grande la patria. Hay personas del género masculino que ingieren polvo de cuerno de rinoceronte con la convicción de engrandecer su pene.

Una vez infectado, empecé por escribir poesías. Nada reseñable, la verdad: poesías pastoriles, amorosas pusilánimes, o imitaciones de los peores líricos nacionales y nada más: lo habitual en catalán. Pero hete aquí que me presenté a los Juegos Florales Juveniles que se convocaban en Andorra. Gané un accésit en un año que no recuerdo pero que, me digo, debió de ser 1979.

A mi padre no le vino bien acompañarme a recoger el premio, de modo que se prestó un pariente. El día del premio alguien se durmió, no recuerdo si fui yo o mi pariente. Eso qué más da. Salimos muy tarde, demasiado tarde. Recuerdo el viaje a Andorra la Vella como lo haría un personaje de Lovecraft: la carretera oscura que transita por valles sombríos y mortecinos, la niebla y un frío asqueroso. Al llegar a La Seo de Urgel, la carretera estaba cubierta de nieve. El Seat 1430 tuvo problemas. Llegamos tardísimo: el acto de entrega de premios había concluído horas atrás. Mierdas. Recuerdo (lo recuerdo vaporosamente) haber llamado a varias puertas, por si alguien sabía algo de lo del premio. Al final nos dieron una dirección.

La gente que ha estado de compras en Andorra la Vella recuerda calles con muchas luces y muchas tiendas, pero entonces, en 1979, cuando uno salía de la calle principal del villorrio andorrano se encontraba con una oscuridad glacial, con un terror primigenio, con unos callejones siniestros, casi malditos por una maldición antigua y eficaz. Al fin dimos con alguien, y ese alguien me dio un diploma y un cheque intercambiable por pesetas, algunos escasos miles de pesetas. La imagen del tipo que me dio el diploma y el cheque la retengo vagamente: era un hombre de edad provecta que olía a desinfectante y que exhalaba naftalina. A día de hoy le tendrían catalogado en el archivo de pedófilos del FBI. En Andorra, sin embargo, era considerado un poeta y benefactor de la cultura. Para siempre jamás retuve la imagen de su pelo canoso, lacio y demasiado largo, que le ocultaba parte del rostro. Todo en él rezumaba ocultación, doblez, ambigüedad.

A pesar de la hora tardía pude cambiar el cheque por dinero. Mi pariente me propuso que cada uno se fuese por su cuenta a gastar su dinero. Yo me compré las chorradas propias de un adolescente en la primera adolescencia: una calculadora y una Kodak Instamatic. Mi pariente apareció con unas cintas en Super8 que no me dejó ver nunca.

Poco más tarde del incidente en Andorra vi "El gabinete del Doctor Caligari". Quizás se mezclaron las imágenes del recuerdo andorrano con las de la cinta de Robert Wiene, pero el asunto es que vi, en la imagen del doctor pérfido de la película a aquel extraño andorrano casposo y turbio. Pasaron los años y el mal recuerdo regresó. A día de hoy, cuando vuelvo a ver la cinta alemana veo al presunto eurodiputado Puigdemont en la figura del siniestro Cesare, cuya pelambrera es muy similar a la del prófugo catalán. Cesare vive hipnotizado y dentro de un ataúd: nuestro orate en un chalé lujoso que tiene algo de tanatorio de pueblo pretencioso y los dos víctimas o victimarios de una hipnosis colectiva. Y de repente, en mitad de la noche se me ocurre: ¿y si fuese Matamala un doctor Caligari? ¿Explicaría eso su apego misterioso a Puigdemont? ¿Es Puigdemont un hechizado, como Cesare?

A día de hoy, ya bastante más allá de la mitad de mi vida, se que jamás me libraré de las pesadillas andorranas. Sin embargo, he tomado algunas medidas, ingenuas y pueriles: no volver a Andorra, no comprar más calculadoras y sobretodo no escribir en catalán.

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(*). Lletraferit, literalmente letraherido/a, no dispone de traducción directa. Aunque la RAE lo recoge así y explica que deriva del catalán: dícese de alguien "que siente una pasión extremada por la literatura". Sin embargo, el término "lletraferit", en catalán, indica más bien al que escribe aunque sea sin ton ni son, y con el propósito perentorio de engrandecer las letras catalanas, nunca jamás las españolas ni, por supuesto, las universales. Desconozco el dato sobre si Puigdemont ha escrito poesías (o poemas en prosa), pero sería probable. Sabemos que ha publicado algunos libelos. El último (Re-unim-nos), tiene unas 50 páginas y allí explica, con una extensión que rebasa sus capacidades ensayísticas y sus competencias argumentales, lo que podría llamarse su pensamiento político. A todas luces superficial y propagandístico. No hay datos disponibles ni fiables sobre el número de ventas de Re-unim-nos.